lunes, 17 de agosto de 2015

Don José de San Martín

El Santo de la Espada, el Libertador de América, o simplemente San Martín. Al cumplirse el 160 aniversario de su fallecimiento, José Francisco de San Martín nació en Yapeyú, localidad de la provincia de Corrientes, el 25 de febrero de 1778.


El gobernador de Buenos Aires entonces, Bucarelli, encomendó al Capitán don Juan de San Martín el cargo de teniente de gobernador de esa localidad en 1774. Don Juan se instaló con su mujer, Gregoria Matorras, y sus hijos María Elena, Juan Fermín y Manuel Tadeo.

Poco después nacen Justo Rufino y el menor de la familia, José Francisco. Cuando José tenía apenas tres años, toda la familia se trasladó a Buenos Aires. El virrey Vértiz le ordenó al Don José padre hacerse cargo de la instrucción de los oficiales del batallón de voluntarios españoles.

En 1784 regresaron a España, al parecer a San Martín padre no le convencían las pocas posibilidades de progreso social para sus hijos en las colonias. José, ingresó al Seminario de Nobles de Madrid con tan sólo ocho años. Allí aprendió latín, francés, castellano, dibujo, poética, retórica, esgrima, baile, matemáticas, historia y geografía.

En 1789, con los once años ingresó como cadete al regimiento de Murcia y en poco tiempo ya tomará parte activa en numerosos combates en España y en el Norte de África.

Entre 1793 y 1795 durante la guerra entre España y Francia, el joven San Martín se destacó en todos los combates en los que participó, y ascendió rápidamente en sus grados militares hasta llegar al de segundo teniente. En la guerra contra las fuerzas napoleónicas y ya con el grado de Teniente Coronel, fue condecorado con la medalla de oro por su heroica actuación en la batalla de Bailén el 19 de julio de 1808.

Al enterarse de los hechos de mayo de 1810, se retiró del ejército español en una España que entonces estaba en manos del francés hermano de Napoleón, y decidió poner sus conocimientos y experiencia al servicio de la naciente revolución americana.

En España había tomado contacto con círculos liberales y revolucionarios que veían con simpatía la lucha por la emancipación americana. Antes de arribar a Buenos Aires, pasó por Londres en septiembre de 1811, que ya era por entonces la gran capital de la Revolución Industrial a cuya sombra florecían las ideas liberales, ante todo en lo económico, pero también en lo político.

En la meca de los negocios prosperaban los grupos revolucionarios como la "Gran Hermandad Americana", una logia fundada por Francisco de Miranda, patriota venezolano que se proponía liberar América con la ayuda financiera de los ingleses.

En esos meses de estadía londinense conoció a miembros de la "Hermandad" como Andrés Bello y personas vinculadas al gobierno británico, como James Duff y Sir Charles Stuart, quienes le hacen conocer el plan Maitland.

El plan, había sido elaborado por el general inglés Thomas Maitland en 1800 y aconsejaba tomar Lima a través de Chile por vía marítima. En enero de 1812 San Martín regresa a su tierra natal a bordo de la fragata inglesa George Canning. Recordó sobre estos momentos lo siguiente:

"Yo serví en el ejército español desde la edad de trece a treinta y cuatro años, hasta el grado de teniente coronel de caballería. En una reunión de americanos en Cádiz, sabedores de los primeros movimientos de Caracas, Buenos Aires, etc., resolvimos regresar cada uno al país de nuestro nacimiento a fin de prestarle nuestro servicio en la lucha."

Una vez en la ciudad puerto de Buenos Aires, logró que se le respetara su grado militar de Teniente Coronel y que se le encomendara la creación de un regimiento para custodiar las costas del Paraná asoladas por los ataques de los españoles de Montevideo. Nació así el regimiento de Granaderos a Caballo.

Gobernaba entonces un Triunvirato pero el verdadero poder estaba en manos de su secretario de gobierno, Bernardino Rivadavia, que desarrollaba una política muy centralista que desoía todos los reclamos del interior, cada vez más perjudicado por la política económica de Buenos Aires que fomentaba el libre comercio y mantenía un manejo exclusivo del puerto y de la aduana.

San Martín entró en contacto con los grupos opositores a este primer triunvirato, encabezados por la Sociedad Patriótica fundada por Bernardo de Monteagudo y, junto a su compañero de viaje Carlos de Alvear, creó la Logia Lautaro, una sociedad secreta cuyos objetivos principales eran la Independencia y la Constitución Republicana.

Con estos grupos marcharon con sus tropas en octubre de 1812, incluidos los granaderos, hacia la Plaza de la Victoria (la actual Plaza de Mayo) y exigieron la renuncia de los triunviros en un documento redactado por San Martín que concluía diciendo lo siguiente:

"...no siempre están las tropas para sostener gobiernos tiránicos".

Pese a toda esta agitación política, Don José se hacía tiempo también para la diversión y poco a poco se lo tuvo en cuenta en las selectas listas de invitados de las tertulias porteñas. La más famosa y agradable, según se cuenta, era la de Don Antonio Escalada y su esposa Tomasa, en la que sus hijas, Remedios y Nieves, no perdían de vista a ningún nuevo visitante.

En una de esas tertulias San Martín conoció e inició un romance con Remedios. Poco después, el 12 de noviembre de 1812 se casaron. Él tenía 34 años y ella 15.

Los Granaderos de San Martín entraron por primera vez en combate frente al Convento de San Lorenzo el 3 de febrero de 1813, en Santa Fe. Con un triunfo total inició su creciente prestigio. Tanto que en 1814 se le encomendó el mando del ejército del Norte en reemplazo del General Belgrano.

San Martín aceptó el cargo pero hizo saber a las autoridades que sería inútil insistir por la vía del Alto Perú y que se retiraría a Córdoba para reponerse de los dolores causados por su úlcera estomacal y terminar de delinear las bases de su nueva estrategia militar consistente en cruzar la cordillera, liberar a Chile y de allí marchar por barco para tomar el bastión realista de Lima.

Terminó su plan apenas repuesto parcialmente de sus males, y luego fue nombrado gobernador de Cuyo. En Mendoza comenzó los preparativos para su ambicioso plan sin descuidar las tareas de gobierno. Fomentó la educación, la agricultura y la industria y creó un sistema impositivo igualitario cuidando que pagaran más los que más tenían.

Todo el pueblo cuyano colaboró según sus posibilidades para armar y aprovisionar al Ejército de los Andes. El propio gobernador dio el ejemplo reduciendo su propio sueldo a la mitad. El 24 de marzo se reúne el Congreso en Tucumán. San Martín, preocupado por la demora en sancionar la independencia dirige una carta al diputado por Cuyo, Godoy Cruz, donde le dice lo siguiente:

"¿Hasta cuándo esperaremos para declarar nuestra independencia? ¿No es cosa bien ridícula acuñar moneda, tener el pabellón y escarapela nacional y, por último, hacer la guerra al soberano de quien se dice dependemos, y permanecer a pupilo de los enemigos?"
El 16 de agosto de 1816, nació Mercedes Tomasa de San Martín, la única hija de la pareja. A principios de 1817 comenzó el heroico cruce de los Andes. La apuesta era grande, y así se lo hizo saber a los criollos, indios, mestizos, mulatos y gauchos que le acompañaban:

"Compañeros del Ejército de los Andes: La guerra se la tenemos que hacer como podamos: si no tenemos dinero; carne y tabaco no nos tiene que faltar. Cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con la bayetilla que nos tejan nuestras mujeres y si no andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios, seamos libres y lo demás no importa. Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje."

Varios tramos del cruce el general debió ser trasladado en camilla, debido a los agudos dolores provocados por la úlcera. A poco de trasponer la cordillera, el 12 de febrero de 1817, las fuerzas patriotas derrotaron a los españoles en la cuesta de Chacabuco, iniciando de esa forma la independencia de Chile.

Tras la posterior derrota de Cancha Rayada, el General Las Heras logró salvar a su cuerpo y en base a estos hombres reorganizó un ejército de 5.000 hombres con el que se pudo vencer definitivamente a los realistas en Maipú el 5 de abril de 1818.

Entonces, San Martín volvió a cruzar la cordillera rumbo a Buenos Aires para solicitar ayuda al Directorio para la última etapa de su campaña libertadora. En efecto, faltaba el ataque marítimo contra el bastión realista de Lima. Obtiene una promesa de una ayuda, pero recibe sólo la mitad de lo prometido. De vuelta en Chile, obtuvo la ayuda financiera del gobierno y armó una escuadra que quedará al mando del marino escocés Lord Cochrane.

En Buenos Aires las cosas se complican. Pueyrredón propicia la invasión portuguesa de la Banda Oriental para combatir a Artigas y le ordena a San Martín que baje con su ejército y encabece la represión de los orientales. San Martín se niega y le aclara lo siguiente:

"el general San Martín jamás desenvainará su espada para derramar sangre de hermanos".

El 20 de agosto de 1820 partió desde el puerto chileno de Valparaíso la expedición libertadora con una escuadra formada por 24 buques, que conducía unos 4.800 soldados. El 12 de septiembre la flota fondeó frente al puerto peruano de Pisco. Una división al mando del General Arenales se dirigió hacia el interior del Perú con el objetivo de sublevar a la población y obtuvo la importante victoria de Pasco el 6 de diciembre de 1820.

Por su parte San Martín ordenó bloquear el puerto Lima. Así, el virrey De la Serna se vio acosado por todos los flancos y debió rendirse el 10 de julio de 1821. Ese día entró victorioso el general San Martín a la capital virreinal.

El 28 de julio de 1821 San Martín declaró la independencia del Perú. Se formó un gobierno independiente que nombró a San Martín con el título de Protector del Perú, con plena autoridad civil y militar. El general no quería el cargo, pero el clamor popular y los consejos de su amigo y secretario, Bernardo de Monteagudo, le hicieron recordar que el peligro realista no había desaparecido.

Como gobernante en el Perú San Martín abolió la esclavitud y los servicios personales, garantizó la libertad de imprenta y de culto, creó escuelas y la biblioteca pública de Lima dotándola de sus primeros libros, sacándolos de su propia biblioteca.

Mientras San Martín llevaba adelante su campaña desde el Sur el patriota venezolano Simón Bolívar, lo venía haciendo desde el Norte. El general Sucre, lugarteniente de Bolívar, solicitó ayuda a San Martín para su campaña en Ecuador. El general argentino le envió 1600 soldados que participaron victoriosamente en los combates de Riobamba y Pichincha que garantizaron la rendición de Quito.

Finalmente los dos libertadores decidieron reunirse. La famosa por misteriosa entrevista de Guayaquil, en Ecuador, se realizó entre los días 26 y 27 de julio de 1822. Allí se vieron cara a cara con sus diferencias políticas y militares. Mientras San Martín era partidario de que cada pueblo liberado decidiera con libertad su futuro, Bolívar estaba interesado en controlar personalmente la evolución políticas de las nuevas repúblicas.

Otro tema que los diferenciaba era quién conduciría el nuevo ejército libertador que resultaría de la unión de las tropas comandadas por ambos. San Martín propuso que lo dirigiera Bolívar pero éste dijo que nunca podría tener a un general de la calidad y capacidad de San Martín como subordinado. El general argentino tomó entonces una drástica decisión: retirarse de todos sus cargos, dejarle sus tropas a Bolívar y regresar a su país.

San Martín regresó a Lima y renunció a su cargo de Protector del Perú. Partió luego rumbo a Chile donde permaneció hasta enero de 1823. Otra vez los Andes, estuvo unos días en Mendoza y pidió autorización para entrar en Buenos Aires para poder ver a su esposa, que estaba gravemente enferma.

Su enemigo de siempre en Buenos Aires, Rivadavia, que entonces era ministro de gobierno del gobernador Martín Rodríguez, le negó el permiso argumentando que no estaban dadas las condiciones de seguridad para que San Martín entrara a la ciudad. Rivadavia, temía que el general entrase en contacto con los federales del Litoral.

En efecto, el gobernador de Santa Fe, Estanislao López, le envió una carta advirtiéndole que el gobierno de Buenos Aires esperaba su llegada para someterlo a un juicio por haber desobedecido las órdenes de reprimir a los federales y le ofreció marchar con sus tropas sobre Buenos Aires si se llegara a producir tan absurdo e injusto juicio. San Martín le agradeció a López su advertencia pero le dijo que no quería más derramamiento de sangre.

Ante el agravamiento de la salud de Remedios, pese a las amenazas, San Martín decidió viajar igual a Buenos Aires pero lamentablemente llegó tarde. Su esposa había muerto sin que él pudiera compartir sus últimos momentos. Difamado y amenazado por el gobierno unitario, San Martín decidió abandonar el país en compañía de su pequeña hija Mercedes rumbo a Europa.

En 1825 redacta las famosas máximas, una serie de recomendaciones para su educación en caso de que él no estuviera a su lado. Allí les aconseja el amor a la verdad, la tolerancia religiosa, la solidaridad y la dulzura con los pobres, criados y ancianos; amor al aseo y desprecio al lujo. Tras pasar brevemente por Londres, San Martín y su hijita se instalaron en Bruselas. En 1824 pasan a París para que Mercedes complete sus estudios.

Su vida en Europa no fue fácil. Del gobierno argentino no podía esperar nada y Perú y Chile no le pagaban regularmente los sueldos que le correspondían como general retirado. Con préstamos la renta de un alquiler pudo comprar su casa de Grand Bourg.

Pese a esto, el general seguía interesado por la situación de su país. Quiso volver en 1829, a días del derrocamiento del gobernador Dorrego y de su trágico fusilamiento a manos de los unitarios de Lavalle. Muchos oficiales y amigos le piden que tome el poder. Sin embargo San Martín se niega porque piensa que tome el partido que tome tendrá que derramar sangre argentina y no está dispuesto a eso.

Llevado por la decepción y la tristeza, regresa a Europa. Es la época en que Francia es asolada por una epidemia. San Martín y su hija Mercedes, fueron afectados por esa grave enfermedad, y tratados por el médico argentino, Mariano Balcarce, hijo de su viejo amigo y camarada de armas el general Antonio Balcarce, vencedor de Suipacha.

Mariano atendió durante meses a la Familia San Martín, aunque podría decirse que sobre todo prestó mucha atención a Mercedes, con quien finalmente se casó el 13 de diciembre de 1832 y se fueron de luna de miel a Buenos Aires.

En 1838, durante el gobierno de Rosas, los franceses bloquearon el puerto de Buenos Aires. Inmediatamente José de San Martín le escribió a don Juan Manuel ofreciéndole sus servicios militares. Rosas agradeció el gesto y le contestó que podían ser tan útiles como sus servicios militares las gestiones diplomáticas que pudiera realizar ante los gobiernos de Francia e Inglaterra.

Enterado del bravo combate de la vuelta de Obligado, el 20 de noviembre de 1845, cuando los criollos enfrentaron a la escuadra anglo-francesa, San Martín escribió nuevamente a Rosas para expresarle sus respetos y felicitaciones.

En esos momentos, San Martín se veía muy afectado por el asma, el reuma y las úlceras. Además, estaba casi ciego. Su estado de salud se fue agravando hasta que falleció el 17 de agosto de 1850. En su testamento pedía que su sable fuera entregado a Rosas alegando lo siguiente:

"por la firmeza con que sostuvo el honor de la república contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla"
También pidió que su corazón descansara en Buenos Aires. Esta última voluntad se cumplió en 1880, cuando el presidente Avellaneda recibió los restos del libertador.

0 comentarios: