miércoles, 31 de mayo de 2017

¿QUIÉNES ESTUVIERON PRESENTES EL DÍA DE PENTECOSTÉS?-Primera Parte

Todos los cuadros, pinturas y estampas de Pentecostés suelen mostrar al Espíritu Santo bajando en forma de lenguas de fuego sobre la Virgen María y los Doce Apóstoles. Estas imágenes han hecho creer a la gente que sólo esas trece personas estuvieron presentes el día de Pentecostés. Incluso cuando rezamos el rosario, en el Quinto misterio glorioso, solemos meditar “la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y la Virgen María”. Pero ¿sólo María y los Apóstoles recibieron el Espíritu Santo el día de Pentecostés? Claro que no. Se trata de un lamentable error. Basta leer el capítulo 2 de Los Hechos de los Apóstoles, donde aparece este relato, para darnos cuenta de ello. Allí se dice: “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que estaban. Y aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y fueron posándose sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les permitía que hablaran” (Hech 2,1-4).

La narración empieza diciendo que el día de Pentecostés estaban “todos” reunidos en la casa. Pero ¿quiénes eran esos “todos”? El texto no lo dice. Pero podemos averiguarlo si retrocedemos al capítulo 1, en donde sí aparecen mencionados “todos” los que estaban reunidos aquel día. Sin embargo aquí encontramos un problema: el capítulo 1 nos presenta dos reuniones distintas, con dos grupos diferentes de asistentes. La primera es una reunión habitual y ordinaria de algunos cristianos de Jerusalén, que se habían juntado para rezar. El texto dice así: “En la habitación superior de la casa donde se alojaban, estaban Pedro, Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago el hijo de Alfeo, Simón el Zelota, y Judas, hijo de Santiago; todos ellos perseveraban unidos en la oración, junto con algunas mujeres, con María la madre de Jesús, y con sus hermanos” (Hech 1,13-14).

Luego el libro de Los Hechos relata una segunda reunión, esta vez extraordinaria, en la que un grupo más amplio de cristianos se junta para elegir al reemplazante de Judas, que había muerto. El párrafo dice: “Por aquellos días se reunieron los hermanos, unas 120 personas, y Pedro les dijo: ‘Hermanos, era necesario que se cumpliera la Escritura... sobre Judas. Éste hombre, que guió a los que arrestaron a Jesús, era uno de los nuestros, y trabajaba con nosotros. Pero fue, y compró un terreno con el dinero que le pagaron por su pecado. Luego se cayó de cabeza, su cuerpo se reventó y se desparramaron sus entrañas. Esto lo supieron todos los habitantes de Jerusalén, y a ese campo lo llamaron Acéldama, que en su lengua significa Campo de Sangre. Debemos, pues, elegir a un hombre... para que, con nosotros, atestigüe la resurrección de Jesús’. Presentaron a dos: a José, llamado Barsabás, apodado Justo, y a Matías. Y oraron así: ‘Tú, Señor, que conoces el corazón de todos, muéstranos a cuál de los dos has elegido para ocupar este cargo’. Eligieron por sorteo entre ellos y le tocó a Matías, que fue agregado a los once apóstoles” (Hech 1, 15-26). Y a continuación viene el famoso relato de Pentecostés, en donde estaban “todos” reunidos.

Nos preguntamos entonces: ¿cuál de estos dos grupos estaba presente en Pentecostés? Hay dos posibilidades. Una, es que aquellos “todos”, mencionados en Hechos, sean los de la primera reunión, es decir, los de la reunión ordinaria. De ser así, los presentes en Pentecostés serían: a) los “Once” Apóstoles nombrados (sin Judas, que ya había muerto); b) algunas mujeres (que por el evangelio de Lucas sabemos que habían seguido a Jesús desde Galilea. Entre ellas: María Magdalena, Susana, Juana la esposa de Cusa, María la esposa de Santiago); y c) la familia de Jesús (es decir, su madre María, con sus hermanos). La segunda posibilidad, es que “todos” los presentes en Pentecostés sean los participantes de la reunión extraordinaria que eligió al sucesor de Judas. Entonces la lista de los presentes sería aún mayor: los “Doce”, acompañados de unas 120 personas. ¿Cuál de estas dos opciones debemos elegir? Del libro de Los Hechos deducimos que la segunda. Porque esta reunión es la que figura inmediatamente antes de la escena de Pentecostés; en cambio la reunión de los Once está más lejana en el texto. O sea que, según Los Hechos, quienes recibieron el Espíritu Santo en Pentecostés fueron los Doce Apóstoles más los 120 hermanos, y no los Apóstoles solos, como erróneamente decimos siempre.

Sin embargo, resulta difícil aceptar que ese grupo de los Doce más los 120 hermanos sea el que participó de Pentecostés. ¿Por qué? En primer lugar porque, según el libro, en esa reunión Pedro les dice a los 120 hermanos que Judas compró un campo en Jerusalén, que tuvo un accidente y se mató, que todos se enteraron de la noticia, y que con el tiempo el lugar fue llamado “CAMPO DE SANGRE”. Ahora bien, para que todo esto hubiera sucedido hacía falta mucho tiempo. No pudo haber sucedido antes de Pentecostés (apenas a los 50 días de Pascua). Además, el hecho de que hubiera 120 personas presentes en la reunión da a entender que la comunidad había crecido. Es decir, supone que los apóstoles ya habían salido a predicar y habían conseguido nuevos adeptos. En tercer lugar, porque Pedro llama a los presentes “hermanos”. Y el término “hermano” entre los cristianos se empezó a usar mucho después de Pentecostés, cuando ya estaba constituida y formada la comunidad cristiana. Por lo tanto, este relato supone los recuerdos de un episodio sucedido más tarde. En cuarto lugar porque en Pentecostés, cuando los discípulos salen a predicar, la gente exclama: “¿No son todos estos galileos?” (Hech 2, 7-8).

Ahora bien, si aquel día todos los discípulos eran galileos, es más fácil suponer que se trata de la primera reunión (los Once apóstoles, las mujeres, y la familia de Jesús, que efectivamente eran todos galileos). Finalmente, resulta extraño que la reunión de los 120 para elegir al sucesor de Judas se haga... ¡justamente cuando Jesús acaba de ascender al cielo y el Espíritu Santo todavía no bajó! ¿En esos diez días de intervalo que hubo entre la subida de Jesús y la bajada del Espíritu, cuando están sin Jesús y sin el Espíritu, se van a reunir los apóstoles para elegir un reemplazante? Es más factible que esa reunión haya sido después de Pentecostés, y no antes como dice el libro de Los Hechos.

Ariel Alvarez Valdes
Biblista

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