martes, 15 de octubre de 2013

El Concilio Vaticano II – Segunda Parte

En las primeras sesiones la Curia romana intentó imponer sus puntos de vista centralizadores, pero se encontró con una fuerte resistencia, la mayoría de los padres conciliares deseaban una renovación en profundidad de la Iglesia. Así surgió el choque entre una tendencia conservadora y otra renovadora, aunque el enfrentamiento no era nuevo en la historia de los concilios, ya que en Trento se puede detectar la posición conservadora del episcopado italiano y la renovadora del español y en el Concilio Vaticano I una minoría de los padres conciliares llega a abandonar el aula conciliar para no votar la Constitución que definía la infalibilidad pontificia; la Curia intento hacer prevalecer un principio de autoridad y de unanimidad, pero el papa no lo admitió: “Un Concilio no es un grupo de monjes cantando a coro”, se dice que comentó, con su humor de aldeano, sonriendo. Con el apoyo del papa quedaron canonizadas todas las discusiones y todas las tensiones como algo lógico y normal.

La diversidad de los temas estudiados en el Concilio podría sistematizarse en tres grupos: renovación de la Iglesia, unión con los cristianos y relación con otras religiones, diálogo con el mundo:

Renovación de la iglesia.
Fuentes de revelación.
María mediadora, y María Madre de la Iglesia.
Liturgia.
“De ecclesia”. Colegialidad de los obispos.
Función de los clérigos y papel de los seglares.
Unión con los cristianos y relación con otras religiones.
Ecumenismo.
Confesiones cristianas.
Iglesias orientales.
Diálogo con el mundo.
Educación cristiana de la juventud.
Libertad religiosa.

La libertad religiosa tiene una inmediata proyección sobre la actitud de los Estados, ya que no es solo interior, la persona vive en comunidad; sin posibilidad de exteriorizar la fe, la libertad religiosa debe considerarse suprimida. Un gobierno no puede intervenir en la vida religiosa de sus ciudadanos arguyendo la defensa del bien común. En el aula conciliar se dejo bien patente que el Estado debe ser, al mismo tiempo, tutor del bien común y del respeto individual a las personas, por lo cual debe limitarse a ofrecer garantías de que todos podrán practicar sus credos sin dificultades ni discriminaciones y sin que la posición de una determinada fe implique ventajas civiles.

Educación cristiana de la juventud, es una preocupación constante de la iglesia. Relacionado con la educación ha de considerarse el tema de la cultura. En la actualidad una cultura universal, un progreso constante de la ciencia, nuevas concepciones de la vida y del hombre reclaman tomas de postura de los cristianos. El Concilio se muestra respetuoso e incluso entusiasta del progreso científico y señala una serie de novedades en materia de educación. En las discusiones aparecen puntos como el de la convivencia en las escuelas neutras y mixtas de distintas religiones, la responsabilidad de los padres y los casos y aspectos en que la sociedad puede imponerse a los padres, la importancia del laicado en la tarea educativa, la necesidad de la libertad, la no aceptación de cualquier discriminación social o económica en la adquisición de un bien primario.

La declaración del Concilio recoge el derecho universal a la educación, los tres ámbitos en que son responsables los padres, la sociedad y la Iglesia, la educación moral y religiosa y la recomendación de que se promuevan las universidades y escuelas católicas. En conjunto en materia educativa, como en materia formativa, las decisiones conciliares se movieron en una línea tradicional, sin grandes innovaciones, y quedaron superados por textos de teólogos o por mensajes papales posteriores. Frente a la idea cruzada, de lucha religiosa, que caracterizó muchos momentos del cristianismo y de otras religiones, el Concilio enarbola un nuevo talante fraternal, de exaltación de lo que todas las religiones han significado para el hombre y para la promoción de las manifestaciones más hondas del espíritu. Con respecto a los judíos señala ese nuevo talante Juan XXIII, quien ordena que se supriman la liturgia cristiana invocaciones acusadoras.

Con el Concilio Vaticano se cierra la etapa en la que era posible convocar guerras santas, la Iglesia católica ha señalado así a las otras Iglesias el camino para conseguir un mundo más fraterno. La preocupación de Juan XXIII fue potenciar el papel de los seglares en la vida de la Iglesia, de ahí que haya observadores seglares en el concilio. Antes de tratar el tema de la Constitución jerárquica de la iglesia se coloco un capítulo sobre el “Pueblo de Dios” en el que se fijó el papel de los laicos como parte integrante de ese pueblo. El laico es también apóstol activo, su apostolado se ejerce en su estado de matrimonio y en su actividad profesional y social. El Decreto “sobre el apostolado de los seglares” afirma que estos tienen mas ocasiones de realizar una tarea apostólica, con el testimonio de su vida. Además la instauración cristiana de orden temporal exige inexcusablemente la tarea de los laicos.

En este Decreto se pone de relieve lo que va a constituir una de las notas más originales del Concilio Vaticano II, la proyección de la Iglesia sobre el orden temporal. El apostolado no es ya un monopolio de los clérigos ni su ámbito exclusivo es el templo; existen otros campos, la familia, el ambiente social, la cultura y la política nacional e internacional. En todos ellos juegan su función los laicos y en ciertos ámbitos específicos los diversos profesionales, los jóvenes, las mujeres. Ningún otro concilio había atendido a esta dimensión de la vida secular.

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