miércoles, 9 de septiembre de 2009

29.09.2009 - Las Mujeres en la Biblia - ¿Quién era Claudia Prócula?

Claudia Prócula era oriunda de la Galia Bracata y adquirió la ciudadanía romana, de pleno derecho, al contraer matrimonio con Pilato. Otros autores opinan que estaba relacionada con la poderosa familia Claudia, de la que era descendiente Tiberio. Algunos de sus biógrafos, incluso, la consideran nieta de Cesar Augusto.

También se especula con que, la posible relación familiar de Claudia con la familia imperial, habría encumbrado social y políticamente a Pilato, llevándole a ascender al Orden Ecuestre y, posteriormente, haciendo que se le nombrara Procurador de Judea.

No es raro que un hombre adusto y duro reciba la bendición de una esposa suave en su trato y que ejerce una influencia benéfica sobre él. Pilato es un ejemplo. Era un verdadero déspota, que abusaba de su autoridad y poder. Sus superiores tuvieron que relevarle de su cargo por los abusos cometidos. La forma vergonzosa en que trató a Jesús, estando convencido de que era inocente, mandándole azotar y luego crucificar nos da evidencia de su naturaleza despótica.

Pero su esposa era muy distinta. Es evidente que se interesaba directamente en las actitudes de su marido, procurando moderar sus excesos en la ejecución de sus deberes oficiales. En este caso tenía que estar enterada del arresto del rabino judío y del juicio a que se le sometería al día siguiente. Su sueño inquieto está poblado de pesadillas. Se levanta angustiada y advierte a su marido, como leemos en Mateo 27-19: “No te mezcles en el asunto de ese justo, porque hoy, por su causa, tuve un sueño que me hizo sufrir mucho”.
La sorpresa de Pilato debió ser grande. Es de suponer que en aquellos momentos tendría serios problemas de conciencia ante el curso que tomaban los acontecimientos. A la espera de la voz del pueblo, la voz de la conciencia le avisaría en su interior que estaba jugando con la vida de un inocente. El sentido jurídico también le hablaría en su inteligencia sobre el modo peligroso y poco limpio con que intentaba "hacer política" a costa de la justicia. Entonces llega el mensaje de su mujer, lo que debió sorprenderle mucho.

Las palabras de la mujer de Pilato eran de peso para aquel hombre. A cualquier marido le ayuda la palabra de una persona de total confianza, como suele ser su esposa. Pero en el caso de la mujer de Pilato tenía más peso aún por la condición social de la que provenía su mujer, ya que Claudia era de familia imperial. Este detalle es importante pues sus relaciones familiares le confieren una autoridad mayor que si tuviese otro origen. Durante la República se prohibía que acudiesen las mujeres de los gobernadores con sus maridos a los lugares de destino; Tiberio concedió permiso para que fuesen. Claudia acude con su esposo Pilato, así crece la importancia de su marido en Roma, y eso es muy valioso para un gobernador designado libremente por el emperador. Era conveniente para Pilato escuchar las opiniones de su esposa con más atención de lo que era usual para otro gobernador.

Revelaciones en sueños
Estos sueños son como un aviso sobrenatural que refuerza la actuación natural de la conciencia. En la Sagrada Escritura se da en diversas ocasiones intervenciones de Dios en sueños. Veamos algunas: los casos más sobresalientes son los de Jacob, los de José el hijo de Jacob y los de José esposo de María Santísima. Jacob tuvo un sueño en el que veía una escala que, apoyándose sobre la tierra, tocaba con su extremo en los cielos, y que por ella subían y bajaban los ángeles de Dios, lo vemos en el Génesis 28,12-16. El mismo Jesús hará referencia a este sueño cuando se encuentra por primera vez con el Apóstol Bartolomé. José hijo de Jacob tiene sueños en los que ve espigas que se inclinan a una central o el sol, la luna y once estrellas que le adoraban, podemos leerlo en Génesis 37,6.9. También José se convierte en intérprete de sueños el faraón, todo el Gen 41.

Pero volviendo a la esposa de Pilato, no sabemos hasta que punto la mujer deseaba favorecer a Jesús porque consideraba que era inocente aunque esto es perfectamente posible de lo que no cabe duda es que trataba de evitar que su esposo hiciera lo que precisamente hizo: poner sobre su cabeza la sangre de un justo y además un maestro religioso.

Desde el punto de vista humano, en el hecho hemos de ver una mujer pagana, de naturaleza delicada y sensible, que trata de evitar que su marido cometa una atrocidad que sólo podía invitar la ira y venganza divinas. En su sentido de responsabilidad respecto a su marido es indudable que nos resulta una figura amable. Para ella, el marido y sus actos era algo del mayor interés, aunque no era un hombre que se hiciera estimar mucho, como lo prueba el que no hizo el menor caso de lo que ella le había dicho.

Para centrarnos en la intervención de Claudia Prócula o Procla como se la suele llamar, existe un escrito apócrifo -las ACTA PILATI- afirma que pertenecía a las prosélitas de la puerta, es decir, a un grupo de romanas que se adherían a la religión judía, aunque no perteneciesen al pueblo de Israel.

Una tradición que se remonta al menos hasta Orígenes dice que se hizo cristiana. La Iglesia Ortodoxa la venera como santa. ¿Conocía a Jesús antes del proceso? No lo sabemos, pero es muy posible pues todo Israel tenía conocimiento de su actividad. Quizá acudieron a ella para pedirle ayuda alguna de las mujeres que eran discípulas del Señor cuando se enteran del prendimiento de Jesús, o incluso antes cuando las intrigas de los judíos se hacían más peligrosas para el Maestro. Sea como fuere sus palabras revelan una actitud humana muy noble y una inquietud religiosa visible en la brevedad del mensaje.

Algunos autores opinan que, el que Claudia acompañase a su esposo, desde el primer momento del mandato de éste; es una palpable demostración de las influencias cortesanas y familiares de Claudia.

Como resumen de lo anterior, podemos afirmar que Claudia se comportó siempre con gran discreción y jamás intervino en asuntos de estado.

Existe una leyenda que dice que: Cuando Pilato fue desterrado, su esposa no le acompañó, posiblemente porque las autoridades romanas o el mismo Emperador se lo habían impedido, el relato continúa que Claudia permaneció en Roma y cultivó la amistad de San Pablo. Acerca de la conversión de Claudia Prócula al cristianismo, existe un tratamiento de simpatía y afecto, durante el medievo.

Es singular el hecho de su consagración como santa, por las iglesias cismáticas griega y etíope. Y en el Menologio griego, se fija su fiesta el día 27 de Octubre.

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