martes, 28 de febrero de 2012

Juana Azurduy de Padilla


Recordemos los nombres de Mariquita Sánchez de Thompson; las acciones valerosas de Martina Céspedes, de Ana Riglos y de Melchora Sarratea, a las que la búsqueda de la libertad política lleva a un protagonismo inusitado para el llamado sexo débil.

También destacó Magdalena Güemes, a la que le decían Macacha. Era hermana del prócer salteño Martín Miguel de Güemes. Mujer brillante en la batalla y en el campo diplomático y tuvo ella, como tantas otras, una influencia central en su hermano, al decidir opiniones en torno a amigos o enemigos.

Frente a este rosario de mujeres argentinas propulsoras de nuestra independencia política, hoy nos detendremos en destacar la vida y cualidades de Juana Azurduy, mujer que tiene un lugar enorme en la historia de la Independencia sudamericana.

Fue una patriota del Alto Perú (actual Bolivia), que acompañó a su esposo Manuel Ascencio Padilla en el liderazgo de grupos guerrilleros que, desde 1809, participaban en las luchas por la emancipación del Virreinato del Río de la Plata.

Ligados con las expediciones enviadas desde Buenos Aires una vez estallada la Revolución de 1810, al mando primero de Antonio González Balcarce y luego de Manuel Belgrano, combatieron a los realistas defendiendo la zona comprendida entre Chuquisaca y las selvas que mediaban hacia Santa Cruz de la Sierra. Vio morir a sus cuatro hijos y combatió embarazada de su quinta hija.

En ese contexto Azurduy lideró la guerrilla que atacó el cerro de Potosí, tomándolo el 8 de marzo de 1816. Debido a su actuación, y tras el triunfo logrado en el Combate del Villar, recibió el rango de teniente coronel por un decreto firmado por Juan Martín de Pueyrredón. Pueyrredón era entonces el Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Poco después, el general Belgrano le hizo entrega simbólica de su sable.

Murió indigente el día 25 de mayo de 1862 cuando estaba por cumplir 82 años y fue enterrada en una fosa común.

Había nacido Juana Azurduy de Padilla en Sucre, el 12 de julio de 1780, ciudad entonces situada por fue sitiada por Tupaj Katari y Bartolina Sisa, alzados en armas en apoyo a Túpac Amaru, quien muchos años de nuestra independencia, comenzó por rechazar la presión insostenible de los españoles respecto a maltrato e impuestos a los aborígenes.

Tal vez este espíritu indómito de los pueblos originarios ya cansados de los españoles en el siglo XVIII, marcó para siempre el propio espíritu de Juana.

Con ese impulso, cuando en 1813 junto a su esposo se puso a las órdenes de Belgrano, llegaron a reclutar 10.000 milicianos para la causa de lo que serían más adelante una Argentina y una Bolivia libres. El 14 de noviembre de 1816 fue herida en la Batalla de La Laguna, y su marido acudió a rescatarla y en este acto fue herido de muerte.

En 1825, el Libertador Simón Bolívar, luego de visitarla y ver la condición miserable en que vivía, avergonzado la ascendió al grado de Coronel y le otorgó una pensión. Al salir, le comentó a Sucre, general que aseguró militarmente la independencia de Bolivia, lo siguiente:

"Este país no debería llamarse Bolivia en mi homenaje, sino Padilla o Azurduy, porque son ellos los que lo hicieron libre".

Sus restos fueron exhumados 100 años después, para ser guardados en un mausoleo que se construyó en su homenaje en la ciudad de Sucre.

Historia de "San Baltasar"


San Baltasar, Santo Rey Baltasar o Santo Cambá (siendo kambá: ‘negro, morocho’, en idioma guaraní) es un santo venerado en Argentina, basado en el rey mago Baltasar, perteneciente a la creencia popular.

Su culto se practica en la zona del Litoral: Corrientes, Entre Ríos, este del Chaco y Formosa.

Se mantienen prácticas musicales y religiosas de raigambre afromestiza, algunas de las cuales tienen antecedentes en la antigua Cofradía. Este culto se practica de manera paralitúrgica, pues para la Iglesia católica san Baltasar no está canonizado.

A este santo están dedicados los chamamés candombes Cambá cuá (agujero o cueva de negros, en idioma guaraní) y Cambá jeroký (baile de morenos o negros), compuestos por Osvaldo Sosa Cordero, conocedor de la festividad y de la música desarrollada en este evento por haber nacido en Concepción Yaguareté-Corá, y por haber sido asiduo asistidor a bailes afroporteños mientras vivía en Buenos Aires. También destacan las charandas (género musical también conocido como zemba, el nombre antiguo de este género), Charanda negra y "Charanda de la libertad" de Zitto Segovia.

En la ciudad de Concepción Yaguareté-Corá (Corrientes), el día del santo, celebrado el 6 de enero de cada año, se realizan actividades como actos religiosos, ofrendas y entretenimientos musicales. En esta localidad hay varias capillas familiares dedicadas a este santo, las más conocidas y populares son la Capilla Norte (o Capilla Chica) y la Capilla Sur (o Capilla Grande).

En Empedrado (Corrientes), también, cada 6 de enero los devotos y “promeseros” bailan en grupo de parejas, varones y mujeres, jóvenes, niños y ancianos, la danza denominada zemba o charanda. De neto origen afroamericano, es un baile rítmico con canto, que propicia el desarrollo de una coreografía ceremonial específica, en la pista de tierra preparada al efecto y que compromete cada año a una multitud de creyentes que rinden con esta danza su homenaje y devoción al Santo Cambá” (‘santo negro’, en idioma guaraní).

La instrumentación se compone de un tambor (tronco ahuecado) de dos parches de cuero, uno en cada extremo, que es percutido con ambas manos por dos “Tamboreros” que se sientan a horcajadas sobre el tronco-tambor, de 2,5 m de largo por 70 cm de diámetro, que se coloca en forma horizontal sobre el suelo. Lo acompañan: un triángulo metálico, guitarras criollas, acordeón y un coro de voces que entonan el estribillo alusivo al acto, cuyos versos son muy antiguos.

En estas dichas ceremonias se rinde culto al Santo Cambá, mediante toques, bailes y danzas de gran influencia africana (charandas o zembas, candombes, etc.).

Creación de la Bandera Argentina

El 27 de febrero de 1812, Belgrano estableció dos baterías de artillería en ambas orillas del río Paraná, próximas a la entonces pequeña población conocida como Villa del Rosario (la actual ciudad de Rosario). En esa misma fecha, hacia las 18:30 hs, y en solemne ceremonia, Belgrano dispuso que fuera por primera vez enarbolada una bandera de su creación (se presume que de dos franjas horizontales, blanca la superior y celeste la inferior). La tradición señala que esa primera bandera izada por Belgrano fue confeccionada por una vecina de Rosario de nombre María Catalina Echevarría de Vidal y quien tuvo el honor de izar la enseña fue un civil, Cosme Maciel, también vecino de Rosario. En esta ciudad se encuentra el Monumento Histórico Nacional a la Bandera asentado en el Parque Nacional a la Bandera.

¡Soldados de la Patria! En este punto hemos tenido la gloria de vestir la escarapela nacional que ha designado nuestro Excmo. Gobierno: en aquel, la batería de la "Independencia", nuestras armas aumentaran las suyas; juremos vencer a nuestros enemigos interiores y exteriores, y la América del Sur será el templo de la Independencia y de la Libertad. En fe de que así lo juráis, decid conmigo "¡Viva la Patria!"

El Gobierno Nacional el 3 de marzo de 1812 prohibió al general Belgrano utilizarla, por razones de política internacional, ordenándole que la ocultara disimuladamente y que la reemplazase por la usada en la Fortaleza de Buenos Aires (la rojigualda). Como Belgrano partió hacia el norte para hacerse cargo del Ejército del Norte, no tomó conocimiento de la orden de desechar la bandera. Luego de avanzar a San Salvador de Jujuy, el 25 de mayo de 1812 celebró el segundo aniversario de la Revolución de Mayo con un Te Deum en la iglesia matriz, durante el cual el canónigo Juan Ignacio Gorriti la bendijo. El 29 de mayo Belgrano informó al gobierno:

(...) el pueblo se complacía de la señal que ya nos distingue de las demás naciones (...)

El Triunvirato amonestó por ello a Belgrano el 27 de junio, quien contestó el 18 de julio diciendo:

La guardaré silenciosamente para enarbolarla cuando se produzca un gran triunfo de nuestras armas.

El 24 de julio la entregó al Cabildo de Jujuy. El triunfo lo obtuvo él mismo el 24 de septiembre de 1812 en la Batalla de Tucumán.

En enero de 1813 Belgrano volvió a confeccionar otra bandera, lo cual fue aceptado por la Asamblea del Año XIII al iniciar sus deliberaciones el 31 de enero de 1813, siempre y cuando fuera sólo usada como bandera del Ejército del Norte, y no del estado.

El día 13 de febrero de 1813, después de cruzar el río Pasaje (desde entonces llamado también Juramento), el Ejército del Norte prestó juramento de obediencia a la soberanía de la Asamblea del Año XIII y fue Eustoquio Díaz Vélez, como mayor general, quien, además de conducir la bandera celeste y blanca reconocida por la Asamblea, tomó juramento de fidelidad a la misma al general Belgrano, quien después hizo lo propio con Díaz Vélez y el resto del ejército.

El 20 de febrero de 1813 se libró la Batalla de Salta, en la cual Belgrano logró un triunfo completo. Esta es la primera batalla que fue presidida por la bandera celeste y blanca, como bandera del Ejército del Norte. Concluida la batalla de Salta la bandera fue colocada en el balcón del Cabildo por Eustoquio Díaz Vélez y los trofeos apoderados de los realistas ubicados en la Sala Capitular.

La bandera fue adoptada oficialmente como símbolo de las Provincias Unidas del Río de la Plata el 20 de julio o 25 de julio de 1816 por el Congreso General Constituyente de San Miguel de Tucumán. Es el mismo Congreso que había proclamado el 9 de julio de 1816 la Independencia argentina. En dicho Congreso participaron diputados que representaron a Tarija y otras zonas al norte de Argentina, actual Bolivia. En esa sesión se confirmó el uso de la bandera creada por Manuel Belgrano como la única bandera de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Esta bandera es la que la República Argentina recibió en herencia.

martes, 14 de febrero de 2012

Historia de San Valentín


Existe la palabra latina VALERE que significa 'ser fuerte' y de ella surgen las palabras valiente y valor u otras como valioso o válido. Aunque hoy en día ya no se haga, los romanos tenian la costumbre de dar a sus hijos nombres relacionados con el tipo de carácter o de virtud que esperaban encontrar o inculcar en ellos. De ahí que usaran nombres como VALENS o VALENTE que significa 'fuerza' que por ironías de la historia fue muy popular en los últimos dias del Imperio, cuando Roma era débil.

Hubo un emperador romano llamado Valente, quien gobernó desde el 364 d.C. hasta el 378, pero su nombre no es que tuviera mucho que ver con lo que era. Luchó contra los godos en la batalla de Adrianópolis el 9 de agosto del año 378 y sus legiones sufrieron una derrota aplastante. Más bien se le podria haber llamado 'imprudente' pues en vez de aguardar a su sobrino Graciano que bajara del Norte para triturar al enemigo en una tenaza decidió atacar solo y acabaron con su ejercito. Él mismo, herido, fue quemado vivo en la cabaña donde le habían resguardado, aunque se supone que se quitó la vida antes.

Pero volviendo al tema que nos incumbe, por supuesto también usaban diminutivos en los nombres y de ahí que no fuera de extrañar encontrarnos nombres como Valentiniano, que significa 'pequeño Valente' o 'pequeño fuerte'. Pues ocurrió que el emperador Valente tenía un hermano mayor que se llamaba Valentiniano. Si, el hermano tenia el mismo nombre pero en diminutivo pero eso entre los romanos no era raro, de hecho el emperador Constantino tuvo tres hijos y los llamó Constantino, Constancio y Constante.

Mientras Valente gobernaba las provincias Orientales del Imperio con capital en Constantinopla, Valentiniano gobernaba las provincias Occidentales con capital en Milán.

En esa época eran constantes y periódicas las persecuciones de los cristianos y la Iglesia siempre ha recordado a sus mártires y los días en que eran ejecutados eran declarados sagrados en su memoria. En ese tiempo muchos cristianos (incluidos los mártires) eran de descendencia romana y tenían nombres romanos. Al menos dos de estos mártires se llamaban Valentinus y el día en que se conmemoraba su memoria era el 14 de Febrero, que se recuerda por lo tanto como el día de San Valentín.

En la antigüedad, la mortalidad infantil era bastante elevada de modo que era importante tener muchos hijos. Por lo tanto, las personas que, por cualquier razón, tenían pocos hijos o ninguno se consideraban a sí mismas como malditas o bajo alguna maldición y se sometían a ritos religiosos o místicos para asegurarse la fertilidad. Los romanos tenían un lugar sagrado donde (según la leyenda) la loba había amamantado a Rómulo y Remo, el prímero de los cuales fundó Roma. Ese lugar era llamado el Lupercal, de la palabra latina lupus, que significa 'lobo'.

En ese lugar, todos los 15 de Febrero tenía lugar una celebración llamada LUPERCALIA, durante la cual se sacrificaban animales. Se preparaban correas con tiras ensangrentadas de la piel del animal y los sacerdotes corrían entre la multitud golpeandola con esas correas. Se creía que los que recibían golpes se curaban de la estirilidad. Naturalmente, la gente que quería hijos concurría en masa a la celebración. En consecuencia, las festividades lupercalianas estaban asociadas con el amor y el sexo.

En el año 494, el Papa Gelasio prohibió esta celebración pagana, pero con el tiempo el festival continuó bajo otro nombre. Así que el festival lupercaliano del 15 de Febrero pasó al 14 de Febrero, día de San Valentín (seguramente porque éste era un santo muy popular). Más tarde se crearon leyendas para explicar que San Valentín era protector de los enamorados, una manera de esconder el rito antiguo de la fertilidad.

Después que los Romanos conquistaron a Bretaña en el 43 A.D., los Británicos "tomaron prestado" muchos festivales Romanos. Muchos escritores enlazaban el festival de Lupercalia con San Valentín porque era en la misma fecha y por la conección con la fertilidad.

La Iglesia primitiva tuvo por lo menos dos santos llamados Valentín. De acuerdo a una historia, en el 200 A.D., el Emperador Romano Claudio II le prohibió el matrimonio a los hombres jóvenes. El emperador pensó que los hombres solteros eran mejores soldados. Un sacerdote llamado Valentín desobedeció la orden del emperador y secretamente casaba a las parejas jóvenes.

San Valentín: alrededor del mundo

En los Estados Unidos y Canada, los niños intercambian valentines con sus amigos. En algunas escuelas, se celebran fiestas y colocan todos los valentines en una caja previamente decorada para la ocasión. Al final del día, la maestra o uno de los estudiantes distribuyen las tarjetas.

Muchos niños hacen sus propios valentines de mantelitos de papel, papel rojo, papel tapiz, y fotografías recortadas de las revistas. Algunas veces, compran el material ya listo para hacer los valentines. Muchos niños envian sus mejores y más elegantes tarjetas a sus parientes y maestros.

Los estudiantes de más edad celebran bailes y fiestas de San Valentín. Preparan canastas de dulces, regalos, y tarjetas de mesa decoradas con corazones y cupidos. Mucha gente envía flores, dulces, u otros regalos a sus esposas, esposos, o enamorados. Muchas cajas de chocolate tienen forma de corazón y una cinta roja.

En Europa, la gente celebra el Día de San Valentín de diferentes formas. Los niños Ingleses cantan canciones especiales para la ocasión y reciben regalos, dulces, frutas o dinero. En algunas áreas de Inglaterra. la gente hornea panecillos de San Valentín hechos de semillas de alcaravea, ciruelas, o pasas. La gente en Italia celebra un banquete de San Valentín.

En Gran Bretaña e Italia, algunas mujeres solteras se levantan antes del amanecer en el Día de San Valentín. Se paran frente a la ventana esperando a que un hombre pase. Ellas creen que el primer hombre que vean, o alguien que se le parezca, se casará con ellas en durante ese año.

William Shakespeare, el dramaturgo Inglés, menciona esta creencia en Hamlet (1603). Ofelia, una mujer en el drama, canta:

Mañana es el día de San Valentín,
temprano, al amanecer,
y yo estaré en tu balcón;
tu enamorada seré!

En Dinamarca, la gente le envía a sus amistades flores blancas prensadas llamadas gotas de nieve. Los hombres Daneses también envían un tipo de valentín llamado gaekkebrev (carta graciosa). El remitente escribe una rima pero no firma su nombre.

En lugar de ello, el firma el valentín con puntos, un punto por cada letra de su nombre. Si la mujer que la recibe adivina quien la envió, él la recompenza con un huevo de Pascua durante la Pascua. Alguna gente en Gran Bretaña también envía valentines firmados con puntos.

En el Francés Normano, un lenguaje hablado en Normandía durante la Edad Media, la palabra galantine suena como Valentín y significa gallardo o amante. Esta semejanza puede haber causado que la gente pensara en San Valentín como el santo especial de los enamorados.

El recuento más temprano del Día de San Valentín en Inglés dice que las aves escojen su pareja en ese día. La gente usaba un calendario diferente antes del 1582, y el 14 de Febrero era lo que ahora es el 24 de Febrero.

Geoffrey Chaucer, un poeta Inglés de los 1300, escribió en el Parlamento de las Aves, "Por esto que fue enviado el día de San Valentín; Cuando cada ave su pareja ha de elegir". Shakespeare también mencionó esta creencia en su obra "Sueño de una Noche de Verano". Un personaje en el drama descubre a una pareja de amantes en el bosque y pregunta, "San Valentín ya ha pasado; Comienzan estos amantes a juntarse ahora?"

Gente en Inglaterra probablemente celebraban San Valentín ya para el 1400. Algunos historiadores acreditaron la costumbre de enviar versos en el Día de San Valentín a un Francés llamado Charles, Duke de Orleans. Charles fué capturado por los Ingleses durante la Batalla de Agincourt en el 1415. Fué llevado a Inglaterra y puesto en prisión. En el Día de San Valentín, el le enviaba a su esposa cartas de amor en forma de poemas desde su celda en la Torre de Londres.

Muchas costumbres del Día de San Valentín envolvía maneras en que las mujeres solteras pudieran saber quien sería su futuro esposo. Las Inglesas de los 1700 escribían los nombres de hombres en pedazos de papel, enrollaban cada uno de ellos en un pedazito de arcilla y los echaban al agua. El primer papel que subía a la superficie supuestamente tenía el nombre del verdadero amor de la mujer.

También en los 1700, las mujeres solteras colocaban cinco hojas de laurel en el centro de una almohada y una en cada esquina. Si el encanto trabajaba, ellas veían a su futuro esposo en sus sueños.

En Derbyshire, un condado en el centro de Inglaterra, las mujeres jóvenes le daban de 3 a 12 vueltas a la iglesia en la medianoche y repetían versos tales como:

Sembré cáñamo.
Cáñamo sembré.
Aquel que me ama más,
Que venga tras de mí ahora.

Entonces supuestamente su amor verdadero aparecía.

Una de las costumbres más antiguas era la práctica de escribir el nombre de mujeres en pedazos de papel, echarlos en una jarra y sacarlos por turnos. La mujer cuyo nombre era sacado por un hombre se convertía en su valentina, y él le prestaba atención especial a ella. Muchos hombres le daban regalos a sus valentinas. En algunas áreas, los jóvenes le daban a sus valentinas un par de guantes. Los hombres ricos honraban a sus valentinas con regalos finos.

Una descripción del Día de San Valentín durante los 1700 dice cómo los grupos de amigos se reunían para rifar los nombres. Por varios días, cada hombre llevaba el nombre de su valentina en la manga. El dicho "lleva su corazón en la manga" probablemente surgió de esta práctica.

La costumbre de enviar mensajes románticos gradualmente reemplazó a la de ofrecer regalos. En los 1700 y 1800, muchas tiendas vendían unos manuales llamados escritores de valentines. Estos libros incluían versos para copiar y varias sugerencias de cómo escribir los valentines.

Los valentines comerciales surgieron por primera vez al principio de los 1800. Muchos de ellos eran en blanco por dentro, con espacio para escribir un mensaje. Al final de los 1800, la Artista Británica Kate Greenaway se volvió famosa por sus valentines. Muchas de sus tarjetas tenían fotos de niños felices y jardines encantadores.

Esther A. Howland, de Worcester, Massachusetts, se convirtió en una de las primeras manufacturadoras de valentines en los Estados Unidos. En el 1847, después de haber visto un valentín Británico, ella decidió hacer los suyos propios. Hizo ejemplos y tomaba órdenes de las tiendas.

Luego contrató un equipo de mujeres jóvenes y estableció una línea de ensamblamiento para producir las tarjetas. Una mujer le pegaba a las tarjetas flores de papel, otra le añadía encaje, y otra hojas pintadas. Howland pronto expandió su negocio y lo convirtió en una empresa de $100.000.- de dólares al año.

Muchos valentines de los 1800 fueron pintados a mano. Algunas presentaban a un cupido gordo o flechas atravezando un corazón. Muchas tarjetas tenían satín, cintas, o adornos de encaje. Otras eran decoradas con flores secas, plumas, joyas de imitación, madre perla, caracoles, y otros adornos. Algunas tarjetas llegaron a costar hasta $10.- dólares.

Desde mediados de los 1800 hasta principios de los 1900, muchas personas enviaron valentines cómicos llamados "horrores de a penique". Estas tarjetas se vendían por un centavo y su diseño era muy feo y contenía versos ofensivos e insultantes.

Muchos de estas tarjetas y otros valentines antiguos se han convertido en artículos de coleccionistas.

San Valentín: El Santo

Mártir en Roma a finales del siglo III. Entre el pueblo, el día de San Valentín está considerado como "día de la suerte", sobre todo en Alemania; y en Francia, Bélgica, Inglaterra y especialmente América, como "día de los enamorados", en que éstos se hacen promesas, felicitaciones y regalos.

Esta costumbre y aquella supersticiosa idea, obedecen a diversos orígenes folklóricos y también al prestigio popular del Santo como milagrero.

La mayor parte de noticias de San Valentín han llegado hasta nosotros proceden de unas actas apócrifas; por esta causa se hace difícil conocer con exactitud su vida e incluso distinguir entre los hechos que realmente le pertenecen y los de las vidas de otros varios santos que llevan su mismo nombre y que la Iglesia desde muchos siglos venera también como mártires. Reseñaremos los que se le atribuyen unánimemente.

San Valentín es para nosotros una ciertísima lección de vida cristiana, llevada hasta el heroísmo, hasta la más plena identificación con Cristo: el martirio.

Situémonos a finales del siglo III. Es la era de los mártires. Por todo el Imperio romano corre el huracán de la persecución.

Valentín, presbítero romano, residía en la capital del Imperio, reinando Claudio II. Su virtud y sabiduría le habían granjeado la veneración de los cristianos y de los mismos paganos. Por su gran caridad se había hecho merecedor del nombre de padre de los pobres.

No podía ser desconocida de la corte imperial la influencia que ejercía en todos los ambientes romanos, y quiso el mismo emperador conocerlo personalmente. Valentín, en aquella entrevista, no dejaría de interceder en favor de su fe católica y contra el estado de persecución en que a menudo se encontraba sumida la Iglesia.

El soberano, que estaba interesado en granjearse la amistad y la colaboración del inteligente sacerdote cristiano, escuchó con agrado sus razones. Por eso intentó disuadirle del que él creía exagerado fanatismo; a lo que replicó Valentín evangélicamente: "Si conocierais, señor, el don de Dios, y quién es Aquel a quien yo adoro, os tendríais por feliz en reconocer a tan soberano dueño, y abjurando del culto de los falsos dioses adoraríais conmigo al solo Dios verdadero".

Asistieron a la entrevista, un letrado del emperador y Calfurnio, prefecto de la ciudad, quienes protestaron enérgicamente de las atrevidas palabras dirigidas contra los dioses romanos, calificándolas de blasfemas. Temeroso Claudio II de que el prefecto levantara al pueblo y se produjeran tumultos, ordenó que Valentín fuese juzgado con arreglo a las leyes.
Interrogado por Asterio, teniente del prefecto, Valentín continuó haciendo profesión de su fe, afirmando que es Jesucristo "la única luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo".

El juez, que tenía una hija ciega, al oír estas palabras, pretendiendo confundirle, le desafió: "Pues si es cierto que Cristo es la luz verdadera, te ofrezco ocasión de que lo pruebes; devuelve en su nombre la luz a los ojos de mi hija, que desde hace dos años están sumidos en las tinieblas, y entonces yo seré también cristiano".

Valentín hizo llamar a la joven a su presencia, y elevando a Dios su corazón lleno de fe, hizo sobre sus ojos la señal de la cruz, exclamando: "Tú que eres, Señor, la luz verdadera, no se la niegues a ésta tu sierva".

Al pronunciar estas palabras, la muchacha recobró milagrosamente la vista. Asterio y su esposa, conmovidos, se arrojaron a los pies del Santo, pidiéndole el Bautismo, que recibieron, juntamente con todos los suyos.

El emperador se admiró del prodigio realizado y de la conversión obrada en la familia de Asterio; y aunque deseara salvar de la muerte al presbítero romano, tuvo miedo de aparecer, ante el pueblo, sospechoso de cristianismo. Y San Valentín, después de ser encarcelado, cargado de cadenas, y apaleado con varas nudosas hasta quebrantarle los huesos, unióse íntima y definitivamente con Cristo, a través de la tortura de su degollación.

San Valentín fue martirizado en la Via Flaminia hacia el año 270, seguramente en los inicios de la primavera, cuando en la naturaleza se anticipa el júbilo expectativo de la fecundidad y de la pujanza. En el 496 A.D., el Santo Papa Gelasio I nombró el 14 de Febrero como el Día de San Valentín.

En los siglos antiguos y medievales, empiezan a venir a Roma numerosos peregrinos, entrando por la Puerta Flaminia, que se llamó Puerta de San Valentín, porque allí, en recuerdo de su martirio, el Papa Julio I, en el siglo IV, mandó construir en su honor una basílica.

Esos romeros coincidían con los días del aniversario del Santo; y de retorno a sus países, se llevarían de él o de su templo alguna reliquia o memoria. Ahora bien: no es cosa rara en la primitiva Iglesia el empeño de cristianizar fiestas o costumbres de matiz pagano, y en primavera no faltaban en la Roma gentílica festejos dedicados al amor y a sus divinidades. Fácilmente se inclinaría a los fieles a invocar a San Valentín -mártir primaveral- como protector del amor honesto.

La invocación brotaría en Roma y sería transportada por los romeros a sus tierras y naciones, principalmente por los que cruzaban la Puerta Flaminia, norte arriba de Europa.

En el siglo XVII, ciertos protestantes lo censuraban como de cuño papista y, al mismo tiempo, pagano. Le reconocía cierto matiz pagano, San Francisco de Sales. Pero, saturado como siempre de buen juicio y de exquisita prudencia, lo que hace él es aconsejar a los jóvenes prometidos que imiten las virtudes de San Valentín.

Esto es lo que hay que desear, principalmente; rogando al excelso presbítero mártir que alcance del Señor, a la juventud cristiana que al matrimonio camina, el don del puro amor, santificador de la vida familiar.

El Oso Carolina

Un personaje infaltable durante los festejos del Carnaval era el “Oso Carolina”. Una piel lo cubría completamente y dentro de ella un hombre caminaba a los saltitos, al compás de la música de tamboril, arrastrado por una cadena como si estuviera amaestrado. Un hombre llevaba el extremo de la cadena y señalaba que correspondía hacer.

El oso Carolina salía a caminar a la media tarde. Hacía su recorrido de cuadras y cuadras, esperando las horas de la noche cuando comenzaban a encenderse las luces de los corsos, porque era entonces cuando realizaba su entrada triunfal asustando a los chicos, regocijo de los más grandes y lástima de los mayores.

Cuando llegaban las primeras comparsas, el Oso procuraba encabezar una de ellas para que lo vieran mejor. Iba en silencio, atado a la cadena que le arrastraba su compañero y atento a las variaciones de la música para llevar con dignidad los pasos de baile. El oso Carolina y sus guardianes hacían un alto, previamente a la presentación ante las comisiones de los concursos de máscaras. Se metían en un almacén y entre todos lo despojaban de la enorme careta, que dejaba sobre una silla, mientras reclamaba a gritos algo para beber y calmar su sed.

Bebido el refresco, volvía a calzar la careta y se dejaba guiar por las calles y veredas enredándose con las serpentinas. En los concursos ganaba un modesto Diploma. Fue un héroe inútil que sufrió el Carnaval, a veces con riesgo de su vida, cuando algún gracioso intentó incendiar su disfraz. Personajes inolvidables de un Buenos Aires que se fue.

William Case Morris


Su frase lema fue: "Pasaré por este mundo una sola vez. Si hay alguna palabra bondadosa que yo pueda pronunciar alguna noble acción que yo pueda efectuar diga yo esa palabra, haga yo esa acción AHORA, pues no pasaré mas por aquí...".
William Morris nació en Cambridge, Inglaterra, el 16 de febrero de 1864. Su padre, de condición humilde, era un predicador no afiliado a la iglesia oficial inglesa. Cuando William tenía apenas 4 años padeció el infortunio de la muerte de su madre. Su padre decidió entonces unirse a un contingente de emigrantes que emprendían un viaje hacia América. En 1872 llegó a Paraguay junto a su padre y tres hermanos. Debido a que la empresa que los había traído y contratado se desintegró ni bien llegaron, la familia Morris se movió hacia el sur afincándose en una zona rural en la provincia de Santa Fe en Argentina (1873)

Aquí, las penurias económicas agobiaban a los Morris. William, que de pequeño demostraba su interés por la lectura, apenas si tenía tiempo para dedicarse a ella ya que debió trabajar como granjero y luego como empleado doméstico. En 1886, ya con 22 años, el autodidacta Morris, quien había apenas completado su tercer año de instrucción en Inglaterra, se mudó a Buenos Aires. Instalado en la zona del puerto, comenzó a ganarse la vida pintando barcos.

Allí, en el Barrio de la Boca, en lo que William Morris describió como "el peor barrio de Buenos Aires", comenzó a congregarse en la Iglesia Metodista local. La Boca, por ese entonces era un conglomerado plagado de conventillos, inmigrantes pobres, desilusionados, y de niños que no tenían más perspectiva que la de mayor pobreza, promiscuidad y delincuencia. Este cuadro de terrible indigencia movilizó a Morris. Con el poco dinero con que contaba alquiló un pequeño y descuidado conventillo y abrió un humilde comedor para los niños de la calle. En ese mismo lugar abrió una escuela dominical de la que se ocupaba personalmente. Los niños -dijo Morris- "recibirían pan para el cuerpo y el alma".

En 1889 fue ordenado predicador de la Iglesia Metodista de La Boca. Se casó con Cecilia O’Higgins con quien tuvo un hijo que falleció prematuramente. Este luctuoso suceso, lejos de derrumbarlos, los impulsó a la dedicación completa a su vocación. Además de dedicarse a la obra con los niños, que hacia 1893 contaba con una asistencia diaria de cerca de 150, ayudaba y predicaba a marineros, inmigrantes y otros desposeídos.

El éxito de su misión provocó una fuerte reacción del clero local. Influenciados por este, los fieles y adinerados católicos no aportarían recursos, al tiempo que influían negativamente sobre las autoridades. Ante esta situación William Morris se vio en la necesidad de viajar a Inglaterra para juntar dinero. Allí tuvo la oportunidad de visitar la tumba de su padre que había regresado a su patria, y de conseguir apoyo financiero de empresarios y otros hermanos evangélicos.

En 1897 se sumó a la Iglesia Anglicana, ordenándose diácono y luego Presbítero, por el entonces Obispo de las Islas Malvinas, el Rvdo. Waite Hocking Stirling. Consiguió así que su obra sea patrocinada por la Sociedad Misionera Sudamericana, fundada por Allen Gardiner. De regreso a Buenos Aires, en 1898 rentó una casa en el barrio de Palermo, distante unos pocos kilómetros al norte de la Boca y que exhibía por ese entonces características sociales similares. Esto lo hizo según se lo sugiriera el Consejo Nacional de Educación, ante quien William Morris había presentado un proyecto formal.

Allí continuó la obra que había iniciado años antes. Se acercó a los niños pobres de la calle, les dio higiene, ropa y calzado. Y hecho esto, empezó el verdadero y más importante objetivo: Brindarles amor y educación. Fundó una escuela gratuita para niños varones que pronto legó a tener 220 alumnos, y una de niñas que llegó a tener cerca de 200. Al poco tiempo abrió una tercera escuela, y para 1899 sus alumnos ya se contaban en 600.

Para 1904 las "Escuelas Evangélicas Argentinas" contaban con una matrícula de más de 2.700 alumnos. Además de la enseñanza gratuita se instituyeron complementos como por ejemplo reparto de ropa, alimentos y asistencia médica. Luego de 10 años de presencia en Palermo y sus alrededores, las Escuelas Evangélicas Argentinas ya pasaban los 5.300 alumnos.

El proyecto educativo estatal tuvo como meta principal la integración social, la construcción de una identidad nacional. La ausencia del Estado educador en la formación laboral generó que mano de obra calificada de técnicos y obreros se importaba del extranjero, igual que los productos industriales. La educación estatal no transmitió una ética del trabajo, ni puso énfasis en la capacitación del trabajo artesanal e industrial.

Las Escuelas Evangélicas de W. Morris ofrecían una formación enciclopédica similar a las escuelas estatales, sumando contenidos de ética cristiana y de ciudadanía responsable y activa. En la formación la formación profesional, es donde las Escuelas Evangélicas Argentinas ofrecieron una verdadera alternativa. En 1901 se inauguraba el Instituto Evangélico Industrial, que contaba con talleres de carpintería, ebanistería, herrería, mecánica, electricidad, zapatería, sastrería, con cursos para jóvenes y adultos. Además se formaban técnicos contables, dactilógrafos, taquígrafos, estudios en inglés y una sección especial que era la Escuela de Telegrafía.

El aprendizaje teórico se realizaba en el trabajo, y el instituto se transformó en un centro de formación y producción que proveía a las necesidades de los institutos y colocaba trabajos a pedido para grandes tiendas. La salida laboral, rápida y efectiva de los egresados, significó un proceso de movilidad social y crecimiento personal, entre familias que provenían de zonas marginadas de la ciudad. El éxito de las escuelas de Morris en este sentido, llevó a que el diputado católico Ponciano Vivanco, presidente del Consejo Nacional de Educación, afirmara en 1902: "Hay que lamentar que no haya cincuenta o cien mil personas como Morris en la Argentina"

En un contexto político que de manera sistemática restringía la participación y el protagonismo en la vida cívica a amplios sectores de la sociedad, las escuelas evangélicas intentaban construir rutinas y prácticas pedagógicas, que pugnaban por conformar una sociedad más democrática. En ese sentido, las instituciones educativas, se sumaban a gran cantidad de asociaciones filantrópicas, literarias, patrióticas y sindicales, que buscaban la creación consensuada de un nuevo tipo de organización para la sociedad argentina. Las escuelas evangélicas de W. Morris estimularon la intervención activa de alumnos, docentes, familias, organizándola y expresándola en formas no oficiales.

Las prácticas democráticas fueron ensayadas en el seno de las escuelas tanto por la sintonía con las ideas del liberalismo político como por una interpretación de las ideas sociales derivadas del cristianismo. De esa manera se rechazaba la argumentación católica que presentaba a la democracia como reñida con las ideas cristianas, y se afirmaba que ese punto de vista era la continuación de la legislación y prácticas coloniales. La democracia, desde la revista cultural La Reforma que dirigía Morris, se sostiene con fundamento bíblico y en los conceptos teológicos del sacerdocio universal de los creyentes y la responsabilidad personal.

A pesar de la fuerte oposición de la Iglesia Católica, que hizo cuanto pudo para frenar el progreso de la “educación protestante” hubo personalidades de renombre que apoyaron la obra de William Morris. Algunos Presidentes como Bartolomé Mitre, Julio A. Roca, Marcelo T. De Alvear, el ministro y luego Juez de la Corte Suprema Antonio Sagarna y el presidente del Consejo de Educación Juan Cárcamo.

A pesar de la fuerte oposición de la Iglesia Católica, que hizo cuanto pudo para frenar el progreso de la “educación protestante” hubo personalidades de renombre que apoyaron la obra de William Morris. Algunos Presidentes como Bartolomé Mitre, Julio A. Roca, Marcelo T. De Alvear, el ministro y luego Juez de la Corte Suprema Antonio Sagarna y el presidente del Consejo de Educación Juan Cárcamo.

La política argentina pasó por un tiempo de extrema corrupción y oscuros contubernios que los historiadores dieron en llamar "La Década Infame". En esta época la obra de Morris fue afectada por los avatares de la crisis. Para 1932 las Escuelas Evangélicas Argentinas tenían unos 7100 niños y unos 200 maestros, además del resto del personal. El gobierno nacional disminuyó drásticamente el apoyo y la obra se resintió. Para ese entonces, la salud de Morris estaba severamente deteriorada. Casi a punto de morir retornó a Inglaterra. Antes de ello, le encargó a su amigo y Juez de la Corte Suprema, el doctor Antonio Sagarna, que intercediese ante el presidente Agustín P. Justo, para que pagase las deudas de las escuelas.




El 15 de septiembre de 1932, tomado de la mano de su fiel compañera Cecilia, el filántropo, educador, y pastor partió a los brazos del Creador a quien había servido. La vida de Jesucristo se manifestó a través de William C. Morris y el impacto de esta vida en otras personas, se refleja en la leyenda puesta en su lápida: "Fue una de esas vidas que dulcemente obligan a creer en Dios", y otra dice: "La senda de los justos es como la aurora que va en aumento hasta que el día es perfecto".

martes, 7 de febrero de 2012

Raúl Scalabrini Ortiz

Hoy recordaremos al multifacético Raúl Scalabrini Ortiz, pensador, historiador, filósofo, periodista, escritor, ensayista, y poeta, y de profesión agrimensor que, con Arturo Jauretche y el gran autor Homero Manzi, formaron FORJA, la "Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina".
Scalabrini Ortiz, junto a toda una generación de jóvenes escritores y políticos, abrió un espacio crítico y renovado a la cultura de la década del 30 en Argentina, denunciando los excesos y superando la mediocridad de ese momento…

Ortiz nació en la provincia de Corrientes, 14 de febrero de 1898 y falleció en Buenos Aires, el 30 de mayo de 1959. Era hijo de Pedro Scalabrini, naturalista que dirigió el museo de la ciudad de Paraná, Entre Ríos.

Arribó a Buenos Aires para estudiar Ingeniería en la Facultad de Ciencias Exactas y no tardó en acercarse al círculo de intelectuales y escritores que se reunían en torno a la figura de Macedonio Fernández. Estimulado por próceres de la prosa de esta magnitud, comenzó a escribir. Editó su primera publicación de cuentos breves en el libro La Manga en 1923. Como periodista, en 1924 escribió para a la revista literaria Martín Fierro.

Publicó “El hombre que está solo y espera” en 1931, que le valió el reconocimiento de los círculos intelectuales y el premio Municipal. Luego se dedicó de lleno a la investigación socioeconómica e histórica nacional. Toda su obra está relacionada con estas investigaciones, que lo sumergieron de lleno en las turbias relaciones que tenían las grandes empresas extranjeras con la clase gobernante local.

Se sintió entonces llamado por la política. Participó con otros intelectuales de la revolución radical yrigoyenista de 1933, que fue reprimida. Se exilió en la Alemania nazi donde comenzó a escribir sobre su visión sobre la cuestión nacional.

Regresó en 1935 al país y se aproximó a la FORJA, que ya mencionamos, donde se destacaban Arturo Jauretche, Gabriel del Mazo, Luis Dellepiane, Homero Manzi, Julio Darío Alessandro, entre otros, todos preocupados por el fraude electoral y la corrupción política. En 1939, durante la II Guerra Mundial, fundó el periódico Resistencia, desde el cual apoyó la neutralidad de Argentina durante. Atento seguidor y entusiasta promotor del nuevo movimiento, sin embargo mantuvo su independencia intelectual hasta donde pudo, pues recién se afiliará en 1940, cuando la agrupación se separó del partido Radical.

En estos años escribirá y publicará numerosos estudios en los Cuadernos de FORJA, y brindará gran cantidad de conferencias. En esta actividad, el foco lo pondrá en los temas relacionados con la dependencia Argentina de la economía inglesa y sobre cómo se movían los hilos del poder del país. Para ello, le bastó mostrar los ferrocarriles concesionados a los británicos, los que consideraba claves para el funcionamiento colonial. De los ferrocarriles dirá que:

“son una inmensa tela de araña metálica donde está aprisionada la República”
Como muchos argentinos, le sorprendió la noticia del golpe de 1943 del GOU, Grupo Oficiales Unidos, del que formaba parte Juan Domingo Perón. Renunció a FORJA que apoyó el levantamiento. Sin embargo, sorprendido por medidas de carácter social que no esperaba, acompañó el inicio y el ascenso del peronismo en esos tiempos y llegó a presentarle al líder justicialista varios trabajos sobre la nacionalización del ferrocarril. Pero nunca aceptó cargos y siempre se mantuvo alejado y crítico del nuevo movimiento. Sobre esta etapa dijo:

“Hay muchos actos y no de los menos trascendentales de la política interna y externa del Gral. Perón que no serían aprobados por el tribunal de ideas matrices que animaron a mi generación… En el dinamómetro de la política esas transigencias miden los grados de coacción de todo orden con que actúan las fuerzas extranjeras en el amparo de sus intereses y de sus conveniencias”

Scalabrini Ortiz no podía rendir su intelecto libre al yugo de las fuerzas del presente que, en su demoledora introducción de felices novedades para trabajadores y humildes, conllevaba también la consolidación de las obsecuencias, el personalismo y la persecución de antiguos amigos y dirigentes radicales.

Pero tan pronto fue derrocado Perón en 1955, se convirtió en ferviente opositor de la Revolución Libertadora. Sobre todo al notar el crudo regreso de lo peor de las prácticas dependientes de las oligarquías agroexportadoras que se favorecían de la represión a los sindicatos y los trabajadores.

Derrocado Perón, colaboró con el programa desarrollista de Frente Nacional, y apoyó a Arturo Frondizi quien ganó la presidencia en 1958. Entonces la revista Qué de Frondizi, llegó a convertirse en órgano oficial del gobierno desarrollista bajo la dirección de Scalabrini. Pero renunció a partir de las concesiones petroleras del gobierno a las empresas extranjeras. Se alejó de toda actividad pública y falleció el 30 de mayo de 1959.

Violencia 2012

El nivel de violencia en el mundo entero es alarmante en extremo. Contribuyen a su auge aterrador no sólo los hombres a quienes les gusta pelear sino también muchos ciudadanos promedios. Pelean los esposos. Mengua el amor entre ellos. Se crea un ambiente cargado de frustración, frialdad y violencia emocional, a veces, aún física. Pelean los hijos con los padres, los padres con los hijos y los hijos entre sí. ¿Los resultados funestos? Hogares destruidos. Maltrato de niños. Maltrato de padres. Enajenación. Vidas infelices, torcidas, mal encaminadas y más violencia.

De disposición violenta son los que quebrantan la ley, asesinando, robando y violando los derechos de otros. ¿Por qué es violento el hombre? Hasta los más pacíficos en algunas ocasiones habrán hablado o actuado con violencia. ¿A qué se debe tanta violencia? Hay quienes nos aseguran que la agresividad violenta en el hombre se debe al instinto natural de luchar, sobrevivir y sobreponerse, instinto gobernado, según explican, por las leyes de la evolución -las mismas leyes, nos dicen, que imperan en los animales.

Reducir el nivel de violencia y hostilidades en nuestros pueblos es imprescindible, a no ser que explote esta bomba de tiempo y centenares de millones sufran las consecuencias. El corazón que se alimenta de la violencia será violento. La violencia no es algo nuevo para la humanidad. Las Escrituras indican que las tendencias violentas se remontan hasta el principio como lo evidencia el libro del Génesis. Después de que Adán y Eva desobedecieron a Dios y comieron del fruto del árbol prohibido, su relación con Dios fue rota.

Poco después de la caída vino el primer incidente de violencia física del cual existe un registro. Caín, al darse cuenta de que el sacrificio de su hermano Abel era más agradable a los ojos de Dios, mató a su hermano en un arranque de celos. La raza humana conoció lo que era el asesinato. Cristo rechaza la violencia como una forma realista de reconciliación, y lo hace por al menos dos razones. En primer lugar, Jesús indica claramente que "Guarda tu espada, porque el que a hierro mata a hierro muere" (Mateo 26-52). Se ve cómo la ley de la continuidad funciona en este caso: el fuego produce más fuego, el odio produce más odio, la violencia engendra más violencia. En segundo lugar, la violencia no soluciona los problemas reales y subyacentes que están involucrados en el conflicto. La violencia es un ataque contra la persona; en realidad no se enfrenta a los problemas subyacentes tales como el miedo, el odio y la pobreza. Es una simplificación grave suponer que la violencia es la solución a los problemas personales, políticos o sociales. La violencia elimina la posibilidad de entendimiento y, por ende, también la posibilidad de reconciliación.

En la sociedad moderna, amar a nuestros enemigos, dar la otra mejilla y aceptar la persecución son ideales honorables, pero se consideran imprácticos y no realistas en un mundo caído, lleno de gran maldad. La gente se pregunta a menudo: "¿qué harías si alguien se mete en tu casa, o si trata de violar a tu esposa? ¿No es cierto que tienes que usar la violencia en esos casos, aunque seas un cristiano?" Tales preguntas demuestran la forma tan profunda en que la violencia ha penetrado en la forma en la que la humanidad hace frente a estas situaciones. En tales casos, la persona que pregunta a menudo supone que las únicas opciones reales son "matar o morir".

En síntesis: Es importante mencionar que el amor no elimina la necesidad de tomar medidas de protección no violentas. Las estrategias de pasar el cerrojo a las puertas, evitar enfrentarse a situaciones peligrosas sin necesidad y huir para salvar nuestra vida no son estrategias anti-cristianas. Las víctimas del abuso de menores y del abuso conyugal deben buscar ayuda profesional y quizás buscar algún tipo de refugio. Tales acciones no deben considerarse faltas de amor, sino como los primeros pasos hacia la rehabilitación tanto de la persona que abusa como de la víctima del abuso.

El amor no violento no debe considerarse como simple pasividad. La meta de Cristo es vencer la maldad de la gente por medio de la conversión. Matar a un enemigo es eliminar toda posibilidad de arrepentimiento y de conversión. El testimonio final del amor de Cristo es tratar al agresor como a un ser humano, cuyo corazón puede ser transformado moral y espiritualmente. En Romanos 5-10 nos dice: “Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más ahora que estamos reconciliados, seremos salvados por su vida”, como se nos pide que actuemos frente a nuestros enemigos tal como Cristo actuó frente a los suyos. No olvidemos nunca que aunque una vez fuimos enemigos de Cristo, ahora somos los recipientes de su amor que nos transforma.

"Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios" (Mateo 5-9). "Un fruto de justicia se siembra pacíficamente para los que trabajan por la paz" (Santiago 3-18).

Alfredo Musante
Director responsable
Programa radial
EL ALFA Y LA OMEGA

jueves, 2 de febrero de 2012

Fiesta de la Candelaria

"Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación de ellos, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: "Todo varón primogénito será consagrado al Señor". También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor. Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo: "Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel". Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: "Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos". Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él". (Lucas 2, 22 – 40)

Este acontecimiento de gracia que vive la familia de Nazaret, en sus comienzos, María y José muestra todo un camino, el de la Ley. El primer dato llamativo del texto de la presentación de Jesús en el templo es la insistencia de Lucas en torno al cumplimiento de la Ley. En cinco oportunidades lo dice Lucas, cuatro en los primeros versículos y una al final.

Veamos cómo está dicho esto por el mismo evangelista en éste párrafo: “Cuando llegó el día fijado por la Ley, lo consagraron al Señor tal como está escrito en la Ley, además ofrecieron el sacrificio que ordena la Ley, una pareja de tórtolas o dos pichones”. Más adelante dice: “Simeón vino al templo inspirado por el espíritu y cuando sus padres acercaron al niño Jesús al templo, para cumplir con la Ley”, la cuarta vez que lo dice el evangelio, en estos cinco versículos aparece cuatro veces la expresión en la Ley, y al final del relato evangélico, dice: “Una vez que cumplieron todo lo que indica la Ley del Señor, volvieron a Galilea”. Esta insistencia pone de manifiesto la intención de Lucas.

Sin embargo es claro que la vida de María está profundamente asociada a la de Jesús y la de Jesús a la de María. Y esto lo va ha remarcar Lucas cuando poniendo en boca de Simeón, la suerte de Jesús dice a María, este niño será causa de elevación para algunos, de caída para otros y a ti una espada te atravesará el corazón. Porque está profundamente asociada la madre a la suerte de hijo. Otra Ley en el antiguo testamento, estipula que todos los primogénitos son propiedad de Dios.

Esto aparece en el Éxodo 22, 2-29: “Me darás al primogénito de tu hijo”, la progenitura de la que habla, el texto del Éxodo se refiere a animales y a hombres. Los animales deben ser sacrificados, los hombres rescatados. Éxodo 3, 2 dice: “Todo primogénito de los hijos de Israel, son míos tanto los hombres, como los animales”. En el caso de los varones, se debe pagar el rescate de cinco ciclos ante el sacerdote, al partir del mes del nacimiento del niño. Después de un mes de vida, el niño debía ser presentado por su padre, también en el templo, para pagar cinco ciclos por su rescate. Y sólo el padre podía pagarlo.

Cuando el niño no había sido rescatado, por cualquier causa, estaba obligado a rescatarse a sí mismo cuando adulto. El texto de Lucas no dice nada a cerca de lo que hace José allí. No dice que José está allí para rescatar al niño, para pagar los cinco ciclos. Y no es que a Lucas se le pasó esto, este dato Lucas claramente lo omite para mostrar una vez más el lugar que ocupa José dentro del plan de salvación y en relación al hijo. No es hijo suyo, es su hijo putativo, adoptivo. Por lo tanto no puede pagar él el rescate, porque en el Antiguo Testamento lo dice, que no es el padre adoptivo quien puede pagar el rescate de los cinco ciclos. Es decir, José está presente, pero no cumple con el pago para rescatar a Jesús, porque este no es hijo suyo.

Tampoco aparece Jesús pagando esto por sí mismo. En todo caso entrega su vida para pagar el rescate por nosotros y esto es interesante. El que paga por nosotros es Jesús, con la ofrenda de su vida en el templo, Jesús comienza a pagar nuestro rescate y en cierto modo, todos somos primogénito delante de Dios, hijos privilegiados delante de Dios. Este es un dato que podríamos nosotros, rescatar también para la reflexión en esta fiesta hermosa de la presentación del niño Jesús en el templo.

Somos rescatados por Jesús, que ahora no paga cinco ciclos, sino que son sus cinco llagas las que pagan por nuestra suerte. Es el primogénito del padre, quién por voluntad del padre lleva adelante este pago. Somos rescatados en este mismo momento, y entonces Él aparece iluminando, como va a decir Simeón, la suerte de la humanidad toda. No paga por algunos, paga por todos. No paga por sí mismo porque Él es el primogénito del padre por naturalidad. Paga por nosotros con sus cinco llagas en la cruz.

Y ahora la paternidad es de Dios sobre todos nosotros. Aquel gesto imperceptible, aquel gesto que por la Ley, María realiza presentando sus dos tórtolas. Porque no puede presentar el cordero, porque el cordero mismo lo está presentando. Él es el cordero de Dios, ese mismo gesto está cargado de la significación que es hondísima, y que tiene todos estos costados diversos, que iluminan nuestra creencia y nuestra fe, y que la hacen también más sólida y consistentes.

Qué estamos celebrando cuando celebramos la presentación del niño Jesús en el templo, la luz que trae a las naciones. Por eso se celebra a María asociada a esta luminosidad de Jesús, como la Señora de la luz, la Señora de la Candelaria. Que la luz de María y de Jesús penetre en lo profundo de nuestro lugares más oscuros y que podamos nosotros testificar, de qué somos rescatados, de que estamos necesitando ser rescatados, para que dejemos que el accionar del Padre, en la ofrenda de la vida del Hijo en el templo, actúe sobre aquellos lugares más sombríos y la luz de Jesús penetre a lo más profundo de nuestro ser.

Fiesta de la Presentación del Señor, llamada HYPAPANTE por los griegos: cuarenta días después de Navidad, Jesús fue conducido al Templo por María y José, y lo que podía aparecer como cumplimiento de la ley mosaica era realmente su encuentro con el pueblo creyente y gozoso, manifestándose como luz para alumbrar a las naciones y gloria de su pueblo Israel. Para cumplir la ley, María fue al Templo de Jerusalén, a los cuarenta días del nacimiento de Jesús.

Roma adoptó la festividad a mediados del siglo VII, y el Papa Sergio I (687-701) instituyó la más antigua de las procesiones penitenciales romanas, que salía de la iglesia de San Adriano y terminaba en Santa María Mayor. El rito de la bendición de los cirios, del que ya se tiene testimonio en el siglo X, se inspire en las palabras de Simeón: “Mis ojos han visto tu salvación, que has preparado ante la faz de todos los pueblos, luz para iluminar a las naciones”. Y de este rito significativo viene también el nombre popular de esta fiesta: la así llamada fiesta de la Candelaria conmemora la purificación ritual de María, 40 días después del nacimiento de su hijo Jesús. Este día también marca el ritual de la presentación del niño Jesús a Dios en el Templo de Jerusalén.