miércoles, 6 de marzo de 2019

QUÉ DICE LA IGLESIA SOBRE LA MUJER


La mujer es para la Iglesia un referente, teniendo a María como ejemplo. En el Día Internacional de la Mujer, repasamos lo que han dicho los tres últimos Papas sobre el papel de la mujer en la sociedad.

“La devoción a María no es una cortesía espiritual, es una exigencia de la vida cristiana. Contemplando a la Madre nos sentimos animados a soltar tantos pesos inútiles y a encontrar lo que verdaderamente cuenta.

El don de la Madre, el don de toda madre y de toda mujer es muy valioso para la Iglesia, que es madre y mujer. Y mientras el hombre frecuentemente abstrae, afirma e impone ideas; la mujer, la madre, sabe custodiar, unir en el corazón, vivificar.

Para que la fe no se reduzca sólo a ser idea o doctrina, todos necesitamos tener un corazón de madre, que sepa custodiar la ternura de Dios y escuchar los latidos del hombre.

No se puede entender una Iglesia sin mujeres. Pero mujeres activas en la Iglesia, con su perfil, que vayan adelante. En la Iglesia hay que pensar en la mujer en esta perspectiva de decisiones arriesgadas, pero como mujer.

Creo que todavía no hemos hecho una profunda teología de la mujer en la Iglesia. Sólo un poco de esto y de lo otro: lee la lectura, mujeres monaguillo, es la presidenta de Cáritas…Pero hay más. Hay que hacer una profunda Teología de la mujer.

La mujer tiene una especial sensibilidad por las ‘cosas de Dios’, en especial para ayudarnos a comprender la misericordia, la ternura y el amor que Dios tiene para nosotros” (Papa Francisco)

“Hay lugares y culturas donde la mujer es discriminada o subestimada por el solo hecho de ser mujer, donde se recurre incluso a argumentos religiosos y a presiones familiares, sociales y culturales para sostener la desigualdad de los sexos, donde se perpetran actos de violencia contra la mujer, convirtiéndola en objeto de maltratos y de explotación en la publicidad y en la industria del consumo y de la diversión” (Papa Benedicto XVI)

“Dar gracias al Señor por su designio sobre la vocación y la misión de la mujer en el mundo se convierte en un agradecimiento concreto y directo a las mujeres, a cada mujer, por lo que representan en la vida de la humanidad.

Te doy gracias, mujer-madre, que te conviertes en seno del ser humano con la alegría y los dolores de parto de una experiencia única, la cual te hace sonrisa de Dios para el niño que viene a la luz y te hace guía de sus primeros pasos, apoyo de su crecimiento, punto de referencia en el posterior camino de la vida.

Te doy gracias, mujer-esposa, que unes irrevocablemente tu destino al de un hombre, mediante una relación de recíproca entrega, al servicio de la comunión y de la vida.

Te doy gracias, mujer-hija y mujer-hermana, que aportas al núcleo familiar y también al conjunto de la vida social las riquezas de tu sensibilidad, intuición, generosidad y constancia.

Te doy gracias, mujer-trabajadora, que participas en todos los ámbitos de la vida social, económica, cultural, artística y política, mediante la indispensable aportación que das a la elaboración de una cultura capaz de conciliar razón y sentimiento, a una concepción de la vida siempre abierta al sentido del « misterio », a la edificación de estructuras económicas y políticas más ricas de humanidad.

Te doy gracias, mujer-consagrada, que a ejemplo de la más grande de las mujeres, la Madre de Cristo, Verbo encarnado, te abres con docilidad y fidelidad al amor de Dios, ayudando a la Iglesia y a toda la humanidad a vivir para Dios una respuesta « esponsal », que expresa maravillosamente la comunión que El quiere establecer con su criatura.

Te doy gracias, mujer, ¡por el hecho mismo de ser mujer! Con la intuición propia de tu femineidad enriqueces la comprensión del mundo y contribuyes a la plena verdad de las relaciones humanas” (Papa San Juan Pablo II)

MARÍA Y LA CUARESMA


De la misma manera que el antiguo pueblo de Israel marchó durante cuarenta años por el desierto para poder ingresar a la Tierra Prometida, la Iglesia, Nuevo Pueblo de Dios, se prepara para vivir y celebrar la Pascua del Señor. A este Tiempo litúrgico que comienza con el primer domingo de Cuaresma y culmina con la celebración del misterio pascual.

Un camino de penitencia y arrepentimiento, una época de transformación interior del hombre, como hombre y como cristiano, un cristiano que aguarda celebrar aquel acontecimiento, que es el baluarte de su fe, el vencimiento del pecado, la derrota de la muerte, el triunfo de Nuestro Señor Jesucristo sobre el maligno.

En este camino que nos prepara para acoger el misterio pascual del Señor, no puede estar ausente su Madre. María está presente durante la Cuaresma, pero lo está de manera silenciosa, oculta, sin hacerse notar, como premisa y modelo de la actitud que debemos asumir.

Durante este tiempo de Cuaresma, es el mismo Señor Jesús quien nos señala a su Madre. Él nos la propone como modelo perfecto de acogida a la Palabra de Dios. María es verdaderamente dichosa porque escucha la Palabra de Dios y la cumple.

La vida cristiana no es otra cosa que hacer eco en la propia existencia de aquel dinamismo bautismal, que nos selló para siempre: morir al pecado para nacer a una vida nueva en Jesús, el Hijo de María. Esa es la elección del cristiano: la elección radical, coherente y comprometida, desde la propia libertad, que nos conduce al encuentro con Aquel que es Camino, Verdad y Vida encuentro que nos hace auténticamente libres y nos manifiesta la plenitud de nuestra humanidad.

Todo esto supone una verdadera renovación interior, un despojarse del hombre viejo para revestirse del Señor Jesús. En palabras de Pablo VI: “Solamente podemos llegar al reino de Cristo a través de la conversión, es decir, de aquel íntimo cambio de todo el hombre –de su manera de pensar, juzgar y actuar– impulsados por la santidad y el amor de Dios, tal como se nos ha manifestado a nosotros este amor en Cristo y se nos ha dado plenamente en la etapa final de la historia”.

Estos días cuaresmales nos invitan de manera apremiante al ejercicio de la caridad; si deseamos llegar a la Pascua santificados en nuestro ser, debemos poner un interés especialísimo en la adquisición de esta virtud, que contiene en sí a las demás y cubre multitud de pecados.

Teniendo como ejemplo a la madre del salvador, escuela de virtudes y de santidad, a aquella que enseñó al mismo Jesucristo a humanamente amar, pidámosle que nos enseñe la caridad, es ella la que nos puede llevara a la transformación de nuestra existencia para que esta desborde caridad para con los que nos rodean.

Esta es la gran aventura de ser cristiano, a la cual todo hijo de María está invitado. Camino que no está libre de dificultades y tropiezos, pero que vale la pena emprender, pues sólo así el ser humano da respuesta a sus anhelos más profundos, y encuentra su propia felicidad.

En el camino cuaresmal, la figura de María aparece con sobriedad, con discreción, con sigilo, casi de puntillas. El centro de la cuaresma es la profesión bautismal y los compromisos que ella supone. En definitiva, el centro cuaresmal es la preparación a la pascua. En el camino, está María, como una creyente más, pero como creyente significativa. No es un adorno cuaresmal. Es un modelo. Ella ha recorrido también ese camino. Como lo recorrió su Hijo, como lo tiene que recorrer cualquiera que sea seguidor de Cristo.

Por ello la Cuaresma es también tiempo oportuno para crecer en nuestro amor filial a Aquella que al pie de la Cruz nos entregó a su Hijo, y se entregó Ella misma con Él, por nuestra salvación. Este amor filial lo podemos expresar durante la Cuaresma impulsando ciertas devociones marianas propias de este tiempo: “Los siete dolores de Santa María Virgen”; la devoción a “Nuestra Señora, la Virgen de los Dolores”; y el rezo del Santo Rosario, especialmente los misterios de dolor.

Después de haber dicho todo esto, no me queda más que terminar con las palabras de San Juan Pablo II:

“Que en este exigente camino espiritual nos apoye la Virgen, Madre de Dios. Que nos haga dóciles a la escucha de la palabra de Dios, que nos empuja a la conversión personal y a la fraterna reconciliación. Que María nos guíe hacia el encuentro con Cristo en el misterio pascual de su muerte y resurrección.”

LA TRÁGICA HISTORIA DE LAS CHICAS DEL RADIO

No nos referimos aquí a la radio usada para transmitir sonidos, sino al elemento radioactivo. Las “CHICAS DEL RADIO” fueron un grupo de trabajadoras industriales en los Estados Unidos que tuvieron que experimentar de primera mano los nefastos efectos de la radiación en el cuerpo humano. La historia ocurrió en tiempos de la Primera Guerra Mundial cuando una empresa comenzó a producir radio de manera industrial por sus propiedades luminosas.

Era un gran negocio, pues podía usarse para pintar relojes que luego se vendían a los soldados y así estos no tenían problema para saber la hora en la noche. La US RADIUM CORPORATION contrató 70 mujeres para trabajar en su fábrica, con la misión casi exclusiva de terminar los relojes pintando de radios sus manecillas. Lamentablemente para ellas, sus pinceles perdían rápidamente la punta y por esta razón los dueños de la empresa les habían indicado que debían lamerlos o presionarlos con los labios para que volvieran a funcionar. Al ingresar, muchas mujeres habían preguntado los peligros potenciales del radio y se les había indicado que no había ninguno, por lo que jugaban con él e incluso lo usaban para pintarse la ropa o la cara en los descansos.

Pero el asunto no era de ignorancia. Los dueños de la empresa, así como algunos empleados de alto nivel, conocían a fondo los peligros de la radiación y evitaban a toda costa el contacto con el material, usando barreras protectoras y otro tipo de objetos. Las trabajadoras, sin embargo, estaban en contacto constante con el radio. Afortunadamente para nosotros vivimos en una época en la que la radiación parece ser un evento del pasado. Aún los desastres recientes, como Fukushima, afectaron una población relativamente pequeña y no tuvieron mayor impacto en las densas ciudades japonesas.

Salvo por casos aislados, la radiación no es el peligro que fue hacia mediados del siglo XX. Sin embargo, sigue siendo temida. Quienes han vivido envenenamiento por radiación (como el espía ruso ALEKSANDR LITVINENKO) son prueba de que hay pocos destinos más horribles y muertes más desesperanzadoras. Si actualmente el asunto nos preocupa menos esto se debe principalmente al hecho de que la energía nuclear ha sido sustituida por otras alternativas, así como al final de la Guerra Fría y, por lo tanto, de los temores de un ataque nuclear a gran escala. En 1920 apenas si se estaba comenzando a entender el funcionamiento de la radiación, pero ya se sabía que era peligrosa. El radio, al ser un material radioactivo, debe ser manipulado con cuidado, algo de lo que eran conscientes las directivas de la empresa.

Las enfermedades pronto comenzaron a cobrar su cuota entre los empleados (principalmente mujeres) de la US RADIUM CORPORATION. Todo comenzó con casos de anemia y fue empeorando gradualmente, terminando en necrosis de la mandíbula (un efecto conocido de varias sustancias radioactivas). Originalmente, por petición de la empresa, los médicos y odontólogos de las mujeres mantuvieron la información sobre su enfermedad privada, llegando incluso a afirmar que habían muerto de sífilis (una manera de minar su legitimidad).

Al final, sin embargo, las pocas supervivientes lograron ganar una batalla legal con la empresa, obligándola a pagar tratamiento médico y una indemnización de por vida. No les serviría de mucho. Las mujeres morirían poco después. Sin embargo, su caso legal las convirtió en celebridades y dejó claro, al menos en los Estados Unidos, que una empresa sería responsable de cualquier daño que sufrieran sus empleados, en particular si ocurría mientras ejecutaban sus labores. En total fueron 5 las mujeres que dirigieron la batalla legal: GRACE FRYER, EDNA HUSSMAN, KATHERINE SCHAUB, AND SISTERS QUINTA MCDONALD Y ALBINA LARICE. Serían ellas quienes vendrían a conocerse como las “CHICAS DEL RADIO”.

DIOS COMUNICADOR SOCIAL Y EL HOMBRE


Decididamente no podremos encontrar una persona más estudiada y escudriñada que Jesús, ya sea en su carácter divino como en su carácter humano. Jesús siempre muestra un aspecto multifacético que despierta la mirada afectiva y respetuosa, pero también la crítica virulenta de quienes lo acusan de impostor o dudan de su existencia. Jesús MAGNETIZA. VENDE. ATRAE. Jesús despierta amor inclaudicable en algunos pero también odio y rechazo en otros. Jesús presta su divinidad y su humanidad para múltiples objetivos. Con su imagen lacerada se puede lograr un primoroso vitral o estampar una remera de calidad dudosa, «MADE IN CHINA».

La «comunicación social» como término se comenzó a generar, desde los años ´60, en los documentos conciliares y pontificios de la Iglesia Católica para referenciar la finalidad de los que hasta ese momento eran llamados MASS MEDIA o, en castellano, MEDIOS MASIVOS. Ante las variadas definiciones de «comunicación social» precedentes, podría inferirse que Jesús quedaría no incluido por el concepto, siendo un comunicador a secas. Parecería que el encuadre no es para él, que no lo contiene. Pero nos preguntamos: ¿habría alguna otra definición más apropiada para su rol? ¿Se nos pasó por alto alguna expresión más exacta? ¿Nos alcanza con un Jesús comunicador sin más adjetivación

Claramente esto último no nos satisface, percibimos que la misión de Jesucristo ha trascendido la mera comunicación. Y que tal vez sea momento de darle a la comunicación social una nueva arista o, al menos, la posibilidad de ampliar su marco de contención. O que es posible reformular la definición. La comunicación es innata en los seres humanos y forma parte del fenómeno que permite que nuestra especie viva y perdure, maravillosamente a veces, miserablemente otras, pero siempre con esa pulsión de vida que le permite crecer y trascender. Desde esta base, podemos avanzar en un nuevo enunciado y prescindir de lo que serían los medios masivos como integrante de la fórmula que la define.

Establecer que la comunicación social es también participación, personalización y, esencialmente, comunión entre dos o más seres humanos los que, buscando a través de mensajes doctrinarios un fin común o una superación, se vinculan y retroalimentan. Jesús, defendiendo de los fariseos a sus discípulos los que habían arrancado espigas de trigo para comer en sábado (día de absoluta prohibición para toda actividad), les señala a estos religiosos lo que deviene en una ley dictada por el sentido común: “El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo” (Mc 2:27).

Parafraseando esto, podemos alegar que los medios de comunicación fueron hechos para el hombre y no viceversa. Por ende, privilegiando la interrelación humana de la comunicación y destacando el hecho social de la misma es que incorporamos a Jesús a la categoría de «comunicador social» Un término que consideramos abarcativo e insuperado para definir la actividad que llevó a cabo hace más de dos mil años. Nos parece más útil y esclarecedor analizar los movimientos de Jesús en lo que a transmisión de mensajes se refiere. El aporte será utilizar los múltiples conocimientos sociales contemporáneos y aplicarlos sobre los movimientos de Jesús en su breve y fundacional etapa pública.

La misión de Jesús, es precisamente transmitir el mensaje del nuevo pacto entre Dios y su creación humana, la que necesita redención para no perderse. Si Dios es el Verbo (del latín verbum, «palabra»), es imposible pensar que su hijo pueda carecer del bagaje expresivo necesario para plantear los pormenores de la nueva alianza y su extensión a todos los seres humanos. Porque, ¿cómo ser el mediador único y reconocido de toda comunicación entre el hombre y Dios, sin tener virtudes de comunicador? Él habló la lengua del pueblo de su tiempo. Se hizo entender con todos los recursos del lenguaje. Entró en la cotidianidad de las personas, sin separar lo sagrado de lo profano, venciendo muchos prejuicios. (…) En primer lugar, Jesús manifiesta la importancia de las actitudes vitales profundas para propiciar la comunicación.

Se sitúa en medio de su pueblo y de su historia, se adapta a su cultura y lenguajes; en una palabra, se encarna con una cercanía vital. Su lenguaje es directo y situado.Parte del lenguaje de la vida cotidiana, sin rebuscadas abstracciones teóricas, y estimula la reflexión con base en situaciones concretas o parábolas que cristalizan la experiencia común. (Lc 15:2; 15:7; Mt 13:44). Pero, aunque inserto en una cultura, interpela a todo hombre que viene a este mundo (Jn 1,9). En efecto, a pesar de su cercanía a Israel, trasciende los condicionamientos particulares de su cultura y, hablándole a su propio pueblo, habla también a todos los pueblos de todos los tiempos.