miércoles, 9 de septiembre de 2009

01.09.2009 - Las Mujeres de la Biblia - ¿Quién es Sara?

Sara es el nombre de un personaje bíblico del libro del Génesis. En hebreo significa princesa. Se calcula que los hechos ocurrirían hacia el 1800 a. C. Sara es la mujer y hermana (por parte de padre, Génesis 20,12) del patriarca Abraham.

Sara es una mujer bíblica de carácter fuerte. Se ríe continuamente, a veces resulta poco respetuosa, incluso irreverente; es celosa y también muy severa cuando los celos la pueden. Es tremendamente pasional y por eso sorprende, en un principio, que fuera ella la elegida para semejante misión, ser la madre del pueblo escogido. Su protagonismo es innegable y su actuación, como veremos, es siempre humana.

La primera vez que se nombra a Sara es en el Génesis (11, 30) y precisamente es para mencionar un detalle que, seguro, la había de avergonzar en una época en que de las mujeres se esperaba, sobre todo, que fueran madres:
"Sarai era estéril y no tenía hijos."
Sara deja atrás su mundo, Mesopotamia, su ciudad, Ur, donde vivía con desahogo y ciertas comodidades para seguir a su marido, que quiere obedecer la llamada recibida del Señor: "El Señor dijo a Abrám: "Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo te mostraré. Yo haré de ti una gran nación y te bendeciré; engrandeceré tu nombre y serás una bendición" (Génesis, 12, 1-2).


Abrám en Egipto
Podemos ir viendo un hecho significativo sobre la vida de Sara y es cuando llegan a Egipto, allí el mismo Faraón pone sus ojos en Sara y la quiere para sí, a lo que el Señor responde con grandes plagas y el Faraón acaba por darse cuenta y devolver a Sara a su marido, mientras le reprocha lo mal que se ha portado, recordemos este hecho en el libro del Génesis 12, 10-20:
“Entonces hubo hambre en aquella región, y Abrám bajó a Egipto para establecerse allí por un tiempo, porque el hambre acosaba al país. Cuando estaba por llegar a Egipto, dijo a Sarai, su mujer: "Yo sé que eres una mujer hermosa. Por eso los egipcios, apenas te vean, dirán: "Es su mujer", y me matarán, mientras que a ti te dejarán con vida. Por favor, di que eres mi hermana. Así yo seré bien tratado en atención a ti, y gracias a ti, salvaré mi vida". Cuando Abrám llegó a Egipto, los egipcios vieron que su mujer era muy hermosa, y los oficiales de la corte, que también la vieron, la elogiaron ante el Faraón. Entonces fue llevada al palacio del Faraón. En atención a ella, Abrám fue tratado deferentemente y llegó a tener ovejas, vacas, asnos, esclavos, sirvientas, asnas y camellos. Pero el Señor infligió grandes males al Faraón y su gente, por causa de Sarai, la esposa de Abrám. El Faraón llamó a Abrám y le dijo: "¿Qué me has hecho? ¿Por qué no me advertiste que era tu mujer? ¿Por qué dijiste que era tu hermana, dando lugar a que yo la tomara por esposa? Ahí tienes a tu mujer: tómala y vete". Después el Faraón dio órdenes a sus hombres acerca de Abrám, y ellos lo hicieron salir junto con su mujer y todos sus bienes”.La esterilidad de Sara
A pesar de sufrir la esterilidad, el Señor sigue prometiéndole a Abram una gran descendencia como nos lo cuenta en Génesis, 13, 14-15:

“El Señor dijo a Abrám, después que Lot se separó de él: "Levanta los ojos, y desde el lugar donde éstas, mira hacia el norte y el sur, hacia el este y el oeste, porque toda la tierra que alcances a ver, te la daré a ti y a tu descendencia para siempre”.

Tanto es así que Sara cree que ha llegado el momento de adoptar medidas y decide ofrecerle su esclava, Agar, a su marido para que procree con él:

“Sarai, la esposa de Abrám, no le había dado ningún hijo. Pero ella tenía una esclava egipcia llamada Agar. Sarai dijo a Abrám: "Ya que el Señor me impide ser madre, únete a mi esclava. Tal vez por medio de ella podré tener hijos". Y Abrám accedió al deseo de Sarai”. (Génesis, 16, 1-2).

No debemos poner hoy en tela de juicio tal decisión de forma severa, desde nuestra mentalidad, porque, según las leyes mesopotámicas, una mujer estéril podía ceder su esclava al marido y si tenía descendencia reconocer al hijo como suyo. No obstante, Agar se envanece porque queda encinta y ofende a Sara, la mira con desprecio.

Entonces, Sara actúa con mucha severidad y da un ultimátum a su marido: "Entonces Sarai dijo a Abrám: "Que mi afrenta recaiga sobre ti. Yo misma te entregué a mi esclava, y ahora, al ver que está embarazada, ella me mira con desprecio. El Señor sea nuestro juez, el tuyo y el mío". (Génesis, 16, 5)

Sara echa de casa a su esclava, pero el Señor la hace volver. El hijo de Agar será Ismael, que no es el escogido, pero sí será el antepasado de los árabes del desierto, el fundador de otro gran pueblo. Podemos entender la extrema severidad de Sara, expulsando a su esclava embarazada, por celos y es que resultaría insostenible, por mucho que las leyes lo permitieran, para una mujer asistir a esas maquinaciones.

El Señor, no obstante, sigue con sus planes y vuelve a aparecérsele a Abram para ratificarle su decisión:

"También dijo Dios a Abraham: "A Sarai, tu esposa, no la llamarás más Sarai, sino que su nombre será Sara. Yo la bendeciré y te daré un hijo nacido de ella, al que también bendeciré. De ella suscitaré naciones, y de ella nacerán reyes de pueblos". Abraham cayó con el rostro en tierra, y se sonrió, pensando: "¿Se puede tener un hijo a los cien años? Y Sara, a los noventa, ¿podrá dar a luz?". Entonces Abraham dijo a Dios: "Basta con que Ismael viva feliz bajo tu protección". (Génesis, 17, 15-18).

Llegamos aquí a un momento culminante en la historia y es el cambio de nombres: Abram ha dejado de ser y pasa a llamarse Abraham y Sarai es Sara. Cabe decir que el significado básico sigue siendo el mismo, "princesa" y "ser de noble linaje", respectivamente, aunque algo cambia ahora por Sara pasa a ser "madre de reyes" y Abraham "padre de una multitud". El nombre no era algo casual como ocurre hoy en día, sino que el destino iba muy ligado con el nombre que cada uno llevaba.

Pasan los días y llegan tres hombres a la tienda de Abraham y son recibidos con él con gran hospitalidad, como no podía esperarse otra cosa en esa cultura. Sara prepara la comida, pero no come con ellos y, sin embargo, los escucha, haciendo honor al tópico de la curiosidad femenina. Cuando escucha que va a ser madre se ríe, se ríe mucho, recordemos ese hecho:

“El Señor se apareció a Abraham junto al encinar de Mamré, mientras él estaba sentado a la entrada de su carpa, a la hora de más calor. Alzando los ojos, divisó a tres hombres que estaban parados cerca de él. Apenas los vio, corrió a su encuentro desde la entrada de la carpa y se inclinó hasta el suelo, diciendo: "Señor mío, si quieres hacerme un favor, te ruego que no pases de largo delante de tu servidor. Yo haré que les traigan un poco de agua. Lávense los pies y descansen a la sombra del árbol. Mientras tanto, iré a buscar un trozo de pan, para que ustedes reparen sus fuerzas antes de seguir adelante. ¡Por algo han pasado junto a su servidor!". Ellos respondieron: "Está bien. Puedes hacer lo que dijiste". Abraham fue rápidamente a la carpa donde estaba Sara y le dijo: "¡Pronto! Toma tres medidas de la mejor harina, amásalas y prepara unas tortas". Después fue corriendo hasta el corral, eligió un ternero tierno y bien cebado, y lo entregó a su sirviente, que de inmediato se puso a prepararlo. Luego tomó cuajada, leche y el ternero ya preparado, y se los sirvió. Mientras comían, él se quedó de pie al lado de ellos, debajo del árbol. Ellos le preguntaron: "¿Dónde está Sara, tu mujer?". "Ahí en la carpa", les respondió. Entonces uno de ellos le dijo: "Volveré a verte sin falta en el año entrante, y para ese entonces Sara habrá tenido un hijo". Mientras tanto, Sara había estado escuchando a la entrada de la carpa, que estaba justo detrás de él. Abraham y Sara eran ancianos de edad avanzada, y los períodos de Sara ya habían cesado”. (Génesis 18, 1-11)

Luego más adelante leemos:

“Por eso, ella rió en su interior, pensando: "Con lo vieja que soy, ¿volveré a experimentar el placer? Además, ¡mi marido es tan viejo!". (Génesis 18-12)

Los hombres la escuchan y le preguntan que por qué se ha reído:

"Pero el Señor dijo a Abraham: "¿Por qué se ha reído Sara, pensando que no podrá dar a luz, siendo tan vieja? ¿Acaso hay algo imposible para el Señor? Cuando yo vuelva a verte para esta época, en el año entrante, Sara habrá tenido un hijo". (Génesis 18, 13-14)

Luego el texto nos cuenta que:

"Ella tuvo miedo, y trató de engañarlo, diciendo: "No, no me he reído". Pero él le respondió: "Sí, te has reído". (Génesis, 18, 15).


Características de Sara
Una de las características de Sara es su risa, es una mujer alegre de risa fácil. Abraham, fiel a su nomadismo, parte de nuevo hacia Guerar y allí Sara vive una situación parecida a la que ya vivió con el Faraón. De nuevo Abraham le dice que se hagan pasar por hermanos y el rey de Guerar, Abimelec, la toma por esposa, y la instala en su harén, hasta que se le aparece el Señor y condena esta conducta.

Abimelec se enfada grandemente y entonces llegamos a una información importante: Abraham no mentía del todo, ya que Sara y él eran hermanos de padre. Finalmente el rey lo colma de dones y lo deja marchar, a él y a Sara (Génesis, 20). Bien, este episodio repetido dos veces parece hablar del temor de Abraham y no queda muy bien parado el patriarca, puesto que pone en peligro el honor de su mujer, aunque, en ese momento, valía más la vida del marido que el honor de su esposa y así lo aplicó Abraham.

Finalmente, Sara concibe y da a luz un hijo, Isaac:

“El Señor visitó a Sara como lo había dicho, y obró con ella conforme a su promesa. En el momento anunciado por Dios, Sara concibió y dio un hijo a Abraham, que ya era anciano. Cuando nació el niño que le dio Sara, Abraham le puso el nombre de Isaac. Abraham circuncidó a su hijo Isaac a los ocho días, como Dios se lo había ordenado. Abraham tenía entonces cien años de edad”. (Génesis, 21, 1-5).

Podemos imaginarnos que Sara entonces reflexiona sobre aquella otra risa que soltó cuando no creyó lo que el Señor le deparaba y dice: Sara dijo:

"Dios me ha dado motivo para reír, y todos los que se enteren reirán conmigo". (Génesis 21-6)
La dureza de Sara
El Génesis nos muestra un momento crucial en la vida de Sara y observamos como actúa con extrema dureza con Agar de nuevo, lo cual choca con su carácter apacible y alegre, y la expulsa con su hijo Ismael, acaso sospechando que le pueda quitar la primogenitura a Isaac. Agar es consolada por el Señor en el desierto:

"Levántate, alza al niño y estréchalo bien en tus brazos, porque yo haré de él una gran nación". (Génesis, 21, 18).

Para ir terminando con Sara el Génesis nos la recuerda cuando muere:

“Sara vivió ciento veintisiete años, y murió en Quiriat Arbá - actualmente Hebrón - en la tierra de Canaán. Abraham estuvo de duelo por Sara y lloró su muerte”. (Génesis 23, 1-2)

El hecho de su sepultura fue también complicado porque Abraham quería comprar la tierra y no se lo permitían.

"Si ustedes quieren realmente que yo sepulte el cadáver, háganme el favor de interceder ante Efrón, hijo de Sójar, para que me venda la caverna de Macpelá, que él tiene en el extremo de su campo. Que me la ceda por su valor real, para que yo la posea como sepulcro familiar en medio de ustedes". Efrón - que estaba presente entre los descendientes de Het - teniendo por testigos a todos los que entraban por la puerta de la ciudad respondió a Abraham: "No, señor, escúchame bien: yo te doy el campo y también la caverna que hay en él. Te la doy en presencia de mis compatriotas, para que entierres a tu esposa". (Génesis 23, 7-11)

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