martes, 27 de mayo de 2014

50 años desde la visita del Papa Pablo VI

El 4 y el 5 de enero de 1964, hace 50 años, el papa Montini peregrinaba a Tierra Santa, para visitar, como peregrino de la paz, el país donde vivió Jesús. Este viaje histórico, el primero que hacía un papa, y cuando todavía no había relaciones diplomáticas entre la Santa Sede e Israel, fue anunciado con solo un mes de antelación, el 4 de diciembre de 1963. El papa Pablo VI deseaba ir a Tierra Santa "a honorar los lugares santos donde Cristo nació, vivió, murió y resucitó y subió al cielo". El papa, que entró en Tierra Santa por Amman, visitó durante dos días el país de Jesús. Delante de la puerta de Damasco, en Jerusalén, el papa expresaba "la alegría y la emoción al cruzar el dintel de la Ciudad Santa", tal y como lo canta el salmo 121.

En su oración en la basílica del Santo Sepulcro, con humildad, el papa Pablo VI pedía perdón por los errores del pasado, y nos exhortaba a "tomar conciencia de nuestros pecados, de los pecados de nuestros padres, de los pecados de la historia pasada, de los pecados de nuestra época". Pablo VI, el primer papa que se reunía con un patriarca ortodoxo desde 1439, quiso peregrinar a Tierra Santa, en un viaje pastoral, aunque se reunió con el rey Husseín de Jordania y con el presidente de Israel, Zalman Shazar. Una dimensión importante de esta peregrinación fue el encuentro ecuménico del papa con el patriarca armenio y el patriarca ecuménico de Jerusalén. Pero sobre todo, el hecho más significativo del viaje del papa Montini a Tierra Santa, fue el encuentro con el patriarca ecuménico de Constantinopla, Atenágoras I.

De hecho, el abrazo de Pablo VI y Atenágoras abrió un camino de reconciliación entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa, después de más de 500 años del Cisma de Oriente, originado por la excomunión mutua del papa León IX y el patriarca Miguel I. Por eso, un año después de este encuentro entre Pablo VI y Atenágoras en Jerusalén, se revocaron los decretos de excomunión mutua de 1054, que habían ocasionado el cisma. Así, el 7 de diciembre de 1965, en una declaración solemne de Pablo VI y de Atenágoras, se anularon mutuamente las excomuniones recíprocas de 1054. En aquella declaración conjunta, el papa Montini y Atenágoras apostaban por rehacer "las relaciones fraternales" entre la Iglesia católica romana y la Iglesia ortodoxa de Constantinopla, lamentaban les palabras ofensivas, los reproches y los gestos condenables, y borraban "de la memoria de la Iglesia les sentencias de excomunión".

Durante aquellos dos días en Tierra Santa, el papa Montini, artífice de paz y de reconciliación, visitó, en aquella "humilde peregrinación los lugares sagrados", la basílica de la Anunciación de Nazaret y la de Belén, el Cenáculo y el Santo Sepulcro y recorrió la Vía Dolorosa. Preocupado por la unió de la Iglesia, la paz y el diálogo con las otras religiones, Pablo VI creó ese mismo año, el Secretariado para las religiones no cristianes, y en 1976, el Consejo Pontificio Justicia y Paz. Cuando ya se han cumplido 20 años de les relaciones diplomáticas entre la Santa Sede e Israel, el papa Francisco peregrino este año a Tierra Santa (Jordania, Israel y la Autoridad Nacional Palestina) del 24 al 26 de mayo, para conmemorar el 50 aniversario de la peregrinación del papa Pablo VI, una peregrinación que abrió caminos de reconciliación y de diálogo, sobre todo con la Iglesia ortodoxa de Constantinopla.

Los Filisteos y la Biblia

Los relatos bíblicos de Sansón y Goliat, recobran actualidad con el avance de la investigación histórica y arqueológica que arroja cada vez más luz acerca del pueblo filisteo. Su asentamiento en la costa palestina, sus enfrentamientos con los cananeos, y con un nuevo pueblo que al mismo tiempo se instalaba en las zonas montañosas de aquellas tierras, y que era identificado ya por el faraón Merneptah como Israel. Los filisteos formaron parte de los llamados Pueblos del Mar, que entre el siglo XIII y principios del XII AC se extendieron por el Mediterráneo oriental. Los estudios apuntan a las convulsiones que se dieron durante la guerra de Troya, que originaron la migración de diferentes pueblos del egeo, y de anatolia.

Este hecho coincidió con el derrumbe de las civilizaciones existentes, como la Micénica en Grecia, Minoica en Creta, el imperio Hitita en la actual Turquía, Chipre y grandes centros como el de Ugarit en la costa este del Mediterráneo, así como diferentes ciudades estados, entre ellas las cananeas. Egipto pudo contener las invasiones en sus fronteras, aunque posiblemente disminuyó su influencia y control en el exterior. Referencias históricas importantes, son las encontradas en Egipto. En el templo de Medinet Habu, John Baker descubrió 25 hileras de inscripción jeroglífica, que narra cómo Ramsés III rechazó la invasión de los llamados Pueblos del Mar, entre los que se encontraban los Filisteos, junto con otros pueblos, como los Tjekker, y Denyen.

En el portal de entrada del templo, están grabadas las escenas de una batalla naval y otra terrestre. En ellas aparecen los hombres vestidos con faldas cortas, petos de cuero acanalados y un tocado de plumas. Las mujeres llevan el cabello suelto y vestidos largos. Un interesante testimonio que coincide y amplía la información que la Biblia aporta, es el papiro Harris, actualmente en el Museo Británico. Narra cómo después del enfrentamiento, Ramsés III coloca a parte de estos pueblos en las fortalezas que disponía en la costa cananea, como mercenarios de las guarniciones que controlaban las principales rutas comerciales. Otra referencia es el “Onomasticon de Amenope”. Se trata de un conjunto de papiros descubiertos en Egipto, formando una enciclopedia de numerosos temas. Está datado al final del siglo XII AC.

La Biblia informa que los filisteos procedían de Caftor, (Jeremías 47-4, Amos 9-7, Sofonias 2-5) identificado con la isla de Creta al sur de Grecia. Ya en el siglo XVIII Dom Calmet, lingüista francés, de acuerdo con la recopilación de topónimos realizado por Esteban de Bizancio en el siglo VI DC, indicaba que los filisteos provenían de Creta. En Tebas hay relieves mencionando a los embajadores de Keftiu. La similitud fonética con el nombre de Caftor, junto a evidencias de documentos geográficos y de cerámica, apoyan la localización de Caftor en Creta. Los datos arqueológicos en el Mediterráneo oriental, indican que el establecimiento de los filisteos en Canaán fue un proceso complejo de inmigración. Otras evidencias arqueológicas de la tradición egea de los filisteos, y que coincide con la descripción que hace el texto bíblico de la armadura de Goliat, es la similitud que presenta la armadura encontrada en la tumba de un soldado en la antigua Yugoslavia, junto con su ajuar funerario.

Una de las grandes ciudades filisteas es Asdod, situada a unos 5 kms de la costa, fue el lugar donde llevaron el Arca de la Alianza, después de ser capturada en el primer enfrentamiento con el pueblo israelita, narrado en la Biblia en 1 Samuel 5-1, 2. El asentamiento filisteo en ésta ciudad se dató tanto por la cerámica, como por un escarabeo hallado de Ramsés III a principio del siglo XII AC. En Asdod, el arqueólogo Moshe Dothan encontró una pieza de cerámica de una diosa fundida sobre una silla, que él llamó Asdoda. Datada entre el siglo XI-XII, es similar a las estatuillas micénicas propias del origen egeo de los filisteos. Posteriormente, tras ir asimilando las costumbres cananeas locales, apareció el culto al dios Dagón de procedencia mesopotámica, ya conocido en el siglo XVIII AC en Mari. 

Otra de las grandes ciudades es Ecrón, situada en la frontera con Judea. Con una muralla que protegía una superficie de unas 20 hectáreas, muestra una buena planificación urbanística. Delimitando áreas dedicadas a las industrias, como la metalúrgica y su fundición, orfebrería, cerámica, textil y sus tintes. Había también un área central para edificios públicos, que disponían de un característico hogar en su parte principal y lugares de culto. Otra zona estaba dedicada a viviendas. Todo ello indicativo de un nivel cultural y tecnológico avanzado. Su escritura está aún pendiente de descifrar. Hasta el reinado de David, los filisteos dominaban las tierras palestinas, con numerosos enclaves a lo largo de ella. La Biblia refleja esta situación en el libro de Jueces 15-11. Y también manifiesta la superioridad tecnológica que tenían en el uso de los metales (1 Samuel 13-19, 22), como se observa en las dagas halladas en los santuarios filisteos, con hojas de hierro, empuñadura de marfil y remaches de bronce. 

A lo largo de la historia de los reyes de Judá, la narración bíblica describe diferentes momentos de enfrentamientos con los filisteos, no es de extrañar que halla más de 250 referencias en el texto. Como ejemplos: el rey Uzias realizó una campaña militar contra varias ciudades, derribando las murallas de Gat, Jabnia y Asdod (2 Crónicas 26-6, 7). En ésta última ciudad los arqueólogos han comprobado la destrucción de la muralla en la puerta norte. Otras veces, como en el reinado de Acaz, (2 Crónicas 28-18) los filisteos se apoderaron de ciudades fronterizas de Judea como Bet-semes.

El profeta Jeremías 47-1, 7 vaticinó el final trágico de los filisteos, cuando Babilonia ocupó toda Palestina y destruyó también el templo de Jerusalén. A pesar de la ayuda solicitada a Egipto, como muestra la carta enviada por el rey Adón de Ecrón y que ha sido hallada en Saqqara. El ejército del Faraón no salió de sus fronteras como lo refleja la Biblia en 2 Reyes 24-7. Así la ciudad de Ascalón puerto comercial y centro productor de vino, la destruyó Nabucodonosor en el año 604 AC según registra la Crónica Babilónica, junto con la captura de su rey Aga. Después Ecrón el mayor centro de producción de aceite conocido con más de 100 prensas, fue destruida entre el año 603 y 601 AC. 

Igualmente las restantes ciudades filisteas fueron destruidas y el pueblo deportado. Hay registros en Babilonia de filisteos sirviendo a Nabucodonosor y un siglo y medio después en Nipur, al sur de Babilonia, donde habían formado sus propias comunidades étnicas. De manera que ya no volvieron a sus tierras palestinas cuando los persas ofrecieron la posibilidad de retornar a sus lugares de origen, desapareciendo así en la historia la identidad del pueblo filisteo.

Leyenda de la Salamanca

Antro secreto, conocido solo por los iniciados en las artes de la brujería, donde en las noches de los sábados se reúnen hechiceros, adivinos y brujos en compañía de animales colaboradores y espíritus convocados con la finalidad de divertirse y planear actividades. Quienes afirman haber estado allí lo describen como un recinto iluminado con lámparas de aceite humano y donde reina gran alboroto por los gritos y carcajadas de los concurrentes. Allí se realizan conjuros y maldiciones, para poder ingresar se debe conocer la contraseña, sin la cual la entrada permanece invisible, si por el contrario se conoce se ingresa al recinto pasando por una especie de laberinto tortuoso, donde el recibimiento son experiencias terroríficas, sin amilanarse. 

Entre otros se debe sortear el ARUNCO, con un chivo maloliente que a embestidas lo empujara hacia el interior. Una enorme culebra colgante, amenazando de cuya boca rezuma baba sanguinolenta y finalmente con un BASILISCO de ojo centelleante. Los adeptos no pueden revelar la entrada a la SALAMANCA a riesgo de tener que padecer un terrible castigo que se dicte contra el. Se ha pretendido derivar el vocablo del Aimará sallamanca que significa "piedra abajo" pero la mayoría presume que tanto el mito como la denominación son de origen hispano y común en toda América del Sur, aun se mantiene en el noroeste Argentino y zona de la Puna, sur de Bolivia. 

Vicuña Cifuentes, investigador chileno, señala que en Chile hay muchos que piensan que lo que llaman salamancas en las diversas regiones no son más que entradas a una gran Cueva de Salamanca, y que la forma de reconocer si una persona ha estado allí es observar si al caminar proyecta sombra. Por su parte Carlos Villafuerte, investigador argentino, nos informa que en Catamarca se cuenta que la forma de entrar a una salamanca es desnudo, con la guía de un cuervo negro. El visitante debía renegar de Dios y escupir un crucifijo que colgaba de la puerta. En Jujuy numerosos testimonios recogidos por Berta Vidal refieren la existencia de una salamanca en el HUANCAR (cerro de escasa elevación en la zona de Abra Pampa) y que el TIO (Diablo) aparece vestido como gaucho elegante con accesorios de plata para buscar hombres que quieran realizar contratos a cambio de fabulosas riquezas. 

"Las comparsas de carnaval hacen todos los años una fiesta campestre cerca del HUANCAR, el domingo de tentación" Existe una copla que habla del contrato con el tío: 

Voy a firmar un contrato
el martes de carnaval
con el diablo principal,
que me espera en el Huancar.

En la Europa posterior a la expulsión de los moros mucho se habló de las Cuevas de Salamanca, donde se decía los árabes practicaban brujerías en su interior y luego esparcieron esta práctica condena da por la iglesia en toda la Península. Tal fue la difusión entre los habitantes españoles que se han escrito sainetes para ridiculizar a la sociedad de la época utilizando como tema central la Cueva de Salamanca. Una de las sátiras es la obra de Francisco Botello de Moraes y Vasconcellos que en su obra Historia de las cuevas de Salamanca incluye un episodio donde dos damas (la ama y su criada) aprovechado la ausencia del marido de la patrona se entregan a juegos lujuriosos y comilonas con sus amantes el Sacristán y el Barbero. SALAMANCA es una Provincia española ubicada en el centro oeste del territorio español en el antiguo reino de León, cerca de la frontera con Portugal entre los 40º15’ y 41º20’ de latitud norte y los 5º6’ y 6º56’ de longitud oeste del Meridiano de Greenwich. También se llama Salamanca a la Diócesis de la Provincia Eclesiástica de Valladolid. Ocupa la mayor parte del territorio civil y 2 parroquias de Zamora.


En el norte argentino la Leyenda de la Salamanca tiene muchos adeptos, los que están convencidos de su existencia. Los cantores populares han recogido este pensamiento folclórico volcándolo en canciones que hablan de su existencia y logros obtenidos por aquellos que la han visitado. Básicamente se trata del baile de los diablos, donde asisten los condenados, los perdidos, los poseídos, es decir todos aquellos socialmente repudiados. También entran a La Salamanca aquellos que quieren obtener ciertas destrezas para el canto, la oratoria, la jineteada, etc., que el Diablo les otorga a cambio de su alma, la que debe ser entregada en un tiempo estipulado en el contrato firmado con sangre. En la región montañosa el pueblo la ubica en las cuevas y socavones de las laderas. Dicen escuchar música, risas estridentes y un irresistible deseo de ingresar en ella. En cambio en la llanura boscosa el paisano dice que ésta se halla en lo profundo de los montes. Junto a los diablos, las diablas y los marginales que arman tremendo alboroto cantando y bailando, están las brujas y brujos que van a actualizar sus conocimientos. La literatura gauchesca ha recogido en la pampa (llanura pampeana) la historia de Santos Vega el payador que obtuvo sus habilidades en la Salamanca y cuando Juan sin Ropa (el diablo) se presentó a buscarlo lo desafió en un contrapunto siendo vencido.

Fausto el héroe de una leyenda alemana, había cambiado su alma al diablo a cambio del conocimiento de las ciencias y los placeres. En la obra teatral FAUSTO éste es un viejo que se enamora de una jovencita y para obtener sus favores pacta con Satanás. En la Salamanca se vive un eterno jolgorio .Las brujas y brujos se regodean allí en lujurioso frenesí. Allí se canta, se baila, se encuentra toda clase de placer, allí donde no hay que temerle a víboras, arañas, ni sapos, y donde hay un constante sonar de música. En ella se da la eterna lucha por lograr su finalidad, aún cuando pueda perecer en el camino. Llegar al centro del laberinto tiene su premio: la sabiduría y el poder eterno. Pero el camino no es fácil, está plagado de acechanzas. Y ese centro mítico tiene dos versiones: puede ser la Salamanca, donde lo esperará el Diablo, o puede ser el Paraíso, morada celeste de Dios.

Fuente:
www.cuco.com.ar
www.naya.org.ar 

¿Qué es el Vesak?

La palabra Vesak tiene su origen en el primer mes del calendario hindú (vaishakha). Es el día más sagrado del calendario budista en el que se celebra la existencia e iluminación de Siddharta Gautama, el Buda. En todos los países de Asia con fuerte presencia budista es festivo y en general es celebrado en todo el mundo budista. La decisión de celebrar el Vesak a nivel mundial para recordar a Buda Sakyamuni se tomó en 1950. Coincidiendo con que el calendario budista es de tipo lunar, se acordó celebrar la luna llena del mes de mayo. En la celebración del Vesak los budistas acuden a templos y hacen ofrendas.

El día de la Iluminación del Buda Todos los seres humanos son capaces de evolucionar hasta convertirse en budas. Sin embargo, fue un hombre que alcanzó la iluminación a solas quien abrió el camino para que el resto de la humanidad pudiera seguirlo. En realidad el camino fue reabierto, ya que, de forma tradicional, se dice que ya habían existido otros budas, es decir, muchos otros pioneros en el sendero que conduce a la iluminación. Cuando hablamos del Buda Sakyamuni nos referimos a Siddhartha Gautama de la tribu Sakya, que descubrió el sendero una noche de luna llena del mes lunar de abril-mayo del año 542 A.c.

Él explicó su hallazgo de la siguiente manera: "Imaginad a un hombre que al andar por unos bosques salvajes encuentra un camino muy antiguo, un sendero muy viejo por el que han viajado muchas personas en la antigüedad y, entonces, él decide seguirlo. Al hacerlo descubre una ciudad ancestral, una antigua capital real donde vivió mucha gente, con parques, arboledas y lagos. La ciudad se encuentra cercada pero su hermosura es evidente. Del mismo modo, he encontrado un antiguo sendero a través del que han viajado los seres iluminados de antaño".

El Vaishakha Purnima no es el aniversario de un único evento sino de tres: el nacimiento del Buda, su iluminación y su deceso o parinirvana. Se supone que todos estos eventos ocurrieron el mismo día, en años diferentes, por supuesto, pero por una coincidencia extraordinaria en el mismo día de luna llena. Esta tradición del triplemente sagrado Vaishakha Purnima forma parte de una tradición algo más reciente que se originó en Sri Lanka y que se extendió a otros países budistas theravada. En el resto del mundo budista, es decir, en los países budistas, las celebraciones del nacimiento del Buda y de su parinirvana se realizan en días diferentes.

Al tener ideas diferentes de lo que se celebra en Vesak además de la iluminación del Buda, los budistas de diversas partes del mundo han establecido sus propias tradiciones nacionales para señalar el evento. En Sri Lanka y Birmania la gente enciende velas y las ofrece como veneración a la memoria del Buda. En el Tíbet lo que encienden son lámparas de mantequilla, haciendo hincapié en que debe ser un determinado número de lámparas (ciento ocho o mil ocho). En muchos países budistas la gente canta y recita versos en honor del Buda, en ocasiones durante horas e, incluso, todo el día y toda la noche.

En otros lugares se organizan conferencias y discusiones, y, claro está, hay quienes lo celebran meditando. En un nivel social se festeja dando de comer a los monjes. En algunos países budistas ésta es una tradición popular que se lleva a cabo en ocasiones festivas. Lo que hacen es juntar al mayor número de monjes posible, que se sientan en el suelo formando filas y, entonces, pasan los feligreses ofreciéndoles comida. Dentro de este contexto, la hospitalidad ni se escatima ni se rechaza. Los budistas de Occidente siguen el ejemplo de las antiguas celebraciones tradicionales de Vesak.

Dr. Ramón Carrillo

Fue un neurocirujano, neurobiólogo y médico sanitarista de Argentina, que alcanzó la capacidad político-administrativa de ministro de esa nación. Integró la tradición científica conocida como escuela neurobiológica argentino-germana y produjo asimismo trabajos de antropología filosófica, dejando esbozada una "Teoría general del hombre". Produjo entre 1930 y 1945 valiosas investigaciones originales sobre las células cerebrales que no son neuronas, denominadas neuroglía, y los métodos para teñirlas y observarlas al microscopio, así como sobre su origen evolutivo (filogenia) y sobre la anatomía comparada de los cerebros de las diversas clases de vertebrados.

En ese periodo aportó nuevas técnicas de diagnóstico neurológico (yodo ventriculografía; tomografía, que por carencia en la época de medios electrónicos no pudo integrar la computación, pero fue precursora de lo que hoy se conoce como tomografía computada; su combinación con el electroencefalograma, llamada tomo encefalografía). También durante esos quince años logró valiosos resultados investigando las herniaciones del cerebro que ocurren en sus cisternas (hernias cisternales) y los síndromes que ocurren tras una conmoción o traumatismo cerrado cerebral (síndromes post conmociónales); descubrió la enfermedad de Carrillo o papilitis aguda epidémica; describió en detalle las esclerosis cerebrales durante cuya investigación realizó numerosos trasplantes de cerebro vivo entre conejos, y reclasificó histológicamente los tumores cerebrales y las inflamaciones de la envoltura más íntima del cerebro (aracnoides), inflamaciones llamadas aracnoiditis.

Aprovechando la oportunidad que le brindaba el ascenso del Partido Peronista, a cuyo jefe Juan Perón, Carrillo había conocido dos años y medio antes, en 1946 decidió dedicarse a atacar las causas de las enfermedades desde el poder público a su alcance. Así se convirtió luego en el primer ministro de Salud Pública que tuvo la Argentina. Por ocho años desarrolló una innovadora y muy valiosa labor, pero renunció en julio de 1954, antes de que el segundo gobierno de Juan Domingo Perón fuera derrocado el 16 de septiembre de 1955. No obstante debió permanecer fuera del país. Exiliado, enfermo (hipertensión mal atendida), políticamente perseguido (el gobierno argentino de facto que produjo el derrocamiento presentó ante el de Brasil una protesta por prestársele a Carrillo ayuda médica, calificándolo de "prófugo"; sus libros y cuadros en Buenos Aires fueron saqueados) y tras padecer con su familia grave pobreza, falleció en Belem do Pará, Brasil, el 20 de diciembre de 1956. No obstante tales condiciones, durante ese año aún produjo trabajos de antropología filosófica.

Difícil es enumerar la prolífica obra del Dr. Carrillo frente a esta cartera. Llevó a cabo acciones sin parangón hasta nuestros días.

Aumentó el número de camas existentes en el país, de 66.300 en 1946 a 132.000 en 1954. Erradicó, en sólo dos años, enfermedades endémicas como el paludismo, con campañas sumamente agresivas. Hizo desaparecer prácticamente la sífilis y las enfermedades venéreas. Creó 234 hospitales o policlínicas gratuitos. Disminuyó el índice de mortalidad por tuberculosis de 130 por 100.000 a 36 por 100.000. Terminó con epidemias como el tifus y la brucelosis. Redujo drásticamente el índice de mortalidad infantil del 90 por mil a 56 por mil.

Todo esto, dando prioritaria importancia al desarrollo de la medicina preventiva, a la organización hospitalaria, a conceptos como la "centralización normativa y descentralización ejecutiva". Esta nada tiene que ver con la descentralización que solo responde a fines meramente económicos impuestos por los mercados. Carteándose con Norbert Wiener, el llamado "creador de la cibernética", Carrillo la aplicó al arte de gobernar con el nombre de cibernología, creando un Instituto de Cibernología o Planeamiento estratégico en 1951.

Declarado por entonces "ladrón de nafta", su figura y su obra fueron silenciados hasta el breve tercer gobierno de Perón (1973-1974). En esta etapa fue generalmente reconocido aunque sólo como mentor y ejecutor de un Plan Sanitario cuidadosamente diseñado y ejecutado, impartiéndose su nombre a numerosos hospitales e instituciones argentinas vinculadas a la salud pública. Suele atribuirse a la incomodidad que su ejemplo producía en políticos menos competentes el hecho de que luego su biografía e ideas permanecieron generalmente desconocidas, salvo reseñas en la tradición neurobiológica que Carrillo integró. Las grandes estructuras de varios hospitales que dejó sin completar nunca fueron habilitadas y fueron derribadas en este periodo, hasta tan tardíamente como en 2004. En 2005 su hermano Arturo Carrillo, sin ningún subsidio oficial, logró terminar de producir un libro que exponía la magnitud de sus logros y sacrificios.

Ello desencadenó que el 9 de diciembre de 2005 el gobierno argentino decretara a 2006 "Año de homenaje a Ramón Carrillo", produciéndose numerosos actos de desagravio y volviéndose a publicar las ideas de medicina social que guiaron su labor. Numerosos autores coinciden en que el legado más importante que dejó el Dr. Carrillo fueron las ideas, principios y fundamentos que acompañaron este accionar. Hacemos mención de algunas de sus frases más célebres:

"Los problemas de la Medicina como rama del Estado, no pueden resolverse si la política sanitaria no está respaldada por una política social. Del mismo modo que no puede haber una política social sin una economía organizada en beneficio de la mayoría"

"Solo sirven las conquistas científicas sobre la salud si éstas son accesibles al pueblo"

"Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios, como causas de enfermedad, son unas pobres causas"

¿Qué significa que Cristo subió a los cielos?

El cielo no es un lugar al que vamos sino una situación en la que seremos transformados si vivimos en el amor y en la gracia de Dios. El cielo de las estrellas y de los viajes espaciales de los astronautas y el cielo de nuestra fe no son idénticos. Por eso cuando rezamos el Credo un domingo tras otro y decimos que Cristo subió a los cielos no queremos decir que El, anticipándose a la ciencia moderna, emprendiera un viaje sideral. En el cielo de la fe no existe el tiempo, la dirección, la distancia ni el espacio. Eso vale para nuestro cielo espacial. El cielo de la fe es Dios mismo de quien las Escrituras dicen: "Habita en una luz inaccesible" (1 Tim 6,16).

Del mismo modo, la subida de Cristo al cielo no es igual a la subida de nuestros cohetes; éstos se trasladan constantemente de un espacio a otro, se encuentran constantemente dentro del tiempo y nunca pueden salir de estas coordenadas por más lejanos que viajen por espacios indefinidos. La subida de Cristo al cielo es también un pasar, pero del tiempo a la eternidad, de lo visible a lo invisible. De la inminencia a la transcendencia, de la opacidad del mundo a la luz divina, de los seres humanos a Dios.

Con su ascensión al cielo Cristo fue por consiguiente entronizado en la esfera divina; penetró en un mundo que escapa a nuestras posibilidades. Nadie sube hasta allí si no ha sido elevado por Dios (cfr. Lc 24,51; Hch 1,9). El vive ahora con Dios, en la absoluta perfección, presencia, ubicuidad, amor, gloria, luz, felicidad, una vez alcanzada la meta que toda la creación está llamada a lograr. Cuando proclamamos que Cristo subió al cielo pensamos en todo eso.

¿Qué decir entonces de la narración de Lucas al final de su evangelio (24,50-53) y al comienzo de los Hechos de los Apóstoles (1,9-11) donde cuenta con algunos detalles la subida de Cristo a los cielos hasta que una nube lo oculto de los ojos de los espectadores? Si la ascensión de Cristo no significa una subida física al cielo estelar, ¿por qué entonces San Lucas la describió así? ¿Qué pretendía decir? Para dar respuesta a esto tenemos que comprender una serie de datos acerca del estilo y género literario de la literatura antigua.

La ascensión, ¿fue visible o invisible?

En primer lugar constatemos el hecho de que es Lucas el único que narra el acontecimiento de la ascensión en términos de una ocultación palpable y de un desaparecer visible de Cristo en el cielo, cuarenta días después de la Resurrección. Marcos sólo dice: «El Señor Jesús, después de hablar con ellos, fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios» (16, 19). Sabemos que el final de Marcos (16, 9-20) es un añadido posterior y que este fragmento depende del relato de Lucas. Mateo no conoce ninguna escena de ocultamiento de Jesús; termina así su evangelio: «Jesús les dijo: se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra... Yo estaré con vosotros todos los días hasta la consumación de los siglos» (28, 18-20). Para San Mateo, Jesús ya ascendió al cielo al resucitar. El que dice «todo poder me ha sido dado en el cielo y en la tierra» ya ha sido investido de ese poder; ya está a la derecha de Dios en los cielos. Para San Juan la muerte de Jesús significó ya su pasar al Padre (Jn 3, 13): «Dejo el mundo y voy al Padre» (16,28). Cuando dice: «Recibid el Espíritu Santo», según la teología de Juan eso significa que Jesús ya está en el cielo y envía desde allá su Espíritu (Jn 7, 39; 16, 7). Para Pablo la resurrección significaba siempre elevación en poder junto a Dios (Rom 1,3-4; Flp 2, 9-11). Pedro habla también de Jesucristo «que subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios» (1 Pe 3, 22). 1 Tim 3, 16 habla de su exaltación a la gloria.

En todos estos pasajes la ascensión no es un acontecimiento visible para los apóstoles, sino invisible y en conexión inmediata con la resurrección. Esta perspectiva que contemplaba conjuntamente resurrección y ascensión se mantuvo, a pesar del relato de Lucas, hasta el siglo IV, como atestiguan los Padres como Tertuliano, Hipólito, Eusebio, Atanasio, Ambrosio, Jerónimo y otros. San Jerónimo, por ejemplo, predicaba: «el domingo es el día de la resurrección, el día de los cristianos, nuestro día. Por eso se llama el día del Señor, porque en este día Nuestro Señor subió, victorioso, al Padre» (Corpus Christianorum, 78,550).

De igual manera la liturgia celebró hasta el siglo V como fiesta única la pascua y la ascensión. Sólo a partir de entonces, con la historificación del relato lucano, se desmembró la fiesta de la ascensión en cuanto fiesta propia. El sentido de la ascensión era el mismo que el de la resurrección: Jesús no fue revivificado ni volvió al modelo de vida humana que poseía antes de morir. Fue entronizado en Dios y constituido Señor del mundo y juez universal, viviendo la vida divina en la plenitud de su humanidad.

Y aquí se Impone la pregunta: si la ascensión no es ningún hecho narrable sino una afirmación acerca del nuevo modelo de vivir de Jesús junto a Dios, ¿porqué Lucas la transformó en una narración? Finalmente, ¿estaba él interesado en comunicar sobre todo hechos históricos externos? ¿o es que a través de semejante narración nos quiere transmitir una comprensión más profunda de Jesús y de la continuidad de su obra en la tierra? Creemos que esta última pregunta ha de transformarse en una respuesta.

La ascensión, esquema literario

Veamos en primer lugar los textos. Al final de su evangelio nos cuenta: «Condujo a los discípulos cerca de Betania y alzando las manos, los bendijo. Y sucedió que mientras los bendecía se separó de ellos y era elevado al cielo. Y ellos, después de postrarse ante él volvieron a Jerusalén con gran alegría y estaban continuamente en el templo bendiciendo a Dios» (24, 50-53).

En los Hechos se nos cuenta: «Y dicho esto, se elevó mientras ellos miraban y una nube lo ocultó a sus ojos. Y según estaban con los ojos fijos en el cielo mientras él partía, he aquí que se presentaron ante ellos dos varones con vestiduras blancas que les dijeron: Galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este Jesús elevado de entre vosotros al cielo volverá tal como lo habéis visto ir al cielo» (1,9-11).

En estos dos relatos se trata realmente de una escena de ascensión visible y de ocultamiento. Escenas de ocultamiento y de ascensión no eran desconocidas en el mundo antiguo greco-romano y judío. Era una forma narrativa de la época para realzar el fin glorioso de un gran hombre. Se describe una escena con espectadores; el personaje famoso dirige sus últimas palabras al pueblo, a sus amigos o discípulos; en ese momento es arrebatado al cielo. La ascensión se describe en términos de nubes y oscuridad para caracterizar su numinosidad y transcendencia.

Así, por ejemplo, Tito Livio en su obra histórica sobre Rómulo, primer rey de Roma, narra lo siguiente: Cierto día Rómulo organizó una asamblea popular junto a los muros de la ciudad para arengar al ejército. De repente irrumpe una fuerte tempestad. El rey se ve envuelto en una densa nube. Cuando la nube se disipa, Rómulo ya no se encontraba sobre la tierra; había sido arrebatado al cielo. El pueblo al principio quedó perplejo; después comenzó a venerar a Rómulo como nuevo dios y como padre de la ciudad de Roma («Livius», I,16). Otras ascensiones se narraban en la antigüedad, tales como las de Heracles, Empédocles, Alejandro Magno y Apolonio de Tiana. Todas siguen el mismo esquema arriba expuesto.

El Antiguo Testamento cuenta el arrebato de Elías descrito por su discípulo Eliseo (2 Re 2, 1-18) y hace una breve referencia a la ascensión de Henoc (Gen 5, 24). Es interesante observar cómo el libro eslavo de Henoc, escrito judío del siglo primero después de Cristo, describe la «Ascensión de Henoch»: «Después de haber hablado Henoc al pueblo, envió Dios una fuerte oscuridad sobre la tierra que envolvió a todos los hombres que estaban con Henoc. Y vinieron los ángeles y cogieron a Henoc y lo llevaron hasta lo más alto de los cielos. Dios lo recibió y lo colocó ante su rostro para siempre. Desapareció la oscuridad de la tierra y se hizo la luz. El pueblo asistió a todo pero no entendió cómo había sido arrebatado Henoc al cielo. Alabaron a Dios y volvieron a casa los que tales cosas habían presenciado».

Los paralelos entre la narración de Lucas y las demás narraciones saltan a la vista. No cabe duda de que el paso de Jesús del tiempo a la eternidad, de los hombres a Dios, está descrito según una historia de ocultamiento, forma literaria conocida y común en la antigüedad. No que Lucas haya imitado una historia de ocultamiento anterior a él. Hizo uso de un esquema y de un modelo narrativo que estaban a su disposición en aquel tiempo.

Nosotros hacemos lo mismo cuando en la catequesis empleamos el psicodrama, el teatro o aun el género novelístico para comunicar una verdad revelada y cristiana a nuestros oyentes de hoy. Al hacerlo nos movemos dentro de un esquema propio de cada género sin que con ello perdamos o deformemos la verdad cristiana que pretendemos comunicar o testimoniar. La Biblia está llena de recursos como éste. Nos alargaríamos si quisiéramos presentar más ejemplos. Existe una amplia literatura científica y de divulgación referente a este asunto. Como conclusión podemos mantener que la verdad dogmática de que «Cristo subió al cielo» (1 Pe 3,22) o que «fue exaltado a la gloria» (1 Tim 3, 16) fue historificada muy probablemente por el mismo Lucas.

¿Qué quiso decir Lucas con la ascensión?

Por qué historificó Lucas la verdad de la glorificación de Jesucristo junto a Dios? Analizando su evangelio descubrimos en él no sólo un gran teólogo sino también un escritor refinado que sabe crear la «punta» en una narración y sabe cómo comenzar y concluir de forma perfecta un libro. En ese sentido se entienden las dos narraciones de la ascensión, una al concluir el evangelio y otra abriendo los Hechos de los Apóstoles.

En cuanto conclusión del evangelio cobra una gran fuerza de expresión porque utiliza un género que se prestaba exactamente para exaltar el fin glorioso de un gran personaje. Jesús era mucho mayor que todos ellos pues era el mismo Hijo de Dios que retornaba al lugar del que había venido, el cielo. A eso le añade motivos más que destacan quién era Jesús: en el Evangelio lucano Jesús nunca había bendecido a los discípulos; ahora lo hace; nunca había sido adorado por ellos y ahora es adorado por vez primera. Queda así claro que con su subida al cielo la historia de Jesús alcanzó su plena perfección; con la ascensión los discípulos comprenden la dimensión y profundidad del acontecimiento.

Pero, ¿por qué se relata la ascensión dos veces y con formas diversas? En los Hechos, además de los motivos literarios presentes en el evangelio lucano, entran también motivos teológicos. Sabemos que la comunidad primitiva esperaba para pronto la venida del Cristo glorioso y el fin del mundo. En la liturgia recitaban con frecuencia la oración «Marana tha», ¡Ven Señor! Pero el fin no llegaba. Cuando Lucas escribió su evangelio y los Hechos, la comunidad y principalmente Lucas, se dan cuenta de ese retraso de la Parusía. Muchos fieles ya habían muerto y Pablo había extendido la misión Mediterráneo adelante. Esto exigía una aclaración teológica: ¿Por qué no ha llegado el fin? Lucas intenta dar una respuesta a esa cuestión angustiosa y frustradora.

Ya en su evangelio reelabora los pasajes que hablaban muy directamente de la próxima venida del Señor. Así, cuando el Jesús de Marcos dice ante el Sanedrín: «Veréis al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Poder y venir sobre las nubes del cielo» (14,62), Lucas hace decir a Jesús únicamente: «Desde ahora, el Hijo del Hombre estará a la derecha del poder de Dios» (22,69).

Para Lucas la venida de Cristo y el fin del mundo ya no son inminentes, aprendió la lección de la historia y ve en ello el designio de Dios. El tiempo que ahora se inaugura es el tiempo de la misión, de la Iglesia y de la historia de la Iglesia. Esa constatación, Lucas la pone en el frontispicio de los Hechos y se contiene igualmente en la narración de la ascensión de Jesús al cielo. Cristo no viene como esperaban; se va. Volverá otra vez un día, pero al fin de los tiempos.

El tema de Hch 1, 6-11 (la ascensión) es el problema de la parusía. Lucas intenta decir a sus lectores: el hecho de que Jesús haya resucitado no significa que la historia haya llegado a su fin y que la venida de Jesús en gloria sea inminente. Por el contrario, la pascua significa exactamente que Dios crea un espacio y un tiempo para que la Iglesia se desarrolle, partiendo de Jerusalén, Judea y Samaría, hasta los confines de la tierra. Por eso es erróneo quedarse ahí parado y mirar para el cielo. Sólo quien dé testimonio de Jesús ha entendido correctamente la pascua. Jesús vendrá. ¿Cuándo? Eso es asunto reservado a Dios. La tarea de los discípulos está en constituirse ahora en el mundo en cuanto Iglesia» (53-54). En otras palabras eso es lo que Lucas intentó con el relato de la ascensión en los Hechos.

Comparando las dos narraciones, la del evangelio con la de los Hechos, se perciben notables diferencias. Las nubes y los ángeles del relato de Hechos no aparecen en el evangelio. En éste, Jesús se despide con una bendición solemne; en los Hechos ésta falta totalmente. Las palabras de despedida en el evangelio y en Hechos difieren profundamente. Esas diferencias se comprenden porque Lucas no pretendía hacer el relato de un hecho histórico. Quiso enseñar una verdad, como ya dijimos arriba, y a tal fin debían servir los diversos motivos introducidos.

La verdad del relato no está en si hubo o no bendición, en si Jesús dijo o no dijo tal frase, si aparecieron o no dos ángeles o si los apóstoles estaban o no estaban en el monte de los Olivos mirando al cielo. Quien busque este tipo de verdad no busca la verdad de la fe, sino únicamente una verdad histórica que hasta un ateo puede constatar. El que quiera saber si la historia de la ascensión de Jesús al cielo es verdadera, y eso es lo que intenta saber nuestra fe, deberá preguntar: ¿Es cierta la interpretación teológica que Lucas da de la historia después de la resurrección? ¿Es verdad que Dios ha dejado un tiempo entre la resurrección y la parusía para la misión y para la Iglesia? ¿Es cierto que la Iglesia en razón de esto no debe sólo mirar hacia el cielo sino también hacia la tierra?

Pues bien, ahora estamos en mejor situación para responder de lo que estaban los contemporáneos de Lucas, pues tenemos detrás de nosotros una historia de casi dos mil años de cristianismo. Podemos con toda seguridad y toda fe decir: Lucas tenía la verdad. Su narración sobre la ascensión de Jesús a los cielos en Hechos, además de interpretar correctamente la historia de su tiempo, era una profecía para el futuro; y se realizó y todavía se está realizando. Jesucristo penetró en aquella dimensión que ni ojo vio ni oído oyó (cfr 1 Cor 2, 9). El, que durante su vida tuvo poco éxito y murió miserablemente en la cruz, fue constituido por la resurrección en Señor del mundo y de la historia. Sólo es invisible pero no es un ausente.

Lucas lo dice en el lenguaje de la época: «se elevó mientras ellos miraban, y una nube lo ocultó a sus ojos» (Hch 1, 9). Esa nube no es un fenómeno meteorológico; es el símbolo de la presencia misteriosa de Dios. Moisés en el Sinaí experimenta la proximidad divina dentro de una nube: «Cuando Moisés subía a la montaña las nubes envolvían toda la montaña; la gloria de Yahvé bajó sobre el monte Sinaí y las nubes lo cubrieron por seis días» (Ex 25, 15). Era la proximidad de Dios. Cuando el arca de la alianza fue entronizada en el templo de Salomón se dice que «una nube llenó la casa de Yavé Los sacerdotes no podían dedicarse al servicio a causa de la nube, pues la gloria de Yahvé llenaba toda la casa» (1 Re 8, 10). La nube por consiguiente significa que Dios o Jesús esta presente, aunque de forma misteriosa. No se le puede tocar y sin embargo está ahí, a la vez revelado y velado. La Iglesia es su signo-sacramento en el mundo, los sacramentos lo hacen visible bajo la fragilidad material de algunos signos, la Palabra le permite hablar en nuestra lengua invitando a los hombres a una adhesión a su mensaje que, una vez vivido, los llevará hacia aquella dimensión en la que él existe ahora, al cielo.

Todo esto está presente en la teología de la ascensión de Jesús al cielo. Esta es la verdad del relato que Lucas, hoy todavía, nos quiere transmitir, para que «nos postremos ante él, Jesús, y volvamos a nuestra Jerusalén llenos de una gran alegría» (cfr. Lc 24, 52).

martes, 20 de mayo de 2014

Engelbert Calling

Engelbert Humperdinck decidió hacer un álbum de duetos, dos discos con 23 temas. Hasta la fecha Humperdinck ha vendido más de 150 millones de copias de sus discos (64 de oro y 24 de platino) y su entrega más reciente fue un álbum doble de duetos, 'Engelbert Calling', con artistas como Elton John, Charles Aznavour, Johnny Mathis, Lulu, Willie Nelson, Olivia Newton-John, Cliff Richard, Smokey Robinson, Kenny Rogers, Neil Sedaka, Ron Sexsmith, Gene Simmons, y Dionne Warwick, entre otros.

Material gentileza de Jazz46
Para pedidos jazz46@redesdelsur.com

miércoles, 14 de mayo de 2014

Jazz and Floyd

Jazz And Floyd, el nuevo volumen de una saga que recorre el mundo y se ha establecido como signo de buen gusto y delicadeza.

Jazz And Floyd presenta lo más sobresaliente de los creadores de The Wall en imaginativas y cálidas versiones que combinan el más elegante jazz con la sofisticación de los mejores clubes neoyorquinos.

Jazz And Floyd consigue que clásicos como Another Brick In The Wall o Wish You Were Here adquieran nueva vida, hasta transformarse en una caricia a los sentidos Jazz And Floyd se convertirá, sin dudas, en otro gran favorito del público.

Material gentileza de Jazz46
Para pedidos jazz46@redesdelsur.com

Una mesa para todos - Jesús y la doble multiplicación de los panes (Primera Parte)


No es común que los evangelios cuenten milagros repetidos de Jesús. Al contrario, prefieren narrar hechos más bien diversos del Maestro, para mostrar la amplia variedad de poderes que tenía. Sin embargo hay un milagro extrañamente repetido en el evangelio de Marcos: el de la multiplicación de los panes. Dos veces cuenta el mismo hecho, y casi con los mismos detalles. En efecto, dos veces dice Marcos que: a) Jesús estaba a orillas del lago de Galilea; b) se reunió una gran multitud a su alrededor; c) después de un rato la gente sintió hambre; d) Jesús preguntó a sus discípulos dónde buscar comida; e) éstos dijeron que era imposible conseguirla; f) alguien ofreció unos panes y peces; g) Jesús hizo sentar a la gente en el suelo; h) tomó los panes, los bendijo y los repartió a la multitud; i) todos comieran hasta saciarse; j) sobraron varias canastas de pan (Mc 6,34-44 y 8,1-9). También Mateo cuenta las dos multiplicaciones. En cambio Lucas y Juan pensaron que era demasiado repetir dos veces lo mismo y prefirieron contar una sola, la primera.

Pero ¿Jesús multiplicó dos veces los panes? ¿Por qué lo hizo? ¿O los evangelios pretenden enseñarnos algo más con este milagro? Lo primero que hay que decir es que Jesús habría realizado una sola multiplicación de los panes, y no dos como cuentan los evangelios. Esto se ve en el hecho de que las dos narraciones son tan similares en el contenido, la forma y los detalles, que por momentos resultan prácticamente idénticas. Habría sido una casualidad increíble que durante el breve lapso de la vida pública de Jesús se hubieran producido dos circunstancias tan semejantes, y además con idénticos protagonistas. Pero hay otra razón que lleva a dudar de que hubo dos milagros. Y es que, en la segunda multiplicación de los panes, cuando Jesús invita a sus discípulos a dar de comer a la gente, ellos le dicen: “¿Cómo podría alguien dar suficiente pan a éstos, aquí en el desierto?” (Mc 8,4).

Si los discípulos ya habían presenciado la primera multiplicación, ¿cómo pueden hacer ese comentario? ¿Acaso no recordaban que Jesús había hecho un milagro semejante con anterioridad? Esta pregunta sin sentido demuestra que la segunda multiplicación de los panes fue escrita sin tener en cuenta que ya existía la primera. Por lo tanto, históricamente debió de haber existido un solo milagro de los panes, que posteriormente la comunidad cristiana desdobló en dos versiones, como si hubieran sido dos sucesos diferentes. ¿Por qué de un único acontecimiento los cristianos formaron dos? La respuesta a este enigma se encuentra en la gran importancia que este milagro adquirió en los primeros tiempos. Las comunidades cristianas lo empezaron a considerar quizás el más significativo de todos los milagros de Jesús, como se ve en el hecho de que es el único que aparece contado en los cuatro evangelios. Y esta importancia no se debía al hecho en sí (había otros más impresionantes, como la resurrección de Lázaro), sino a lo que el milagro simbolizaba: la Eucaristía.

En efecto, los primeros cristianos pronto vieron que la multiplicación de los panes era un anuncio de la futura Eucaristía que Jesús iba a celebrar al final de su vida, en la última cena. Al repartir aquel día en el desierto los panes, Jesús estaba invitando a todos los hombres a asistir a la otra mesa, la de la Eucaristía, donde Él iba a entregar otro pan: el pan de su propio cuerpo. Que el milagro de los panes era interpretado en ese tiempo como un anuncio de la Eucaristía se ve en el Cuarto evangelio, donde se dice que Jesús después de la multiplicación pide a la gente que no se quede con ese pan material, sino que busquen el otro pan, el que da la vida eterna (Jn 6,52-58). O sea que el relato de la multiplicación de los panes era un excelente medio para catequizar a la gente sobre la importancia de la Eucaristía. Pero el milagro tenía un inconveniente: Jesús lo había realizado en la orilla occidental del lago de Galilea, es decir, en territorio judío, y los destinatarios habían sido sólo judíos (Mc 6,32). De modo que parecía como si la invitación a participar de la Eucaristía fuera exclusiva para los judíos, y no para los demás pueblos.

Por eso cuando los primeros cristianos, poco después de morir Jesús, empezaron a predicar el Evangelio a los paganos, sintieron la necesidad de dejar en claro que también ellos estaban llamados a participar de la Eucaristía y a recibir el cuerpo de Jesús; que Jesús no había venido a salvar únicamente a los judíos sino también a los paganos. Y la forma que encontraron de hacerlo fue mediante la creación de un relato paralelo de la multiplicación de los panes, muy parecido al anterior, pero en vez de estar ubicado en la orilla occidental del lago de Galilea, situara a Jesús en la margen oriental (Mc 7,31), ya que el lado oriental del lago no era territorio judío sino pagano. De este modo, Jesús aparecía multiplicando los panes también a los extranjeros, e invitándolos a la Eucaristía.

Así se explica porqué actualmente existen en los evangelios dos relatos de la multiplicación de los panes. Y así también se entiende porqué, cuando los comparamos, los dos relatos tienen detalles muy diferentes. En efecto, si bien los que compusieron el segundo relato procuraron hacerlo muy parecido al original, añadieron también ciertas diferencias para que ambos pudieran transmitir su propio mensaje. Si ahora comparamos los dos relatos desde esta perspectiva, podremos entender mejor el sentido de las divergencias que hay entre uno y otro:

- La primera multiplicación, dirigida a los judíos, se hizo con 5 panes (Mc 6,38). Porque para los judíos el 5 era un número simbólico importante: representaba el Pentateuco (es decir, los cinco primeros libros de la Biblia), que contenían la Ley de Moisés, y que eran el alimento de su alma. Jesús, con los 5 panes, les dice que Él es el nuevo alimento que reemplaza la antigua Ley. La segunda multiplicación, dirigida a los paganos, se hace con 7 panes (Mc 8,5); porque según la creencia popular, existían en el mundo 70 paganas; su lista incluso aparece en la Biblia (Génesis 10). Por eso el 7 era el número más adecuado para representarlos.

- En la primera multiplicación comieron 5.000 personas (Mc 6,44). Es decir, 5 (número sagrado judío) por 1.000 (que significa “multitud”). O sea, la multitud del pueblo judío. En cambio en la segunda multiplicación comieron 4.000 personas (Mc 8,9). Es decir, 4 (número que representa los cuatro puntos cardinales de la tierra) por 1.000. O sea, la multitud de los pueblos de toda la tierra.

- En la primera multiplicación sobraron 12 canastas (Mc 6,43). Porque el número 12 aludía a las 12 tribus de Israel. En cambio en la segunda multiplicación sobraron 7 cestas (Mc 8,8). Porque el 7 aludía a las naciones paganas.

- El primer relato dice que la gente vino de las ciudades vecinas (Mc 6,33), porque representa al pueblo judío cercano a Jesús. El segundo relato dice que la gente vino “de lejos” (Mc 8,3), porque representa a las naciones paganas, alejadas del judaísmo.
- En el primer relato la gente sólo esperó un día para la multiplicación de los panes (Mc 6,35); esto indica la prontitud con la que el pueblo judío se benefició de la Eucaristía. En el segundo relato, la gente esperó tres días sin comer (Mc 8,2); se refiere al tercer día de la resurrección, después de la cual pudo llegar el Evangelio hasta los pueblos paganos.

En síntesis, Jesús realizó una sola multiplicación de los panes, a orillas del lago de Galilea, una tarde después de compartir la jornada de enseñanzas con los judíos de las regiones vecinas. Con el paso del tiempo, cuando los cristianos tomaron conciencia de que Jesús era el Mesías esperado, aquel milagro adquirió una enorme importancia, pues se convirtió en un anticipo de la celebración de la Eucaristía, y pasó a ser el anuncio de la “comida de salvación”, a la que asistían los creyentes para encontrarse con Jesús y adelantar la llegada del Reino de Dios. Cuando poco a poco el Evangelio empezó a predicarse a los paganos, se sintió la necesidad de invitarlos también a ellos a la Eucaristía. Entonces surgió la tradición de un segundo enfoque del milagro hecho por Jesús, esta vez en territorio pagano y dirigido a los paganos. Así se formaron dos relatos, casi idénticos en su forma y estructura, pero con detalles propios: uno dirigido al pueblo judío y otro al mundo pagano.

Fuente:
Revista Vida Pastoral
Editorial san Pablo
(Argentina)

Padre Carlos Mugica

Carlos Francisco Sergio Mugica nació el 7 de octubre de 1930, en la ciudad de Buenos Aires, siendo el tercer hijo de una numerosa familia compuesta por el matrimonio de Carmen Echagüe-hija de terratenientes adinerados de Buenos Aires y Adolfo Mugica-fundador del Partido Conservador por el cual fue diputado durante el período 1938-42 y, posteriormente, Ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno del Presidente Arturo Frondizi, en 1961. Conformaban la familia, seis hermanos más.

Cursó el ciclo primario en la escuela Cinco Esquinas (Libertad y Quintana), el secundario en Colegio Nacional Buenos Aires, donde por problemas de conducta debió rendir tercer y cuarto año en el Instituto Libre de Segunda Enseñanza. Ya en 1949 comienza en la Universidad de Buenos Aires sus estudios de Derecho (durante dos años) y, allí, entabla gran amistad con Roberto Guevara Lynch, uno de los cinco hermanos el Che” Guevara, con quien inició una amistad que se prolongaría con el tiempo y cuyo basamento más firme sería la admiración de ambos por el mítico guerrillero. Aproximándose el Año Santo, decide viajar con varios sacerdotes y con su íntimo amigo, Alejandro Mayol, a Europa donde comienza a madurar su idea de ingresar en el seminario, algo que concretará ya para 1952.

La primera obra que escribe este “cura rubio” es en noviembre de 1957, se trata del católico frente a los partidos políticos y la produce para la revista del Seminario. Su compromiso con los pobres se va acentuando y comienza a integrar grupos misioneros en diferentes puntos del interior del país. Tras ocho años de estudios, es ordenado sacerdote el 21 de diciembre de 1959. Acompañando a su antiguo párroco, ya obispo de Reconquista, al Chaco, descubre y vivencia el subdesarrollo y la pobreza en su máxima expresión. Ya de regreso en Buenos Aires, entre los años 1960 a 1963, estuvo cumpliendo funciones al servicio del Cardenal Antonio Caggiano, quien, a su vez, lo destinó como vicario cooperador a la parroquia Nuestra Señora del Socorro, en Barrio Norte, además de asesor de la Juventud de Acción Católica, en su ex colegio Nacional Buenos Aires y entre los universitarios de Medicina y Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. En la misma época fue solicitado por la escuela “Paulina de Mallinkrodt”, en la villa miseria del barrio de Retiro, para cumplir funciones de Capellán y, coincidentemente, comenzó a desempeñarse como profesor de Teología en la Universidad del Salvador, en las Facultades de Psicopedagogía y de Derecho.

Todo su entorno deseaba, para el padre Carlos, una vida acorde al nivel de la clase social a la cual pertenecía, transitando una carrera eclesiástica en constante ascenso, acompañada de las dignidades y cargos importantes correspondientes, en ese momento la amistad de su padre Adolfo con el entonces arzobispo de Buenos Aires, cardenal Antonio Caggiano. Sería el primer paso en ese rumbo. Así fue que para comienzos de 1960, el Cardenal le propone a un Carlos Mugica recién consagrado, desempeñarse como uno de sus secretarios en la curia.

Nuevamente este cura inquieto sorprendió a propios y ajenos comunicándole al cardenal su deseo de pasar un año junto al recién designado obispo de Reconquista, monseñor Iriarte, con quien cumplió tareas de evangelización en los conventillos de la ciudad, asegurando que, luego de cumplir con esa etapa de misiones rurales en el Chaco Santafecino no iba a tener inconvenientes en tomar el cargo que se le ofrecía. Para Carlos Mugica, su trabajo pastoral en esa región miserable iba a convertirse en la segunda experiencia determinante de su vida.

En el año 1967 había decidido interrumpir toda actividad por un año dirigiéndose a París para estudiar, en el Instituto Católico, Epistemología y Semiología, Doctrina social de la iglesia, y Comunicación social y Teología. Fue en París, donde Carlos Mugica tomó conocimiento por carta, de la existencia (es el Nacimiento del MSTM) del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y automáticamente envió su adhesión incondicional. También inició su colaboración en el Equipo Intervillas, fundado el 2 de agosto de 1968, mérito y dedicación del p Jorge Goñi, también “cura villero”.

Cuando Mugica regresa a la Argentina, se entera de su reemplazo en la capellanía de las religiosas de Mallinckrodt por el padre Julio Treviño. Simultáneamente, la parroquia San Martín de Tours, a cargo de sacerdotes asuncionistas decide abrir una capilla en la villa de Retiro (que era de su jurisdicción parroquial) y le ofrece al Padre Carlos su desempeño. Sin dudar, el Cardenal Caggiano lo confirma y comienza allí la obra con la gente de la villa. Sin demoras, y con la enorme ayuda económica de su hermano Alejandro, se levantó un salón multiuso, de ese modo, en el barrio Comunicaciones se levantó la capilla “Cristo Obrero” en la cual el Padre Mujica ejerció la máxima actividad pastoral entre sus “hermanos villeros”.

La ola de violencia que afectaba al país con el gobierno de facto del General Onganía, lo llevó a reflexionar sobre la violencia institucionalizada y la violencia revolucionaria. La postura de Mugica y su cercanía a miembros de la Organización Montoneros, tiempo atrás, además de una actitud, podría decirse, hasta ese momento, poco clara, sobre la violencia, lo llevaron también a la cárcel a Mugica. Además, el arzobispo Juan C. Aramburu, suspendió al Padre Carlos en sus licencias ministeriales por treinta días, noticia que a Mugica le llegó estando en prisión y a través de los diarios.

El padre Mugica, teniendo su lugar de trabajo en la Villa “Comunicaciones”, solía dormir, algunos días en la misma villa, otros en un cuarto que se había hecho construir en la terraza del edificio donde residían sus padres, contiguo a la vivienda del portero. La serie de inconvenientes y enfrentamientos con su arzobispo, por un lado lo motivaron a redoblar sus trabajos en favor de la gente de la villa, pero también lo hicieron reducir sus apariciones en los medios de comunicación.

Ya en 1974 Mugica terminó de escribir el texto de la “Misa para el Tercer Mundo”, lamentablemente, su disco grabado y editado por el sello RCA, con la colaboración del “Grupo Vocal Argentino” que musicalizó la obra con ritmos autóctonos, africanos y asiáticos, fue destruido por orden del Ministerio del Interior del Gobierno del Gral. Perón. También se multiplicaron las amenazas de muerte, la revista “Militancia”, perteneciente al peronismo de izquierda y dirigida por Ortega Peña y Luis Duhalde, actual Secretario de Derechos Humanos del gobierno argentino, ubicó al sacerdote, dentro de la publicación en la sección denominada “La cárcel del pueblo”. Este era un apartado editorial en el cual-semanalmente- ellos “encarcelaban” a quienes consideraban personajes representativos del “antipueblo”. Por otro lado, un órgano de prensa de la derecha peronista, dirigido por López Rega, denominado “El Caudillo”, le cuestionaba desde su ministerio sacerdotal hasta su servicio a los pobres preguntándose si estaba al servicio de los ellos o tenía a los pobre a su servicio. Finalmente llegó a acusarlo de “bolche”.

En medio de tantos acontecimientos llegó el día sábado 11 de mayo de 1974 y, siendo las ocho y cuarto de la noche, en momentos en que el padre Carlos Mugica se disponía a subir en su auto que se hallaba estacionado junto a la iglesia de San Francisco Solano, donde había celebrado misa, tal como venía haciéndolo cada semana, fue tiroteado por un individuo con bigotes achinados, que se bajó de un auto que se encontraba estacionado muy cerca del lugar. Este personaje (dicho por la prensa y reconocido personalmente por su hermana menor, Marta) sería Rodolfo Eduardo Almirón, jefe de la “nefasta” Triple A”. Cinco disparos de ametralladora le afectaron el abdomen y un pulmón. Cuentan que el tiro de gracia lo recibió en la espalda.

El Padre Vernazza, párroco y tan amigo y compañero de vivencias, salió de la iglesia al oír los disparos y corrió a darle la unción. Presurosamente fue trasladado al Hospital Salaberry donde, ya moribundo, alcanzó a exclamar a una enfermera: “Ahora más que nunca tenemos que estar junto al pueblo”. A las nueve de la noche, el doctor Avelino Vicente Dolico, certificó que las causas del fallecimiento habían sido heridas de bala de tórax y abdomen y hemorragia interna. En el espectacular y multitudinario entierro, los villeros que tanto lo querían llevaron a hombros desde la Villa de Retiro hasta el cementerio de La Recoleta, el féretro del “cura rubio”. Casi toda la prensa habló ese día del “Santo Villero”.

La Escarapela Argentina

Es uno de los símbolos nacionales de la Argentina, fue instituida por un decreto del 18 de febrero de 1812 del Primer Triunvirato, quien determinó que: "Sea la escarapela nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, de color blanco y azul celeste". El origen de los colores de la escarapela y las razones por las que fueron elegidos para simbolizar a la Patria no pueden establecerse con precisión.

Una versión dice que provenían de los colores borbónicos, de la casa de Fernando VII (Rey ausente de España). Esta versión tiene en cuenta que algunos sectores que apoyaban la creación de la Primera Junta, lo hacían como una forma de gobernar en nombre del rey depuesto. También se afirma que los colores blanco y celeste fueron adoptados por primera vez durante las Invasiones inglesas (1806-1807) por los Patricios, el primer cuerpo de milicia urbana del Río de la Plata y que luego empezaron a popularizarse entre los nativos. Se dice también que la escarapela argentina fue utilizada por primera vez por un grupo de damas de Buenos Aires al presentarse a una entrevista con el entonces coronel Cornelio Saavedra, jefe del Regimiento de Patricios, el 19 de mayo de 1810.

Durante las jornadas del 22 y 25 de mayo de 1810 se sabe que los "chisperos" o patriotas identificaban a los adherentes a la Revolución de Mayo otorgándoles unos cintillos, un manuscrito anónimo que cita el historiador Marfany expresa que el lunes 21 de mayo de 1810, los patriotas se identificaban con cintillos blancos en sus casacas y sombreros, en sus Memorias Curiosas Juan Manuel Beruti comenta el uso de un cintillo blanco en la casaca y en el sombrero una escarapela encarnada acompañada con un ramo de olivo a modo de penacho. Está documentado que cuando llegó a Mendoza -a mediados de junio de 1810- la noticia del nuevo gobierno, sus partidarios usaron cintas blancas en sus vestimentas, de esto fue testigo el funcionario español Faustino Ansay que para entonces residía en la ciudad de Mendoza.

Una misiva atribuida a Ramón Manuel de Pazos dice que el 21 de mayo de 1810 Domingo French y Antonio Luis Beruti repartían tales cintas blancas como signo de paz y unión entre los patriotas y los partidarios de España pero que ante la hostilidad de los segundos, el 30 de mayo comenzaron a repartirse cintas rojas como signo "jacobino", ambos colores fueron entonces los adoptados por el cabildo de Tarija al sumarse a la Revolución de Mayo.

Sólo Bartolomé Mitre dice que French "Entró en una de las tiendas de la Recova y tomó varias piezas de cintas blancas y celestes. Puso piquetes con orden de dejar entrar solo a los patriotas y hacerles poner el distintivo" de lo comentado mucho más tarde por Mitre es indiscutible -por varios testimonios- que en efecto los "chisperos" habían establecido piquetes en torno a las plazas de La Victoria y La Plaza Mayor (ambas hoy reunidas en la Plaza de Mayo) y que estos identificaban con cintillos a los participantes del movimiento, pero es probable que Mitre -quien fue uno de los integrantes del que luego se llamaría partido unitario- añadiera en el texto lo del cintillo celeste (es llamativo que no dijera azul) ya que el celeste fue (junto con el verde) uno de los dos colores emblemáticos de los llamados unitarios. Si bien consta que en marzo de 1811 la Sociedad Patriótica, creada por los allegados a Mariano Moreno usaban cintillos blancos y azul-celestes.

Lo cierto es que el 13 de febrero de 1812, Manuel Belgrano, mediante una nota, solicitó al Triunvirato que se establezca el uso de la escarapela nacional bicolor: azul-celeste y blanco, Belgrano debió omitir el color rojo ya que como él lo expresara por escrito las tropas españolas y proespañolas lo estaban usando en sus emblemas. Manuel Belgrano vio el cielo celeste y las nubes blancas, y en esto se inspiró para crear la Bandera nacional. Se fundaba en que los cuerpos del ejército usaban escarapelas de distintos colores y que era necesario uniformarlos a todos, puesto que defendían la misma causa. El 18 de febrero de ese año, el Gobierno resolvió reconocer la Escarapela Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata con los colores blanco y azul celeste.

Entusiasmado con la medida, Belgrano diseñó una bandera con los mismos colores y la hizo jurar el 27 de febrero. Ese mismo día, el Triunvirato ordenó a Belgrano hacerse cargo del Ejército del Norte, desmoralizado después de la derrota de Guaqui a manos del general Goyeneche, leal al Rey de España. El general emprendió la marcha al norte de inmediato y, por esta razón, no se enteró del rotundo rechazo del gobierno a la nueva bandera

Ese 27 de febrero de 1812 Belgrano inauguró la batería Independencia e informó al Gobierno: "Siendo preciso enarbolar la bandera, y no teniéndola, la mandé hacer celeste y blanca, conforme a los colores de la escarapela nacional...”