miércoles, 19 de septiembre de 2018

¿PUEDE APARECERSE LA VIRGEN?-Primera Parte

De vez en cuando los diarios y las revistas dan la noticia de que la Virgen María se apareció en alguna parte del mundo, y que reveló ciertos mensajes a la persona que tuvo la suerte de verla. Unos reaccionan de una manera incrédula. Otros las admiten como ciertas. Y algunos les dan tal importancia, que las equiparan casi a las Sagradas Escrituras y las convierten en el centro de su espiritualidad y de su reflexión. Ante todo, y para evitar confusiones, debemos distinguir dos tipos de “revelaciones”: LA PÚBLICA Y LA PRIVADALa REVELACIÓN PÚBLICA es la que Dios hizo al pueblo de Israel durante su historia. Comenzó a revelar su Palabra a Abraham (según la tradición, hacia el año 1800 a.C.) y terminó con la muerte de Jesucristo y de sus apóstoles (alrededor del año 100 d.C.). Es decir, duró 1900 años, y ya ha terminado. Actualmente, esa revelación está recogida en la Biblia, y se la considera obligatoria e imprescindible para la vida y la salvación de cualquier creyente. Sin conocer estos mensajes, nadie puede decir seriamente que es cristiano. La SEGUNDA REVELACIÓN, LA PRIVADA, ocurre cuando Dios, la Virgen o algún santo se aparecen a alguien y le dan a conocer un nuevo mensaje. ¿Qué valor tienen estas revelaciones privadas? La Iglesia enseña dos cosas sobre ellas: a) que sólo el Papa o los obispos pueden aceptar oficialmente el culto nacido de la aparición de la Virgen; b) que aunque una devoción sea aprobada por la Iglesia, los mensajes que la acompañan nunca son obligatorios; uno puede rechazarlos y negarse a aceptarlos. Las apariciones de la Virgen surgieron ya en los primeros siglos de la Iglesia, pero fue a partir del siglo XIX cuando se dieron las grandes manifestaciones: en 1803 la MEDALLA MILAGROSA; en 1846 NTRA. SRA. DE LA SALETTE; en 1858 NTRA. SRA. DE LOURDES; en 1917 NTRA. SRA. DE FÁTIMA.

Junto con estas devociones, que se extendieron rápidamente por todas partes, se propagó también, aunque quizás de buena fe, el afán de videncia y de lo sobrenatural. Y entre 1928 y 1975 se registraron 255 apariciones de la Virgen en distintas partes del mundo. Italia fue el lugar más prolífico (83). Le siguieron Francia (30), Alemania (20) y Bélgica (17). Desde 1975 las apariciones de la Virgen, lejos de disminuir, aumentaron en forma considerable, así como las personas que se presentan anunciando mensajes y revelaciones de ella. Ahora bien, ¿qué actitud deben tomar los cristianos frente a un mensaje supuestamente revelado por María? En los casos en que la Iglesia no se pronuncia oficialmente (es decir, el 95 % de las veces, ya que conserva una extrema prudencia), ¿podemos nosotros averiguar si una determinada visión tiene cierta seriedad, o es mera sugestión del vidente? No solamente podemos, sino que debemos hacerlos. El Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica dice al respecto: “A lo largo de los siglos hubo revelaciones llamadas privadas, algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia. Sin embargo, no pertenecen al depósito de la fe. Guiados por el Magisterio de la Iglesia, los fieles deben discernir y acoger lo que en estas revelaciones constituye una llamada auténtica de Cristo o de sus santos a la Iglesia” (Nº 67).

El Catecismo, pues, advierte dos cosas: a) que no todos esos mensajes vienen necesariamente de Dios; b) que son los fieles quienes deben aprender a discernir cuáles son auténticos y cuáles no. Pero, ¿cómo saber si una revelación es auténtica? ¿Existe alguna regla práctica que pueda aplicarse? Sí, existe. Pero antes de enunciarla debemos hacer tres aclaraciones. La primera, y siguiendo en esto a las Sagradas Escrituras, es que jamás la Virgen María SE APARECIÓ A NADIE, NI PODRÁ APARECERSE A NINGÚN SER HUMANO EN ESTE MUNDO. NO EXISTEN LAS APARICIONES DE LA VIRGEN. ¿POR QUÉ NO? PORQUE LA VIRGEN MARÍA HA MUERTO. Y según la Biblia, los muertos no pueden aparecerse nunca a nadie. Quien ha partido de este mundo a la otra vida, al más allá, no puede regresar, ni entrar en contacto físico, ni en comunicación sensible con los vivos (Sal 39,14; Job 10,21-22; 2 Sm 14,14; 12,22-23; Dn 12,2; 2 Mac 7,9; 7,36; Sab 16,14; Lc 16,19-31).

El mundo de los vivos y el de los muertos que resucitaron son de dos especies distintas. Y mientras vivamos en la tierra jamás podremos ver, ni oír, ni palpar a éstos, pues no tienen ya un cuerpo físico como el nuestro. Por eso la Biblia condena severamente todo intento de comunicación con los muertos (Lv 19,31; 20,6), dice que es algo abominable para Dios (Dt 18,11-12), y hasta decretaba la pena de muerte para quien lo hiciera (Lv 20,27). Dios no aprueba, los intentos de comunicación física o sensible con el más allá. La única excepción fue la de Jesús resucitado, que pudo aparecerse a sus apóstoles porque aún no se había ido al más allá. Pero luego de 40 días subió a los cielos y ya no se apareció más en la tierra. La Biblia afirma que sólo aparecerá por segunda vez al final de los tiempos (Hch 1,11; Jn 14,1-3; Hb 9,28).

¿Entonces cómo debemos tomar los fenómenos marianos llamados “APARICIONES”? Para explicarlos, debemos distinguir entre “APARICIÓN” Y “VISIÓN”. Una “APARICIÓN” es un hecho objetivo, que se produce fuera de nosotros, que no depende de quien lo capta sino de quien se presenta. Pongamos un ejemplo. Si se reúne un grupo de personas en una habitación, y de pronto entra alguien por la puerta, todos lo verán. Esa es una “APARICIÓN”. Si, en cambio, en ese mismo grupo alguien comienza a decir: “¡Veo a la Virgen, veo a la Virgen!”, y nadie más que esa persona la percibe, se trata de una “VISIÓN”, no de una “APARICIÓN”. Para que sea una “APARICIÓN” debe producirse fuera de la persona, y ser captada por todos. Todos los fenómenos marianos que se han dado en la historia, han sido siempre “VISIONES”, no “APARICIONES”.

En el de LOURDES, por ejemplo, la única en “ver” a la Virgen fue la pequeña BERNADETTE. En el de FÁTIMA o de LA SALETTE, a pesar de los muchos testigos, sólo los pastorcitos “vieron” a la Señora. No fueron, “APARICIONES”. Incluso las miles de personas que el 13 de octubre de 1917, último día de las manifestaciones de FÁTIMA, notaron cómo el sol giraba alocadamente en el cielo cual si fuera una bola de fuego, no contemplaron un hecho real sino una “VISIÓN”, aunque de tipo colectiva. En primer lugar, porque en los países vecinos, que estaban alumbrados en ese momento por el mismo sol, no lo vieron girar. Y además, porque de haber girado nuestro sistema solar se habría desencajado y habría saltado hecho trizasNo debemos pensar que por tratarse de “VISIONES”, sean necesariamente delirios o desvaríos. Puede suceder que, en ciertas ocasiones, Dios toque la retina, o la sugestión, o la imaginación de una persona y le permita tener una experiencia divina cierta. Pero no deja de ser una “VISIÓN”. Ya el papa BENEDICTO XIV, en 1738, pedía que no se hablara más de “APARICIONES” de la Virgen, sino de “VISIONES”.

Ariel Alvarez Valdés
Biblista

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