martes, 15 de marzo de 2011

TSUNAMI INTERIOR

Los noticieros del pasado viernes 11 de Marzo, nos sorprendían con imágenes que impactaban sobre el terrible sismo y el tsunami que asolaron Japón causando 3.373 muertos confirmados, 6.746 desaparecidos y 1.897 heridos, pero las autoridades temen que el balance final supere los 10.000 muertos teniendo en cuenta el número de desaparecidos.

El sismo de 8,9 grados en la escala de Richter que ha sacudido a Japón, se trata del quinto mayor sismo conocido en la historia de la humanidad desde que existen registros y el de mayor magnitud producida en Japón desde los últimos 140 años. La violenta sacudida de la tierra ha librado una energía equivalente a 10.000 bombas de Hiroshima, o lo que es lo mismo a 200 toneladas de dinamita.

Las pérdidas económicas causadas por el terremoto y el tsunami en Japón alcanzarían los US$182,000 millones, equivalentes al 3% del PBI de ese país. Las pérdidas directas, incluidos los daños sufridos en los aeropuertos e instalaciones portuarias en el área de Sendai, significarían la tercera parte de esa cifra, en tanto que los daños indirectos ascenderían a unos US$121,000 millones.

Empezar la editorial del programa con esta tragedia natural que tiene en alerta a todo el mundo, nos hace parar un momento y ponernos a reflexionar. Ante este devastador hecho climático vemos la pequeñez del hombre ante la creación, ante la naturaleza, y muchos nos preguntamos ¿Por qué permite Dios los desastres naturales como los terremotos, tornados, huracanes, tsunamis, tifones, avalanchas de lodo, y otros desastres naturales?

La tragedia del tsunami en Asia a finales del 2004, El huracán Katrina en 2005, en el sureste de los Estados Unidos, y las avalanchas de lodo en el 2006 en Filipinas y ahora el sismo y tsunami en Japón, en Marzo de 2011, tienen a mucha gente cuestionando la bondad de Dios. Es triste que con frecuencia los desastres naturales sean nombrados como “la mano de Dios” mientras que no se le da “crédito” a Dios por años, décadas, o aún siglos de un clima benéfico.

La mayoría de los desastres naturales son el resultado de estas leyes en acción. Los huracanes, tifones y tornados son el resultado de la colisión de diferentes patrones climáticos. Los terremotos son el resultado de desplazamientos de las placas en la estructura de la corteza terrestre. Un tsunami es causado por un terremoto submarino.

La Biblia proclama que en Jesucristo subsiste el control de la naturaleza, como nos dice Colosenses 1:16-17: “…porque en él fueron creadas todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra los seres visibles y los invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados y Potestades: todo fue creado por medio de él y para él. El existe antes que todas las cosas y todo subsiste en él…”

¿Podría Dios prevenir los desastres naturales? ¡Absolutamente! ¿Algunas veces Dios influye sobre el clima? En el libro Deuteronomio 11-17, nos dice: “Porque entonces la ira del Señor arderá contra ustedes: él cerrará el cielo y ya no habrá más lluvia; el suelo dejará de dar sus frutos, y ustedes no tardarán en desaparecer de esta tierra fértil que les da el Señor” ¿Algunas veces Dios causa los desastres naturales como juicio contra el pecado? Lo afirma el libro de Números 16, 30-34. “…Pero si el Señor realiza algo inusitado - si la tierra abre sus fauces para tragarlos con todos sus bienes y ellos bajan vivos al Abismo - ustedes sabrán que esta gente ha despreciado al Señor…”

¿Es cada desastre natural un castigo de Dios? Absolutamente no. De forma muy parecida a la que Dios permite que la gente mala cometa actos malvados, Dios permite que la tierra demuestre las consecuencias que tiene el pecado sobre la creación. Romanos 8:19-21 nos dice: “En efecto, toda la creación espera ansiosamente esta revelación de los hijos de Dios. Ella quedó sujeta a la vanidad, no voluntariamente, sino por causa de quien la sometió, pero conservando una esperanza. Porque también la creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios” La caída de la humanidad en el pecado tuvo efectos en todo, incluyendo el universo que habitamos. Todas las cosas en la creación fueron sujetadas a la “vanidad” y a la “corrupción”. El pecado es la causa final de los desastres naturales, así como lo es la causa de la muerte, la enfermedad y el sufrimiento.

Así que, regresamos donde empezamos: podemos entender por qué ocurren los desastres naturales: no... lo que no comprendemos es por qué Dios permite que ocurran. Y viene la pregunta: ¿Por qué permitiría que millones de personas pierdan la vida o queden sin hogar como ha ocurrido en Japón hace unos días…? lo que podemos saber es esto... hay muchos milagros asombrosos, que ocurren durante el proceso de desastres naturales –evitando una mayor pérdida de vidas, estos desastres naturales causan que millones de personas reevalúen sus prioridades en la vida.

En síntesis: 
Al comenzar esta editorial destacaba cómo la fuerza de la naturaleza va contra el hombre y su entorno, destruyendo a su paso lo que los seres humanos hemos construido…cegando vidas y dejando miles de desaparecidos y personas sin hogar… y esto sucede en tiempo de Cuaresma, en ese tiempo de conversión, de aridez espiritual, de búsqueda interior, de comenzar un camino de 40 días para la Pascua… y me pregunto no debería ser -pero en otro contexto y sentido- dejar a Dios que nos envíe un tsunami interior para que arrase con todo lo que nos aleja de su presencia, de sus virtudes, deseos y gracias que tiene para cada uno de nosotros… y cuando bajen las aguas arrastren todo lo malo y perjudicial que nos aleja de su presencia y así comenzar a reconstruir nuestra vida espiritual.

Alfredo Musante
Director responsable
Programa radial
EL ALFA Y LA OMEGA

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