miércoles, 16 de julio de 2008

La verdad ante la hipocresía

Martes 15.07.2008
Editorial - Programa Nº 345
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En Australia, el martes 15 de julio, se realizó la ceremonia de inauguración de la Jornada Mundial de la Juventud 2008. La misma comenzó con cánticos aborígenes y continuó con una misa que ofició el cardenal australiano George Pell. Este acontecimiento, que durará hasta el próximo día 20, es el evento religioso juvenil más grande del mundo.

La inauguración tuvo lugar en el muelle de Barangaroo, a orillas del Océano Pacífico, donde se han congregado decenas de miles de peregrinos llegados de diferentes países de todos los continentes. Se espera reunir este año en la ciudad australiana a 225.000 personas, una cifra inferior a la de otras ocasiones pero que se justifica por la lejanía de Australia. En este país con 21 millones habitantes 5 millones se declaran seguidores del catolicismo.

Con la esperanza de que las Jornadas Mundiales de la Juventud traigan una renovación profunda, tanto en la Iglesia de Australia como en la de todo el mundo, Benedicto XVI aterrizó el pasado domingo 13 de julio en Sydney.

El Papa ha emprendido el viaje más largo de su pontificado, el noveno, para presidir la clausura del encuentro con los jóvenes. Entrevistado por los periodistas en el avión, Benedicto manifestó su esperanza en el efecto que pueden tener las Jornadas de la Juventud en un mundo secularizado: un estímulo a vivir la fe de forma madura, con todas las responsabilidades en relación con la Creación, la sociedad y la vida en todos sus aspectos.

Así mismo, como había hecho también en su viaje a los Estados Unidos del mes de abril, el Sumo Pontífice condenó duramente los abusos sexuales cometidos por sacerdotes, una herida que también ha vivido la Iglesia en este país, y aseguró: "haremos todo lo posible para curar y buscar la reconciliación con las víctimas". “Debe quedar claro: ser un sacerdote auténtico es incompatible con los abusos sexuales, los sacerdotes están al servicio del Señor”, ha dicho Benedicto XVI -y yo agregaría incompatible para todos los seres humanos-, durante la rueda de prensa a bordo del avión Boeing 777. Benedicto ha recalcado que lo más importante es la prevención de estos casos: “Es esencial que la Iglesia se reconcilie, prevenga y ayude en este problema”.

Días antes de la visita del Papa, la polémica surgió en Australia tras reabrirse un caso de abuso sexual de hace 25 años en el que está involucrado un sacerdote australiano y que el Cardenal George Pell, intentó encubrir. Broken Rites, una agrupación que representa a las víctimas de abuso en Australia, aprovechó para hacer pública una lista de 107 condenas de casos relacionados con la Iglesia.

Creo que la cultura del secreto y del encubrimiento debe terminar, recuerdo cuando leí las declaraciones que hiciera el Presidente de la Conferencia del Episcopado Estadounidense, Wilton Gregory, declarando públicamente que “es obligación de la Iglesia Católica hacer conocer tales incidentes”, y agregó “Si bien hemos cometido errores trágicos, hemos intentado ser lo más honestos y abiertos posible sobre estos casos, especialmente en el cumplimiento de la ley sobre estas materias y la cooperación con las autoridades civiles”.

El Papa Juan Pablo II en su mensaje del Jueves Santo de 2002 trató el tema directamente y con gran claridad: “...nos sentimos en estos momentos personalmente conmovidos en lo más íntimo por los pecados de algunos hermanos nuestros que han traicionado la gracia recibida con la Ordenación, cediendo incluso a las peores manifestaciones del mysterium iniquitatis que actúa en el mundo. Se provocan así escándalos graves, que llegan a crear un clima denso de sospechas sobre todos los demás sacerdotes beneméritos, que ejercen su ministerio con honestidad y coherencia, y a veces con caridad heroica. Mientras la Iglesia expresa su propia solicitud por las víctimas y se esfuerza por responder con justicia y verdad a cada situación penosa, todos nosotros –conscientes de la debilidad humana, pero confiando en el poder salvador de la gracia divina– estamos llamados a abrazar el mysterium Crucis y a comprometernos aún más en la búsqueda de la santidad.”

También me viene a la memoria cuando Juan Pablo II dijo a los cardenales estadounidenses que "no hay lugar en la Iglesia Católica para sacerdotes que abusen sexualmente de menores". Añadió en esa oportunidad que era un "pecado horrendo a los ojos de Dios". Pero agregó que “no todos los miembros del presbiterio deben ser culpados” y exhortó en esa oportunidad a los católicos estadounidenses a respaldar a sus obispos y sacerdotes.

Para sintetizar, se puede llegar a la conclusión de que la Iglesia, que no es sólo la jerarquía sino todo el Pueblo de Dios, es decir, nosotros, está perdiendo el hábito de la oración. En la historia de la Iglesia, en la tradición y en las Escrituras podemos observar el poder que tiene la oración para vencer todo tipo de “tentaciones”. No sólo eso, también es fundamental orar unos por otros, el ayudarnos mutuamente y sentirnos parte de este Cuerpo Místico de Cristo.

Esta Iglesia que camina nos dice en una estrofa del Himno del 3er Congreso Americano Misionero: “Ha llegado ya la hora de renovar tu vocación”. Vocación significa "llamado", es un diálogo de amor entre dos personas. Dios, quien es el que llama, y el hombre, quien es llamado. Estos son los términos de una vocación personal: el autor de la llamada y el sujeto llamado. No podría existir ningún llamado de no existir alguien que llama.

El amor de Dios llama, elige, forma, consagra, envía. En estas palabras se inscribe el camino de la vocación del hombre. Debemos dejar de lado la hipocresía y no ocultar aquellas situaciones que se nos presentan y que, como comunidad de cristianos, no sabemos cómo actuar frente a ellas. Esto se debe a que nuestro discernimiento está oscurecido por malas catequesis. Se nos ha presentado la figura del sacerdote como algo divino, muchas veces comparado con persona de Jesús. Es éste el error por el cual comienzan nuestras faltas, nuestras mentiras, nuestros ocultamientos. Es aquí donde comienza el hombre a olvidarse qué es el sacerdote y lo que representa, y así se deja llevar por situaciones nefastas.

Recordemos lo que Jesús nos dice en el Evangelio de Lucas 8,17: “Porque no hay nada oculto que no se descubra algún día, ni nada secreto que no deba ser conocido y divulgado”.

Alfredo Musante
Director Responsable
Programa Radial
EL ALFA Y LA OMEGA

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