miércoles, 21 de junio de 2017

EL ALFIL QUE SALVO A UN REY

En 1391 fue coronado rey de Granada YUSUF II. Su primera decisión fue eliminar o encarcelar a los miembros de su familia que pudiesen disputarle el trono y asegurar su sucesión nombrando heredero a su primogénito YUSUF. Su hijo menor MUHAMMAD encabezó una insurrección en Granada que su padre sólo pudo controlar con la ayuda de los benimerines del Magreb. Aún así, un año más tarde YUSUF II moría misteriosamente.

MUHAMMAD no desaprovechó la oportunidad, recuperó a los insurrectos y se proclamó rey de Granada como MUHAMMAD VII. La suerte del heredero legítimo, su hermano mayor YUSUF, estaba echada… Fue encarcelado en el castillo de Salobreña y allí quedó recluido durante años. A lo largo de su reinado MUHAMMAD se procuró la paz con los reinos cristianos del norte y con los benimerines que habían apoyado a su padre. Una vez restablecido el orden en Granada volvió a reanudar las campañas contra Jaén y contra Murcia. Mientras tanto, YUSUF pasaba los días encerrado en una mazmorra… hasta 1408.

En 1408, para nombrar heredero a su propio hijo y evitar posibles insurrecciones, el rey ordenó matar a su hermano. Envió un emisario al castillo de Salobreña con la sentencia de muerte y la orden de regresar al emisario con la cabeza de su hermano. Cuando llegó al castillo, el prisionero estaba jugando una partida de ajedrez con el alcalde. Éste leyó el mensaje, se lo enseñó a YUSUF y le dijo:

“Lo siento, no tengo más remedio que cumplir la orden”.

YUSUF, sin perder los nervios, le pidió, como último deseo antes de morir, terminar la partida. Durante varias horas estuvieron jugando hasta que YUSSF le dio jaque mate con el movimiento de un alfil. Cuando se levantaron para ir a ejecutar la sentencia, llegó un mensajero anunciando la muerte de MUHAMMAD VII… y la proclamación de YUSUF III, el decimocuarto soberano de la dinastía nazarí del Reino de Granada.

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