miércoles, 11 de abril de 2012

Catequesis y Catecismo en el Concilio Vaticano II

El Concilio Vaticano II (1962-1965) evidenció cristalinamente la ruina de la identidad tridentina y delineó los rasgos de la nueva identidad de la Iglesia católica para los siguientes años. No se sabe bien por cuántos años, pero en verdad será mucho menos que la duración del período postridentino.

Los documentos Lumen gentium (que propone la renovación interna de la Iglesia), Gaudium et spes (renovación de la presencia y misión de la Iglesia en el mundo), Dei Verbum (la Palabra de Dios, retomo a la Biblia de los católicos) y Sacrosanctum Concilium (renovación de la Liturgia), constituyen los ejes centrales para una nueva identidad de la Iglesia católica frente al mundo contemporáneo, apoyados por una serie de otros documentos menores que explicitan aspectos de esos grandes textos conciliares.

A pesar de que el Concilio Vaticano II no haya elaborado un documento sobre la catequesis, ni haya solicitado un catecismo universal, como lo hiciera el Concilio de Trento y lo quisiera el Concilio Vaticano I, en diversos textos trató sobre la importancia de la catequesis. Así, por ejemplo, en Gravissimum educationis (declaración sobre la educación cristiana), presenta una buena definición de catequesis, considerada el primer medio para la misión educativa de la Iglesia, pues "ilumina y fortifica la fe, nutre la vida según el espíritu de Cristo, lleva a una participación consciente y activa en el misterio litúrgico y despierta para la actividad apostólica" (GE 4, 1509).

También en el decreto conciliar sobre los obispos y las Iglesias particulares (Christus Dominus), el Concilio coloca como misión primera de los obispos la de "enseñar, anunciar el Evangelio de Cristo": "Al ejercer el ministerio de enseñar, anuncien a los hombres el Evangelio de Cristo. Éste es, entre los principales deberes de los obispos, el más eminente" (CD 13, 1040). Más adelante, en el mismo decreto, hay también esta preciosa recomendación: "Para anunciar la doctrina cristiana, traten de emplear los más variados medios que en la época moderna están a mano. Y esto sobre todo para la predicación y la instrucción catequética" (CD 13, 1042).

Al transmitirla, obsérvense el orden correcto y el método conveniente, no sólo para la materia de la cual se trata, sino también para la índole, capacidad, edad y condiciones de vida de los oyentes. Así, esta instrucción se fundamenta en las Sagradas Escrituras, en la Tradición, en la Liturgia, en el Magisterio y en la vida de la Iglesia. Además de esto, cuiden que los catequistas estén perfectamente preparados para su misión, conozcan cabalmente la doctrina de la Iglesia y aprendan en la teoría y en la práctica las leyes de la psicología y las disciplinas pedagógicas. Provean también que se restablezca la institución de los catecúmenos adultos, o que sea mejor adaptada.

En este sentido, es evidente entonces que la catequesis "está alimentada y regida por las Sagradas Escrituras" IDV 21, 192). Entre las recomendaciones de este documento destacamos también: a) "Es preciso que el acceso a las Sagradas Escrituras esté ampliamente abierto a los fieles… Cuide la Iglesia que se hagan versiones adecuadas y correctas para las diversas lenguas" (DV 22.193); b) "He aquí por qué es necesario que todos los clérigos y los catequistas, que legítimamente se consagran al ministerio de la Palabra, se apeguen a las Escrituras, por medio de asiduas lecturas sagradas y diligente estudio, para que no llegue a ser predicador de la Palabra de Dios externamente quien no la escucha internamente" IDV 25, 196).

martes, 10 de abril de 2012

Et resurrexit

En 1749, un año antes de su muerte, Johann Sebastian Bach (1685-1750) completó la escritura de su Misa en si menor. Es la misa más importante que compuso y una de las más importantes en toda la historia de la música. Curiosamente, un luterano como él, compuso una misa en estilo católico (con Credo incluido). La razón de por qué lo hizo aún mantiene divididos a los estudiosos.

Casualidades del destino, la obra cuenta con numerosas posibilidades de que no fuese interpretada completa en su tiempo y cayó en el olvido. Tras su "rescate" se ha convertido en uno de los monumentos más importantes de nuestra música occidental.


Hoy les traemos una parte del Credo, o Symbolum Nicenum, como lo llamó Bach en la partitura original. Como no podía ser menos, por el tema, pues se trata de Et resurrexit para coro. Bach reutilizó gran parte de la música contenida en la misa. En este caso, parece ser que utilizó un movimiento instrumental previo. La música refleja con total eficacia la alegría de la resurrección.

Escucha el "Et resurrexit"

miércoles, 4 de abril de 2012

El Jueves Santo


El Jueves Santo hay dos celebraciones muy importantes. Habitualmente, por la mañana, tiene lugar la llamada misa Crismal, que celebra el obispo de cada diócesis junto con los sacerdotes que, en ella, renuevan sus promesas sacerdotales (según la conveniencia de cada zona puede celebrarse en otro momento). Se llama Crismal porque se bendicen y consagran los santos óleos.

Por la tarde o noche se celebra la misa de la cena del Señor y, a continuación, desde que termina la celebración hasta la medianoche suele hacerse un momento de adoración eucarística para alabar y agradecer a Jesús eucaristía.

Institución de la Eucaristía

Jesús ofrece su cuerpo y sangre como comida y bebida, como signo de fraternidad y de encuentro cotidiano. No quiere dejar un consejo, una herencia, un testimonio escrito ni grandes discursos de despedida. Se quiere quedar él mismo, porque no quiere desprenderse de sus amigos. Su muerte no será tan terrible que lo lleve a la separación total del nuevo pueblo que estaba naciendo.

Como buen judío que era se reúne con los apóstoles para celebrar la Pascua de su pueblo y, a partir de ese momento, todo lo que habían anunciado los profetas en el Antiguo Testamento comienza a cumplirse: ahora sí que el banquete de la salvación puede celebrarse como una fiesta total y eterna.

El mandamiento del amor

Jesús nos enseña a obrar como él, haciendo este gesto que le correspondía a los esclavos de una casa cuando el dueño tenía invitados a comer: lavarles los pies. De esta manera Jesús demuestra que toda su vida fue un servicio a los hombres recordemos cuando curaba enfermos, liberaba de los demonios, perdonaba a los pecadores), y este último gesto indica que su muerte inminente también será otro servicio, en realidad, el más grande: morir para regalarnos la vida eterna.

Y con este mensaje nos deja una responsabilidad: «hagan lo mismo entre ustedes...»

¿Estamos dispuestos a lavarnos, servirnos, unos a otros?
¿Estamos dispuestos a entregar nuestro tiempo, nuestro esfuerzo, nuestra vida, en favor de los demás?

La institución del sacerdocio

En la última cena, Jesús nos regala a aquellos que van a ser los pastores y servidores de su pueblo. Nos convocan alrededor del altar para partir el pan, nos entregan el perdón de Dios, bendicen el matrimonio y santifican la vida que nace con el sacramento del bautismo; nos fortalecen en la enfermedad con la unción y, en fin, consagran su vida para la santificación de todos.

La Vigilia Pascual


El sábado por la noche nos aprestamos a celebrar la vigilia pascual que se desarrolla en cuatro partes

La liturgia de la luz.
La liturgia de la palabra.
La liturgia bautismal.
La liturgia eucarística.

En la liturgia de la luz se hace la bendición del fuego. EI fuego aparece en la Biblia en numerosas oportunidades como signo de la presencia de Dios; sólo nos basta. Recordar la zarza ardiendo en la antigüedad o las lenguas de fuego, presencia del Espíritu Santo, en el Nuevo Testamento. Es signo de luz, calor, fuerza, vida y de amor intenso.

Al bendecir el fuego, el sacerdote dice: “Dios nuestro que, por medio de tu hijo, comunicas a los que creen el fuego de tu luz, santifica este fuego y concédenos que gracias a estas fiestas pascuales, seamos de tal manera inflamados en deseos celestiales que podamos llegar con un corazón puro a las fiestas de la luz eterna”.

A continuación, con ese fuego ya bendito, se enciende el cirio pascual, que se introduce procesionalmente en el templo que se encuentra a oscuras. Al encender el cirio, el sacerdote dice: “Que la luz de Cristo gloriosamente resucitado disipe las tinieblas de la inteligencia y del corazón”.

“Es costumbre marcar sobre el cirio una cruz. En el extremo superior se dibuja la letra alfa y en el inferior, la omega (primera y última letras del alfabeto griego). En los cuatro ángulos de la cruz se graban los números que indican el año en curso. También se colocan cinco granos de incienso en la cruz, en recuerdo de las cinco llagas de Jesús. Por todo esto, el cirio representa a Cristo, vencedor de las tinieblas y, como proclamamos en el credo: Dios de Dios, luz de luz”.

Colocan el cirio en el candelero y se hace el anuncio o pregón pascual: “noche santa que ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los prepotentes; noche dichosa que une lo divino con lo humano...”

En la antigüedad, esta vigilia era la noche obligada para el bautismo de los catecúmenos, por eso son tantas las lecturas, pues es como un repaso de toda la catequesis recibida.

El rito bautismal comprende:

Orar comunitariamente con las letanías de los santos.
Bendecir el agua bautismal y bautizar.
Renovar, toda la asamblea, las promesas bautismales.

El sacerdote concluye haciendo una bendición general y comienza la eucaristía. Aquí, vamos a compartir la cita correspondiente a todas las lecturas de la vigilia y un párrafo breve, sintéticamente comentado, como para que también, en familia, grupo o comunidad, hagamos ese mismo repaso de nuestra catequesis.

martes, 3 de abril de 2012

Carta de María a una amiga

Hoy, vamos a imaginar a María, madre de Jesús y madre nuestra por ese legado que nos dejó el Señor desde la cruz, escribiendo una carta a una amiga…
Querida amiga:

Te escribo para contarte las últimas noticias. Hace dos días, tomaron prisionero a Jesús. Los sacerdotes lo enviaron al palacio del gobernador para que lo juzgaran, Como te imaginarás, cuando me enteré, fui corriendo hasta allí. Sólo pude verlo de lejos pero, igual, mi corazón casi se paralizó.

Por suerte a mi lado estaba Magdalena que me sostuvo. Ella quería correr hasta donde estaba Jesús para defenderlo, pero yo le dije que no lo hiciera, que no teníamos que preocuparnos más de la cuenta, que Jesús se estaba ocupando de las cosas de su Padre. Le habían colocado una corona de espinas y un manto rojo, como si fuera un falso rey.

Todos se reían de él y lo maltrataban. ¡Tendrías que haberlo visto! Su mirada era la misma de siempre, En sus ojos no había ira, ni disgusto. Estaba sereno, y, de a poco, su tranquilidad me fue inundando, Recordé que, aunque no entendiera muy bien lo que pasaba, tenía que tener confianza en que estaba ocurriendo algo que no se escapaba a los planes de Dios.

Después, junto con otras mujeres, lo seguimos hasta el lugar en donde lo crucificaron. Cargaba una cruz que parecía más pesada de lo que en realidad era. No te voy a contar los detalles porque vos ya sabes lo que es la muerte en la cruz. Pero te quería escribir, porque, cuando Jesús era chiquito, siempre me decías que él era capaz de amar hasta a los enemigos. ¡Tenías razón!

Entre sus últimas palabras, dijo: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen». ¡Qué te parece! Bueno, me despido. Si me quieres escribir, hazlo a la casa de Juan, porque me voy a quedar con él. Cariños a todos.

María