miércoles, 6 de mayo de 2009

¿Estamos viviendo el Apocalipsis?

Martes 05.05.2009
Editorial - Programa Nº 387
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Comenzar esta editorial me lleva a reflexionar sobre aquello que estamos haciendo mal. Sobre el modo en que estamos administrando los talentos que Dios nos ha dado a cada uno. Y como estamos cuidando las ovejas que el Buen Pastor nos encomendó cuidar hasta su regreso, según la responsabilidad que a cada uno le compete.

Lamentablemente, en el día de hoy, hace unas horas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmó la existencia de 1.124 casos de gripe porcina en 21 países. Entre ellos 590 casos en México, con 25 muertes, y 286 casos en Estados Unidos. Uno de ellos mortal.

Desde el momento que buscaba esta información a este en que estoy compartiendo esta editorial con ustedes, las cifras habrán cambiado. Y este momento me hace recordar aquel cuando fue descubierto e identificado el virus HIV como el agente de la entonces naciente epidemia del SIDA. Hecho realizado por el equipo del Dr. Luc Montagnier, en Francia, en 1983. Desde entonces, el tendal de personas fallecidas y las que siguen sufriendo esta enfermedad, parece no tener fin…

No me quiero ir del tema del cerdo y la gripe porcina… los invito a que me acompañen a realizar un viaje en el tiempo y la historia.

Ustedes saben que para el pueblo de Israel el cerdo es un animal impuro, razón por la cual no puede servir de alimento. La prohibición de comer carne se encuentra en el libro de Levítico 11,7, donde se nos da también la razón de la prohibición.

También en el libro del Deuteronomio 14, 8 se hace referencia a lo mismo. Siendo un animal impuro, no se puede ofrecer en sacrificio ni comer su carne. Según Isaías 55,4 e Isaías 66,17, parece estar relacionado con ciertos sacrificios supersticiosos.

En el tiempo de los Macabeos (siglo II antes de Cristo), el hecho de no comer carne de cerdo se convirtió para los judíos en una cuestión de vida o muerte. Podemos ver en algunos textos cuál era la situación: 1Mac 1,47 2Mac6, 18-31 2Mac7, 1-42.

En los tiempos de Jesús todavía estaban en vigor estas cuestiones. Los cerdos eran sinónimo de la mayor de las impurezas. Cuidar de ellos, como tuvo que hacer el "hijo pródigo", era la mayor humillación posible: Lc 15, 16.

En los evangelios sinópticos: Mt 8, 28-34 Mc 5,1-20 Lc 8,26-39, Jesús expulsa un demonio que toma posesión de una piara de cerdos. El evangelio de Marcos nos da más detalles: llega a decir que el nombre de ese demonio es "Legión" (Mc 5,9), referencia clara al destacamento más importante del ejército romano.

De este modo podemos saber que, en el ambiente de aquella época, los dominadores romanos eran considerados por el pueblo como lo más repulsivo. Es clara la ironía de este episodio. Dicho con otras palabras, se trata de adivinar el lugar en que habita el demonio y su dirección. Su casa son los cerdos y estos representan a los romanos opresores.

Pero este episodio también tiene una constatación cruel: las personas conceden mayor valor a los bienes (una piara de cerdos) que a la vida humana en libertad. Jesús no tiene inconveniente de echar a perder una piara de cerdos con tal de liberar a una persona.

Volviendo al mundo real, pareciera como que Dios ha comenzado a desatar sus “plagas” nuevamente sobre el mundo. Y sin pretender hacer una editorial “apocalíptica” deberíamos, antes que temer, repensar como estamos viviendo nuestra fe y que testimonios estamos dando en la vida diaria de nuestro accionar como cristianos.

Vimos el año pasado la caída del poderío económico de EE.UU. y observábamos como se derrumbaban las murallas construidas sobre arena y como las polillas comían las bolsas donde el hombre acumula sus bienes.

Pero antes que la GRIPE PORCINA, aquí en nuestro país, hemos visto la reaparición del dengue que durante los últimos años ha golpeado en América Latina a países como Venezuela, Colombia, Brasil y más recientemente en El Salvador y Honduras.

De acuerdo con cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) la presencia del dengue ha crecido en forma dramática en las últimas décadas, y ahora se trata de una enfermedad endémica en más de 100 países, lo que pone en riesgo a unas 2 mil 500 millones de personas. En el año 2001, solamente hubo más de 609 mil casos reportados en la región de las Américas.

En síntesis: Se especula y se habla sobre que estas “enfermedades” son puestas en el mundo en lo que se denomina la “GUERRA QUIMICA” y es necesario ponerlo a prueba en los pueblos y naciones del TERCER MUNDO, para ver que efecto colateral tienen sobre los seres vivos.

Esto lo vemos en las películas… y la mayoría de los hechos que pasan en el cine, pasan en la vida... Algunas antes, otras después. Pero tarde o temprano pasan…

Ojalá que el hombre trate de buscar soluciones concretas reales y urgentes. Que no se especule más con la vida de las personas.

¿Cuántas vidas inocentes más son necesarias para que el hombre se de cuenta que el no es dueño de la vida, ni de la historia ni del planeta? ¿Cuándo aprenderemos a vivir libres de estas “plagas” que parecen no tener fin?

Hace unos momentos les decía que pareciera como que Dios hubiera enviado a sus Jinetes del Apocalipsis sobre el mundo para comenzar a preparar la Venida del Hijo del Hombre, la segunda venida de Jesús.

Pero es como les dije… “pareciera”. Por lo tanto, no debemos venirnos locos ni perder la esperanza. Porque si había algo que nosotros hemos perdido es eso: la esperanza.

Por esto la Iglesia pone delante de nosotros a esos seres humanos que fueron iguales a nosotros y que son los SANTOS. No para que veamos la cara de tontos que tienen en la estampita como la tradición, las imprentas y la fe popular nos han transmitido. Sino por su entrega desinteresada hacia el otro, cuidando su entorno y el de los demás, confiando sobre todo en Dios.

Podemos ver casos como San Camilo de Lellís o El padre Damián, misionero entre los leprosos de la isla de Molokai y tantos otros que combatieron estas “pandemias” con prevención y con amor.

Alfredo Musante
Director Responsable
Programa Radial
EL ALFA Y LA OMEGA