🎙️ EL ALFA Y LA OMEGA | 10.06.2026

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LA SANTA VEHME

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La SANTA VEHME era una sociedad secreta medieval, perduró hasta el S. XIX y sus métodos estaban pensados para tocar los miedos profundos del pueblo. Los orígenes de la SANTA VEHME estån envueltos en leyenda. Se cree que Carlomagno, tras su victoria sobre los sajones y su intento de cristianizarlos, encontró unos rebeldes incontrolables que le causaban muchos inconvenientes, sobre todo el duque sajón Widukind.

Se dice que este gobernante enviĂł un emisario al Papa LeĂłn III para pedirle consejo sobre estos paganos insurrectos. El Papa no le respondiĂł, fue al jardĂ­n, cortĂł las malas hierbas y las colgĂł para secarlas. El emisario contĂł a Carlomagno lo visto y Ă©ste lo interpretĂł a su manera creando en el 772 la SANTA VEHME, tambiĂ©n conocida como “LOS TRIBUNALES SECRETOS DE WESTFALIA” por ser donde comenzaron su “sagrada misiĂłn”.

Carlomagno les dio el llamado “poder sobre la vida y la muerte”, es decir, la capacidad de ejecutar libremente a quien consideraran culpable de delito. Alemania se llenĂł de temor hacia los espĂ­as y secretos verdugos que podĂ­an ser cualquiera de sus vecinos. BĂĄsicamente se castigaba la falta hacia los diez mandamientos, la moralidad o la patria y con la pena mĂĄxima, es decir, la muerte para asĂ­ sembrar el terror.

Funcionaban como una sociedad secreta, con sus rituales y pruebas de iniciaciĂłn, sus secretos y cĂłdigos que sĂłlo entendĂ­an entre ellos, asĂ­ como claves para reconocerse. Los neĂłfitos eran reclutados por un alto dignatario del tribunal. DebĂ­an pasar dos fases de iniciaciĂłn. Se desconoce en quĂ© consistĂ­an exactamente, pero si se sabe que primero estaba la fase de “el que ignoraba” que, una vez superada, se convertirĂ­a en “el sabio o el que conoce”.

El postulante debía presentarse con la cabeza rapada ante sus maestros, responder sus preguntas sobre su honor y cualidades, arrodillarse, colocar el dedo pulgar e índice sobre un dogal y la hoja de un puñal o espada ritual con las letras S.S.G.G. grabadas, de significado todavía ignorado, pero con un profundo caråcter místico. Prestando el siguiente juramento bajo pena de muerte si lo incumplía: "Ocultar la SANTA VEHME de su mujer y de sus hijos, de sus padres y de sus hermanos, del fuego y del viento, de cuanto bañan los rayos del sol, de cuanto humedezca la lluvia, de cuanto esté entre el cielo y la tierra". Y prometían denunciar incluso a padres o hermanos si incurrían en falta y, si de su mano quedara darles muerte, así procederían. Tras el juramento pasarían a ser fronboten (criados de Dios).

El “modus operandi” de esta sociedad secreta era muy novelesco y psicolĂłgicamente bien pensado creando un halo enigmĂĄtico y terrible. Durante la noche, cuando no hubieran testigos, dejaban su puñal ritual clavado en la puerta del acusado con una nota cerrada con un sello de cera roja que representaba un caballero con armadura. En la nota una lista de sus faltas y con esta frase: "Nosotros, los secretos vengadores del Eterno, los jueces implacables de los crĂ­menes, y los guardias de la inocencia, lo citamos de aquĂ­ a tres dĂ­as, ante el tribunal de Dios. ¡Apareced, apareced". El acusado tenĂ­a varios dĂ­as para poner sus cosas en orden. Si intentaba escapar serĂ­a dado muerte sin juicio con el famoso puñal ritual a la espalda con la nota de sus faltas.

Absolutamente nadie debía escapar de la SANTA VEHME por ello los jueces francos procedían de un modo particular a la hora de enfrentarse con aquellos condenados que intentasen huir. Antes de comparecer a juicio tras resultar evidente su ausencia, uno de los asesores llamaba al acusado dirigiéndose a los cuatro puntos cardinales, si seguía sin aparecer, el funcionario procedía a la acusación formal mediante una desoladora proscripción secreta capaz de truncar una vida para siempre en el nombre de la justicia de Dios:

“…Por la presente te retiro la paz y los derechos y la libertad otorgados por el emperador Carlomagno y aprobados por el Papa leĂłn atestiguados mediante juramento por todos los prĂ­ncipes, nobles caballeros y vasallos de Westfalia entregĂĄndote a la mayor desgracia y al deshonor, te declaro indigno fuera de la ley comĂșn consagramos tu cuello a la cuerda y tu cuerpo a las aves de rapiña para que lo devoren hasta que no quede nada de el que nuestra justicia santa te prive de la vida y de tus bienes que tu mujer se convierta en viuda y tus hijos en huĂ©rfanos” instantes despuĂ©s el juez franco escupĂ­a al suelo y entregaba a sus asesores un placet sellado con cera roja que validaba la sentencia y daba inicio a una inclemente cacerĂ­a santa.

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