lunes, 21 de febrero de 2022

MIÉRCOLES DE CENIZA

La imposición de las cenizas nos recuerda que nuestra vida en la tierra es pasajera y que nuestra vida definitiva se encuentra en el Cielo. La Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y es un tiempo de oración, penitencia y ayuno. Cuarenta días que la Iglesia marca para la conversión del corazón. Las palabras que se usan para la imposición de cenizas, son:

- "Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás"

- "Conviértete y cree en el Evangelio".

Antiguamente, los judíos acostumbraban a cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como signo de su deseo de conversión de su mala vida a una vida con Dios. En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un "hábito penitencial". Esto representaba su voluntad de convertirse. En el año 384 d.C., la Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos y desde el siglo XI, la Iglesia de Roma acostumbra poner las cenizas al iniciar los 40 días de penitencia y conversión. Las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos del año anterior. Esto nos recuerda que lo que fue signo de gloria pronto se reduce a nada.

También fue usado el período de Cuaresma para preparar a los que iban a recibir el Bautismo la noche de Pascua, imitando a Cristo con sus 40 días de ayuno. La imposición de ceniza es una costumbre que nos recuerda que algún día vamos a morir y que nuestro cuerpo se va a convertir en polvo. Nos enseña que todo lo material que tengamos aquí se acaba. En cambio, todo el bien que tengamos en nuestra alma nos lo vamos a llevar a la eternidad. Al final de nuestra vida, sólo nos llevaremos aquello que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos los hombres. Cuando el sacerdote nos unge la frente con la señal de la cruz, utilizando la ceniza, debemos tener una actitud de querer mejorar, de querer tener amistad con Dios. El miércoles de ceniza y el viernes santo son días de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. El ayuno consiste en hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia es no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre.

La oración en este tiempo es importante, ya que nos ayuda a estar más cerca de Dios para poder cambiar lo que necesitemos cambiar de nuestro interior. Necesitamos convertirnos, abandonando el pecado que nos aleja de Dios. Cambiar nuestra forma de vivir para que sea Dios el centro de nuestra vida. Sólo en la oración encontraremos el amor de Dios y la dulce y amorosa exigencia de su voluntad. Para que nuestra oración tenga frutos, debemos evitar lo siguiente:

La hipocresía: Jesús no quiere que oremos para que los demás nos vean llamando la atención con nuestra actitud exterior. Lo que importa es nuestra actitud interior.

La disipación: Esto quiere decir que hay que evitar las distracciones lo más posible. Preparar nuestra oración, el tiempo y el lugar donde se va a llevar a cabo para podernos poner en presencia de Dios.

La multitud de palabras: Esto quiere decir que no se trata de hablar mucho o repetir oraciones de memoria sino de escuchar a Dios. La oración es conformarnos con Él, nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestras necesidades. Por eso no necesitamos decirle muchas cosas. La sinceridad que usemos debe salir de lo profundo de nuestro corazón porque a Dios no se le puede engañar. Al hacer sacrificios, debemos hacerlos con alegría, ya que es por amor a Dios. Si no lo hacemos así, causaremos lástima y compasión y perderemos la recompensa de la felicidad eterna. Dios es el que ve nuestro sacrificio desde el cielo y es el que nos va a recompensar. “Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan” (Mt. 6, 5-8)

“El miércoles de ceniza se abre una estación espiritual particularmente relevante para todo cristiano que quiera prepararse dignamente para la preparación del misterio pascual, o sea, el recuerdo de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Este tiempo vigoroso del Año Litúrgico se caracteriza por el mensaje bíblico que puede ser resumido en una sola palabra: "matanoeiete", es decir "Convertíos". Este imperativo es propuesto a la mente de los fieles mediante el rito austero de la imposición de ceniza, el cual, con las palabras "Convertíos y creed en el Evangelio" y con la expresión "Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás", invita a todos a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordando la inexorable caducidad y efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte.

La sugestiva ceremonia de la Ceniza eleva nuestras mentes a la realidad eterna que no pasa jamás, a Dios; principio y fin, alfa y omega de nuestra existencia. La conversión no es, en efecto, sino un volver a Dios, valorando las realidades terrenales bajo la luz indefectible de su verdad. Una valoración que implica una conciencia cada vez más diáfana del hecho de que estamos de paso en este fatigoso itinerario sobre la tierra, y que nos impulsa y estimula a trabajar hasta el final, a fin de que el Reino de Dios se instaure dentro de nosotros y triunfe su justicia. Sinónimo de "conversión" es así mismo la palabra "penitencia"... Penitencia como cambio de mentalidad. Penitencia como expresión de libre y positivo esfuerzo en el seguimiento de Cristo”.

Extracto de la catequesis de San Juan Pablo II sobre el miércoles de ceniza (pronunciadas el 16-2-1983)

EL CARNAVAL DE BARRANQUILLA

Tiene su origen remoto en el Carnaval que vino a América desde España. De ahí viene su espíritu de renovación y cambio parecido al que animó estas fiestas en Europa. El primer Carnaval celebrado en la ciudad se pierde en la historia hace más de un siglo, cuando Barranquilla era un pequeño poblado.

Sin embargo, han circulado diversas historias referentes a la manera como el pueblo barranquillero festejaba el Carnaval; su forma siempre ingenua, graciosa, festiva y ante todo sana, han permitido que se conserve una tradición que se remonta a hace tres siglos. Las fiestas de Carnaval, de origen europeo, fueron introducidas a América por los españoles y portugueses.

Las de Barranquilla tienen antecedentes próximos en la celebración que se efectuaba en Cartagena de Indias, en época de la Colonia, como fiesta de esclavos; por esas fechas aparecían por las calles los negros con instrumentos típicos y atuendos especiales, danzando y cantando. La tradicional novena de La Candelaria, en Cartagena de Indias, sirvió de marco a suntuosos bailes que en el Siglo XVIII concedían un día de fiesta a los negros bozales traídos de África. Esas fiestas constituyen fuente de las principales danzas del Carnaval de Barranquilla.

No es fácil precisar con certeza la etimología de la palabra Carnaval. Sin embargo, se cree que procede de "Carrus Navalis", una fiesta popular derivada de las Saturnales Romanas. Si bien hay vestigios de esa celebración en todos los pueblos antiguos, se dice que la diversión del Carnaval tuvo un carácter religioso en sus remotos orígenes, cuando se celebraba el año nuevo -entrada de la primavera-, como símbolo del renacer de la naturaleza. En tales espectáculos comunes así mismos entre teutones y celtas, se paseaba aparatosamente un barco con ruedas dentro del cual, grupos enmascarados ejecutaban ciertas danzas y entonaban canciones satíricas en medio de jubiloso desorden.

La costumbre de este "carro naval" subsiste aún en Reus, (España) donde por épocas carnestolendas, colocan sobre un carromato una embarcación de 70 toneladas y la hacen arrastrar por diez caballos, desde la nave arrojan flores y caramelos. El día clásico del carnaval es el Domingo, pero van agregados a él el lunes y el martes siguientes. En muchos lugares el carnaval se inicia el 6 de enero. Siglos atrás, el carnaval de Venecia comenzaba el 26 de diciembre.

El Rey Momo, hijo del sueño y de la noche, presidía las fiestas de los locos, que se celebran en pueblos, aldeas y ciudades. Divinidad de la burla, amo de la sátira hiriente y del sarcasmo cruel y de la más despiadada ironía, Momo se convirtió en el "protector" de todos aquellos que se entregaban al jolgorio, al escándalo del vicio y a los excesos. Esta deidad -que se burlaba de las divinidades- fue el predilecto de las pequeñas cortes feudales.

miércoles, 16 de febrero de 2022

FAHRENHEIT 451

“Un libro es un arma cargada en la casa de al lado… ¿Quién sabe cuál puede ser el objetivo del hombre que ha leído mucho?” Esta es, sin duda, una de las líneas más repetidas en cualquier recopilación de citas de Fahrenheit 451, una de las obras, junto a Crónicas Marcianas, más célebres del escritor norteamericano Ray Bradbury (1920-2012). La frase resume a la perfección el mensaje de la novela, es decir, la fuerza de algo tan simple y complejo a la vez como es un libro, capaz de remover conciencias e impulsar al hombre hacia lo mejor y, desgraciadamente, también a veces hacia lo peor.
 
Es una novela distópica del escritor estadounidense Ray Bradbury, publicada en 1953 y considerada una de sus mejores obras. La novela presenta una sociedad estadounidense del futuro en la que los libros están prohibidos y existen «bomberos» que queman cualquiera que encuentren. En la escala de temperatura Fahrenheit (°F), 451 grados equivalen a 232,8 ºC y su significado se explica en el subtítulo de la obra: «Fahrenheit 451: la temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde». El protagonista del relato es un bombero llamado Montag que acaba por cansarse de su papel como censurador de conocimiento, decide renunciar a su trabajo y eventualmente se une a un grupo de resistencia que se dedica a memorizar y compartir las mejores obras literarias del mundo.
 
Dirigida por el realizador francés François Truffaut en la que es su única película en lengua inglesa (a punto estuvo de encargarse de Bonny and Clyde, finalmente dirigida por Arthur Penn), la adaptación cinematográfica de la novela de Bradbury, protagonizada por Oskar Werner y Julie Christie, planteaba un futuro distópico, al que por cierto ya hemos dejado atrás (la acción transcurre en 2010), en el que la lectura estaba proscrita. Todos y cada uno de los libros son destruidos por un cuerpo de bomberos especial al servicio de un gobierno que pretende salvaguardar la felicidad de sus administrados privándoles del placer de la lectura. El film es una verdadera joya del cine de culto y, como toda película mítica, está plagada de anécdotas y curiosidades, algunas de las cuales os dejo a continuación.
 
Charles Aznavour, Marlon Brando, Montgomery Clift, Paul Newman, Jean-Paul Belmondo, Peter O'Toole o Terence Stamp fueron algunos de los actores considerados por Truffaut para el papel de Montag, el bombero con crisis de conciencia que finalmente interpretó el austriaco Oskar Werner. Werner fue la opción de Truffaut tras la negativa de Stamp a ser compañero de reparto de Julie Christie, con la cual había mantenido recientemente una relación sentimental. Además, el intérprete del General Zod en Superman II pensaba que Christie, en un doble papel, lo "eclipsaría".
 
Truffaut barajó nombres como el de Tippi Hedren o Jean Seberg para encarnar respectivamente a Linda Montag y Clarisse. Hedren no estaba disponible ya que su agenda estaba ligada a un rodaje con Hitchcock, mientras que los honorarios de Seberg no estaban al alcance de la productora. De hecho, Christie aceptó reducir su sueldo de los $400.000 habituales a solo $200.000. Otra de las actrices en la que se pensó fue en Jane Fonda.
 
Werner tuvo varios desencuentros con Truffaut debido al enfoque que este había dado a su personaje en el guión que el realizador había escrito. Mientras que Truffaut pretendía subrayar la naturaleza frágil y vulnerable de Montag, Werner pensaba que era mejor resaltar el aspecto fascista y brutal del personaje. Esto desembocó en una enemistad entre actor protagonista y realizador, siendo sustituido Werner en algunas escenas por un doble y reduciendo Truffaut la presencia en pantalla del actor utilizando la mesa de montaje, lo que provoca en la película ciertos problemas de continuidad. Uno de esos problemas de continuidad fue provocado por el propio Werner, quien se cortó el pelo antes de rodar la escena final solo para fastidiar a Truffaut. Una especie de broma del destino hizo que Truffaut y Werner fallecieran en octubre de 1984 con solo dos días de diferencia, el primero con solo 52 y el austriaco con 62.
 
Para colmo de males, Werner tenía pánico al fuego. Para el rodaje de una de las escenas hubo de utilizarse un doble para Werner, ya que este manifestó que le sería imposible estar en una habitación en llamas. Lógicamente, Truffaut le dijo que interpretando un bombero debía haber sabido que en algún momento estaría envuelto en alguna escena con llamas reales.
 
Como es bien sabido, el nombre de la novela que dio origen al film de Truffaut se debe a la temperatura en grados Fahrenheit a la que se inflama el papel sin entrar en contacto con una llama, 451 grados, o lo que es lo mismo 233 grados de la escala Celsius. Bradbury preguntó a un jefe de bomberos a qué temperatura el papel hacía ignición y este despejó sus dudas tras hacer lo propio con unos papeles y midiendo el proceso con un termómetro. En realidad, el jefe de bomberos tampoco tenía ni idea de cuál era la temperatura, de ahí que hiciera la prueba tras la cuestión del famoso novelista.
 
Una de las escenas más memorables de la película es, precisamente, su final, el cual no desvelaré para todos aquellos que aun no hayan visto esta joya del cine. El equipo de Truffaut había esperado que el tiempo mejorara precisamente para el rodaje de dicha escena, algo que no sucedió. En vez de ello, la escena en cuestión tuvo que filmarse en plena nevada, una contingencia que no solo no estropeó ese momento, sino que lo hizo aun más bello.
 
Cientos de libros son incinerados en la película, cuyos títulos pueden verse claramente mientras arden. Obras como Rebelión en la Granja de George Orwell, Los Viajes de Gulliver o Las Aventuras de Tom Sawyer, entre otros muchos, son quemados por la patrulla de bomberos en la que trabaja Montag. Esto trajo problemas a Truffaut, ya que los asesores legales del estudio pretendían que solo pudieran aparecer quemadas obras de dominio público para evitar demandas. El director galo y el productor Lewis Allen ignoraron el consejo de los abogados de la Universal. Truffaut opinaba que era imposible que los libros se incineraran fuera de cuadro, ya que los consideraba como un actor más de la película, como el propio realizador explicó en más de una ocasión.
 
Todos los libros que aparecen en el film son clásicos de la literatura, excepto un ejemplar de la revista MAD, un libro de palabras cruzadas y ejemplares del Cahiers du Cinéma, la revista de cine francesa para la que entonces escribía Truffaut. De hecho, en la portada de un Cahiers que aparece en la cinta se puede ver un fotograma de la película Al Final de la Escapada (1960), escrita por el propio Truffaut. Como no, también aparecen las Crónicas Marcianas de Bradbury y un ejemplar de la propia Fahrenheit 451.
 
Thom Noble, editor del film, habla de que todos los libros que se queman en la película eran propiedad de Truffaut, algo que también asegura el productor Lewis M. Allen. En realidad, el director francés pidió libros en ediciones de bolsillo a los miembros del equipo, precisamente el formato que Truffaut pensaba que quedaría mejor en las escenas en la que eran quemados. El particular aspecto manoseado con las páginas dobladas de un libro de bolsillo era justo lo que Truffaut buscaba para dotar de verosimilitud a la película.
 
Ahora, en la era de internet y los smartphones, olvidamos que, en realidad, todo está en los libros y que, para muchas personas, quizás sea la única forma y la más verdadera de adentrarse en el mundo. "Lo que usted anda buscando, Montag, está en el mundo, pero el único medio para que una persona corriente vea el noventa y nueve por ciento de ello está en un libro."
 
Fuente
https://www.elsolitariodeprovidence.com/
https://es.wikipedia.org/







martes, 15 de febrero de 2022

¿ES CIERTO QUE SÓLO SE SALVARÁN 144.000?-Segunda parte

Afirmar que se salvarán 144.000 equivale a decir que se salvarán los elegidos del Antiguo Testamento (12), y los elegidos del Nuevo Testamento (x 12), en una gran cantidad (x 1.000). Pero Juan, para evitar un malentendido con esta cifra, y siempre deseoso de ser correctamente interpretado en su lenguaje simbólico, agrega a continuación: "Luego miré y había una muchedumbre inmensa, que nadie podía contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos" (Apoc 7, 9). Por lo tanto, los salvados no son sólo esos 144.000, sino también esa inmensa muchedumbre imposible de contar ni de encerrar en una cifra, y proveniente de los lugares más diversos. Que este grupo innumerable pertenezca también a los salvados se ve por tres elementos: a) tenían vestiduras blancas, que en el Apocalipsis simbolizan siempre la salvación; b) tienen palmas en sus manos, que es el atributo de los vencedores; c) están todos ya delante de Dios y del Cordero. Cuando el autor vuelve a dar más adelante la cifra de 144.000 para los salvados (Apoc 14, 1), a fin de eludir de nuevo cualquier equívoco agrega: "Estos han sido rescatados de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero" (Apoc 14, 4). Si los llama "primicias", significa que sólo son los primeros en arribar a la salvación y que aún faltan muchos más por venir. Es decir, no pretende dar un número exacto. 

Algunos años atrás, unos científicos alemanes se abocaron a la tarea de calcular cuántas personas habrían pasado por la tierra, desde hace unos dos millones de años cuando el primer ser humano cruzó la frontera de la hominización, hasta nuestros días. El resultado, según los índices relativos de natalidad, mortalidad, y progresión genética, arrojaba un total de 77.000.000.000 (77 mil millones) de seres humanos. Suponiendo que el fin del mundo llegara ahora, y fueran a salvarse 144.000 personas, entonces en base a este cómputo tendríamos que sólo se habría salvado el 0, 0001 % de la población mundial. De este modo, Dios habría sido el mayor frustrado de la historia; Cristo, el salvador más ridículo; y el Espíritu Santo, la fuerza más impotente que haya existido. El plan de salvación de Dios se transformaría así en el más grande fracaso jamás planeado. Interpretar literalmente la cifra de 144.000 implica no sólo desconocer la Biblia sino también, y lo que es más grave, desconocer y menospreciar el poder salvador de Dios. Afortunadamente la Palabra de Dios es más optimista que muchos agoreros apocalípticos, los cuales fijando un cupo limitado y exiguo para el ingreso en la salvación pretenden atemorizar a la gente y forzarla a convertirse. Pero desconocen, ciertamente, que por el temor nadie se convierte al Amor. Y aunque Jesús no haya querido responder a aquella pregunta que le hicieron sobre el número de los salvados, sí dio a entender que iban a ser muchos, cuando le contestó a su imprudente inquisidor: "Vendrán de oriente y de occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa del Reino de Dios" (Lc 13, 29). Ya en otra oportunidad había comentado expresamente frente a un angustiado centurión romano: "Muchos son los que vendrán" (Mt 8, 11). El mismo Juan el Bautista, conocido por su dureza en la predicación, su intolerancia, y su extremada exigencia con el comportamiento moral de la gente, dijo en uno de sus primeros sermones: "Todos los hombres verán la salvación de Dios" (Lc 3, 6).

Es improbable que a Jesús y a su pariente el Bautista les hayan salido tan mal los cálculos de los guarismos salvíficos. Los primeros cristianos deseaban ardientemente el día del juicio final, puesto que lo concebían como un día de salvación, en el que Dios nos libraría del enemigo. Una fiesta segura. Por eso cuenta el Apocalipsis que al reunirse en sus liturgias exclamaban jubilosos: MARANA THA, es decir, "Ven, Señor" (Apoc 22, 17-20). Después, por influencia del concepto latino de justicia, se empezó a ver el juicio como una rendición de cuentas. Ya no evocaba la confianza en el triunfo, sino la angustia y la inseguridad ante la sentencia incierta. En el siglo XI se pensaba que la inmensa mayoría de los hombres estaba condenada. San Bernardo no dudaba en afirmar que eran muy pocos los que se salvaban. Todavía en el siglo XIII, BERTHOLD DE RATISBONA dirá que sólo un uno por cien mil alcanza la salvación. Así, el antiguo día de salvación se fue transformando en un día de terror, cuya más espeluznante expresión plástica la plasmó Miguel Angel en la Capilla Sixtina cuando pintó a Cristo con el puño cerrado separando a los buenos de los malos. Nada tiene de extraño que ante esa imagen, hayamos suprimido el gozoso grito de MARANA THA. Pero podemos seguir gritándolo, no más, porque ni la Biblia, ni la Iglesia, ni nadie puede encerrar en un modesto número a los que se salvarán. ¿Queremos saber cuántos son? Eso lo tiene que contestar cada uno con su propia vida.

Ariel Alvarez Valdez
Biblista

JOSÉ GERVASIO ARTIGAS

Artigas tuvo una actuación destacada en las luchas independentistas y en el predominio de las ideas republicanas y democráticas sobre las monárquicas. Luchó sucesivamente contra el Imperio español y el Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve y contra los unitarios instalados en Buenos Aires y Montevideo.

De manera directa, sus luchas se orientaron a la conformación de la Liga Federal, organizada estrictamente sobre los principios del federalismo y la república. A la Liga Federal se unieron, además de la Provincia Oriental, las provincias de Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe y los pueblos de Misiones, todas ellas parte actual de la República Argentina, por entonces Provincias Unidas del Río de la Plata.

Su férrea defensa de la autonomía federal de las provincias contribuyó de manera indirecta a la independencia de España de los territorios que conformaron la Liga Federal. La Provincia Oriental se terminaría independizando de España en 1815. En 1828, al concluir la Guerra del Brasil, parte de la Provincia Oriental - el norte se mantuvo en poder brasileño - se transformó en un Estado autónomo separado del resto de las provincias y luego independiente, el Estado Oriental del Uruguay, cuando Artigas ya se encontraba en su largo exilio en Paraguay, país donde murió. Es decir que Artigas jamás consideró a la Banda Oriental como país independiente, ni nunca la llamó Uruguay.

El 25 de mayo de 1810 el pueblo de Buenos Aires depuso al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, cabeza del Virreinato del Río de la Plata y eligió una junta para reemplazarlo, dando inicio a la Revolución de Mayo.

Inmediatamente, el poder español instaló su sede en Montevideo, importante puerto competidor del de Buenos Aires, y reclamó al Consejo de Regencia español el envío de un nuevo virrey, tropas y armas para reprimir el levantamiento.

El 15 de febrero de 1811 Artigas desertó del Cuerpo de Blandengues en Colonia del Sacramento y se trasladó a Buenos Aires para ofrecer sus servicios militares al gobierno revolucionario, que le dio el grado de teniente coronel, 150 hombres y 200 pesos para iniciar el levantamiento de la Banda Oriental contra el poder español. La fecha en la cual Artigas desertó del ejército realista en Colonia del Sacramento está hoy establecida con precisión en base a una nota de la revista de tropas del Cuerpo de Blandengues de Montevideo efectuada al mes siguiente. Antes de conocerse dicha nota, los historiadores fijaban el 2 o el 11 de febrero como fechas de la deserción.

Como consecuencia del armisticio firmado con el virrey Elío por la Junta de Buenos Aires, las tropas enviadas a la Banda Oriental debieron abandonar dicho territorio, levantando el sitio de Montevideo. Artigas fue nombrado «Teniente Gobernador, Justicia Mayor y Capitán del Departamento de Yapeyú», entonces en las Misiones argentinas.

A principios de 1812, roto el armisticio con la retirada de Elío, las tropas de Buenos Aires reanudaron el sitio de Montevideo. Pero el jefe político de las mismas, Manuel de Sarratea, hizo todo lo posible para debilitar las fuerzas de Artigas, lo que llevó a un enojoso conflicto con el caudillo. Sólo después de la retirada de Sarratea, Artigas se unió al sitio de Montevideo con sus tropas.

En el campamento de Artigas fueron electos los diputados orientales que debían concurrir a la Asamblea General Constituyente del año 1813 a celebrarse en Buenos Aires. Artigas le dio instrucciones a sus diputados, las que fueron dictadas el 13 de abril de 1813.

Básicamente, Artigas reclamaba:

Independencia de las provincias del poder español.

Igualdad de las provincias a través de un pacto recíproco.

Libertad civil y religiosa.

Organización de los poderes como un gobierno republicano.

Federalismo, con un gobierno supremo que entendendiera solamente en los negocios generales del

Estado, y confederación referida a la protección que se debían las provincias entre sí.

Soberanía de la Provincia Oriental sobre los siete pueblos de las Misiones Orientales.

Ubicación del gobierno federal fuera de Buenos Aires.

Los diplomas de los diputados orientales fueron rechazados por la Asamblea, usando como argumento legal la nulidad de su elección porque se realizó en un campamento militar y además porque Artigas les había impartido instrucciones, a pesar de que la Asamblea se había declarado soberana.

En 1814 organizó la Unión de los Pueblos Libres, de la que fue declarado Protector. Al año siguiente liberó Montevideo del control de los unitarios aliados de Buenos Aires. Tras varios meses de enfrentamientos militares entre el Directorio, en una guerra civil desarrollada en Corrientes, Entre Ríos y la Provincia Oriental, la victoria de Fructuoso Rivera en la batalla de Guayabos en enero de 1815, obligó al Director Carlos María de Alvear a evacuar Montevideo, entregándola al segundo de Artigas, Fernando Otorgués.

El 29 de junio de 1815 se reunió en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, el «Congreso de los Pueblos Libres» llamado Congreso de Oriente. Fue convocado por Artigas para «tratar la organización política de los Pueblos Libres, el comercio interprovincial y con el extranjero, el papel de las comunidades indígenas en la economía de la confederación, la política agraria y la posibilidad de extender la Confederación al resto del ex-Virreinato del Río de la Plata».

El 9 de julio de 1816 se declaró en el Congreso de Tucumán la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, pero en el mismo, con excepción de Córdoba, no fueron representadas las provincias pertenecientes a la Liga de los Pueblos Libres.

Después de tres años y medio de resistencia, la batalla de Tacuarembó, de enero de 1820 significó la derrota definitiva de Artigas, que debió abandonar el territorio oriental, al que ya no volvería. Varios de sus lugartenientes cayeron prisioneros o abandonaron la lucha. Fructuoso Rivera, por su parte, se pasó al ejército de ocupación.

El 5 de septiembre de 1820, Artigas cruzó el río Paraná hacia el exilio en Paraguay, dejando atrás su patria y su familia. La separación dejó un profundo dolor en el alma de su esposa Melchora, que se sintió traicionada y presa del deshonor, y seguramente vivió llena de amargura el resto de su vida.

La campaña de los Treinta y Tres Orientales inició la liberación de su provincia del Imperio del Brasil en 1825. Pero la complicada guerra del Brasil y las intromisiones diplomáticas de Gran Bretaña, sumada a las sucesivas desilusiones de los orientales con los gobiernos porteños, llevaron a la independencia del Estado Oriental del Uruguay en 1828, en la cual Artigas nunca participó.

LA ORDEN NEGRA

"Siempre respetaré los derechos de la Iglesia Católica. Lo mismo sucederá con el Budismo" (Adolf Hitler, 23 de marzo de 1933) Una mentira más. En realidad, despreciaba a todas las religiones. Pero en el caso del cristianismo, necesitaba el apoyo del tercio de alemanes que profesaban esa fe, y en cuanto al Budismo, no quería empañar las relaciones con Japón, su aliado en lo que sería el Eje. Así como su poder político se basaba sobre brutales ataques callejeros a judíos y enemigos del Tercer Reich –la parte material de su política–, la "espiritual" estaba sostenida por una secta ocultista nacida a principios del siglo XX: LA ORDEN NEGRA. El cabo austríaco no fue a la primera reunión de la secta, en Ratisbona, Baviera, 1922, pero en 1928, cinco años antes de ser ungido Kanciller, ya la presidía.

¿Qué fue LA ORDEN NEGRA? Una mezcolanza incompresible de retorno a las raíces germánicas, la magia rúnica, la simbología teutona, con estética oscurantista. Todo lo opuesto a la racionalidad… Sin embargo, influyó fuerte y directamente en el nuevo y estremecedor poder que surgía en Alemania: el Partido Nacional Socialista o Partido Nazi. Con Hitler en sus filas, la mayoría de sus obsecuentes jerarcas se encolumnó en la esotérica organización, cuyo mayor símbolo era la cruz esvástica –tomada de una antigua runa– y rápidamente convertida en el símbolo mayor del nazismo, lo mismo que sus colores de su bandera: rojo y negro… Mientras el partido empezaba a dominar todo el poder político y económico como una gigantesca garra, LA ORDEN NEGRA hacía lo mismo en el campo espiritual. Si los esbirros de Hitler y sus SS apaleaban y mataban a opositores, la secta –necesitada de objetos materiales que sustentaran su demencia– robaban "objetos de poder" sin importar a qué religión despojaban… Hasta de íconos judíos.

Como pescadores de enormes redes –como caníbales–, muchos de sus soldados se lanzaron a expediciones (disfrazadas de arqueológicas) para incautar esos objetos sagrados: el Arca de la Alianza (judía), el Santo Grial (cristiano), el Anillo de los Nibelungos (germano), el tesoro de los Caballeros Templarios (orden militar cristiana)… Y ya sin límite, como quien arrasa un supermercado de cultos, lo mismo hicieron con el Corazón del Dragón (leyenda medieval), la Piedra Negra (Islam), las Lágrimas de Shiva (hinduismo), el Elefante Blanco (budismo)… De esos saqueos a rituales sangrientos apenas hubo un paso: LA NOCHE DE LOS CRISTALES ROTOS –primer ataque masivo contra los comercios judíos-, LA NOCHE DE LOS CUCHILLOS LARGOS –purga y matanza de los SS contra los SA: tropas de asalto lideradas por Ernst Roehm, 1934–, y los habituales apaleos de las hordas de la Juventud Hitleriana a la luz de las antorchas: cerebros lavados para siempre… Pero alguien advirtió, más allá de los monstruosos desfiles militares y deportivos bajo miles de banderas (el nazismo en apogeo y listo para aplastar al resto del mundo) desde aquel primer día de septiembre 1939 al arrasar Polonia, el trágico final: Rudolf Hess, secretario y amigo íntimo de Hitler. En el verano de 1940, mientras las botas alemanas taconeaban sobre las calles de París y cruzaban el Arco de Triunfo, el piloto Hess tuvo una sombría visión del futuro. No perdió tiempo. En vuelo solitario desertó, llegó a Escocia, e intentó en vano lograr la paz entre Alemania e Inglaterra. No fue posible.

El peso de las circunstancias acabó, aunque lentamente, con LA ORDEN NEGRA. Sus últimos miembros huyeron rumbo a Denia, un pequeño puerto de la costa mediterránea española, y lograron la protección del tirano Francisco Franco, deudor de Hitler: aviones nazis y sus bombas fueron decisivos la victoria contra la República en la Guerra Civil. Poco o nada se sabe del resto se supone que algunos se refugiaron en Rosario, y otros en Manaos. No es descabellado: la Argentina y Brasil, para los criminales nazis, siempre fueron "friendly". Volviendo atrás… Nazismo y ocultismo fueron casi una vía única. Heinrich Himmler, Richard Darré, el mismo Rudolf Hess, y Alfred Rosenberg, siniestro arquitecto de La Solución Final (el Holocausto), lo mismo que el führer, se rendían ante la astrología, la mitología, la mística medieval, el espiritismo, el mesmerismo-magnetismo… Durante la Julfest, fiesta pagana con que las sectas ocultistas intentaron matar al Cristianismo: los farolitos del árbol de Navidad fueron reemplazados por pequeñas cruces gamadas, Cristo por Sol Invictus, y Odín, principal dios de la mitología nórdica…, imitaba a Santa Claus.
En esas ocasiones, el führer danzaba durante el rito de adoración del fuego. Y como ominoso preludio, uno de sus acólitos llegó a predecir que "para destruir al Cristianismo, que ha envenenado el espíritu alemán, y sustituirlo por los dioses germánicos, harán falta terribles combates. De los setenta millones de alemanes, sólo quedarán siete. Pero ellos serán los amos del mundo". Otros movimientos confluían en el camino de la Orden Negra: un alcalde de Hamburgo llegó a decir: "Nos comunicamos directamente con Dios a través de Hitler". Quien, en pocos meses, envió a más de mil sacerdotes a los primeros campos de exterminio. No sorprende: una de las marchas de las juventudes hitlerianas marchaba al son de "No seguimos a Cristo sino a Hort Wessel (activista nazi). Acabemos con el incienso y el agua bendita. Lograremos que la Iglesia cuelgue en la horca. La esvástica traerá la salvación a la Tierra".

Fuente:

BARÓN DE BADEN-POWELL

(Robert Stephenson Smyth, primer Barón de Baden-Powell; Londres, 1857 - Nyeri, 1941) General inglés. Baden-Powell destacó particularmente por la heroica defensa que hizo de Mafeking durante 217 días en el transcurso de la Guerra de los Boers (1899-1902), así como por ser el fundador de los Boy Scouts (1907), organización en la que Baden-Powell era a menudo designado con sus inciales, B.P. También ayudó a su hermana, Agnes Baden-Powell, en la gestación de la rama femenina de la organización, las Girl Guides. Educado en el elitista Chaterhouse School de Londres, en el año 1876 ingresó en el ejército británico, en el que formó parte del 13º Regimiento de Húsares en la India. Entre los años 1884 a 1885, Baden-Powell participó en las guerras de Bechuanaland y Sudán, en donde sorprendió gratamente al Estado Mayor por el magnífico uso que hizo de globos aerostáticos para observar los movimientos enemigos.

Desde 1888 a 1895 estuvo destinado sucesivamente en la India, Afganistán, Zululandia y Axanti (actual Costa de Oro). En esta última guerra estuvo al mando de un batallón de indígenas que se destacó por su fiereza en la lucha cuerpo a cuerpo con el enemigo. Poco antes del estallido de la Guerra de los Boers (1899-1902), Baden-Powell fue enviado a África del Sur, donde desempeñó varios puestos de relevancia que le sirvieron para ascender en el escalafón militar. Sirvió como oficial del Estado Mayor en la campaña de Matabeleland (actual Zimbabwe), y detentó los grados de coronel de Caballería no Regular en Sudáfrica y teniente coronel de la Quinta Guardia de Dragones. En la Guerra de los Boers defendió con valentía y con apenas 1.200 hombres, desde el 12 de octubre de 1899 al 17 de mayo de 1900, la plaza de Mafeking contra un numeroso ejército bóer, hasta que fuerzas inglesas acudieron a levantar el sitio. Como premio a semejante comportamiento, Baden-Powell fue ascendido al grado de general. Entre los años 1900 a 1903, estuvo al frente de la organización y dirección de las fuerzas policiales en la región del Transvaal.

De regreso a Inglaterra, fue nombrado inspector general de Caballería y fundó, en el año 1904, la Cavalry School Metheravon, en Wiltshire. Por méritos de guerra, fue ascendido al grado de general de división y, posteriormente, en 1907, al de teniente general. En 1910, Baden-Powell decidió retirarse del ejército activo para dedicarse por entero a los Boy Scouts, organización juvenil que había creado dos años antes y que pronto se difundió de una manera extraordinaria por el mundo entero. La organización de Baden-Powell se estructuró en base a la confianza sin límites que todos sus miembros tenían que demostrar sobre sí mismos y en un código propio de conducta moral muy próximo al militar. Baden-Powell puso en práctica todos sus conocimientos en el campo de la obtención de información sobre un territorio hostil conseguidos durante sus duras expediciones por África y la India.

En 1920, organizó en Londres la primera reunión mundial de los Boy Scouts, The Boy Scouts Jamboree (Gran Reunión de Exploradores Scouts), en la que fue aclamado por unanimidad presidente mundial de la organización. Durante los 92 años de existencia del movimiento, alrededor de unos 250 millones de personas han pertenecido alguna vez en su vida a los Boy Scouts. Como premio a sus méritos y servicios a la Corona (el último de ellos desempeñado en el departamento de Inteligencia británico durante la Primera Guerra Mundial), en el año 1929 obtuvo la baronía para su apellido, además del reconocimiento y múltiples condecoraciones con las que fue galardonado en diferentes países, entre ellas la Gran Cruz de Alfonso XII (España) y la Gran Cruz Orange-Nassau (Holanda). Nombrado presidente de la Royal Geographic Society, los últimos años de su vida los pasó en Kenia, ya que por motivos de salud tuvo que alejarse del húmedo y frío clima londinense.

AGARÉS

Los grimorios y libros prohibidos de la Edad Media describen a AGARÉS, como un demonio maduro y afable; incluso sostienen que es una criatura entusiasta especialmente eficaz para dar coraje a los pusilánimes. Acólitos de severo corte académico afirman que este demonio es un políglota consumado que facilita a sus devotos el aprendizaje de lenguas extranjeras. Como su nombre lo indica, VIRTUS pertenece a la congregación que numerosos libros malditos denominan "COFRADÍA INFERNAL DE LAS VIRTUDES". Esta orden o cofradía está compuesta por demonios puritanos que desaprueban los excesos y transgresiones del infierno. En sus filas aparecen diablos abstemios y enemigos del consumo desproporcionado de sustancias nocivas para la salud. Algunos, para gran alarma y descontento del infierno, incluso pregonan los beneficios de la castidad.

AGARÉS es un demonio mencionado en diferentes grimorios y textos de ocultismo. En el ARS GOETIA y el PSEUDOMONARCHIA DAEMONUM, se dice que AGARÉS, es el primer duque que está bajo el poder del este, hace que los que corren se detengan y que los prófugos regresen, enseña todas las lenguas de inmediato, destruye noblezas espirituales o materiales y provoca temblores de tierra. Pertenecía al CORO DE LAS VIRTUDES y tiene bajo su mando treinta y un legiones de espíritus, además de que se debe usar su sello como pantáculo cuando sea llamado. AGARÉS es más a menudo representado como un anciano decrépito montando un cocodrilo con un halcón en su brazo. Por extraño que parezca, los que lo han convocado, manifiestan que cuando este se presenta, no es un hombre viejo, sino una hermosa joven. De hecho, se dice que en su versión femenina, la DUQUESA AGARÉS es muy sensual, pero con una mirada angelical – una rubia de piel blanca con alas blancas de ángel y de voz suave y muy amable. En cuanto a su papel como maestro de los mortales, AGARÉS es una vez más no todo lo que parece. En su versión femenina, la DUQUESA AGARÉS disfruta de enseñar “anti-modales”, que cubren casi todos los comportamientos “groseros” que se pueden imaginar, pero el lenguaje en especial.

martes, 8 de febrero de 2022

¿ES CIERTO QUE SÓLO SE SALVARÁN 144.000?-Primera parte

Una vez, durante un viaje que Jesús realizaba a Jerusalén, mientras atravesaba ciudades y pueblos enseñando, se le acercó un curioso con una pregunta indiscreta. Como había oído que Jesús traía la salvación, le dijo maliciosamente: "Señor, ¿es cierto que son pocos los que se salvarán?". Pero Jesús se negó a responder, y simplemente le replicó: "Ustedes esfuércense en entrar por la puerta estrecha" (Lc 13, 22-24). Es decir, en vez de contestarle cuántos se salvarán, le contestó cómo se salvarán, que era lo importante. Por esta razón, ningún escritor sagrado se atrevió jamás a predecir el número de las personas que se salvarán en el fin del mundo. Ni siquiera san Pablo, que alude en varias ocasiones al tema y aporta de su propia reflexión ciertos detalles nuevos sobre el hecho. Sin embargo hay un libro de la Biblia que dos veces fija puntualmente la cifra de los que alcanzarán la salvación. Es el Apocalipsis.

En el capítulo 7 el autor describe una visión, en la que le fue permitido contemplar a todos los marcados con el sello salvador en la frente, y su número era de 144.000 (7, 4). Y en el capítulo 14, ratificando este dato, presenta otra vez los 144.000, esta vez junto a Jesucristo, que los rescata de entre todos los hombres (14, 1). ¿Es posible que su autor haya desobedecido el deseo de Jesús de no dar información sobre este asunto? Pero más grave todavía resulta la cuestión de si es posible que, después de tanto esfuerzo por parte de Dios, tan pocos hombres se vean beneficiados con la salvación. Actualmente ningún estudioso serio de la Biblia admite que la cifra de 144.000 responda a una cantidad exacta. Todos están de acuerdo en que se trata de un número simbólico. En efecto, muchas veces los números que aparecen en la Sagrada Escritura son usados en sentido convencional a fin de brindar un mensaje más que una cifra.

Este hábito de utilizar cantidades simbólicas debe alertarnos sobre la interpretación de ciertas cifras, como por ejemplo las edades fabulosas de los patriarcas bíblicos, cuando se dice que Adán vivió hasta los 930 años, o que Noé tenía 600 años al comenzar el diluvio, o que Matusalén engendró a su hijo Lamec a los 187 años. Es evidente que no se trata de edades reales, sino que fueron deliberadamente exageradas para simbolizar la bendición de Dios como larga vida terrena, cuando aún no se había revelado la existencia de la vida eterna. Ahora bien, ¿por qué Juan en su Apocalipsis habría de poner un número simbólico para referirse a los salvados? ¿Quién le sugirió que fijara una cantidad exacta para los que serían liberados con la sangre de Jesús, los redimidos en la Pascua de Cristo? Es probable que se haya inspirado para ello en el Antiguo Testamento. En efecto, el libro de los Números, al referirse a los israelitas salvados de la esclavitud de Egipto por Moisés en la primera Pascua con la sangre de un cordero, nos detalla la cifra exacta. Dice que salieron de Egipto 603.550 hombres, sin contar las mujeres, los ancianos y los niños (Números 1, 46; 2, 32).

Ahora bien, este número es a todas luces simbólico. Si pretendiéramos tomarlo literalmente, habría que calcular que los que iniciaron la peregrinación por el desierto eran entre 2 y 3 millones de personas, cantidad desorbitada, probablemente nunca alcanzada por la población de Israel en toda su historia, y además imposible de movilizar en una noche para cruzar el mar Rojo y huir. Basta pensar que un ejército así jamás fue reunido por las potencias militares del antiguo Oriente, como Asiria, Babilonia, y ni siquiera por Alejandro Magno. Por otra parte, puesto en marcha en el desierto en filas de diez en fondo al modo antiguo, formarían 60.355 hileras, que a la distancia de un metro una detrás de otra abarcarían una extensión de 60 km. Al ponerse la primera fila en movimiento, los últimos lo harían dos días después. Y si a estos agregamos toda la población supuestamente salida, cubrirían en fila la distancia total de Egipto al Sinaí.

Asimismo, los historiadores bíblicos actualmente sostienen que la población total de Canaán en ese entonces no llegaba a los dos millones de personas. ¿Cómo puede, entonces, repetirse permanentemente en la Biblia como un estribillo, que los israelitas que pretendían conquistar el país de Canaán eran pocos para tomar sus ciudades? (Deuteronomio 4, 38; 7, 7; 17, 22). Finalmente, si estos números expresaran cantidades reales, las 70 personas que según Gn 46, 27 llegaron originariamente a Egipto con el patriarca Jacob, habrían debido de tener en los 430 años que permanecieron esclavos, según los cálculos del incremento de la población del Egipto de entonces, unos 10.000 descendientes cada uno. Como hemos visto, se trata de un procedimiento frecuentemente usado en las Sagradas Escrituras, llamado GEMATRÍA. La lengua hebrea, al no tener números, éstos se escriben con las mismas letras del alfabeto. Ahora bien, si reemplazamos las letras de una palabra o de una frase se obtiene una cifra simbólica.

Así, si se sustituyen las letras de la frase hebrea "todos los hijos de Israel" (RS KL BNY YSR’L) por sus correspondientes valores numéricos, da precisamente 603.550. Por lo tanto, cuando el autor dice que salieron de Egipto 603.550, sólo quiere decir que salieron "todos los hijos de Israel", como si dijera que todo Israel estaba allí, ya que sin el éxodo Israel nunca hubiera existido. El número de los que participaron en la huida seguramente no superaba las 6 u 8 mil personas. Cuando Juan escribe su libro del Apocalipsis, considera que la muerte de Cristo ha salvado a los hombres de una nueva esclavitud: la esclavitud del pecado. Los cristianos son el nuevo pueblo liberado, pero esta vez no con la sangre de un corderito sino de Cristo, el nuevo cordero de la nueva Pascua. ¿Y cuántos son estos nuevos liberados? Recordando el viejo recurso del Antiguo Testamento, Juan lo dice con un nuevo número simbólico: 144.000. Esta cifra es producto de 12 x 12 x 1.000. ¿Qué significado encierra?

En la Biblia el número 12, aplicado a las personas, significa siempre "los elegidos". Así, se habla de las doce tribus elegidas de Israel, de los doce Apóstoles elegidos, de las doce puertas de la nueva Jerusalén por donde entrarán los elegidos (Apoc 21, 12).

Ariel Alvarez Valdez
Biblista

lunes, 7 de febrero de 2022

NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

El 11 de Febrero de 1858, acompañada de su hermana y de una amiga, BERNARDITA se dirige a la Gruta de MASSABIELLE, al borde del GAVE, para recoger leña, ramas secas y pequeños troncos. Mientras se está descalzando para cruzar el arroyo, oye un ruido como de una ráfaga de viento, levanta la cabeza hacia la Gruta en medio de una luz resplandeciente como el sol, pero dulce y apacible, una joven prodigiosamente bella de unos 16 o 17 años de edad se dejó ver solo a BERNARDITA, y ella misma relata la visión:

“Vestía un traje blanco, brillante y de un tejido desconocido, ajustado al talle con una cinta azul. Un largo velo blanco le caía hasta los pies envolviendo todo el cuerpo. Los pies, de una limpieza virginal y descalzos, parecían apoyarse en el rosal silvestre sobre el que flotaba la imagen, a la entrada de la gruta. Dos rosas brillantes de color de oro cubrían la parte superior de los pies de la Santísima Virgen. Juntas sus manos ante el pecho, ofrecían una posición de oración fervorosa. Tenía entre sus dedos un largo Rosario blanco y dorado con una hermosa Cruz de oro. Todo en Ella irradiaba felicidad, majestad, inocencia, bondad, dulzura y paz. La frente lisa y serena, los ojos eran azul celeste llenos de amor y los labios mostraban suavidad y mansedumbre”.

La SEÑORA parecía saludarla tiernamente mientras se inclinaba ante BERNARDITA. Frotándose sus ojos los volvió a abrir, confirmando que no estaba soñando y que lo que veía era real. En ese momento, al ver la sonrisa de la SEÑORA, perdió todo miedo y arrodillándose buscó su Rosario que traía siempre en su bolsillo.

La SEÑORA hizo una señal de aprobación con su cabeza y tomó el Rosario que llevaba. BERNARDITA intentó hacer la señal de la Cruz, pero su mano quedó paralizada. En ese momento la Virgen tomo la Cruz del Rosario e hizo la señal de la Cruz e indicó a BERNARDITA que lo hiciera como ella. En ese momento su brazo paralizado quedó libre.

Empezó a pasar las cuentas del Rosario entre sus dedos y BERNARDITA empezó a rezar el suyo, cada una en oración interior. Sólo al final de cada misterio la Madre de Dios rezaba el Gloria con BERNARDITA. Al terminar, la Virgen le hizo señas con el dedo para que se acercara y extendiendo el brazo, se inclinó dulcemente y sonrió como despidiéndose, retornando hacia el interior de la gruta. ¡La Visión había desaparecido!

BERNARDITA preguntó a las otras niñas si habían visto algo en la gruta y al responderle éstas que no, les contó su experiencia y les pidió silencio. Pero su hermana se lo contó a su madre. La madre no le creyó y ordenó a BERNARDITA que se dejase de imaginaciones y que le estaba prohibido regresar a la gruta. Esa noche, mientras rezaban el Rosario en familia, BERNARDITA rompió en llantos, repitiendo su invocación favorita:

"Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que acudimos a ti".

BERNARDITA insistió ante su madre para que la deje volver a la gruta, pero ésta se negó repetidamente con diversos argumentos. Pensaba que todo era un engaño del demonio, o que su hija se había vuelto loca, pero ante todo temía hacer el ridículo entre sus vecinos.

Finalmente el día 14 de febrero las niñas insistieron en que les dieran permiso para regresar a la gruta. Todos pensaban que lo que le había pasado a BERNARDITA era un engaño de Satanás, y entonces le dijeron que fuera a la gruta y rociara agua bendita para terminar con todo aquello. Así huiría el demonio y se quedarían tranquilos. Ante estos argumentos la madre finalmente aceptó y le dio autorización para ir a la gruta acompañada de otras niñas que, conociendo la historia, insistían en acudir al lugar con ella.

Cuando llegaron a la gruta, BERNARDITA les pidió que se arrodillaran a rezar el Santo Rosario. De pronto aparece nuevamente la SEÑORA, y el rostro de BERNARDITA testimonió transfigurándose frente a las demás niñas. Ella tiró el agua bendita y dijo:

"Si vienes de parte de Dios, acércate a nosotras".

El agua bendita llegó hasta los pies de la Virgen y Ella sonriendo con más dulzura se acercó a BERNARDITA. Tomó el Rosario y se persignó con él. Empezaron ambas a rezarlo. BERNARDITA estaba como muerta, su mirada extasiada fija en la gruta, tan así que las otras niñas empezaron a llorar ruidosamente. Esto atrajo a dos mujeres del cercano MOLINO SAVY.

Cuando vieron a BERNARDITA en éxtasis trataron de moverla, de interrumpir su visión, pero nada de esto fue posible. Entonces una de ellas fue a buscar a su hijo ANTONIO, un joven de 28 años. El se quedó maravillado de lo que vio: el rostro de BERNARDITA era una visión celestial, no se sintió digno siquiera de tocarla. Obligado por su madre, ANTONIO tomó a BERNARDITA en sus brazos y la llevó hacia el MOLINO SAVY.

En todo momento ella mantuvo sus ojos clavados en un punto por encima de su rostro. Al llegar al molino BERNARDITA volvió lentamente en si, dejando el éxtasis. Cuando se entero su madre, esta enfureció, y no castigó a su hija porque las señoras y ANTONIO la reprendieron. Al atardecer ya toda la población comentaba las maravillas que ocurrían en la GRUTA DE LOURDES, pero a los comentarios se unían las burlas, desprecios e insultos.

El 18 de febrero una señora y una religiosa deseaban acompañar a BERNARDITA a la gruta. La niña caminaba tan rápido que parecía como si una fuerza superior la empujase hacia allá. Se arrodilló y empezó el rezo del Rosario, lanzó un grito de júbilo al ver al fondo de la gruta a la SEÑORA. Le preguntó si se podían quedar sus dos acompañantes y la Virgen dijo que sí. Ellas también se arrodillaron y se pusieron a rezar mientras encendían una vela. BERNARDITA le pasó un papel a la Virgen pidiéndole que escribiera cualquier cosa que deseaba comunicarle, a pedido de una de las señoras. La Virgen le dijo entonces:

"Lo que tengo que comunicarte no es necesario escribirlo, hazme únicamente el regalo de venir aquí durante quince días seguidos"

Bernardita se lo prometió y la SEÑORA le respondió:

"Yo también te prometo hacerte dichosa, no ciertamente en este mundo, sino en el otro"

El rumor de las apariciones se esparció rápidamente y una gran multitud acudió a la gruta a partir de entonces. El domingo 21 de Febrero, varios miles de personas llenaban todos los alrededores de la gruta. Hubo un momento en que la aparición parecía hacerse hacia atrás, y como hundirse en el interior de la roca. Para no perderla de vista, BERNARDITA fue acercándose de rodillas. Observó que la Virgen se había puesto triste y le preguntó:

¿Qué te pasa?, ¿qué puedo hacer?

La Virgen respondió:

"Rueguen por los pecadores"

El martes 23 de Febrero, por primera vez la Virgen formula una orden concreta. Ante diez mil personas la Virgen le da a BERNARDITA un secreto que solo a ella le concierne y que no puede revelar a nadie. También le enseñó una oración que le hacía repetir, pero que no quiso que la diera a conocer. La Virgen le dijo:

"Y ahora, hija mía, ve a decir a los sacerdotes que aquí, en este lugar, debe levantarse un Santuario, y que a el debe venirse en procesión"

El Miércoles 24 de Febrero, toda la gente quiso saber que pasaría con el encargo del Párroco y si la Virgen haría el milagro del rosal. BERNARDITA como siempre llegó a la gruta y se arrodilló, sin poner atención en absoluto a la gente que iba por curiosidad. Le contó a la Virgen lo que el sacerdote le había pedido. La Virgen solo sonrió, sin decir una palabra. Después la mandó a rogar por los pecadores y exclamó tres veces:

“¡Penitencia, Penitencia, Penitencia!

Le hizo repetir estas palabras y BERNARDITA lo hacía mientras se arrastraba de rodillas hasta el fondo de la gruta. Ahí le reveló un secreto personal y después desapareció. Por humildad no relató todo los detalles, pero los testigos contaron que también se le vio besar la tierra a intervalos. La Virgen le había dicho:

"Rogaras por los pecadores. Besarás la tierra por la conversión de los pecadores"

El jueves 25 de Febrero María le dijo en la visión a BERNARDITA:

"Hija mía, quiero confiarte solamente para ti el ultimo secreto; igualmente que los otros dos, no los revelaras a ninguna persona de este mundo"

Un mes después el jueves 25 de Marzo, en el día de la Anunciación BERNARDITA se sintió fuertemente movida a ir a la Gruta. Muy contenta obedeció ese llamado en su corazón, y fue inmediatamente. Como era una fecha solemne, los peregrinos tenían la esperanza de que la Virgen se apareciera y cuando llegó BERNARDITA se asombró de la cantidad de personas que encontró. Fue ese día 25, en la historia de las apariciones, un día de gloria. BERNARDITA volvió a preguntarle a la Señora:

"Quieres tener la bondad de decirme quien eres y cual es tu nombre?"

La visión resplandecía más que nunca, sonriendo siempre, y siendo su sonrisa la única respuesta. Bernardita insistió...

"¿Quieres decirme quien eres?, te lo suplico Señora Mía".

Entonces la Señora apartó su vista de BERNARDITA, separó sus manos, hizo deslizar en su brazo el Rosario que tenía en sus dedos, levantó a un mismo tiempo sus manos y su cabeza radiante, en tanto que sus manos se juntaron delante del pecho, su cabeza se afirmó y, mas resplandeciente que la luz del sol, dirigida la vista al cielo María dijo:

"YO SOY LA INMACULADA CONCEPCIÓN"

La joven vidente salió corriendo, repitiendo sin cesar, por el camino, aquellas palabras que no entiende. Palabras que conmueven al buen párroco, que se pregunta: “¿Como podía una niña sin ninguna instrucción religiosa saber el dogma que solo unos cuatro años antes había la Iglesia promulgado?”.

En 1854 el Papa Pío IX había definido el dogma de la Inmaculada Concepción. Ya que BERNARDITA ignoraba esa expresión teológica que sirve para nombrar a la Santísima Virgen. El jueves 16 de Julio de 1858, Día de la Virgen del Carmen. BERNARDITA, que llevó el escapulario del Carmen toda su vida, se siente de nuevo movida a ir a la gruta, que está cercada, vigilada y prohibida por las autoridades locales. Va acompañada de su Tía BASILE y unas vecinas. Bajan por praderas contiguas a la gruta, siendo acompañadas por una multitud que al verla no dudó del llamado de María. Se arrodillaron lo más cerca posible de la gruta pero sin poder llegar a ella.

BERNARDITA recibe la última visita de la Virgen y diría luego:

"Me parecía que estaba delante de la gruta, a la misma distancia que las otras veces, no veía más que a la Virgen, ¡jamás la había visto tan bella!"

Había cumplido su misión, con gran amor y valentía ante todos los sufrimientos que tuvo que sobrellevar y ante todos los obstáculos que el Enemigo puso en su camino. Su confesor dijo repetidamente: "La mejor prueba de las apariciones es BERNARDITA misma, su vida".

LAS LUPERCALES

Así se llamaban en la antigua Roma a unas fiestas que se celebraban el día 15 del mes de febrero, desterradas por el Papa Vigilio en el siglo VI al substituírlas por la candelaria. Su nombre deriva supuestamente de lupus (lobo, animal que representa a Fauno Luperco) e hircus (macho cabrío, un animal impuro). Fueron instituidas por Evandro el arcadio en honor de Pan Liceo (también llamado Fauno Luperco, el que protegía al lobo, y protegía contra Februo, o también Plutón). Un cuerpo especial de sacerdotes, los Lupercos o Luperci (Sodales Luperci o amigos del lobo) eran elegidos anualmente entre los ciudadanos más ilustres de la ciudad que debían ser en su origen adolescentes que sobrevivían de la caza y el merodeo en el bosque durante el tiempo de su iniciación en la edad adulta, lo que por aquel entonces era un tiempo sagrado y transitorio en que se comportaban como lobos humanos. Se reunían el 15 de febrero en la gruta del Lupercal (más tarde llamada Ruminal en honor a Rómulo y Remo) en el monte Palatino, lugar donde Fauno Luperco tomando la forma de una loba, había amamantado a los gemelos Rómulo y Remo, y en honor de quien se hace la fiesta. La tradición cuenta que allí había una higuera cuyas raíces habían detenido la cesta en cuyo interior se encontraban los gemelos Rómulo y Remo.

Bajo la sombra de esta venerable higuera, la Ruminalis, celebraban el sacrificio de un perro y de un macho cabrío, animales que eran considerados impuros. Después se tocaba la frente de los luperci con el cuchillo teñido con la sangre de la cabra y a continuación se borraba la mancha con un mechón de lana impregnada en leche del mismo animal. Éste era el momento en que los lupercos prorrumpían en una carcajada de ritual. Luego cortaban la piel de los animales sacrificados en tiras, llamadas februa, que junto con la deidad sabina Februo, y el sobrenombre de Juno, Februalis (la que purifica), son los posibles candidatos a darle nombre al mes de Febrero. Con este aspecto y casi desnudos, sólo tapados con unas tiras de cuero, salían alrededor del monte Palatino donde golpeaban a todos los que encontraban a su paso. El ser azotado por las tiras de cuero de los luperci equivalía a un acto de purificación, y era llamado februatio. Este acto de purificación comenzó en el reinado de Rómulo y Remo, cuando las mujeres romanas se hicieron estériles. Después de consultar el oráculo de la diosa Juno, en el bosque Esquilo, ésta responde: "Madres del Lacio, que os fecunde un macho cabrío velludo". Y es ésta la razón por la que los luperci van desnudos uncidos en sangre de animales impuros (como si vinieran de caza) con pieles de lobo, golpeando con el látigo como si fuera un miembro viril.

Para las mujeres, este rito aumentaba su fertilidad poniéndole las carnes de color púrpura. Éste color representaba a las prostitutas de la época, en particular las que ejercían la prostitución sagrada con los lupercos en el Ara Máxima, también llamadas lupas o lobas. De este color vistió Helena de Troya para ofender a su marido Menelao, que como todos los reyes de la época, trataban como una esclava a sus mujeres. Hoy en día es color del feminismo). Ésta celebración la adoptó el emperador Justiniano I en el imperio de Oriente el año 542, como remedio para una peste que ya había asolado Egipto y Constantinopla y amenazaba el resto del imperio. Con el paso del tiempo el Papa Gelasio I prohibió y condenó, en el año 494, la celebración pagana de las Lupercales. Quiso cristianizar esta festividad y la sustituyó por el 14 de febrero, fecha en la cual murió martirizado un cristiano llamado Valentín, en el año 270 d.C. Las lupercalias se trocaron pues en una procesión de candelas pidiendo, en cánticos y letanías la misma protección contra la muerte y la fertilidad que procuraba Fauno Luperco, ahora elevada a esperanzas de una vida y salud mucho más alta. A pesar de todo, esta procesión de las candelas desterró el rito pagano mucho más efectivamente que todas las prohibiciones anteriores.

Esta celebración se unió más tarde a la liturgia de la Presentación, por la referencia que Simeón hace, en su canto, a Cristo como "luz de las naciones", asociada a los cirios, antorchas y candelas encendidas en las manos de los fieles. El 2 de febrero se cumplían cuarenta días desde que, en la época de San Ambrosio, se fija el 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Jesús, también para desterrar el festejo pagano del culto al Sol. De las lupercales procede hoy la tradición del carnaval gallego característico de Xinzo de Limia, Laza y Verín, donde los cigarrones, pantallas o peliqueiros azotan a la gente con débiles fustas de cuero, con cencerros en honor a los pastores de los que Fauno Luperco era dios, y golpeando con tripas de cerdo hinchadas con la mano.

CARGO DE CULTO

El CULTO DE CARGOCULTO AL CARGO o CARGO CULT son todas las serie de creencias, religiones y cultos que surgieron a lo largo del siglo XX, especialmente a raíz de la Segunda Guerra Mundial, en Australia y la Melanesia, es decir, las diferentes regiones en que se encuentra dividida Oceanía y que comprende islas como Nueva Guinea, Fiji, Isla de Flores, Islas Vanuatu, Isla de Tanna, Islas del Estrecho de Torres, Nueva Caledonia, entre muchas otras. Dado que la Melanesia comprende una gran variedad de pueblos aborígenes, cada uno de ellos con sus creencias distintas (entre 700 y 1000 aproximadamente), no es de extrañar que ante tal diversidad cultural y lingüística, en conjunto con la llegada de Europeos y sus tecnologías, dieran como resultado en el CARGO CULT que se abrió paso poco a poco hasta lograr ser más importante que las creencias y cultos propios de la región.

Aunque con leves diferencias en cada pueblo, el CARGO DE CULTO es la creencia que se basa en esperar la llegada de cargueros llenos de mercancías. Como lo mencionábamos al principio de este post, fue principalmente durante la Segunda Guerra Mundial que los barcos de los distintos ejércitos (primero los japoneses, después los estadounidenses y también los europeos) comenzaron a llegar a estas islas con cargamentos como teléfonos, armas, comida, ropa, papel, lámparas, grandes barcos, aviones, etc., por otro lado, los melanesios observaron también que muchos de estos hombres que hablaban lenguas distintas tenían la capacidad de curar enfermedades; ante la imposibilidad de dar una explicación a tales acontecimientos y tecnologías a las que nunca antes habían tenido acceso, los aborígenes pronto comenzaron a creer que dichos cargamentos eran enviados por los dioses y por tanto, se convirtieron en objetos preciados a los que había que adorar.

Al terminar la guerra, desaparecen estos hombres-dioses, sus cargamentos y por ende la efímera prosperidad; desde entonces los distintos pobladores esperan que algún día regresen dichos cargueros y con ellos los ancestros de los melanesios, que los hombres blancos desaparecerán y que todos sus conocimientos, tecnologías y bienes (que ellos consideran poderes) serán heredados a los nativos, dando paso a una nueva era de prosperidad. Como parte de dicho culto y para ayudar a acelerar dichos acontecimientos, los melanesios acostumbran a recrear sus propios cargamentos utilizando los materiales propios de las islas, por ejemplo, reproducir los radios y las armas con madera o coco; llama especialmente la atención las reproducciones de aviones que se supone son de sexo femenino, y que tienen como fin atraer a los “aviones macho” para que llegue un nuevo cargo o cargamento.

Dentro de estos CARGO CULTO, una mención especial merece la festividad anual conocida con el nombre de DÍA DE JOHN FRUM (15 de febrero). Se piensa que JOHN FRUM pudo ser un soldado estadounidense que llegó a las Islas Vanuato, se dice que quizá se presentó como “I AM JOHN FROM AMERICA” y que trajo consigo varios regalos; aunque no se tiene certeza de la existencia real de este personaje, hoy en día los aborígenes de dichas islas acostumbran a celebrar cada 15 de febrero este acontecimiento, en los que realizan distintos ritos con la esperanza de que este dios regrese nuevamente y con él los preciados objetos.

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