martes, 23 de febrero de 2021

¿FUE TENTADO JESÚS POR EL DIABLO? Primera Parte

A mucha gente le cuesta aceptar que Jesús haya sido tentado por el diablo. Y en el fondo es porque consideran a la tentación como algo deshonroso para la persona, como una debilidad, una deficiencia. Sin embargo no es así. La tentación no es ni buena ni mala. Es simplemente inevitable. La Biblia sostiene que Jesús era verdadero hombre, semejante en todo a los demás hombres (Heb 2, 17). Que "padeció y tuvo tentaciones" (Heb 2, 18). Y que él "puede entender nuestra debilidad pues tuvo las mismas tentaciones que nosotros, sólo que jamás pecó" (Heb 4, 15). Pero las tentaciones que le sucedieron a Jesús según el Evangelio resultan rarísimas. ¿Cómo puede decirse que son las mismas que las de nosotros? En primer lugar, extrañamente el diablo aparece de un modo frontal, sin camuflajes ni caretas, lo cual contradice la forma habitual en que suele representárselo. Y así, a rostro descubierto lo invita a pecar. En segundo lugar, se le aparece una sola vez en toda su vida, al final de un ayuno de 40 días en el desierto; lo desafía, y al ser derrotado se va y no vuelve nunca más durante su ministerio. ¡Qué diferente de nosotros que sufrimos el aguijón de las tentaciones todos los días! Por si fueran poco insólitas estas tentaciones, aparece Jesús cambiando extravagantemente de escenario. La primera tentación, por ejemplo, ocurre en el desierto. Pero para la segunda, el diablo aparece trasladándolo personalmente al Templo de Jerusalem (Mt 4, 5).

¿Cómo lo transportó? ¿Alzándolo? ¿Volando? Esto exigiría aceptar que el diablo realizó un portento impresionante. ¿De dónde sacó poder para obrar milagros, cuando la tradición bíblica sostiene que sólo Yahvé puede hacerlos? (Sal 72, 18; 86, 10; 136, 4). En la tercera tentación se lo presenta al diablo llevándolo esta vez a un monte alto, donde le muestra todos los reinos y países del mundo (Mt 4, 8). ¿Existe en la tierra esta extraordinaria montaña, desde donde se pueda contemplar semejante espectáculo? ¿Y cómo pudo Jesús permanecer cuarenta días en el desierto sin comer y sobre todo sin beber? La deshidratación no perdona a nadie. A menos que Jesús haya hecho un milagro para no sufrirla, pero entonces ¿qué sentido tenía su ayuno? Hubiera sido una mera burla. Finalmente, ¿cómo se enteraron los discípulos de este duelo en el desierto? ¿Andaba Jesús contando estas intimidades personales? Todo esto invita a suponer que, si bien Jesús tuvo tentaciones durante su vida, la forma como están aquí contadas no es histórica. Se trata más bien de una creación literaria de los evangelistas con el fin de dejar una enseñanza religiosa, una idea válida para la vida de los creyentes, que tropiezan con sus tentaciones en el desierto de la vida. En primer lugar, Jesús tuvo tentaciones no un solo día sino todos los días de su vida. Él mismo les dijo una vez a sus apóstoles: "Ustedes me han acompañado a lo largo de todas mis tentaciones, por eso les daré un Reino como mi Padre me dio a mí" (Lc 22, 28-29).

¿En qué tentaciones lo acompañaron sus apóstoles? No ciertamente en las del desierto, donde aparece solo, sino a lo largo de su vida pública. En efecto, por los Evangelios sabemos que quisieron tentar a Jesús muchas veces. Como cuando "se le acercaron los fariseos y saduceos para tentarlo y le pidieron una señal en el cielo" (Mt 16, 1). O la vez que le preguntaron "para tentarlo: ¿puede uno por cualquier motivo divorciarse de su mujer?" (Mt 19, 3). O cuando él contestó a los que le interrogaban si había que pagar o no los impuestos: "¡Hipócritas! ¿Por qué me tientan?" (Mt 22, 18). O el día en que le trajeron una mujer sorprendida en adulterio "para tentarlo" (Jn 8, 6). La vida de Jesús, como se ve, estuvo atiborrada de tentaciones, pero los autores bíblicos quisieron resumirlas sólo en 3, porque éste es un número simbólico que aparece muchas veces en la Biblia con el sentido de "totalidad". Tal simbolismo quizá le venga por el hecho de que 3 son las dimensiones del tiempo: pasado, presente y futuro. Por lo tanto decir 3 es de algún modo decir "siempre" o "todo". Por ejemplo, los 3 hijos de Noé (Gn 6, 10) representan a la totalidad de sus descendientes. Y las 3 veces que Pedro negó a Jesús (Mt 26, 34) simbolizan la totalidad de las veces que le fue infiel. Las 3 tentaciones del Señor reflejan, entonces, todas las veces que él estuvo expuesto a ellas durante su vida.

¿Por qué eligieron los evangelistas esas 3 tentaciones? ¡Ahí está la clave y el secreto de todo el relato! Las eligieron para trazar un paralelo con lo sucedido con el pueblo de Israel luego de la salida de Egipto. Según el Antiguo Testamento, después de atravesar prodigiosamente el Mar Rojo (Éx 14, 15-31), los israelitas entraron en el desierto (Éx 15, 22), conducidos por el Espíritu de Yahvé (Is 63, 13-14). Allí permanecieron 40 años (Núm 31, 13) y sufrieron principalmente 3 tentaciones. Teniendo en cuenta estos detalles, los autores bíblicos presentan a Jesús como el nuevo pueblo de Israel, que vino a reemplazar al antiguo. Por eso todos los detalles vuelven a repetirse: Jesús después de atravesar con prodigios las aguas del Jordán al bautizarse (Mt 3, 13-17), entra en el desierto 40 días (4, 1), conducido por el Espíritu de Yahvé, donde tuvo 3 tentaciones (Mt 4, 1-11; Lc 4, 1-13). ¿Y por qué Jesús viene a reemplazar al antiguo Israel? Porque éste había fracasado. Cada vez que había tenido tentaciones en el desierto, había salido derrotado. En cambio Jesús sale victorioso de esas mismas tentaciones. Por eso ahora él forma el nuevo pueblo, la nueva raza de hombres, y puede realizar el programa liberador encomendado por Dios al antiguo Israel, el cual no había podido llevarlo a la práctica por su infidelidad. Así, según los evangelistas, la primera tentación de Jesús tiene por escenario el desierto. Allí los escritores lo imaginan que, tras 40 días sin comer, siente hambre y el tentador lo incita a dejar su plan de ayuno y convertir las piedras en pan.

Ahora bien, el pueblo de Israel tuvo la misma experiencia. Después de salir de la esclavitud de Egipto y entrar a la libertad del desierto, por 40 años experimentó un hambre parecida. Ante la escasez de alimento, el pueblo sí cayó en la tentación. Se reveló contra Moisés, anheló poderes especiales para hacer aparecer alimento, y hasta llegó a añorar tener poder para volver a la esclavitud de Egipto, en donde comía bien. (Éx 16). Muchos años después, Moisés le echaría en cara esta debilidad, diciéndole que deberían haber pensado que no sólo de pan vive el hombre, sino también de todo lo que sale de la boca de Yahvé (Deut 8, 3). Pero cuando le sobrevino esa misma tentación a Jesús, se negó a usar sus poderes especiales en beneficio de sí mismo, y recordando aquellas palabras de Moisés se las presentó al diablo y lo derrotó.

Extractado de la Revista Vida Pastoral
Editorial San Pablo - Argentina
Biblista y Teólogo
Ariel Álvarez Valdés

MARÍA EN EL TIEMPO DE CUARESMA

La liturgia nos presenta en este tiempo a la Virgen como modelo de creyente que medita y escucha la Palabra de Dios. Observamos a María, obediente a la voluntad del Padre, ella camina también hacia la cruz. Ha sido vista así por la tradición cristiana muy cerca a la cruz. Es verdad que existe un ropaje que nos dificulta ver a María como creyente obediente al Padre, creyente que hace también un camino de fe y de subida a Jerusalén.

La presencia de las procesiones cuaresmales, la presencia de María en esas procesiones, con tanta fuerza, responde a una teología válida: María sentida y celebrada como creyente fiel, como compañera privilegiada del Hijo que se entrega.

En el camino cuaresmal, la figura de María aparece con sobriedad, con discreción, con sigilo, casi de puntillas. El centro de la cuaresma es la profesión bautismal y los compromisos que ella supone. En definitiva, el centro cuaresmal es la preparación a la pascua. En el camino, como una más, pero como creyente significativa, está María. No es un adorno cuaresmal. Es un modelo. Ella ha recorrido también ese camino. Como lo recorrió su Hijo, como lo tiene que recorrer cualquiera que sea seguidor de Cristo.

La nota característica de la cuaresma es el discipulado. Quien sigue a Jesús es el que escucha su palabra y la pone en práctica. En este sentido María se presenta como la discípula del Señor. Ella tuvo que pasar de ser madre biológica a ser madre creyente y fiel. La devoción a María no es un puro grito del alma o del sentimiento del creyente. Es la admiración de la obra de Dios en María, la llena de gracia.

Juan nos presenta a María como compañera junto a la cruz del Señor. Ausente, silenciosa y silenciada durante el ministerio público de Jesús, aparece en el momento cumbre de la cruz. Cumple así lo que el Hijo había anunciado: “el que quiera ser mi discípulo de verdad, que cargue con su cruz y me siga; y donde yo esté, estará él”.

Celebrando a María, celebramos el misterio de la salvación. Por ello la Cuaresma es también tiempo oportuno para crecer en nuestro amor filial a Aquella que al pie de la Cruz nos entregó a su Hijo, y se entregó Ella misma con Él, por nuestra salvación. Este amor filial lo podemos expresar durante la Cuaresma impulsando ciertas devociones marianas propias de este tiempo: “Los siete dolores de Santa María Virgen”; la devoción a “Nuestra Señora, la Virgen de los Dolores” (cuya memoria litúrgica se puede celebrar el viernes de la Vº semana de Cuaresma; y el rezo del Santo Rosario, especialmente los misterios de dolor.

EL PADRE PEDRO, EL SUBLEVADO DE MADAGASCAR


Pedro Opeka vive desde hace 43 años en la gran isla de África sobre los pasos de San Vicente de Paul. A la cabeza de una verdadera ciudad, donde viven 20.000 desheredados que encuentran una vida digna gracias su asociación Akamasoa, el religioso lazarista llama, entre la esperanza y el enojo, a rechazar la «globalización de la indiferencia». «Don sobrenatural extraordinario otorgado a un creyente o a un grupo de creyentes para el bien común de la comunidad», explica el diccionario Tesoro de la Lengua Francesa en la entrada de carisma. Es este carisma llevado por la religión y dirigido al prójimo que impacta cuando nos cruzamos en la ruta del Padre Pedro. A los 69 años, este sacerdote lazarista, nacido en Argentina de padres eslovenos, finaliza una gira europea para promover Akamasoa, «los buenos amigos» en malgache, la asociación que fundó en 1989 para la lucha contra la pobreza en Madagascar. Con su aire a la vez de patriarca y de aventurero, con su imponente barba blanca y su mirada azul acero, resulta imposible no reconocerlo cuando entra en una habitación.

Su rostro delgado, cuyas arrugas se encuentran marcadas por más de cuarenta años de vida en la extensa isla de África, transmite una alegría desbordante pero desprovista de toda indulgencia. Porque Pedro Opeka es un hombre enojado. Un enojo que se siente volcánico, solamente contenido por una esperanza que se la percibe aún más grande. «Sublevación rima con resurrección», lanza el Padre Pedro en alusión a la obra que acaba de publicar junto a Pierre Lunel, Sublévense (Insurgez-vous! Ediciones Le Rocher) a la manera del exitoso manifiesto de Stéphane Hessel. «Frente a la miseria, a la pobreza extrema, este deber de sublevación concierne a todos, no solamente a los que detentan el poder, continúa el religioso lazarista, todos debemos sublevarnos con las armas del corazón. No hace falta esperar a ser perfectos para iniciar alguna cosa de bien.»

Es el 20 de mayo de 1989. Pedro Opeka ya es misionero en Madagascar desde hace 14 años, oficia en la sabana en Vangaindrano en una de las aldeas más pobres de la isla. «Caí enfermo, no me podía mantener en pie frente a tanta miseria y sufrimiento. Me dije a mí mismo que me iría de Madagascar. Pero en ese momento mi comunidad me propuso una nueva misión en la capital, Antananarivo», recuerda el Padre Pedro. «Lo que ví en el basurero me hizo caer en el horror.» Desde 1985, el gobierno centraliza todos los desechos en un inmenso vertedero a cielo abierto a la salida de la ciudad, donde los pobres, en medio de los animales, vienen a rescatar el mínimo pedazo de tela, pilas usadas o chatarra, cualquier objeto que pueda ser revendido en la calle.

Los niños con los pies descalzos recorren a trancos estos desechos. «Recuerdo el shock. No era posible que los niños pudieran vivir una vida tan inhumana. Fueron ellos lo que me sublevaron. Esa noche no podía dormir, me puse de rodillas sobre mi cama y le pedí ayuda a Dios». Al día siguiente el Padre Pedro volvía al basurero, organizaba una merienda con los niños y luego formaba una escuela bajo un árbol En diciembre de ese mismo año lanzaba la asociación Akamasoa, «los buenos amigos» en malgache. «Hoy, cuando miro a esa ciudad desde la distancia, me pregunto ¿quién puede haber hecho eso? No logro creerlo», dispara el religioso. Después de casi treinta años de existencia Akamasoa ya no es una simple asociación de lucha contra la pobreza. Los «buenos amigos» conforman ahora una verdadera ciudad, o mejor dicho un conjunto de 18 ciudades que congregan más de 20.000 pobres de Madagascar, con casas de ladrillos pero también con estadios, escuelas y dispensarios. «De esta montaña de desechos hemos hecho un oasis de esperanza», dice el padre Pedro, que recuerda las primeras casas construidas. «¡Todo comenzó con un ladrillo!», dice aquel cuyo padre, inmigrante esloveno, se convirtió en albañil en Argentina.

Como en el Evangelio de Mateo, «la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular». «He aquí que un lugar de sufrimiento y de exclusión se transformó en un lugar de reunión. Estoy sorprendido de ver cómo Dios sabe dar  vuelta las cosas», dice el lazarista. El tema de la piedra es desde el principio un símbolo. «Al principio, para construir las casas comenzamos a trabajar en la montaña de al lado. Los dos huecos que cavamos y que se parecen a cráteres de un meteorito se pueden ver en Google Earth», explica orgulloso mientras precisa con alegría  «En este lugar que llamamos la catedral rezamos de vez en cuando». «Sacamos de esta montaña miles de metros cúbicos de granito. Las mujeres lo llevaban apoyado en sus cabezas. Ellas ganan apenas un poco más de un euro por día. Nunca instalamos una máquina, todo fue hecho a mano. Si no, ¿qué haría esta gente? No tendrían más trabajo», cuenta el Padre Pedro. Y explica: « Es un combate sin fin, como la piedra del castigo de Sísifo, pero tenemos fuerza». Allí, una vez más, el tema de la piedra vuelve como un hilo conductor.

Después de la vivienda, el trabajo y la educación  son las dos piedras angulares, ya que en Akamasoa, «no prestamos asistencia, ayudamos». Los adultos  trabajan, los niños van a la escuela. ¿La filosofía? «Un techo, un trabajo, una educación para encontrar la dignidad». «Cien veces se debe poner el trabajo sobre el yunque», como escribió el poeta Nicolás Boileau. Todo se debe continuar todos los días, pero la energía desplegada no cae en un pozo sin fondo. El trabajo no se frena nunca, pero el domingo también se lo dedica a la oración. «Esta misa es un milagro», suelta el padre Pedro quien, emocionado, ve cada semana a las seis de la mañana que varios miles de personas -hasta 10.000, de los cuales una inmensa mayoría son jóvenes- se congregan en un hangar, transformado en una gigantesca catedral a cielo abierto. El júbilo es la regla. «¡Nos tomamos tres horas para celebrar la misa! Nos tomamos el tiempo para rezar, cantar, mirarse», explica exaltado.  Hasta los turistas «que no sienten pasar el tiempo», ocupan el lugar. Entre cincuenta y cien llegan cada semana.  Guide du routard y Lonely Planet citan a esta ceremonia semanal entre los eventos que no se pueden perder en la isla 

¿Se puede hablar de evangelización en este país que ya es mayoritariamente cristiano y donde la tradición animista por otra parte se encuentra aun enraizada? El religioso lazarista responde: «Cuando comencé a trabajar con ellos me dijeron “Pero padre, vos sos sacerdote, porque no bautizás a nuestros hijos?” Fui a ver al cardenal de Antananarivo, que me autorizó y me dio esta parroquia donde mis parroquianos son todos los sin techo. Al principio éramos cincuenta cada semana, hoy somos millares. » ¿De dónde proviene esta fuerza que anima el cuerpo y alma del padre Pedro? «Aun siendo originario de Eslovenia, está ciertamente mi costado argentino, esa alegría que se te pega al cuerpo», lanza, sin estar del todo convencido. En realidad, está persuadido que son los Evangelios los que lo sostienen. «Creo en un hombre que se llama Jesús, que dio su vida por sus hermanos. Eso que él dijo, eso que él hizo, a ese hombre es a quien quiero imitar, a quien quiero seguir», dice, sin tener la más mínima duda. «Se puede dudar a veces, pero no de manera sistemática. Si no, no se avanza nada», explica.

Pedro Opeka tiene a quien salir y lo reconoce de buen grado: «Vengo de una familia en la que mis dos padres eran creyentes. Un padre honesto, una madre honesta. Siempre me dijeron que cuando un pobre golpea a nuestra puerta, hay que ayudarlo. Mi padre y mi madre han sido mi ejemplo». Lo que ahora no dice es que sus padres fueron ejemplos heroicos, atrapados, sin  quererlo, en la tormenta de la historia. Después de la guerra, Luis Opeka fue arrestado y condenado a muerte por los comunistas del mariscal Tito por sus convicciones cristianas. En junio de 1945 escapó de la muerte, único sobreviniente de una matanza y huyó de Yugoslavia. En un campo de refugiados en Italia conoció a María Marolt, con quien se casó. Ambos se embarcaron en Nápoles hacia América del Sur el 31 de diciembre de 1947. Su hijo Pedro nació el 29 de junio de 1948 en San Martín en Argentina.

Con el paso del tiempo, el padre Pedro no ha perdido esa esperanza, fijada en el corazón de un hombre que puede contemplar la obra de una vida transcurrida bajo los auspicios de San Vicente de Paul, el fundador en 1625 de la Congregación de la Misión, que luego tomará el nombre de Lazaristas.  En 1648, ¡los primeros lazaristas fueron enviados a Madagascar! Tres siglos más tarde el padre Pedro, ordenado en 1975, camina en la gran isla de África del Sur por los caminos de aquel a quien el papa León XIII instituyó en 1885 como «patrono de todas las obras de caridad». Pero si la esperanza es manifiesta, el enojo no está nunca lejos. Con su manifiesto  Sublévense, el padre roza  la frontera entre lo religioso y lo político. «La gente me dice: está bien lo que hace usted Padre, siga adelante. ¡Hasta los políticos! Ataco a la hipocresía. Cultiven la verdad porque sólo la verdad los hará libres. Verdad, justicia, compartir, fraternidad, ser uno mismo, ayudar a los niños, respetar a las mujeres, nunca bajar los brazos. ¡Sublévense por amor! Nunca con las armas de fuego sino con las del corazón», se irrita antes de decir: «En el hombre están el bien y el mal. Al mal se lo recibe con mayor velocidad que al bien. El camino del egoísmo camina solo, es un tobogán. Pero el bien es una cuesta ardua y en la cima tiene una entrada  estrecha. Aquel que elige el juego sucio de del dinero está animado por el mal».

El padre Pedro pasó parte de su juventud con grupos de hippies y en las villas miseria de Buenos Aires. Su primer combate fue junto a los indios matacos y mapuches, en los confines de la Argentina. Ya entonces Pedro Opeka, que había aprendido de su padre los oficios de la construcción, trabajó junto con estudiantes católicos para concebir una casa en la que los indios se pudieran inspirar. Al pie de los Andes, el joven descubre su vocación de ayudar a los pobres. «Descubrí la verdadera felicidad, la de escuchar resonar en lo más profundo de mi interior las palabras de Jesús: Lo que hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo». En el continente de su juventud,  donde la tradición revolucionaria está profundamente enraizada, el Padre Pedro aprende a manejar conceptos que en el tablero político lo ubicarían sin dudas en la izquierda. «La globalización de las finanzas y de los bienes alimenta como nunca los egoísmos, resulta urgente movilizar a la familia humana y sublevarse en nombre de la fraternidad», lanza.  Un combate político que inscribe de buen grado en los pasos del Papa Francisco. «Hemos entrado en la globalización de la indiferencia, dice el Papa, es contra esa indiferencia que hay que alzarse, contra esa pobreza del corazón que nos vence». Y continúa: «Vayan hacia el pobre, ayuden al pobre. El Papa está en el cima de la Iglesia. Nosotros estamos más abajo, no se puede estar más abajo que en un basurero. Cuando todos escuchamos el mismo mensaje del Evangelio, estamos felices».

Un Papa con quien ya se ha cruzado en el camino. «Estuvimos en el mismo lugar durante dos años cerca de Buenos Aires, en el edificio de filosofía y teología del Colegio Máximo de San Miguel. Yo soy once años más joven que él, yo estaba en propedéutica de filosofía y él estaba terminando sus estudios y enseñaba teología. Su nombre, Jorge Mario Bergoglio, ya resonaba en los pasillos de la Facultad», recuerda. El Padre Pedro no duda en llevar su críticas a la Iglesia. «La institución debe siempre renovarse para poder hablarle a la gente. Es por eso que la Iglesia se muere. Lo digo por amor a ella y al Evangelio. Felizmente, el Papa quiere hoy limpiar esta institución, pero cambiar todas esas mentalidades no es fácil.  La Iglesia debe ser siempre joven, porque Dios no puede ser viejo», no duda en proclamar. Sin embargo, el religioso lazarista no es crédulo. »Fuera de la Iglesia nunca podría haber hecho esto. Un partido político me hubiera impedido hacer lo que hice».

El Padre Pedro lo sabe, el mundo no cambiará, la pobreza no desaparecerá. «Seguiré empujando mi roca como Sísifo, ¡pero no puedo callarme!» Nuestros largos años de actividad nos han dado el derecho, a mí como a todos mis hermanos misioneros, de alzar nuestro murmullo para decirles las cosas más simples. No tengo ninguna varita mágica, solamente he vivido entre los pobres. Juntos nos hemos sublevado contra esta fatalidad, lo que me permite decirle a mis hermanos: ¡Sí, se puede!». En el enojo del padre Pedro aflora una pizca de incomprensión: ¿por qué los hombres no sacrifican su vida para dársela a quienes más la necesitan? La cosa le parece tan evidente, este sacrificio en su caso se acompaña de una felicidad tal que su incomprensión resuena como un reproche, incluso como una condena severa hacia los países del Norte que permanecen sordos a la miseria de aquellos del Sur. «La gente habla pero no actúa, éste el drama de lo políticamente correcto», se subleva.

Paradoja de cualquier figura (demasiado) ejemplar, el Padre Pedro puede dar la impresión de vivir una lucha y una fe fuera del alcance del común de los mortales. Esta incomprensión que surge de su ejemplaridad se expresa en la dureza de su rostro. Pero cuando, de repente, el enojo de su sublevación se calma, dice evocando el recuerdo de sus padres: “La bondad, hermano mío, salvará al mundo”, no solamente la bella imagen de este desierto de esperanza que es Akamasoa y que sin él, no existiría.

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LA ORDEN NEGRA


"Siempre respetaré los derechos de la Iglesia Católica. Lo mismo sucederá con el Budismo" (Adolf Hitler, 23 de marzo de 1933) Una mentira más. En realidad, despreciaba a todas las religiones. Pero en el caso del cristianismo, necesitaba el apoyo del tercio de alemanes que profesaban esa fe, y en cuanto al Budismo, no quería empañar las relaciones con Japón, su aliado en lo que sería el Eje. Así como su poder político se basaba sobre brutales ataques callejeros a judíos y enemigos del Tercer Reich –la parte material de su política–, la "espiritual" estaba sostenida por una secta ocultista nacida a principios del siglo XX: LA ORDEN NEGRA. El cabo austríaco no fue a la primera reunión de la secta, en Ratisbona, Baviera, 1922, pero en 1928, cinco años antes de ser ungido Kanciller, ya la presidía.

¿Qué fue LA ORDEN NEGRA? Una mezcolanza incompresible de retorno a las raíces germánicas, la magia rúnica, la simbología teutona, con estética oscurantista. Todo lo opuesto a la racionalidad… Sin embargo, influyó fuerte y directamente en el nuevo y estremecedor poder que surgía en Alemania: el Partido Nacional Socialista o Partido Nazi. Con Hitler en sus filas, la mayoría de sus obsecuentes jerarcas se encolumnó en la esotérica organización, cuyo mayor símbolo era la cruz esvástica –tomada de una antigua runa– y rápidamente convertida en el símbolo mayor del nazismo, lo mismo que sus colores de su bandera: rojo y negro… Mientras el partido empezaba a dominar todo el poder político y económico como una gigantesca garra, LA ORDEN NEGRA hacía lo mismo en el campo espiritual. Si los esbirros de Hitler y sus SS apaleaban y mataban a opositores, la secta –necesitada de objetos materiales que sustentaran su demencia– robaban "objetos de poder" sin importar a qué religión despojaban… Hasta de íconos judíos.

Como pescadores de enormes redes –como caníbales–, muchos de sus soldados se lanzaron a expediciones (disfrazadas de arqueológicas) para incautar esos objetos sagrados: el Arca de la Alianza (judía), el Santo Grial (cristiano), el Anillo de los Nibelungos (germano), el tesoro de los Caballeros Templarios (orden militar cristiana)… Y ya sin límite, como quien arrasa un supermercado de cultos, lo mismo hicieron con el Corazón del Dragón (leyenda medieval), la Piedra Negra (Islam), las Lágrimas de Shiva (hinduismo), el Elefante Blanco (budismo)… De esos saqueos a rituales sangrientos apenas hubo un paso: LA NOCHE DE LOS CRISTALES ROTOS –primer ataque masivo contra los comercios judíos-, LA NOCHE DE LOS CUCHILLOS LARGOS –purga y matanza de los SS contra los SA: tropas de asalto lideradas por Ernst Roehm, 1934–, y los habituales apaleos de las hordas de la Juventud Hitleriana a la luz de las antorchas: cerebros lavados para siempre… Pero alguien advirtió, más allá de los monstruosos desfiles militares y deportivos bajo miles de banderas (el nazismo en apogeo y listo para aplastar al resto del mundo) desde aquel primer día de septiembre 1939 al arrasar Polonia, el trágico final: Rudolf Hess, secretario y amigo íntimo de Hitler. En el verano de 1940, mientras las botas alemanas taconeaban sobre las calles de París y cruzaban el Arco de Triunfo, el piloto Hess tuvo una sombría visión del futuro. No perdió tiempo. En vuelo solitario desertó, llegó a Escocia, e intentó en vano lograr la paz entre Alemania e Inglaterra. No fue posible.

El peso de las circunstancias acabó, aunque lentamente, con LA ORDEN NEGRA. Sus últimos miembros huyeron rumbo a Denia, un pequeño puerto de la costa mediterránea española, y lograron la protección del tirano Francisco Franco, deudor de Hitler: aviones nazis y sus bombas fueron decisivos la victoria contra la República en la Guerra Civil. Poco o nada se sabe del resto se supone que algunos se refugiaron en Rosario, y otros en Manaos. No es descabellado: la Argentina y Brasil, para los criminales nazis, siempre fueron "friendly". Volviendo atrás… Nazismo y ocultismo fueron casi una vía única. Heinrich Himmler, Richard Darré, el mismo Rudolf Hess, y Alfred Rosenberg, siniestro arquitecto de La Solución Final (el Holocausto), lo mismo que el führer, se rendían ante la astrología, la mitología, la mística medieval, el espiritismo, el mesmerismo-magnetismo… Durante la Julfest, fiesta pagana con que las sectas ocultistas intentaron matar al Cristianismo: los farolitos del árbol de Navidad fueron reemplazados por pequeñas cruces gamadas, Cristo por Sol Invictus, y Odín, principal dios de la mitología nórdica…, imitaba a Santa Claus.
En esas ocasiones, el führer danzaba durante el rito de adoración del fuego. Y como ominoso preludio, uno de sus acólitos llegó a predecir que "para destruir al Cristianismo, que ha envenenado el espíritu alemán, y sustituirlo por los dioses germánicos, harán falta terribles combates. De los setenta millones de alemanes, sólo quedarán siete. Pero ellos serán los amos del mundo". Otros movimientos confluían en el camino de la Orden Negra: un alcalde de Hamburgo llegó a decir: "Nos comunicamos directamente con Dios a través de Hitler". Quien, en pocos meses, envió a más de mil sacerdotes a los primeros campos de exterminio. No sorprende: una de las marchas de las juventudes hitlerianas marchaba al son de "No seguimos a Cristo sino a Hort Wessel (activista nazi). Acabemos con el incienso y el agua bendita. Lograremos que la Iglesia cuelgue en la horca. La esvástica traerá la salvación a la Tierra".

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MEFISTÓFELES EL DEMONIO QUE RECHAZA LA LUZ


La celebridad de Mefistófeles es principalmente literaria, a pesar de que su nombre es mencionado en varios grimorios y libros prohibidos de la Edad Media. Esa historia literaria de Mefistófeles comienza con la leyenda del doctor Fausto, científico y ocultista alemán cuya vida forjó los parámetros culturales del pacto satánico. Este pacto satánico fue realizado entre Fausto y Mefistófeles, quien a cambio de concederle sabiduría, fama, dinero y placeres durante veinticuatro años consecutivos, se aseguró la adquisición de su alma una vez cumplido el plazo.

Aunque el mito de la compra del almas y prebendas espirituales es notoriamente antiguo y aparece en diversas culturas, ninguno es comparable al modelo establecido por Mefistófeles y Fausto, que culminaría en tres obras cumbres de la literatura: el Fausto del dramaturgo isabelino Marlowe, el Fausto de Goethe, y finalmente el de Thomas Mann; además de contar con otros múltiples testimonios basados en su copiosa tradición oral. Mefistófeles (también llamado Mefisto) no proviene de los mitos hebreos, y mucho menos de los mitos bíblicos, sino de la copiosa y antigua mitología nórdica, aunque su nombre parece relacionarlo directamente con los mitos griegos.

Efectivamente, Mefistófeles fue un demonio prácticamente desconocido en la antigüedad clásica. Su nombre proviene del griego mephostophiles, que significa "el que rechaza la luz"; apodo extraño para un representante del aspecto luciferino del mal y, en consecuencia, un dador del conocimiento al que le agrada tentar y hacer propuestas a los lúcidos, a los artistas y a los intelectuales. Sin embargo, existen otras interpretaciones. Algunos señalan que su nombre verdadero era Mefaustofiles, es decir, "el enemigo de Fausto"; o bien Mefiz-Tofel, que en hebreo significa "destructor-mentiroso".

La personalidad de Mefistófeles es bastante ambigua. Por un lado se lo presenta como una figura trágica; un ser obsesionado con desviar a los hombres geniales del camino de la justicia. Por el otro, aparece como un representante refinado y exquisito del mal, dueño de una mente fría, calculadora, racional, con una poderosa lógica discursiva. Tal vez por eso, a lo largo de toda su historia, Mefistófeles se inclina por todos aquellos que no se conforman con la rigidez de los dogmas o las estrechas paredes de la verdad revelada.

EL GRITO DE ASENCIO


Al producirse la Revolución de Mayo en Buenos Aires, Montevideo permaneció, fiel al gobierno español. Sin embargo, entre la población, y fundamentalmente de la campaña, se comenzó a generar un movimiento de opinión favorable a la revolución (no olvidemos la conspiración de Casa Blanca en Paysandú). En enero de 1811, Francisco Javier de Elio llego a Montevideo desde España con el título de Virrey, y desde ese momento inicio los preparativos para declarar la guerra a Buenos Aires, lo que hizo el 12 de febrero. Para hacerse de recursos, tomo una serie de medidas fiscales: regularización de títulos de propiedad de tierras para el pago de la contribución, solicitud de donativos patrióticos, impuestos a las importaciones de cuero y tabaco, control del contrabando permitiendo el comercio solo a buques autorizados y a través de intermediarios nacionales. Estas medidas perjudicaban a hacendados, comerciantes, barraqueros y navieros en su actividad mercantil que venía decayendo por la situación de crisis y el control español del comercio, ya que impedía el comercio con los ingleses.

A estas medidas fiscales se sumaron los empréstitos forzosos a los sacerdotes, empleados, propietarios, artesanos, hacendados, comerciantes, y el uso de la fuerza para coaccionar a los pueblos a reconocer la autoridad de Montevideo. En consecuencia, algunos jefes militares al servicio del gobierno español; pero con gran asidero en la campaña oriental, se pasaron al bando revolucionario, como fue el caso de Artigas. En ese clima de disconformidad y resistencia fue que se generó el levantamiento armado de Asencio. Los preparativos revolucionarios habían comenzado en diciembre de 1810, cuando el alférez Justo Correa fue enterado de la posible presencia de tropas porteñas en el territorio de la Banda Oriental. Inmediatamente dio paso a la convocatoria de desertores y paisanos a levantarse en armas. Desde todos los rincones se movilizaron los hombres, acudiendo al llamado de los caudillos locales.

Incitado por el comandante militar de la región, Ramón Fernández, en enero de 1811 Pedro José Viera, conocido como “Perico El Bailarín”, se sumó al llamado de Correa con 28 hombres. En febrero lo siguió Venancio Benavides. El día 24 de febrero llego la esperada noticia, la declaración de guerra por parte de Buenos Aires. Para el día 26 los patriotas, ocultos en un bosque cercano al arroyo Asencio, en al actual departamento de Soriano, eran unos trescientos. El 28 de febrero el contingente de revolucionarios decidió emprender las primeras acciones. En el amanecer de ese día dieron el grito de libertad resolviendo levantarse en armas contra los españoles. Se dirigieron posteriormente a Mercedes y tomaron la cercana población, haciendo luego lo mismo con Santo Domingo de Soriano y Dolores.

Importancia del Grito de Asencio

Implico la desobediencia al poder de los españoles, impuesto desde Montevideo.

La sublevación se generalizo a partir de este acontecimiento configurando lo que Artigas llamo “la admirable alarma”…

Fue un gran impulso para la revolución oriental en la campaña. Vamos a compartir un fragmento de la carta escrita por Artigas a la junta Gubernativa de la provincia del Paraguay el 7 de diciembre de 1811…

“(…) 28 de febrero de 1811: día memorable que había señalado la providencia para sellar los primeros pasos de la libertad en este territorio, y día que no podrá recordarse sin emoción, cualquiera que sea nuestra suerte"

martes, 16 de febrero de 2021

MIÉRCOLES DE CENIZA

La imposición de las cenizas nos recuerda que nuestra vida en la tierra es pasajera y que nuestra vida definitiva se encuentra en el Cielo. La Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y es un tiempo de oración, penitencia y ayuno. Cuarenta días que la Iglesia marca para la conversión del corazón. Las palabras que se usan para la imposición de cenizas, son:

- "Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás"

- "Conviértete y cree en el Evangelio".

Antiguamente, los judíos acostumbraban a cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como signo de su deseo de conversión de su mala vida a una vida con Dios. En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un "hábito penitencial". Esto representaba su voluntad de convertirse. En el año 384 d.C., la Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos y desde el siglo XI, la Iglesia de Roma acostumbra poner las cenizas al iniciar los 40 días de penitencia y conversión. Las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos del año anterior. Esto nos recuerda que lo que fue signo de gloria pronto se reduce a nada.

También fue usado el período de Cuaresma para preparar a los que iban a recibir el Bautismo la noche de Pascua, imitando a Cristo con sus 40 días de ayuno. La imposición de ceniza es una costumbre que nos recuerda que algún día vamos a morir y que nuestro cuerpo se va a convertir en polvo. Nos enseña que todo lo material que tengamos aquí se acaba. En cambio, todo el bien que tengamos en nuestra alma nos lo vamos a llevar a la eternidad. Al final de nuestra vida, sólo nos llevaremos aquello que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos los hombres. Cuando el sacerdote nos unge la frente con la señal de la cruz, utilizando la ceniza, debemos tener una actitud de querer mejorar, de querer tener amistad con Dios. El miércoles de ceniza y el viernes santo son días de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. El ayuno consiste en hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia es no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre.

La oración en este tiempo es importante, ya que nos ayuda a estar más cerca de Dios para poder cambiar lo que necesitemos cambiar de nuestro interior. Necesitamos convertirnos, abandonando el pecado que nos aleja de Dios. Cambiar nuestra forma de vivir para que sea Dios el centro de nuestra vida. Sólo en la oración encontraremos el amor de Dios y la dulce y amorosa exigencia de su voluntad. Para que nuestra oración tenga frutos, debemos evitar lo siguiente:

La hipocresía: Jesús no quiere que oremos para que los demás nos vean llamando la atención con nuestra actitud exterior. Lo que importa es nuestra actitud interior.

La disipación: Esto quiere decir que hay que evitar las distracciones lo más posible. Preparar nuestra oración, el tiempo y el lugar donde se va a llevar a cabo para podernos poner en presencia de Dios.

La multitud de palabras: Esto quiere decir que no se trata de hablar mucho o repetir oraciones de memoria sino de escuchar a Dios. La oración es conformarnos con Él, nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestras necesidades. Por eso no necesitamos decirle muchas cosas. La sinceridad que usemos debe salir de lo profundo de nuestro corazón porque a Dios no se le puede engañar. Al hacer sacrificios, debemos hacerlos con alegría, ya que es por amor a Dios. Si no lo hacemos así, causaremos lástima y compasión y perderemos la recompensa de la felicidad eterna. Dios es el que ve nuestro sacrificio desde el cielo y es el que nos va a recompensar. “Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan” (Mt. 6, 5-8)

“El miércoles de ceniza se abre una estación espiritual particularmente relevante para todo cristiano que quiera prepararse dignamente para la preparación del misterio pascual, o sea, el recuerdo de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Este tiempo vigoroso del Año Litúrgico se caracteriza por el mensaje bíblico que puede ser resumido en una sola palabra: "matanoeiete", es decir "Convertíos". Este imperativo es propuesto a la mente de los fieles mediante el rito austero de la imposición de ceniza, el cual, con las palabras "Convertíos y creed en el Evangelio" y con la expresión "Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás", invita a todos a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordando la inexorable caducidad y efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte.

La sugestiva ceremonia de la Ceniza eleva nuestras mentes a la realidad eterna que no pasa jamás, a Dios; principio y fin, alfa y omega de nuestra existencia. La conversión no es, en efecto, sino un volver a Dios, valorando las realidades terrenales bajo la luz indefectible de su verdad. Una valoración que implica una conciencia cada vez más diáfana del hecho de que estamos de paso en este fatigoso itinerario sobre la tierra, y que nos impulsa y estimula a trabajar hasta el final, a fin de que el Reino de Dios se instaure dentro de nosotros y triunfe su justicia. Sinónimo de "conversión" es así mismo la palabra "penitencia"... Penitencia como cambio de mentalidad. Penitencia como expresión de libre y positivo esfuerzo en el seguimiento de Cristo”.

Extracto de la catequesis de San Juan Pablo II sobre el miércoles de ceniza (pronunciadas el 16-2-1983)

DÍA MUNDIAL DE LA RADIO 2021

El presente Informe Especial es una producción de ANUNCIAR Contenidos Latinoamérica.

Día Mundial de la Radio 2021

"Nuevo Mundo, Nueva Radio" fue el lema propuesto para la celebración del Día Mundial de la Radio 2021 celebrado el pasado sábado 13 de febrero. Esta celebración fue proclamada por los Estados Miembros de la UNESCO en el 2011 y adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2012 como Día Internacional.

Este lema nos recuerda cómo este medio forma parte de la historia de la humanidad al seguir los diversos acontecimientos de nuestra sociedad y adaptar sus servicios. A medida que el mundo cambia, también lo hace la radio. Durante la pandemia de Covid 19, la radio permitió, asegurar la continuidad de la educación, luchar contra la desinformación y promover formas de protección.

La celebración de este año es un homenaje a la capacidad permanente de la radio para adaptarse al ritmo de las transformaciones de la sociedad y de las nuevas necesidades de los oyentes. La radio se destaca por su accesibilidad en cualquier lugar y en cualquier momento, la radio llega a una amplia audiencia. Se presenta como un medio donde pueden ser expresadas todas las voces, representadas y escuchadas, sigue siendo el medio más consumido en todo el mundo hoy en día.

Las emisoras de radio deben servir a comunidades diversas, ofreciendo una amplia variedad de programas, puntos de vista y contenidos, y reflejar la diversidad de audiencias en sus organizaciones y operaciones.
Con motivo del Día Mundial de la Radio 2021, la UNESCO hizo un llamamiento a las emisoras de radio para que celebren el décimo aniversario de este evento y los 110 años de la radio. La propuesta para la celebración de este año es comunicar a partir de alguno de los tres subtemas principales que ilustran el tema general de este año: EVOLUCIÓN - INNOVACIÓN - CONEXIÓN.

RADIO VATICANO CELEBRA 90 AÑOS DE COMUNICACIÓN, SERVICIO Y FRATERNIDAD.

Un 12 de febrero, de 1931, el Vaticano inauguraba su radioemisora, que fue instalada por el propio inventor de la radio, el italiano Guillermo Marconi. En esta ocasión, el papa Pío XI pronunció su primer radiomensaje en latín, dirigido "A toda la creación".

La inauguración de Radio Vaticana contó con la presencia del inventor de la radio, Guillermo Marconi, del cardenal Secretario de Estado, Eugenio Pacelli (futuro Pío XII) y del primer director de la emisora, el jesuita Giuseppe Gianfranceschi.

En el acto inaugural, Guillermo Marconi anuncia el Mensaje del Papa: "Tengo el altísimo honor de anunciar que dentro de pocos instantes, el Sumo Pontífice Pio XI inaugurará la estación de Radio del Estado de la Ciudad del Vaticano", luego de lo cual el Papa Pío XI pronunció su primer radio mensaje "Qui arcano Dei" con el cual, por primera vez en la historia, las ondas eléctricas transportaron a todo el mundo sus palabras y su bendición.

Esta es la Primera parte del Radio mensaje de Pío XI, dirigido «A toda la creación»:

Siendo, por arcano diseño de Dios, Sucesores del Príncipe de los Apóstoles, de aquellos cuya doctrina y predicación por divino mandato está destinada a toda la gente y a toda criatura (Mt., 28, 19; Mc., 16, 15), y pudiendo en primer lugar valernos desde este lugar de la admirable invención de Marconi, nos dirigimos primeramente a todas las cosas y a todos los hombres, diciéndoles, aquí y en adelante, con las mismas palabras de la Sagrada Escritura: «Escucha, cielo, y hablaré, oiga la tierra las palabras de mi boca». (Deuteronomio, 32, 1). «Oigan esto, todos los pueblos; escuchen, todos los habitantes del mundo: tanto los humildes como los poderosos, el rico lo mismo que el pobre». (Salmo, 48, 1). « ¡Escúchenme, costas lejanas, presten atención, pueblos remotos! » (Isaías, 49, 1).

La radio que inauguró Pío XI, en 1931, se ha replanteado en la actualidad como una emisora al servicio del Papa y de la fraternidad entre los pueblos, particularmente en el periodo de la pandemia, según destaca el Director de la Dirección Editorial del Dicasterio para la Comunicación, el periodista Andrea Tornielli, en un artículo conmemorativo por el aniversario de Radio Vaticano, publicado en el portal Vatican News. Para Tornielli, la Radio Vaticano "está al servicio del pensamiento y de la voz del Papa, para difundir sus ecos con rapidez y eficacia oportunas; y es una elocuente afirmación de la independencia de la Sede Apostólica, un instrumento de difusión del magisterio pontificio".

"Desde el principio, este fruto de la tecnología moderna estuvo también al servicio de la mutua unión entre los pueblos, por su significado universal de fraternidad". Las palabras pronunciadas el 12 de febrero de 1961 por San Juan XXIII mantienen intacta su actualidad en los días en los cuales Radio Vaticano celebra sus noventa años y la Iglesia está asimilando el mensaje de la Encíclica del Papa Francisco, “Fratelli Tutti”.

"Este especial cumpleaños de la emisora querida por Pío XI, construida por Guglielmo Marconi y confiada a los padres jesuitas, cae en un momento difícil de la historia de la humanidad a causa de la pandemia. La lucha contra el coronavirus que infecta los pulmones, y contra el virus de la indiferencia que a menudo nos impide reconocer que todos somos hermanos, han redefinido los programas, los horarios y el significado de una misión. En el año del Covid-19, la emisora del Papa ha buscado crear redes y poner en contacto a las personas aisladas a causa del confinamiento. Ha narrado las numerosas experiencias creativas del bien que han surgido en el mundo", comenta.

Cotidianamente, Radio Vaticano "difunde el mensaje del Sucesor de Pedro y las narraciones de la vida de la Iglesia en el mundo, en las diferentes lenguas y culturas, sin la obsesión de la audiencia, de los likes o del protagonismo autorreferencial. Riesgos de los cuales el Papa Francisco había advertido en septiembre de 2019, al Dicasterio para la Comunicación: “¿Cómo debe ser la comunicación? Una de las cosas que no deben hacer es publicidad… No deben hacer como las empresas humanas que intentan tener más gente... Me gustaría que nuestra comunicación fuera cristiana y no un factor de proselitismo”, dijo Andrea Tornielli, Periodista digital de Vatican News.

Las fuentes de esta información son Vatican News y otras agencias católicas de comunicación.

NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

El 11 de Febrero de 1858, acompañada de su hermana y de una amiga, BERNARDITA se dirige a la Gruta de MASSABIELLE, al borde del GAVE, para recoger leña, ramas secas y pequeños troncos. Mientras se está descalzando para cruzar el arroyo, oye un ruido como de una ráfaga de viento, levanta la cabeza hacia la Gruta en medio de una luz resplandeciente como el sol, pero dulce y apacible, una joven prodigiosamente bella de unos 16 o 17 años de edad se dejó ver solo a BERNARDITA, y ella misma relata la visión:

“Vestía un traje blanco, brillante y de un tejido desconocido, ajustado al talle con una cinta azul. Un largo velo blanco le caía hasta los pies envolviendo todo el cuerpo. Los pies, de una limpieza virginal y descalzos, parecían apoyarse en el rosal silvestre sobre el que flotaba la imagen, a la entrada de la gruta. Dos rosas brillantes de color de oro cubrían la parte superior de los pies de la Santísima Virgen. Juntas sus manos ante el pecho, ofrecían una posición de oración fervorosa. Tenía entre sus dedos un largo Rosario blanco y dorado con una hermosa Cruz de oro. Todo en Ella irradiaba felicidad, majestad, inocencia, bondad, dulzura y paz. La frente lisa y serena, los ojos eran azul celeste llenos de amor y los labios mostraban suavidad y mansedumbre”.

La SEÑORA parecía saludarla tiernamente mientras se inclinaba ante BERNARDITA. Frotándose sus ojos los volvió a abrir, confirmando que no estaba soñando y que lo que veía era real. En ese momento, al ver la sonrisa de la SEÑORA, perdió todo miedo y arrodillándose buscó su Rosario que traía siempre en su bolsillo.

La SEÑORA hizo una señal de aprobación con su cabeza y tomó el Rosario que llevaba. BERNARDITA intentó hacer la señal de la Cruz, pero su mano quedó paralizada. En ese momento la Virgen tomo la Cruz del Rosario e hizo la señal de la Cruz e indicó a BERNARDITA que lo hiciera como ella. En ese momento su brazo paralizado quedó libre.

Empezó a pasar las cuentas del Rosario entre sus dedos y BERNARDITA empezó a rezar el suyo, cada una en oración interior. Sólo al final de cada misterio la Madre de Dios rezaba el Gloria con BERNARDITA. Al terminar, la Virgen le hizo señas con el dedo para que se acercara y extendiendo el brazo, se inclinó dulcemente y sonrió como despidiéndose, retornando hacia el interior de la gruta. ¡La Visión había desaparecido!

BERNARDITA preguntó a las otras niñas si habían visto algo en la gruta y al responderle éstas que no, les contó su experiencia y les pidió silencio. Pero su hermana se lo contó a su madre. La madre no le creyó y ordenó a BERNARDITA que se dejase de imaginaciones y que le estaba prohibido regresar a la gruta. Esa noche, mientras rezaban el Rosario en familia, BERNARDITA rompió en llantos, repitiendo su invocación favorita:

"Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que acudimos a ti".

BERNARDITA insistió ante su madre para que la deje volver a la gruta, pero ésta se negó repetidamente con diversos argumentos. Pensaba que todo era un engaño del demonio, o que su hija se había vuelto loca, pero ante todo temía hacer el ridículo entre sus vecinos.

Finalmente el día 14 de febrero las niñas insistieron en que les dieran permiso para regresar a la gruta. Todos pensaban que lo que le había pasado a BERNARDITA era un engaño de Satanás, y entonces le dijeron que fuera a la gruta y rociara agua bendita para terminar con todo aquello. Así huiría el demonio y se quedarían tranquilos. Ante estos argumentos la madre finalmente aceptó y le dio autorización para ir a la gruta acompañada de otras niñas que, conociendo la historia, insistían en acudir al lugar con ella.

Cuando llegaron a la gruta, BERNARDITA les pidió que se arrodillaran a rezar el Santo Rosario. De pronto aparece nuevamente la SEÑORA, y el rostro de BERNARDITA testimonió transfigurándose frente a las demás niñas. Ella tiró el agua bendita y dijo:

"Si vienes de parte de Dios, acércate a nosotras".

El agua bendita llegó hasta los pies de la Virgen y Ella sonriendo con más dulzura se acercó a BERNARDITA. Tomó el Rosario y se persignó con él. Empezaron ambas a rezarlo. BERNARDITA estaba como muerta, su mirada extasiada fija en la gruta, tan así que las otras niñas empezaron a llorar ruidosamente. Esto atrajo a dos mujeres del cercano MOLINO SAVY.

Cuando vieron a BERNARDITA en éxtasis trataron de moverla, de interrumpir su visión, pero nada de esto fue posible. Entonces una de ellas fue a buscar a su hijo ANTONIO, un joven de 28 años. El se quedó maravillado de lo que vio: el rostro de BERNARDITA era una visión celestial, no se sintió digno siquiera de tocarla. Obligado por su madre, ANTONIO tomó a BERNARDITA en sus brazos y la llevó hacia el MOLINO SAVY.

En todo momento ella mantuvo sus ojos clavados en un punto por encima de su rostro. Al llegar al molino BERNARDITA volvió lentamente en si, dejando el éxtasis. Cuando se entero su madre, esta enfureció, y no castigó a su hija porque las señoras y ANTONIO la reprendieron. Al atardecer ya toda la población comentaba las maravillas que ocurrían en la GRUTA DE LOURDES, pero a los comentarios se unían las burlas, desprecios e insultos.

El 18 de febrero una señora y una religiosa deseaban acompañar a BERNARDITA a la gruta. La niña caminaba tan rápido que parecía como si una fuerza superior la empujase hacia allá. Se arrodilló y empezó el rezo del Rosario, lanzó un grito de júbilo al ver al fondo de la gruta a la SEÑORA. Le preguntó si se podían quedar sus dos acompañantes y la Virgen dijo que sí. Ellas también se arrodillaron y se pusieron a rezar mientras encendían una vela. BERNARDITA le pasó un papel a la Virgen pidiéndole que escribiera cualquier cosa que deseaba comunicarle, a pedido de una de las señoras. La Virgen le dijo entonces:

"Lo que tengo que comunicarte no es necesario escribirlo, hazme únicamente el regalo de venir aquí durante quince días seguidos"

Bernardita se lo prometió y la SEÑORA le respondió:

"Yo también te prometo hacerte dichosa, no ciertamente en este mundo, sino en el otro"

El rumor de las apariciones se esparció rápidamente y una gran multitud acudió a la gruta a partir de entonces. El domingo 21 de Febrero, varios miles de personas llenaban todos los alrededores de la gruta. Hubo un momento en que la aparición parecía hacerse hacia atrás, y como hundirse en el interior de la roca. Para no perderla de vista, BERNARDITA fue acercándose de rodillas. Observó que la Virgen se había puesto triste y le preguntó:

¿Qué te pasa?, ¿qué puedo hacer?

La Virgen respondió:

"Rueguen por los pecadores"

El martes 23 de Febrero, por primera vez la Virgen formula una orden concreta. Ante diez mil personas la Virgen le da a BERNARDITA un secreto que solo a ella le concierne y que no puede revelar a nadie. También le enseñó una oración que le hacía repetir, pero que no quiso que la diera a conocer. La Virgen le dijo:

"Y ahora, hija mía, ve a decir a los sacerdotes que aquí, en este lugar, debe levantarse un Santuario, y que a el debe venirse en procesión"

El Miércoles 24 de Febrero, toda la gente quiso saber que pasaría con el encargo del Párroco y si la Virgen haría el milagro del rosal. BERNARDITA como siempre llegó a la gruta y se arrodilló, sin poner atención en absoluto a la gente que iba por curiosidad. Le contó a la Virgen lo que el sacerdote le había pedido. La Virgen solo sonrió, sin decir una palabra. Después la mandó a rogar por los pecadores y exclamó tres veces:

“¡Penitencia, Penitencia, Penitencia!

Le hizo repetir estas palabras y BERNARDITA lo hacía mientras se arrastraba de rodillas hasta el fondo de la gruta. Ahí le reveló un secreto personal y después desapareció. Por humildad no relató todo los detalles, pero los testigos contaron que también se le vio besar la tierra a intervalos. La Virgen le había dicho:

"Rogaras por los pecadores. Besarás la tierra por la conversión de los pecadores"

El jueves 25 de Febrero María le dijo en la visión a BERNARDITA:

"Hija mía, quiero confiarte solamente para ti el ultimo secreto; igualmente que los otros dos, no los revelaras a ninguna persona de este mundo"

Un mes después el jueves 25 de Marzo, en el día de la Anunciación BERNARDITA se sintió fuertemente movida a ir a la Gruta. Muy contenta obedeció ese llamado en su corazón, y fue inmediatamente. Como era una fecha solemne, los peregrinos tenían la esperanza de que la Virgen se apareciera y cuando llegó BERNARDITA se asombró de la cantidad de personas que encontró. Fue ese día 25, en la historia de las apariciones, un día de gloria. BERNARDITA volvió a preguntarle a la Señora:

"Quieres tener la bondad de decirme quien eres y cual es tu nombre?"

La visión resplandecía más que nunca, sonriendo siempre, y siendo su sonrisa la única respuesta. Bernardita insistió...

"¿Quieres decirme quien eres?, te lo suplico Señora Mía".

Entonces la Señora apartó su vista de BERNARDITA, separó sus manos, hizo deslizar en su brazo el Rosario que tenía en sus dedos, levantó a un mismo tiempo sus manos y su cabeza radiante, en tanto que sus manos se juntaron delante del pecho, su cabeza se afirmó y, mas resplandeciente que la luz del sol, dirigida la vista al cielo María dijo:

"YO SOY LA INMACULADA CONCEPCIÓN"

La joven vidente salió corriendo, repitiendo sin cesar, por el camino, aquellas palabras que no entiende. Palabras que conmueven al buen párroco, que se pregunta: “¿Como podía una niña sin ninguna instrucción religiosa saber el dogma que solo unos cuatro años antes había la Iglesia promulgado?”.

En 1854 el Papa Pío IX había definido el dogma de la Inmaculada Concepción. Ya que BERNARDITA ignoraba esa expresión teológica que sirve para nombrar a la Santísima Virgen. El jueves 16 de Julio de 1858, Día de la Virgen del Carmen. BERNARDITA, que llevó el escapulario del Carmen toda su vida, se siente de nuevo movida a ir a la gruta, que está cercada, vigilada y prohibida por las autoridades locales. Va acompañada de su Tía BASILE y unas vecinas. Bajan por praderas contiguas a la gruta, siendo acompañadas por una multitud que al verla no dudó del llamado de María. Se arrodillaron lo más cerca posible de la gruta pero sin poder llegar a ella.

BERNARDITA recibe la última visita de la Virgen y diría luego:

"Me parecía que estaba delante de la gruta, a la misma distancia que las otras veces, no veía más que a la Virgen, ¡jamás la había visto tan bella!"

Había cumplido su misión, con gran amor y valentía ante todos los sufrimientos que tuvo que sobrellevar y ante todos los obstáculos que el Enemigo puso en su camino. Su confesor dijo repetidamente: "La mejor prueba de las apariciones es BERNARDITA misma, su vida".

BARÓN DE BADEN-POWELL

(Robert Stephenson Smyth, primer Barón de Baden-Powell; Londres, 1857 - Nyeri, 1941) General inglés. Baden-Powell destacó particularmente por la heroica defensa que hizo de Mafeking durante 217 días en el transcurso de la Guerra de los Boers (1899-1902), así como por ser el fundador de los Boy Scouts (1907), organización en la que Baden-Powell era a menudo designado con sus inciales, B.P. También ayudó a su hermana, Agnes Baden-Powell, en la gestación de la rama femenina de la organización, las Girl Guides. Educado en el elitista Chaterhouse School de Londres, en el año 1876 ingresó en el ejército británico, en el que formó parte del 13º Regimiento de Húsares en la India. Entre los años 1884 a 1885, Baden-Powell participó en las guerras de Bechuanaland y Sudán, en donde sorprendió gratamente al Estado Mayor por el magnífico uso que hizo de globos aerostáticos para observar los movimientos enemigos.

Desde 1888 a 1895 estuvo destinado sucesivamente en la India, Afganistán, Zululandia y Axanti (actual Costa de Oro). En esta última guerra estuvo al mando de un batallón de indígenas que se destacó por su fiereza en la lucha cuerpo a cuerpo con el enemigo. Poco antes del estallido de la Guerra de los Boers (1899-1902), Baden-Powell fue enviado a África del Sur, donde desempeñó varios puestos de relevancia que le sirvieron para ascender en el escalafón militar. Sirvió como oficial del Estado Mayor en la campaña de Matabeleland (actual Zimbabwe), y detentó los grados de coronel de Caballería no Regular en Sudáfrica y teniente coronel de la Quinta Guardia de Dragones. En la Guerra de los Boers defendió con valentía y con apenas 1.200 hombres, desde el 12 de octubre de 1899 al 17 de mayo de 1900, la plaza de Mafeking contra un numeroso ejército bóer, hasta que fuerzas inglesas acudieron a levantar el sitio. Como premio a semejante comportamiento, Baden-Powell fue ascendido al grado de general. Entre los años 1900 a 1903, estuvo al frente de la organización y dirección de las fuerzas policiales en la región del Transvaal.

De regreso a Inglaterra, fue nombrado inspector general de Caballería y fundó, en el año 1904, la Cavalry School Metheravon, en Wiltshire. Por méritos de guerra, fue ascendido al grado de general de división y, posteriormente, en 1907, al de teniente general. En 1910, Baden-Powell decidió retirarse del ejército activo para dedicarse por entero a los Boy Scouts, organización juvenil que había creado dos años antes y que pronto se difundió de una manera extraordinaria por el mundo entero. La organización de Baden-Powell se estructuró en base a la confianza sin límites que todos sus miembros tenían que demostrar sobre sí mismos y en un código propio de conducta moral muy próximo al militar. Baden-Powell puso en práctica todos sus conocimientos en el campo de la obtención de información sobre un territorio hostil conseguidos durante sus duras expediciones por África y la India.

En 1920, organizó en Londres la primera reunión mundial de los Boy Scouts, The Boy Scouts Jamboree (Gran Reunión de Exploradores Scouts), en la que fue aclamado por unanimidad presidente mundial de la organización. Durante los 92 años de existencia del movimiento, alrededor de unos 250 millones de personas han pertenecido alguna vez en su vida a los Boy Scouts. Como premio a sus méritos y servicios a la Corona (el último de ellos desempeñado en el departamento de Inteligencia británico durante la Primera Guerra Mundial), en el año 1929 obtuvo la baronía para su apellido, además del reconocimiento y múltiples condecoraciones con las que fue galardonado en diferentes países, entre ellas la Gran Cruz de Alfonso XII (España) y la Gran Cruz Orange-Nassau (Holanda). Nombrado presidente de la Royal Geographic Society, los últimos años de su vida los pasó en Kenia, ya que por motivos de salud tuvo que alejarse del húmedo y frío clima londinense.

LAS LUPERCALES

Así se llamaban en la antigua Roma a unas fiestas que se celebraban el día 15 del mes de febrero, desterradas por el Papa Vigilio en el siglo VI al substituírlas por la candelaria. Su nombre deriva supuestamente de lupus (lobo, animal que representa a Fauno Luperco) e hircus (macho cabrío, un animal impuro). Fueron instituidas por Evandro el arcadio en honor de Pan Liceo (también llamado Fauno Luperco, el que protegía al lobo, y protegía contra Februo, o también Plutón). Un cuerpo especial de sacerdotes, los Lupercos o Luperci (Sodales Luperci o amigos del lobo) eran elegidos anualmente entre los ciudadanos más ilustres de la ciudad que debían ser en su origen adolescentes que sobrevivían de la caza y el merodeo en el bosque durante el tiempo de su iniciación en la edad adulta, lo que por aquel entonces era un tiempo sagrado y transitorio en que se comportaban como lobos humanos. Se reunían el 15 de febrero en la gruta del Lupercal (más tarde llamada Ruminal en honor a Rómulo y Remo) en el monte Palatino, lugar donde Fauno Luperco tomando la forma de una loba, había amamantado a los gemelos Rómulo y Remo, y en honor de quien se hace la fiesta. La tradición cuenta que allí había una higuera cuyas raíces habían detenido la cesta en cuyo interior se encontraban los gemelos Rómulo y Remo.

Bajo la sombra de esta venerable higuera, la Ruminalis, celebraban el sacrificio de un perro y de un macho cabrío, animales que eran considerados impuros. Después se tocaba la frente de los luperci con el cuchillo teñido con la sangre de la cabra y a continuación se borraba la mancha con un mechón de lana impregnada en leche del mismo animal. Éste era el momento en que los lupercos prorrumpían en una carcajada de ritual. Luego cortaban la piel de los animales sacrificados en tiras, llamadas februa, que junto con la deidad sabina Februo, y el sobrenombre de Juno, Februalis (la que purifica), son los posibles candidatos a darle nombre al mes de Febrero. Con este aspecto y casi desnudos, sólo tapados con unas tiras de cuero, salían alrededor del monte Palatino donde golpeaban a todos los que encontraban a su paso. El ser azotado por las tiras de cuero de los luperci equivalía a un acto de purificación, y era llamado februatio. Este acto de purificación comenzó en el reinado de Rómulo y Remo, cuando las mujeres romanas se hicieron estériles. Después de consultar el oráculo de la diosa Juno, en el bosque Esquilo, ésta responde: "Madres del Lacio, que os fecunde un macho cabrío velludo". Y es ésta la razón por la que los luperci van desnudos uncidos en sangre de animales impuros (como si vinieran de caza) con pieles de lobo, golpeando con el látigo como si fuera un miembro viril.

Para las mujeres, este rito aumentaba su fertilidad poniéndole las carnes de color púrpura. Éste color representaba a las prostitutas de la época, en particular las que ejercían la prostitución sagrada con los lupercos en el Ara Máxima, también llamadas lupas o lobas. De este color vistió Helena de Troya para ofender a su marido Menelao, que como todos los reyes de la época, trataban como una esclava a sus mujeres. Hoy en día es color del feminismo). Ésta celebración la adoptó el emperador Justiniano I en el imperio de Oriente el año 542, como remedio para una peste que ya había asolado Egipto y Constantinopla y amenazaba el resto del imperio. Con el paso del tiempo el Papa Gelasio I prohibió y condenó, en el año 494, la celebración pagana de las Lupercales. Quiso cristianizar esta festividad y la sustituyó por el 14 de febrero, fecha en la cual murió martirizado un cristiano llamado Valentín, en el año 270 d.C. Las lupercalias se trocaron pues en una procesión de candelas pidiendo, en cánticos y letanías la misma protección contra la muerte y la fertilidad que procuraba Fauno Luperco, ahora elevada a esperanzas de una vida y salud mucho más alta. A pesar de todo, esta procesión de las candelas desterró el rito pagano mucho más efectivamente que todas las prohibiciones anteriores.

Esta celebración se unió más tarde a la liturgia de la Presentación, por la referencia que Simeón hace, en su canto, a Cristo como "luz de las naciones", asociada a los cirios, antorchas y candelas encendidas en las manos de los fieles. El 2 de febrero se cumplían cuarenta días desde que, en la época de San Ambrosio, se fija el 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Jesús, también para desterrar el festejo pagano del culto al Sol. De las lupercales procede hoy la tradición del carnaval gallego característico de Xinzo de Limia, Laza y Verín, donde los cigarrones, pantallas o peliqueiros azotan a la gente con débiles fustas de cuero, con cencerros en honor a los pastores de los que Fauno Luperco era dios, y golpeando con tripas de cerdo hinchadas con la mano.