miércoles, 27 de septiembre de 2017

¿PUEDE APARECERSE LA VIRGEN?-Segunda Parte

Las revelaciones marianas, cuando son auténticas, tienen como finalidad santificar al vidente, no a los demás. Por eso son “PRIVADAS”. Los casos de LOURDES (cuyos mensajes hicieron santa a BERNADETTE SOUBIROUS) y de FÁTIMA (cuyos mensajes hicieron a LUCÍA abandonar el mundo e ingresar como monja de clausura) lo confirman. El primer destinatario de los mensajes es, la persona que los recibió. Ella es quien debe meditarlos, convertirse y cambiar de vida. Sólo ella queda comprometida a vivir lo que los mensajes piden. En este sentido, la Iglesia considera, con razón, a los videntes como la mejor prueba de la autenticidad de un mensaje. Si la Virgen quisiera hacer conocer sus mensajes a las demás personas, ¿por qué no se presenta directamente ante los demás? ¿Por qué emplea intermediarios, a veces dudosos, haciendo más difícil las cosas, con el riesgo de que éstos no sean creídos, si la intención de la Virgen es allanar los caminos hacia Dios?

Las experiencias místicas son para santificar al vidente, y a través de él a los demás. Pero no obligándolos a creer en los mensajes, que si bien pueden ser útiles a él, no necesariamente se adecuan a la espiritualidad del resto del pueblo de Dios. Por eso cuando alguna revelación mariana conlleva la orden de ser difundida y obedecida en todas partes, no es probable que sea auténtica. El tercer punto que hay que aclarar, es que cuando el Papa, o un obispo, aprueban una determinada manifestación de la Virgen María, lo que aprueban es el culto, la devoción, el rezo bajo esa determinada forma, pero no la visión ni los mensajes. La Iglesia simplemente constata que el rezar a María en ese lugar, bajo ese nombre, y con esas características, no hace mal ni tiene desviaciones. Pero no asegura que hayan sido auténticas las experiencias que le dieron origen.

Pongamos un ejemplo. En el pueblo de Italia, llamado LORETO, se venera una pequeña casa que, según la tradición, era la residencia de la Virgen María en Nazaret. ¿Cómo llegó esta casa desde Nazaret a Loreto? Según la tradición, cuando en el siglo XIII los cristianos europeos no podían peregrinar a Tierra Santa para visitar los lugares sagrados, porque habían caído en manos de los musulmanes, los ángeles trajeron “volando” la casa hasta Italia, para que los peregrinos pudieran visitarla y no tuvieran que viajar hasta allí. Por eso NUESTRA SEÑORA DE LORETO es la patrona de la aviación. Ahora bien, el PAPA SIXTO V en el siglo XVI aprobó la devoción a esta advocación, pero no sus “REVELACIONES”. Es decir, el viaje aéreo de la casa (la cual, según los estudios arqueológicos, ni siquiera corresponde al tipo de edificación palestina) no es objeto de fe.

La Iglesia, cuando acepta una devoción, no avala la revelación que la originó. Aceptó la devoción de LA SALETTE pero no sus mensajes. Aceptó la devoción de FÁTIMA pero no sus tres “secretos”. ¿Por qué esa diferencia? Porque mientras reconoce que las “devociones” no hacen mal (si están correctamente orientadas), las “revelaciones” privadas responden a las necesidades espirituales del que las experimentó, y no a la de los demás creyentes. Por eso la única revelación sobre la que se asienta la fe de la Iglesia, y de la cual da totales garantías, es la Biblia. Luego de estas tres precisiones, respondamos ahora a la cuestión central: ¿cómo saber si una revelación privada tiene posibilidad de ser auténtica? ¿Qué características debe mostrar?

Existe una regla de oro para saberlo, y es la siguiente: cuando una revelación privada contradice a la Biblia (revelación pública) no es legítima. Porque la Biblia viene de Dios, y Dios no puede contradecirse. A la luz de este principio hagamos ahora un análisis de algunos “mensajes” que conocemos, y que se hallan ampliamente difundidos entre muchos cristianos bien intencionados. En primer lugar, en las revelaciones privadas María ha asumido un rol preponderante. Se la ve por todas partes, varias veces al año, en las ciudades y pueblos más distantes del mundo. Ella es la figura central, fundamental, y a veces hasta reclamando una atención exclusiva a su persona. María de los Evangelios, en cambio, siempre se mostró prudente, mesurada, discreta, y en segundo plano respecto de Jesús.

En las revelaciones privadas María habla muchísimo, muestra una locuacidad y verborragia impresionantes. Libros enteros recogen sus mensajes, y se publican gruesos volúmenes con sus profecías y vaticinios. María de los Evangelios, en cambio, casi ni habla. En todo el Nuevo Testamento apenas la oímos expresarse en seis oportunidades. Sólo dijo seis “palabras”. Una menos que las siete palabras de Jesús en la cruz. En las revelaciones privadas María anuncia casi siempre mensajes lúgubres, tétricos, sombríos. Sus vaticinios son de catástrofes y desgracias. Parece haberse vuelto pesimista, depresiva y amargada. María en los Evangelios, en cambio, es una mujer de esperanza, de optimismo y alegría. En los peores momentos de su vida la oímos cantar de gozo, y mirar con confianza el futuro del mundo. Pero lo peor de todo es que, en las revelaciones privadas, María anuncia mensajes que contradicen las palabras de Jesús recogidas en la Biblia. Por ejemplo:

a) Jesús repite constantemente en su prédica: “no tengan miedo” (Lc 5,10; 12,7; Mt 14,27; 17,7; 28,5; 28,10; Jn 14,27; Ap. 1,17). En cambio María en casi todos sus mensajes parece que buscara aterrorizar a la gente con anuncios tremendistas de infortunios y cataclismos cósmicos.

b) Jesús no quiso dar la fecha del fin del mundo, ni siquiera de un modo aproximado. En cambio, en muchos mensajes María advierte que el fin del mundo está próximo, y hasta ha llegado a fijar la fecha.

c) Jesús enseñó que Dios está al lado de todos los hombres, sean santos o pecadores. Que Dios hace salir el sol sobre buenos y malos, y llover sobre justos e injustos (Mt 5,45). En cambio, María en sus mensajes promete únicamente estar al lado de los buenos, y ayudar a los que rezan el rosario, la invocan y la veneran.

d) Jesús nunca dijo que se salvará sólo quien amen a Dios. Al contrario, reconoció que es posible salvarse sin conocer a Dios, si uno ama y ayuda a sus semejantes; pues con esto está agradando a Dios, sin darse cuenta (Mt 25,40). Ya desde el Concilio Vaticano II la Iglesia enseña claramente la posibilidad de salvación de los ateos. En cambio, María dice que sólo se salvarán los que tienen fe en Dios y aman a ella.

e) Jesús nunca aseguró que por practicar un rito o devoción los cristianos ganarían la vida eterna. Dejó bien en claro que sólo el amor al prójimo es lo que salva (Mt, 25.31-46; Mc 10,17-22; Jn 13,33). En cambio, María advierte en sus mensajes que, para poder salvarse, hay que tener agua bendita, velas para cuando venga la oscuridad final, rezar el rosario, y tener una imagen de Jesús.

f) La Biblia enseña que la idea de salvar a la humanidad viene de Dios. Que él es el autor del proyecto salvífico. La carta a Tito dice: “Dios, nuestro salvador” (1,3; 2,10), y el Apocalipsis: “La salvación viene de nuestro Dios” (7,10; 12,10; 19,1). En cambio, María nos dice que Dios quiere castigar al mundo, destruirlo, acabar con los hombres, pero ella hace fuerzas para salvarnos. Con lo cual, quienes aceptan estos mensajes, en vez de buscar la protección en Dios, ¡buscan protección contra Dios!

María no puede ser la autora de estos mensajes, ni de ningún otro que se les parezca. Un examen sereno nos lleva a concluir que provienen más bien de los traumas, rencores, miedos y resentimientos inconscientes del supuesto vidente. Y lo peor de todo, es que al atribuírselos a María la hacen quedar muy mal. No tenemos derecho a agraviar a la Virgen de ese modo, atribuyéndole textos y mensajes que lejos de expresar su grandeza resultan más bien ofensivos para ella. La imagen que se desprende de éstos es más la de un ser vengativo y rencoroso, que la de que aquella que cantaba: “La misericordia de Dios se extiende de generación en generación” (Lc 1,50).

María fue la criatura más sublime de la historia de la salvación. La Biblia le otorga títulos que no se los da a ningún otro ser humano. Es la “LLENA DE GRACIA” (Lc 1,28), la “BENDITA ENTRE LAS MUJERES” (Lc 1,42), la “BIENAVENTURADA POR TODAS LAS GENERACIONES” (Lc 1,48). Por eso aquellos que veneramos y amamos a María, como nuestra Mamá del Cielo, debemos cuidar que su imagen nunca se opaque para que siga siendo el reflejo de la alegría, la esperanza y el optimismo cristiano.

Ariel Alvarez Valdés
Biblista

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