miércoles, 28 de junio de 2017

QUÉ DICE LA BIBLIA SOBRE EL INFIERNO-Primera Parte

¿Existe el infierno? Y si es así, ¿en qué consiste? ¿Revela la Biblia algún detalle sobre él?

Para responder a estas preguntas, debemos tener en cuenta que sobre este tema (así como en otros) la mentalidad bíblica fue evolucionando. En los primeros tiempos, los israelitas no se preguntaban mucho qué ocurría después de la muerte. Simplemente creían que todos los hombres, buenos y malos, justos e injustos, al morir bajaban a una inmensa habitación oscura y silenciosa llamada SHEOL, donde llevaban una vida debilitada y somnolienta. Así, por ejemplo, vemos que tres personajes malvados llamados CORÉ, DATÁN Y ABIRÓN, que se sublevaron contra Moisés, murieron y bajaron al SHEOL (Núm 16, 28-30). Y alguien tan venerado como el PATRIARCA JACOB (Gn 37, 35), o el piadoso REY EZEQUÍAS (Is 38, 10), también al morir terminan yendo al SHEOL. Job mismo dice: “Sé que al morir me iré al lugar donde se reúnen todos los mortales” (Jb 30, 23).

Para la mentalidad primitiva, no había diferencia en el destino final de los hombres. Todos, buenos y malos, iban a parar al mismo lugar. Con el paso del tiempo se empezó a ver lo errado de esta manera de pensar. No era posible que tuvieran un final semejante los que habían llevado una vida buena y los que habían tenido una vida de pecado. Así, alrededor del año 200 a.C., los judíos dejaron de creer en el SHEOL como único final para todos, y comenzaron a enseñar que en el otro mundo había dos habitaciones distintas, una para los justos y otra para los pecadores. Y que allí los pecadores serían atormentados con castigos. El primer libro de la Biblia que afirma esto es el de Daniel, escrito alrededor del año 165 a.C. Ahí leemos: “Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán; unos para la vida eterna, y otros para la vergüenza y el horror eternos” (Dn 12, 2-3).

Esta es la primera vez que el Antiguo Testamento menciona lo que nosotros después llamaremos “INFIERNO”. Aquí se lo denomina “vergüenza y horror eternos”, pero no explica en qué consiste. Lo único que queda en claro es que se trata de un destino diferente al de los buenos. La segunda vez que se habla del infierno es en el libro de la Sabiduría, escrito alrededor del año 50 a.C: “Los pecadores recibirán el castigo que sus pensamientos merecen, por despreciar al justo y apartarse de Dios” (Sab 3, 10). Son las dos únicas menciones del infierno en todo el Antiguo Testamento. Pero ninguna explica qué es. Cuando Jesús empezó a predicar, la originalidad de su mensaje fue que él hablaba en sus discursos exclusivamente de la salvación, no de “salvación y condenación”. Por eso llamó a su mensaje Buena Noticia. Basta comparar una frase suya con la de Juan Bautista, para darnos cuenta. Mientras Juan anunciaba: “Conviértanse, porque el Reino de los cielos está cerca. El hacha ya está puesta en la raíz del árbol, y el que no dé fruto será cortado y arrojado al fuego” (Mt 3, 2. 10), Jesús sólo decía: “Conviértanse, porque el Reino de los cielos está cerca” (Mt 4, 17). Lo mismo vemos cuando Jesús fue a predicar a la sinagoga de Nazaret. Leyó un largo pasaje del profeta Isaías, pero al llegar a la última parte, donde Isaías anunciaba “un día de venganza” contra la gente, Jesús se detuvo y lo cortó (Lc 4, 16-19). Y Lucas comenta que todos se admiraban de las palabras “llenas de gracia” que salían de su boca.

Sus parábolas sobre el perdón (como la del hijo pródigo, el fariseo y el publicano, la oveja perdida), y su actitud de misericordia hacia los pecadores más despreciables (la adúltera, la prostituta, los cobradores de impuestos) muestran hasta dónde la salvación era el único objeto de su prédica. Se lo dice claramente a Nicodemo: “Dios no ha enviado a su Hijo a condenar al mundo, sino a salvarlo” (Jn 3, 17). Y también a los jefes judíos: “No he venido a condenar al mundo, sino a salvarlo” (Jn 12, 47). Sin embargo, en algunas enseñanzas Jesús admite la posibilidad de una condena eterna. Lo hace, por ejemplo, cuando habla de “perder la vida” (Mc 8, 35), “perder el alma y el cuerpo” (Mt 10, 28), “no ser conocido” (Mt 7, 23), “ser apartado” (Mt 7, 23), “ser echado afuera” (Lc 13, 28). Con estas expresiones Jesús presenta la condena eterna, o sea, el infierno, como una exclusión del ámbito de Dios, como un no permitirle al hombre unirse a Dios en el más allá. Por lo tanto, para Jesús el infierno es simplemente la ausencia de Dios. Pero además de estas expresiones, en otras palabras de Jesús encontramos cuatro imágenes que describen de alguna manera cómo es el infierno. Estas son: a) fuego que no se apaga; b) gusanos que no mueren; c) tinieblas exteriores; y d) llanto y rechinar de dientes.

El elemento más característico del infierno es el fuego. El Nuevo Testamento lo menciona de seis maneras distintas: “fuego que no se apaga” (Mc 9, 48), “fuego eterno” (Mt 25, 41), “horno de fuego” (Mt 13, 42), “fuego ardiente” (Heb 10, 27), “lago de fuego y azufre” (Apoc 19, 20), “Gehena de fuego” (Mt 5, 22), y “llama que atormenta” (Lc 16, 25). Los teólogos han discutido durante siglos sobre la realidad de este fuego, pero hoy sabemos que se trata simplemente de un símbolo, de un lenguaje figurado, del mismo modo que es simbólica la frase de Jesús cuando nos dice que debemos arrancarnos un ojo o cortarnos la mano si ellos nos hacen pecar (Mt 5, 27-30). Nos podemos preguntar entonces, ¿Por qué el Nuevo Testamento emplea el símbolo del fuego para explicar los sufrimientos del infierno? Algunos piensan que es porque, de los dolores físicos que experimentamos en la vida diaria, uno de los peores es el de la quemadura. Por lo tanto, la posibilidad de arder eternamente en el infierno representa un castigo absolutamente terrible.

Sin embargo, para la mentalidad judía, el fuego ardiente estaba asociado, más que a la idea de un dolor grande, al lugar donde iba a parar la basura, aquello que ya no sirve, el desperdicio. Por eso Jesús dice que el árbol que no da fruto es “arrojado al fuego” (Mt 7, 19); y que la cizaña inservible “es quemada” (Mt 13, 30). Por lo tanto, decir que alguien va a ser quemado equivale simplemente a decir que es un inútil, que no sirve para nada. No que va a sufrir mucho. Por eso, ante el abuso de muchos cristianos que se habían esmerado en describir con detalles el fuego del infierno, el Papa Juan Pablo II aclaró, en una catequesis pronunciada el 28 de julio de 1999, que se trata de “imágenes que expresan la completa frustración y vaciedad de una vida sin Dios”. De esta manera, Juan Pablo II se convertía en el primer papa que eliminaba el “fuego” del infierno.

El segundo elemento mencionado por Jesús sobre el infierno es el “gusano que no muere”. Sólo lo trae Marcos (Mc 9, 48). ¿Qué significado tiene? Para la Biblia, la presencia del gusano alude (igual que el fuego) a lo inservible e inútil. Lo menciona en el maná podrido (Éx 16, 20), en los enfermos pestilentes (2Mac 9, 9; Hech 12, 23), en los cadáveres (Is 14, 11; 66, 24). Por lo tanto, afirmar que en el infierno hay “gusanos que no mueren” significa que la situación de los que se condenan es como la de un cadáver descompuesto o la de un montón de basura inútil. El tercer elemento del infierno es el de las “tinieblas exteriores”. Sólo lo cita Mateo (8, 12; 22, 13; 25, 30). ¿Por qué emplea esta figura? Los judíos imaginaban la salvación eterna como un gran banquete, espléndidamente iluminado. Era lógico, pues, que imaginaran el infierno como lo contrario, es decir, como “tinieblas que quedaban afuera” de ese banquete. Las tinieblas simbolizan simplemente la no participación en la fiesta final.

El cuarto elemento es el “llanto y rechinar de dientes”. Lo mencionan Mateo (Mt 8, 12) y Lucas (13, 28). El rechinar de dientes en la Biblia aparece siempre como ejemplo de rabia y de odio (Job 16, 9; Sal 35, 16; Hech 7, 54). Unida al llanto, la frase completa quiere expresar el dolor y la desesperación de los que quedan excluidos de la salvación.

Ariel Alvarez Valdés
Biblista

JUANA MANSO

JUANA PAULA MANSO DE NORONHA, fue una escritora, traductora, periodista, maestra y precursora del feminismo en Argentina, Uruguay y Brasil. En literatura es considerada como una de las precursoras de la novela hispanoamericana junto a EDUARDA MANSILLA, MERCEDES MARÍN, ROSARIO ORREGO, GERTRUDIS GÓMEZ DE AVELLANEDA, JULIA LÓPEZ DE ALMEIDA, CLORINDA MATTO DE TURNER, MANUELA GORRITI Y MERCEDES CABELLO DE CARBONEDA. Nació el 26 de junio de 1819, en un hogar de clase media alta, su padre, José María Manso, inmigrante andaluz, ingeniero y agrimensor, casado con Teodora Cuenca, una joven porteña de ascendencia hispánica. Se formó en un ambiente familiar partidario de las ideas de Mayo, su padre participó de las batallas por la Revolución de 1810, luego fue partícipe del Gobierno Unitario de Bernardino Rivadavia, lo cual impulsó la creación de la Sociedad de Beneficencia Educativa, con el fin de fundar las escuelas de las Catalinas, y la de Montserrat. Esto les trajo muchos trastornos futuros porque, en 1839, JUANA MANSO, con 20 años, emigra a Montevideo por las persecuciones que su familia recibe durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas.

Convencida de que la educación era clave en la emancipación, se ocupó de promover la escolarización en general y de manera particular la escolarización de la mujer. Abogó por la educación popular, gratuita, metódica, mixta, científica y abierta a todas las clases sociales y se la considera iniciadora de un movimiento de coeducación como modalidad que parte del reconocimiento de igualdades entre varones y mujeres. En 1841 en dos habitaciones de su casa JUANA MANSO funda el Ateneo de las Señoritas en Montevideo, allí enseñaba a las jóvenes y señoras del Uruguay en aritmética, lectura, labores, cuidado de los modales de las damas, lecciones de moral, gramática, francés, piano, canto y dibujo. De todos los rincones llegaban a estudiar allí. José Mármol, su amigo, la insta a escribir en diarios regionales y es allí, como identificada con el romanticismo de Esteban Echeverría, publica semanalmente poesías bajo diferentes seudónimos. Uno de los seudónimos utilizados fue "UNA JOVEN ARGENTINA" con el cual publicó una traducción de la novela en francés "El Egoísmo y la amistad o los defectos del orgullo" Manuel Oribe sitia Montevideo en 1842 y toda la familia Manso tuvo que exiliarse nuevamente, esta vez en Brasil. Allí publica historias y tratados filosóficos, pero la difícil situación económica hace que en 1843 regresen a Montevideo, pues es nombrada directora de una escuela de niñas.

Publica las poesías “Una tumba” y “Una lágrima para ella” en El Nacional y un Manual para la educación de niñas. Contrae matrimonio con Francisco de Sáa Noronha, un violinista apenas discreto que la hizo incursionar por giras en Estados Unidos, Cuba y Brasil. Con él tiene dos hijas. Junto a su esposo, Manso escribió obras teatrales, obteniendo varios éxitos. Durante su estancia en Brasil funda el periódico O JORNAL DAS SENHORAS. Modas Literatura, Bellas Artes, Teatro y Crítica (publicado entre 1852 y 1854) considerado el primer periódico feminista latinoamericano. Publica en este periódico en forma de folletín Misterios del Plata, desde el 4 de enero hasta el 2 de junio de 1852. También una serie de notas tituladas "Emancipación moral de la mujer" privilegiando la acción y definición de la misma como sujeto social y no como víctima de las circunstancias. También publica artículos contra el racismo y la esclavitud, partituras, poemas y crónicas de viaje. Al enterarse de la muerte de su padre que hasta ese momento hacía de mecenas, su esposo la abandona y con sus dos hijas regresa a Buenos Aires luego de la caída de Rosas.

En 1854 funda el 1 de enero en Buenos Aires el semanario "Álbum de Señoritas" periódico de Literatura, Modas, Bellas Artes y Teatros. Hay artículos sobre la emancipación de la mujer, la educación popular, filosofía, homeopatía, relatos de viajes por el interior de América, notas sobre avances científicos, ataques a la iglesia y comentarios en tono irónico sobre modas. Y como folletín la novela La familia del Comendador. La publicación no tiene éxito y cierra en el octavo número. En 1859, el escritor José Mármol la presenta a Domingo F. Sarmiento, quien la promovería a directora de la Escuela Normal Mixta Nº1, en el barrio de Monserrat. Al poco tiempo, se hizo cargo de los "Anales de la Educación Común", órgano creado por Sarmiento para difundir su política educativa. Manso difundía ideas de avanzada, apelando a la reflexión educativa en contra de la pedagogía del castigo. Mientras tanto, se dedicó a traducir obras que le pedía Sarmiento, a realizar obras de difusión cultural y a seguir escribiendo. Entre otros textos, en 1862 redactó el "Compendio de historia de las Provincias Unidas del Río de la Plata", un manual para difundir en las escuelas.

En 1864, junto con Eduarda Mansilla, fundó "La Flor del Aire", periódico literario dedicado a la mujer, que dirigía Lope del Río. Con el seudónimo "Dolores" escribió "Mujeres ilustres de América del Sud", con el propósito de rescatar la vida y las luchas de las mujeres por la independencia y la libertad. El relato "Margarita" reflejaba la hipocresía de las relaciones familiares en el siglo XIX. Con la llegada de Sarmiento a la presidencia, en 1868, fue la primera mujer vocal del Departamento de Escuelas y luego de la Comisión Nacional de Escuelas. Fundó más de 30 escuelas e introdujo el inglés y los concursos de méritos. En una conferencia sobre la "Reforma Religiosa en Europa", dada en Chivilcoy, fue agredida. En compensación recibió notas de desagravio de Sarmiento y de Mary Mann, esposa de Horace Mann Sr., quienes habían establecido en Massachusetts la educación popular y de la mujer, como una prioridad para promover la docencia femenina, su trabajo y su ascenso social, y como consecuencia, el de su familia. La correspondencia con Mary Mann se prolongó hasta 1872.

"Quiero probar que la inteligencia de la mujer, lejos de ser un absurdo o un defecto, un crimen o un desatino, es su mejor adorno, es la verdadera fuente de su virtud y de la felicidad doméstica. La sociedad es el hombre: él solo ha escrito las leyes de los pueblos, sus códigos; por consiguiente, ha reservado toda la supremacía para sí; el círculo que traza en derredor de la mujer es estrecho inultrapasable, lo que en ella clasifica de crimen, en él lo atribuye a la debilidad humana; de manera que, aislada la mujer en medio de su propia familia, de aquella de que Dios la hizo parte integrante, segregada de todas las cuestiones vitales de la humanidad por considerarse la fracción más débil, son con todo obligadas a ser ellas las fuertes y ellos en punto a tentaciones, son la fragilidad individualizada en el hombre".

Durante 1864 crea con Eduarda Mansilla el semanario "Flor del Aire", teniendo a su cargo la sección “Mujeres Ilustres de la América del Sur”. En él rescató la vida de mujeres que lucharon por la independencia y libertad como el Alférez Manuela Pedraza, la Teniente Coronel Juana Azurduy y Encarnación Sanguinet de Varela. También escribió el drama teatral "La Revolución de Mayo de 1810", y el relato "Margarita", en donde reflejaba la hipocresía de las relaciones de pareja en el siglo XIX. En 1865 escribe “La escuela de Flores”, en el que critica duramente a los gobiernos latinoamericanos por no destinar los fondos suficientes a la educación. Con Sarmiento como presidente, fundó 34 escuelas con bibliotecas públicas. Junto a esto introdujo el inglés, las planillas por asistencia, la realización de concursos para los puestos directivos, promovió un proyecto de profesionalización docente en la legislatura de Buenos Aires. Distribuyó Los Anales, fue la primera mujer vocal del Departamento de Escuelas en 1869. En 1871, fue incorporada por Nicolás Avellaneda en la Comisión Nacional de Escuelas, siendo la primera mujer que ocupó ese cargo.

Por su condición de mujer los diarios y publicaciones la atacaron constantemente, hasta el punto de denigrarla nombrándola con epítetos salvajes. Eso quebrantó su salud. Enferma y cansada muere a los 55 años de hidropesía, enterrada en el Cementerio británico porque se negó a recibir la extremaunción. Sus amigos vieron en esta última voluntad una muestra de su coherencia entre sus pensamientos y su modo de vivir y morir. Recién en 1915, sus restos fueron trasladados al panteón de Maestros del Cementerio de la Chacarita de Buenos Aires. La poetisa Juana Manuela Gorriti despidió sus restos y en su oratoria aclamó "Juana Manso gloria de la educación, sin ella nosotros seríamos sumisas, analfabetas, postergadas, desairadas. Ella es el ejemplo, la virtud y el honor que ensalza la valentía de la mujer, ella es, sin duda, una mujer".

¿QUE SON LOS PATRIARCADOS?

El patriarcado es un grupo de diócesis que hacen referencia a un obispo que tiene el título de patriarca. Se definen como patriarcal tanto a las diócesis como a las iglesias que son sede del patriarcado y del patriarca. En la actualidad, la Iglesia Católica tiene dos clases de patriarcas: reales y nominales. Entre los primeros se reconocen algunas sedes orientales, alrededor de las cuales se organiza un determinado rito, y entre los segundos hay tres patriarcados latinos. En la Iglesia de rito latino se extendió la costumbre de llamar patriarcado a las sedes cuya fundación se debiera a uno de los apóstoles o evangelistas. En Italia se le trata de Patriarca al arzobispo de Venecia (sede fundada por San Marcos) y en Portugal al arzobispo de Lisboa (dignidad otorgada en el siglo XVIII); ambos títulos son meramente nominales y sin ningún poder jurisdiccional en sus respectivas naciones. Además, el arzobispo de la sede de Jerusalén también recibe la dignidad de Patriarca. Los Patriarcas orientales son elegidos por los obispos de sus respectivos ritos, con la aprobación del Papa, quien les entrega el palio simbólico de su dignidad. Es de destacar que el papa Benedicto XVI no adoptó el título de «Patriarca de Occidente», como prueba de la voluntad de acercamiento a la Iglesia ortodoxa. Sobre ellos, en el decreto ORIENTALIUM ECCLESIARUM de 1964, se dice:

“Con el nombre de Patriarca oriental se designa el Obispo a quien compete la jurisdicción sobre todos los Obispos, sin exceptuar los Metropolitanos, sobre el clero y el pueblo del propio territorio o rito, de acuerdo con las normas del derecho y sin perjuicio del primado del Romano Pontífice. Dondequiera que se constituya un Jerarca de rito determinado, fuera de los límites del territorio patriarcal, permanece agregado a la Jerarquía del Patriarcado del mismo rito, según las normas del derecho. Aunque cronológicamente unos sean posteriores a otros, los Patriarcas de las Iglesias orientales son todos iguales en la dignidad patriarcal, aunque se guarde entre ellos la precedencia de honor legítimamente establecida. Según la antiquísima tradición de la Iglesia, los Patriarcas de las Iglesias orientales han de ser honrados de una manera especial, puesto que cada uno preside su patriarcado como padre y cabeza del mismo. Por eso, este santo Sínodo establece que sus derechos y privilegios sean restaurados según las tradiciones antiguas de cada Iglesia y los decretos de los concilios ecuménicos. Estos derechos y privilegios son los mismos que había en el tiempo de la unión entre Oriente y Occidente, aunque haya que adaptarlos de alguna manera a las condiciones actuales. Los Patriarcas con sus sínodos constituyen la última apelación para cualquier clase de asuntos de su patriarcado, sin excluir el derecho de erigir nuevas diócesis y de nombrar Obispos de su rito dentro de los límites de su territorio patriarcal, salvo el derecho inalienable del Romano Pontífice de intervenir en cada uno de los casos. Lo que se dice de los Patriarcas también vale, según las normas del derecho, para los Arzobispos mayores que presiden una Iglesia particular o rito. Siendo la institución patriarcal una forma tradicional del gobierno entre las Iglesias orientales, desea el Concilio santo y ecuménico que donde haga falta se erijan nuevos patriarcados, cuya constitución se reserva al Concilio ecuménico o al Romano Pontífice”

Las iglesias ortodoxas y orientales tienen un patriarca al frente de cada Iglesia autocéfala. Los patriarcados de la iglesia ortodoxa son:

Patriarcado de Constantinopla
Patriarcado de Alejandría
Patriarcado de Antioquía
Patriarcado de Jerusalén
Patriarcado de Moscú
Patriarcado de Georgia
Patriarcado de los Serbios
Patriarcado de Rumanía
Patriarcado de Bulgaria

Patriarcados ortodoxos que no están en comunión con Constantinopla

Patriarcado de Moscú de la antigua iglesia ortodoxa rusa
Patriarcado de Kiev de la Iglesia ortodoxa ucraniana
Patriarcado de Kiev de la Iglesia ortodoxa autocéfala ucraniana

En el ámbito de la iglesia católica occidental existen los siguientes patriarcados de rito romano:

Patriarcado de Venecia
Patriarcado de Lisboa
Patriarcado de las Indias Occidentales (sede vacante desde 1963)
Patriarcado de las Indias Orientales (posee la archidiócesis de Goa e Damão)
Patriarcado Latino de Jerusalén

En el ámbito de la iglesia católica oriental existen los siguientes patriarcados (de diversos ritos orientales):

Patriarcado Copto de Alejandría
Patriarcado Melquita de Antiochia (con sede en Damasco, Siria)
Patriarcado Maronita de Antioquia (con sede en Bkerké, en El Líbano)
Patriarcado Sirio de Antioquia (con sede en Beirut, en El Líbano)
Patriarcado Armenio de Cilicia (con sede en Beirut, en El Líbano)
Patriarcado Caldeo de Babilonia

También hubo un Patriarcado de Cartagena (siglo VII), Patriarcado de Grado (suprimido en 1451, cuando el título de patriarca se transfirió a la sede de Venecia), el Patriarcado de Aquilea (en 1751) y, más recientemente, los patriarcados Latino de Alejandría, Latino de Constantinopla y Latino de Antioquia, los tres en 1964 del papa Pablo VI por regiones legadas al ecumenismo. Durante un determinado período de tiempo (en la Edad Media) hubo el título de patriarca del arzobispado de Bourges. Desde 2006 el papa Benedicto XVI ha renunciado al título de Patriarca de Occidente, por la imprecisión que ha adquirido el concepto de Occidente y por su contraposición a los Patriarcas de Oriente, manteniendo Patriarcado de la Iglesia Latina.

ESTEBANICO EL ESCLAVO AFRICANO QUE EXPLORO NORTEAMÉRICA

Desde el siglo VIII, los musulmanes, que controlaban el norte de África, sangraron el continente africano de sus recursos humanos de todas las formas posibles. La expansión del Islam hacia la llamada “África negra” acarreó la captura de millones de esclavos que se enviaban al norte a través de las rutas que atravesaban el Sahara, y a la península arábiga a través de los puertos del mar Rojo y del océano Índico. Con la llegada de los portugueses al continente africano en el siglo XV, serían éstos los que pasarían a tomar el control del comercio de esclavos en la costa occidental. Hasta fines del siglo XV el comercio de esclavos estuvo casi exclusivamente en manos de los árabes y de los portugueses: los árabes proveían al mundo oriental y los portugueses a las potencias occidentales.

El descubrimiento del continente americano y la posterior “necesidad” de mano de obra para trabajar en las plantaciones y minas, abrió una nueva vía para dar salida a los esclavos capturados en África. Y aunque serían las colonias españolas en el continente americano las primeras en utilizar esclavos africanos, el llamado comercio atlántico de esclavos era controlado casi en exclusividad por los portugueses durante el siglo XVI. La monarquía española prefería no “ensuciarse las manos” y utilizaba los asientos de negros, acuerdos comerciales de la Corona con otras monarquías, o con particulares, para proveer a las posesiones americanas de esclavos a cambio de recibir un porcentaje de las ganancias por la venta.

Uno de estos africanos esclavizado y vendido por los portugueses fue el protagonista de esta historia, ESTEBANICO -también llamado ESTEVANICO, ESTEBAN EL NEGRO o ESTEBAN EL MORO-. Nada sabemos de nuestro protagonista hasta que fue capturado en 1513 y enviado a Portugal con el nuevo nombre cristiano que le pusieron sus captores: ESTEBANICO. La siguiente noticia que tenemos de este personaje es en junio de 1527. Como esclavo de Andrés Dorantes de Carranza, es uno de los integrantes de la expedición encabezada por Pánfilo Narváez que partió de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) el 17 de junio de 1527 para colonizar LA FLORIDA. Después de reabastecerse en las Canarias, a finales de septiembre llegaron a Santiago de Cuba.

Desde allí, un contratiempo tras otro: deserciones, tormentas que desvían los barcos de la ruta, huracanes que los hunden, decisiones erróneas… hasta abril de 1528 no llegarían a su destino en la bahía de Tampa (Golfo de México). Después de los primeros contactos con los nativos de la zona, en este caso pacíficos, Narváez decidió dividir la fuerza en un contingente terrestre y otro marítimo: 300 hombres por tierra hacia el norte y los barcos, con el resto de la expedición, navegarían por la costa para reunirse con ellos. El contingente terrestre se las fue apañando como pudo hasta que entraron en el territorio de los APACHES.

El acoso de éstos y la falta de suministros, obligaron a Narváez a abandonar la idea de adentrarse más al norte y decidió regresar a la costa. Unos 240 hombres, algunos caballos, apenas comida, sin herramientas… y frente a ellos el mar, su única vía de escape. Tuvieron que construir una rudimentaria forja para fundir sus armaduras y fabricar herramientas para construir unas balsas, aguantar el acoso de los APACHES, alimentarse de los caballos… pero el 22 de septiembre cinco barcazas abandonaban aquella aventura siguiendo la costa para llegar hasta México.

Tras dos meses de tormentas, enfermedades, sed y hambre, un huracán hundió las barcazas que quedaban cerca de la isla Galveston, en la costa de Texas… la expedición se había reducida a apenas 80 hombres. Con lo puesto, los supervivientes del naufragio se adentraron en las tierras del sur de la actual Texas. Durante los siguientes cuatro años por aquel mundo desconocido, su número se fue reduciendo hasta que en 1532 sólo quedaron cuatro hombres de los 300 iniciales: ÁLVAR NÚÑEZ CABEZA DE VACA, ALONSO DEL CASTILLO MALDONADO, ANDRÉS DORANTES DE CARRANZA Y ESTEBANICO. Agotados, hambrientos y sin rumbo, fueron capturados por los nativos y esclavizados.

Gracias a los conocimientos médicos de CABEZA DE VACA -entre los nativos se le llegó a considerar un curandero- y a la facilidad de aprender lenguas de ESTEBANICO y a sus dotes de negociador, incluso haciendo de intermediario entre varias tribus, lograron mantenerse con vida… y escapar cuando se encontraron con fuerzas. Tras deambular por la extensa zona que hoy es la frontera entre México y Estados Unidos llegaron a la zona del Río Bravo. Siguiendo el curso del río encontraron tribus dedicadas a la caza del bisonte con las que convivieron durante un tiempo. Finalmente, a orillas del Río Sinaloa encontraron a un grupo de exploradores españoles y con ellos regresaron a México (capital del virreinato de Nueva España).

Habían pasado ocho años desde que partieron de Cuba. El virrey de Nueva España, ANTONIO DE MENDOZA Y PACHECO, recibió a los supervivientes y quiso saber todos los detalles de aquella gesta. Además de sus vivencias personales, los supervivientes incluyeron en su relato las historias que habían escuchado a los nativos sobre riquezas y fantásticas ciudades… lo que hizo despertar la leyenda medieval de las SIETES CIUDADES DE CÍBOLA (digamos la versión de EL DORADO, pero más al norte). Rápidamente el virrey organizó una expedición para localizar aquel mito por la zona recorrida por los supervivientes.

Los tres españoles renunciaron a participar: ALONSO DEL CASTILLO Y ANDRÉS DORANTES se casaron con dos viudas ricas y se quedaron a vivir en México; por su parte, CABEZA DE VACA regresó a España y consiguió que se le otorgara el título de segundo adelantado del RÍO DE LA PLATA, además de publicar Naufragios, un relato en el que describe sus vivencias y las de sus tres compañeros atravesando a pie el suroeste de los actuales Estados Unidos y el norte de México.

¿Y qué fue de ESTEBANICO? ANDRÉS DORANTES cedió la “propiedad” del esclavo al virrey y éste lo nombró explorador y guía de la expedición que iba a buscar LAS SIETE CIUDADES. A pesar de que al mando estaba FRAY MARCOS DE NIZA, desde el primer momento ESTEBANICO, conocedor de la zona, tomo las riendas de aquella aventura y de su destino. Como guía de la expedición, le dijo a FRAY MARCOS que necesitaría la ayuda de algunos nativos de las tribus que conoció en su anterior odisea. Como parecía lógica la petición, el religioso accedió. ESTEBANICO y los nativos iban por delante, a un par de días de distancia, y el explorador enviaba emisarios al grueso de la expedición con lo que se iban encontrando en su camino.

Las noticias que llegaban a la expedición hacían creer que se acercaban a las ricas ciudades bañadas en oro y ESTEBANICO iba dando forma a su plan. Llegado el momento, los emisarios nativos llegaron con la noticia de que ESTEBANICO había muerto a manos de unos nativos beligerantes, los ZUÑI -situados en lo que hoy es el estado de Nuevo México, EE.UU-. Ante la amenaza de seguir adelante y perder la vida a manos de los nativos hostiles, FRAY MARCOS DE NIZA decide creer las noticias de los emisarios de ESTEBANICO y regresa a la ciudad de México para informar al virrey del hallazgo de LAS SIETE CIUDADES.

La versión oficial sitúa la muerte de ESTEBANICO en 1539, siendo explorador del virrey de Nueva España y el primer africano que pisó el suroeste de los actuales Estados Unidos y el norte de México. La realidad es que, ESTEBANICO fingió su muerte para conseguir su libertad y vivió el resto de sus días entre los ZUÑI. En la actualidad los historiadores sostienen dos teorías:

Algunos creen que murió en HAWIKUH (en lo que hoy es NUEVO MÉXICO) a manos de los ZUÑI, que desconfiaron de él y le acusaron de haberse tomado ciertas libertades con sus mujeres. Otra teoría, defiende que ESTEBANICO no murió en esa ocasión, sino que confabulado con sus amigos indígenas inventó toda la historia de su muerte, para que de esta forma fuese contada a FRAY MARCOS DE NIZA y posteriormente a los siguientes exploradores de aquellas regiones. El virrey envió una segunda expedición dirigida por FRANCISCO VÁZQUEZ DE CORONADO para encontrar el lugar pero la búsqueda demostró que la historia era falsa… y ESTEBANICO se había salido con la suya.

NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO

El 27 de junio es la fiesta de esta hermosa advocación de María relacionada con un antiguo icono oriental, del siglo XIII o XIV, de autor desconocido y que, se estima, reproduce la pintura de Nuestra Señora hecha por Lucas, el Evangelista, hace casi dos mil años. En el cuadro se muestra a María con el Niño Jesús, quien observa a dos ángeles que le muestran los instrumentos de su futura pasión. Se toma fuerte con las dos manos de su Madre quien lo sostiene en sus brazos. Esta imagen nos recuerda la maternidad divina de María y su amor y cuidado por Jesús desde su concepción hasta su muerte.

Durante siglos, la imagen original se veneró en Constantinopla como reliquia milagrosa, hasta que fue destruida por los musulmanes en 1453, cuando los turcos conquistaron la ciudad. Tiempo después, durante ese siglo XV, la copia de la pintura perdida de Nuestra Señora se encontraba en manos de un comerciante, cristiano piadoso y devoto de la Virgen, que deseaba evitar a toda costa que el cuadro se destruyera como tantas otras imágenes religiosas que corrieron con esa suerte durante la expansión musulmana hacia occidente. Para escapar con ella se embarcó rumbo a Roma; pero ya en el mar se desató una violenta tormenta que puso en grave peligro al barco en que viajaba.

Cuando ya todos a bordo se preparaban para lo peor, el mercader sostuvo en alto el icono de Nuestra Señora implorando socorro. María respondió a su oración con un milagro: la tormenta cesó de inmediato y las aguas se calmaron. Todos llegaron a Roma sanos y salvos. Luego, este devoto comerciante profetizaría que llegaría el tiempo en que en todo el mundo se veneraría a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, tal como sucede hoy. Pasado un tiempo, el mercader se enfermó de gravedad. Al sentir cercano la muerte, desde su lecho llamó a su amigo de más confianza y le rogó que le prometiera que se encargaría de colocar la pintura de Nuestra Señora en una iglesia.

Aunque el amigo no cumplió la promesa por complacer a su esposa que se había encariñado con la imagen, la Divina Providencia no había llevado la pintura a Roma para que fuese propiedad de una familia, sino para que fuera venerada por todo el mundo. Nuestra Señora se le manifestó al hombre en tres ocasiones, diciéndole que debía poner la pintura en una iglesia. El hombre discutió varias veces con su esposa para cumplir con María, pero ella se salió con la suya burlándose de él, diciéndole que alucinaba.

Un día, después de la muerte del esposo, la hija de la familia, de seis años, vino hacia su madre apresurada con la noticia de que una hermosa y resplandeciente Señora se le había manifestado mientras estaba mirando la pintura. La Señora le había dicho que les dijera a su madre y a su abuelo que Nuestra Señora del Perpetuo Socorro deseaba ser puesta en una iglesia. La madre de la niña prometió obedecer a la Señora. Con la intención de cumplir, la viuda se preguntaba en qué iglesia debería poner la pintura, cuando volvió a manifestarse la Virgen a la niña le dijo que quería que la pintura fuera colocada en la iglesia que queda entre la basílica de Santa María la Mayor y la de San Juan de Letrán. Esa iglesia romana era la de San Mateo Apóstol.

Los monjes Agustinos, encargados de dicho templo, después de investigar todos los milagros y circunstancias relacionadas con la imagen, dispusieron que fuera llevada a la iglesia en procesión solemne el 27 de marzo de 1499. Durante el evento religioso, un hombre tocó la pintura y le fue devuelto el uso de un brazo que tenía paralizado. Colocaron la pintura sobre el altar mayor de la iglesia, en donde permaneció casi trescientos años. Amada y venerada por todos los fieles de Roma, sirvió como medio de incontables milagros, curaciones y gracias.

En 1798, Napoleón y su ejército tomaron la ciudad de Roma, exilió al Papa Pío VII y destruyeron treinta iglesias, entre ellas la de San Mateo, que quedó completamente arrasada, pero uno de los sacerdotes Agustinos, logró poner a salvo la pintura. La imagen permaneció sesenta y cuatro años, casi olvidada, en una pequeña capilla de los Padres Agustinos hasta que, a instancias del Papa Pío IX, se trasladó en entusiasta y multitudinaria procesión solemne a la iglesia de San Alfonso, construida por los Padres Redentoristas sobre lo que había sido la Iglesia de San Mateo, atendiéndose así el deseo de Nuestra Señora de que esta imagen suya del Perpetuo Socorro fuera venerada entre la Iglesia de Santa María la Mayor y la de San Juan de Letrán, que allí se encuentra hasta el día de hoy.

miércoles, 21 de junio de 2017

SEGÚN LA BIBLIA ¿EL SOL SE DETUVO EN GABAÓN? Segunda Parte

En los tiempos de Galileo se interpretaba la Biblia literalmente, es decir, se entendía que las cosas habían sucedido tal como dice la letra del texto bíblico. Por eso, cuando Galileo comenzó a enseñar que el Sol está quieto y es la Tierra la que se mueve, el Santo Oficio esgrimió el argumento de la batalla de Gabaón para refutar sus enseñanzas, diciendo: si el Sol se detuvo en Gabaón, es porque se mueve. ¿Cómo entonces puede afirmar Galileo que el Sol está quieto y que la Tierra se mueve? ¿Quién tiene razón: la Palabra de Dios o Galileo? Planteadas así las cosas, no había ninguna posibilidad de escapar a la condena. Pero ¿qué pasó realmente en la batalla de Gabaón? ¿Pudo haberse detenido el Sol? Existen cuatro teorías propuestas por los biblistas para explicar este episodio, si lo consideramos como un hecho realmente sucedido (porque muchos estudiosos piensan que se trata de una creación literaria).

La primera, llamada teoría “astronómica”, es la que defendía el Santo Oficio y toda la Iglesia hasta el siglo XVI. Según ésta, el Sol se detuvo realmente en el cielo gracias a una intervención especial de Dios, y allí permaneció un día entero iluminando la batalla, por lo cual aquel día duró mucho más de 24 horas. Pero esa teoría hoy resulta insostenible, porque si el Sol, la luna o cualquier otro planeta detuvieran por un instante su andar, se produciría un cataclismo de tales proporciones en el sistema solar, que éste saltaría hecho trizas. Además si el Sol se hubiera detenido en el cielo brillando durante tantas horas, como afirma esta teoría, tendrían que haberlo notado todos los otros pueblos que en aquel momento eran iluminados por ese mismo Sol. Y ninguno ha conservado jamás el registro de semejante fenómeno.

La segunda teoría es la llamada “poética”, y sostiene que la oración de Josué para detener el Sol es un simple poema que emplea el autor, pidiendo al Sol y a la luna que se paren para contemplar el maravilloso éxito que estaba teniendo el general israelita en la batalla. Pero no significa que se hubiera detenido realmente. El inconveniente de esta teoría es que niega que hubiera habido algún hecho extraordinario en el combate, cuando del relato bíblico parece deducirse que algo fuera de lo común pasó ciertamente aquel día, ya que tres veces, y de distintas maneras, repite que el Sol se detuvo en el cielo. La tercera teoría es la “psicológica”. Afirma que el relato sólo pretende reflejar el impacto psicológico de lentitud que los hebreos sintieron durante la batalla. Quiere decir simplemente que ese día estuvo tan lleno de acontecimientos, y que el triunfo fue tan costoso, que el día parecía interminable.

En circunstancias así (también decimos nosotros) el tiempo se hace eterno. Pero debemos rechazar también esta hipótesis porque, al igual que la segunda, niega que hubiera habido “algo” ese día. Queda, finalmente, la teoría “atmosférica”. Según ésta, lo que pretende contar el relato de la batalla de Gabaón no fue que ese día el Sol brilló más horas de lo acostumbrado, sino al contrario: que no hubo Sol. En efecto, Josué con su ejército, después de marchar toda la noche desde su campamento de Guilgal, habría caído por sorpresa sobre los sitiadores a la madrugada, en el mismo momento en que una fuerte tormenta de granizo se abatía sobre el terreno (Jos 10,11). Al ver aparecer imprevistamente a las tropas de Josué por el este, el ejército de los cinco reyes se desbandó y emprendió la retirada en dirección al oeste, hacia el valle de Ayyalón. Y allí le dio alcance el ejército israelita.

Cuando la batalla promediaba, la tormenta que había nublado el cielo ese día había cesado, y el Sol amenazaba con aparecer, con toda su fuerza por entre las nubes, que ya se iban abriendo. Al ver esto, Josué rezó para que el Sol no saliera en Gabaón, es decir, para que el día continuara nublado, a fin de evitar el fuerte calor del día, y permitir que sus hombres pudieran combatir mejor con el fresco de la jornada. En recuerdo de esta heroica batalla, en la que los israelitas habían combatido con un tiempo insólitamente nublado, en una época en la que no era habitual que el sol se ocultara tras las nubes, la tradición habría elaborado un poema que incluía las palabras de Josué, y que decía: “Detente, oh Sol, en Gabaón; y tú, luna, en el valle de Ayyalón”. La copla fue más tarde recogida en una colección de poemas, titulada EL LIBRO DEL JUSTO. Sabemos, por la Biblia, que este libro contenía muchas otras composiciones poéticas, como el canto fúnebre pronunciado por David cuando murió el rey Saúl y Jonatán (2 Sm 1,17-27), la oración que pronunció Salomón al inaugurar el templo de Jerusalén (1 Re 8,22-53), y otros famosos poemas atribuidos a distintos héroes de Israel.

Más tarde, en el siglo VII a.C., se escribió el libro de Josué, con el relato de la batalla de Gabaón, su autor quiso agregar al relato el poema tomado de El Libro del Justo. Y como el poema sólo decía: “Detente, oh Sol, en Gabaón; y tú, luna, en el valle de Ayyalón”, el escritor sagrado pensó que lo que Josué pedía era que el Sol se detuviera en el cielo y continuara brillando, cuando en realidad lo que pedía era que no saliera. Por haberlo creído así, el autor del libro de Josué, a continuación del poema, agrega: “Y el Sol se paró en medio del cielo y dejó de correr un día entero hacia su ocaso. Y no hubo día semejante ni antes ni después” (Jos 10,13-14). Lo que sucede es que, el escritor sagrado había entendido, erróneamente, que ese día el Sol se demoró, brillando en medio del cielo. Que el poema citado está sacado de otra parte (es decir, de EL LIBRO DEL JUSTO), se ve por el hecho de que está fuera de contexto y no encaja en el relato. En efecto, en el v.12 leemos: “Josué se dirigió a Yahvé diciendo”. Y a continuación Josué no se dirige a Yahvé, sino al Sol, expresando: “Detente, oh Sol...”. O sea que el poema al principio no formaba parte del relato.

Galileo tenía razón. El Sol nunca se detuvo, ni la Sagrada Escritura había querido decir tal cosa. Pero en aquellos tiempos la única manera de entender la Biblia era tomándola literalmente, que fue lo que hicieron los representantes del Santo Oficio. Por eso lo condenaron. Y en los tres siglos que siguieron a su muerte no cesaron las refriegas, altercados y malentendidos entre científicos y representantes de la Iglesia por imponer sus puntos de vista. Hasta que finalmente, en el siglo XX, la Iglesia reconoció que la Biblia no debía interpretarse al pie de la letra, sino que era necesario buscar en ella la intención de los autores, para poder descubrir su mensaje.

Galileo tenía razón. Y por eso el papa Juan Pablo II, en un discurso pronunciado el 31 de octubre de 1992 ante la Pontificia Academia de las Ciencias, reconoció que la Iglesia se había equivocado al condenarlo, pidió perdón y reivindicó públicamente la figura del genial florentino, con lo cual se pudo cerrar finalmente una vieja herida que había permanecido abierta durante 350 años. Pero el Sol de Gabaón sigue brillando para todos, desde el fondo de la historia, como queriéndonos recordar el sufrimiento que una lectura literal de la Biblia puede ocasionar en el alma.

Por eso para quienes todavía hoy, después de acallados los ecos de aquel doloroso enfrentamiento, continúan buscando en la Biblia fórmulas científicas secretas, revelaciones misteriosas y profecías cifradas, conviene recordar la lúcida frase pronunciada por Galileo frente a los miembros del Santo Oficio, antes de su condena: “No busquen astronomía en la Biblia. Porque ella no pretende decirnos cómo marchan los cielos, sino cómo marchamos nosotros hacia el cielo”.

Ariel Alvarez Valdés
Biblista

SOBRE EL CULTO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS Primera Parte

« Ustedes sacarán agua con alegría de las fuentes de la salvación». Estas palabras con las que el profeta Isaías, prefiguraba simbólicamente los múltiples y abundantes bienes que la era mesiánica había de traer consigo, nos hacen recordar los deseos del Pío IX, mandó celebrar la fiesta del Sacratísimo Corazón de Jesús, innumerables son, en efecto, las riquezas celestiales que el culto tributado al Sagrado Corazón infunde en las almas: las purifica, las llena de consuelos sobrenaturales y las mueve a alcanzar las virtudes todas. Por ello, recordando las palabras del apóstol Santiago: «Toda dádiva, buena y todo don perfecto de arriba desciende, del Padre de las luces», razón tenemos para considerar en este culto, ya tan universal y cada vez más fervoroso, el inapreciable don que el Verbo Encarnado, nuestro Salvador divino y único Mediador de la gracia y de la verdad entre el Padre Celestial y el género humano, ha concedido a la Iglesia, su mística Esposa, en el curso de los últimos siglos, en los que ella ha tenido que vencer tantas dificultades y soportar pruebas tantas.

La Iglesia puede manifestar más ampliamente su amor a su Divino Fundador y cumplir más fielmente esta exhortación que, según el evangelista Juan, profirió el mismo Jesucristo: «En el último gran día de la fiesta, Jesús, habiéndose puesto en pie, dijo en alta voz: "El que tiene sed, venga a mí y beba el que cree en mí". Pues, como dice la Escritura, "de su seno manarán ríos de agua viva". Y esto lo dijo El del Espíritu que habían de recibir lo que creyeran en El» Los que escuchaban estas palabras de Jesús, con la promesa de que habían de manar de su seno «ríos de agua viva», fácilmente las relacionaban con los vaticinios de Isaías, Ezequiel y Zacarías, en los que se profetizaba el reino del Mesías, y también con la simbólica piedra, de la que, golpeada por Moisés, milagrosamente hubo de brotar agua. La caridad divina tiene su primer origen en el Espíritu Santo, que es el Amor personal del Padre y del Hijo, en el seno de la augusta Trinidad. Con toda razón, pues, el Apóstol de las Gentes, como haciéndose eco de las palabras de Jesucristo, atribuye a este Espíritu de Amor la efusión de la caridad en las almas de los creyentes: «La caridad de Dios ha sido derramada en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado»

Este tan estrecho vínculo que, según la Sagrada Escritura, existe entre el Espíritu Santo, que es Amor por esencia, y la caridad divina que debe encenderse cada vez más en el alma de los fieles, nos revela a todos en modo admirable, venerables hermanos, la íntima naturaleza del culto que se ha de atribuir al Sacratísimo Corazón de Jesucristo. Si consideramos su naturaleza peculiar, es el acto de religión por excelencia, esto es, una plena y absoluta voluntad de entregarnos y consagrarnos al amor del Divino Redentor, cuya señal y símbolo más viviente es su Corazón traspasado. Igualmente claro es, y en un sentido aún más profundo, que este culto exige ante todo que nuestro amor corresponda al Amor divino. Pues sólo por la caridad se logra que los corazones de los hombres se sometan plena y perfectamente al dominio de Dios, cuando los afectos de nuestro corazón se ajustan a la divina voluntad de tal suerte que se hacen casi una cosa con ella, como está escrito: «Quien al Señor se adhiere, un espíritu es con El»

La Iglesia siempre ha tenido y tiene en tan grande estima el culto del Sacratísimo Corazón de Jesús: lo fomenta y propaga entre todos los cristianos, y lo defiende, además, enérgicamente contra las acusaciones del naturalismo y del sentimentalismo; sin embargo, es muy doloroso comprobar cómo, en lo pasado y aun en nuestros días, este nobilísimo culto no es tenido en el debido honor y estimación por algunos cristianos, y a veces ni aun por los que se dicen animados de un sincero celo por la religión católica y por su propia santificación. No faltan quienes, confundiendo o equiparando la índole de este culto con las diversas formas particulares de devoción, que la Iglesia aprueba y favorece sin imponerlas, lo juzgan como algo superfluo que cada uno pueda practicar o no, según le agradare; otros consideran oneroso este culto, y aun de poca o ninguna utilidad, singularmente para los que militan en el Reino de Dios, consagrando todas sus energías espirituales, su actividad y su tiempo a la defensa y propaganda de la verdad católica, a la difusión de la doctrina social y a la multiplicación de aquellas prácticas religiosas y obras que ellos juzgan mucho más necesarias en nuestros días.

Extracto de la CARTA ENCÍCLICA, HAURIETIS AQUAS, del Papa PÍO XII, SOBRE EL CULTO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

EL ALFIL QUE SALVO A UN REY

En 1391 fue coronado rey de Granada YUSUF II. Su primera decisión fue eliminar o encarcelar a los miembros de su familia que pudiesen disputarle el trono y asegurar su sucesión nombrando heredero a su primogénito YUSUF. Su hijo menor MUHAMMAD encabezó una insurrección en Granada que su padre sólo pudo controlar con la ayuda de los benimerines del Magreb. Aún así, un año más tarde YUSUF II moría misteriosamente.

MUHAMMAD no desaprovechó la oportunidad, recuperó a los insurrectos y se proclamó rey de Granada como MUHAMMAD VII. La suerte del heredero legítimo, su hermano mayor YUSUF, estaba echada… Fue encarcelado en el castillo de Salobreña y allí quedó recluido durante años. A lo largo de su reinado MUHAMMAD se procuró la paz con los reinos cristianos del norte y con los benimerines que habían apoyado a su padre. Una vez restablecido el orden en Granada volvió a reanudar las campañas contra Jaén y contra Murcia. Mientras tanto, YUSUF pasaba los días encerrado en una mazmorra… hasta 1408.

En 1408, para nombrar heredero a su propio hijo y evitar posibles insurrecciones, el rey ordenó matar a su hermano. Envió un emisario al castillo de Salobreña con la sentencia de muerte y la orden de regresar al emisario con la cabeza de su hermano. Cuando llegó al castillo, el prisionero estaba jugando una partida de ajedrez con el alcalde. Éste leyó el mensaje, se lo enseñó a YUSUF y le dijo:

“Lo siento, no tengo más remedio que cumplir la orden”.

YUSUF, sin perder los nervios, le pidió, como último deseo antes de morir, terminar la partida. Durante varias horas estuvieron jugando hasta que YUSSF le dio jaque mate con el movimiento de un alfil. Cuando se levantaron para ir a ejecutar la sentencia, llegó un mensajero anunciando la muerte de MUHAMMAD VII… y la proclamación de YUSUF III, el decimocuarto soberano de la dinastía nazarí del Reino de Granada.