martes, 29 de junio de 2021

NUESTRA SEÑORA DE SAN JUAN DE LOS LAGOS

La Virgen de San Juan de los Lagos o Cihualpilli es una pequeña imagen de la Virgen María en su advocación de la Inmaculada Concepción, venerada en el santuario ubicado en la ciudad de San Juan de los Lagos, en el estado de Jalisco, de la cual es patrona. Se trata de una tradición de más de 100 años de antigüedad. La imagen es visitada por millones de peregrinos al año, llegados de todos los rincones de México, parte de los Estados Unidos, América Latina y lugares de Europa. Es la segunda más visitada en México después de la Virgen de Guadalupe en el Cerro del Tepeyac. En 2006 se informó la concurrencia de 7 millones de personas, en tanto que se estima en unos 2 millones de peregrinos los que visitan San Juan de los Lagos durante la fiesta de La Candelaria, el 2 de febrero de cada año.

Fue fray Antonio de Segovia primer evangelizador en este poblado, encomendando a, fray Miguel de Bolonia el cuidado pastoral de esas tierras, logrando pacificar la región, congregando a los errantes, y refundando pueblos con indios ya cristianizados, donando una imagen a la pequeña capilla hecha de adobe y techo de paja, no fue si no hasta el año de 1623 que la imagen comenzó adquiriendo admiración debido a lo que se le conoce localmente como «El primer milagro». Según la historia de 1623 basada en testigos oculares, una familia de cirqueros que se dirigían a la ciudad de Guadalajara llegó a descansar a esta región, trayendo con ellos varios espectáculos, entre ellos, el de una niña que brincaba en un trapecio sobre una cama con dagas. En un acto, la niña no equilibró bien y cayó sobre la misma provocándole la muerte de inmediato.

Poco antes del entierro de la niña, una indígena llamada Ana Lucía, esposa de Pedro Andrés, que se encargaba de cuidar la pequeña capilla, al ver el dolor de los padres de la niña pidió llevar a una pequeña imagen que ella llamaba «La Cihualpilli» (que significa La Gran Señora), diciendo que era milagrosa, ya que en ocasiones la imagen cambiaba de lugar, de la sacristía al altar y en el transcurso de la noche cambiaba de lugar en repetidas ocasiones. Según las narraciones, la colocó en el pecho de la niña quien con este hecho volvió a la vida. También se cuenta que el dueño en agradecimiento llevó consigo la imagen a Guadalajara para ser restaurada. Cuando quiso pagar el trabajo de reparación, los responsables de la misma habían desaparecido, por lo que se adjudicó la restauración a una intervención angélica.

La pequeña imagen de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos mide 33,5 centímetros, y pesa 321,9 gramos. Está elaborada en pasta de caña de maíz por artesanos de la región de Patzcuaro, Michoacán. Representa a la Inmaculada Concepción, de pie con sus manos ante el pecho y su rostro un poco inclinado al frente. Llevaba a sus pies las puntas de una media luna, la cual le fue retirada posteriormente. Está vestida en la misma talla de pasta con su vestido rojo y manto azul estrellado, adornado por una cenefa de oro fino. Su rostro es ovalado del color del marfil y rosado en el rubor de sus mejillas; los ojos rasgados pintados de un color café almendrado; la nariz recta; la boca cerrada, muy pequeña y bien modelada; las cejas delgadas y bien delineadas. Su pelo se esparce en dos mechones que le caen de forma ondulada por los hombros hasta los codos. Su cabeza es más grande en proporción con el tamaño del cuerpo, tal vez, con este detalle, el escultor trató de representar la pureza de María como la de una niña pequeña.

En el año de 1904, después de varias solicitudes desde 1900, se recibió en la ciudad de Guadalajara el 29 de enero la respuesta afirmativa del papa Pío X para la coronación canónica de la imagen de Nuestra Señora de San Juan. La facultad para imponer canónicamente la corona de oro a la Virgen fue adquirida por el arzobispo de Guadalajara, José de Jesús Ortiz y Rodríguez. La solemne coronación se llevó a cabo el 15 de agosto de 1904 con una corona encargada al Instituto Pontificio de Artes Cristianas de Benzinger Brothers en la ciudad de Nueva York, así como los dos ángeles colocados uno en cada lado de la imagen para sostenerla llevando una cinta semicircular en la parte superior, grabada con la inscripción: Mater Inmaculata. Ora Pro Nobis (Madre inmaculada, ruega por nosotros), con una altura de 18 centímetros y elaborada con oro de 18 quilates.

El templo recibe peregrinaciones multitudinarias de fieles,1 lo que se puede constatar con la cantidad de personas y expresiones de fe que le rinden los devotos. Es por esto que, además de la belleza del santuario que aloja a la Virgen, se ha convertido en el principal promotor del turismo en la región. Debido a su manufactura, el tiempo del que se remonta su devoción, y la autoría de la imagen, se considera hermana de las otras imágenes jaliscienses de la Virgen de Zapopan y Virgen de Talpa. El 8 de mayo de 1990 fue visitada por el papa Juan Pablo II.

LA TRÁGICA HISTORIA DE LAS CHICAS DEL RADIO

No nos referimos aquí a la radio usada para transmitir sonidos, sino al elemento radioactivo. Las “CHICAS DEL RADIO” fueron un grupo de trabajadoras industriales en los Estados Unidos que tuvieron que experimentar de primera mano los nefastos efectos de la radiación en el cuerpo humano. La historia ocurrió en tiempos de la Primera Guerra Mundial cuando una empresa comenzó a producir radio de manera industrial por sus propiedades luminosas.

Era un gran negocio, pues podía usarse para pintar relojes que luego se vendían a los soldados y así estos no tenían problema para saber la hora en la noche. La US RADIUM CORPORATION contrató 70 mujeres para trabajar en su fábrica, con la misión casi exclusiva de terminar los relojes pintando de radios sus manecillas. Lamentablemente para ellas, sus pinceles perdían rápidamente la punta y por esta razón los dueños de la empresa les habían indicado que debían lamerlos o presionarlos con los labios para que volvieran a funcionar. Al ingresar, muchas mujeres habían preguntado los peligros potenciales del radio y se les había indicado que no había ninguno, por lo que jugaban con él e incluso lo usaban para pintarse la ropa o la cara en los descansos.

Pero el asunto no era de ignorancia. Los dueños de la empresa, así como algunos empleados de alto nivel, conocían a fondo los peligros de la radiación y evitaban a toda costa el contacto con el material, usando barreras protectoras y otro tipo de objetos. Las trabajadoras, sin embargo, estaban en contacto constante con el radio. Afortunadamente para nosotros vivimos en una época en la que la radiación parece ser un evento del pasado. Aún los desastres recientes, como Fukushima, afectaron una población relativamente pequeña y no tuvieron mayor impacto en las densas ciudades japonesas.

Salvo por casos aislados, la radiación no es el peligro que fue hacia mediados del siglo XX. Sin embargo, sigue siendo temida. Quienes han vivido envenenamiento por radiación (como el espía ruso ALEKSANDR LITVINENKO) son prueba de que hay pocos destinos más horribles y muertes más desesperanzadoras. Si actualmente el asunto nos preocupa menos esto se debe principalmente al hecho de que la energía nuclear ha sido sustituida por otras alternativas, así como al final de la Guerra Fría y, por lo tanto, de los temores de un ataque nuclear a gran escala. En 1920 apenas si se estaba comenzando a entender el funcionamiento de la radiación, pero ya se sabía que era peligrosa. El radio, al ser un material radioactivo, debe ser manipulado con cuidado, algo de lo que eran conscientes las directivas de la empresa.

Las enfermedades pronto comenzaron a cobrar su cuota entre los empleados (principalmente mujeres) de la US RADIUM CORPORATION. Todo comenzó con casos de anemia y fue empeorando gradualmente, terminando en necrosis de la mandíbula (un efecto conocido de varias sustancias radioactivas). Originalmente, por petición de la empresa, los médicos y odontólogos de las mujeres mantuvieron la información sobre su enfermedad privada, llegando incluso a afirmar que habían muerto de sífilis (una manera de minar su legitimidad).

Al final, sin embargo, las pocas supervivientes lograron ganar una batalla legal con la empresa, obligándola a pagar tratamiento médico y una indemnización de por vida. No les serviría de mucho. Las mujeres morirían poco después. Sin embargo, su caso legal las convirtió en celebridades y dejó claro, al menos en los Estados Unidos, que una empresa sería responsable de cualquier daño que sufrieran sus empleados, en particular si ocurría mientras ejecutaban sus labores. En total fueron 5 las mujeres que dirigieron la batalla legal: GRACE FRYER, EDNA HUSSMAN, KATHERINE SCHAUB, AND SISTERS QUINTA MCDONALD Y ALBINA LARICE. Serían ellas quienes vendrían a conocerse como las “CHICAS DEL RADIO”.

HIPÓLITO YRIGOYEN


Político argentino que alcanzó la presidencia de la República. Cursó sus primeros estudios en el Colegio San José de los padres bayoneses y más tarde en el colegio de la América del Sur. Ingresó después en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, pero no consta que lograra recibirse con el título de abogado. La situación económica de su familia le obligó a trabajar desde su temprana juventud en empleos modestos, que desempeñó sucesivamente en una compañía de transportes, en las oficinas de un abogado y luego en el Estado, como escribiente de la contaduría general, en 1870.

Dos años más tarde obtuvo el puesto de comisario de policía de una de las parroquias en las que se dividía en el plano político y administrativo la ciudad de Buenos Aires. También desde joven se sintió atraído por la actividad política, y este interés lo indujo a participar en los acontecimientos turbulentos de la revolución encabezada por el general Bartolomé Mitre en 1874, aunque luego apoyó a la facción del gobierno y del candidato a presidente electo Nicolás Avellaneda. En 1877 se alejó del cargo de comisario que todavía ocupaba, al parecer por cuestiones políticas que no quedan del todo claras, y en 1878 logró imponerse como candidato a diputado provincial hasta que los sucesos de 1880 y la federalización de Buenos Aires dieron fin a su mandato.

Sin embargo, en ese mismo año resultó electo en los comicios realizados a fin de sustituir a los diputados que habían quedado cesantes y se desempeñó en el cargo durante dos años, al cabo de los cuales se retiró a la vida privada. En este período atendió a la administración de campos de su propiedad situados en la provincia de Buenos Aires y a la enseñanza en un instituto de estudios superiores. La llamada "Revolución del 90" lo encontró entre sus más entusiastas protagonistas, y a partir de entonces, Yrigoyen ya no volvió a abandonar la vida pública. Durante los sucesos de la revolución, uno de cuyos cabecillas era su tío Leandro N. Alem, Yrigoyen fue propuesto y aceptado por las fuerzas revolucionarias para ocupar el cargo de Jefe de Policía en caso de que se concretase el triunfo y se impusiera un gobierno provisional.

A partir del 90 pasó a ser una figura significativa de la política argentina. El presidente de la República Carlos Pellegrini lo instó a participar en negociaciones entre los partidos políticos en pugna, y el también presidente Luis Sáenz Peña lo invitó incluso a incorporarse a su gabinete, pero Yrigoyen, animado por una férrea intransigencia con respecto al régimen político de la época, rechazó ambos ofrecimientos. De hecho, 1893 lo encontró nuevamente involucrado en una revolución, esta vez al frente de los sublevados, en su calidad de presidente del Comité Central bonaerense de la recientemente fundada Unión Cívica Radical.

Durante los sucesos del 93 Yrigoyen logró involucrar en el movimiento a un importante número de oficiales del ejército, dirigió personalmente las operaciones militares y participó de la ocupación de varias ciudades de la Provincia de Buenos Aires. Fue proclamado por la revolución gobernador de la Provincia, pero Yrigoyen renunció al cargo. El sistema electoral vigente entonces en la Argentina daba lugar a abusos y manejos por parte de quienes ejercían el poder político, de modo que el único medio que los radicales vislumbraban para la conquista del poder era la abstención electoral y la lucha armada.

Por ello, el 4 de febrero de 1905 explotó una tercera revolución radical encabezada nuevamente por Yrigoyen que logró ocupar parte de la capital y algunas ciudades de la provincia, pero fue finalmente sofocada por el ejército. Yrigoyen resultó entonces proscripto, pero una ley de amnistía le permitió volver a hacerse cargo de sus funciones como dirigente del partido radical. Fue entonces, en 1912, que se sancionó la llamada "Ley Sáenz Peña", que garantizaba el voto universal, obligatorio y secreto para los varones adultos y la representación para la primera minoría, con lo que la Unión Cívica Radical decidió volver a participar de las elecciones.

La idea de la elite política gobernante era que la oposición radical habría obtenido en el mejor de los casos la minoría, pero en los comicios del 2 de abril 1916 Yrigoyen resultó electo presidente de la República. Al asumir el cargo el 12 de octubre de ese mismo año, Yrigoyen fue llevado en andas por sus simpatizantes desde el congreso de la nación hasta la casa de gobierno, por una distancia de más de un kilómetro y medio. La política de este no introdujo novedades sustanciales en la economía argentina, ligada entonces al mercado mundial a través de la exportación de alimento -sustancialmente cereales y carnes- y la importación de productos manufacturados.

Sus preocupaciones eran esencialmente político-institucionales, y por lo demás casi nadie consideraba importante realizar cambios en un modelo económico que había consagrado al país como "granero del mundo". La Primera Guerra Mundial, favoreció en principio las exportaciones argentinas a los países en conflicto y activó la producción de manufacturas para reemplazar las importaciones que a causa de la guerra no llegaban regularmente al país. Pero al finalizar el conflicto se vio resentido lo que constituía el "motor" de la economía argentina, lo que puso al gobierno radical ante situaciones de difícil resolución.
Yrigoyen no pudo más que seguir una política relativamente restrictiva del gasto público, situación nada fácil por el hecho de que su partido, representante de las clases medias de origen inmigratorio en ascenso, recibía fuertes presiones para premiar fidelidades políticas con cargos y empleos en el aparato del Estado. Por otra parte, la conflictividad social del momento dio lugar a importantes protestas obreras, conducidas en general por dirigentes anarquistas. La más significativa es la que se produjo en enero de 1919 en la ciudad de Buenos Aires y que se conoce con el nombre de "Semana Trágica". Durante esos días la ciudad fue escenario de tiroteos entre obreros y policías, y por primera vez el ejército tomó parte en la represión.

Otros hechos de gravedad se produjeron durante las huelgas en la Patagonia en 1921, donde la protesta anarquista fue aplastada por el ejército con notable ferocidad. En cuanto a la política exterior, el gobierno radical se mantuvo en todo momento neutral, a pesar de que se produjeron algunos incidentes con el gobierno imperial alemán (en 1917 un barco mercante argentino fue hundido por un submarino alemán y el embajador del imperio fue expulsado del país acusado de transmitir mensajes agraviantes para el país).

Una delegación argentina presidida por el ministro de relaciones exteriores Honorio Pueyrredón y en la que participaba además el ministro plenipotenciario argentino en Francia Dr. Marcelo T. de Alvear, tomó parte en las sesiones de la Liga de las Naciones inauguradas en 1920. En ellas propusieron ciertas enmiendas al Pacto de la Liga que tendían a limitar su alcance político, lo que suscitó desacuerdos y determinó el retiro de la delegación argentina.

martes, 22 de junio de 2021

7 DATOS QUE TAL VEZ NO CONOCÍAS DEL POPULAR SAN JUDAS TADEO

San Judas Tadeo es uno de los santos más populares y queridos entre los católicos debido a los numerosos “favores” que sus devotos aseguran haber conseguido por su intercesión.

Tadeo significa “magnánimo”

La tradición en la Iglesia llama a este apóstol Judas Tadeo. Los Evangelistas San Mateo y San Marcos lo nombran simplemente “Tadeo” (Mt 10, 3; Mc 3, 18) y Lucas lo denomina “Judas de Santiago” (Lc 6, 16; Hch 1, 13). Judas significa “alabanzas sean dadas a Dios”. No se sabe exactamente de dónde proviene el sobrenombre Tadeo y se considera que viene del arameo “taddà'”, que quiere decir “pecho” y por lo tanto significaría “magnánimo”. O tal vez surgió de la abreviación de un nombre griego como “Teodoro, Teódoto”.

Era primo de Jesús

Hay quienes afirman que San Judas Tadeo era hermano del Apóstol Santiago, el hijo de Alfeo (Cleofás), quien era hermano del justo San José. Según sostiene un documento publicado por la Congregación para el Clero, Cleofás se casó con María de Cleofás, después de enviudar de su primer matrimonio del que nació San Judas Tadeo.

Esta otra María es la “hermana” de la Virgen María que estaba al pie de la cruz (Jn. 19,25). Por lo tanto, Santiago el Menor y Judas serían primos de Jesús y sobrinos de San José y la Santísima Virgen. Sin embargo, no se ha logrado especificar si María de Cleofás era “hermana” de sangre de la Virgen María o solo su cuñada porque en ese tiempo se llamaba  “hermanos” a los parientes en general.

Era muy parecido a Jesús

Se suele representar a San Judas Tadeo con un medallón en el pecho que tiene el rostro de Cristo. Se debe al parecido no solo físico, sino también espiritual del popular santo con Jesús. Además, lleva una llama de fuego en la cabeza porque recibió al Espíritu Santo en Pentecostés.

Otros artistas lo muestran portando una Biblia, en referencia al libro que lleva su nombre. En su mano sostiene un hacha, que hace mención a su martirio, o un bastón como símbolo de las grandes distancias que recorrió mientras predicaba.

Murió mártir junto a San Simón

San Judas Tadeo predicó primero en Judea, luego pasó a Mesopotamia y finalmente en Persia. Allí se reunió con el apóstol San Simón y juntos combatieron las herejías de Zaroes y Arfexat, dos sacerdotes paganos que levantaron al pueblo contra las obras de los apóstoles.

Ambos recibieron juntos la corona del martirio y por eso la Iglesia los celebra el mismo día. Sus reliquias se encuentran en un altar de la Basílica de San Pedro en el Vaticano.

Tuvo una visión de Jesús antes de morir

Judas Tadeo y Simón buscaron alojamiento donde un discípulo llamado Semme. A la mañana siguiente unos sacerdotes idólatras y una gran multitud rodearon la casa y exigieron a Semme que les entregara a los apóstoles o quemarían la casa. Los santos se entregaron, pero no pudieron hacer que adoren a sus ídolos.

Antes de morir, San Judas miró a San Simón y le dijo que veía al Señor que los llamaba hacia Él. Según la antigua tradición, a San Simón lo mataron cortando su cuerpo en dos y a San Judas Tadeo le cortaron la cabeza con un hacha. La Iglesia en occidente los celebra el 28 de octubre.

Es patrono de las causas imposibles

Santa Brígida de Suecia, mística y patrona de Europa, escribió que un día Jesús le recomendó que cuando quisiera obtener ciertos favores, los pidiera por medio de San Judas Tadeo. Por esta razón es considerado patrono de las causas imposibles y comparte este patronazgo con Santa Rita de Cascia.

Tiene una epístola en la Biblia

La Epístola o Carta de Judas forma parte del Nuevo Testamento y es atribuida a San Judas Tadeo. Fue escrita en griego entre los años 62 y 65, antes de la caída de Jerusalén. La escribe un Judas, hermano de Santiago, y no está dirigida a ninguna persona, ni Iglesia en particular.

En ella se reprende a los falsos maestros y se hace una invitación a mantener la pureza de la fe. La carta termina con una bella oración (25) que dice: “Al único Dios que es nuestro Salvador, por medio de Jesucristo nuestro Señor, sea la gloria, el honor, la fuerza y el poder, desde antes de todos los tiempos, ahora y para siempre. Amén”.

EL TAJ MAHAL

Es un complejo de edificios construido entre 1631 y 1654 en la ciudad de Agra, estado de Uttar Pradesh, India, a orillas del Yamuna, por el emperador musulmán Shah Jahan de la dinastía mogol. El imponente conjunto se erigió en honor de su esposa favorita, Arjumand Bano Begum —más conocida como Mumtaz Mahal— quien murió dando a luz a su 14ª hija, y se estima que la construcción necesitó el esfuerzo de unos 20.000 obreros. Es considerado el más bello ejemplo de arquitectura mogola, estilo que combina elementos de las arquitecturas islámica, persa, india e incluso turca. El monumento ha logrado especial notoriedad por el carácter romántico de su inspiración. Aunque el mausoleo cubierto por la cúpula de mármol blanco es la parte más conocida, el Taj Mahal es un conjunto de edificios integrados.

Actualmente es un importante destino turístico de la India. En 1983, fue reconocido por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. El Taj Mahal fue nombrado una de Las Nuevas Siete Maravillas del Mundo Moderno. El emperador Sha Jahan fue un prolífico mecenas, con recursos prácticamente ilimitados. Bajo su tutela se construyeron los palacios y jardines de Shalimar en Lahore, también en honor de su esposa. Mumtaz Mahal dio a su esposo catorce hijos, pero falleció en el último parto y el emperador, desconsolado, inició casi enseguida la construcción del Taj como ofrenda póstuma. Todos los detalles del edificio muestran su naturaleza romántica, y el conjunto hace alarde de una estética espléndida. Tras una visita realizada en 1663, el explorador francés François Bernier realizó el siguiente retrato del Taj Mahal y de los motivos del emperador para construirlo:

"Completaré esta carta con una descripción de los dos maravillosos mausoleos que otorgan total superioridad a Agra sobre Delhi. Uno de ellos fue erigido por Jehan-guyre en honor de su padre Ekbar, y Chah-Jehan levantó el otro, de extraordinaria y celebrada belleza, en memoria de su esposa Tage Mehale, de quien se dice que su esposo estaba tan enamorado que le fue fiel toda su vida y a su muerte quedó tan afectado que no tardó mucho en seguirla a la tumba".

A poco de terminar la obra en 1656, Sha Jahan cayó enfermo y su hijo Sha Shuja se declaró a sí mismo emperador en Bengala, mientras Murad, con el apoyo de su hermano Aurangzeb, hacía lo mismo en Guyarat. Cuando Sha Jahan, muy enfermo ya, se rindió a los ataques de sus hijos, Aurangzeb le permitió seguir con vida en arresto domiciliario que cumplió en el cercano fuerte de Agra. La leyenda cuenta que pasó el resto de sus días mirando por la ventana al Taj Mahal y, después de su muerte en 1666, Aurangzeb lo sepultó en el mausoleo al lado de su esposa, generando la única ruptura de la perfecta simetría del conjunto. Se dice también que después de terminar dicha obra arquitectónica el emperador hizo que a los obreros se les cortara las manos para que jamás se viera otra obra igual.

A finales del siglo XIX varios sectores del Taj Mahal estaban muy deteriorados por falta de mantenimiento. Durante la época de la rebelión hindú (1857) fue dañado por soldados británicos, cipayos y oficiales del gobierno, quienes arrancaban piedras semipreciosas y lapislázuli de sus muros. En 1908 se completó la restauración ordenada por el virrey británico, Lord Curzon, quien también encomendó la fabricación de la gran lámpara de la cámara interior según el modelo de una similar que se encontraba en una mezquita de El Cairo. Curzon hizo remodelar también los jardines al estilo inglés que todavía hoy se conservan. Durante el siglo XX mejoró el cuidado del templo, en 1942 el gobierno construyó un andamio gigantesco cubriendo la cúpula, en previsión de un ataque aéreo de la Luftwaffe y, posteriormente, de la fuerza aérea japonesa. Esta protección se volvió a erigir durante las guerras entre India y Pakistán de 1965 y 1971.

Las amenazas más recientes provienen de la contaminación ambiental sobre las riberas del río Yamuna y de la lluvia ácida causada por la refinería de Mathurā. Ambos problemas son objeto de varios recursos ante la Corte Suprema de Justicia de la India. Recientemente, sectores sunitas reclamaron la propiedad del edificio, basándose en que se trata de la tumba de una mujer desposada con un miembro de ese culto islámico. El Gobierno indio ha rechazado la reclamación considerándola sin fundamento, ya que el Taj Mahal es propiedad de la nación entera.

PAGANINI EL VIOLINISTA DIABÓLICO


El 27 de octubre de 1782 nació en Génova una de las figuras más emblemáticas de la música clásica, se trataba de Niccolo Paganini. Su singular personalidad, su especial talento musical y la leyenda que giró en torno a su figura han sido el origen de, al menos, 30 estudios biográficos. La leyenda empieza a los 5 años, parece ser que en una de las ensoñaciones de su madre aparece el demonio y le comunica que su hijo Niccolo será un famoso violinista, a partir de ese momento su padre le obligó a practicar diariamente al menos 10 horas.

A los 41 años dio un concierto en LA SCALA, que siguió de once más durante las seis semanas siguientes, viajó por gran número de ciudades europeas ofreciendo numerosos conciertos; cuando su fama alcanzó la cima, incrementó sus honorarios en cuatro o cinco veces, lo cual le generó una fama de avaro, que no es del todo exacta, pues en cierta ocasión extendió un cheque a Berlioz, otro músico clásico, a quien acababa de conocer, por valor de veinte mil francos, para ayudarle a salir de su penuria económica.

A pesar de la gran fortuna que consiguió amasar en pocos años, continuó vistiendo con pantalones negros y abrigos largos y deshilachados, lo cual dio origen a un perfil inconfundible. Era tan extraordinaria su habilidad con el violín que corría la leyenda que la había alcanzado por medios no naturales, se rumoreaba que en cierta ocasión había matado a un rival, siendo condenado por ello a presidio y que allí había vendido su alma al diablo a cambio de conseguir estas dotes tan portentosas. Esta leyenda guarda un gran paralelismo con Mefistófeles, uno de los personajes de Fausto, creación del genial Goethe. Otra leyenda afirmaba que hallándose encarcelado, por haber matado a su amante, interpretó bellas composiciones en su celda con tan sólo una cuerda por habérsele roto las tres restantes, complejos fragmentos violinísticos.

A pesar de ser “feo, descuidado y trasudado”, como lo describe uno de los críticos de la época, su fuerte personalidad atrajo a numerosas damas, entre sus amantes figuran Paulina y Elisa, las hermanas del emperador Napoleón Bonaparte, y bailarinas como Antonia Bianchi, que fue madre de su hijo Aquiles. Su dedicación musical llevó siempre pareja su vida pendenciera y alocada y una afición por el juego que rozaba la ludopatía, se cuenta que en varias ocasiones llegó a apostar su preciado violín.

Pocos músicos han causado tanto furor en su vida y han llevado a cabo un dominio de la técnica como lo hizo Paganini, a ello contribuyó enormemente su gran flexibilidad articular, el Dr. Bennati lo atendió durante años e informó de algunos detalles de gran interés: “... su mano tiene una gran elasticidad, al igual que su hombro y su codo...” observó que cuando tocaba su codo cruzaba por encima del otro codo; la flexibilidad de Paganini era tan grande que la uña del dedo pulgar llegaba a tocar el dorso de su mano, esta hiperlaxitud le permitía tocar tres octavas con poco esfuerzo. Se sabe que voluntariamente podía flexionar lateralmente la articulación de sus falanges distales; en varias ocasiones fue preguntado acerca de su mágico secreto, a lo cual el genial compositor siempre respondía que lo revelaría cuando se retirara, desgraciadamente se llevó tan codiciado secreto con él, sin duda sus prodigiosas dotes interpretativas se debieron a un trastorno del tejido conectivo como ahora podemos ver.

Sus contemporáneos lo describen como un ser cadavérico, de ojos negros, piel blanca como la cera, pelo largo y negro, nariz prominente y estatura media; la coloración de la piel adoptaría, algunos años después, un tinte gris plateado, debido al tratamiento mercurial que recibió para la sífilis. Dicho tratamiento también fue el responsable de la pérdida de las piezas dentarias y de las molestias estomacales que acompañaron al compositor a lo largo de sus últimos años. El SÍNDROME DE MARFAN es el trastorno más frecuente del tejido conectivo, caracterizado por una alteración del metabolismo del colágeno, entre sus manifestaciones musculo esqueléticas se encuentran la aracnodactilia, la desproporción esquelética y una elevada estatura. Como ya hemos citado, Paganini era de estatura mediana, en cuanto a la aracnodactilia, en el Museo del Conservatorio de París se guarda un molde de la mano de Paganini, el cual es de forma y dimensiones normales, su dedo índice mide 10.1 cm y su dedo pulgar, en extensión, 6.7 cm. Estos hechos hacen poco probable que el compositor sufriera una enfermedad de MARFAN.

De forma gradual fue perdiendo su voz y permaneció afónico durante los dos últimos años de su vida, entre los diagnósticos diferenciales se barajan la laringitis tuberculosa y la lesión del nervio recurrente secundaria a un aneurisma aórtico; en cualquier caso, falleció en Niza el 27 de mayo de 1840. La fama de endemoniado persiguió a Paganini hasta la muerte, pues el obispo de Niza le negó sepultura eclesiástica, al haberse negado a recibir la Extremaunción los días previos a su fallecimiento por pensar que todavía no había llegado su hora. Su cuerpo fue embalsamado durante dos largos meses y posteriormente, por espacio de un año, fue depositado en el sótano de la casa de su hijo, finalmente fue enterrado en el lazareto de Villefranche, pero aquí no termina la peregrinación, ya que años después sería trasladado a otros cementerios, hasta alcanzar el de Parma, en donde reposa actualmente. El excentricismo de Paganini y su “endiablada” habilidad propiciaron que muriera sin fundar ninguna escuela musical.

martes, 15 de junio de 2021

LOS SECRETOS DE EL JARDÍN DE LAS DELICIAS


No hay pintura más enigmática en la Historia del Arte. La fantasía desbocada de este delirio erótico, sus mensajes cifrados, su fabulación poética... han fascinado durante siglos los que han tenido la fortuna de contemplar este tríptico de cerca. Muy de cerca. Uno no sabe adónde mirar y no puede dejar de comentar lo que ven sus ojos. ¿Qué es esto? ¿Qué quiere decir? Desde los primeros años del siglo XVI, cuando «El Jardín de las Delicias», de El Bosco, lucía en el palacio de los Nassau en Bruselas, ha dado pie a todo tipo de interpretaciones: una herejía para unos, una utopía para otros, una sátira moralizadora del mundo entregado al pecado para la mayoría.

No sabemos su título original, ni quién fue su comitente (Engelberto II de Nassau o su sobrino Enrique III), ni siquiera la fecha de su ejecución (se suele datar entre 1500-1505, pero recientes estudios lo sitúan hacia 1494-98). Lo que sí sabemos es que Felipe II se encaprichó de esta obra, la compró y la llevó al Escorial en 1593. Congrega a diario, en la sala donde se exhibe en el Prado, a miles de personas a su alrededor, que se afanan en descifrar el jeroglífico más hermoso pintado nunca.

El Bosco no escoge el pasaje en el que Dios crea a Eva de la costilla de Adán, ni siquiera cuando ella muerde la manzana del pecado. Inmortaliza el momento en el que Dios presenta a la pareja y bendice la unión: coge la mano de Eva, mientras los pies estirados de Adán rozan el manto del creador. Adán, que acaba de despertarse, mira embelesado a la seductora Eva, arrodillada y que baja la mirada. A la izquierda de la escena, un drago canario. Representa el árbol de la vida. Pero, justo encima de la escena, asomado en un hueco de la fuente de los cuatro ríos, vemos una lechuza, que se repite en varias zonas del tríptico. Encarna la maldad y el pecado. Junto a Adán, El Bosco pinta animales (un elefante, aves) que representan la fuerza, la inteligencia... Junto a Eva, una jirafa, un cisne, un conejo..., símbolos de pureza, soberbia y fecundidad.

El tríptico, un óleo sobre tabla de roble del Báltico, de 220 x 389 centímetros, representa el episodio del Génesis. En las puertas exteriores El Bosco pintó en grisalla el tercer día de la creación del mundo. Llama la atención sobre una roca antropomorfa, en la que advertimos el perfil del diablo. Fue utilizada por Dalí en obras como «El gran masturbador». Sobre la roca, una palmera, que simboliza el árbol de la ciencia, del bien y del mal, pero la serpiente tentadora baja por su tronco y por la roca reptan alimañas. El Bosco nos advierte con todo ello de que, pese a estar en el Paraíso, el pecado ya está acechando. Es una premonición de lo que se avecina.

El Bosco hizo una composición muy equilibrada, que distribuye en tres planos en cada una de las tablas, siempre con un elemento de agua en medio. La tabla central está presidida por esta escena, en la que jinetes cabalgan a lomos de jabalíes, unicornios, caballos, osos, toros, leones, panteras, que simbolizan pecados como la gula, la avaricia, la ira, la soberbia o la lujuria. Ésta última domina la escena. El Bosco lo pinta como un cortejo de vicio y seducción en torno a las mujeres que se bañan desnudas en un estanque.

La tabla central de «El Jardín de las Delicias» es un derroche de fantasía e imaginación. El Bosco hace una inversión del universo: pinta animales reales y fantásticos, plantas y frutos a un tamaño igual o mayor que los seres humanos. Se resquebrajan las fuentes, así como las esferas, burbujas y cilindros, que parecen sacos amnióticos, donde el pintor aprisiona a algunos de los personajes del cuadro. Otros aparecen atrapados en conchas de moluscos. Escoge apetitosas y jugosas frutas asociadas al placer carnal, como cerezas, moras y fresas, símbolos del amor, el erotismo, la fertilidad... También flores como las rosas y peces. Estos se asocian al pecado.

Las figuras desnudas –tanto de personas de raza blanca como negra– inundan el tríptico. El Bosco incluye relaciones heterosexuales y homosexuales (a la izquierda, un personaje agachado tiene flores en el trasero y otro a su lado porta una flor en la mano). En el siglo XVI la homosexualidad estaba prohibida y era duramente castigada. Pero, El Bosco ha representado a las figuras desnudas tan tenues, tan transparentes, que apenas tienen carne. Es como si representasen el alma humana. No llaman a los sentidos, a la sensualidad. Apenas distinguimos sus edades ni los atributos sexuales masculinos y femeninos. Este tríptico, representa el mundo entregado al pecado, especialmente a la lujuria.

La tabla del Infierno, también se conoce como «El Infierno musical», debido a los numerosos instrumentos musicales que aparecen en él: un arpa, un laúd, un tambor, una gaita... Pero en este caso se tornan objetos de tortura, donde se crucifican a los pecadores. La escena está presidida por una gigantesca figura antropomórfica: el hombre-árbol, «el gran engañador, el diablo», que mira al espectador y algunos asocian a un autorretrato del Bosco. Su cuerpo destrozado deja al descubierto una taberna. El hombre-árbol sostiene sus heridas piernas sobre unas barcas. Y es que en el Infierno el agua se torna hielo resquebradizo. Desde los textos medievales, el hielo es el castigo de los envidiosos. A la izquierda de la escena, dos orejas atravesadas por un cuchillo con un claro significado sexual. El cuchillo tiene la letra «M», marca de un platero de la época. A la derecha, unos perros devoran a un hombre con armadura, que sostiene un cáliz en la mano. Es el castigo de los sacrílegos.

La tabla de la derecha, dedicada al Infierno, es donde la fantasía del Bosco se desborda por completo con grupos de imágenes muy complejos. Es uno de los más célebres de «El Jardín de las Delicias». Un monstruo azul mitad pájaro, mitad hombre, sentado sobre una especie de trono-orinal engulle a seres humanos y los defeca sobre un pozo inmundo en el que un hombre vomita y otro expulsa monedas de su trasero (avaricia). Abajo, a la izquierda, una mujer con un sapo en el pecho es abrazada por un demonio (la imagen alude a la lujuria). Su rostro se refleja en el espejo que tiene en sus nalgas otro demonio verde (simboliza la soberbia).

No solo los pecados capitales están representados en «El Jardín de las Delicias». En la época se perseguía y se castigaba la bebida, los juegos de azar, la prostitución... En esta escena aparece un hombre clavado a la mesa donde ha estado jugando y una mano atravesada por un puñal con un dado en sus dedos. Al lado, naipes y el tablero de una especie de back gamón. De nuevo, la inversión de papeles. Aquí vemos un conejo que lleva clavado sobre un palo a una persona que acaba de cazar.

Llama la atención esta imagen, en la que El Bosco pinta un cerdo, con el tocado de una monja clarisa (forma parte de la orden franciscana), que trata de convencer a un hombre, con unos documentos sobre sus piernas, para que los firme. A un lado, el tintero; al otro, una figura porta los sellos. Es una crítica a los que hacen malos usos: jueces, notarios... Pero también a cómo manejaban el dinero las órdenes mendicantes.

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MARTIN MIGUEL DE GUEMES


En todo el período anterior y posterior a la revolución de Mayo, se destaca Martín Miguel de Güemes, líder salteño de la guerra gaucha, de quien hablaremos en este bloque. Héroe de la independencia que, cuando comenzó el proceso de emancipación, pudo frenar el avance español en nuestro norte, usando hábil y heroicamente tácticas de la guerra de guerrillas. Miguel nació en Salta, el 8 de febrero de 1785. Estudió en Buenos Aires, en el Real Colegio de San Carlos. Al despuntar su adolescencia, inició la carrera militar y, debido a las invasiones inglesas de 1806, participó en la defensa como edecán de Santiago de Liniers, el líder de la resistencia que logró recuperar la capital virreinal.

Y para pintar de lleno a este hombre en estos primeros años de su vida pública, le proponemos una pregunta insólita: ¿puede una fuerza de caballería casi gauchesca ser capaz de detener a un barco inglés de guerra? Y ahí está este Güemes, protagonista de un este hecho insólito que irá alentándolo a sostener siempre en su vida una osadía como pocos. En efecto: Güemes capturó al buque inglés "Justine" cuando, una notable bajante del Río de la Plata, lo dejó varado y a merced del salteño. Y en mayo de 1810 llegó la Revolución de Mayo. Güemes se sintió llamado a incorporarse al ejército patriota destinado al Alto Perú, y con ellos colaboró en la victoria en Suipacha.

De vuelta en Buenos Aires colaboró en el sitio de Montevideo. Pero su tierra le llamaba. En 1815 volvió a su Salta natal dotado de una experiencia militar inigualable y providencialmente imprescindibles para los sucesos que le tocaría enfrentar. Con espíritu sanmartiniano se puso al frente de la resistencia a los realistas españoles que, desde Perú, querían sofocar a los rebeldes del sur. Güemes organizó al pueblo y militarizó la provincia. Los lugareños de todas las clases, en principio, interpretaron la magnitud del peligro al estar tan cerca de la frontera.

En de mayo de 1815 sus coterráneos lo eligieron gobernador provincial, en un cargo que ejercerá hasta 1820. Pero pronto sufrió, junto con toda la patria y sus ejércitos allí apostados, la derrota de Sipe Sipe, considerado una de los desastres militares más graves de la guerra de la independencia argentina. Hasta tal punto fue profundo el desbande, que España festejó el triunfo como fin de la rebelión en Sudamérica. Las provincias del Alto Perú se perdieron para siempre, y cuando lograran su independencia, lo harían como nación aparte, la República de Bolivia.

Pero se equivocaron los españoles respecto de lo que sucedía: ocho meses después, el 9 de Julio de 1816, Argentina declaró su Independencia y mantendrá en jaque hasta el final a los realistas. En su huida del Alto Perú, el Ejército sólo pudo rehacer sus filas en el límite norte de la actual Argentina. Desde allí Güemes se retiró y Rondeau lo declaró traidor y desertor.  Para empeorar las cosas, el Director Supremo Álvarez Thomas envió tropas de refuerzo, al mando de Domingo French y Juan Bautista Bustos, con orden de derrocar a Güemes y después incorporarse al Ejército del Norte. El caudillo salteño no los dejó pasar hasta haberse asegurado de que no lo atacarían.

Rondeau estaba más preocupado por escarmentar a Güemes y evitar el surgimiento de un nuevo Artigas en el Norte, -caudillo uruguayo que había desobedecido a Buenos Aires- y mantenía en rebeldía al litoral.  Sin embargo, frente a la real amenaza de los españoles, el 22 de marzo de 1816 se llegó a un acuerdo: Salta debería seguir con sus métodos de guerra gaucha bajo la conducción de Güemes y brindaría auxilio a las tropas enviadas desde Buenos Aires. Apenas nombrado el nuevo Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón, viajó a aquella provincia para cerciorarse de las críticas y sospechas de muchos porteños que dudaban de la capacidad militar de los gauchos de Güemes.

Pueyrredón quedó superado por la organización y moral de los gauchos y su jefe. El director ordenó entonces que el ejército del Norte se retirara hasta Tucumán y ascendió a Güemes al grado de coronel mayor. El propio San Martín apoyó la decisión de Pueyrredón. En una carta llegó a expresar lo siguiente: "Los gauchos de Salta solos, están haciendo al enemigo una guerra de recursos tan terrible que lo han obligado a desprenderse de una división con el solo objeto de extraer mulas y ganado".

Como sucedió en España, con la guerra de guerrillas, Güemes postulaba así la táctica posible ante un ejército que entonces, estaba entro los más veteranos y preparados de la Tierra. Belgrano también valoró la acción de Güemes, y ello forjó desde entonces una gran amistad entre ambos.  En una carta que el caudillo salteño le escribe al creador de la bandera argentina, dice lo siguiente: "Hace Ud. Muy bien en reírse de los doctores; sus vocinglerías se las lleva el viento. Mis afanes y desvelos no tienen más objeto que el bien general y en esta inteligencia no hago caso de todos esos malvados que tratan de dividirnos. Así pues, trabajemos con empeño y tesón, que si las generaciones presentes nos son ingratas, las futuras venerarán nuestra memoria, que es la recompensa que deben esperar los patriotas".

El general español Joaquín de la Pezuela también dejó pruebas de los daños que las valerosas y constantes acciones del salteño le provocaban. En una carta que envió al virrey del Perú le señaló la difícil situación en que se encontraba su ejército ante Güemes, con las siguientes palabras: "Su plan es de no dar ni recibir batalla decisiva en parte alguna, y sí de hostilizarnos en nuestras posiciones y movimientos. Observo que, en su conformidad, son inundados estos interminables bosques con partidas de gauchos apoyadas todas ellas con trescientos fusileros que al abrigo de la continuada e impenetrable espesura, y a beneficio de ser muy prácticos y de estar bien montados y agrega más adelante lo siguiente:

“Se atreven con frecuencia a llegar hasta los arrabales de Salta y a tirotear nuestros cuerpos por respetables que sean, a arrebatar de improviso cualquier individuo que tiene la imprudencia de alejarse una cuadra de la plaza o del campamento, y burlan, ocultos en la mañana, las salidas nuestras;… en una palabra, experimento que nos hacen casi con impunidad una guerra lenta pero fatigosa y perjudicial."

Por su capacidad para informarse y realizar inteligencia del enemigo, descubrió el plan del Mariscal de la Serna para desarrollar una gran invasión. Con 3.500 hombres de batallones de Gerona, Húsares de Fernando VII y Dragones de la Unión. Todos ellos eran veteranos vencedores de Napoleón en las guerras europeas. Martín de Güemes puso a la provincia en pie de guerra y organizó un verdadero ejército popular con partidas de no más de veinte hombres. Una vez más, el resultado entre las potencias y el pobre y naciente país periférico parecía cantado.  En marzo, el salteño recuperó Humahuaca y se dispuso a esperar la invasión. Los realistas acamparon cerca, con refuerzos que elevaron sus fuerzas a más 5.400 hombres.

Güemes planteó una aparente retirada con tierra arrasada, manteniendo un permanente hostigamiento al enemigo con tácticas guerrilleras. En estas condiciones las fuerzas de La Serna llegaron a Salta el 16 de abril de 1817.  Los salteños boicotearon en todo lo que pudieron a los españoles, y sus tropas sufrieron permanentes ataques relámpago. Mientras, San Martín triunfaba en Chacabuco. Esta noticia y el mortal hostigamiento comenzaron a desmoralizarse las huestes realistas. Finalmente, De la Serna se retiró. Pese a esta exitosa táctica, San Martín se demorará en Chile por falta de recursos hasta agosto de 1820. Belgrano, quién mandaba en el Ejército del Norte en el Tucumán, fue convocado para reprimir a los artiguistas de Santa Fe. Güemes y sus gauchos quedaron otra vez solos frente al ejército español.

Los españoles retomaron la carga en marzo de 1819 y Güemes se preparó para resistir. No contaba con el apoyo porteño, pues su viejo rival Rondeau era el nuevo Director Supremo de las Provincias Unidas. Y la prioridad de Rondeau no era la guerra por la independencia sino terminar con el modelo artiguista en la Banda Oriental, que proponía federalismo y reparto de tierras entre los gauchos pobres. Rondeau llegó incluso a ordenarle a San Martín que abandonara su campaña libertadora para que regresara a Buenos Aires para reprimir a los federales. Y en esas decisiones cruciales que toman las grandes personalidades y marcan el destino de los pueblos, San Martín desobedeció y aclaró que nunca desenvainaría su espada para reprimir a sus compatriotas.

Lo cierto es que el panorama de Güemes y la provincia de Salta eran desoladores. Guerra permanente, campos arrasados, comercio y rutas interrumpidas. Los auxilios del gobierno central nunca llegaron y las clases altas salteñas ya dudaban de seguir apoyando a un caudillo que les quitaba peones y los convertía en guerrilleros armados. El Directorio, que era la autoridad nacional, caía bajo el poder el interior, y comenzaba una prolongada guerra civil. En ese contexto político frágil y violento, los españoles invadieron nuevamente el norte. Ocuparon Jujuy y a fines de mayo, tomaron Salta capital. San Martín, desde Chile, pidió a Güemes que resistiera y lo nombró Jefe del Ejército de Observación sobre el Perú.  Este apoyo del libertador elevó la moral del salteño. Los españoles, como años anteriores, terminaron abandonando el norte argentino, desgastados.

En 1821 todo se le complicó al salteño: en el Norte, los realistas; en el Sur, el gobernador de Tucumán, Bernabé Aráoz, aliado a los terratenientes salteños, le hostigaba y operaba en su contra. El cabildo de su ciudad aprovechó la ocasión para deponerlo de su cargo de gobernador. Güemes irrumpió con sus gauchos y recuperó el poder. Todos temieron ser colgados, pero las represalias del caudillo se redujeron a aumentar los empréstitos forzosos a sus adversarios. Sin embargo, estas divisiones internas debilitaron su poder y facilitaron la penetración española en territorio norteño.

Los sectores poderosos de Salta colaboraron con el enemigo para eliminar al caudillo que parecía volar solo. Un coronel salteño a las órdenes del ejército español, José María Valdés, alias "Barbarucho", conocedor del terreno, ocupó Salta el 7 de junio de 1821, contando con el apoyo de los terratenientes locales a los que les garantizó el respeto a sus propiedades. Güemes se refugió entonces en la casa de su hermana Magdalena Güemes de Tejada, conocida como "Macacha". Le prepararon una emboscada. Escuchó algunos disparos y logró tomar su caballo para escapar. Entonces un tiro le dio en la espalda…y gravemente herido alcanzó su campamento de Chamical donde reunió a sus oficiales y les transfirió el mando.

Murió el 17 de junio de 1821 en la Cañada de la Horqueta. El tiro de la espalda era la llamarada final de los poderosos aferrados al pasado. El pueblo salteño, que había dudado, finalmente optó por el futuro. Concurrió en masa a su entierro y luego, liderados por el coronel José Antonio Fernández Cornejo, derrotaron a "Barbarucho" Valdés y expulsaron para siempre a los españoles de Salta.

LA JUVENTUD Y EL CAMBIO CLIMÁTICO

La juventud levanta su voz para decir con claridad que piensan sobre la crisis climática que vivimos. Compartimos con ustedes este artículo publicado por Infobae Cultura.

El libro “La Generación Despierta”, escrito por los jóvenes Bruno Rodríguez y Eyal Weintraub, fundadores de ‘Jóvenes por el Clima’, reúne el activismo de las nuevas generaciones para defender el equilibrio del planeta. Hace dos años, Bruno Rodríguez y Eyal Weintraub, recién habían terminado el colegio secundario. Observaron lo que los movimientos que las huelgas organizadas, cada viernes, por Greta Thunberg en Suecia estaban generando a nivel global y entendieron que era hora de hacer algo.

Luego de varios contactos, se dieron cuenta de que había muchos chicos como ellos, buscando respuestas y haciendo reclamos. Fundaron Jóvenes por el Clima, una agrupación que ya suena fuerte en el movimiento ambiental argentino. Su última aventura se llama Una Generación Despierta, un libro editado por Penguin Random House, en el que los autores cuentan su breve pero sustanciosa historia en la lucha contra el cambio climático. El título está escrito en presente, porque queda claro a través de sus páginas, que el movimiento juvenil llegó para quedarse y para empezar a poner claridad y justicia en el reclamo. Y que, en definitiva, se trata nada más ni nada menos que del planeta que les dejaremos en el futuro.

La gravedad de la crisis climática y ecológica ha sido, y sigue siendo, cubierta con un velo que nos engaña y que asegura su permanente postergación en el tiempo. La idea predominante en el imaginario colectivo es que se trata de un problema del futuro. Escuchamos que el nivel del mar podría aumentar hasta casi un metro para el año 2100 y nos preocupamos momentáneamente, pero después volvemos a chequear e-mails, a prepararnos un café, y entonces nos consumen los conflictos del ahora. Lo urgente eclipsa la importancia del problema del siglo y perpetúa un estado de procrastinación eterna.

Pero la alarma no deja de sonar. Como dicen Greta y el movimiento climático juvenil en todo el mundo, exigimos a los máximos dirigentes mundiales “que actúen como si su casa estuviera en llamas, porque lo está”. Una de las paradojas del ambientalismo global es que muchas veces existe mayor concientización en aquellos lugares que están más lejos de la primera línea, donde la violencia ambiental se siente en el día a día. El movimiento socio ambiental cuenta con gran parte de su fortaleza y de sus adherentes en la clase media de los países del Norte global, principalmente, en Europa y en Estados Unidos. Y a la vez, para quienes habitan esas sociedades, en efecto la crisis climática es un problema del futuro. Por eso se refuerza la necesidad de fortalecer la preocupación y el interés acerca de los conflictos socio ambientales en los países del Sur global.

Los síntomas de nuestra época ponen de relieve esta necesidad, para proteger a los desposeídos de los desastres que ocasionaron quienes más tienen. Por suerte, en los últimos dos años, la marea de conciencia colectiva en materia ambiental, desatada gracias a la militancia, el trabajo y la construcción de un movimiento, nos está ayudando a entender que las catástrofes generadas por el cambio climático ya están golpeando nuestra puerta. El problema es que esta conciencia no se traduce en una apuesta política y en un accionar concreto por parte de la dirigencia política y ni hablar de la empresarial. En el año de la pandemia, la respuesta de las autoridades en distintas partes del mundo fue reducir las regulaciones ambientales y despojar de cualquier estructura de protección a la naturaleza para embarcarnos en procesos de recuperación económica tras la feroz sacudida del coronavirus y de las medidas que los diferentes gobiernos se vieron obligados a adoptar en vista de evitar su propagación.

En Brasil se escucha al ministro de Ambiente hablar sobre la oportunidad que presenta la pandemia —ya que los medios de comunicación y la sociedad están distraídos— de simplificar la regulación ambiental. Estados Unidos y China decidieron reducir el alcance de sus leyes de protección ambiental para incentivar la industria, y en la Argentina estamos apostando a un nuevo consenso de las commodities, mayor agricultura industrial, régimen hidrocarburífero en Vaca Muerta y mega minería a cielo abierto a lo largo del territorio nacional.

Frente a esto, los pibes y las pibas de todo el mundo estamos cada vez más despiertos. Ya sabemos muy bien que un cóctel de destrucción ambiental no va solucionar la pobreza y la desigualdad en nuestro país ni en ningún lado. Y que ante la falta de propuestas innovadoras volveremos a repetir la historia, en un ciclo que pareciera ser infinito.

Cada generación tiene sus desafíos. Nuestros bisabuelos vivieron el calvario de la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial; en Argentina, nuestros abuelos sufrieron las atrocidades de la última dictadura cívico-militar y de todas las que vinieron antes; nuestros padres atravesaron el salvajismo neoliberal de los años noventa y el infierno del estallido social en 2001. Pero, ¿y a nosotros qué nos toca?

Nuestro desafío consiste en hacerle frente a la crisis climática y ecológica. ¿Qué podemos hacer para evitar el colapso? Nos encantaría contar con un manual que nos indique detalladamente los pasos a seguir, pero la verdad es que no existe una receta. Lo único que sabemos con certeza es que si encaramos esta lucha desde la individualidad vamos a perder. La historia de las grandes transformaciones de la humanidad es una crónica de grupos, de movimientos, de mareas.

El acto individual más importante que cualquiera de nosotros puede hacer es el de involucrarse en la construcción de un proyecto colectivo.


El Show de la Vida
es un segmento exclusivo realizado por nuestro coordinador de ANUNCIAR Contenidos Latinoamérica de nuestra filial en Costa Rica, Jorge Francisco Muñoz Somarribas.

martes, 8 de junio de 2021

LA ISLA DEL DIABLO

La pieza de MONSIEUR BACHIR, en el HOSPITAL DE SAINT-LAURENT DU MARONI, tenía vista al río. Con un par de almohadas en la espalda, el anciano podía contemplar cómo las largas piraguas iban rumbo a Albina, en la ribera que ya es Surinam, o venían a SAINT-LAURENT, de regreso a la GUAYANA FRANCESA. El cruce de la frontera es un asunto común a orillas del MARONI, tan normal como que intenten cobrarte 200 francos por cruzar hasta Albina cuando en realidad son cincuenta, pero el fenómeno parecía gustarle a BACHIR, que pedía puntualmente sus dos almohadas con el desayuno, a eso de las 7 de la mañana, y no las abandonaba hasta que la falta de luz y los mosquitos obligaban a Claude, el enfermero rastafari, a ser un poco rudo con el viejo.

MOHAMMED BACHIR era el último sobreviviente de la colonia penal que por un siglo y medio mantuvo el gobierno francés en la Guayana. Fue uno más de los 70 mil transportados que Francia envió al bagne, (presidio, en francés) y que identificó a esta Guayana por muchos años. Y fue uno de los pocos bagnards que sobrevivió a las enfermedades tropicales y al trato infrahumano que fue la norma en ese salvaje pedazo de América del Sur. BACHIR llegó a SAINT-LAURENT en el convoy de 1924, junto a otros dos mil presos, para cumplir una condena de veinte años por algo que él siempre llamó una disputa familiar. Lo más probable es que esa disputa haya terminado con la muerte de alguien, pero eso es algo que MONSIEUR BACHIR jamás le comentó a nadie. Los bagnards nunca hablaban de las razones que los habían llevado a la Guayana.

Al completar su condena, en 1944, BACHIR se instaló con un pequeño comercio en SAINT-LAURENT. Tenía que permanecer veinte años más en la Guayana antes de volver a Francia. Dos años después, el gobierno francés cerró el presidio y trasladó a unos dos mil transportados de regreso a la metrópoli. Cuando ya no pudo ir por sí solo hasta la ribera, para ser parte del modesto intercambio comercial entre Albina y SAINT-LAURENT que todavía tiene lugar junto al muelle, se instaló en el hospital y debió conformarse con mirar el paso de las piraguas. Murió a los 98 años. La Revolución Francesa le dio sus primeros huéspedes a la colonia penal de la Guayana, en 1798. Eran 331 presos políticos, entre los que se contaba un buen número de sacerdotes que se había opuesto al nuevo orden.

La mayor parte de los deportados fue destinada a un campamento en las orillas del río Counamarna; los que eran considerados más peligrosos fueron trasladados a unas islas a diez kilómetros de la costa. En los mapas antiguos, ese archipiélago era conocido como Islas del Triángulo, por la disposición geográfica de sus componentes. Pero en 1763 una epidemia que había matado a diez mil personas en la Guayana llevó a los pocos colonos que quedaban a buscar refugio en ellas. Entonces pasaron a llamarse ILES DU SALUT (Islas de la Salvación). Son tres: LA REAL, LA SAN JOSÉ y LA DEL DIABLO.

El posterior uso que se les dio, el fuerte oleaje que las azota y la imposibilidad de escaparse de ellas llevaron a que este último nombre persistiera en el tiempo y en la memoria, aunque hasta ahora los mapas las consignan como de la Salvación. Una paradoja si se considera que el ochenta por ciento de los presos enviados hasta las islas jamás salió de ellas. Ni siquiera muertos, pues era costumbre tirar los cadáveres al mar, algo que hizo crecer la población de tiburones que rodeaba el archipiélago. Las ISLAS DE LA SALVACIÓN recibieron su primer convoy oficial, con 304 reclusos, en mayo de 1852.

A la ISLA DEL DIABLO fue deportado ALFRED DREYFUS, el oficial del ejército francés acusado injustamente de entregar secretos militares a Alemania. DREYFUS vivió en la ISLA DEL DIABLO entre 1895 y 1899. La casa que ocupó todavía está en pie y en un extremo de la isla hay un escaño -donde se supone el infortunado oficial pasaba el tiempo-que se conoce como el BANCO DE DREYFUS. Los prisioneros eran distribuidos por toda la Guayana Francesa. Los convoyes llegaban a SAINT-LAURENT DU MARONI, poblado donde había una especie de cárcel matriz, y desde ahí eran repartidos de acuerdo con sus delitos y peligrosidad.

Gran parte de los caminos que actualmente existen en la isla fueron construidos por los reclusos. También había carpinteros, panaderos, artesanos y, a partir de 1933, un aprendiz de electricista, de 25 años, acusado injustamente de asesinato; un tipo con una mariposa azul tatuada en el torso y cuyo único delito era estar ligado al ambiente del actual parisiense y haber estado en el momento y lugar equivocados. HENRI CHARRIÉRE se llamaba, aunque era más conocido como PAPILLON (mariposa, en francés).

LA BATALLA DE POITIERS

A principios del siglo VIII, la Europa cristiana vivió uno de sus momentos más comprometidos: la supervivencia de la fe dominante en el continente estuvo en liza frente al imparable avance musulmán. Desde la caída de la Hispania visigoda, las incursiones contra el reino Franco y Burgundia no dejaron de aumentar en su ensañamiento, hasta el punto de que el «mayordomo de palacio» Carlos Martel, abuelo del Emperador Carlomagno, fue designado para conducir un ejército contra la amenaza que brotaba desde Al-Andalus. La gran expansión del Islam se suele emplazar entre la toma de La Meca en el año 630 y precisamente la batalla de Poitiers. El derrumbe del aparentemente poderoso reino germánico visigodo, que ocupaba lo que hoy es España y Portugal, hizo temblar a toda Europa en 711. Los visigodos fueron barridos del campo de batalla por solo 15.000 hombres, bereberes en su mayoría, a causa sobre todo de la debilidad interna de sus reyes. Una vez conquistado Al-Andalus, los musulmanes retrasaron su avance debido a las luchas internas entre bereberes y árabes, que en el caso de los segundos estaban divididos a su vez entre kalbíes y qaysíes, pero colaboraron para saquear las tierras al norte de los Pirineos.

Las incursiones en las fronteras enemigas eran una estrategia habitual entre los musulmanes, cuyo objetivo era debilitar a los estados cristianos mientras averiguaban lo factible de lanzarse a su conquista. Tras atacar Aviñón y Lyon a modo de «razia», los musulmanes hicieron un primer intento de conquistr Toulouse en el año 721, que fracasó frente a las tropas de Eudes de Aquitania, «un romano que combatía contra los barbari (los francos)» con todavía más estrépito que en Poitiers. Envalentonado por su derrota, el Califato Omeya intensificó sus ataques contra Aquitania en los siguientes años y logró saquear Burdeos. Una matanza de cristianos en el río Garona fue especialmente terrible: «Los creyentes atravesaron las montañas, arrasaron el terreno abrupto y el llano, saquearon hasta bien adentro el país de los francos y lo castigaron todo con la espada, de forma que cuando Eudes trabó batalla con ellos en el río Garona, huyó».

Acosado por los árabes por el sur, Eudes de Aquitania pidió ayuda urgente al gobernante de facto de los francos, su antiguo rival, Carlos Martel, llamado así «como el martillo (Martel) quiebra y machaca el hierro, el acero y los demás metales». Nacido en el año 688, Carlos fue el fundador de la dinastía carolingia que gobernó Francia hasta el siglo X, si bien lo hicieron en calidad de mayordomos de palacio hasta el 752, puesto que el territorio estaba en manos de los reyes merovingios. Estos, calificados como «los reyes perezosos», gobernaban nominalmente en el territorio franco pero su poder real era inexistente. Martel, que era hijo ilegítimo del también mayordomo Pipino de Heristal, fue el encargado de organizar las huestes francas que salieron a neutralizar la incursión musulmana en el Principado de Aquitania.

Al frente del ejército islámico que invadió Francia en el 732 se encontraba Abd al-Rahman al-Ghafiqi, que se había encargado de dirigir en orden la retirada musulmana años antes en Toulouse. Este comandante musulmán era uno de los «tabi'un» (discípulo) de la aristocracia religiosa que vertebraba el Islam, solo inferior en devoción a los «ansar» (colaboradores), que habían conocido personalmente al profeta Mahoma. En la campaña del año 732, su intención realmente no era derrotar a la Europa cristiana, ni siquiera conquistar Francia, como se ha venido diciendo a lo largo de la historia. Fue de nuevo solamente una «razia», aunque más ambiciosa de lo habitual, buscando aprovecharse de lo efectivo de los ataques rápidos y furtivos que realizaban los árabes. Sin embargo, los musulmanes volvieron a evidenciar en Poitiers que perdían todas sus ventajas en los terrenos montañosos, pantanosos y, sobre todo, en los boscosos. Las fuerzas de Abd al-Rahman al-Ghafiqi tuvieron que hacer frente a estos tres tipos de terrenos durante esta campaña.

Tras derrotar a los aquitanos, los musulmanes se entregaron a tres meses de saqueo. Una vez reagrupados, los hombres de Abd al-Rahman al-Ghafiqi se dirigieron al norte a través de la calzada romana I que atravesaba Poitiers, cuya importancia residía en su situación como nudo de caminos y punto por donde salvar el río. Pese al riesgo de dejar a su espalda una ciudad cristiana fuertemente defendida, los musulmanes siguieron hacia el norte, sin conquistar Poitiers, con la mirada puesta en la rica iglesia abacial de San Martín de Tours, uno de los centros cristianos más representativos del continente. Tours no pertenecía a Aquitania sino a los francos, lo que se entendió como una declaración de que Abd al-Rahman al-Ghafiqi buscaba abiertamente confrontarse con Martel. El mayordomo de palacio de Austrasia, que había acudido a la llamada de Eudes de Aquitania, así lo entendió y marchó hacia el sur. Sin que Abd al-Rahman al-Ghafiqi llegara nunca a Tours, cristianos y musulmanes se confrontaron entre el Clain y el Vienne, en las proximidades de la calzada romana, a finales del mes de octubre del 732. Concretamente, la batalla de Poitiers enfrentó a unos 20.000 francos contra no menos de 40.000 musulmanes, si bien, entre ellos había un gran número de civiles.

Todavía más difícil que estimar las cifras del combate es distinguir la realidad de la ficción en las crónicas medievales, las cuales llenan los textos sobre la batalla de términos poéticos. Lo más probable es que los musulmanes iniciaran el ataque con una gran carga de caballería –armada con sus lanzas largas y espadas– y se toparan con lo que las crónicas definieron como un «muro de hielo». Lejos del previsible y ineficaz ataque-retirada típico de los visigodos y gascones, la solidez de los ejércitos de Martel, formados en falange, permitió lanzar un contraataque hacia el flanco del campamento enemigo. «El príncipe Carlos movió su línea de batalla contra los enemigos y sus guerreros se precipitaron contra ellos. Con la ayuda de Cristo derribó sus tiendas y aprestó a combatir para hacerlos pedazos en una carnicería. Habiendo muerto en la lucha Abd al-Rahman al-Ghafiqi, Carlos los destruyó, y haciendo avanzar el ejército, los combatió y venció. Así triunfó el vencedor sobre sus enemigos», relata «El Continuador de la Crónica de Fredegario». Probablemente no es que el veterano Abd al-Rahman al-Ghafiqi fuera tan imprudente de dejar desprotegido su campamento, más bien el derrumbe de las líneas musulmanas trasladó el combate a una lucha desesperada por salvar el enorme botín que guardaban en las tiendas. Otros relatos incluso aseguran que fue Eudes de Aquitania quien apareció por sorpresa para arrasar el campamento enemigo desde la retaguardia. De lo que caben menos dudas aún es que allí debió producirse la masacre final y de que pereció Abd al-Rahman al-Ghafiqi alcanzado por una jabalina.

Bajo el manto de la noche, los musulmanes se retiraron del campo de batalla en buen orden, dejando a su espalda las tiendas en pie y al menos 12.000 muertos. El desastre había sido mayúsculo durante los dos días que había durado la contienda, aunque no tan grave como las crónicas cristianas hicieron creer. La persecución de los musulmanes se realizó tarde y mal. Para cuando Martel quiso ponerse en marcha le llegaron noticias de problemas políticos y militares en la frontera del Rin, aunque tal vez fuera solo una excusa para guardar las apariencias y ocultar lo obvio: el botín capturado a los musulmanes no era algo que se pudiera portar durante una persecución. La codicia evitó así una derrota mayor. Martel murió nueve años después de la batalla y fue enterrado en la capilla merovingia de Saint-Denis, en las afueras de París, un honor que demuestra hasta qué punto fue el más insigne mayordomo del palacio merovingio y el mayor defensor de la cristiandad de su tiempo. No en vano, el historiador David Nicolle en el monográfico dedicado a la batalla, «Freno al Islam Poitiers» (Osprey Publishing), recuerda que la expansión árabo-islámica iniciada a mediados del siglo VII ya estaba en proceso de estancamiento cuando Martel consiguió vencerles en Poitiers. «No solo en Europa, sino también en el Cáucaso, en Asia Central, en la India y en África», apunta sobre una tendencia que la historiografía ha extrapolado de forma errónea solo a Poitiers.