martes, 6 de septiembre de 2011

¿LA MUERTA TIENE LA CULPA?


Empiezo mi editorial con una pregunta sobre esta nena de 11 años, llamada Candela: ¿Y si Candela no hubiera nacido? ¿Todos estaríamos libres de culpa? Todos estaríamos tan tranquilos sin haber hecho nunca nada sabiendo que la gente no desaparece. Tal vez. Quizás vivamos libres de culpa hasta el día que nosotros mismos seamos los culpables, el día en el que alguno de nosotros estemos muertos, el día en el que no podamos echarle la culpa a nadie. Pero como las sociedades no se mueren, sino que se transforman; probablemente algún día hallemos alguna respuesta antes de que un nuevo problema se presente sin solución, antes de que el dolor de una nueva muerte nos lleve, incluso, a mirar al muerto como el responsable de su propia muerte. Aun cuando ninguno de nosotros, me incluyo, asuma esa realidad.

Ahora bien, qué es lo que vimos, oímos y leímos durante estos 15 días con el resonante caso de Candela. Quiero ser honesto con ustedes y decirles que no seguí 100%100 el desarrollo día a día como iban sucediendo las cosas, pero si percibí el lenguaje “sobrador” de la madre, nunca la note “quebrada”, nunca “desesperada” eso me daba la pauta que era desafiante, por momentos me daba la impresión que se creía intocable, como cuando éramos chicos y le mojábamos la oreja a los otros chicos para “marcar” nuestro territorio y mostrar que no teníamos miedo, y esta señora me mostraba con sus respuestas y exclamaciones eso: querer mojarle la oreja a los delincuentes que tenían secuestrada a su pequeña. Nada de pedir clemencia, por el contrario “los tengo rodeados...” “están perdidos” ese era el mensaje.

Candela salió de su casa un lunes feriado a encontrarse con sus amigas, pero desapareció. Nadie desaparece. Se va por propia decisión o como consecuencia de un trastorno emocional o psiquiátrico, no está porque alguien lo secuestró, murió accidental o naturalmente en la calle o fue asesinado. No hay muchas opciones. La gente no desaparece. Sin embargo todos comenzamos a hablar y oír de una nena que había desaparecido de la esquina de su casa. Nueve días después, con su cadáver en una bolsa, las respuestas sobrevolaron las más variadas hipótesis, pero era tarde.

En la televisión, en la radio, en los diarios; los comentarios sobre cómo no se había buscado mejor, sobre cómo no se había investigado tal o cual línea, abarrotaron segundos y espacios. La culpa es de la policía. Pero nada se dijo sobre que se estaba mirando. Si el espectáculo del dolor, si la convocatoria al morbo o la necesidad de encontrar a alguien que no puede desaparecer, porque la gente no desparece. Luego, advertidos desde esos mismo lugares que se había transitado el camino equivocado, algunos elaboraron la teoría de la conspiración mediática que todo lo puede. No había sido un error involuntario, había sido una canallada que había arrojado este resultado. La culpa es de los otros. Un sector de la prensa culpa a la policía o a los investigadores y otro sector de la prensa culpa a la misma prensa.

En síntesis: 
Leía en un diario una nota al jefe de Gabinete de la Nación, Aníbal Fernández, opinando sobre el caso de Candela Rodríguez, la niña que fue hallada muerta tras estar secuestrada nueve días, dijo que "es un hecho fuera de lo común". A juicio del jefe de Gabinete, "el cerco mediático" que rodeó al caso "fue absolutamente perjudicial para la investigación", yo me pregunto ¿por donde pasa nuestra realidad? ¿Qué diario viejo estamos comprando que todavía no podemos entender que a nuestro alrededor se esta destruyendo el mundo y nosotros no lo alcanzamos a ver? ¿Qué las cosas no alcanzan, que el dinero no alcanza? Y no me cabe duda porque lo sufro como todo el mundo pero, si no construimos valores, si no defendemos a los niños evitando que se siga robando, interviniendo cuando veo cosas raras, denunciando, teniendo en claro por donde pasa el respeto que debemos tener por ellos, nuestros hijos, los niños de nuestra sociedad, todos, ricos y pobres, buenos y malos la problemática seguirá peligrosamente en aumento.

Cualquiera opina, se pregunta cualquier cosa, se insiste, se tejen hipótesis, se interpretan acciones policiales y jurídicas que muchas veces lo único que hacen es entorpecer la investigación, hasta el punto de adelantar procedimientos, alertando a los delincuentes sobre los pasos que los investigadores pretenden dar.

La madre, le hablaba a su hija en los primeros días de ausencia sabiendo que la gente no desaparece. “Mamita te cargué el celular” (no voy a decir la marca), “…mándame un mensaje”; le dijo ante las cámaras. Alguien incluso dijo luego que la nena podía conocer a sus captores, que se fue voluntariamente, que cómo el cadáver no tenía marcas de ataduras, estuvo retenida por alguien que podía convencerla de quedarse. Alguien llegó a decir incluso que Candela le podría haber mentido a su madre y haber ido a otro lugar y no la esquina a encontrarse con sus amigas. Candela tiene la culpa. Todos, nosotros, cada uno, actores, famosos, dirigentes sociales; todos, asistimos sin más. Creyendo que se ayudaba. Pero otra vez, la muerte. El muerto tiene la culpa.

Alfredo Musante
Director Responsable
Programa radial
EL ALFA Y LA OMEGA

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