🎙️ EL ALFA Y LA OMEGA | 10.06.2026

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EL MISTERIO DE LA TRINIDAD EN LOS ESCRITOS DE JUAN

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La fe en la SantĂ­sima Trinidad es la fuente y el destino de nuestro credo.
Todo lo que afirmamos con toda claridad con respecto a la Santísima Trinidad lo encontramos en el Nuevo Testamento. Allí estå encerrado como una semilla que viene abriéndose a través de los siglos. De los cuatro evangelistas, Juan es el que nos ayuda mayormente a comprender el misterio del Dios Trino.


Juan subraya la unidad profunda entre el Padre y el Hijo. La misiĂłn del Hijo es la de revelar el amor del Padre (Jn 17,6-8). JesĂșs llega a proclamar: "Yo y el Padre somos una cosa sola" (Jn 10,30). Entre JesĂșs y el Padre hay una unidad tan intensa que quienquiera que ve el rostro de uno, ve tambiĂ©n el rostro del otro. Y revelando al Padre, JesĂșs comunica un espĂ­ritu nuevo "el EspĂ­ritu de la Verdad que procede del Padre" (Jn 15,26).

A peticiĂłn del Hijo, el Padre envĂ­a a cada uno de nosotros este nuevo EspĂ­ritu para que permanezca en nosotros. Este EspĂ­ritu, que nos viene del Padre, (Jn 14,16) y del Hijo (Jn 16, 27-8), comunica la profunda unidad existente entre el Padre y el Hijo (Jn 15,26-27). Los cristianos miraban la unidad de Dios para poder entender la unidad que debĂ­a existir entre ellos. (Jn 13, 34-35; 17,21).

Hoy decimos: Padre, Hijo y Espíritu Santo. En el Apocalipsis se dice: De Aquel que es, que era y que viene, de los siete espíritus, que estån delante de su trono, y de Jesucristo, el testigo veraz, el primogénito de los muertos y el príncipe de los reyes de la tierra (Ap 1, 4-5). Con estos nombres, Juan dice lo que es y lo que piensan las comunidades y esperan en el Padre en el Hijo y en el Espíritu Santo.

1.- El Nombre del Padre: El Alfa y la Omega. Es – Era – Viene. Omnipotente.

El Alfa y la Omega. Para nosotros serĂ­a A y Z. (cf. Is. 44,6; Ap 1,17). Dios es el principio y el final de la historia. ¡No hay puesto para otro dios! Los cristianos no aceptaban la pretensiĂłn del imperio romano que divinizaba a los emperadores. Nada de lo que sucede en la vida puede ser interpretado como una simple fatalidad, fuera de la providencia amorosa de este nuestro Dios.

Es, Era, Viene. (Ap 1,4,8; 4,8). Nuestro Dios no es un Dios distante. Ha estado con nosotros en el pasado, estĂĄ con nosotros en el presente, estarĂĄ con nosotros en el futuro. El conduce la historia, estĂĄ dentro de la historia, camina con el pueblo. Una historia de Dios es la historia de su pueblo.

Omnipotente. Era un título imperial de los reyes después de Alejandro Magno. Para los cristianos, el verdadero rey es Dios. Este título expresa el poder creador con el que Dios conduce a su pueblo. El título refuerza la certeza de la victoria y nos obliga a cantar, desde ahora, el gozo del Nuevo Cielo y de la Nueva Tierra (Ap 21,2).

2.- El Nombre del Hijo: Testigo veraz. Primogénito de los muertos. Príncipe de los reyes de la tierra.

Testigo veraz: Testigo es lo mismo que mĂĄrtir. JesĂșs tuvo el valor de testimoniar la Buena Nueva de Dios Padre. Fue veraz hasta la muerte y la respuesta de Dios fue la resurrecciĂłn (Fl 2,9; Hb 5,7).

PrimogĂ©nito entre los muertos: PrimogĂ©nito es como decir hermano mayor (Cl 1,18). JesĂșs es el primero que resucita. ¡Su victoria sobre la muerte vendrĂĄ con todos nosotros sus hermanos y hermanas!

PrĂ­ncipe de los reyes de la tierra: Era un tĂ­tulo que la propaganda oficial daba al emperador de Roma. Los cristianos daban este tĂ­tulo a JesĂșs. Creer en JesĂșs era un acto de rebeliĂłn contra el imperio y su ideologĂ­a.

Estos tres títulos vienen del salmo mesiånico 89, donde el Mesías es llamado Testigo veraz (Sal 89,38), Primogénito (Sal 89, 28), El Altísimo sobre los reyes de la tierra (Sal 89,28). Los primeros cristianos se inspiraban en la Biblia para formular la doctrina.

3.- El Nombre del EspĂ­ritu Santo: Siete LĂĄmparas. Siete ojos, Siete espĂ­ritus.

Siete lĂĄmparas: En el Ap. 4,5, se dice que los siete espĂ­ritus son las siete lĂĄmparas de fuego que arden delante del Trono de Dios. Son siete porque representan la plenitud de la acciĂłn de Dios en el mundo. Son lĂĄmparas de fuego, porque simbolizan la acciĂłn del EspĂ­ritu que ilumina, sacia y purifica (Ac 2,1). EstĂĄn delante del Trono, porque siempre estĂĄn dispuestos a responder a cualquier deseo de Dios.

Siete ojos: En el Ap 5,6, se dice que el Cordero tiene "siete ojos, sĂ­mbolos de los siete espĂ­ritus de Dios enviados sobre toda la tierra". ¡QuĂ© bella imagen! Basta mirar al Cordero y ver al EspĂ­ritu Santo obrando allĂ­ donde mira el Cordero, porque su ojo es el EspĂ­ritu. ¡Y el siempre mira hacia nosotros!

Siete espĂ­ritus: Los siete evocan los siete dones del EspĂ­ritu de los que habla IsaĂ­as y que se posarĂĄn sobre el MesĂ­as (Is 11,2-3). Esta profecĂ­a se realiza en JesĂșs. Los siete espĂ­ritus son, al mismo tiempo, de Dios y de JesĂșs. La misma identificaciĂłn del EspĂ­ritu con JesĂșs aparece hacia el final de las siete cartas. Es JesĂșs el que habla en la carta y al final de cada carta nos dice: Quien tenga oĂ­dos escuche lo que el EspĂ­ritu dice a las Iglesias. JesĂșs habla. El EspĂ­ritu habla. Es la misma cosa.

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