miércoles, 18 de octubre de 2017

LA IGLESIA CATÓLICA Y EL GOBIERNO PERONISTA- Primera Parte

Desde fines de 1954, la Iglesia católica desempeñó un rol central en el golpe de Estado que puso fin al gobierno de Perón. El proceso por el cual la institución eclesiástica pasó a integrar el espectro opositor al peronismo fue abordado teniendo en cuenta fundamentalmente el caso de la Capital Federal y la ciudad de Córdoba, lugares clave para estudiar la trama de la insurrección cívico-militar. El objetivo de este informe es analizar el itinerario de las relaciones entabladas entre la Iglesia católica y el gobierno en Tucumán entre 1952 y 1955. Se sostiene que en el escenario provincial no se registró el progresivo deterioro de las relaciones entre la Iglesia y el peronismo que fueron visibles en el escenario metropolitano y en otras diócesis del país, observándose, por el contrario, un campo de colaboración que se mantuvo en forma ininterrumpida hasta 1955.

De ese modo, sin negar las tensiones que surcaron el camino de las relaciones entre la Iglesia católica y el gobierno provincial, el presente informe sostiene que en Tucumán no se observó la escalada de violencia y el enfrentamiento abierto que surgió desde 1954 como una constante en otras zonas del país. Esto nos lleva a interrogarnos sobre los factores que se conjugaron para dar cauce al clima expectante que predominó en la sociedad tucumana y por las repercusiones de los acontecimientos que se sucedieron a nivel nacional durante los tramos finales del gobierno peronista, como así también emprender un análisis comparativo de las estrategias que siguió la jerarquía eclesiástica y el movimiento laico en la Capital Federal y en la ciudad de Córdoba. Los estudios que abordaron la relación de la Iglesia católica y el peronismo coinciden en señalar el rol protagónico de la primera en el golpe de Estado de septiembre de 1955.

Tal desenlace resultó sorpresivo teniendo en cuenta los estrechos vínculos forjados entre el poder político y religioso en los años precedentes. No obstante, cuando a fines de 1954 el enfrentamiento entre la institución eclesiástica y el gobierno se volvió explícito, sectores del laicado y del clero se sumaron a una ofensiva política opositora que buscó desalojar a Perón por medio de una conspiración armada. Los últimos meses de gobierno estuvieron marcados por un clima cargado de violencia que estalló en episodios conocidos como el bombardeo a plaza de mayo y la quema de iglesias. En ese contexto, la crisis desatada asumió una lógica y una dinámica propia en la que el conflicto se alimentó a sí mismo. El ya clásico estudio de César Tcach sobre el partido radical cordobés subrayó la alianza que este fraguó con la Iglesia católica y sectores antiperonistas de las fuerzas armadas, corporaciones que, en ese escenario, impulsaron la vía armada para derrocar al gobierno. Tcach señaló que el catolicismo cordobés se erigió en el eje de la oposición católica nacional a partir de la ofensiva desplegada para penetrar nuevos espacios sociales, principalmente entre los jóvenes (estudiantes) y los sectores profesionales (clase media). Tal ofensiva católica resultó irritante para las altas esferas de gobierno al colisionar con los proyectos oficiales de organizar a los mismos sectores bajo la impronta peronista.

Según ese esquema, fue la disputa por los valores que se inculcaban a la juventud y la fundación del Movimiento Católico de Juventudes (en pugna con la Unión de Estudiantes Secundarios) la mecha que encendió el conflicto en esa provincia. Distintas investigaciones privilegiaron el abordaje de la Acción Católica Argentina (ACA) en los últimos años peronistas ya que, a pesar de aglutinar un número reducido de activistas, su capacidad de movilización y de conspiración la convirtieron en un agente de primera magnitud en el derrocamiento del gobierno. La ACA atravesó por un proceso de cambios desde que en 1952 la jerarquía eclesiástica dio impulso a un renacimiento de su militancia, articulado principalmente alrededor de dos ejes. Por un lado, se promovió la organización de la clase media a partir de la creación de la rama de Profesionales y Estudiantes católicos (APAC), iniciativa que se convirtió en un desafío para el gobierno teniendo en cuenta el perfil crecientemente opositor que asumió esa franja social.

Por otro lado, este renacimiento se nutrió de las crecientes impugnaciones morales al gobierno, tópico de fuerte influencia en las filas católicas que activó la movilización de militantes de ACA. De ese modo, la asociación católica, cuyas actividades lograron concitar amplias adhesiones políticas y sociales, apareció como la alternativa para aglutinar a una oposición que hasta el momento se presentaba dispersa y debilitada, la cual encontró en el conflicto desatado a fines de 1954 una oportunidad inédita para socavar al gobierno. Esto nos lleva a interrogarnos sobre los factores que se conjugaron para dar cauce al clima expectante que predominó en la sociedad tucumana y por las repercusiones de los acontecimientos que se sucedieron a nivel nacional durante los tramos finales del gobierno peronista, como así también emprender un análisis comparativo de las estrategias que siguió la jerarquía eclesiástica y el movimiento laico en la Capital Federal y en la ciudad de Córdoba, donde se dio inicio al golpe cívico-militar. En suma, partimos del supuesto que el proceso que derivó en el golpe de Estado de septiembre de 1955 presentó hasta último momento derivaciones inciertas y estuvo signado por las vacilaciones que sacudieron a los actores de la institución eclesiástica. Son esas vacilaciones e incertidumbres las que intenta recuperar esta investigación.

El siguiente informe fue extractado de un trabajo histórico realizado por Lucía Santos Lepera Del Instituto Superior de Estudios Sociales (CONICET-UNT)
Fuente:

0 comentarios: