martes, 12 de agosto de 2008

Crisol de Razas

EL ALFA Y LA OMEGA
Martes 12.08.2008
Editorial - Programa Nº 349

Jesús les dijo: “Yo soy el pan de vida, el que viene a mi, jamás tendrá hambre, el que cree en mi jamás tendrá sed. Pero ya les he dicho ustedes me han visto y sin embargo no creen. Todo lo que me da el padre viene a mí y al que venga a mi, yo no lo rechazare, porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la de aquel que me envió”.

Esta hermosa palabra que podemos compartir del Evangelio de Juan nos habla de la maravilla del pan de vida, de este Jesús que se nos ofrece desinteresada y gratuitamente a los hombres, de este pan que a veces parece escasearnos en la vida de todos los días, en la vida de una Latinoamérica permanentemente encendida, un crisol de razas, una intensidad de pieles que a veces parece hacernos distintos, pero que nos iguala y que nos hermana al compartir un Padre nuestro y ser hijos de un mismo padre.

Diferencias que se arrastran a través de 500 años de la llegada del europeo a estas tierras, para bien y para no tan bien. Una América negra, una América gringa, una América cargada de mixturas que nos hace parte de un mosaico cultural enormemente rico, pero que a través del tiempo hemos siempre padecido esta intensidad de sometimiento a lo que nos han llevado grandes poderes mundiales y también nuestras propias tonterías, nuestras propias corrupciones, nuestras propias miserias.

Se ha celebrado, este pasado fin de semana en el corazón de América ahí a mitad de camino del Caribe y de la Patagonia profunda, allí en el altiplano en Bolivia, una ratificación, o rectificación si hubiera sido el caso, de los mandatos populares elegidos por el pueblo. Elecciones que ratificaron, con un porcentaje bastante importante, la actuación del gobierno de aquel país, de la hermana república de Bolivia, donde tantos hermanos de aquella tierra viven compartiendo nuestra realidad en la argentina y tantos otros lugares. Pueblo trabajador el boliviano, si los hay. Y quería traer a cuento esto de las grandes diferencias.

¿Que los diferencia a los bolivianos del altiplano, de los bolivianos del este, de la Bolivia gringa, de la Bolivia rica del petróleo y de los campos de sembradío que tiene la zona de Santa Cruz, por ejemplo? ¿Que los diferencia? ¿Que nos diferencia a la gente de nuestro profundo interior con la gente de los puertos? ¿Que nos diferencia, en cuanto a nuestros derechos, tener la piel oscura o ser castaño o rubio como muchos de los llegados de los barcos?

Dios nos hizo únicos y diferentes a cada uno de nosotros, hayamos nacido a 4.000 metros de altura o al nivel del mar, con todas las posibilidades de haber nacido en una familia pudiente o haber nacido en el lugar más humilde. Estas elecciones, mas allá de los resultados que tal vez no interesan mucho para la editorial que propongo y que intento que me ayude a reflexionar, me hace pensar en que en aquellos que quieren segregar, que quieren separar, que quieren distinguir, que quieren trazar una línea entre los de acá y los de allá, entre ricos y pobres, entre negros y blancos entre inteligentes he ignorantes.

Todos somos hijos de Dios, todos hemos nacido de la misma forma y tenemos absolutamente los mismos derechos. Y esto nos invita a la reflexión a cada uno de nuestros países latinoamericanos, porque pasa en Venezuela, porque pasa en Bolivia, pasa en Perú, nos pasa en la Argentina. ¿Cuando vamos a empezar a trabajar todos juntos? ¿Cuando vamos a hacer una Patria Latinoamericana grande? ¿Cuando vamos a ser hermanos para construir un mundo mejor?

Y que mejor que reflexionar y pensar que también, mas cerca del Caribe allá en las costas del pacifico, en ese Ecuador que es el centro del mundo también, se reunieron los obispos, sacerdotes y laicos trabajando en este Tercer Congreso Misionero Latinoamericano - CAM 3, en esta América misionera que busca llegar con el mensaje de Jesús, mensaje de unión, de hermandad, de igualdad para que todos podamos gozar de los mismos derechos, para que todos seamos ciudadanos de primera, para que nadie tenga porque hacer privilegio de su condición. Todos somos iguales, en el lugar que nos haya tocado nacer y en la condición en la que estemos. Todos somos hijos de Dios, singulares, únicos e irrepetibles, creados a imagen y semejanza de ese padre que nos ama.

Carlos Guzmán
Coordinador de Contenidos
Programa Radial
EL ALFA Y LA OMEGA

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