miércoles, 19 de septiembre de 2018

¿QUIÉN PUSO CAPÍTULOS A LA BIBLIA?-Segunda Parte

Dentro de las cientos de páginas que contiene la Biblia, es muy fácil encontrar exactamente una palabra o frase cualquiera en muy poco tiempo gracias al sistema de capítulos y versículos que tiene, y que se emplea para citarlas. Pero a medida que el estudio de la Biblia ganaba en precisión y minuciosidad, estas grandes secciones de cada libro, llamadas capítulos, se mostraron ineficaces. Era necesario todavía subdividirlos en partes más pequeñas con numeraciones propias, a fin de ubicar con mayor rapidez y exactitud las frases y palabras deseadas. Uno de los primeros intentos fue el del dominico italiano SANTOS PAGNINO, el cual en 1528 publicó en Lyon una Biblia toda entera subdividida en frases más cortas, que tenían un sentido más o menos completo: los actuales versículos. Sin embargo no le correspondería a él la gloria de ser el autor de nuestro actual sistema de clasificación de versículos, sino a ROBERTO STEFANO, un editor protestante. Éste aceptó, para los libros del Antiguo Testamento, la división hecha por SANTOS PAGNINO, y resolvió adoptarla con pequeños retoques.

Pero curiosamente el dominico no había puesto versículos a los 7 libros deuterocanónicos (es decir, a los libros de Tobías, Judit, 1 y 2 Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico y Baruc), por lo cual STEFANO tuvo que completar esta labor. En cambio la división del Nuevo Testamento no fue de su agrado, y decidió sustituirla por otra, hecha por él mismo. Su hijo nos cuenta que se entregó a esta tarea durante un viaje a caballo de París a Lyon. STEFANO publicó primero el Nuevo Testamento en 1551, y luego la Biblia completa en 1555. Y fue él el organizador y divulgador del uso de versículos en toda la Biblia, sistema éste que con el tiempo se impondría en el mundo entero. Esta división, al igual que la anterior en capítulos, también fue hecha sobre un texto latino de la Biblia. Sólo en 1572 se publicó la primera Biblia hebrea con los versículos. Finalmente el PAPA CLEMENTE VIII hizo publicar una nueva versión de la Biblia en latín para uso oficial de la Iglesia, pues el texto anterior de tanto ser copiado a mano había sido deformado. La obra vio la luz el 9 de noviembre de 1592, y fue la primera edición de la Iglesia Católica que apareció con la ya definitiva división de capítulos y versículos.

De esta manera quedó constituida la fachada actual que exhiben todas nuestras Biblias. Pero lejos de ser afortunadas, estas divisiones muestran muchas deficiencias, que revelan la manera arbitraria en que han sido colocadas, y que los estudiosos actuales pueden detectar pero que quienes las hicieron entonces no estaban en condiciones de saberlo. Por ejemplo, ESTEBAN LANGTON en el libro de LA SABIDURÍA interrumpe un discurso sobre los pecadores para colocar el capítulo 2, cuando lo más natural hubiera sido colocarlo un versículo más arriba, donde naturalmente comienza. Otro ejemplo más grave es el capítulo 6 del LIBRO DE DANIEL, que comienza en el medio de una frase inconclusa, cuando debería haberlo puesto pocas palabras más adelante. También los versículos exhiben esta inexactitud. Uno de los casos más curiosos es el de Génesis 2, en el que el versículo 4 abarca dos frases. Pero la primera pertenece a un relato del siglo VI y la segunda a otro... ¡cuatrocientos años antes! Y ambos forman parte de un mismo versículo. También en Isaías 22 tenemos que la primera parte del versículo 8 pertenece a un oráculo del profeta, mientras que la segunda, de otro estilo y tenor, fue escrita doscientos años más tarde.

La disposición en capítulos y versículos de la Biblia ha sido el comienzo de un cada vez más profundo estudio de este libro. Hoy de la Biblia conocemos hasta sus más pequeños detalles. Sabemos que sus capítulos son 1.328. Que posee 40.030 versículos. Que las palabras en el texto original suman 773.692. Que tiene 3.566.480 letras. Que la palabra YAHVÉ, el nombre sagrado de Dios, aparece 6.855 veces. Que el SALMO 117 se encuentra justo en la mitad de la Biblia. Que si uno toma la primera letra "T" hebrea en la primera línea del GÉNESIS, y luego anota las siguientes letras número 49 (49 es el cuadrado de 7) aparece la palabra hebrea "TORÁ" (= Ley) perfectamente escrita. El libro ha sido puesto en la computadora, minuciosamente analizado, cuidadosamente enumerado en todos los sentidos, al derecho y al revés, y descubierto las combinaciones y las cábalas más curiosas imaginables. Se ha encontrado la frecuencia constante de determinadas palabras a lo largo de los distintos libros, hecho misterioso ya que quienes los escribían no sabían que iban a terminar formando parte de un volumen más grueso. Ha sido sometida a cuantos estudios puedan hacerse. Ahora sólo falta que nos decidamos a vivir lo que enseña, y a creer lo que nos promete.

Ariel Álvarez Valdés
Biblista

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