miércoles, 16 de agosto de 2017

LA VIDA OCULTA DE JESÚS-Segunda Parte

Lejos de las especulaciones legendarias, la actual investigación histórica sobre JESÚS permite dar con muchos elementos que habrían marcado los años “ocultos” de JESÚS en Nazaret. Todos sabemos qué hizo JESÚS durante los tres años de su vida pública: cómo recorrió las ciudades y pueblos de Palestina predicando el Reino de Dios, curando enfermos, resucitando muertos y enseñando parábolas. Pero ¿qué hizo durante los más de 30 años anteriores? ¿Por qué los evangelios guardan silencio sobre esa etapa de su vida.

¿Aprendió JESÚS a leer y escribir, en un pueblito tan insignificante como Nazaret, o permaneció analfabeto? Muchos piensan que semejante pregunta es absurda, ya que en los evangelios tres episodios muestran claramente que él sabía leer y escribir. El primero es aquél en el que los escribas y fariseos le presentaron una mujer sorprendida en adulterio para ver si debían apedrearla o no, y JESÚS, en vez de contestarles, “se agachó y se puso a escribir en la tierra con el dedo” (Jn 8,6). El segundo es cuando se presentó en la sinagoga de Nazaret, y lo invitaron a leer el libro del profeta Isaías (Lc 4,17). El tercero es aquél en el que los judíos, al escucharlo predicar en Jerusalén, se preguntaron maravillados: “¿Cómo es que éste sabe escritura sin haber estudiado?” (Jn 7,15).

Pero lamentablemente ninguno de estos tres textos sirve para probar la capacidad de lectura y escritura de JESÚS. El primero, porque al mostrar a JESÚS “escribiendo” con el dedo en el suelo, sin mencionar qué es lo que escribía, ha llevado a concluir que sólo trazó unas líneas sobre la arena, con la intención quizás de hacer ver su molestia a los acusadores de la mujer, sin tratarse de ninguna escritura real. El segundo, porque el texto del profeta Isaías que JESÚS lee en la sinagoga de Nazaret, así como está, no existe. Es un pasaje construido por el evangelista Lucas con versículos salteados de ese libro (es decir, de Is 61,1; 58,6 y 61,2). ¿Cómo se las hubiera arreglado JESÚS para leer en el libro de Isaías un pasaje semejante? El tercero, porque en realidad no dice que JESÚS supiera “escritura”, sino que sabía usar las Sagradas Escrituras (es decir, el Antiguo Testamento) en una discusión teológica, cosa que podía haber aprendido oralmente, sin saber por eso leer.

No tenemos, en los evangelios pruebas seguras de que supiera leer y escribir. ¿Podemos averiguarlo por otro lado? Sí. Sabemos que para los judíos, contrariamente a otros pueblos, el saber leer era una exigencia fundamental, debido a la necesidad de conocer las Escrituras. Por eso, dentro de lo posible procuraban impartir aunque más no fuera una instrucción elemental. Ahora bien, por la literatura judía sabemos que cuando JESÚS era niño existía en Nazaret, como en los demás pueblos de Palestina, una pequeña escuela a la que concurrían los niños desde los 5 años. El local estaba pegado a la sinagoga, y el programa escolar tenía dos ciclos básicos. El primero duraba 5 años. Los niños comenzaban aprendiendo las letras del alfabeto hebreo, y luego se iniciaban en la lectura de la Biblia, empezando por el libro del Levítico. De ahí pasaban a los demás libros bíblicos, repitiéndolos versículo por versículo, hasta que aprendían el texto sagrado casi de memoria. En la Biblia los alumnos estudiaban todo: la lengua, la gramática, la historia, la geografía. Terminada esta primera etapa los niños pasaban al segundo ciclo, que duraba 2 años. Allí se aplicaban al conocimiento de la “Ley Oral” judía (llamada MISHNÁ), es decir, a las interpretaciones y complementos que los doctores de la Ley hacían de las leyes bíblicas.

A llegar a los 12 años, los niños terminaban sus estudios. Si alguno era particularmente brillante, entonces podía cursar estudios más avanzados; para ello debía viajar a Jerusalén o a alguna otra ciudad importante del país, e inscribirse en las escuelas dirigidas por los más célebres doctores de la Ley. Pero eso era privilegio de algunos pocos; la mayoría de los jóvenes se reintegraba a su familia, donde empezaba a aprender de su padre una profesión para ganarse la vida. Sin duda que JESÚS, durante su infancia, asistió como todos los niños de su época a los dos ciclos básicos escolares en la sinagoga de Nazaret, donde aprendió a leer y a escribir. Pero no parece haber recibido la enseñanza superior propia de los centros urbanos como Jerusalén. El comentario que de él hacían los judíos diciendo: “¿Cómo es que éste sabe escritura si no ha estudiado?” lo confirma.

¿Qué profesión practicó JESÚS durante su adolescencia? Sabemos que todo padre de familia judío procuraba para su hijo una ocupación, pues los rabinos decían: “El que no le enseña a su hijo un oficio, le enseña a robar”. Marcos, como vimos, dice que cuando JESÚS fue a predicar en la sinagoga de Nazaret los aldeanos comentaron: “¿No es éste el carpintero?” (Mc 6,3). La palabra griega TÉKTON (CARPINTERO) se aplicaba a quien trabajaba con materiales duros como la piedra, el hierro o la madera. Era propiamente un artesano. Requería esfuerzo y fuerza muscular. Muchos han puesto en duda esta afirmación de Marcos. Primero, porque los otros evangelios traen una versión diferente. Mateo, por ejemplo, dice que la gente comentaba que JESÚS era “hijo” del carpintero (Mt 13,55), no que él lo fuera. Lucas, por su parte, dice que la gente preguntaba: “¿No es éste el hijo de José?” (Lc 4,22), con lo cual ninguno de los dos sería carpintero. Segundo, porque Nazaret, ubicada en la fértil región de la Galilea, era un pueblo de campesinos, donde la mayoría de sus habitantes se dedicaba a la agricultura y a criar ganados. Y tercero, porque en casi todas las parábolas de JESÚS hay imágenes del ambiente agrícola (el sembrador, la cizaña, la viña, la higuera, la semilla de mostaza, etc.), y no del ambiente de la carpintería.

Ariel Alvarez Valdez
Biblista

EL INTERÉS Y LA USURA EN LAS TRADICIONES RELIGIOSAS- Primera Parte

La usura, entendida como la práctica de imponer al préstamo un interés financiero, tiene una existencia que se remonta 4.000 años atrás. A lo largo de la historia ha sido casi siempre condenada, a menudo prohibida, siempre despreciada y, en la mayoría de los casos, restringida y controlada. Hoy en día, sin embargo, se distingue el interés de la usura, el primero sería la retribución, en general, del uso del dinero, y usura sería un tipo de interés moralmente injustificado. Las críticas, sin esa distinción (al menos en sus orígenes), más virulentas han procedido en el hinduismo, budismo, judaísmo, cristianismo e islam, sin olvidarnos de grandes nombres del paganismo como Platón, Aristóteles o Séneca.

Las referencias más antiguas las hallamos en los textos del hinduismo, en concreto en los Vedas (2000 a. de C.) donde a menudo se asimila al usurero (KUSIDIN) con cualquier prestamista de dinero a interés. Posteriormente, tanto en los SUTRAS del hinduismo como en los JATAKAS del budismo, se hacen referencia al cobro de intereses, práctica por la que invariablemente se muestra el mayor de los desprecios. Esta prohibición era especialmente tajante en el caso de BRAHMANES y KSHATRIYAS, la casta sacerdotal y guerrera, respectivamente. Poco a poco, la visión negativa de la usura se va relativizando, como podemos ver en las LEYES DE MANU, donde leemos que “no puede ser cobrado un interés estipulado más allá de la tasa legal; esto es lo que se denomina forma usuraria de préstamo”. Esta disolución del concepto continuó hasta la actualidad, y aunque en el mundo hindú la usura sigue siendo algo reprobable, este término ya sólo se aplica al interés cobrado por encima de los niveles socialmente aceptados.

En el judaísmo, la prohibición de la usura está estipulada en la Torá: “Si prestas dinero a un miembro de mi pueblo, al pobre que vive a tu lado, no te comportarás con él como un usurero, no le exigirás interés” (Éxodo 22-24). “Si tu hermano se queda en la miseria y no tiene con qué pagarte, tú lo sostendrás como si fuera un extranjero o un huésped, y él vivirá junto a ti. No le exijas ninguna clase de interés: teme a tu Dios y déjalo vivir junto a ti como un hermano. No le prestes dinero a interés, ni le des comidas para sacar provecho. Yo soy el Señor, su Dios, el que los hizo salir de Egipto para darles la tierra de Canaán y para ser el Dios de ustedes” (Levítico 25, 35-38)

Sin embargo, en el Deuteronomio se establece una distinción entre el judío y el extranjero: “No obligues a tu hermano a pagar interés, ya se trate de un préstamo de dinero, de víveres, o de cualquier otra cosa que pueda producir interés. Podrás prestar a interés al extranjero, pero no a tu compatriota, para que el Señor, tu Dios, te bendiga en todas tus empresas, en la tierra de la que vas a tomar posesión” (Deuteronomio 23, 20-21) En otros pasajes de la Biblia encontramos también expresada una crítica a la usura: “Señor, ¿quién habitará en tu santa Montaña? El que no presta su dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente” (Salmo 15, 1- 5) Además de las prohibiciones o reprobaciones estrictamente bíblicas, hay varias extensiones talmúdicas de las prohibiciones del cobro de intereses, conocidas como AVAT RIBBIT, es decir, “EL POLVO DEL INTERÉS”. Este se distingue del RUBBIT KEZUZAH, o interés adecuado sobre una cantidad o una tasa acordada entre el prestamista y el prestatario.

La palabra hebrea para interés es NESHEKH, que significa literalmente “MORDEDURA”. La supresión de esta mordedura era un ideal al que se aspiraba pues por medio de ella muchos quedaban reducidos a la condición de esclavos por no pagar sus deudas. De todas formas, a pesar de la prohibición, la práctica se desarrolló de forma habitual en los tiempos bíblicos, y con el tiempo, se fue estableciendo una forma estandarizada de interés “legal”, conocida como HETTER ISKA, que ha perdurado hasta nuestros días.

LA FIESTA DEL SACRIFICIO

EID AL ADHA o AID AL-ADHA se conoce como la CELEBRACIÓN DEL SACRIFICIO, es la festividad mayor de los musulmanes que conmemora el pasaje recogido tanto en la Biblia como en el Corán, en el que se muestra la voluntad de ABRAHAM (IBRAHIM) de sacrificar a su hijo como un acto de obediencia a Dios, antes de que Dios interviniera para proporcionarle un cordero y que sacrificara a este animal en su lugar. En varios países del África musulmana, tales como Malí, Níger, Senegal o Benín, dan el nombre de Tabaski a esta fiesta, y en una parte de Amazighs en África del Norte le nombran Tafaska. En muchos lugares de habla hispana es conocida como FIESTA DEL CORDERO.

Esta festividad, que tiene lugar el décimo día del mes de ZIL-HAJJ (entre septiembre y noviembre), 70 días después del EID AL-FITR, es incorporada en el HAJJ, la gran peregrinación a LA MECA, que debe realizarse por lo menos una vez y preferiblemente durante este mes. El EID AL-ADHA se celebra por los musulmanes de todo el mundo con la ofrenda de un sacrificio animal (comúnmente una vaca o un cordero) como acción de gracias a Dios por salvar la vida de ISMAEL, hijo del profeta ABRAHAM.

En este día, los musulmanes que están en LA MECA concluyen los ritos de su peregrinación y, después de la oración especial, sacrifican —o más modernamente, pagan para que un matarife cualificado sacrifique en su lugar— generalmente un cordero. Sin embargo, la mayoría celebra la festividad en sus lugares de residencia, acudiendo a las mezquitas para la oración y luego, aquellos que pueden hacerlo, sacrifican y celebran una comida a la que se invitan mutuamente. Normalmente suele celebrarse al aire libre, en las afueras de las ciudades, en una zona abierta denominada MUSALLA. La carne del animal es separada en tercios; una para la persona que obsequia la bestia, otra para repartir entre sus parientes y el último tercio para los necesitados, independientemente de su religión, raza o nacionalidad.

El musulmán acude a la oración tras haber realizado la ablución mayor y haberse ataviado con su mejor ropa, limpia y perfumada. Recita unos versículos que sólo se mencionan durante las dos fiestas anuales y en los enterramientos. Los musulmanes glorifican a Dios hasta que el imán inicia la oración recitando siete TAKBIR (ALLAHU AKBAR) y haciendo dos prosternaciones. Después, el imán pronuncia una JUTBA (‘SERMÓN DEL VIERNES’) a los miembros de la comunidad que se hallan presentes. Por último, se disuelve la reunión y los asistentes se besan en señal de hermanamiento y se felicitan por la fiesta.

Con esta festividad, los musulmanes recuerdan que el Islam significa sumisión, ya que nadie mostró mejor sumisión a Dios que ABRAHAM (IBRAHIM en árabe), quien estuvo dispuesto a sacrificar a su hijo primogénito ISMAEL como prueba de su lealtad a Dios. Al final, Dios fue clemente y paró su brazo en el aire justo cuando iba a cercenar el cuello de su hijo. Agradecido, ABRAHAM sacrificó en su lugar un carnero y es, en imitación de ese acto, que los musulmanes sacrifican sus animales en lo que se considera la FIESTA MAYOR DEL ISLAM. Según el Corán, ISMAEL, el hijo primogénito de ABRAHAM, engendrado por su esposa AGAR, fue el protagonista de la historia (a diferencia de la tradición judeocristiana, que otorga este papel a ISAAC):

Y cuando (Ismael) era lo bastante mayor
Para ayudar en las tareas (de Ibrahim), este dijo:
“¡Oh mi querido hijo!
¡He visto en sueños que debía sacrificarte:
considera, pues, como lo ves tú!”
[Ismael] respondió:
“¡Oh padre mío! ¡Haz lo que se te ordena:
hallarás que soy, si Allah quiere,
paciente en la adversidad!”
Pero cuando ambos se hubieron sometido
a la voluntad de Allah,
y le hubo tendido sobre el rostro, le llamamos:
“¡Oh Ibrahim, has cumplido ya con la visión!”
Así, realmente, recompensamos a los que hacen el bien:
pues, ciertamente, todo esto fue en verdad
una prueba, clara en sí misma.
Y le rescatamos mediante un sacrificio magnífico,
y de esta forma le dejamos como recuerdo
para futuras generaciones:
“¡La paz sea con Ibrahím!”

FRAY LUIS BELTRÁN

El 30 de enero de 1816, a pedido del rey de España, el papa Pío VII envió a sus “venerables hermanos arzobispos, obispos y queridos hijos de América, súbditos del Rey de las Españas”, una “Breve” en la que les decía: “Entre los preceptos claros y de los más importantes de la muy santa religión que profesamos, hay uno que ordena a todas las almas a ser sumisas a las potencias colocadas sobre ellas. Estamos persuadidos de que ante los movimientos sediciosos que se producen en aquellos países, por los cuales nuestro corazón está entristecido y nuestra sabiduría reprueba, vosotros no dejasteis de dar a vuestros rebaños todas las exhortaciones.

Nos somos el representante de aquel que es el Dios de la paz, nacido para rescatar al género humano de la tiranía de los demonios. Nuestra misión apostólica nos obliga a impulsaros a buscar toda clase de esfuerzos para arrancar esa muy funesta cizaña de desórdenes y sediciones que el hombre ha tenido la maldad de sembrar allá. Vosotros lo conseguiréis fácilmente, venerables hermanos, si cada uno de vosotros quiere exponer con celo al rebaño los perjuicios y graves defecciones y las calidades y virtudes notables y excepcionales de nuestro muy querido hijo en Jesucristo, Fernando, Rey Católico de las Españas. Recomendad la obediencia debida a nuestro Rey [...] y obtendréis en el cielo la recompensa de vuestros sacrificios y de vuestras penas por Aquel que da a los pacíficos la beatitud y el título de hijo de Dios”.

Afortunadamente, entre el rebaño latinoamericano había hombres como Manuel Belgrano, católico practicante, y muchos sacerdotes que, insumisos y arriesgando su vida y hasta la recompensa del cielo, decidieron luchar por la libertad del continente. Uno de ellos, quizás uno de los más notables y menos reconocidos fue fray Luis Beltrán. Según la versión canónica había nacido en Mendoza -aunque en su testamento declara ser oriundo de San Juan- un 7 de septiembre de 1784. Su verdadero apellido era Bertrand pero fue anotado por error en el acta de bautismo como “Beltrán”. Ingresó en el Convento de San Francisco en Mendoza donde estudió las ciencias teóricas y ejercitó las prácticas como la física y la mecánica. Decidió seguir su vocación religiosa y fue trasladado a Santiago de Chile, donde en 1812 fue designado capellán de las tropas independentistas comandadas por Carrera.

Las habilidades y el ingenio de Beltrán fueron puestos a prueba tras la derrota de Hierbas Buenas, cuando se ofreció para recomponer el parque de artillería diezmado por los españoles. Por sus eficientes servicios fue ascendido a Teniente de Artillería, pero la derrota de los patriotas chilenos en Rancagua, el 2 de octubre de 1814, lo obligó a emprender junto a centenares de derrotados el penoso cruce de la cordillera hacia Mendoza. Llevaba consigo sus herramientas de trabajo y la convicción de seguir peleando contra los enemigos de América. En la capital mendocina el gobernador San Martín que preparaba el ejército libertador decidió incorporar a sus filas a aquel hombre de quien tenía las mejores referencias y de quien Mitre contaba que: “se hizo matemático, físico y químico por intuición; artillero, pirotécnico, carpintero, arquitecto, herrero, dibujante, cordonero, bordador y médico por la observación y la práctica, siendo entendido en todas las artes manuales y lo que no sabía lo aprendía con sólo aplicar a ello sus extraordinarias facultades naturales”

Fray Luis impuso en el campamento del Plumerillo un frenético ritmo de producción. Montó un taller en el que trabajaban por turnos unos setecientos artesanos y operarios a los que Beltrán formaba a los gritos en medio del ruido ensordecedor de los golpes del martillo sobre el hierro hasta quedar ronco para toda la vida. Allí, donde no había nada más ni nada menos que la solidaridad y la entrega a la causa revolucionaria del pueblo cuyano, se fabricaba de todo, desde monturas y zapatos hasta balas de cañón, fusiles, vehículos de transporte y granadas. Allí diseñaba las máquinas para disimular la desigualdad entre aquellos hombres y la imponencia de la cadena montañosa más alta del mundo después del Himalaya. Puentes colgantes, grúas, pontones para doblegar quebradas intransitables y abismos imposibles. Todo se fabricaba allí día y noche bajo el impulso de fray Luis.

Ya no quedaban campanas en las iglesias de la zona ni ollas en muchas casas. Todo era fundido en los talleres de aquel “VULCANO CON SOTANA”. “Si los cañones tienen que tener alas, los tendrán”, decía Beltrán. San Martín quiso premiar tanto empeño y lo ascendió a Teniente Primero con el grado de Capitán. El inspector general del Ejército, José Gascón, se opuso a la carrera militar del fraile artillero por considerarla anticatólica, pero el jurista canónico Diego Estanislao Zavaleta dictaminó a favor de la continuidad de Beltrán a las órdenes de San Martín. Pero fray Luis no sólo fabricaba las armas; las usaba con un coraje temerario que fue reconocido por el gobierno de las Provincias Unidas a través de una medalla por su actuación en la memorable batalla de Chacabuco el 12 de febrero de 1817. Proclamada la independencia de Chile, Beltrán comenzó a preparar los pertrechos para la expedición al Perú, pero el desastre de Cancha Rayada lo obligó a trabajar sin parar junto a un grupo selecto de colaboradores en la provisión del ejército libertador.

En sólo 16 días tuvo listos 22 cañones, cientos de fusiles y miles de municiones, que serían estrenados con todo éxito el 5 de abril de 1818, en el definitivo combate de Maipú; tras el cual Beltrán recibió otro encargo del Libertador: preparar lo más maravillosos  fuegos de artificio para celebrar la Independencia de Chile. Más tarde, participó activamente en la provisión y mantenimiento del parque de artillería de la campaña del Perú y fue designado por San Martín como Director de la maestranza del Ejército Libertador. Se dio el gusto de entrar en Lima junto al Libertador, aquella histórica capital desde donde salían las órdenes para aniquilar poblaciones enteras. Tras el retiro de San Martín, Beltrán siguió peleando a los órdenes de Bolívar. Instalado en el cuartel general de Trujillo, el fraile volvió al intenso ritmo de producción y a los turnos rotativos de trabajadores. Bolívar puso a prueba su eficiencia ordenándole la puesta a punto y embalaje de unos mil fusiles y armas de puño en un plazo máximo de tres días.

Beltrán y su gente pusieron todo el empeño olvidándose del sueño. Al octavo día todavía faltaba embalar algunas piezas cuando llegó Bolívar, quien lo reprendió duramente y amenazó con fusilarlo. Fray Luis entró en una profunda depresión y se encerró en su cuarto. Seguramente el episodio no lo era todo, era aquella famosa gota de aquel famoso vaso. Años de lucha, de esfuerzos, de no parar. La “melancolía”, como se decía entonces, le fue ganando la partida y el suicidio apareció cada vez más fuerte en sus pensamientos hasta que se transformó en acción. Se cercioró de que todas las aberturas de su cuarto estuviesen bien cerradas, arrojó sobre el brasero un producto químico que producía un vapor asfixiante y se acostó en su cama a esperar aquella muerte que tantas veces había esquivado en los campos de batalla de medio continente.

Pudo ser salvado a tiempo pero los médicos que lo atendieron lo encontraron en un estado de total alteración mental. Deambuló delirando por las callejuelas del pueblito de Huanchaco, hasta que fue rescatado por una familia amiga. Pudo restablecerse y embarcarse hacia Chile. Volvió a cruzar la cordillera y llegó a Buenos Aires justo a tiempo para incorporarse, con su revalidado título de Teniente Coronel, a las tropas navales que se aprestaban a combatir contra el Brasil y participó en el combate de Ituzaingó. Pero su estado físico y espiritual se complicaban. Debió abandonar la campaña y regresar a Buenos Aires. Luis Beltrán murió fraile y sin un peso a los cuarenta y tres años, el 8 de diciembre de 1827.

LA ASUNCIÓN DE MARÍA

Al término de su vida terrena, María Santísima, por singular privilegio, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria –gloria singularísima- del cielo. Mientras a todos los otros santos los glorifica Dios al término de su vida terrena en cuanto al alma (mediante la visión beatífica), y deben, por consiguiente, esperar al fin del mundo para ser glorificados también en cuanto al cuerpo, María Santísima –y solamente Ella- fue glorificada cuanto al cuerpo y cuanto al alma. La verdad de la Asunción no está explícitamente dicha en las Escrituras, pero sí figurada en el Protoevangelio, como lo desarrollan en el Concilio Vaticano I los 200 Padres que solicitaron el dogma. El dogma se apoya en la revelación indirecta de las Sagradas Escrituras, ya que todos los otros dogmas de María que exigen la Asunción tienen su apoyo en ellas.

La Maternidad Divina exige la Asunción porque la carne de Cristo es carne de María, dice un refrán teológico. No cabe pensar que el Hijo de Dios, Hijo de María, permitiera que su Madre sufra la corrupción. El prodigio de que su Cuerpo lo haya concebido y dado a luz en perfecta virginidad, supone –exige- la Asunción, y la exige la Inmaculada Concepción, porque un cuerpo que jamás tuvo pecado no puede corromperse, porque la corrupción y la muerte son consecuencias del pecado. El principio de la maternidad llena de misterio y de una virginidad admirable, lo enunciaron en el siglo II San Ignacio Mártir, San Justino, San Ireneo y en el siglo III Tertuliano, Orígenes, San Hipólito y San Gregorio Taumaturgo. Según este principio, el cuerpo de María, consagrado por altísimos misterios, no podía ser presa de la muerte. La preservación de la corrupción en el parto reclamaba la preservación de la corrupción de la tumba.

Los privilegios y prerrogativas de la Santísima Virgen comenzaron a estudiarse a partir del siglo IV. Cuando el emperador Constantino dio la libertad al Cristianismo en el Imperio Romano –con el Edicto de Milán-, cesó la persecución y la Iglesia se dedicó a su organización interior y a su expansión exterior. En ese ámbito surgió la herejía de Nestorio, que negaba la Divina Maternidad. Condenado el Patriarca y sus blasfemias, María Santísima resplandece en la Iglesia y en el mundo con una nueva luz celestial, admirando los hombres su más preciosa prerrogativa y el mayor de sus títulos: Madre de Dios. El enemigo quiso atacarla y no sólo fue vencido por Cristo y su Iglesia, sino que la Iglesia por voluntad de Cristo, y con su gracia comenzó a profundizar “las maravillas que Dios hizo en Ella” y entre ellas su gloriosa Asunción en cuerpo y alma a los cielos. El llamado pseudo Atanasio, dice en el año 373:

“Está la Reina, junto a su Hijo Rey, vestida con vestido dorado, es decir de incorrupción y de inmortalidad...”

San Epifanio fue considerado el primer teólogo de la Asunción, no por haberla expuesto propiamente sino porque tuvo la intuición del misterio. Velada la tradición primitiva sobre el tránsito de la Virgen, por los inescrutables secretos de Dios, por el razonamiento teológico, y la consideración de la incomparable dignidad de la Madre de Dios, se llega al siglo VII con testimonios explícitos de la tradición sobre la Asunción, tal como hoy lo creemos. Los testimonios de la Tradición son innumerables; hacia el siglo XIII se hizo sentencia común. Se destacaron en ensalzar la Asunción, San Antonio de Padua, San Buenaventura, San Alberto Magno, Santo Tomás de Aquino, San Bernardino de Siena, San Vicente Ferrer, San Antonio de Florencia.

Sobre la muerte de María no hay datos concluyentes sean bíblicos o históricos ni del lugar (algunos señalan Éfeso o Jerusalén) ni del modo. La primera referencia oficial a la Asunción se halla en la liturgia oriental; en el siglo IV se celebraba la fiesta de "EL RECUERDO DE MARÍA" que conmemoraba la entrada al cielo de la Virgen María y donde se hacía referencia a su asunción. Esta fiesta en el siglo VI fue llamada la DORMITIO o DORMICIÓN DE MARÍA, donde se celebraba la MUERTE, RESURRECCIÓN Y ASUNCIÓN DE MARÍA. El emperador bizantino Mauricio decretó que la fiesta se celebrara el 15 de agosto en todo el imperio; conviene aclarar que sólo fijó una fecha, no “inventó” la fiesta, ya que esta se celebraba desde antes.

Los relatos apócrifos sobre la ASUNCIÓN DE MARÍA aparecen aproximadamente desde el siglo IV y V. Siendo el más difundido y posiblemente uno de los más antiguos en el oriente bizantino el "LIBRO DE SAN JUAN EVANGELISTA (EL TEÓLOGO)". Este y otros escritos apócrifos tuvieron gran influencia en diversas homilías y escritos de los oradores orientales, como por ejemplo Juan de Tesalónica, Juan de Damasco, San Andrés de Creta, San Germán de Constantinopla, entre otros. La influencia del libro llamado el Seudo-Jerónimo el cual ponía en duda si María fue asunta al cielo con o sin su cuerpo (aunque manteniendo la creencia en su incorrupción) hizo surgir la duda de si la asunción corporal estaba incluida en la celebración de la fiesta. A esto se sumó otro libro que gozó de fama entre los conventos y cabildos llamado el "MARTIROLOGIO" del MONJE USUARDO (quien murió hacia el año 875) el cual alababa la reserva de la Iglesia de aquella época que preferiría no saber "el lugar donde por mandato divino se oculta este dignísimo templo del Espíritu Santo y nuestro señor el Dios"

En 1849 llegaron las primeras peticiones al Vaticano de parte de los obispos para que la Asunción se declarara como doctrina de fe, estas peticiones aumentaron conforme pasaron los años. Cuando el Papa Pío XII consultó al episcopado en 1946 por medio de la carta DEIPARAE VIRGINIS MARIAE, la afirmación de que fuera declarada dogma fue casi unánime. Así el 1 de noviembre de 1950 se publicó la bula MUNIFICENTISSIMUS DEUS en la cual el Papa, basado en la Tradición de la Iglesia Católica, tomando en cuenta los testimonios de la liturgia, la creencia de los fieles guiados por sus pastores, los testimonios de los Padres y Doctores de la Iglesia y por el consenso de los obispos del mundo como "Magisterio Viviente", declaraba como dogma de fe católica la doctrina de la ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA:

“Por eso, después que una y otra vez hemos elevado a Dios nuestras preces suplicantes e invocado la luz del Espíritu de Verdad, para gloria de Dios omnipotente que otorgó su particular benevolencia a la Virgen María, para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte, para aumento de la gloria de la misma augusta Madre, y gozo y regocijo de toda la Iglesia, por la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y nuestra, proclamamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado: Que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”

NAMASTÉ

Los orígenes de la palabra NAMASTÉ son muy remotos, ya que proviene de la ancestral cultura hindú caracterizada por la presencia de diversos idiomas. Uno de los tantos idiomas que se hablan en la India es el sánscrito, el cual es considerado como una lengua sagrada dentro de dicha cultura. El sánscrito es además un idioma perfecto y completo desde el punto de vista gramatical, de acuerdo con los lingüistas. Además, literalmente significa algo así como “perfectamente hecho”. Incluso, en algunas partes del sur de Asia, se utiliza NAMASKAR como sinónimo, sobre todo en Nepal para dirigirse a los mayores.

Los hindúes utilizan la palabra NAMASTÉ como forma de saludo y despedida, así como para dar gracias, para pedir como muestra de respeto y generalmente acompañándola con el gesto (o “MUDRA”) de juntar las palmas de las manos en forma de rezo, colocándolas en el centro del pecho. NAMASTÉ es una palabra compuesta. El término “NAMAS” significa “SALUDO” o “REVERENCIA”, y proviene etimológicamente de NAM, que quiere decir “POSTRARSE” o “INCLINARSE”. Por su parte, el sufijo “TE” es un pronombre personal, bastante parecido al equivalente en español, por cierto, que significa “A TI”.

Más allá del aspecto estrictamente semántico de la palabra NAMASTÉ, el aspecto filosófico-espiritual que posee el sánscrito, le otorga significados más profundos a esta palabra. Así, por ejemplo, el término “NAMAS” también puede ser interpretado como “NADA MÍO”, significando que mi ego se reduce a la nada, connotando una actitud de humildad frente al otro. Si este saludo se realiza desde el corazón, se establece una conexión genuina entre las personas, por encima de las expectativas y máscaras sociales. Otro matiz del significado de esta multifacética palabra está en la creencia en las religiones orientales de que existe una chispa divina en cada persona.

Entonces, cuando la palabra NAMASTÉ está acompañada del gesto, o MUDRA, de las manos en forma de rezo y la inclinación de la cabeza, esta tácitamente reconociendo esta presencia divina en uno mismo y en el otro. Si se expresa con palabras, sería algo así como: “La chispa divina que hay en mí reconoce la chispa divina que hay en ti”. NAMASTÉ es una forma de honrar a la otra persona, un modo de mostrar respeto y agradecimiento desde la parte más profunda de nuestro ser.

miércoles, 9 de agosto de 2017

LA VIDA OCULTA DE JESÚS-Primera Parte

Lejos de las especulaciones legendarias, la actual investigación histórica sobre JESÚS permite dar con muchos elementos que habrían marcado los años “ocultos” de JESÚS en Nazaret. Todos sabemos qué hizo JESÚS durante los tres años de su vida pública: cómo recorrió las ciudades y pueblos de Palestina predicando el Reino de Dios, curando enfermos, resucitando muertos y enseñando parábolas. Pero ¿qué hizo durante los más de 30 años anteriores? ¿Por qué los evangelios guardan silencio sobre esa etapa de su vida.

El único episodio que conocemos de este largo período es lo que le sucedió a los 12 años, cuando se perdió en Jerusalén durante una fiesta de Pascua, y cómo José y María lo hallaron “en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas” (Lc 2,46-47). Pero inmediatamente después dice el evangelio que volvió a Nazaret, y de nuevo el velo del misterio desciende sobre su vida, oscureciendo todas sus actividades durante los siguientes 20 años. Este enigmático silencio hizo que muchos le inventaran historias y relatos absurdos.

Algunos afirman que viajó a Inglaterra con su tío abuelo JOSÉ DE ARIMATEA, donde conoció el druidismo (la religión de los celtas) y aprendió algunas de las ideas que más tarde enseñará, como la Trinidad y la llegada del Mesías. Otros sostienen que fue a la India, donde los Budas le enseñaron a leer, a curar enfermos y a realizar exorcismos. Otros aseguran que estuvo en Egipto aprendiendo la magia de los sacerdotes faraónicos y llenándose de energía misteriosa en las pirámides. Y los más ingenuos piensan que llegó hasta América para iniciarse en la sabiduría de los pieles rojas.

Estos relatos se han podido inventar porque, según la creencia popular, los evangelios callan y no cuentan nada sobre los años perdidos de JESÚS. Pero ¿realmente los evangelios callan absolutamente? ¿En ninguna parte dan indicios de lo que hizo JESÚS durante todos aquellos años? En realidad no es así. El evangelio de Lucas proporciona dos pistas muy importantes. La primera, después de narrar la presentación del niño JESÚS en el Templo de Jerusalén a los pocos días de haber nacido.

Dice que José, María y el niño “volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. Y allí el niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él” (Lc 2,39-40). Por lo tanto, claramente el evangelista nos informa que JESÚS pasó los siguientes años de su vida en el pueblo de Nazaret, donde experimentó un desarrollo físico, intelectual y religioso, como cualquier niño de su edad. La segunda, luego de contar que el niño se perdió a los 12 años en la ciudad de Jerusalén y fue hallado en el Templo. Dice que “regresó con ellos a Nazaret, y allí vivió, obedeciéndoles a ellos en todo. Y Jesús seguía creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres” (Lc 2,51-52).

Si nos atenemos, al evangelio, debemos concluir que JESÚS no se movió de Nazaret durante todos esos años. “Allí vivió”, dice Lucas. Y allí, en su círculo familiar, “obedeciendo a sus padres en todo”, experimentó su madurez humana, intelectual y psicológica, de la misma manera que lo hacían los demás niños judíos de su tiempo. Esto queda confirmado por un episodio del evangelio de Marcos. Cuando JESÚS fue a predicar por primera vez a Nazaret, los aldeanos al escucharlo se asombraron y dijeron: “¿De dónde ha sacado esa sabiduría que tiene, y ese poder de hacer milagros? ¿No es éste, acaso, el carpintero, el hijo de María?” (Mc 6,2-3).

La vida de JESÚS, debió de haber transcurrido de una manera tan ordinaria y normal en su apacible pueblo de Nazaret, que el día que se presentó en público con una sabiduría fuera de lo común los paisanos se sorprendieron. Nunca habían sospechado que él fuera nadie más que “el carpintero”, “el hijo de María”. De haberse ausentado JESÚS del pueblo para estudiar y perfeccionarse, como dicen las leyendas que mencionaramos, los galileos no habrían tenido por qué asombrarse de sus prodigiosos conocimientos.

Si JESÚS no salió de Nazaret durante su infancia y su juventud, fuera de sus peregrinaciones a Jerusalén, o de un viaje ocasional a algún pueblo vecino, ¿qué hizo en todos esos años? ¿Es posible conocer algo de su vida oculta? Sí es posible, gracias a los descubrimientos arqueológicos y literarios que actualmente poseemos. Lo primero que hicieron los padres con el divino niño, apenas nacido, fue ponerle un nombre. Esto se realizaba en medio de una alegre ceremonia, celebrada al octavo día como mandaba el Génesis (17,12), y ante la presencia de varios testigos.

El nombre que José y María le pusieron fue el de “YEHOSHÚA”, que en hebreo significa JOSUÉ. Por la Biblia sabemos que en Palestina ese nombre solía acortarse y pronunciarse “YESHÚA”, por razones de familiaridad. A su vez en Galilea, donde se hablaba de una manera distinta al resto del país, y donde vivía la sagrada familia, se lo abreviaba aún más y se lo pronunciaba “YESHÚ”. Por eso, los primeros cristianos de origen griego lo tradujeron más tarde por “JESÚS”. El nombre de YESHÚA, en el siglo I, era uno de los más comunes y ordinarios que había. Así lo vemos, por ejemplo, en el escritor FLAVIO JOSEFO, quien en sus obras menciona a más de 20 personas que se llamaban JESÚS en la historia judía; de las cuales, por lo menos 10 son contemporáneas de JESÚS DE NAZARET.

En hebreo JESÚS (o JOSUÉ) significa “Dios salva”. Y no le pusieron ese nombre al niño sólo por un homenaje al caudillo hebreo Josué, sino porque, según Mateo, un ángel le dijo a José: “Le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1,21).

Ariel Alvarez Valdez
Biblista

SANTA CLARA DE ASÍS

Fundadora de las religiosas franciscanas, llamadas CLARISAS. Su padre pertenecía a una de las familias de mejor linaje de la ciudad, y su madre era una dama de profundo sentido cristiano. Cuando tenía 18 años, subyugada por el ardor evangélico de su compatriota, FRANCISCO, (que acababa de poner en marcha la nueva fraternidad), CLARA se confió a su dirección: abandonó su casa, y en la CAPILLA DE LA PORCIÚNCULA, donde vivía FRANCISCO, tomó el hábito de manos del santo, prometiéndole obediencia.

Inmediatamente fue confiada por FRANCISCO al monasterio benedictino de SAN PABLO DE LAS ABADESAS. Allí tuvo CLARA que vencer la enconada oposición de sus parientes. Quince días después, FRANCISCO le procuró un asilo más seguro en el convento de SANT´ANGELO IN PANZO, en las estribaciones del MONTE SUBASIO, donde fue a unírsele, fugada también clandestinamente, su hermana INÉS.

Posteriormente, FRANCISCO dispuso para CLARA y sus imitadoras una vivienda, adaptada al ideal de pobreza y sencillez que ella misma anhelaba, junto a la pequeña iglesia de SAN DAMIÁN, restaurada por el santo. Y en ella se instaló el pequeño grupo de DAMAS POBRES, llamadas luego CLARISAS, formado inicialmente por CLARA DE ASÍS y otras tres compañeras. La comunidad femenina imitaba en lo posible la de los hermanos franciscanos.

Durante cuarenta años, CLARA fue la superiora del convento de MONJAS DE SAN DAMIÁN. Su vida era de gran austeridad y muy rica en obras de caridad y piedad. Se cuenta que alejó con sus oraciones a los sarracenos que asediaban la población de Asís. Falleció en 1253 y fue canonizada dos años después. Sus restos descansan en la cripta de la iglesia dedicada a la santa en Asís. Su fiesta se celebra el 11 de Agosto.

Luego de conocer esta breve biografía de su vida: ¿porque SANTA CLARA DE ASÍS patrona de la televisión?

SANTA CLARA se encontraba gravemente enferma hasta el punto de no poder ir a la iglesia para rezar el oficio con las demás monjas en la solemnidad de la natividad de Cristo. Aquel día todas sus hermanas fueron a rezar y ella se quedó sola en la cama muy triste por no poder acompañarlas. Pero Nuestro Señor no quiso dejarla sin aquel consuelo y la hizo transportar milagrosamente a la iglesia de SAN FRANCISCO y pudo asistir a todo el oficio de los maitines y de la misa de media noche. Además pudo recibir la comunión, y finalmente, el Señor la llevó de nuevo a su cama. Cuando terminó el oficio en SAN DAMIÁN, las demás monjas fueron a ver a SANTA CLARA y le dijeron:

      “¡Ay madre nuestra, sor Clara! ¡Cuánto consuelo hemos tenido en esta santa noche de Navidad! Quisiera Dios que hubieras estado con nosotras”

Y CLARA respondió:

      “Yo doy gracias y alabanzas a mi Señor Jesucristo bendito, hermanas e hijas mías amadísimas, porque he tenido la dicha de asistir, con gran consuelo de mi alma, a toda la función de esta noche santa y ha sido mayor que la que han tenido ustedes. Por intercesión de mi padre San Francisco y por la gracia de mi Señor Jesucristo, me he hallado presente en la iglesia, y he oído con mis oídos espirituales y corporales todo el canto y la música del órgano, y hasta he recibido la sagrada comunión. Alégrense, entonces, y den gracias a Dios por esta gracia tan grande que me ha hecho”.

Es por esto que el 17 de febrero de 1958, el PAPA PÍO XII declaró a SANTA CLARA DE ASÍS patrona de la televisión y de las telecomunicaciones.

EL ROSARIO CATÓLICO MUSULMÁN E HINDÚ

La religiosidad, fe y cultura católica nos enseñan a conocer el ROSARIO desde muy pequeños y durante siglos ha sido una herramienta para orar. En éste se recorren los 20 misterios de la vida de Jesucristo y de la virgen. Sin embargo no es exclusiva de los católicos. Mucho antes de que se usara en el catolicismo otros movimientos religiosos los usaban también. En la actualidad los musulmanes e hindúes lo siguen usando cotidianamente para el mismo fin: orar e incrementar la fe. El término ROSARIO quiere decir ROSAS, es decir, ROSAS que ofrecemos en oración en especial a María. Inicialmente se diseñó una manera popular para que los fieles oraran y se creó una especie de lo que hoy llamamos ROSARIO; antes se le denominaba “EL SALTERIO DE LA VIRGEN”. Se hizo popular a partir de los siglos XIII y XIV, su promotor fue SANTO DOMINGO DE GUZMÁN, al observarse la cantidad de milagros que se producían cuando se rezaba comunitariamente. Pasaron muchos siglos en la Iglesia con el rezo tradicional del ROSARIO, pero en el año 2002, el Papa JUAN PABLO II añadió cinco nuevos misterios que los llamo “LUMINOSOS”. El ROSARIO ha estado ligado a las batallas religiosas de la Iglesia contra herejes y favores de María.

Desde tiempos inmemorables los hindúes ocupan 108 cuentas, que es el mismo número de su divinidad: Dios. Lo utilizan para orar por medio de mantras y conectarse con lo divino. Se le llama el JAPA-MALA y es hecho de madera o cualquier material, suele llevar una cuenta más un penachito de hilos rojos. JAPA, quiere decir, murmurar oraciones y MALA, guirnaldas, algo así como guirnaldas de oraciones. (Parecido al significado del ROSARIO, que quiere decir rosas, ofrenda de rosas). Los mantras son sonidos en lengua sánscrita que une la pronunciación con estructuras sonoras de nuestro cuerpo que conectan con la divinidad y lo espiritual.

Al recitar cada uno de ellos, deslizando con el dedo medio y pulgar, frotando cada cuenta, la persona va entrando en un estado profundo de relajación y oración; los que frecuentan este estilo de oración por su credo, lo rezan mucho antes del amanecer. Según la tradición, alrededor del dios KRISHNA hay 108 PASTORAS que lo acompañan, siendo KRISHNA, la cuenta grande con penacho rojo. El budismo usa también los 108 nombres de la divinidad y algunos otros hasta llegar a mil.

El TASBIH que también se denomina MASBAHA es un instrumento de oración de los musulmanes inspirado en el JAPA-MALA hindú. El TASBIH se dice, históricamente, que inspiró a los cristianos para el rezo del ROSARIO, aunque el PAPA PÍO V, en 1596, le otorgó su creación a SANTO DOMINGO DE GUZMÁN. El TASBIH es como un rosario pequeño compuesto de 33 cuentas o 99 que se van deslizando a medida que repite los diferentes nombres sagrados de ALÁ. Se usa como signo del islamismo, ya sea llevándolo en las manos, como pulsera o puesto en vehículos, casas o negocios. Para los musulmanes no es obligación recitar el TASBIH, pero Mahoma, el profeta dice: “A Alá pertenecen los nombres más bellos, invocadlos y alejaos de quienes los invocan erróneamente. Serán recompensados de acuerdo con sus méritos”. Quien conoce los 99 nombres entra en el Paraíso. Es por esto que es tan importante para los musulmanes el rezo del TASBIH. Si estas prácticas de oración y comunicación con Dios son tan antiguas y sabias es importante que se continúen haciendo y no juzgarlas como anacrónicas, en ellas está la esencia de la fe y de lo trascendente y divino.

LARIMÓN EL SECRETO DE LAS FANTASÍAS FEMENINAS

LARIMÓN es uno de los íncubos más citados en libros prohibidos y grimorios, lo cual ha hecho pensar a muchos que se trata del primero de su especie, y acaso el amante más aventajado de todos. En el oscuro tratado de DEMONOLOGÍA SOBRE SUCUBOS E INCUBOS de LUDOVICO MARÍA SINISTRARI, se dice que la belleza y la perfección masculina de LARIMÓN no son elementos decisivos para obtener, casi sin esfuerzo, el amor y la pasión de todas las mujeres que caen bajo su influencia. El verdadero punto fuerte de LARIMÓN reside en el conocimiento intuitivo e infalible de las fantasías femeninas, sobre todo de las fantasías inconfesables.

Favorecido por este contexto, la tasa de aciertos de LARIMÓN es casi perfecta. Cuanto más clara y evidente se vuelve para LARIMÓN. Justamente por eso se dice que las caricias de LARIMÓN son inolvidables. Y sus amantes, que alaban entre gemidos la pericia del íncubo, desconocen que fueron ellas mismas quienes diseñaron cada acrobacia, cada inciso, cada vértigo.