lunes, 26 de septiembre de 2022

¿QUÉ ES LA LITURGIA?

La palabra Liturgia viene del griego (
LEITOURGIA) y quiere decir servicio público, generalmente ofrecido por un individuo a la comunidad. Hoy se usa para designar todo el conjunto de la oración pública de la Iglesia y de la celebración sacramental. Significa originariamente "obra o quehacer público", "servicio de parte de y en favor del pueblo". En la tradición cristiana quiere significar que el Pueblo de Dios toma parte en "la obra de Dios" (cf. Jn 17,4). Por la liturgia, Cristo, nuestro Redentor y Sumo Sacerdote, continúa en su Iglesia, con ella y por ella, la obra de nuestra redención.

La Liturgia, obra de Cristo, es también una acción de su Iglesia. Realiza y manifiesta la Iglesia como signo visible de la comunión entre Dios y de los hombres por Cristo. Introduce a los fieles en la Vida nueva de la comunidad. Implica una participación consciente, activa y fructífera de todos. La Liturgia es también participación en la oración de Cristo, dirigida al Padre en el Espíritu Santo. En ella toda oración cristiana encuentra su fuente y su término. Por la liturgia el hombre interior es enraizado y fundado (cf Ef 3,16-17) en "el gran amor con que el Padre nos amó" (Ef 2,4) en su Hijo Amado.

Es la misma "maravilla de Dios" que es vivida e interiorizada por toda oración, "en todo tiempo, en el Espíritu" (Ef 6,18). En la Liturgia terrena pregustamos y participamos en aquella liturgia celestial que se celebra en la ciudad santa, Jerusalén, hacia la cual nos dirigimos como peregrinos, donde Cristo está sentado a la derecha del Padre, como ministro del santuario y del tabernáculo verdadero; cantamos un himno de gloria al Señor con todo el ejército celestial; venerando la memoria de los santos, esperamos participar con ellos y acompañarlos; aguardamos al Salvador, nuestro Señor Jesucristo, hasta que El se manifieste, y nosotros nos manifestamos con El en la gloria.

En esta dispensación sacramental del misterio de Cristo, el Espíritu Santo actúa de la misma manera que en los otros tiempos de la Economía de la salvación: prepara la Iglesia para el encuentro con su Señor, recuerda y manifiesta a Cristo a la fe de la asamblea; hace presente y actualiza el misterio de Cristo por su poder transformador; finalmente, el Espíritu de comunión une la Iglesia a la vida y a la misión de Cristo.

El Espíritu Santo realiza en la economía sacramental las figuras de la Antigua Alianza. Puesto que la Iglesia de Cristo estaba preparada maravillosamente en la historia del pueblo de Israel y en la Antigua Alianza, la Liturgia de la Iglesia conserva como una parte integrante e irremplazable, haciéndolos suyos, algunos elementos del culto de la Antigua Alianza: – principalmente la lectura del Antiguo Testamento; – la oración de los Salmos; – y sobre todo la memoria de los acontecimientos salvíficos y de las realidades significativas que encontraron su cumplimiento en el misterio de Cristo (la Promesa y la Alianza; el Éxodo y la Pascua, el Reino y el Templo; el Exilio y el Retorno).

Por eso la Iglesia, especialmente durante los tiempos de Adviento, Cuaresma y sobre todo en la noche de Pascua, relee y revive todos estos acontecimientos de la historia de la salvación en el "hoy" de su Liturgia. Pero esto exige también que la catequesis ayude a los fieles a abrirse a esta inteligencia "espiritual" de la Economía de la salvación, tal como la Liturgia de la Iglesia la manifiesta y nos la hace vivir. Un mejor conocimiento de la fe y la vida religiosa del pueblo judío tal como son profesadas y vividas aún hoy, puede ayudar a comprender mejor ciertos aspectos de la Liturgia cristiana. Para los judíos y para los cristianos la Sagrada Escritura es una parte esencial de sus respectivas liturgias: para la proclamación de la Palabra de Dios, la respuesta a esta Palabra, la adoración de alabanza y de intercesión por los vivos y los difuntos, el recurso a la misericordia divina.

La relación entre liturgia judía y liturgia cristiana, pasa también la diferencia de sus contenidos, son particularmente visibles en las grandes fiestas del año litúrgico como la Pascua. Los cristianos y los judíos celebran la Pascua: Pascua de la historia, orientada hacia el porvenir en los judíos; Pascua realizada en la muerte y la resurrección de Cristo en los cristianos, aunque siempre en espera de la consumación definitiva. En la Liturgia de la Nueva Alianza, toda acción litúrgica, especialmente la celebración de la Eucaristía y de los sacramentos es un encuentro entre Cristo y La Asamblea debe prepararse para encontrar a su Señor, debe ser "un pueblo bien dispuesto".

Esta preparación de los corazones es la obra común del Espíritu Santo y de la Asamblea, en particular de sus ministros. La gracia del Espíritu Santo tiende a suscitar la fe, la conversión del corazón y la adhesión a la voluntad del Padre. Estas disposiciones preceden a la acogida de las otras gracias ofrecidas en la celebración misma y a los frutos de vida nueva que está llamada a producir.

El Espíritu Santo es quien da a los lectores y a los oyentes, según las disposiciones de sus corazones, la inteligencia espiritual de la Palabra de Dios. A través de las palabras, las acciones y los símbolos que constituyen la trama de una celebración, el Espíritu Santo pone a los fieles y a los ministros en relación viva con Cristo, Palabra e Imagen del Padre, a fin de que puedan hacer pasar a su vida el sentido de lo que oyen, contemplan y realizan en la celebración.

El término ANÁMNESIS es utilizado por los teólogos y los liturgistas de la religión cristiana para indicar la parte del canon plegaria eucarística, que sigue al relato de la institución y manifiesta la intención de celebrar la eucaristía según la orden del Señor, en memoria suya. La celebración litúrgica se refiere siempre a las intervenciones salvíficas de Dios en la historia. El plan de la revelación se realiza por obras y palabras intrínsecamente ligadas; las palabras proclaman las obras y explican su misterio. En la Liturgia de la Palabra, el Espíritu Santo "recuerda" a la Asamblea todo lo que Cristo ha hecho por nosotros. Según la naturaleza de las acciones litúrgicas y las tradiciones rituales de las Iglesias, una celebración "hace memoria" de las maravillas de Dios en una Anámnesis más o menos desarrollada. El Espíritu Santo, que despierta así la memoria de la Iglesia, suscita entonces la acción de gracias y la alabanza.

La liturgia mozárabe (española). Tuvo su momento de esplendor en la época visigoda, (siglo VII). Empezó a ser fuertemente reprimida por la romana hacia el siglo XI y sólo subsiste hoy en un par de capillas (Toledo y Oviedo) como una "reliquia histórica". La liturgia ambrosiana o milanesa. Remonta sus orígenes a San Ambrosio (siglo IV) y aunque poco a poco fue romanizándose, todavía ha llegado a nuestros días vigente en la diócesis de Milán y algunas zonas vecinas. La liturgia antigua galicana (Francia). De ella conservamos el libro litúrgico más antiguo de la iglesia latina (siglo V). Tuvo un poderoso influjo oriental. Vivió una especie de renacimiento en los siglos XVII y XVIII en diversas liturgias regionales como la de Lyon. La liturgia celta. Surgió en los pueblos de origen celta del occidente europeo. Está bastante relacionada con e influida por la galicana.

En Inglaterra desapareció ya en el siglo VII bajo el influjo romanizado de los benedictinos. En la Bretaña francesa se mantuvo hasta el siglo IX y subsistió hasta el siglo XII en Irlanda. Todas estas y algunas otras de menor importancia fueron absorbidas por la Liturgia romana. Muy frecuentemente en vez de llamarla "romana" se utiliza o se ha utilizado las expresiones "liturgia latina" o mucho más "rito latino". 

Como el Breviario y el Misal no tenían carácter obligatorio en el caso de que existiesen tradiciones, otros ritos diferentes con una antigüedad superior a los 200 años, pudieron conservarse bastantes costumbres locales, aunque fueron pocas las que subsistieron a la corriente romanizadora del siglo XIX. Entre las que se conservaron citemos las de las diócesis de Braga (Portugal), Lyon (Francia) y las liturgias propias de algunas órdenes religiosas (Cartujos, Cistercienses, Premostratenses, Carmelitas, Dominicos...) 

A mediados del siglo XX comienza una renovación litúrgica cuyos pasos fundamentales fueron la reestructuración de la Semana Santa y el nuevo rito de la Vigilia Pascual (recordemos que la conmemoración de la resurrección se adelantaba al sábado santo por la mañana y que en aquella época no se permitían las misas vespertinas... Por eso hace medio siglo en toda Europa y también América los grandes estrenos teatrales tenían lugar el Sábado de Gloria al anochecer, ya que ya había terminado la Cuaresma y el Señor ya había resucitado).

Notemos en el pontificado de Pío XII (1939-1958), además de la MEDIATOR DEI, la aprobación de numerosos rituales con textos y cantos en los idiomas vernáculos, la nueva traducción del salterio a partir del texto original hebreo, la renovación de la Vigilia Pascual y de las ceremonias de la Semana Santa, la simplificación de las rúbricas, el permiso de las misas vespertinas y la simplificación del ayuno eucarístico.

Juan XXIII encomendó al Vaticano II que decidiera sobre las líneas fundamentales de una futura reforma general de la liturgia. El Concilio Vaticano II con la "Sacrosantum Concilium" inició un período todavía no terminado de grandes reformas litúrgicas (uso de los idiomas vulgares, reestructuración de la práctica de los sacramentos, con una gran descentralización que puede llevar a la creación de nuevos tipos de liturgias, pensemos en los pueblos africanos, adaptados a la vida moderna).

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