miércoles, 20 de junio de 2018

EL ICONO DE LA VIRGEN DE VLADIMIR


La Virgen de Vladimir pertenece al tipo de iconos llamados por los griegos “Eleusa” y por los rusos “Umilenie” o sea de la ternura. También se llama Efesina y se le atribuye a San Lucas que la habría pintado en Efeso. Puede estar inspirada en un prototipo de Lucas. Las referencias históricas precisas empiezan en 1155, cuando el Patriarca de Constantinopla, Luc Chrysoberges, obsequió el ícono al príncipe Jorge Dolgorouky; el príncipe lo colocó en el convento de Vychgorod, cerca de Kiev. Más tarde, el príncipe Jorge confió el ícono a su hijo Andrés Bogolioubsky, quien se lo llevó a Vladimir y en 1160 lo colocó en la catedral de la Asunción, que había sido construida para este fin. El ícono fue llamado entonces Nuestra Señora de Vladimir. En 1164, en su marcha contra los búlgaros de Volga, el gran príncipe Andrés lo llevó a la cabeza de su ejército mientras los soldados cantaban: “Quien espera en Ti, madre de Dios, no perecerá jamás”. Recubrió el icono con oro, plata y piedras preciosas.

El 13 de abril de 1185 un violento incendio destruyó la catedral, pero el icono se salvó milagrosamente. Cuando los tártaros invadieron a Vladimir, robaron el precioso decorado, pero dejaron intacto el icono. En 1395, Tamerlán, jefe tártaro, se aproximaba a Moscú con su ejército después de hacer destruido muchas ciudades en el sur de Rusia. Animado de una fe viva, el gran duque Basilio I hizo transportar el icono de Vladimir a Moscú en la fiesta de la Anunciación y lo hizo colocar en la catedral del Kremlin, construida para honrar este misterio. Tamerlán retrocedió y la ciudad se salvó. Desde entonces, el icono milagroso permaneció en Moscú, que se había convertido en la nueva capital de Rusia. El 2 de septiembre de 1812, la víspera de la ocupación de Moscú por las tropas de Napoleón, el icono fue temporalmente llevado a Vladimir. El 20 de octubre era devuelto a Moscú, su ciudad habitual, a la catedral de la Asunción el corazón del Kremlin.

El icono de Vladimir. El icono de Vladimir se fue ligando tan profundamente a la vida religiosa del pueblo ruso que poco a poco se establece la costumbre de coronar delante de él los zares de Rusia. En 1917 comenzó la revolución. En 1919, los comunistas, ya en el poder, sacaron el precioso decorado y llevaron el icono de la catedral de la Asunción a la galería de Tetriakov, museo de pintura rusa, situado muy cerca del Kremlin. Poco después la catedral de la Asunción fue cerrada y transformada en museo. El icono representa los principales misterios cristianos: la Santísima Trinidad, la Encarnación y Pasión del Verbo, la Pasión de su Cuerpo Místico, la Resurrección y la Ascensión; se puede decir que está simbolizada toda las historia de la Iglesia. El fondo dorado del Icono se llama luz y simboliza la “Luz Divina” el Padre mismo. La gloria divina que no depende de ninguna fuente natural. El Hijo de Dios Jesucristo está en brazos de su madre. El cuello desmesuradamente grande contiene “el soplo” o sea el Espíritu Santo.

La Madre de Dios y de la Iglesia, María, está con un vestido oscuro, “El Mophorion”. Sobre la cabeza, el manto se redondea sobre una vasta cúpula que simboliza la bóveda celeste, el más allá que cubre a María, quien representa a toda la humanidad. Las tres estrellas sobre el Mophorion significan la virginidad antes, durante y después del parto; la tercer estrella está cubierta y sustituida por el Niño. El color oscuro del manto hace que resalte el tono brillante del “Imation”, vestido del Niño que representa la dignidad Divina. Las vestimentas de ambos –Madre e Hijo- representan las dos naturalezas del Hijo, divina y humana y la participación de la Virgen María.

La Virgen de ojos grandes abiertos y dilatados y boca y orejas pequeñas –que significa que está sumida en la contemplación- dirige su mirada dulce y triste al cristiano que está frente al icono y a través de él a toda la historia de la Iglesia donde ve la pasión de los pueblos cristianos que será crucificados con su Hijo a través del tiempo. El Hijo abraza fuertemente a su Madre, como figura de la Iglesia, con una expresión de niño de 6 años pues es la Sabiduría Encarnada y parece decirle con su mirada enérgica y decidida: “Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” y también “Estaré con vosotros hasta el fin de los tiempos.” El pie derecho de Jesús, dirigido hacia abajo, representa la Encarnación del Verbo, mientras que el pie izquierdo dirigido hacia arriba significa la Ascensión al Cielo. Mientras que maría con la mano izquierda señala a Cristo indicando: “Esté es el Camino, la Verdad y la Vida”; y también “hagan todo lo que Él les diga”. María está triste por lo que va a pasar pero también está serena porque por la Redención de su Hijo los hombres se librarán del Mal.

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