miércoles, 12 de julio de 2017

LOS SECRETOS DE “XIBALBÁ” EL INFRAMUNDO MAYA

Las raíces y costumbres de la antigua América Latina sorprenden hasta al más reacio, dado que la riqueza en simbología y conocimientos comprenden una variedad de conceptos que hasta el momento han sido modificados al adoptar aquellos que representan a toda la cultura occidental, perdiendo de este modo algunas de las más profundas y auténticas enseñanzas, en este artículo te mostraremos que la Cultura Maya poseía una ideología similar e incluso más sombría, en este caso alrededor del tema de la muerte. La cultura Maya ocupó un espacio geográfico de aproximadamente 500 000km², desde el noroeste de la actual Honduras, El Salvador, centro y norte de Guatemala, Belice y cierta parte del sureste de México. Su historia contiene tres periodos importantes de evolución: Preclásico (de 1600 a.C. al 250 d.C.) Clásico (250 a 900 d.C.) y Posclásico (900 a 1520 d.C.). Son reconocidos por su excelente trabajo con la obsidiana como el metal más utilizado en ese tiempo para fabricar armas, herramientas de trabajo e incluso joyas, era considerado un lujo poseerlo.

Esta civilización surgió a partir de  ciudades – estado, las cuales les ayudaban a controlar una gran parte del territorio, por esta razón aprovecharon grandiosas riquezas naturales tales como los cenotes, que proporcionaban agua y gran cantidad de flora y fauna. No obstante, existían rituales que daban a este pueblo fértil un ambiente oscuro y tenebroso. En el afamado “LIBRO DE LA COMUNIDAD” el POPOL VUH, un escrito de origen maya se hace alusión a un lugar donde existían paisajes sombríos y lugares de castigo. La dualidad de la vida y la muerte para los mayas representaba un ciclo en el que cuando alguien fallecía, sólo la materia perecía, sin embargo el alma subsistía adentrándose a un camino que duraba 5 años hacia un lugar llamado XIBALBÁ. En aquel pasaje del POPOL VUH, se maneja una escena simbólica de un juego de pelota (famoso en esta cultura) al llegar a las puertas del inframundo que representaba las dificultades y obstáculos que se presentan en la vida, así mismo se hace alusión a la divinidad y a los elementos naturales como parte de la esperanza para sobrevivir o alcanzar la muerte.

Los antiguos mayas que habitaban la península de Yucatán en el primer milenio d. C. creían que los vivos podían entrar de tres maneras diferentes en XIBALBÁ, el mundo de los muertos: a través de profundas cuevas, compitiendo en el juego de pelota maya y a través de los cenotes sagrados. Los cenotes sagrados eran un elemento esencial de la antigua religión maya, ya que a través de estas cavernas subterráneas llegaban a ellos tanto la vida como la muerte. La península de Yucatán alberga pocos lagos, y ningún río natural a ras de suelo. Oculta, no obstante, un inmenso entramado de cuevas subterráneas conectadas por medio de corrientes y ríos que fluyen bajo la superficie. Gran parte de la península está formada por piedra caliza, que con el paso del tiempo se erosiona y puede provocar el hundimiento del suelo, que cae entonces sobre la cueva inundada que suele haber por debajo. Así es como se forma un cenote, y de sus aguas subterráneas obtenían los pueblos del Yucatán este valioso recurso, el agua, que les permitió forjar la floreciente y grandiosa civilización maya.

Los antiguos mayas no ignoraban el papel esencial que desempeñaban los cenotes en su supervivencia. De este modo, estos depósitos de agua se convirtieron en lugares sagrados. De hecho se ha descubierto recientemente que Chichén Itzá, el famoso templo maya piramidal, fue construido sobre un inmenso cenote. Los mayas creían que KUKULKÁN, LA SERPIENTE EMPLUMADA, creció en una cueva del inframundo hasta que finalmente se hizo tan grande que atravesó la superficie de la tierra en un poderoso terremoto y voló hasta el sol. En honor a esta deidad, los mayas construyeron la PIRÁMIDE DE KUKULKÁN, arquitectónicamente imponente y denominada EL CASTILLO por los conquistadores españoles. La construcción de esta pirámide tuvo en cuenta su alineación con el calendario maya, un hito que refleja los avanzados conocimientos de esta civilización en matemáticas y astronomía. Dos veces al año, el sol brilla justo sobre el templo, de tal modo que sus escalones forman la sombra de una serpiente gigantesca. Se trata de KUKULKÁN, que puede ser visto durante unos 45 minutos descendiendo de los cielos, reptando por la escalinata hasta la tierra. Allí se reencontrará con sus hermanos en XIBALBÁ.

Los mayas creían que la corte real de XIBALBÁ incluía doce deidades, LOS SEÑORES DE XIBALBÁ:

El principal dios de este panteón era HUN-CAMÉ (“UNO MUERTE”), seguido de VUCUB-CAMÉ (“SIETE MUERTE”). Los restantes diez señores eran demonios que reinaban cada uno de ellos sobre una forma diferente de sufrimiento humano. Según los mitos mayas, estos demonios trabajaban a menudo por parejas. Allí estaban XIQUIRIPAT (“COSTRA VOLANTE”) y CUCHUMAQUIC (“SANGRE CONGREGADA”), que se esforzaban por envenenar la sangre de los humanos. También estaban AHALPUH (“PUS”) y AHALGANÁ (“ICTERICIA”), que provocaban que los cuerpos se hincharan y pudrieran. Y CHAMIABAC (“VARA DE HUESO”) y CHAMIAHOLOM (“VARA DE CALAVERA”), que desprendían lentamente la carne de los muertos hasta dejarlos convertidos en esqueletos. Y estaban también AHALMEZ (“BASURA”) y AHALTOCOB (“APUÑALADOR”), de quienes se creía que se ocultaban en los rincones sin barrer de las casas, donde apuñalaban a sus residentes hasta matarlos. Y finalmente estaban QUICXIC (“ALA”) y PATÁN (“CARGA”), que estrujaban el pecho y la garganta de los caminantes hasta hacerlos sangrar. Junto a los doce SEÑORES DE XIBALBÁ residían numerosos asistentes que habían caído en poder de alguno de estos señores infernales, siendo obligados en ocasiones a regresar a la superficie de la tierra para ayudar a los dioses en sus engaños y provocar sufrimientos a los hombres.

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