martes, 12 de marzo de 2013

Los viajes de Jesús al extranjero

Jesús dijo una vez que Él había venido sólo a predicar a los judíos, no a los paganos (Mt 15,24). Y a sus discípulos les pidió que hicieran lo mismo (Mt 10,5; 10,23). Sin embargo, el Evangelio de Marcos relata cuatro viajes de Jesús al extranjero para predicar a los paganos. Si su misión era predicar únicamente a los judíos, ¿por qué aparecen estos viajes en Marcos? ¿Cuáles son los lugares que visitó Jesús? ¿Qué hechos sucedieron allí? Los Evangelios, como sabemos, no son relatos estrictamente históricos de la vida de Jesús.

El hecho, pues, de que Marcos lo presente tantas veces viajando fuera del territorio de Israel tiene una intención teológica: mostrar el interés de Jesús también por los paganos, y no sólo por los judíos. ¿Pero por qué Marcos necesitaba recalcar el aprecio de Jesús hacia los paganos? Porque su evangelio estaba dirigido justamente a una comunidad de origen pagano; y sus lectores no se habrían sentido muy contentos si Marcos sólo hubiera expuesto la preocupación del Señor por los judíos. En cambio al narrar varias salidas de Jesús fuera de Israel, dejó en claro que no había venido sólo a salvar a los judíos sino también a los extranjeros.

El primer viaje de Jesús fuera de su patria, según Marcos, lo hizo después de pronunciar el sermón de las parábolas. Entonces dijo a sus discípulos: “Pasemos a la otra orilla” (Mc 4,35). La frase debió de haber sonado aterradora. La “otra orilla” del lago de Galilea era tierra extranjera y peligrosa, llena de paganos y de gente impura, a la que ningún judío virtuoso habría osado ir. Pero a pesar del temor que sintieron, no pudieron decir que no. El sermón de las parábolas que acababan de escuchar los obligaba a salir de su comodidad para ir a sembrar, del otro lado del mar, la Palabra de Dios.

Ya el viaje comenzó mal. Apenas salieron se desató una terrible tormenta que amenazó con hundir el barco, y el pánico se apoderó de los discípulos (Mc 4,35-41). Pero Jesús, que iba con ellos, calmó la tormenta, y así les mostró que mientras viajaran con él jamás debían temer a lo desconocido. Al desembarcar, en la ciudad de Gerasa, les salió al encuentro un endemoniado (Mc 5,1-21). Era un hombre violento, que vivía entre los sepulcros, con una fuerza extraordinaria, capaz de romper las cadenas con que lo ataban, y que se automutilaba con piedras. Jesús se le acercó, y luego de un breve diálogo con él lo curó de su enfermedad. Al verse sano, el ex endemoniado quiso quedarse con Jesús, pero él le ordenó que volviera a su casa, y contara allí lo que le había sucedido. Inmediatamente Jesús emprendió el regreso a su país.

Este primer viaje, con la curación del poseído, constituye un precioso detalle del evangelista Marcos para los paganos. En efecto:

a) el primer milagro que Jesús había hecho en tierra judía, era justamente la curación de un endemoniado (Mc 1,23-28). Ahora, el primer milagro que hace en tierra extranjera es también la curación de un endemoniado;

b) el endemoniado judío, al ver a Jesús lo reconoce, entra en crisis y dialoga brevemente con él. También el endemoniado pagano al ver a Jesús lo reconoce, entra en crisis y dialoga brevemente con él;

c) después de curar al endemoniado judío, la fama de Jesús se extendió por toda la región. Después de curar al endemoniado pagano, también la fama de Jesús se extendió por toda la región; d) en territorio judío, la misión de Jesús había sido preparada por un predicador (Juan el Bautista) que vivía en el desierto (Mc 1,2-5). En territorio pagano, la misión de Jesús también es ahora preparada por un predicador (el ex endemoniado) que vivía en el desierto. Marcos, pues, se basó en el primer milagro de Jesús a un judío, para componer el primer milagro a un pagano. Así podía mostrar que, para Dios, tanto unos como otros eran objetos de su amor y de sus cuidados.

El segundo viaje de Jesús al exterior lo realizó después de multiplicar los panes (Mc 6,45-53). Jesús ordenó a sus discípulos embarcarse “a la otra orilla”, a la ciudad de Betsaida, mientras él se quedaba en la costa rezando. En cuanto partieron, se desató sobre el lago un fuerte viento que impidió a los discípulos seguir remando. Entonces, en medio de la oscuridad de la noche, apareció Jesús caminando sobre las aguas. Ellos se asustaron y empezaron a gritar, creyendo que era un fantasma. Pero en cuanto Jesús subió a la barca con ellos, el viento se calmó. Y la barca terminó atracando en la ciudad de Genesaret, es decir, otra vez en territorio judío.

El segundo viaje, pues, terminó en un fracaso. La causa fue el miedo, que paralizó a los discípulos. También en el primer viaje habían sentido miedo, pero al menos habían recurrido a Jesús. Esta vez ni siquiera lo reconocieron cuando caminó hacia ellos, ni le pidieron ayuda. Marcos quiso enseñar así a sus lectores, que la evangelización a los paganos sin Jesús, es decir, sin sus métodos, su doctrina, su visión del mundo y del hombre, estaba condenada al fracaso.

El tercer viaje al extranjero Jesús lo hizo por tierra, y su primera parada fue la ciudad de Tiro (Mc 7,24), a 60 kilómetros de Cafarnaúm. Al llegar allí, “no quería que nadie lo supiese”. Pero de improviso se le presentó una mujer fenicia con su hijita enferma, y le suplicó que la curara. Jesús se negó, explicándole que él había venido a ayudar a los judíos, no a los paganos. Pero la mujer le replicó que el pan de Dios es abundante, y que alcanza para todos, incluidos los paganos. Al escuchar estas palabras, Jesús aceptó curar a la niña. Con este milagro, Marcos nuevamente quiso mostrar a sus lectores la igualdad de judíos y paganos. En efecto, el segundo milagro de Jesús en tierra judía había sido la curación de una mujer (Mc 1,2).

Fuente:
Artículo extractado de la revista “Vida Pastoral” del Editorial san Pablo - Argentina

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