miércoles, 18 de octubre de 2017

EL ARCANGEL URIEL

Su nombre significa “Fuego de Dios”. No se sabe con certeza si es un serafín, un querubín o un Príncipe de las Dominaciones. Lo cierto es que URIEL es el arcángel del arrepentimiento y la retribución, así como también el arcángel de la justicia, la paz y de la salvación. En su obra El Paraíso Perdido, John Milton lo describió como “de todo el cielo, el espíritu de vista más aguda”. Ligada a eso, está la función de “vigilante del mundo” que algunos textos le atribuyen, función a su vez relacionada con aquel libro que suele aparecer en sus manos en ciertas imágenes suyas, libro éste que, según una determinada interpretación (hay otra), representa una lista de los seres humanos con los respectivos pensamientos, sentimientos y actos que han efectuado a lo largo de sus vidas, llevando así URIEL una cuenta necesaria para ver quiénes irán al Infierno, lugar del cual supuestamente él tiene la llave; pero, pese a ser así, no desea que nadie se condene, por lo cual suministra el don sobrenatural del arrepentimiento a las almas que aún pueden salvarse, por más protervas que éstas sean.

URIEL, junto con MIGUEL, GABRIEL Y RAFAEL, es uno de los cuatro arcángeles que fueron destinados a cuidar de la Tierra. Al igual que en la moderna angelología, URIEL consta entre los siete grandes arcángeles de acuerdo con la tradición del judaísmo rabínico. Fue en vinculado a su origen en el judaísmo donde URIEL adquirió el significado de su nombre como “Llama de Dios” o “luz de Dios”: de allí que, en la tradición judía, el Arcángel URIEL haya sido nombrado como “quien trae luz a Israel”. Se le menciona en Testamento de Salomón y en el Apocalipsis de Esdras, (libro pseudoepigráficos escrito en el siglo I que figura como apéndice en algunas ediciones de la Biblia. En la Vulgata aparece como 4 Esdras, en las versiones eslavas y rusas como 3 Esdras y en las traducciones inglesas como 2 Esdras), instruye al profeta sobre la verdad, adquiriendo fundamentalmente a raíz de esa obra su carácter de arcángel vinculado a la verdad que simboliza la llama que, en ciertas imágenes, aparece portando. En este libro apócrifo del Apocalipsis de Esdras, Dios manda a URIEL para responder a una serie de cuestionamientos que el profeta Esdras tiene. Es allí cuando URIEL le dice que Dios le ha “permitido describir las señales sobre el bien y el mal en el mundo”; pero aun así, será muy difícil que Esdras pueda comprender el asunto desde su limitada perspectiva humana.

Más adelante, URIEL le dice a Esdras algo cuya importancia teológica ha sido subvalorada, lo cual es así ya que las sabias palabras del arcángel muestran la incapacidad del hombre para comprender la naturaleza real de la pureza-incorruptibilidad y, por extensión, la impotencia del hombre para entender a cabalidad ciertas verdades morales y espirituales, haciendo así quedar como vano todo el orgullo de los teólogos moralistas que por siglos se han creído dueños de la verdad. En el libro LEYENDAS DE LOS JUDÍOS, URIEL fue quien dio un nuevo nombre a Jacob, quien guió a Abraham sacándolo de la ciudad de Ur, y quien marcó las puertas (previamente pintadas con sangre de cordero) de las casas de los hebreos cuando estaban en Egipto y, entre las siete plagas, fue decretada la muerte de todos los hijos primogénitos de los egipcios. En el mismo texto también se dice que URIEL fue el ángel que se le presentó a José. En el misticismo judío medieval, URIEL fue visto como el ángel regente del domingo, el ángel patrono de la Poesía, el aniquilador de los ejércitos de Senaquerib, el ángel que luchó con Jacob en Peniel y uno de los Sephiroth sagrados. Finalmente, fue en ese misticismo medieval donde se le atribuyó el rol del ángel que portaría las llaves de El Abismo en El Fin de Los Tiempos. El LIBRO DE ADÁN Y EVA, describe a URIEL como el querubín que permanece junto a las puertas del Edén con una espada flamante para evitar el acceso al Árbol de la Vida, generando así una confusión en la Angelología, ya que otras fuentes dicen que fue el arcángel JOFIEL quien desempeñó aquel rol. También, el libro afirma que fue quien sacó del Edén a Adán y Eva después de que pecaran, aumentando así la confusión con el arcángel JOFIEL, a quien también atribuyen esta función otras fuentes. Finalmente, el LIBRO DE ADÁN Y EVA dice que URIEL fue uno de los ángeles que dio sepultura a Adán y a Abel.

La Iglesia Católica solo da reconocimiento oficial a tres arcángeles puesto que solo tres se nombran en la Biblia: MIGUEL, GABRIEL Y RAFAEL. A URIEL, junto con los otros arcángeles, no los niegan pero tampoco los afirman en el sentido de que dentro de la doctrina oficial sean referidos como seres que indudablemente existen. En el cristianismo antiguo, el arcángel URIEL era venerado junto a MIGUEL, GABRIEL Y RAFAEL. Fue el papa Zacarías quien, durante el Concilio de Roma del año 745, prohibió el nombre del arcángel URIEL e hizo que se destruyeran sus imágenes en todas las iglesias de Roma, borrando así su huella en el Vaticano. La Iglesia Ortodoxa Oriental, distintamente a lo que hizo con JOFIEL, CHAMUEL Y ZADQUIEL, venera al arcángel URIEL y lo conmemora el 8 de noviembre. La Iglesia Anglicana lo incluye entre los arcángeles y además le da el status especial de ser un “Santo Patrono del Sacramento de la Confirmación”. La Iglesia Copta, que conservó la BIBLIA SEPTUAGINTA (que contiene el Libro de Enoc, apócrifo para el Catolicismo), y siempre ha venerado al arcángel URIEL. Llama la atención que, de entre los arcángeles no aceptados por la Iglesia Católica, URIEL no se limita a las antiguas revelaciones sino que consta en los evangelios apócrifos de la Biblia, en los cuales salva a Juan el Bautista de sobrevivir a la masacre ordenada por Herodes, lo lleva junto con su madre a Egipto, y años después los reúne con la Sagrada Familia. Por último, en el apócrifo Apocalipsis de Pedro él vuelve a ser nombrado como “Ángel del Arrepentimiento”.

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