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JUANA MANSO · LA MUJER QUE DESAFIÓ LOS LÍMITES DE SU ÉPOCA

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La historia de la educación y del pensamiento feminista latinoamericano tiene entre sus protagonistas a una mujer que convirtió la escritura, la enseñanza y el periodismo en instrumentos de transformación. Juana Paula Manso de Noronha desarrolló una trayectoria en Argentina, Uruguay y Brasil como escritora, traductora y educadora. Su defensa de la educación femenina la convirtió en precursora de nuevas ideas sobre el lugar de la mujer.

En el campo literario, su nombre se vinculó con el de otras pioneras literarias de la novela hispanoamericana en América, entre ellas Eduarda Mansilla, Mercedes Marín, Rosario Orrego, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Julia López de Almeida, Clorinda Matto de Turner, Manuela Gorriti y Mercedes Cabello de Carbonera. Nació en Buenos Aires el 26 de junio de 1819, en una familia de clase media alta. Su padre, José María Manso, era un inmigrante andaluz dedicado a la ingeniería y agrimensura; su madre, Teodora Cuenca, era porteña de ascendencia hispánica. En su hogar circulaban las ideas vinculadas con la Revolución de Mayo. José María había participado en las luchas de 1810 y luego se relacionó con el gobierno unitario de Bernardino Rivadavia. Impulsó la Sociedad de Beneficencia Educativa, que promovió las escuelas de las Catalinas y Montserrat. Las posiciones políticas familiares terminaron teniendo consecuencias: en 1839, cuando Juana tenía veinte años, las persecuciones durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas obligaron a la familia a trasladarse a Montevideo.

Manso defendió una enseñanza popular, gratuita, organizada, científica y compartida por niñas y niños, para todas las clases sociales. Consideraba el conocimiento esencial para la autonomía femenina. En 1841 abrió en su propia casa el Ateneo de las Señoritas, donde impartía clases a jóvenes y adultas. El programa incluía aritmética, lectura, gramática, francés, música, dibujo, labores, moral y formación en los modales considerados de las damas. La iniciativa atrajo alumnas de distintos lugares y defendió una educación amplia para las mujeres.

Su actividad intelectual también encontró espacio en la prensa. José Mármol, amigo suyo, la animó a colaborar con periódicos de la región. Vinculada al romanticismo de Esteban Echeverría, publicó poemas bajo distintos seudónimos, entre ellos Una Joven Argentina. Con ese nombre apareció también una traducción de la novela francesa El Egoísmo y la amistad o los defectos del orgullo. La inestabilidad política volvió a modificar su vida: en 1842, el sitio de Montevideo por parte de Manuel Oribe llevó a la familia al exilio en Brasil. Allí escribió relatos y textos filosóficos. Las dificultades económicas los llevaron de regreso a Montevideo en 1843. Juana obtuvo entonces la dirección de una escuela de niñas.

En esos años publicó los poemas Una tumba y Una lágrima para ella en El Nacional, y un manual para educar niñas. Se casó con el violinista Francisco de Sáa Noronha y tuvo dos hijas. Con él realizó giras por Estados Unidos, Cuba y Brasil; junto a su esposo también escribió piezas teatrales que alcanzaron éxito. Durante su estancia brasileña fundó O Jornal das Senhoras, publicación de 1852 a 1854 sobre moda, literatura, bellas artes, teatro y crítica, considerada el primer periódico feminista latinoamericano.

En sus páginas difundió Misterios del Plata como folletín y publicó textos sobre la emancipación moral de la mujer. Defendió que las mujeres fueran reconocidas como sujetos sociales capaces de actuar y decidir, no como víctimas de sus circunstancias. También escribió contra el racismo y la esclavitud, junto con poemas, partituras y crónicas de viaje. Tras la muerte de su padre, que había sido su sostén económico, su esposo la abandonó. Juana regresó a Buenos Aires con sus hijas después de la caída de Rosas.

La prensa la atacó reiteradamente por sus ideas y por expresarlas públicamente. Los ataques afectaron su salud. Murió a los cincuenta y cinco años, enferma de hidropesía, y fue sepultada en el Cementerio Británico porque había rechazado recibir la extremaunción. Sus allegados vieron en ello coherencia con sus convicciones. En 1915 sus restos fueron trasladados al Panteón de Maestros del Cementerio de la Chacarita. Juana Manuela Gorriti despidió sus restos y destacó su aporte a la educación femenina. Su legado permanece ligado a una convicción que atravesó toda su vida: el conocimiento también debía abrirles a las mujeres las puertas de la libertad.

Equipo de Redacción
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