🎙️ EL ALFA Y LA OMEGA | 12.08.2026

PRIMERA HORA
SEGUNDA HORA

EL CASO DE SANTA CLARA DE ASIS PERDIDA SOBRE LOS RIELES

0

Hay historias que uno recuerda con cariño. Hay otras que uno recuerda porque durante años alguien se encargó de recordártelas.

Y después está esta.

La historia de cómo perdí una mochila en un tren… y, de paso, perdí a Clarita.

Pero vamos por partes.

Era un martes. Un martes cualquiera. De esos martes en los que uno se levanta, se prepara, sale a trabajar y toma el tren rumbo a Buenos Aires como lo hacía habitualmente.

Hora pico. El tren, como corresponde a cualquier tren en hora pico, estaba lleno. No lleno. Lleno nivel: si respirabas profundo, estabas invadiendo el espacio personal de tres desconocidos.

Yo llevaba mi mochila al hombro. Y dentro de esa mochila estaba prácticamente media vida de El Alfa y la Omega: la Biblia, el material impreso para el programa de dos horas, apuntes, papeles… y algo que para mí tenía un valor muy especial.

La imagen de Santa Clara de Asís.

En 1993, cuando apenas comenzábamos con el programa, un oyente nos había regalado aquella imagen para que Santa Clara fuera nuestra patrona en la radio.

Y ahí estaba ella. Nuestra Clarita. Porque sí… con el tiempo adquirió nombre propio. Y había algo bastante curioso en todo esto: Santa Clara es patrona de los medios audiovisuales.

Nosotros hacíamos radio. Pero evidentemente Clarita no era demasiado exigente con eso de los medios. Así que, con todo ese material dentro de la mochila, subí al tren. Y como estaba hasta las manos de gente, pensé:

“¿Para qué voy a seguir llevando la mochila colgada del hombro durante casi una hora?”

Así que hice lo que cualquier persona razonable hubiera hecho. La puse en el portaequipaje. Y ahí quedó. Cómodamente instalada. Yo, por supuesto, seguí mi viaje. Casi cincuenta minutos después llegamos a Retiro.

Fin del recorrido.

Bajo del tren. Salgo de la estación. Tomo un taxi. Y sigo tranquilamente hacia la oficina. Hasta que llego a Alem y Tucumán. Me bajo del taxi. Y en ese preciso instante ocurre uno de esos momentos maravillosos en los que el cerebro decide trabajar.

Miro para un lado. Miro para el otro. Y pienso: “¿Dónde está mi mochila?”

Silencio.

La mochila no estaba. Y ahí apareció otra pregunta mucho más interesante:

“¿Dónde dejé la mochila?”

Y entonces tuve una revelación. El portaequipaje. El tren. Retiro. Clarita. ¡La puta madre! La mochila había quedado en el tren. Con la Biblia. Con todo el material del programa. Con los papeles. Y con Santa Clara. Nuestra Clarita.

Así que hice lo único que podía hacer. Volví inmediatamente a Retiro. Otro taxi. Otra vez la estación. Y me fui directo a Información. Todavía conservaba cierta esperanza. Porque uno siempre tiene esperanza cuando pierde algo. Además, pensaba:

“Bueno… quizás alguien la encontró. Quizás algún buen samaritano la bajó del tren y la entregó.”

Llego al mostrador. Pregunto. Explico. Doy las características. Y espero. El empleado busca. Pregunta. Consulta. Nada. La mochila no apareció. Clarita tampoco. Y ahí terminó oficialmente la historia. Aunque, en realidad, no terminó nunca. Porque jamás supe qué pasó con aquella mochila.

No sé si alguien la encontró. No sé si alguien se llevó el material. No sé si la Biblia terminó en manos de alguien que realmente la necesitaba. Y mucho menos sé qué fue de Santa Clara. Lo único que sé es que, en algún momento de aquel día, nuestra patrona de la radio desapareció arriba de un tren.

Y sospecho que Clarita tuvo más aventuras en aquel ferrocarril que nosotros en todos nuestros años de radio. Claro que una tragedia semejante no podía quedar impune. Y mucho menos podía quedar sin consecuencias dentro del equipo.

Porque allí estaba mi compañero Carlos Guzmán.

Y Carlos descubrió en aquel episodio una mina de oro. Durante muchísimo tiempo me tomó el pelo con el asunto.

“¿Dónde está Clarita?”
“¿Te acordás de Clarita?”
“¿La dejaste en el tren?”

Y así durante años. Yo le decía que se burlara todo lo que quisiera. Total… Hoy ya no tengo pelo. Así que, técnicamente, la venganza del universo llegó sola. Con el tiempo compré otra imagen de Santa Clara.

Una nueva Clarita.

Y esa sí nos acompañó durante todos nuestros programas. Hasta que finalmente la entronizamos en la sala Juan Carlos Pisano, dentro de nuestro Estudio Multimedia Padre Hernán Pérez Etchepare. Porque hay objetos que dejan de ser simplemente objetos. Y aquella primera imagen, aunque desapareció en un tren, forma parte de la historia de El Alfa y la Omega.

Quizás alguien la encontró.
Quizás alguien la llevó a su casa.
Quizás terminó en una iglesia.
O quizás sigue recorriendo Buenos Aires en algún lugar que jamás conocí.

Yo prefiero pensar que no la perdimos. Que simplemente Clarita decidió cambiar de medio de transporte. Porque después de todo… era la patrona de los medios audiovisuales. Y aparentemente también de los ferrocarriles.

Aunque hay una última enseñanza que me dejó aquella experiencia. Una enseñanza profunda. Espiritual. Filosófica. Una enseñanza que debería transmitirse de generación en generación. Si alguna vez viajás en tren con una mochila… Y decidís dejarla en el portaequipaje…

ACORDATE DE BAJARLA.

Porque si no, podés perder la mochila. Podés perder la Biblia. Podés perder todo el material de un programa de dos horas. Podés perder una imagen de Santa Clara que te acompañaba desde 1993.

Y, lo peor de todo… podés terminar convirtiéndote durante años en el protagonista del chiste de tu propio compañero.

Y eso… eso sí que no te lo devuelve ningún buen samaritano.

Alfredo Musante Martínez
Director de EL ALFA Y LA OMEGA

Entradas que pueden interesarte

Sin comentarios