miércoles, 7 de diciembre de 2016

NUESTRA SEÑORA DEL VALLE


En la Provincia de Catamarca, al Noroeste de la Argentina. Entre los años de 1619 y 1620 fue hallada una pequeña imagen de la Virgen en una gruta oculta en el monte agreste. El misterio rodeó por siglos  la existencia de esa imagen, que era venerada en secreto por los nativos del lugar. ¿Cómo llegó allí? Nunca se supo. Este descubrimiento, al impulso de los milagros sorprendentes que se produjeron a partir de la veneración a la Madre del Verbo, suscitó el desarrollo de una advocación que perdura a través de los siglos. Hoy en día, Nuestra Señora del Valle de Catamarca configura un foco de atención de la fe del pueblo Argentino, que junto a la Virgen de Luján y la Virgen de Itatí, hacen un conjunto que envuelve y enriquece la tradición Mariana de este pueblo. Lo que pasamos a narrar, luego de cuidadosa información documental, aconteció entre 1619 a 1620. Corrían las horas de un avanzado atardecer que caía apacible sobre las lomadas de Choya. Un indio, de los jornalizados, al servicio del vizcaíno Don Manuel de Salazar, Comisario de los Nativos y Juez para los españoles, andaba por aquellos ásperos parajes, recogiendo alguna majada para llevarla de vuelta a los corrales, para librar a las cabras u ovejas del puma hambriento o de zorros que atacaban a las crías pequeñas.

Allí espera con paciencia hasta que ve aproximarse y luego pasar un reducido grupo de indiecitas. Caminaban recelosas como temiendo que alguien las sorprendiera. Iban conversando y el rumor bajo y cadencioso de sus voces, mitad kakan, mitad castellano se mezclaba con el susurro del viento. El indio no pudo comprender lo que decían pero algo muy importante las llevaba por aquellos lugares. A las últimas luces del día, vio que llevaban lamparillas listas para ser encendidas y algunas vistosas y fragantes flores de la montaña. Contando desde el pueblo de Choya, habría caminado unos cinco kilómetros, remontó la quebrada como unas quince cuadras, cuando de pronto apareció, en una pendiente muy inclinada y a unos siete metros de altura, un nicho de piedra bastante disimulado entre garabatos y chaguares pero al que podía llegar con relativa facilidad. Hacía aquel lugar se dirigía el frecuentado sendero. Lleno de asombro continuó investigando y vio cómo, al pie del nicho y su pendiente, había ramas quebradas y hasta espacios bien talados donde evidentemente habían encendido fogatas e incluso bailado sus hermanos las tradicionales danzas tribales. Por otras cuidadosas observaciones vio rústicos asientos, restos de pequeños "fogones" y llegó a la conclusión de que la mayoría de sus hermanos choyanos acostumbraban reunirse en aquel lugar de modo un tanto secreto.

El indio se propuso entonces, ver qué significaba aquello. Su afán por descubrir el misterio le hizo trepar cautelosamente hasta el mismo nicho y a su entrada quedó como clavado por lo tan imprevisto y hermoso que veía. Allá al fondo de la gruta se descubría una imagen de la Virgen María, pequeña, era como algunas que había visto en casas de los españoles. Esta era de rostro morenito y tenía las manos juntas. Lo atraía misteriosamente y allí se quedó contemplándola por mucho tiempo. ¿Cómo había ido a parar en aquellos lugares una imagen de la Virgen María? Ella, Reina de la Luz y de la Gloria, con su imagen siempre hermosa y venerada en la tierra, ¿no sería causa de que los nativos volvieran a sus antiguas idolatrías? Por ello, decidió cerciorarse personalmente de la veracidad de aquel extraño relato, yendo al lugar descrito por el indio. No sabía porqué, pero aquella imagen, morena como sus rostros, pequeñita y humilde como sus vidas ignorantes y sencillas, parecía volverlos dichosos y fuertes en aquellos años de opresión y dura servidumbre. Ante Ella, los pesados afanes de la jornada se diluían en el sabor de una esperanza que no alcanzaban a comprender, por eso no permitirían que se la llevasen. No tenían armas y en caso de tenerlas, no hubieran sido capaces de utilizarlas ante aquel nicho lleno de luz para sus almas. Pero tenían sí, y sabrían manejar, la súplica de sus varones, las lágrimas de sus mujeres y hasta el rogar de los pequeños.

Al llegar el Administrador del Valle, trepa con el indio hasta la entrada de la gruta, y la encuentra tal cual su servidor se la había descrito. No cabía duda; era la imagen de la Reina del Cielo, soberana en su advocación de la Pura y Limpia Concepción. De inmediato dispone no dejar un momento más la imagen en aquella agreste y desolada cueva. Y del modo más amable pero firme manifiesta a los presentes que la llevará consigo. Los nativos comienzan a expresar quedadamente su descontento y dicen a media voz: “Si es nuestra, nosotros la queremos. Ella nos cuida, siempre nos defiende”, Salazar insiste en su determinación lo que acentúa la resistencia de los nativos, comienzan las lágrimas y los ruegos, pero el español se mantiene firme; y allí mismo, tomándola delicadamente en sus manos, la lleva reverente a su casa.

Salazar, al amanecer de un día de tantos, como acostumbraba hacerlo, antes de comenzar sus faenas, se llega a visitar a la “Madrecita Morena” que reinaba en su casa desde una repisa. Pero no la encuentra. Al preguntarle a su esposa, Beatriz, tampoco sabe cosa alguna. La noche anterior (asegura) estaba la imagen en su repisa y no sabía que hubiera entrado persona alguna a la casa. A todo esto, ya entrada la mañana, el Administrador del Valle, dejándolo todo, sigue buscando la Imagen ya entre los amigos, ya entre vecinos más alejados. Olvida así, todas sus tareas administrativas, de gobierno y labranzas para buscar la imagen por todas partes. Entonces se dirige a la gruta y llegando al lugar trepa decididamente hasta el mismo sitio del que sacara la imagen... y para su asombro: allí estaba, tal cual la viera la primera vez. Pero ahora sin flores, ni cirios. No había signo alguno, ni rastros de pisadas humanas que dijeran que alguien hubiera estado allí antes que él. Apresuradamente la levanta y al llegar al pueblo y a la casa, la coloca en su sitio; día y noche multiplica la vigilancia. Todo fue inútil. Varias veces tuvo que viajar a la gruta de Choya a “capturar a la Fugitiva” y traerla de nuevo a su casa, no sin regaños como saben hacerlo los corazones enamorados.

Es que la Virgen del Valle era también Madre de aquellos pobrecitos que le habían ofrendado sus luminarias de amarilla y blanda cera, las fogatas de sus agrios chaguares, junto al dulce amor de sus corazones sencillos, humildes y por eso buenos. Al describir la imagen de la Pura y Limpia Concepción, ya desde 1645, bajo la advocación de Virgen del Valle, en conformidad con una antigua costumbre española, la imagen fue vestida desde los principios y vestida ha quedado siempre. En la actualidad, encerrada en una vitrina o urna como se dice comúnmente, está envuelta en amplios y lujosos paramentos. Las vestiduras constan de túnica blanca y largo velo azul. No dejan visible más que el óvalo del rostro y las manos que sobresalen de una hendidura de la túnica y ocultan un conjunto formado por tres piezas distintas: un pedestal de 24 centímetros de alto; una peana de 10 centímetros y la Imagen propiamente dicha que mide 42 centímetros desde la cabeza hasta los pies.

Pío IX impuso las normas y costumbres para que el Capítulo Vaticano pudiera delegar en dignatarios eclesiásticos la facultad de coronar imágenes de la Santísima Virgen, que por su antigüedad y culto u origen maravilloso, junto a hechos extraordinarios y repetidos, hubieran dado fama a sus Santuarios. Por decreto Vaticano de 1889 se concede la coronación de la imagen de la Virgen del Valle de Catamarca en virtud de los innumerables prodigios que realizó en toda la región del noroeste argentino.

TRADICIONES Y ORIGEN DE LA CORONA DE ADVIENTO - 2º PARTE

La actual forma de la corona de Adviento se debe al educador y teólogo luterano Johann Hinrich Wichern, que atendía un albergue de huérfanos en Hamburgo. Durante el Adviento los niños le preguntaban con frecuencia los días que quedaban para la Navidad. En 1839 revistió una vieja rueda de carreta con hojas pequeñas y con 19 velas pequeñas rojas y 4 velas más grandes: Las velas rojas se encendían en los días feriales mientras las blancas se encendían los domingos. Un poema del escritor alemán Hermann Claudius (1878-1980) comenta el encendido de las lámparas de la corona, pues, según va brillando el mundo se encuentra con la luz de la Navidad.

En la piedad popular y tradiciones orientales

La corona de Adviento… es memoria de las diversas etapas de la historia de la salvación antes de Cristo.

la primera luz simbolizaría el perdón otorgado a Adán y Eva;

la segunda, la fe de Abraham y de los patriarcas;

la tercera sería expresión del gozo de David y de los Hijos de Sión, que se alegran con la venida de su Rey;

la cuarta simbolizaría la enseñanza de los profetas, que anunciaron que el Mesías nacería de la Virgen María.

Pero para otras tradiciones:

a la primera candela representa la penitencia y se la llama «la Vela del Profeta»;

la segunda, llamada «la Vela de Belén», por la profecía de Miqueas (Mi 5, 2; Cfr.; Mt 2, 6; «Y tu Belén de Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá»,) representa la humildad;

la tercera candela significa gozo es llamada «la Vela de los Pastores», que recuerda que ha pasado ya más de la mitad del tiempo de Adviento;

la cuarta candela significa la Paz, y se llama «Vela de los Ángeles», que al anunciar la llegada del Mesías desearon paz a los hombres de buena voluntad.

En cuanto al color varia también según las tradiciones. En algunos lugares de tradición católica las velas adoptan el color litúrgico, de este modo, el significado de las velas se enlaza con el color; las tres velas del color morado hacen más referencia a la conversión y a la preparación, la vela rosa, al gozo de la espera, pues se ha alcanzado la mitad del Adviento. También se utiliza el color azul añil sobre todo en las iglesias de tradición Anglicana e Iglesias evangélicas, que quieren reservar el morado para la cuaresma. En otras tradiciones se coloca también una vela blanca que se enciende en navidad como signo de la luz de Cristo, el sol que nace de lo alto. Los colores de las velas de la corona de adviento no dejan de ser una adaptación a su uso litúrgico, bien podrían ser del color natural de la cera.

En cuanto a la decoración de la corona, además de las ramas de hojas perennes: abeto, pino, arándano, muérdago… en ocasiones se le colocan manzanas de adornos o bolas rojas en alusión a la manzana del pecado y a Cristo, fruto del árbol de la Cruz; si por el fruto de un árbol hemos sufrido la muerte, por el fruto del Árbol hemos recibido la salvación. Esta simbología está presente en otro objeto litúrgico y devocional: él árbol de navidad. Pero, esa es otra historia, y como dijo un novelista contemporáneo tendrá que ser contada en otra ocasión…

lunes, 5 de diciembre de 2016

9 VECES VERÓNICA

9 VECES VERÓNICA, es una leyenda urbana sobre un espíritu que aparece al ser pronunciado su nombre un número determinado de veces frente a un espejo. En España se conoce al personaje como VERÓNICA, MARÍA SANGRIENTA, MARÍA LA PARALÍTICA O LA VIEJA DEL QUINTO y en el mundo anglosajón como BLOODY MARY. La leyenda suele aparecer vinculada a un juego o ritual adivinatorio. No resulta fácil establecer el origen de la figura, ligada a la creencia, común en muchos lugares, de que las almas de los muertos se manifiestan en ocasiones en los espejos. Algunos han querido vincularla con SANTA VERÓNICA. El ritual se presenta en diversas configuraciones, implicando el uso de objetos cotidianos, como un libro (a menudo, la Biblia) o unas tijeras (en memoria de las que causaron la muerte a Verónica). Según la leyenda este fantasma asesina a quien la ha invocado, normalmente con un arma blanca que se encuentre en las cercanías (cuchillos de cocina, navajas, tijeras...), que sale disparada y se clava en el corazón o el cuello de la víctima. El tema central del rito suelen ser consultas relacionadas con el primer amor o la muerte. La versión más común de la leyenda explica que se trata de una chica muerta durante la pubertad (a menudo, durante una sesión de la OUIJA) y cuyo espíritu ha quedado atrapado entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Sin embargo, algunas versiones la consideran hija de Satanás. El personaje cambia con frecuencia de nombre (con variantes como Carolina y Micaela) o se multiplica, normalmente bajo la forma de dos hermanas o amigas.

En Estados Unidos hay una leyenda análoga protagonizada por BLOODY MARY («MARÍA LA SANGRIENTA») o MARY WORTH, que ha servido de inspiración al relato de Clive Barker LO PROHIBIDO, llevado al cine con el título CANDYMAN. Una versión relata que Mary era una chica de quince años muy hermosa y vanidosa. El centro de su vanidad era su hermoso cabello, que todas las noches peinaba cien veces. Un día le quisieron jugar una broma y un hombre (no se sabe quién) se escondió en el armario mientras ella cepillaba su cabello. Mientras estaba descuidada, el hombre salió, le tapó la boca con un pañuelo y le cortó todo el cabello. Ella no soportó verse fea y no pudo esperar a que el pelo le creciera de nuevo. Unas semanas después, se suicidó. Se cree que para que ésta aparezca se deben encender tres velas frente a un espejo, peinarse el cabello cien veces como ella lo hacía cada noche y decir «BLOODY MARY» tres veces. Según otra versión, Mary era una muchacha gravemente enferma y que en ese tiempo no se podía curar. El médico era su padre, que después de cuatro días en coma tomó la decisión de enterrarla en el patio de su casa. La madre de Mary no se quería ir de la tumba. Su padre sabiendo que se iba a morir de frío le inyectó morfina. A Mary se le amarró en la muñeca un hilo que iba unido a una campana. El padre se fue a dormir y a la mañana siguiente fue a ver la campana, que encontró tirada. En ese mismo momento abrió la tumba de su hija y vio que sus manos estaban llenas de sangre y poco después notó que les faltaban las uñas. Después de llorar por un buen rato se fijó en que las uñas estaban incrustadas en el ataúd arañado. Se cree que para que ésta aparezca se deben encender tres velas frente a un espejo, dar tres vueltas y mientras tanto decir «BLOODY MARY» tres veces.

AMON

En Demonología es un “Marqués del Infierno”, ubicado en el séptimo lugar de los 72 demonios goéticos que esta incluido en el ARS GOETIA o EL ARTE DE LA BRUJERIA, grimorio que contiene las descripciones de los setenta y dos demonios que se dice que el Rey Salomón dijo haber evocado y confinado en un recipiente de bronce sellado por símbolos mágicos, y que obligó a trabajar para él. En cambio, AMON, en el grimorio del DR. RUDD, se dice que se inclina ante el poder del ángel ACHAIAH.

AMON, es uno de los ayudantes de ASTAROTH y uno de los tres demonios al servicio de SATANACHIA, este último es descrito como el GRAN GRIMONIO. Se menciona en la lista de los principales demonios establecida por la Iglesia Católica en el primer CONCILIO DE BRAGA (siglo VI). SATANACHIA es un gran general del infierno, un comandante asesino y despiadado, jefe del ejército infernal de Lucifer, que controla una legión de los espíritus, y tiene bajo su mando, como decíamos a PRULAS, BARBATOS, ASTAROTH y AMON, este último, tiene cuarenta legiones de demonios bajo su mando.

AMON, es descrito como un lobo con cola de serpiente que arroja fuego, un hombre con cabeza de cuervo y dientes de perro o simplemente un hombre con cabeza de cuervo. Probablemente esté inspirado en el dios egipcio AMÓN, a quien los judíos guardaban rencor debido al sometimiento de su pueblo por parte del Imperio Egipcio. No hay acuerdo en cuanto a su representación, apareciendo a veces, también, como un hombre con cabeza de búho, y otras como un hombre con cabeza de lobo y cola de serpiente. Los demonólogos han asociado su nombre con el dios egipcio AMUN o con el dios BA'AL HAMMON de los cartagineses; también conocido como el ángel de la muerte, su nombre significa "Aquél que induce a la ira y asesinato" tal y como indica su pecado capital.

Algunas fuentes dicen que AMON es “regente de Inglaterra” y que puede conocer el pasado y el futuro (retrocognición y precognición), otorgando aquel don a quienes pactan con Satanás, ya que supuestamente vigila a quienes han hecho pactos, enterándose siempre cuando algún mortal sella un pacto infernal.

AMON representa el pecado capital de la ira; puede inducir al odio y provocar crueles catástrofes entre amantes e incluso hermanos. Controla la mente de los que desea conduciéndolos a una negación a uno mismo y a la verdad inminente, provocando una ira incontrolable y sed de venganza a aquellos que provocan dicho malestar. Crea enemistades y fanatismos religiosos, también así como políticos, y discriminación de todo tipo. El culmen de sus poderes puede acabar en homicidio, asesinato, violación o, en casos muy extremos, genocidios y holocaustos.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

EL ATAQUE A PEARL HARBOR

Fue una ofensiva militar sorpresa efectuada por la Armada Imperial Japonesa contra la base naval de los Estados Unidos en Pearl Harbor, Hawái, en la mañana del 7 de diciembre de 1941. El ataque pretendía ser una acción preventiva destinada a evitar la intervención de la Flota del Pacífico de los Estados Unidos en las acciones militares que el Imperio del Japón estaba planeando realizar en el Sudeste Asiático contra las posesiones ultramarinas del Reino Unido, los Países Bajos y los propios Estados Unidos. Los japoneses hicieron coincidir esta ofensiva con el ataque a las posesiones del Imperio Británico en Malasia, Singapur y Hong Kong, todas las cuales estaban ya en su poder a mediados de febrero de 1942.

La base naval fue atacada por 353 aeronaves japonesas que incluían cazas de combate, bombarderos y torpederos que despegaron de seis portaaviones. Resultaron dañados los ocho acorazados estadounidenses atracados en el puerto, y cuatro de ellos se hundieron. De estos ocho, dos fueron reflotados y cuatro reparados, por lo que seis pudieron volver a entrar en servicio más tarde, durante la guerra. El ataque japonés también hundió o dañó tres cruceros, tres destructores, un buque escuela y un minador. Los norteamericanos perdieron 188 aeronaves, murieron 2402 estadounidenses y 1282 quedaron heridos de diversa consideración. Sin embargo, los japoneses no atacaron la central eléctrica, el astillero, las instalaciones de mantenimiento, los depósitos de combustible y torpedos, los muelles de submarinos y el edificio del cuartel general y de la sección de inteligencia. Los japoneses perdieron 29 aeronaves y cinco minisubmarinos, además de sufrir 65 bajas militares entre muertos y heridos.

El ataque conmocionó profundamente al pueblo estadounidense y llevó directamente a la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, tanto en los teatros de guerra de Europa como del Pacífico. Al día siguiente del ataque, 8 de diciembre, los Estados Unidos le declararon la guerra al Imperio del Japón. El apoyo interno en Norteamérica a la no intervención en el conflicto mundial, que había sido fuerte, desapareció, mientras que la asistencia clandestina al Reino Unido fue remplazada por una alianza plena. La Alemania nazi y la Italia fascista declararon la guerra a los Estados Unidos el 11 de diciembre en respuesta a las operaciones puestas en marcha por la nación norteamericana.

Hay numerosos precedentes históricos de ataques militares sin previa declaración de guerra por parte de Japón. Sin embargo, la inexistencia de una declaración formal por parte nipona mientras se llevaban a cabo negociaciones que parecían prosperar, llevó al presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt a calificar al 7 de diciembre de 1941 como «una fecha que vivirá en la infamia».

TRADICIONES Y ORIGEN DE LA CORONA DE ADVIENTO - 1º PARTE

Los mosaicos del siglo XII de la portada de la Basílica de Santa María in Traste veré de Roma, resumen plásticamente y anticipan, como si se tratase de una profecía, la tradición de la Corona del Adviento, que surgirá en las comunidades cristianas europeas en el norte de Europa en la primera mitad de siglo XIX. El mosaico, en su primera composición de Pietro Cavallini, en el siglo XII, mostraba en un trono a la Virgen con el niño Jesús, rodeada de cuatro muchachas; dos portan lámparas de aceite con la luz encendida, y otras dos, con velo, las llevan con la luz apagada. La escena inicial fue modificada en el proyecto de Carlo Fontana de 1702, que añadieron seis vírgenes más, todas ellas con la luz encendida.

La parábola de las vírgenes prudentes y necias, vislumbrada en el mosaico, es una llamada a esperar vigilante y diligentemente al Señor, que es presentado por la Virgen, como luz nacida de la alto y se ha revestida de la condición humana. La luz hace referencia, en la tradición vetereotestamentaria a la acogida de la revelación divina (Sal 35, 10: «tu luz nos hace ver la luz»), la imagen opuesta representa la obstrucción y el rechazo de la revelación divina.

Para la antigüedad las lámparas de aceite o las velas confeccionadas con la cera de la abeja, no eran simple linternas modernas, sino objetos con un significado religioso. La luz, que porta la lámpara, se identificaba con los conceptos del bien y del mal, el orden y el caos, la búsqueda del conocimiento, la iniciación, la verdad, la vida y la muerte.

El hecho de encender lámparas y luminarias con una finalidad cultual está atestiguado en la historia de las religiones. La luz proveniente de la lámpara ahuyenta los poderes maléficos e inquietantes de las tinieblas. La lámpara es signo de la presencia real de Dios. Así el Corán declara: «Dios es la luz de los cielos y de la tierra. Su luz es como una hornacina en la que hay un pábilo encendido» (Sura 24, 35).

En ocasiones las lámparas, como símbolo de la vida, eran colocadas en las columnas de las necrópolis funerarias y en las tumbas de los difuntos. En la tumba de Tutankhamón, descubierta en 1922 por el inglés Howard Carter, se hallaron lámparas de aceite. La piedad popular cristiana pone la candela, bendecida en el día de la Presentación, entre las manos del fiel, en su lecho de muerte, para que ilumine los últimos pasos de su camino hacia la eternidad.

El hecho de encender las luces tanto de la casa como del templo tenía un valor religioso cultual. La mujer hebrea enciende ritualmente las luces de la fiesta del Sabbath. Entre los griegos y los romanos cuando el portador de la luz entraba pronunciaba una bendición o un buen deseo tal como «¡buena sea la luz!». A lo que se respondía: «¡Bienvenida sea la luz!». Todavía en el oficio hispano mozárabe se saluda diciendo: «En el nombre de nuestro Señor Jesucristo luz con paz»

La simbología de los elementos naturales recogida en la historia de las religiones, no es elemento principal para explicar los signos de la revelación judeocristiana. En la fe revelada el punto central se desplaza de la naturaleza a la historia. La corona de adviento no está sujeta solamente a la simbología del solsticio de invierno sino a la revelación divina, tal y como la encontramos en la fiesta rabínica de la Hanukkah, fiesta también conocida como festival de las luces, comprende 8 días desde el 25 de Kislev hasta el 3 de Tevet y conmemora la victoria de Judas Macabeo contra los Griegos y la purificación y dedicación del templo el 25 de Kislev del año 164 a. C.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

AGATHIÓN

Se dice que AGATHIÓN es un demonio o espíritu de temperamento afable que sólo se manifiesta durante el mediodía. Casi todos los libros prohibidos y grimorios que reparan en él sostienen que se destaca por una increíble modestia y falta de protagonismo en los asuntos infernales. Esta austeridad lo convierte en un demonio amable incluso con los exorcistas, chamanes, y en general con cualquiera que se dedique a investigar posesiones diabólicas y distintos fenómenos paranormales.

La pasividad y camaradería de AGATHIÓN se expresa claramente en la total aceptación de las órdenes que se le formulan. En este contexto, no es extraño que acceda voluntariamente a ser encerrado en un amuleto, un talismán o un anillo mágico, y desde allí servir a quien estableció un pacto con él. Este demonio solo deja verse durante el mediodía, es decir, cuando las sombras son más pequeñas, casi siempre con forma humana; aunque algunos libros de ocultismo denuncian que, en ocasiones, adquiere una fisionomía más adecuada para su naturaleza mitológica.

AGATHIÓN parece ignorar las incontables tradiciones y leyendas de pactos satánicos, ya que para establecer un vínculo perdurable con él no son necesarias las firmas sangrientas ni las promesas desmedidas, sino únicamente la palabra. Sus poderes son tan modestos como su personalidad. No obstante, a cambio de esta falta de cualidades se puede contar incondicionalmente con su fidelidad en asuntos amorosos.

martes, 22 de noviembre de 2016

LA BATALLA DE LA VUELTA DE OBLIGADO

El 20 de noviembre de 1845, siendo el general Juan Manuel de Rosas responsable de las Relaciones Exteriores del territorio nacional, fuerzas anglo francesas se habían adentrado el Río de la Plata hacia el río Paraná, para obligarnos a aceptar “su libre navegación” de nuestro río. Una flota fenomenal de barcos de guerra, bien abastecidos, venidos a negociar con la fuerza, por el enojo de los comerciantes ingleses y franceses con la política de Rosas. El gobernador, a quien además las provincias cedieron el manejo de las cuestiones exteriores, quería cobrarles impuestos a sus productos para proteger industrias locales, y evitar que navegaran por nuestros ríos. No es que Rosas, contra lo que algunos dijeron, era un nacionalista fanático, sino con una política pragmática quería evitar que, pese al dominio inglés de nuestro comercio, que ya tenían, avanzaran sobre ulteriores derechos a copar el Estado o los territorios, cosa que venían haciendo en todo el mundo.

De esa manera se manejaron muchas veces los europeos, y más en el siglo XIX. Directamente el Parlamento británico se hizo eco de la queja de unos comerciantes ingleses que querían sí o sí vender productos en nuestro territorio y navegar con ellos nuestras aguas. Para nada ingenuo, el canciller argentino Arana decía ante la legislatura: “¿Con qué título la Inglaterra y la Francia vienen a imponer restricciones al derecho eminente de la Confederación Argentina de reglamentar la navegación de sus ríos interiores? ¿Y cuál es la ley general de las naciones ante la cual deben callar los derechos del poder soberano del Estado, cuyos territorios cruzan las aguas de estos ríos? ¿Y que la opinión de los abogados de Inglaterra, aunque sean los de la Corona, se sobrepondrá a la voluntad y las prerrogativas de una nación que ha jurado no depender de ningún poder extraño? Pero los argentinos no han de pasar por estas demasías; tienen la conciencia de sus derechos y no ceden a ninguna pretensión indiscreta. El general Rosas les ha enseñado prácticamente que pueden desbaratar las tramas de sus enemigos por más poderosos que sean. Nuestro Código internacional es muy corto. Paz y amistad con los que nos respetan, y la guerra a muerte a los que se atreven a insultarlo”.

Pero su Majestad británica, decía una cosa y hacía otra, porque mientras las negociaciones estaban en marcha, la mañana del 20 de noviembre de 1845 desde nuestras costas divisaron las siluetas de cientos de barcos. Algunos de ellos bloquearon el puerto de Buenos Aires nuevamente (ya lo habían hecho los franceses solos en 1838). Lo llamativo entonces fue la conformación de los invasores: se trataba de una flota compuesta por naciones históricamente enemigas, que debutaron entonces como aliadas para imponer sus reglas en nuestras tierras.

La defensa argentina daría risa a cualquier ejército bien pertrechado, se hizo de ingenio criollo y para nada tenía como abastecimiento, las nuevas tecnologías que la revolución industrial le daba a ambas potencias. Los argentinos juntaron tres enormes cadenas para atravesar el imponente Paraná de costa a costa, sostenidas sobre 24 barquitos, diez de ellos cargados de explosivos. Detrás de este dispositivo, esperaba heroicamente a la flota más poderosa del mundo, a bordo y al mando de una goleta, el general Lucio N. Mansilla, cuñado de Rosas y padre del genial escritor Lucio Víctor, que esa mañana, para arengar a las tropas le dijo lo siguiente:

A ver; les dijo: “¡Vedlos, camaradas, allí los tenéis! Considerad el tamaño del insulto que vienen haciendo a la soberanía de nuestra Patria, al navegar las aguas de un río que corre por el territorio de nuestra República, sin más título que la fuerza con que se creen poderosos. ¡Pero se engañan esos miserables, aquí no lo serán! Tremole el pabellón azul y blanco y muramos todos antes que verlo bajar de donde flamea”.

Inmediatamente después, cuando aún unas fanfarrias tocaban estrofas del himno, desde las barrancas del Paraná unas baterías abrieron fuego sobre el enemigo, frenado levemente por las cadenas. Estamos hablando de una lucha claramente desigual, la que sin embargo duró varias horas, hasta que a la tarde la flota franco-inglesa desembarcó y se apoderó de las baterías. Cortaron las cadenas y continuaron su viaje hacia el norte. En la acción murieron doscientos cincuenta argentinos y medio centenar de invasores europeos.

Al conocer los pormenores del combate, San Martín escribió esto, desde Francia: “Bien sabida es la firmeza de carácter del jefe que preside a la República Argentina; nadie ignora el ascendiente que posee en la vasta campaña de Buenos Aires y el resto de las demás provincias, y aunque no dudo que en la capital tenga un número de enemigos personales, estoy convencido, que bien sea por orgullo nacional, temor, o bien por la prevención heredada de los españoles contra el extranjero; ello es que la totalidad se le unirán (…). Por otra parte, es menester conocer (como la experiencia lo tiene ya mostrado) que el bloqueo que se ha declarado no tiene en las nuevas repúblicas de América la misma influencia que lo sería en Europa; éste sólo afectará a un corto número de propietarios, pero a la mesa del pueblo que no conoce las necesidades de estos países le será bien diferente su continuación. Si las dos potencias en cuestión quieren llevar más adelante sus hostilidades, es decir, declarar la guerra, yo no dudo que con más o menos pérdidas de hombres y gastos se apoderen de Buenos Aires (…) pero aun en ese caso estoy convencido, que no podrán sostenerse por largo tiempo en la capital; el primer alimento o por mejor decir el único del pueblo es la carne, y es sabido con qué facilidad pueden retirarse todos los ganados en muy pocos días a muchas leguas de distancia, igualmente que las caballadas y todo medio de transporte, en una palabra, formar un desierto dilatado, imposible de ser atravesado por una fuerza europea; estoy persuadido será muy corto el número de argentinos que quiera enrolarse con el extranjero, en conclusión, con siete u ocho mil hombres de caballería del país y 25 o 30 piezas de artillería volante, fuerza que con una gran facilidad puede mantener el general Rosas, son suficientes para tener un cerrado bloqueo terrestre a Buenos Aires”.

Hasta un enemigo de Rosas, como Juan Bautista Alberdi, impulsor de nuestra constitución nacional, llegó a decir desde Chile, donde estaba exiliado: “En el suelo extranjero en que resido, en el lindo país que me hospeda sin hacer agravio a su bandera, beso con amor los colores argentinos y me siento vano al verlos más ufanos y dignos que nunca. Guarden sus lágrimas los generosos llorones de nuestras desgracias aunque opuesto a Rosas como hombre de partido, he dicho que escribo con colores argentinos: Rosas no es un simple tirano a mis ojos; si en su mano hay una vara sangrienta de hierro, también veo en su cabeza la escarapela de Belgrano. No me ciega tanto el amor de partido para no conocer lo que es Rosas bajo ciertos aspectos. Sé, por ejemplo, que Simón Bolívar no ocupó tanto el mundo con su nombre como el actual gobernador de Buenos Aires; sé que el nombre de Washington es adorado en el mundo pero no más conocido que el de Rosas; sería necesario no ser argentino para desconocer la verdad de estos hechos y no envanecerse de ellos”.

Poner a Rosas a la altura de Bolívar y Washington, parece el típico agrande argentino. Pero comprendamos que era un gobernador de un país periférico que estaba desalojando ingleses, algo que muy pocos en el mundo podían contar, salvo los norteamericanos por su independencia. De hecho, el embajador de Estados Unidos en Buenos Aires, William Harris, le escribió a su gobierno: “Esta lucha entre el débil y el poderoso es ciertamente un espectáculo interesante y sería divertido si no fuese porque (…) se perjudican los negocios de todas las naciones”.

En pocas palabras, lo sucedido en la Vuelta de Obligado, obligó a los europeos a reconsiderar toda propuesta de invasión…por lo costoso de planificar y realizar tamaña empresa, vista la capacidad e ingenios demostrados en la resistencia…

Inglaterra ordena el fin del bloqueo en 1847, y los franceses lo hicieron un año después. Una vez más el propio San Martín felicitó a Rosas por su firme resistencia, según quedó escrito en un apartado especial en su testamento donde dijo lo siguiente: “El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sur le será entregado al general Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacción que, como argentino, he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla”.

NUESTRA SEÑORA DE LA MEDALLA MILAGROSA

El siglo 19 es un momento de cambio para la humanidad. Después del impacto de la revolución francesa, el individuo y sus derechos empezaron a ponerse por encima de la necesidad de tener como referencia permanente a Dios. El crecimiento del respeto por la persona (un objetivo digno, en si mismo) trajo lamentablemente aparejada una tendencia hacia el materialismo, el individualismo y toda forma de mejora de la calidad de vida de las personas. Esto hizo crecer el deseo de gozar en esta vida, y olvidar o relegar los sueños de alcanzar la verdadera felicidad en el Reino de Dios. Francia es un país elegido por la Virgen, ya que allí se han desarrollado muchas de las apariciones más trascendentes: La Medalla Milagrosa, Lourdes y La Salette. Y esta trilogía ha ocurrido en una sucesión de pocas décadas a partir de lo ocurrido en la Rue de Bac.

Fueron muchas las confidencias que Sor Catalina, humilde religiosa vicentina, recibió de los labios de María Santísima, pero jamás podremos conocerlas todas, porque respecto a algunas de ellas le fue impuesto el más absoluto secreto. Pero si sabemos que le confió una misión especial, esta fue el domingo 18 de julio de 1830:

“DIOS QUIERE CONFIARTE UNA MISIÓN. TE COSTARA TRABAJO, PERO LO VENCERÁS PENSANDO QUE LO HACES PARA LA GLORIA DE DIOS. TU CONOCERÁS CUAN BUENO ES DIOS. TENDRÁS QUE SUFRIR HASTA QUE LO DIGAS A TU DIRECTOR. NO TE FALTARÁN CONTRADICCIONES, MÁS TE ASISTIRÁ LA GRACIA, NO TEMAS. HÁBLALE A TU DIRECTOR CON CONFIANZA Y SENCILLEZ, TEN CONFIANZA, NO TEMAS. VERÁS CIERTAS COSAS, DÍSELAS. RECIBIRÁS INSPIRACIONES EN LA ORACIÓN”.

La tarde del 27 de noviembre de 1830, estaba Sor Catalina haciendo su meditación en la capilla cuando le pareció oír el roce de un traje de seda, que le hizo recordar la aparición anterior. Aparece así por segunda vez la Virgen Santísima, vestida de blanco con mangas largas y túnica cerrada hasta el cuello. Cubría su cabeza un velo blanco que sin ocultar su figura caía por ambos lados hasta los pies. Cuando Catalina quiso describir su rostro solo acertó a decir que era la Virgen María en su mayor belleza. Sus pies posaban sobre un globo blanco, del que únicamente se veía la parte superior, y aplastaban una serpiente verde con pintas amarillas. Sus manos elevadas a la altura del corazón sostenían otro globo pequeño de oro, coronado por una Crucecita. La Santísima Virgen mantenía una actitud suplicante, como ofreciendo el globo. A veces miraba al Cielo y a veces a la tierra.

De pronto sus dedos se llenaron de anillos adornados con piedras preciosas que brillaban y derramaban su luz en todas direcciones, circundándola en este momento de tal claridad, que no era posible verla. María tenía tres anillos en cada dedo: el más grueso junto a la mano, uno de tamaño mediano en el medio, y uno más pequeño en la extremidad. De las piedras preciosas de los anillos salían los rayos, que se alargaban hacia abajo y llenaban toda la parte baja. Catalina observó que algunos anillos tenían piedras preciosas que lanzaban luces más fuertes, mientras otros apenas emitían luz. Mientras Sor Catalina contemplaba a la Virgen, ella la miró y dijo a su corazón:

“ESTE GLOBO QUE VES A MIS PIES, REPRESENTA AL MUNDO ENTERO, ESPECIALMENTE FRANCIA Y A CADA ALMA EN PARTICULAR. ESTOS RAYOS SIMBOLIZAN LAS GRACIAS QUE YO DERRAMO SOBRE LOS QUE LAS PIDEN. LAS PERLAS QUE NO EMITEN RAYOS SON LAS GRACIAS DE LAS ALMAS QUE NO PIDEN”.

En este momento se apareció una forma ovalada en torno a la Virgen y en el borde interior apareció escrita la siguiente invocación: "María sin pecado concebida, ruega por nosotros, que acudimos a ti". Estas palabras formaban un semicírculo que comenzaba a la altura de la mano derecha, pasaba por encima de la cabeza de la Santísima Virgen, terminando a la altura de la mano izquierda. Sor Catalina, oyó de nuevo la voz en su interior:

"HAZ QUE SE ACUÑE UNA MEDALLA SEGÚN ESTE MODELO. TODOS CUANTOS LA LLEVEN PUESTA RECIBIRÁN GRANDES GRACIAS. LAS GRACIAS SERÁN MÁS ABUNDANTES PARA LOS QUE LA LLEVEN CON CONFIANZA".

La aparición, entonces, dio media vuelta y quedo formado en el mismo lugar el reverso de la medalla. En él aparecía una M, sobre la cual había una Cruz descansando sobre una barra, la cual atravesaba la letra hasta un tercio de su altura, y debajo los Corazones de Jesús y de María, de los cuales el primero estaba circundado de una corona de espinas, y el segundo traspasado por una espada. En torno había doce estrellas. En el anverso de la Medalla, la M de María sostiene la Cruz de Cristo, mientras que el Sagrado Corazón de Jesús está junto al Inmaculado Corazón de María. Se empieza con esta imagen a plantear el quinto dogma de Fe Mariana: María como Corredentora, Abogada y Medianera. María, inseparable de Jesús, nos muestra que Ella sufrió místicamente lo que Su Hijo sufrió física y místicamente también.

Catalina vivió el crecimiento de la difusión de la Medalla, sabiendo que todo el mundo se preguntaba quien sería la Religiosa que tuvo la gracia de ver a la misma Madre de Dios. Se sabía que una novicia en la Rue de Bac había recibido la visita de María y el pedido de la Medalla, pero nadie conocía la identidad de la agraciada. Ella escuchaba atenta los relatos sobre los milagros que acontecían, y en silencio se regocijaba por saber que María realizaba finalmente la obra que a ella había sido encomendada.

El 31 de diciembre de 1876 muere Catalina, en medio de una paz y serenidad que produjeron admiración a sus co hermanas. Ella por fin pudo entrar al Reino de Dios, como su Madre Celestial le había prometido. 56 años después de la muerte de Catalina, el Cardenal Verdier hizo abrir su tumba para hacer lo que se llama "un reconocimiento de las reliquias" de la que iban a beatificar, se encontró su cuerpo tal como se lo había depositado. El doctor que levantó sus párpados, tras 56 años de entierro, sintió una intensa emoción al descubrir sus magníficos ojos azules, que parecían estar aún con vida. El cuerpo de Catalina fue trasladado entonces a la calle de Bac, donde se lo puede ver, hoy en día, en una urna de vidrio. Después de la beatificación que se realizó en 1933, Catalina Labouré fue canonizada el 27 de Julio de 1947, por Pío XII, el cual declaró a toda la Iglesia: "Decretamos y definimos SANTA, a la Beata CATALINA LABOURÉ".

miércoles, 16 de noviembre de 2016

SOLEMNIDAD DE CRISTO REY

La fiesta de Cristo Rey fue instituida en 1925 por el papa Pío XI, que la fijó en el domingo anterior a la solemnidad de todos los santos. La Iglesia, ciertamente, no había esperado dicha fecha para celebrar el soberano señorío de Cristo: Epifanía, Pascua, Ascensión, son también fiestas de Cristo Rey. Si Pío XI estableció esa fiesta, fue como él mismo dijo explícitamente en la encíclica Quas primas, con una finalidad de pedagogía espiritual. 

Ante los avances del ateísmo y de la secularización de la sociedad quería afirmar la soberana autoridad de Cristo sobre los hombres y las instituciones. Ciertos textos del oficio dejan entrever un último sueño de cristiandad. En 1970 se quiso destacar más el carácter cósmico y escatológico del reinado de Cristo. La fiesta se convirtió en la de Cristo "Rey del Universo" y se fijó en el último domingo per annum. Con ella apunta ya el tiempo de adviento en la perspectiva de la venida gloriosa del Señor.

La transformación de la segunda parte de la colecta revela claramente el cambio introducido en el tema de la fiesta. La oración de 1925 pedía a Dios "que todos los pueblos disgregados por la herida del pecado, se sometan al suavísimo imperio" del reino de Cristo. El texto modificado pide a Dios "que toda la creación, liberada de la esclavitud del pecado, sirva a tu majestad y te glorifique sin fin".

El año litúrgico llega a su fin. Desde que lo comenzamos, hemos ido recorriendo el círculo que describe la celebración de los diversos misterios que componen el único misterio de Cristo: desde el anuncio de su venida (Adviento), hasta su muerte y resurrección (Ciclo Pascual), pasando por su nacimiento (Navidad), presentación al mundo (Epifanía) y la cadencia semanal del domingo. Con cada uno de ellos, hemos ido construyendo un arco, al que hoy ponemos la piedra angular. Este es el sentido profundo de la solemnidad de Cristo – Rey del Universo, es decir, de Cristo – Glorioso que es el centro de la creación, de la historia y del mundo. “Todos perciben en sus almas una alegría inmensa, al considerar la santa Humanidad de Nuestro Señor: un Rey con corazón de carne, como el nuestro; que es autor del universo y de cada una de las criaturas, y que no se impone dominando: mendiga un poco de amor, mostrándonos, en silencio, sus manos llagadas”.

Pío XI, al establecer esta fiesta, quiso centrar la atención de todos en la imagen de Cristo, Rey divino, tal como la representaba la primitiva Iglesia, sentado a la derecha del Padre en el ábside de las basílicas cristianas, aparece rodeado de gloria y majestad. La cruz nos indica que de ella arranca la grandeza imponente de Jesucristo, Rey de vivos y de muertos.

La Iglesia anuncia hoy alborozada que “el Cordero degollado”, al entregar su vida “en el altar de la Cruz”, reconquistó con su sangre preciosa toda la creación y se la entregó a su Padre, aunque sólo al final de los tiempos esa “entrega” será plena y definitiva. Al anunciar y celebrar hoy el triunfo de Cristo, nos llenamos de alegría y esperanza, sabiendo que Él nos llevará a su reino eterno, si ahora damos de comer al hambriento, y de beber al sediento, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y enterrar a los muertos (Evangelio.)

“Yo soy Rey”

Esta fue la respuesta rotunda de Jesús a Pilato. Aunque la respuesta completa fue ésta: “Pero mi reino no es de aquí”. Pero si el reino de Jesucristo no es de este mundo, se inicia y realiza germinalmente ya en este mundo. Es verdad que sólo al final de los tiempos y tras el juicio final alcanzará su plenitud definitiva, pues sólo entonces triunfará definitivamente del demonio, el pecado, el dolor y la muerte.

Pero ya ahora, “el reino instaurado por Jesucristo actúa como fermento y signo de salvación para construir un mundo más justo, más fraterno, más solidario, inspirado en los valores evangélicos de la esperanza y de la bienaventuranza, a la que todos estamos llamados”. Los santos –únicos que se han tomado en serio su reinado- han sido grandes sembradores de comprensión, justicia, amor y la paz siempre y en todas partes. ¡Pobre tierra esta nuestra sin su acción y la de los demás seguidores de Jesús!. A pesar de sus debilidades y pecados.

“Jesucristo es Rey que hace reyes a sus seguidores coronándolos en el cielo” (San Buenaventura)

La historia de los mártires de Cristo Rey se ha reproducido siempre que el amor de Dios se apodera de un alma

¿Por qué, entonces, tantos se oponen al reino de Jesucristo? Porque es evidente que son muchos los políticos, escritores, artistas, creadores de opinión, detentadores del dinero y del poder, gente de a pie, que gritan –con el más cruel y eficaz de los lenguajes: el de las obras- “¡No queremos que Él reine sobre nosotros!”. Ese es el grito que se esconde tras tantos diseños de la familia, de la educación, de la moda, de la cultura, de la sociedad actual (cf. San JOSEMARIA ESCRIVÁ, Es Cristo que pasa, n. 179). Cierto que es un grito que no pocas veces es un eco del “no saben lo que hacen”. Pero no por eso menos real y doloroso.

Nosotros hemos de empeñarnos en lo contrario. Dejarle reinar en nuestra inteligencia, en nuestra voluntad, corazón, cuerpo, familia. Y hacer que reine en nuestros familiares, amigos, compañeros de trabajo y gente que se cruce en nuestro caminar. (José Antonio Abad, Comentarios Litúrgicos, Rev. Palabra)

Cristo
Viene de la traducción griega del término hebreo “Mesías” que quiere decir “ungido”. No pasa a ser nombre propio de Jesús sino porque Él cumple perfectamente la misión divina que esa palabra significa. En efecto, en Israel eran ungidos en el nombre de Dios los que le eran consagrados para una misión que habían recibido de Él. Jesús cumplió la esperanza mesiánica de Israel en su triple función de sacerdote, profeta y rey. (C.I.C 436)

Como Hijo de Dios, le correspondía por naturaleza un absoluto dominio sobre todas las cosas salidas de sus manos creadoras. “Todas han sido creadas por y en Él. En el cielo y en la tierra, todas las cosas subsisten por Él, las visibles y las invisibles”. Pero además es Rey nuestro por derecho de conquista. Él nos rescató del pecado, de la muerte eterna.

Cristo reina ya mediante la Iglesia

“Cristo murió y volvió a la vida para eso, para ser Señor de muertos y vivos” (Rm 14,9). La Ascensión de Cristo al Cielo significa su participación, en su humanidad, en el poder y en la autoridad de Dios mismo. Jesucristo es Señor: posee todo poder en los cielos, y en la tierra. Él está “por encima de todo principado, Potestad, Virtud, Dominación” porque el Padre “bajo sus pies sometió todas las cosas”. (Ef 1, 20-22). Cristo es el Señor del cosmos (cf Ef 4, 10; 1 Co 15, 24.27-28) y de la historia. En él, la historia de la humanidad e incluso toda la Creación encuentran su recapitulación (Ef 1,10), su cumplimiento trascendente. (C.I.C 668)

Como Señor, Cristo es también la cabeza de la Iglesia que es su Cuerpo (cf Ef 1, 22). Elevado al cielo y glorificado, habiendo cumplido así su misión, permanece en la tierra en su Iglesia. La Redención es la fuente de la autoridad que Cristo, en virtud del Espíritu Santo, ejerce sobre la Iglesia (cf Ef 4, 11-13). C.I.C 669

Cristo es Señor de la vida eterna. El pleno derecho de juzgar definitivamente las obras y los corazones de los hombres pertenece a Cristo como Redentor del mundo. “Adquirió” este derecho por la Cruz.

Profundicemos llenos de agradecimiento, como aquellos colosenses a quienes Pablo dirige su carta, en el misterio de amor que es para nosotros Cristo Rey redimiéndonos: “Demos gracias a Dios Padre, que nos libró del poder de las tinieblas y nos hizo dignos de la herencia de los santos en la luz, introduciéndonos en el Reino del Hijo de su amor, en el cual tenemos redención por su sangre, perdón de los pecados”. (Col. 1. 12)

Él se ofreció en la cruz, como hostia inmaculada pacífica para que todos los hombres se sujetasen a su dominio. Y así poder entregar al Padre ese Reino eterno y universal formado con las almas que con Él y en Él se salvan siempre. Reino de verdad y de vida, Reino de Santidad y gracia, Reino de justicia, amor y paz.

martes, 15 de noviembre de 2016

CARDENAL VICTOR STEPINAC

STEPINAC fue el quinto de ocho hijos en una familia de campesinos, en 1909 se trasladó a Zagreb, donde completó su formación escolar. En 1916 fue reclutado en el ejército austro-húngaro y posteriormente, enviado a servir en el frente italiano durante la Primera Guerra Mundial. En julio de 1918 fue capturado por los italianos, que lo mantuvieron como prisionero de guerra durante cinco meses. Tras su liberación se integró en las fuerzas yugoslavas, regresando a su casa en la primavera de 1919. En 1924, viajó a Roma para estudiar para el sacerdocio en el Colegio Germánico. Fue ordenado sacerdote el 26 de octubre de 1930. El 1 de noviembre, dijo su primera misa en la Basílica de Santa María la Mayor. En 1934 fue nombrado Obispo coadjutor de la sede de Zagreb, siendo uno de los firmantes del memorando de Zagreb, exigiendo al rey Alejandro I de Yugoslavia, que había establecido una dictadura real, la liberación de VLADKO MAČEK y otros políticos croatas, así como una amnistía general.

El 7 de diciembre de 1937 fallece el arzobispo ANTÓN BAUER, y aunque aún tenía menos de 40 años, STEPINAC le sucedió como arzobispo de Zagreb. Durante la Segunda Guerra Mundial en el Estado Independiente de Croacia, un estado títere formado por las Potencias del Eje en parte del territorio de Yugoslavia después de la invasión de abril de 1941. Un movimiento fascista de extremistas croatas, la USTAŠA, regía el estado. En los primeros días de este régimen, STEPINAC, al igual que otros líderes influyentes de Croacia apoyaron el nuevo Estado y acogieron con satisfacción la desaparición del Reino de Yugoslavia. STEPINAC colaboró también en la conversión de serbios ortodoxos al catolicismo, lo que en muchos casos significaba que conservaran la vida. Es en esta época cuando surgen las mayores controversias sobre la actitud de STEPINAC: muchos lo consideran un colaborador directo del régimen genocida de PAVELIĆ, mientras que otros sostienen que salvó de la muerte a miles de judíos a los que dio protección y ayudó a escapar. Tras la caída del fascismo, STEPINAC fue detenido por el ejército yugoslavo el 17 de mayo de 1945, pero fue liberado tras la intervención de Tito el 2 de junio siguiente. No obstante, su oposición al comunismo le llevó a enfrentarse en reiteradas oportunidades al régimen, por motivos como la expropiación de los bienes de la iglesia o el (según STEPINAC) "asesinato masivo de religiosos desde que los comunistas tomaron el poder".

Fue arrestado el 18 de septiembre de 1946, le acusaron de colaboración con las fuerzas de ocupación, relaciones con el régimen genocida USTASHI, como agitador religioso, conversiones forzosas de serbios ortodoxos al catolicismo a punta de pistola y alta traición contra el gobierno yugoslavo. Su juicio, junto con otros colaboradores y funcionarios del gobierno de PAVELIĆ, que había huido a Argentina, se inició el 30 de septiembre. Durante ese proceso, defendió su actuación durante la guerra, dijo que las conversiones religiosas se realizaron de forma voluntaria y que nunca fue un USTAŠA. La fiscalía desmontó todas sus alegaciones, y el 11 de octubre de 1946 fue declarado culpable de alta traición y crímenes de guerra, y condenado a 16 años de cárcel. Después de cinco años de prisión, donde recibió tratamiento preferente en reconocimiento de su condición clerical, fue puesto en libertad en un gesto de conciliación por parte de Tito, con la condición de que, o bien se retiraba a Roma o se limitaría a desempeñarse en su parroquia natal. Se negó a salir de Yugoslavia, y optó por vivir en Krašić, adonde fue trasladado el 5 de diciembre de 1951. El 29 de noviembre de 1952 fue nombrado cardenal por el Papa Pío XII, en respuesta a lo cual Yugoslavia rompió relaciones diplomáticas con el Vaticano el 17 de diciembre siguiente. En 1953 le fue diagnosticada policitemia, un trastorno sanguíneo, y falleció en 1960, víctima de una trombosis, siendo enterrado en Zagreb. El 9 de octubre de 1981 el Vaticano inició su proceso de beatificación, y el 11 de noviembre de 1997 fue declarado mártir por el Papa Juan Pablo II, quien también lo beatificó en MARIJA BISTRICA el 3 de octubre de 1998. La Iglesia ortodoxa serbia y el CENTRO SIMÓN WIESENTHAL protestaron formalmente e intentaron impedir, sin éxito, la decisión de la Santa Sede.

En su visita a Croacia en 2011, el papa Benedicto XVI afirmó sobre STEPINAC:

Precisamente por su firme conciencia cristiana, supo resistir a todo totalitarismo, haciéndose defensor de los judíos, los ortodoxos y todos los perseguidos en el tiempo de la dictadura nazi y fascista, y después, en el período del comunismo, «abogado» de sus fieles, especialmente de tantos sacerdotes perseguidos y asesinados.

Fuente:

MARÍA-BISTRICA

Pocos países católicos poseen una historia de luchas y fidelidad a la Iglesia, como Croacia. Situada en el este de Europa, veía como los pueblos vecinos a ella apostataban y se apartaban de la fe. El pueblo croata, sin embargo permaneció fiel. Los serbios, sus más cercanos vecinos, adhirieron en primer lugar al cisma de los griegos. Ese cisma devoró a varias naciones, pero al llegar a Croacia se estancó. Luego fue la herejía de los BOGOMILOS en el siglo XIII que contaminó diversas regiones de Europa oriental, pero que en la frontera croata fue detenida. Surgió después un peligro mucho mayor, el ISLAMISMO DE LOS TURCOS, que llegaron con una fuerza avasalladora, ante el cual los pueblos vecino de Croacia se rindieron. Los croatas, muy inferiores en número, sin embargo superiores en cuanto a su fe, decidieron resistir. Apelaron a María, pidieron su auxilio maternal y... resistieron contra toda esperanza por mucho tiempo. Su territorio era invadido, pero después los invasores eran expulsados. Tal resistencia evitó que los turcos entrasen en Italia, Austria y Alemania. Croacia fue un dique que defendió toda Europa. Por eso el Papa León X le concedió en el siglo XVI el título de “ANTEMURALE CHRISTIANITATIS”, o sea, BALUARTE DE LA CRISTIANDAD.

No culminaron ahí los inestimables servicios que los católicos croatas prestaron a la Iglesia y a la Civilización Cristiana. En el siglo XX los croatas supieron permanecer fieles a su fe, cuando el comunismo subyugó toda Europa Oriental, sufriendo varios croatas el martirio o terribles persecuciones, como el heroico CARDENAL STEPINAC. Y en la reciente guerra que estalló en el territorio de la ex Yugoslavia, los croatas demostraron una vez más sus cualidades guerreras en la defensa de sus santuarios, varios de ellos ferozmente bombardeados por las fuerzas del régimen comunista de Belgrado. Fue en el medio de uno de esos combates en defensa de la fe que comenzó la historia del Santuario considerado hoy un símbolo de la nación croata. Cuando en 1545 los musulmanes se aproximaron a una capilla en la colina del vino, el pueblo de la región se refugió en la cercana ciudad de BYSTRICA, llevando consigo una pequeña imagen que representa a Nuestra Señora vestida como dama noble de la región, con el Niño Jesús en brazos. El párroco de la ciudad, temiendo la invasión de los turcos, tomó la imagen y la escondió en un agujero efectuado en el muro de la iglesia.

Los turcos dominaron la ciudad, el párroco huyó y murió sin haber revelado a nadie donde había escondido la imagen. La lucha continuó algunos años, y los católicos reconquistaron la ciudad. En 1588, el nuevo párroco de la iglesia se sorprendió al ver que una luz salía de adentro del muro. Con ayuda de los parroquianos, el sacerdote perforó la pared encontrando la imagen de Nuestra Señora. La noticia del milagroso hecho se difundió rápidamente por la región, comenzando las peregrinaciones hacia BYSTRICA. Pero, en el correr de aquellas incesantes guerras, los musulmanes invadieron una vez más la ciudad. Nuevamente, en 1640 el párroco escondió la imagen atrás de la pared del altar mayor de la iglesia. La devoción a la imagen disminuyó en medio de la confusión de la guerra. Años después ya nadie se recordaba más a la Virgen. Esta vez, la victoria de los turcos parecía que se llevaba a cabo. En 1683, ellos ya estaban a las puertas de Viena. Todo indicaba que el BALUARTE DE LA CRISTIANDAD sería destruido. Sin embargo, los turcos fueron aplastados en Viena por las tropas del Rey de Polonia JAN SOBIESKI; los turcos se retiraron y Croacia se mantuvo firme como frontera entre los católicos y los infieles.

En un domingo de septiembre, luego del sermón del párroco, los católicos presentes en la Misa subían hasta el púlpito de la iglesia para rezar a fin de obtener ciertas gracias. Entre esas personas, apareció una señora vestida de azul, teniendo en sus manos una vela. Ella pidió: “Rezad con todo el pueblo para que yo pueda volver a ver”. El pedido no dejaba de ser extraño, una vez que dicha señora había subido y bajado del púlpito sin ayuda. Luego de la Misa, el párroco fue a visitar a otro sacerdote, y se encontró a mitad de camino con la señora que había hecho tal pedido. Deseó preguntar el motivo, pero la señora desapareció repentinamente. El párroco concluyó que se trataba de la Virgen Santísima. Solicitó ayuda al obispo el cual recordaba que, cuando era niño, peregrinó descalzo hasta la imagen milagrosa de BYSTRICA. El párroco no tenía idea que imagen podía ser esa, pero, estimulado por el Prelado, y luego de minuciosa búsqueda, acabó por derrumbar la pared del altar mayor, descubriendo así la imagen, que de esta manera volvió a ver a su pueblo. La historia de esa imagen constituye un símbolo para los croatas devotos en nuestros días. María puede estar escondida de nuestra visión, debido a las persecuciones. ¡Pero si confiamos y resistimos, Ella misma operará los prodigios necesarios para reaparecer a nuestros ojos! Y si por cualquier razón cometemos la desgracia de olvidarnos de Ella, María jamás se olvidará de nosotros, y deseará vernos nuevamente.

Fuente:

PETER FECHTER, PRIMER MÁRTIR DEL MURO DE BERLÍN

Corría el año 1962 cuando el recién estrenado MURO DE BERLÍN cobraría su primera víctima y probablemente la más notoria. PETER FECHTER, fue un obrero de la construcción alemán, que a la edad de 18 años se convirtió en probablemente la más notoria víctima del MURO DE BERLÍN. Aproximadamente un año después de la construcción del muro, FECHTER intentó escapar de la REPÚBLICA DEMOCRÁTICA ALEMANA junto con su amigo HELMUT KULBEIK. El plan consistía en esconderse en un taller de carpintería cerca del muro, para observar el movimiento de los guardias desde allí y poder saltar desde una ventana en el momento adecuado hasta el llamado corredor de la muerte (una franja de tierra entre el muro principal y un muro paralelo que recientemente se había empezado a construir) y correr por el mismo hasta una pared cercana a CHECKPOINT CHARLIE, en el distrito de KREUZBERG en BERLÍN OCCIDENTAL.

Sin embargo, cuando intentó escalar el muro, los guardias de la DEUTSCHE GRENZPOLIZEI dispararon. Aunque KULBEIK logró atravesar el muro, FECHTER fue alcanzado en la pelvis, a la vista de cientos de testigos. Él cayó de nuevo hacia el corredor de la muerte del lado este, donde quedó a la vista de la gente situado en el lado occidental, entre la cual se incluían periodistas. A pesar de sus gritos, no recibió ayuda médica de ninguna parte y se desangró hasta morir aproximadamente una hora más tarde. Se formó una manifestación espontánea del lado oeste que gritaba asesinos a los guardias de frontera.

En los días siguientes, el Canciller KONRAD ADENAUER escribía a NIKITA JRUSHCHOV protestando porque en "una gran ciudad del mundo civilizado" se negara los primeros auxilios a un joven. Se colocó una cruz en el lado occidental cerca del punto donde cayó y murió FECHTER. Después de la reunificación alemana, en 1990, se construyó el Monumento a PETER FECHTER, en el lugar donde cayó del lado este, y se ha convertido en punto focal de algunas de las conmemoraciones referentes al muro. La calle donde fue tiroteado toma su nombre a partir de agosto de 2012.

LIBRE es una canción del álbum MI TIERRA del cantante NINO BRAVO. Fue compuesta en 1972 por JOSÉ LUIS ARMENTEROS Y PABLO HERRERO. A menudo se difunde la teoría de que está inspirada en la historia de PETER FECHTER en el MURO DE BERLÍN, pero, a pesar de que no hay constancia de que NINO BRAVO o sus compositores tuviesen intenciones políticas al grabarla, el evidente paralelismo entre la letra de la canción y la historia de FECHTER hace pensar que efectivamente esa historia es la que inspiró la canción.

LA CAÍDA DEL MURO DE BERLÍN


La construcción del Muro de Berlín y, especialmente su caída, han formado parte de los momentos más importantes de la historia del siglo XX. Este muro dividió Berlín en dos partes durante 28 años, separando a familias y amigos. Al finalizar la II Guerra Mundial, tras la división de Alemania, Berlín también quedó dividida en cuatro sectores de ocupación: soviético, estadounidense, francés e inglés. Las malas relaciones entre los comunistas y los aliados fueron creciendo hasta llegar al punto en que surgieron DOS MONEDAS, DOS IDEALES POLÍTICOS y, finalmente, DOS ALEMANIAS. En 1949, los tres sectores occidentales (estadounidense, francés y británico) pasaron a llamarse REPÚBLICA FEDERAL ALEMANA y el sector oriental (soviético) se convirtió en la REPÚBLICA DEMOCRÁTICA ALEMANA. Berlín quedó dividida y se crearon 81 puntos de paso entre las dos zonas de la ciudad.

La maltrecha economía soviética y la floreciente Berlín occidental hicieron que hasta el año 1961 casi 3 millones de personas dejaran atrás la Alemania Oriental para adentrarse en el capitalismo. La REPÚBLICA DEMOCRÁTICA ALEMANA comenzó a darse cuenta de la pérdida de población que sufría (especialmente de altos perfiles) y, la noche del 12 de agosto de 1961, decidió levantar un muro provisional y cerrar 69 puntos de control, dejando abiertos sólo 12. A la mañana siguiente, se había colocado una alambrada provisional de 155 kilómetros que separaba las dos partes de Berlín. Los medios de transporte se vieron interrumpidos y ninguno podía cruzar de una parte a otra.

Durante los días siguientes, comenzó la construcción de un muro de ladrillo y las personas cuyas casas estaban en la línea de construcción fueron desalojadas. Con el paso de los años, hubo muchos intentos de escape, algunos con éxito, de forma que el muro fue ampliándose hasta límites insospechados para aumentar su seguridad. EL MURO DE BERLÍN acabó por convertirse en una pared de hormigón de entre 3,5 y 4 metros de altura, con un interior formado por cables de acero para aumentar su resistencia. En la parte superior colocaron una superficie semiesférica para que nadie pudiera agarrarse a ella.

Acompañando al muro, se creó la llamada "FRANJA DE LA MUERTE", formada por un foso, una alambrada, una carretera por la que circulaban constantemente vehículos militares, sistemas de alarma, armas automáticas, torres de vigilancia y patrullas acompañadas por perros las 24 horas del día. Tratar de escapar era similar a jugar a la ruleta rusa con el depósito cargado de balas. Aun así, fueron muchos los que lo intentaron. Entre 1961 y 1989 más de 5.000 personas trataron de cruzar el muro y más de 3.000 fueron detenidas. Alrededor de 100 personas murieron en el intento, la última de ellas el 5 de febrero de 1989.

La caída del muro vino motivada por la apertura de fronteras entre Austria y Hungría en mayo de 1989, ya que cada vez más alemanes viajaban a Hungría para pedir asilo en las distintas embajadas de la República Federal Alemana. Este hecho, motivó enormes manifestaciones en ALEXANDERPLATZ que llevaron a que, el 9 de noviembre de 1989 el gobierno de la REPÚBLICA DEMOCRÁTICA ALEMANA afirmara que el paso hacia el oeste estaba permitido. Ese mismo día, miles de personas se agolparon en los puntos de control para poder cruzar al otro lado y nadie pudo detenerlos, de forma que se produjo un éxodo masivo. Al día siguiente, se abrieron las primeras brechas en el muro y comenzó la cuenta atrás para el final de sus días.

Los grandes protagonistas de esa fundamental parte de la historia de Europa fueron, entre otros, el entonces presidente de la antigua URSS, Mijail Gorbachov; el ex presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan; el joven electricista de los astilleros Lenin de Gdansk, el polaco Lech Walesa; el disidente y ex prisionero político checo Vaclal Havel; el ex canciller de Alemania, Helmut Kohl; y el Papa Juan Pablo II. El 9 de noviembre de 1989 un grupo de jóvenes y otros no tan jóvenes ocupaban las portadas de los principales medios de comunicación de todo el mundo al ser los primeros en empezar a derribar el MURO DE BERLÍN, el “DE LA VERGÜENZA”. Era el fin de una época y el comienzo de una nueva, la de la reunificación, que se escenificaba en la ciudad de Berlín unas semanas después.