martes, 16 de octubre de 2018

LOS MISTERIOS DEL SANTO ROSARIO- MISTERIOS GLORIOSOS

Los Misterios Gloriosos se rezan los días: (miércoles y domingos)

PRIMER MISTERIO GLORIOSO
1-LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

Los evangelios no nos describen el hecho mismo de la resurrección ni el cómo y cuándo precisos en que sucedió, sino las consecuencias de tal acontecimiento: el sepulcro vacío, las múltiples y variadas apariciones del Señor y las circunstancias de las mismas. Al amanecer del domingo, María Magdalena y otras piadosas mujeres fueron al sepulcro; la piedra que cerraba la entrada había sido removida, y el cuerpo del Señor no estaba allí. Después fueron Juan y Pedro, que comprobaron lo que les habían dicho las mujeres. El mismo domingo, Jesús se apareció a las mujeres y a María Magdalena, a Simón Pedro, a los discípulos de Emaús, al conjunto de los apóstoles, etc. Las apariciones a personas en particular y a grupos incluso numerosos se sucedieron en Jerusalén y en Galilea, hasta la Ascensión del Señor.

SEGUNDO MISTERIO GLORIOSO
2-LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

Después de su pasión y muerte, Jesús se presentó a los apóstoles que había elegido, dándoles muchas pruebas de que vivía, apareciéndose durante cuarenta días y hablándoles acerca de lo referente al Reino de Dios. Les prometió que serían bautizados en el Espíritu Santo. Ciertos acontecimientos de los hijos causan en sus madres sentimientos de satisfacción y pesadumbre a la vez, por lo que significan de logro y mejora, y de ausencia y distanciamiento. María, después de lo que sufrió al pie de la cruz, tuvo que gozar lo indecible al ver a su Hijo resucitado y al presenciar su gloriosa Ascensión a los cielos, para sentarse a la derecha del Padre con el cuerpo que había recibido de su seno maternal; pero el triunfo del Hijo significaba también la separación y ausencia física, que no podían suplir ni los desvelos de ella hacia los discípulos ni las atenciones de éstos, y en particular de San Juan, hacia ella. Una vez más, la Virgen vivió la situación inmersa en un clima de plena confianza en Dios y de absoluto abandono a su voluntad, para secundar en todo sus designios.

TERCER MISTERIO GLORIOSO
3-LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO SOBRE MARÍA SANTÍSIMA Y LOS APÓSTOLES

Después de la Ascensión del Señor, cuantos le habían acompañado de Jerusalén al Monte de los Olivos regresaron a la Ciudad, y perseveraban constantes en la oración, en compañía de María, la madre de Jesús, aguardando el cumplimiento de la promesa del Resucitado. Al llegar el día de la fiesta judía de Pentecostés, cincuenta días después de pascua, y de la Resurrección del Señor, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.

Al contemplar y meditar el misterio de Pentecostés se ve con mayor claridad cuán necesaria es la oración perseverante para prepararse a recibir al Espíritu, y dejarle a su disposición todo el espacio y energías de la propia vida, y qué maravillas puede hacer ese Espíritu en quien lo acoge y le deja actuar como le plazca. María, la «llena de gracia» desde su concepción, tuvo siempre una muy especial relación con el Espíritu Santo. El día de Pentecostés estuvo presente con los apóstoles en el amanecer de los nuevos tiempos que el Espíritu inauguraba con la manifestación pública de la naciente Iglesia, a la que ella acompañaría como madre en sus primeros pasos.

CUARTO MISTERIO GLORIOSO
4-LA ASUNCIÓN DE MARÍA EN CUERPO Y ALMA A LA GLORIA DEL CIELO

El 1 de noviembre de 1950, el papa Pío XII declaró dogma de fe la Asunción de la Virgen María a los cielos. Decía el Papa en tan solemne acto: «Después que una y otra vez hemos elevado a Dios nuestras preces suplicantes e invocado la luz del Espíritu de Verdad, para gloria de Dios omnipotente que otorgó su particular benevolencia a la Virgen María, para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte, para aumento de la gloria de la misma augusta Madre, y gozo y regocijo de toda la Iglesia, por la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y nuestra, proclamamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado: Que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial».

Añadía el Papa: «A la manera que la gloriosa resurrección de Cristo fue parte esencial y último trofeo de su más absoluta victoria sobre la muerte y el pecado, así la lucha de la bienaventurada Virgen, común con su Hijo, había de concluir con la glorificación de su cuerpo virginal... Por eso, la Madre de Dios, misteriosamente unida a Jesucristo desde toda la eternidad, “por un solo y mismo decreto” de predestinación, inmaculada en su concepción, virgen en su divina maternidad, generosamente asociada al Redentor divino, que alcanzó pleno triunfo sobre el pecado y sus consecuencias, consiguió, al fin, como corona suprema de sus privilegios, ser conservada inmune de la corrupción del sepulcro y, del mismo modo que antes su Hijo, vencida la muerte, ser levantada en cuerpo y alma a la suprema gloria del cielo, donde brillaría como Reina a la derecha de su propio Hijo, Rey inmortal de los siglos».

QUINTO MISTERIO GLORIOSO
5-LA CORONACIÓN DE MARÍA COMO REINA Y SEÑORA DE TODO LO CREADO

Pablo VI en su Exhortación Apostólica Marialis cultus«La solemnidad de la Asunción se prolonga jubilosamente en la celebración de la fiesta de la Realeza de María, que tiene lugar ocho días después y en la que se contempla a Aquella que, sentada junto al Rey de los siglos, resplandece como Reina e intercede como Madre»Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de culpa original, terminado el decurso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial, y fue ensalzada por el Señor como Reina universal con el fin de que se asemejase de forma más plena a su Hijo, Señor de señores y vencedor del pecado y de la muerte. Desde el punto de vista teológico, el argumento principal en que se funda la dignidad regia de María es su divina maternidad: el ser madre de Jesucristo, el único que en sentido estricto, propio y absoluto, es Rey del Universo por naturaleza. A lo que hay que añadir que la Virgen también es proclamada Reina en razón de la parte singular que por voluntad de Dios tuvo, asociada a su Hijo, en la obra de nuestra eterna salvación.

LA HISTORIA DE AMOR DE ARIADNA Y TESEO

Ariadna, hija del rey Minos de Creta, se enamoró de Teseo a primera vista. Él llegó a la isla del Mediterráneo para terminar con el temible Minotauro: una bestia con cuerpo de hombre y cabeza de toro. El monstruo vivía en un obscuro y complejo laberinto diseñado por Dédalo, del cual ningún hombre o mujer salía con vida. Teseo, con valentía, se enfrentó al Minotauro hasta matarlo y con la ayuda de un hilo de oro, escapó del laberinto hasta encontrar la libertad. El hilo -artilugio y estrategia- fue un obsequio de Ariadna para el joven héroe, contraviniendo la voluntad de su propio padre, el rey. Al salir Teseo triunfante del laberinto, éste le pidió a Ariadna acompañarlo hasta su remoto país de origen. Ambos escaparon en barco, dejando tras de sí una legión hostil de cretenses que reclamaban a Ariadna la vida de Teseo, su amado, por haber liquidado al príncipe semihumano. Mientras navegaban juntos, Ariadna estaba convencida de haber ganado el corazón de su héroe gracias a su inteligencia, lealtad y amor. Después de todo, ella había traicionado a sus compatriotas para salvar la vida de Teseo. Ariadna pensó que sería el inicio de vida larga y feliz vida al lado de su amado.

Hasta este punto la historia se desarrolla razonablemente bien -con excepción, por supuesto, para el Minotauro y el rey. Sin embargo, como sucede en muchos otros mitos y leyendas, la fatalidad llega justo cuando el color rosa inunda el horizonte. Ariadna y Teseo son felices durante su travesía por el mar Egeo, hasta que la embarcación llega a la isla de Naxos. Allí, por razones difíciles de comprender -bueno ni tanto- Teseo, en un acto de abominable ingratidud, abandona a Ariadna mientras ella duerme en la playa. Algunos dicen que estaba enamorado de otra; otros argullen que fue obligado a actuar así, pero el caso es que Teseo la deja en la playa y la princesa, al despertar y hayarse sola, ve cristalizarse sus peores temores y desvanece presa del llanto por su corazón roto. Tal es su vergüenza y dolor que considera quitarse la vida. Pero las musas, al ver su desesperación, se apiadan de ella y la rodean con una suave brisa para susurrarle al oído: llegaría un amor más digno y un destino más elevado para ella. Por supuesto, Ariadna no cree el vaticinio de las musas, pues su pena por Teseo es grande.

Poco después, Ariadna ve un carruaje en el horizonte. A medida que éste se acerca, observa que está rodeado de vides y racimos de uvas maduras. Es Dionisio, el dios del vino, quién mucho tiempo antes había caído rendido ante los encantos de la joven princesa. Embelesado por su valentía y lealtad, Dionisio le obsequia una corona llena de piedras preciosas forjada por el mismísimo dios Vulcano y le pide matrimonio. De modo que el corazón de Ariadna fue sanado por la admiración de Dionisio. Envuelta en los amorosos brazos del dios del vino, pronto olvidó a Teseo y llena de felicidad, Ariadna acepta su destino inmortal en el Olimpo.

BATALLA DE TRAFALGAR

En el marco de las Guerras napoleónicas, los aliados franco-españoles se propusieron dar una batalla naval que les proporcionara la supremacía en el mar como paso previo a la invasión de las Islas Británicas. El 21 de octubre de 1805 a la altura de cabo Trafalgar (Cádiz), se enfrentaron la flota británica, comandada por el almirante Horacio Nelson, contra una flota combinada franco-española bajo el mando del almirante Pierre Charles de Villeneuve. Fue la última gran acción de guerra en el mar de este periodo, perdiéndose al rededor de 5.000 vidas y 15 buques (esto último principalmente a causa del temporal del SW que se desató sobre los maltrechos buques al día siguiente) y sus consecuencias se prolongaron mucho más allá de las guerras napoleónicas. Con ese fin estratégico, el almirante francés Pierre Charles de Villeneuve zarpó de Cádiz el 20 de octubre de 1805 para reunir a sus 33 buques de guerra; 18 franceses bajo su mando inmediato desde el navío Bucentaure y 15 españoles comandados por el almirante Federico Gravina, a bordo del Santísima Trinidad, con otros que navegaban a su encuentro desde el sur de Italia. El almirante británico Horacio Nelson, a bordo del Victory, con su flota de 27 naves—superior en poder de fuego—, lo esperaba y siguió a su antagonista, quien puso proa a Gibraltar en demanda de su refuerzo. La maniobra de ambas flotas continuó todo el día 20, pero al amanecer del 21, frente al cabo Trafalgar, el francés desplegó sus unidades en línea de batalla.

Nelson formó dos columnas, pasó a la ofensiva y logró cortar el centro aliado, mientras que su segundo, el almirante Lord Cuthbert Collingwood, hacía lo mismo por el sur del orden de batalla franco-hispano. Entonces la acción se convirtió en una serie de combates aislados en los cuales Nelson fue abatido por un francotirador del navío Redoubtable, pasando el mando británico a Collingwood desde el Royal Sovereing. También cayeron Gravina y Churruca. No obstante tan significativas bajas, la batalla se prolongó durante varias horas, en las que la superior destreza náutica y artillera de los británicos se impuso absolutamente.  En la acción, 18 naves aliadas fueron hundidas o capturadas y el resto salió de la batalla, pero solo 11 consiguieron regresar a Cádiz. Pierre Charles Villeneuve cayó prisionero de los ingleses tras rendir su Bucentaure y se suicidó cuando, después de su liberación era conducido a rendir cuentas a Napoleón. Los británicos tuvieron 1 587 muertos pero ningún buque hundido, mientras que las bajas aliadas se calculan en 14.000. El navío Santísima Trinidad, de 136 cañones, construido en La Habana, se enfrentó a tres navíos británicos que lo desarbolaron y averiaron seriamente. El buque inglés Prince lo tomó a remolque para, según deseo de Nelson, conducirlo a Gran Bretaña como trofeo, pero el día 24, con quince pies de agua en la bodega, el coloso habanero se fue a pique. Sus bajas de calcularon en 427 entre muertos y heridos. Las bajas fueron cuantiosas: la flota franco-española perdió a dos mil ochocientos hombres, más de dos mil de ellos españoles, mientras que los ingleses sólo tuvieron que lamentar cuatrocientas bajas. Otros muchos, sin duda alguna, murieron poco después en los hospitales, y muchos de ellos hubieron de perecer en los naufragios posteriores. Porque el destino de muchos barcos fue más triste aún: casi todos los barcos españoles capturados por los ingleses se hundieron por una tormenta desencadenada poco después de la batalla. Para los españoles la derrota significó que todos los esfuerzos de Godoy, encaminados a dotar a España de una poderosa marina de guerra, se iban al traste. Para Francia, la derrota significó una pérdida incalculable: su renuncia, definitiva y explícita, a una eventual invasión del Reino Unido. La victoria naval de la batalla de Trafalgar reafirmó la superioridad inglesa en los mares que se mantendría hasta el siglo XX, abortó el intento de invadir las Islas Británicas y marcó el declive de España como potencia naval.

martes, 9 de octubre de 2018

LOS MISTERIOS DEL SANTO ROSARIO-MISTERIOS LUMINOSOS

Los Misterios Luminosos se rezan los días: (jueves)

PRIMER MISTERIO LUMINOSO
1-EL BAUTISMO DE JESÚS EN EL RÍO JORDÁN

Después de los hechos que contemplamos en el quinto misterio gozoso: «El Niño Jesús perdido y hallado en el Templo», Jesús regresó con José y María a Nazaret, donde continuó viviendo sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón. Y el niño progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres. Llegado a la edad de 30 años, Jesús decidió dejar el retiro de Nazaret para iniciar su vida pública en cumplimiento de la voluntad del Padre. Por aquellos días había aparecido Juan el Bautista, predicando en el desierto la conversión y bautizando en el Jordán a las multitudes que acudían a él y confesaban sus pecados. Entonces se presentó también Jesús, que venía de Nazaret (en Galilea) para ser bautizado por Juan. Pero éste intentaba disuadirlo diciéndole: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?» Jesús le contestó: «Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere». Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto, en quien me complazco».
En este misterio contemplamos la primera manifestación pública de Jesús adulto. Tiene unos 30 años. El bautismo de Jesús es la gran teofanía o manifestación de Dios en que por primera vez se revela el misterio de la Trinidad. Las tres divinas personas se hacen sensibles: El Hijo en la persona de Jesús; el Espíritu en forma de paloma que se posa suavemente sobre su cabeza; el Padre mediante la voz de lo altoÉste es mi hijo... que proclama la filiación divina de Jesús y lo acredita como su Enviado. Era conveniente este testimonio, porque Jesús salía del anonimato de Nazaret y se disponía a realizar su obra de Mesías. Evidentemente Jesús no necesitaba para sí mismo el bautismo de conversión que administraba el Bautista para el perdón de los pecados. Pero, para cumplir el designio del Padre, Jesús tenía que asumir los pecados del mundo, más aún, como dice Pablo, «hacerse pecado por nosotros» y así, como cordero de Dios, quitar el pecado del mundo en la inmolación pascual a la que le llevaría el camino emprendido en el Jordán.

SEGUNDO MISTERIO LUMINOSO
2-JESÚS Y MARÍA EN LAS BODAS DE CANÁ

Después del bautismo en el Jordán, Jesús empezó su ministerio público, y pronto lo siguieron los primeros discípulos. Según refiere el evangelista Juan, por aquel tiempo se celebraba una boda en Caná de Galilea, cerca de Nazaret, fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos y María. “…Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino». Jesús le respondió: «Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía». Pero su madre dijo a los sirvientes: «Hagan todo lo que él les diga» Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una. Jesús dijo a los sirvientes: «Llenen de agua estas tinajas». Y las llenaron hasta el borde. «Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete». Así lo hicieron. El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su o rigen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y les dijo: «Siempre se sirve primero el bu en vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento»”

Este Misterio de Luz es el comienzo de los signos en Caná, cuando Cristo, transformando el agua en vino, abre el corazón de los discípulos a la fe gracias a la intervención de María, la primera creyente. La presencia de Jesús en Caná manifiesta, además, el proyecto salvífico de Dios con respecto al matrimonio. En esa perspectiva, la carencia de vino se puede interpretar como una alusión a la falta de amor, que lamentablemente es una amenaza que se cierne a menudo sobre la unión conyugal. María pide a Jesús que intervenga en favor de todos los esposos, a quienes sólo un amor fundado en Dios puede librar de los peligros de la infidelidad, de la incomprensión y de las divisiones. La exhortación de María: «Hagan todo lo que él les diga», conserva un valor siempre actual para los cristianos de todos los tiempos, y está destinada a renovar su efecto maravilloso en la vida de cada uno. Invita a una confianza sin vacilaciones, sobre todo cuando no se entienden el sentido y la utilidad de lo que Cristo pide.

TERCER MISTERIO LUMINOSO
3-JESÚS ANUNCIA EL REINO DE DIOS E INVITA A LA CONVERSIÓN

Nos dice Marcos que Jesús, al enterarse de que Juan el Bautista había sido entregado en manos de Herodes Antipas, dejó Judea y marchó a Galilea, donde proclamaba la Buena Nueva de Dios, diciendo: «Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios está cerca; conviértanse y crean en la Buena Nueva». En estas palabras se describe, como en un programa, el contenido de la predicación de Jesús. El Reino de Dios, su llegada y lo que para los hombres trae consigo forman el tema fundamental de la «Buena Nueva» o «Evangelio» de Jesús. A su vez, el mensaje de la llegada del Reino de Dios exige de los hombres una conversión total del pensar y querer, y fe. Conversión y fe forman en conjunto un solo acto, una determinada posición religiosa del hombre ante Dios.

Mateo, por su parte, nos dice que Jesús empezó a predicar y decir: «Conviértanse, porque el Reino de los cielos ha llegado»; y añade que Jesús recorría toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curanto toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Su fama se extendió por todas partes, le seguían las multitudes y Él les enseñaba incansablemente. A lo largo de su ministerio público Jesús pregona que todos los hombres están llamados a entrar en el Reino, para lo que es necesario acoger su palabra como semilla sembrada en el campo o levadura puesta en la masa de harina, imágenes de una verdadera conversión. En las Bienaventuranzas, código fundamental del nuevo Reino, proclama que ese Reino pertenece a los pobres de espíritu y a los que sufren persecución por causa de la justicia. En las parábolas Jesús nos hace entrever qué es el Reino y nos señala las disposiciones necesarias para vivir en el mismo.

Por tanto, este Misterio de Luz es la predicación con la cual Jesús anuncia la llegada del Reino de Dios e invita a la conversión, perdonando los pecados de quien se acerca a Él con humilde fe, iniciando así el ministerio de misericordia que Él seguirá ejerciendo hasta el fin del mundo, especialmente a través del sacramento de la reconciliación confiado a la Iglesia.

CUARTO MISTERIO LUMINOSO
4-LA TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS EN EL MONTE TABOR

En Cesarea de Filipo, al norte de Palestina, Pedro dijo a Jesús que era el Cristo, el Mesías, el Hijo de Dios vivo, y Jesús le prometió a Pedro el Primado de la Iglesia. Desde entonces, recuerda Mateo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que Él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día. Pocos días después, tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y se los llevó aparte a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con Él. Lucas puntualiza que hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén. Pedro entonces tomó la palabra y dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías»Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y de la nube salía una voz que decía: «Este es mi Hijo muy querido, escúchenlo». De pronto miraron a su alrededor y no vieron a nadie, sino a Jesús solo con ellos. Mientras bajaban del monte, Jesús les prohibió contar lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos cumplieron esta orden, pero se preguntaban qué significará «resucitar de entre los muertos». Poco tiempo después Jesús les anunció de nuevo su Pasión: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le matarán, y al tercer día resucitará». (Mt 9-2,10)

Este Misterio de Luz por excelencia es la Transfiguración, que según la tradición tuvo lugar en el monte Tabor. La gloria de la divinidad resplandece en el rostro de Cristo, mientras el Padre lo acredita ante los apóstoles extasiados para que lo "escuchen" y se dispongan a vivir con Él el momento doloroso de la Pasión, a fin de llegar con Él a la alegría de la Resurrección y a una vida transfigurada por el Espíritu Santo. Este importante acontecimiento, en el que por un momento la divinidad y el mundo celestial irrumpen en la vida terrena de Jesús, estuvo envuelto para los discípulos que lo presenciaron, y también para nosotros, en el velo del misterio; no podemos llegar a una plena comprensión de él. Los evangelistas, para expresar lo inefable, se valen de imágenes como que “…sus vestiduras se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo podría blanquearlas…”, y añaden que los discípulos estaban llenos de miedo, aunque las palabras de Pedro revelan bienaventuranza y complacencia.

QUINTO MISTERIO LUMINOSO
5-LA INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA

Lucas nos cuenta en su evangelio: Jesús envió a Pedro y a Juan, diciéndoles: “«Vayan a prepararnos lo necesario para la comida pascual». Ellos le preguntaron: «¿Dónde quieres que la preparemos?». Jesús les respondió: «Al entrar en la ciudad encontrarán a un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo hasta la casa donde entre, y digan a su dueño: El Maestro manda preguntarte: "¿Dónde está la sala en que podré comer la Pascua con mis discípulos?". El les mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones: preparen allí lo necesario». Los discípulos partieron, encontraron todo como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua. Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con los Apóstoles y les dijo: «He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes de mi Pasión, porque les aseguro que ya no la comeré más hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el Reino de Dios». Y tomando una copa, dio gracias y dijo: «Tomen y compártanla entre ustedes. Porque les aseguro que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios». Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía». Después de la cena hizo lo mismo con la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes” Lc. 22-8,20)

Terminada la Cena, en la que Jesús instituyó, además de la Eucaristía, el orden sacerdotal y dio a sus discípulos el que por antonomasia es su mandamiento: «Amense los unos a los otros, como yo los he amado», salió con ellos hacia el monte de los Olivos, y por el camino les anunció, una vez más, que eran inminentes los acontecimientos de su Pasión. Este Misterio de Luz es la institución de la Eucaristía, en la cual Cristo se hace alimento con su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino, dando testimonio de su amor por la humanidad hasta el extremo" y por cuya salvación se ofrecerá en sacrificio. El mandamiento de Jesús de repetir sus gestos y sus palabras «hasta que venga», no exige solamente acordarse de Jesús y de lo que hizo. Requiere la celebración litúrgica por los apóstoles y sus sucesores del memorial de Cristo, de su vida, de su muerte, de su resurrección y de su intercesión junto al Padre.

BUNO EL DEMONIO MUDO


Pocos grimorios antiguos y libros prohibidos de la Edad Media reparan en él. BUNO, así se llama nuestro demonio de hoy, fue asimilado a los cultos tártaros mongoles que Europa conoció, y padeció, a través de su paso por Turquía. Algunos tratados demonológicos prefieren ver a este demonio a un desconcertante enviado del Tártaro: el sótano del infierno de la mitología griega, donde, según Homero, habitaban los héroes y los dioses vencidos, y que para Virgilio era la casa de las Furias, Erinias y Euménides.

Una confirmación de las funciones de intermediario o mensajero de BUNO aparece en un artículo de la Enciclopedia Británica, donde se nos informa que la palabra Tártaro, en la Estambul de los siglos XVII y XVIII, aludía coloquialmente a los carteros. Para completar la ambigüedad que rodea al pobre demonio, podemos añadir que es mudo y que se comunica utilizando un lenguaje de por señas. Paradójicamente, su afasia no le impidió convertirse en protector de leguleyos, rapsodas, y oradores, ya que se caracteriza por otorgar a sus devotos el don de la elocuencia.

SAN GERARDO Mª MAYELA


Gerardo nace en 1726 en Muro, pequeña ciudad del Sur de Italia. Tiene la suerte de tener por madre a Benedecta, que le enseñará el inmenso e ilimitado amor de Dios. Se siente feliz porque sabe que Dios está cerca de él, y toda su vida tiene por lema “hacer la voluntad de Dios”, lo que Dios quiere. Con doce años se tiene que hacer cargo de toda la familia, al morir su padre. Se convierte en aprendiz de sastre con uno del lugar que lo maltrata. Tras cuatro años de aprendizaje, justo cuando estaba capacitado para abrir una sastrería propia, entra al servicio del Obispo de Lacedonia, hombre de duro carácter. Los amigos le aconsejan que no acepte aquel puesto, porque todos los sirvientes abandonaban el oficio tras pocos meses. Pero a Gerardo eso no le asusta, y permanece con él hasta su muerte, tres años después. Cuando Gerardo piensa que se trata de la voluntad de Dios acepta cualquier cosa. En este tiempo Gerardo pasa largos tiempos de oración, que se convertirán en la fuente de su propia vida.

En 1745, con 19 años, regresa a Muro estableciéndose como sastre. Su negocio prospera, pero es poco el dinero que gana. Regala prácticamente casi todo lo que tiene. Pone aparte lo que necesita para su madre y sus hermanas, y el resto lo da a los pobres. Para él, la caridad y la solidaridad cotidiana son un constante crecimiento en el amor de Dios. Su deseo de seguir a Cristo le lleva a pedir ser admitido por los Capuchinos, pero su petición es denegada por ser delgado y de débil salud. Los Redentoristas llegan a Muro en 1749. Gerardo participa activamente en la Misión Popular y es conquistado por la vida de los misioneros. Pide ser admitido como miembro del grupo, pero el Superior, Padre Cáfaro, lo rechaza a causa de su salud enfermiza. Tanto insiste Gerardo a los misioneros que, cuando éstos están a punto de marcharse de la ciudad, el Padre Cáfaro aconseja a su familia que lo encierren en su habitación.

Con una estratagema que, en adelante, seguirá encontrando un eco especial en el corazón de los jóvenes, Gerardo anuda las sábanas de la cama y se descuelga por la ventana para seguir al grupo de misioneros. En la mesita deja un mensaje a su madre: “Voy a hacerme santo”. Recorre cerca de 18 kms. hasta alcanzar a los misioneros. “Llevadme con vosotros, dadme una oportunidad; y echadme a la calle si no valgo”, dice Gerardo. Ante tanta insistencia, al Padre Cáfaro envía a Gerardo a la comunidad redentorista de Deliceto, con una carta en que dice: “Les mando a otro hermano, que será inútil para el trabajo…”. Gerardo se enamora total y absolutamente de la forma de vida que San Alfonso, el fundador de los Redentoristas, ha previsto para los miembros de su congregación. Hace su primera profesión como Hermano laico redentorista el 16 de julio de 1752. La etiqueta de “inútil” no le durará mucho. Gerardo desempeña todo tipo de servicios en la comunidad: jardinero, sacristán, sastre, portero, cocinero, carpintero y albañil. Además, sus palabras mueven el corazón de la gente en las misiones, comprometido con el anuncio de la Buena Noticia.

En 1754, Gerardo experimenta una situación dolorosa, que muestra su extraordinaria confianza en Dios. Entre sus buenas obras está la de ayudar a las chicas que quieren ser religiosas. Neria Caggiano es una de estas chicas, pero después de tres semanas en el convento vuelve a casa, frustrada en su intento de ser religiosa. Para explicar su actitud, Neria decide salvar su propia reputación destruyendo a Gerardo. En una carta que dirige a San Alfonso, Neria acusa a Gerardo de mantener un romance con una joven. Gerardo es llamado por San Alfonso para que responda a tal acusación, y en lugar de defenderse, mantiene silencio para no parecer que se excusaba. El tiempo –dicen- pone a cada uno en su sitio, y no hay nada oculto que no llegue a saberse. Durante un año fue apartado de toda relación fuera de la comunidad y privado de participar en la Eucaristía. Pese a todo, confía en Dios y en que la verdad será conocida. Poco tiempo después, Neria enferma gravemente y escribe una carta a San Alfonso confesando que sus acusaciones contra Gerardo eran falsas.

Pocos santos son recordados por tantos milagros como los que se le atribuyen a San Gerardo. Lo más importante eran sus milagros para ayudar a los demás como, por ejemplo, devuelve la vida a un chico que se había caído desde una roca; bendice la escasa cosecha de una familia pobre y les llegará hasta la próxima siega; multiplica el pan que reparte a los pobres; camina sobre las aguas para conducir un barco lleno de pescadores y llevarlo a puerto seguro… Desde el comienzo, se le atribuyen muchos prodigios a favor de las madres, protegiéndolas en el embarazo, ayudándolas a tener un buen parto e inspirándolas en la educación de los niños. Las madres acudían con mucha confianza a él. Gerardo veía en cada nueva vida un don de Dios que se debe cuidar y proteger.

En 1755 le sobreviene una hemorragia junto con disentería. Sobre su puerta pone el siguiente letrero: “Aquí se hace la voluntad de Dios, como Dios quiere y hasta cuando Él quiera”. Muere al amanecer del 16 de octubre de 1755, en la comunidad redentorista de Materdomini. Cuando muere Gerardo, el Hermano sacristán toca la campana a fiesta en lugar de hacerlo con el tañido de difuntos. Se cuentan por millares los que se acercan para pasar ante el cuerpo de “su santo” y para llevarse un último recuerdo del que tantas veces les ha socorrido. Tras su muerte, se producen milagros en toda Italia, todos atribuidos a la intercesión de Gerardo. En 1893, el Papa León XIII lo beatifica, y el 11 de diciembre de 1904 el Papa San Pío X lo canoniza, proclamándolo Santo de la Iglesia Católica.

miércoles, 3 de octubre de 2018

SAN FRANCISCO DE ASÍS

Religioso y místico italiano, fundador de la orden franciscana. Casi sin proponérselo lideró San Francisco un movimiento de renovación cristiana que, centrado en el amor a Dios, la pobreza y la alegre fraternidad, tuvo un inmenso eco entre las clases populares e hizo de él una veneradísima personalidad en la Edad Media. La sencillez y humildad del pobrecito de Asís, sin embargo, acabó trascendiendo su época para erigirse en un modelo atemporal, y su figura es valorada, más allá incluso de las propias creencias, como una de las más altas manifestaciones de la espiritualidad cristiana. Hijo de un rico mercader llamado Pietro di Bernardone, Francisco de Asís era un joven mundano de cierto renombre en su ciudad. Había ayudado desde jovencito a su padre en el comercio de paños y puso de manifiesto sus dotes sustanciales de inteligencia y su afición a la elegancia y a la caballería. En 1202 fue encarcelado a causa de su participación en un altercado entre las ciudades de Asís y Perugia. Tras este lance, en la soledad del cautiverio y luego durante la convalecencia de la enfermedad que sufrió una vez vuelto a su tierra, sintió hondamente la insatisfacción respecto al tipo de vida que llevaba y se inició su maduración espiritual.

Poco después, en la primavera de 1206, tuvo San Francisco su primera visión. En el pequeño templo de San Damián, medio abandonado y destruido, oyó ante una imagen románica de Cristo una voz que le hablaba en el silencio de su muda y amorosa contemplación: "Ve, Francisco, repara mi iglesia. Ya lo ves: está hecha una ruina". Esta acción desató la ira de su padre; si antes había censurado en su hijo cierta tendencia al lujo y a la pompa, Pietro di Bernardone vio ahora en aquel donativo una ciega prodigalidad en perjuicio del patrimonio que tantos sudores le costaba. Por ello llevó a su hijo ante el obispo de Asís a fin de que renunciara formalmente a cualquier herencia. La respuesta de Francisco fue despojarse de sus propias vestiduras y restituirlas a su progenitor, renunciando con ello, por amor a Dios, a cualquier bien terrenal. El 24 de febrero de 1209, en la pequeña iglesia de la Porciúncula y mientras escuchaba la lectura del Evangelio, Francisco escuchó una llamada que le indicaba que saliera al mundo a hacer el bien: el eremita se convirtió en apóstol y, descalzo y sin más atavío que una túnica ceñida con una cuerda, pronto atrajo a su alrededor a toda una corona de almas activas y devotas. Las primeras (abril de 1209) fueron Bernardo de Quintavalle y Pedro Cattani, a los que se sumó, tocado su corazón por la gracia, el sacerdote Silvestre; poco después llegó Egidio.

Hacia 1210, tras recibir a Francisco y a un grupo de once compañeros suyos, el papa Inocencio III aprobó oralmente su modelo de vida religiosa, le concedió permiso para predicar y lo ordenó diácono. Con el tiempo, el número de sus adeptos fue aumentando y Francisco comenzó a formar una orden religiosa, llamada actualmente franciscana o de los franciscanos. Además, con la colaboración de Santa Clara, fundó la rama femenina de la orden, las Damas Pobres, más conocidas como las clarisas. Años después, en 1221, se crearía la orden tercera con el fin de acoger a quienes no podían abandonar sus obligaciones familiares. Hacia 1215, la congregación franciscana se había ya extendido por Italia, Francia y España; ese mismo año el Concilio de Letrán reconoció canónicamente la orden, llamada entonces de los Hermanos Menores. Por esos años trató San Francisco de llevar la evangelización más allá de las tierras cristianas, pero diversas circunstancias frustraron sus viajes a Siria y Marruecos; finalmente, entre 1219 y 1220, posiblemente tras un encuentro con Santo Domingo de Guzmán, predicó en Siria y Egipto; aunque no logró su conversión, el sultán Al-Kamil quedó tan impresionado que le permitió visitar los Santos Lugares.

A su regreso, a petición del papa Honorio III, compiló por escrito la regla franciscana, de la que redactó dos versiones (una en 1221 y otra más esquemática en 1223, aprobada ese mismo año por el papa) y entregó la dirección de la comunidad a Pedro Cattani. La dirección de la orden franciscana no tardó en pasar a los miembros más prácticos, como el cardenal Ugolino (el futuro papa Gregorio IX) y el hermano Elías, y San Francisco pudo dedicarse por entero a la vida contemplativa. Durante este retiro, San Francisco de Asís recibió los estigmas (las heridas de Cristo en su propio cuerpo); según testimonio del mismo santo, ello ocurrió en septiembre de 1224, tras un largo periodo de ayuno y oración, en un peñasco junto a los ríos Tíber y Arno. Aquejado de ceguera y fuertes padecimientos, pasó sus dos últimos años en Asís, rodeado del fervor de sus seguidores. Sus sufrimientos no afectaron su profundo amor a Dios y a la Creación: precisamente entonces, hacia 1225, compuso el maravilloso poema Cántico de las criaturas o Cántico del hermano sol, que influyó en buena parte de la poesía mística española posterior. San Francisco de Asís falleció el 3 de octubre de 1226. En 1228, apenas dos años después, fue canonizado por el papa Gregorio IX, que colocó la primera piedra de la iglesia de Asís dedicada al santo. La festividad de San Francisco de Asís se celebra el 4 de octubre.

LOS MISTERIOS DEL SANTO ROSARIO-MISTERIOS GOZOSOS

Los Misterios Gozosos se rezan los días: (lunes y sábados)

PRIMER MISTERIO GOZOSO
1-LA ANUNCIACIÓN

Lucas refiere que el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. El ángel, entrando a su presencia, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se conmovio por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel añadió: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo». María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» El ángel le aclaró: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios». Y la informó de que su pariente Isabel había concebido un hijo en su vejez, porque, le recordó, «ninguna cosa es imposible para Dios». Entonces María dijo: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». El ángel, dejándola, se fue. Días después, María marchó a casa de Zacarías y saludó a Isabel, la cual exclamó: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno»Cuando el ángel anunció a María el misterio de la Encarnación, Ella ya la «llena de gracia», en quien Dios se había complacido, ciertamente por don y benevolencia del Altísimo, pero también por su colaboración y fidelidad, su vida de oración y sus obras... El plan que el ángel anunció a María incluía su embarazo, lo que llevaba consigo muchos riesgos y problemas graves con el esposo, con los padres, con la autoridad religiosa, con la gente... María dijo entonces “hágase”, “sí” a Dios, porque a lo largo de su vida se había acostumbrado a aceptar y secundar los planes del Señor; en lo sencillo y cotidiano se había habituado a creer y confiar en la palabra de Yahvé; y cuando llegó lo extraordinario, porque estaba en plena y perfecta sintonía con la voluntad de Dios, asumiendo todos los riesgos que pudieran sobrevenir y abandonándose en manos del Padre.

SEGUNDO MISTERIO GOZOSO
2-LA VISITACIÓN (DE MARÍA A SU PRIMA SANTA ISABEL)

Cuando el ángel anunció a María el misterio de la Encarnación, le dijo también que su pariente Isabel había concebido un hijo en su vejez, y ya estaba de seis meses aquella a quien llamaban estéril. Poco después, María se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá, Ain Karim, seis kilómetros al oeste de Jerusalén y a tres o cuatro días de viaje desde Nazaret. Llegada a su destino, entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» Muchos son los temas de meditación que ofrece este misterio. Conocido el embarazo de Isabel, María marchó presurosa a felicitarla, a celebrar y compartir con ella la alegría de una maternidad largo tiempo deseada y suplicada: ¡qué lección a cuantos descuidamos u olvidamos acompañar a los demás en sus alegrías! El encuentro de estas dos mujeres, madres gestantes por intervención especial del Altísimo, sus cantos de alabanza y acción de gracias, y las escenas que legítimamente podemos imaginar a partir de los datos evangélicos, constituyen un misterio armonioso de particular ternura y embeleso humano y religioso. Sería delicioso conocer sus largas horas de diálogo, sus confidencias mutuas, sus plegarias y oraciones, sus conversaciones sobre los caminos por los que Yahvé las llevaba y sobre el futuro que podían vislumbrar para ellas y para sus hijos.

TERCER MISTERIO GOZOSO
3-EL NACIMIENTO DE JESÚS

Al regreso de la visita a Santa Isabel, no permaneció mucho tiempo María en su casa. Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Cada uno iba a su ciudad. José subió desde la ciudad de Nazaret, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento. Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor. El ángel les dijo: «No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace». Y sucedió que cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vayamos, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado». Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón. Lo que dice y lo que deja entrever el relato evangélico invita a contemplar y meditar cómo los planes de Dios siguen su curso sorteando o valiéndose de los acontecimientos humanos; cómo en Belén se abrazaron la sublimidad de lo divino y la simplicidad y ternura de lo humano; cuánto debió sufrir José por no poder ofrecer a su esposa y luego a Jesús más que aquel portal; cuánta fe y confianza tenían José y María en la palabra de Dios para creer que el Niño nacido en aquellas circunstancias era el Mesías prometido. Como María, deberíamos guardar todas estas cosas, y meditarlas en nuestro corazón.

CUARTO MISTERIO GOZOSO
4-LA PRESENTACIÓN

A los cuarenta días del nacimiento de Jesús, cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron al niño a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en su Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor, y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la misma Ley para quienes, por su pobreza, no puedan pagar el precio de un cordero. Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel. El Espíritu Santo, que moraba en él, le había revelado que no conocería la muerte antes de haber visto al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu, fue al templo; y en el momento de entrar los padres con el niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel». Este misterio invita a contemplar y meditar la diligencia con que José y María, más tarde también Jesús, se aprestan a cumplir siempre los mandatos de la Ley del Señor y a practicar las tradiciones y devociones del pueblo de Dios, sin detenerse a pensar si también a ellos les obligan. El cántico de Simeón, proclama al Niño gloria de Israel, y luz y salvación de toda la humanidad. Después el anciano, dirigiéndose a María y completando el mensaje del ángel en Nazaret, le dice que una espada le atravesará el alma: es la primera vez que se le anuncia el sacrificio redentor a que está destinado el Mesías, mientras se le hace vislumbrar para sí misma un futuro de sufrimiento asociada a su Hijo. El cántico de Simeón provocó en José y en María el asombro; la reacción de la Virgen ante la profecía referente al futuro de su Hijo y de ella misma, tuvo que ser idéntica a la que produjo el episodio de la adoración de los pastores: «María guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón».

QUINTO MISTERIO GOZOSO
5-EL NIÑO PERDIDO Y HALLADO EN EL TEMPLO

Después de la adoración de los Magos, la Sagrada Familia tuvo que huir precipitadamente a Egipto para librar a Jesús de la persecución del rey Herodes. Muerto éste, José tomó consigo al Niño y a su Madre, y regresó a Israel. Pero al enterarse de que Arquelao era el nuevo rey de Judea, tuvo miedo, y volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. Allí el Niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él. Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando Jesús cumplió los doce años, subieron todos a la fiesta, según la costumbre; al volverse, pasados aquellos días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Creyendo ellos que estaría en la caravana, hicieron un día de camino. Luego se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. Y sucedió que, al cabo de tres días, lo encontraron en el Templo, sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que lo oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Al verlo, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando». Él les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?» Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. El encontrarlo produjo en José y en María los sentimientos que la pérdida y posterior hallazgo de un hijo producirían en cualquier padre o madre. Las palabras de María son un cariñoso reproche de madre, a la vez que la expresión espontánea del dolor que les ha causado el hijo con su comportamiento. En su respuesta, Jesús llama a Dios «mi Padre», y manifiesta que su filiación divina y su misión han de llevarle en ocasiones a romper los naturales lazos humanos con su familia, de lo que era una primera muestra la aflicción causada ahora a sus padres. Verdaderamente, los caminos de Dios son a veces muy difíciles de comprender, incluso para personas tan llenas del Espíritu Santo y tan dóciles a él, como María y José. Una y otra vez, María, ante los rasgos del misterio de Cristo que se le iban revelando y no acababa de comprender, guardaba todas esas cosas en su corazón y las meditaba.

EL ROSARIO CATÓLICO, HINDÚ Y MUSULMÁN

La religiosidad, fe y cultura católica nos enseñan a conocer el ROSARIO desde muy pequeños y durante siglos ha sido una herramienta para orar. En éste se recorren los 20 misterios de la vida de Jesucristo y de la virgen. Sin embargo no es exclusiva de los católicos. Mucho antes de que se usara en el catolicismo otros movimientos religiosos los usaban también. En la actualidad los musulmanes e hindúes lo siguen usando cotidianamente para el mismo fin: orar e incrementar la fe. El término ROSARIO quiere decir ROSAS, es decir, ROSAS que ofrecemos en oración en especial a María. Inicialmente se diseñó una manera popular para que los fieles oraran y se creó una especie de lo que hoy llamamos ROSARIO; antes se le denominaba “EL SALTERIO DE LA VIRGEN”. Se hizo popular a partir de los siglos XIII y XIV, su promotor fue SANTO DOMINGO DE GUZMÁN, al observarse la cantidad de milagros que se producían cuando se rezaba comunitariamente. Pasaron muchos siglos en la Iglesia con el rezo tradicional del ROSARIO, pero en el año 2002, el Papa JUAN PABLO II añadió cinco nuevos misterios que los llamo “LUMINOSOS”. El ROSARIO ha estado ligado a las batallas religiosas de la Iglesia contra herejes y favores de María.

Desde tiempos inmemorables los hindúes ocupan 108 cuentas, que es el mismo número de su divinidad: Dios. Lo utilizan para orar por medio de mantras y conectarse con lo divino. Se le llama el JAPA-MALA y es hecho de madera o cualquier material, suele llevar una cuenta más un penachito de hilos rojos. JAPA, quiere decir, murmurar oraciones y MALA, guirnaldas, algo así como guirnaldas de oraciones. (Parecido al significado del ROSARIO, que quiere decir rosas, ofrenda de rosas). Los mantras son sonidos en lengua sánscrita que une la pronunciación con estructuras sonoras de nuestro cuerpo que conectan con la divinidad y lo espiritual.

Al recitar cada uno de ellos, deslizando con el dedo medio y pulgar, frotando cada cuenta, la persona va entrando en un estado profundo de relajación y oración; los que frecuentan este estilo de oración por su credo, lo rezan mucho antes del amanecer. Según la tradición, alrededor del dios KRISHNA hay 108 PASTORAS que lo acompañan, siendo KRISHNA, la cuenta grande con penacho rojo. El budismo usa también los 108 nombres de la divinidad y algunos otros hasta llegar a mil.

El TASBIH que también se denomina MASBAHA es un instrumento de oración de los musulmanes inspirado en el JAPA-MALA hindú. El TASBIH se dice, históricamente, que inspiró a los cristianos para el rezo del ROSARIO, aunque el PAPA PÍO V, en 1596, le otorgó su creación a SANTO DOMINGO DE GUZMÁN. El TASBIH es como un rosario pequeño compuesto de 33 cuentas o 99 que se van deslizando a medida que repite los diferentes nombres sagrados de ALÁ. Se usa como signo del islamismo, ya sea llevándolo en las manos, como pulsera o puesto en vehículos, casas o negocios. Para los musulmanes no es obligación recitar el TASBIH, pero Mahoma, el profeta dice: “A Alá pertenecen los nombres más bellos, invocadlos y alejaos de quienes los invocan erróneamente. Serán recompensados de acuerdo con sus méritos”. Quien conoce los 99 nombres entra en el Paraíso. Es por esto que es tan importante para los musulmanes el rezo del TASBIH. Si estas prácticas de oración y comunicación con Dios son tan antiguas y sabias es importante que se continúen haciendo y no juzgarlas como anacrónicas, en ellas está la esencia de la fe y de lo trascendente y divino.

EL IFRIT

IFRIT es una criatura sobrenatural de la cultura árabe, islámica y clasificada como una especie infernal de JINN. Puede ser controlado por los seres humanos, especialmente las brujas y nigromantes, sobre todo para echar maldiciones sobre otras personas, esclavizando así a un IFRIT para lograr sus deseos. Este ser se forma de fuego y humo, y vive en lugares subterráneos devastados por un desastre, guerras, incendios, etc. Viene de generaciones anteriores como tribus y clanes, familias y juega a perturbar a los seres humanos. Tienen el cuerpo en llamas y humo, los IFRITS son inalcanzables por armas humanos, pero susceptible a varios tipos de hechizos. Al igual que muchos tipos de genios, estos pueden ser buenos o malos, sólo que con mayor frecuencia se representa como perversos y malvados, son seres capaces de venganza, matar y hacer sufrir, y la razón principal de su esclavitud es castigar a alguien. Las historias de IFRITS se toman del Corán, a través de la cultura egipcia y árabe. Estas historias se representan como una especie de genio alado y de fuego, y por lo general secuestraban a doncellas y la llevaban a lugares subterráneos, pero son fácilmente engañados por los héroes, y pronto reducidos a cenizas.

En otra tradición dice que los IFRITS se generan a partir de la sangre de una víctima de un delito cuando una virgen ha sido asesinada. Estos seres fueron reportados como capaces de tomar la forma de Satanás. Llamados «LA SEMILLA DE IBLÍS» en LAS MIL Y UNA NOCHES, estos monstruosos genios reciben este nombre (que significa literalmente, «poderosos») porque según la tradición árabe fueron los primeros en ser creados. Se consideran superiores a la raza humana porque, a diferencia del ser humano, creado de arcilla, ellos provenían «del mismísimo vaho de Dios». El más emblemático entre todos ellos es EBLÍS o IBLÍS, «El Mentiroso» (después conocido como SHAITAN), quien se negó a postrarse frente a Adán cuando lo ordenó Allah, porque consideraba al hombre ulterior e inferior, por haber sido creado de la tierra: “Entonces, cuando el Creador lo creó y le dio forma, Él ordenó a los ángeles postrarse ante Adán; y se postraron, pero no Iblís. (Allah) Dijo: “¿Qué te retiene de postrarte cuando te lo ordeno?” Él contestó: “No es mejor que yo: Tú me creaste del fuego, y a él de la arcilla”. Corán, 7:10-12 Según el folclore, los que no están sienten especial resentimiento hacia los humanos, a quienes desean destruir a toda costa, ya que consideraron una gran ofensa el que se les obligara a postrarse ante la obra máxima de Allah (ante Adán), y que algunos mortales como Suleymán (Salomón) encontraran medios mágicos para controlarlos. Incluso cuando están esclavizados y se les mandan tareas, son difíciles de tratar y muestran una actitud irónica y maligna, tratando de tergiversar las órdenes que se les da cada vez que pueden.

Pueden tener muchas apariencias, pero suelen tomar la de un hombre bello o una mujer hermosa. Es muy complicado tratar con ellos. Hay IFRITS de los dos sexos, y al igual que los NEFILIM en la tradición del judaísmo, también pueden sentir atracción por los seres humanos, especialmente los masculinos, los que suelen secuestrar y/o violar a las mujeres que desean. En Las mil y una noches, Suleymán (Salomón), hijo de Daud (David), es considerado el Señor de los IFRIT; y se indica que castigó a los rebeldes que se negaron a seguir la religión de Allah y someterse a su obediencia, encerrándolos en jarrones que tenían un sello de plomo, en el que figura impreso el nombre del Altísimo. La tradición sobre el poder de Salomón sobre los espíritus aparece también en Occidente, dentro de un grimorio antiguo llamado: ARS GOETIAEn sus más benignas formas de comportamiento, suelen ser bromistas y embaucadores. Tienen una miríada de atributos, debido al efecto aglutinante que tuvo la extensión del islam respecto a las leyendas y supersticiones locales de los pueblos islamizados. Pueden ser invisibles o cambiar a voluntad de forma, haciéndose pasar por animales o presentándose con la apariencia de una mujer hermosa para visitar a los hombres por la noche, hacerles el amor y robarles la energía, como si se tratara de súcubos. Pueden también ser dominados a través de un objeto (como la lámpara maravillosa de Aladino) y convertirse así en esclavos de quien posea dicho objeto.

Los genios pueden ser causantes de ciertas formas de locura. La palabra árabe que designa al «loco» es MAYNUN, que etimológicamente significa poseído por los genios. Pueden atravesar sólidas paredes sin dejar de tocar lo material y a los vivos, desplazarse a grandes velocidades, transfigurarse en seres humanos y suplantar a familiares y conocidos. El estado normal de un genio es el de invisible para los humanos, ya que Dios les proporcionó muchas habilidades, pero dificultó de esta forma que pudiéramos relacionarnos normalmente con ellos. Cuenta la tradición que al final de los días esta situación se invertirá y seremos nosotros quienes podamos verlos, obteniendo la ventaja que desde el principio del mundo atesoraron.

martes, 25 de septiembre de 2018

EL ACUERDO DE PARÍS Y EL PROTOCOLO DE KIOTO

Estamos en el Tiempo de la Creación 2018.  El Acuerdo de París, es un acuerdo dentro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que establece medidas para la reducción de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) a través de la mitigación, adaptación y resiliencia de los ecosistemas a efectos del Calentamiento Global, su aplicación sería para el año 2020, cuando finaliza la vigencia del Protocolo de Kioto. El acuerdo fue negociado durante la XXI Conferencia sobre Cambio Climático (COP 21) por los 195 países miembros, adoptado el 12 de diciembre de 2015 y abierto para firma el 22 de abril de 2016 para celebrar el Día de la Tierra. Hasta el 3 de noviembre de 2016 este instrumento internacional había sido firmado por 97 partes, lo cual comprende 96 países firmantes individualmente y la Unión Europea, la cual ratificó el acuerdo el 5 de octubre de 2016. De esta manera se cumplió la condición para la entrada en vigor del acuerdo (Artículo 21,1) al ser ratificado por más de 55 partes que suman más del 55 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. El jefe de la Conferencia de París, el Ministro de Asuntos Exteriores de Francia, Laurent Fabius, dijo que este "ambicioso y balanceado" plan es un "punto decisivo histórico" en el objetivo de reducir el calentamiento global.

Objetivo
Conforme al propio texto del instrumento internacional, tal como se enumera en su Artículo 2, el acuerdo tiene como objetivo "reforzar la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático, en el contexto del desarrollo sostenible y de los esfuerzos por erradicar la pobreza" para lo cual determina tres acciones concretas:

a) Mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 °C con respecto a los niveles preindustriales, reconociendo que ello reduciría considerablemente los riesgos y los efectos del cambio climático;

b) Aumentar la capacidad de adaptación a los efectos adversos del cambio climático y promover la resiliencia al clima y un desarrollo con bajas emisiones de gases de efecto invernadero, de un modo que no comprometa la producción de alimentos;

c) Elevar las corrientes financieras a un nivel compatible con una trayectoria que conduzca a un desarrollo resiliente al clima y con bajas emisiones de gases de efecto invernadero.

Protocolo de Kioto sobre el cambio climático

El Protocolo de Kioto sobre el cambio climático es un protocolo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), y un acuerdo internacional que tiene por objetivo reducir las emisiones de seis gases de efecto invernadero que causan el calentamiento global: dióxido de carbono (CO2), gas metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), y los otros tres son gases industriales fluorados: hidrofluorocarbonos (HFC), perfluorocarbonos (PFC) y hexafluoruro de azufre (SF6), en un porcentaje aproximado de al menos un 5 %, dentro del periodo que va de 2008 a 2012, en comparación a las emisiones a 1990. Por ejemplo, si las emisiones de estos gases en 1990 alcanzaban el 100 %, para 2012 deberán de haberse reducido como mínimo al 95 %. Esto no significa que cada país deba reducir sus emisiones de gases regulados en un 5 % como mínimo, sino que este es un porcentaje a escala global y, por el contrario, cada país obligado por Kioto tiene sus propios porcentajes de emisión que debe disminuir la contaminación global.

El protocolo fue inicialmente adoptado el 11 de diciembre de 1997 en Kioto, Japón, pero no entró en vigor hasta el 16 de febrero de 2005. En noviembre de 2009, eran 187 estados los que ratificaron el protocolo.Estados Unidos, mayor emisor de gases de invernadero mundial, no ha ratificado el protocolo. El instrumento se encuentra dentro del marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), suscrita en 1992 dentro de lo que se conoció como la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro. El protocolo vino a dar fuerza vinculante a lo que en ese entonces no pudo hacer la CMNUCC.

Antecedentes
El 11 de diciembre de 1997 los países industrializados se comprometieron, en Kioto, a ejecutar un conjunto de medidas para reducir los gases de efecto invernadero. Los gobiernos signatarios de dichos países pactaron reducir en al menos un 5 % en promedio las emisiones contaminantes entre 2008 y 2012, tomando como referencia los niveles de 1990. El acuerdo entró en vigor el 16 de febrero de 2005, después de la ratificación por parte de Rusia el 18 de noviembre de 2004.

El objetivo principal es disminuir el cambio climático antropogénico cuya base es el incremento forzado del efecto invernadero. Según las cifras de la ONU, se prevé que la temperatura media de la superficie del planeta aumente entre 1,4 y 5,8 °C de aquí a 2100, a pesar que los inviernos son más fríos y violentos. Esto se conoce como calentamiento global. «Estos cambios repercutirán gravemente en el ecosistema y en nuestras economías», señala la Comisión Europea sobre Kioto.

Una cuestión a tener en cuenta con respecto a los compromisos en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero es que la energía nuclear queda excluida de los mecanismos financieros de intercambio de tecnología y emisiones asociados al Protocolo de Kioto, pero es una de las formas de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en cada país. Así entonces, se recomienda la energía nuclear como una de las tecnologías clave para la mitigación del calentamiento global.

La fuente de esta información es Wikipedia.