martes, 28 de abril de 2015

Resumen de la Bula Misericordiae Vultus - Primera Parte

Durante las Vísperas de la Divina Misericordia el Papa entregó a la Iglesia la Bula del Año Santo “Misericordiae vultus”, para explicar el significado del Año Santo, la que sienta las bases de su doctrina para los cambios en la Iglesia; proceso que tendrá una instancia privilegiada en el Próximo Sínodo de la Familia en octubre de 2015. La bula de convocatoria se presentó ante la Puerta Santa de la Basílica de Letrán a un grupo representativo de los jefes de los dicasterios de la Santa Sede. El jubileo se abrirá en la Fiesta de la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre, y finalizará en la fiesta de Cristo Rey el 20 de noviembre 2016. 

El Papa explica en la Bula su “deseo ardiente” que, durante el Jubileo,  que “el pueblo cristiano pueda reflexionar sobre las obras corporales y espirituales de misericordia. Será una manera de despertar nuestra conciencia, demasiado a menudo sorda frente a la pobreza”. Y añadió que la misericordia es “el fundamento mismo de la vida de la Iglesia” y que “toda su actividad pastoral debe ser contenida en la ternura que hace presente a los creyentes”, Francisco también dijo que “nunca en su predicación y en su testimonio ante el mundo puede faltar la misericordia. La credibilidad misma de la Iglesia se ve en la forma en que muestra el amor misericordioso y compasivo”.  La Bula se pueden dividir en tres partes: primero, Francisco explora el concepto de misericordia; en la segunda, ofrece algunas sugerencias prácticas para celebrar el Jubileo, mientras que la tercera parte contiene algunas apelaciones. La Bula luego termina con la invocación a María, testigo de la misericordia de Dios.

PRIMERA PARTE: EL CONCEPTO DE MISERICORDIA
En el principio, el Papa subrayó la apertura de la Puerta Santa de la Basílica Vaticana el 8 de diciembre por dos razones: primero, porque la fecha coincide con la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, a quien quiso Dios “santa e inmaculada en el amor para no dejar a la humanidad solo ya merced del mal”. 

En segundo lugar, el 8 de diciembre, coincide con el 50 aniversario de la conclusión del Concilio Vaticano II que provocó la caída “de los muros que durante demasiado tiempo habían cerrado la iglesia en una privilegiada ciudadela”, dando lugar a “proclamar el Evangelio de una manera nueva usando – como decía Juan XXIII – la medicina de la misericordia en lugar de asumir las armas del rigor”.

Misericordia, dintel de la Iglesia
Es el “camino que une a Dios y el hombre, ya que abre el corazón a la esperanza de ser amado para siempre, a pesar de los límites de nuestro pecado; ley fundamental que vive en el corazón de cada persona;  Dintel que apoya la vida de la Iglesia; Ideal de la vida y criterio de credibilidad para nuestra fe” son las numerosas definiciones que Francisco da de misericordia, haciendo hincapié en que no es “un signo de debilidad, sino más bien la calidad de la omnipotencia de Dios.” La misericordia de Dios es “eterna”, subraya el Papa, porque “para el hombre la eternidad será siempre bajo la mirada del Padre misericordioso.” En Jesús “todo habla de la misericordia y nada carece de compasión porque  su persona no es más que amor, un amor que se ofrece de forma gratuita.”

En este punto, el Papa hace un subrayado importante: la misericordia, explica, “no es sólo el acto del Padre, sino que se convierte en el criterio para entender quiénes son sus verdaderos hijos”. “En la práctica, todos estamos llamados a vivir en la misericordia, porque lo primero que recibimos es misericordia: el perdón de los pecados, por lo tanto, es un imperativo que los cristianos no pueden ignorar.” Muchas veces parece difícil perdonar, dice el Papa, pero “el perdón es la herramienta en manos humanas frágiles para alcanzar la serenidad del corazón y vivir felices.” Incluso “la credibilidad de la Iglesia pasa a través de la calle del amor misericordioso y compasivo”, añade el Papa: “porque por mucho tiempo nos habíamos olvidado de vivir el camino de la misericordia”, cediendo a la tentación de “reclamar siempre y sólo justicia” mientras que en la cultura contemporánea “la experiencia del perdón es cada vez más escasa”. Por lo tanto, la exhortación es a la Iglesia para que se enfrente a la “carga de la alegría del perdón, fuerza que resucita a una nueva vida y le da coraje para mirar hacia el futuro con esperanza.”

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