miércoles, 14 de mayo de 2014

Padre Carlos Mugica

Carlos Francisco Sergio Mugica nació el 7 de octubre de 1930, en la ciudad de Buenos Aires, siendo el tercer hijo de una numerosa familia compuesta por el matrimonio de Carmen Echagüe-hija de terratenientes adinerados de Buenos Aires y Adolfo Mugica-fundador del Partido Conservador por el cual fue diputado durante el período 1938-42 y, posteriormente, Ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno del Presidente Arturo Frondizi, en 1961. Conformaban la familia, seis hermanos más.

Cursó el ciclo primario en la escuela Cinco Esquinas (Libertad y Quintana), el secundario en Colegio Nacional Buenos Aires, donde por problemas de conducta debió rendir tercer y cuarto año en el Instituto Libre de Segunda Enseñanza. Ya en 1949 comienza en la Universidad de Buenos Aires sus estudios de Derecho (durante dos años) y, allí, entabla gran amistad con Roberto Guevara Lynch, uno de los cinco hermanos el Che” Guevara, con quien inició una amistad que se prolongaría con el tiempo y cuyo basamento más firme sería la admiración de ambos por el mítico guerrillero. Aproximándose el Año Santo, decide viajar con varios sacerdotes y con su íntimo amigo, Alejandro Mayol, a Europa donde comienza a madurar su idea de ingresar en el seminario, algo que concretará ya para 1952.

La primera obra que escribe este “cura rubio” es en noviembre de 1957, se trata del católico frente a los partidos políticos y la produce para la revista del Seminario. Su compromiso con los pobres se va acentuando y comienza a integrar grupos misioneros en diferentes puntos del interior del país. Tras ocho años de estudios, es ordenado sacerdote el 21 de diciembre de 1959. Acompañando a su antiguo párroco, ya obispo de Reconquista, al Chaco, descubre y vivencia el subdesarrollo y la pobreza en su máxima expresión. Ya de regreso en Buenos Aires, entre los años 1960 a 1963, estuvo cumpliendo funciones al servicio del Cardenal Antonio Caggiano, quien, a su vez, lo destinó como vicario cooperador a la parroquia Nuestra Señora del Socorro, en Barrio Norte, además de asesor de la Juventud de Acción Católica, en su ex colegio Nacional Buenos Aires y entre los universitarios de Medicina y Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. En la misma época fue solicitado por la escuela “Paulina de Mallinkrodt”, en la villa miseria del barrio de Retiro, para cumplir funciones de Capellán y, coincidentemente, comenzó a desempeñarse como profesor de Teología en la Universidad del Salvador, en las Facultades de Psicopedagogía y de Derecho.

Todo su entorno deseaba, para el padre Carlos, una vida acorde al nivel de la clase social a la cual pertenecía, transitando una carrera eclesiástica en constante ascenso, acompañada de las dignidades y cargos importantes correspondientes, en ese momento la amistad de su padre Adolfo con el entonces arzobispo de Buenos Aires, cardenal Antonio Caggiano. Sería el primer paso en ese rumbo. Así fue que para comienzos de 1960, el Cardenal le propone a un Carlos Mugica recién consagrado, desempeñarse como uno de sus secretarios en la curia.

Nuevamente este cura inquieto sorprendió a propios y ajenos comunicándole al cardenal su deseo de pasar un año junto al recién designado obispo de Reconquista, monseñor Iriarte, con quien cumplió tareas de evangelización en los conventillos de la ciudad, asegurando que, luego de cumplir con esa etapa de misiones rurales en el Chaco Santafecino no iba a tener inconvenientes en tomar el cargo que se le ofrecía. Para Carlos Mugica, su trabajo pastoral en esa región miserable iba a convertirse en la segunda experiencia determinante de su vida.

En el año 1967 había decidido interrumpir toda actividad por un año dirigiéndose a París para estudiar, en el Instituto Católico, Epistemología y Semiología, Doctrina social de la iglesia, y Comunicación social y Teología. Fue en París, donde Carlos Mugica tomó conocimiento por carta, de la existencia (es el Nacimiento del MSTM) del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y automáticamente envió su adhesión incondicional. También inició su colaboración en el Equipo Intervillas, fundado el 2 de agosto de 1968, mérito y dedicación del p Jorge Goñi, también “cura villero”.

Cuando Mugica regresa a la Argentina, se entera de su reemplazo en la capellanía de las religiosas de Mallinckrodt por el padre Julio Treviño. Simultáneamente, la parroquia San Martín de Tours, a cargo de sacerdotes asuncionistas decide abrir una capilla en la villa de Retiro (que era de su jurisdicción parroquial) y le ofrece al Padre Carlos su desempeño. Sin dudar, el Cardenal Caggiano lo confirma y comienza allí la obra con la gente de la villa. Sin demoras, y con la enorme ayuda económica de su hermano Alejandro, se levantó un salón multiuso, de ese modo, en el barrio Comunicaciones se levantó la capilla “Cristo Obrero” en la cual el Padre Mujica ejerció la máxima actividad pastoral entre sus “hermanos villeros”.

La ola de violencia que afectaba al país con el gobierno de facto del General Onganía, lo llevó a reflexionar sobre la violencia institucionalizada y la violencia revolucionaria. La postura de Mugica y su cercanía a miembros de la Organización Montoneros, tiempo atrás, además de una actitud, podría decirse, hasta ese momento, poco clara, sobre la violencia, lo llevaron también a la cárcel a Mugica. Además, el arzobispo Juan C. Aramburu, suspendió al Padre Carlos en sus licencias ministeriales por treinta días, noticia que a Mugica le llegó estando en prisión y a través de los diarios.

El padre Mugica, teniendo su lugar de trabajo en la Villa “Comunicaciones”, solía dormir, algunos días en la misma villa, otros en un cuarto que se había hecho construir en la terraza del edificio donde residían sus padres, contiguo a la vivienda del portero. La serie de inconvenientes y enfrentamientos con su arzobispo, por un lado lo motivaron a redoblar sus trabajos en favor de la gente de la villa, pero también lo hicieron reducir sus apariciones en los medios de comunicación.

Ya en 1974 Mugica terminó de escribir el texto de la “Misa para el Tercer Mundo”, lamentablemente, su disco grabado y editado por el sello RCA, con la colaboración del “Grupo Vocal Argentino” que musicalizó la obra con ritmos autóctonos, africanos y asiáticos, fue destruido por orden del Ministerio del Interior del Gobierno del Gral. Perón. También se multiplicaron las amenazas de muerte, la revista “Militancia”, perteneciente al peronismo de izquierda y dirigida por Ortega Peña y Luis Duhalde, actual Secretario de Derechos Humanos del gobierno argentino, ubicó al sacerdote, dentro de la publicación en la sección denominada “La cárcel del pueblo”. Este era un apartado editorial en el cual-semanalmente- ellos “encarcelaban” a quienes consideraban personajes representativos del “antipueblo”. Por otro lado, un órgano de prensa de la derecha peronista, dirigido por López Rega, denominado “El Caudillo”, le cuestionaba desde su ministerio sacerdotal hasta su servicio a los pobres preguntándose si estaba al servicio de los ellos o tenía a los pobre a su servicio. Finalmente llegó a acusarlo de “bolche”.

En medio de tantos acontecimientos llegó el día sábado 11 de mayo de 1974 y, siendo las ocho y cuarto de la noche, en momentos en que el padre Carlos Mugica se disponía a subir en su auto que se hallaba estacionado junto a la iglesia de San Francisco Solano, donde había celebrado misa, tal como venía haciéndolo cada semana, fue tiroteado por un individuo con bigotes achinados, que se bajó de un auto que se encontraba estacionado muy cerca del lugar. Este personaje (dicho por la prensa y reconocido personalmente por su hermana menor, Marta) sería Rodolfo Eduardo Almirón, jefe de la “nefasta” Triple A”. Cinco disparos de ametralladora le afectaron el abdomen y un pulmón. Cuentan que el tiro de gracia lo recibió en la espalda.

El Padre Vernazza, párroco y tan amigo y compañero de vivencias, salió de la iglesia al oír los disparos y corrió a darle la unción. Presurosamente fue trasladado al Hospital Salaberry donde, ya moribundo, alcanzó a exclamar a una enfermera: “Ahora más que nunca tenemos que estar junto al pueblo”. A las nueve de la noche, el doctor Avelino Vicente Dolico, certificó que las causas del fallecimiento habían sido heridas de bala de tórax y abdomen y hemorragia interna. En el espectacular y multitudinario entierro, los villeros que tanto lo querían llevaron a hombros desde la Villa de Retiro hasta el cementerio de La Recoleta, el féretro del “cura rubio”. Casi toda la prensa habló ese día del “Santo Villero”.

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