martes, 5 de agosto de 2008

Valorizar la Vida

EL ALFA Y LA OMEGA
Martes 05.08.2008
Editorial - Programa Nº 348

En este mundo, los hombres y las mujeres se casan, pero los que sean juzgados dignos de participar en el mundo futuro y de la resurrección, no se casaran. Ya no pueden morir, porque son semejantes a los ángeles y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección. Que los muertos van a resucitar, Moisés lo ha dado a entender en el pasaje de la zarza cuando llama al Sr el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, porque El no es un Dios de muertos sino de vivos. Todos, en efecto, viven para El.

Palabras extractadas del Evangelio de Lucas y tiene que ver con lo que quería plantearles en esta editorial. Habitualmente, tratamos de tomar una noticia que sea vigente algo que haya sucedido en este tiempo en estos días, no es el caso este, no es algo de lo que ya otros no hayan hablado, no es algo que sea absolutamente común, pero hoy tenia ganas de ponerme a pensar en vos alta “que es la muerte para cada uno de nosotros” y sobre todo para mi.

Y lo traigo a cuento de esta historia, que ustedes seguramente han escuchado, la de este profesor universitario Randy Pausch(1) que falleciera hace poco de una enfermedad bastante cruel. Este hombre que dignifico la vida, honro la vida, le dio sentido a la vida. Y pensar en la muerte me obliga a reflexionar en ese momento que cada uno de nosotros deberá atravesar, tarde o temprano, esa puerta que vamos a transponer en un momento de nuestra vida finita.

Tiempo que desconocemos, que solamente el Padre conoce, pero que nos obliga a pensar “¿como estoy viviendo mi vida?, ¿a que le doy valor?, ¿en que gasto mi tiempo?, en ir de un lado para el otro, en desesperarme por las cosas de todos los días, las tribulaciones, por la falta de recursos muchas veces. Este hombre, que se entera de su enfermedad, decide enarbolar la bandera de la vida y aprovechar sus últimos tiempos, para poder disfrutar intensamente de su familia, de su esposa, de sus tres hijos y decide dejar, en cada uno de ellos, una marca, una semilla, un signo imborrable para que lo recuerde.

Entonces dice la historia reciente de que con el mayor de ellos lo llevo a un lugar donde pudo disfrutar de nadar muy cerca de los delfines, a otro de ellos tuvo oportunidad de llevarlo a Disney y a la menor, como era una niña apenas de un año, le dejo grabado un video donde decía que el era el primer hombre que la había amado. Y recordar eso me hizo acordar el día que yo conocí a mi hija, como cada día que conocí a mis tres hijos en particular. Y muchas veces, pierdo tiempo en tantas cosas que no son importantes, que no son urgentes, que no son necesarias y me distraigo tal vez en no compartir un rato mas, en no disfrutarlos un poco mas intensamente, disfrutar a Marisa, mi esposa, a aquella mujer que me regalo la vida y que Dios la puso en mi camino hace muchísimos años.

A mis amigos, que a veces por falta de tiempo, por obligaciones por compromisos, por cansancios, no me siento a hablar de tonterías o de cosas importantes o de cosas que nos pasan por el corazón. Como pudo transmitir este hombre a través de un libro, que escribió este profesor universitario, que, como todo profesor, tiene la posibilidad de ponerse al frente de un montón de gente, jóvenes, adolescentes, u hombres o mujeres y transmitirle sus conocimientos. En este caso, más que conocimientos a través de su mensaje, este hombre nos dejo una reflexión y hasta diría un paréntesis para que lo abramos y nos pongamos a meditar, seriamente, en que estoy utilizando mi vida.

Pensar en la muerte es algo que a veces nos produce dolor, tristeza, angustia, desolación. Pero si lo pensamos profundamente, la reflexión sobre la muerte, es un poco nuestra actitud de vida. Me pesaría irme de este mundo sin poder hacer muchas de las cosas que me gustaría hacer. Bueno no debo tratar de evitarlas sino de que sucedan. De decir te quiero a quien corresponda, de hacer un servicio a quien se lo merece, de estar al lado del que me necesita, del reírme, del gozar, del disfrutar.

La muerte es un paso, es un paso hacia la eternidad, es un paso hacia una nueva posibilidad de entender que aquí, tenemos un tiempo, ese tiempo que nos ha dado Dios para que podamos trascender. Y nuestra vida, podrá ser muy efímera y pasajera, pero la trascendencia la vamos a poner nosotros con nuestros valores, con nuestras actitudes, con nuestra disponibilidad, con nuestro amor, con nuestro abrazo. No perdamos un instante, no perdamos un minuto mas de los que nos quedan en valorar todo lo que tengo, en abrazar a todos los que amo, en acercarme y llamar a todos aquellos a los que necesito, a los que quiero ver, a los que tengo algo que compartir.

Bien nos dice el Señor, no necesitaran de muchas cosas cuando estén en el cielo, en la vida eterna. Pero aquí, en la tierra, es donde tiene que quedar reflejada su huella, su marca. Y la marca del hombre queda impresa en el corazón de los demás. Y las marcas se construyen con valores, con amor, con disponibilidad. Lo material no cuenta. Y como dijimos muchas veces y todos tenemos claro, la mortaja no tiene bolsillos. Producir bienes materiales no nos hace más felices. De repente escuchar un te quiero o poder darle una caricia a nuestros hijos, es algo que nos llene mucho mas el corazón, que muchos elemento que podamos llegar a tener, comprar o conseguir.

La muerte es un paso, pero la vida es la trascendencia. Y yo puedo hacer que mi vida sea trascendente, u opaca, gris y sin ningún tipo de razón. Por lo tanto me propongo seria y firmemente, retomar esto que nos propone este hombre, y vivir intensamente cada uno de los momentos que a partir de hoy la vida me regale.

Carlos Guzmán
Coordinador de Contenidos
Programa Radial
EL ALFA Y LA OMEGA

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1.- Randolph Frederick Pausch (nacido el 23 de octubre de 1960, fallecido el 25 de julio de 2008) fue un profesor de informática, interacción hombre-máquina y de diseño en la Universidad Carnegie Mellon (CMU) en Pittsburgh, Pensilvania, Estados Unidos. Además fue un autor con alto número de ventas en sus libros, consiguiendo fama mundial por su trabajo "La Última Ponencia" discurso que dio el 18 de septiembre de 2007 en la Universidad de Carnegie Mellon.

En agosto del 2006, a Pausch se le diagnosticó un cáncer de páncreas metastatizado. Él comenzó un tratamiento muy agresivo para el cáncer que incluía cirugía mayor y quimioterapia experimental; sin embargo, en agosto del 2007, le dijeron que el cáncer había metastatizado al hígado y al bazo, lo que significaba que era terminal. Él entonces comenzó una quimioterapia paliativa, intentando prolongar su vida todo lo que fuese posible. El 2 de mayo del 2008, un PET scan mostró que su cáncer se había extendido a sus pulmones, algunos ganglios linfáticos en el pecho y metástasis en el peritoneo y el retroperitoneo.

El 26 de junio de 2008, Pausch indicó que estaba considerando la posibilidad de detener aún más la quimioterapia, debido a los posibles efectos secundarios adversos. El día 25 de julio de 2008 falleció a causa del cáncer de páncreas.

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