miércoles, 19 de julio de 2017

EL POEMA DE GILGAMESH

Hace más de cinco mil años, un rey llamado GILGAMESH gobernó la ciudad mesopotámica de Uruk. Pronto se convirtió en héroe y dios, y sus gestas lo hicieron protagonista de la primera epopeya de la historia, centrada en su desesperada búsqueda de la inmortalidad. En ella aparece, por primera vez, el tema del diluvio universal:

“Aquel que todo lo ha visto, que ha experimentado todas las emociones, del júbilo a la desesperación, ha recibido la merced de ver dentro del gran misterio, de los lugares secretos, de los días primeros antes del Diluvio. Ha viajado a los confines del mundo y ha regresado, exhausto pero entero. Ha grabado sus hazañas en estelas de piedra, ha vuelto a erigir el sagrado templo de Eanna y las gruesas murallas de Uruk, ciudad con la que ninguna otra puede compararse” 

El escriba SIN-LEQI-UNNINI («DIOS SIN, ACEPTA MI PLEGARIA») acaba de trazar estas palabras en lengua acadia sobre una tablilla de barro fresco. Ahora cierra los ojos, como para ver mejor la espléndida Uruk y a ese poderoso héroe que ha viajado hasta los lugares más remotos y cuyas aventuras se dispone a narrar. SIN-LEQI-UNNINI evoca las portentosas murallas de la ciudad y, dirigiéndose al lector, se aplica otra vez a escribir:

“Mira cómo sus baluartes brillan como cobre al sol. Busca su piedra angular y, debajo de ella, el cofre de cobre que indica su nombre. Ábrelo. Levanta su tapa. Saca de él la tablilla de lapislázuli. Lee cómo GILGAMESH todo lo sufrió y todo lo superó”

Así empieza la primera epopeya de la historia: el POEMA DE GILGAMESH. SIN-LEQI-UNNINI quizás escribe hacia 1400 a.C. Pero no es el creador de la obra, aunque su mano le da forma definitiva. El relato que pone por escrito se hunde en la noche de los tiempos, más de mil años atrás. Hace aproximadamente unos seis milenios, en lo que hoy es Irak, se extendía la fértil llanura mesopotámica, atravesada por los ríos Éufrates y Tigris. En el sur de esa llanura, en el país de Sumer, se levantaba la imponente Uruk (la actual Warka), cuna de su todopoderoso rey GILGAMESH.

Por sus hechos y su fama, este personaje pasó muy pronto a la categoría de mito, convertido en protagonista de un ciclo de poemas sumerios que cristalizaron en la magna composición que lleva su nombre. Sabemos que hacia 2700 a.C. existió un personaje, llamado BILGAMES -luego escrito GILGAMESH-, que los más antiguos textos en escritura cuneiforme sitúan en Kullab, un barrio de Uruk, en calidad de sacerdote-rey. GILGAMESH también aparece en un famoso documento, LA LISTA REAL SUMERIA (redactada hacia 1950 a.C.), que atribuye la fundación de esta ciudad, emplazada en la orilla izquierda del Éufrates, al rey ENMERKAR.

De acuerdo con la Lista, GILGAMESH perteneció a la dinastía I de Uruk: fue su quinto soberano, reinó 126 años y le sucedió su hijo UR-LUGAL. A GILGAMESH se le atribuía la construcción de las poderosas murallas de la ciudad, según menciona una inscripción del rey ANAM DE URUK, datada hacia 1825 a.C., y según recuerda también el Poema. Dichas murallas eran de estructura doble: una exterior, de la que tan sólo restan trazas en el suelo, y otra interior, de unos 9,5 kilómetros de longitud y cinco metros de espesor, reforzada con más de 900 torres semicirculares. SIN-LEQI-UNNINI organizó el Poema en once cantos o tablillas. El núcleo sentimental de la obra poética, se encuentra en el duelo de GILGAMESH tras la muerte de su amigo.

Los críticos consideran que es la primera obra literaria que hace énfasis en la mortalidad humana frente a la inmortalidad de los dioses. El poema incluye una versión del mito mesopotámico del diluvio. Al comienzo del Poema, GILGAMESH es un rey tiránico, cuyos súbditos se quejan a los dioses, cansados de su lujuria desenfrenada, que le lleva a forzar a su gusto a las mujeres de su ciudad, Uruk. Los dioses atienden esta queja creando a ENKIDU, un hombre salvaje destinado a enfrentarse a GILGAMESH. Pero cuando ambos traban combate, en vez de darse muerte se hacen amigos para siempre y emprenden juntos peligrosas aventuras. Juntos dan muerte al gigante HUMBABA y al TORO DEL CIELO, y GILGAMESH rechaza el amor de la diosa INANNA. Como castigo a estos actos de impiedad, los dioses hacen que ENKIDU muera en plena juventud. Impresionado por la desaparición de su amigo, GILGAMESH emprende la búsqueda de la inmortalidad.

Esto lo conduce a los confines del mundo, donde viven el sabio UTNAPISHTIM y su mujer, únicos supervivientes del Diluvio, a los que los dioses concedieron el don que GILGAMESH pretende ahora. UTNAPISHTIM vivía en la ciudad de SHURRUPAK, donde servía al dios EA y éste le avisó en el sueño del cataclismo que se acercaba y le dijo que construyera una nave y que metiera en ella una pareja de cada especie. Durante siete noches hubo una gran tempestad y el mundo se cubrió de agua. La nave tocó tierra en la cima del MONTE NISIR.


Para verificar la extensión del diluvio, UTNAPISHTIM soltó una paloma, luego una golondrina y luego un cuervo. Este último no regresó. UTNAPISHTIM supuso entonces que había encontrado dónde posarse y que las aguas estaban bajando. En agradecimiento, encendió una hoguera e hizo sacrificios a los dioses. ENLIL, el dios que había provocado el diluvio, se encolerizó al oler el humo, pero el dios EA intercedió por UTNAPISHTIM y ENLIL lo convirtió a él y su esposa en inmortales. Luego de la historia que UTNAPISHTIM le narra a GILGAMESH, este sin embargo, no alcanza lo que pretende. En el camino de vuelta, encuentra, siguiendo instrucciones de UTNAPISHTIM, una planta que devuelve la juventud a quien la toma; pero una serpiente se la roba y GILGAMESH vuelve a Uruk con las manos vacías, convencido de que la inmortalidad es patrimonio exclusivo de los dioses.

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