miércoles, 25 de abril de 2018

LA DIGNIDAD DEL SER VIVO

Somos billones de seres vivos los que habitamos este planeta. La gran mayoría mínimos, o sea, tan pequeñitos que ni siquiera se sabe si existen. Desde el mamífero más grande del planeta, la ballena azul, el pez más grande, el tiburón ballena, hasta un bichito tan pequeño como el chanchito de aguas, mejor conocido como el tardigrafo. Millones de bacterias, hongos y virus, todos y cada uno entretejiendo la tela de la vida.

Son tantos los seres vivos, que nos parece una gran dicha y un don invaluable el regalo de la existencia. ¡Qué maravillosos y soberbios son nuestros bosques!, en los que encontramos árboles tan grandes como los Secoyas, con más de cien metros de altura, más de 3000 años de vida y con un tronco tan ancho que no le abrazarían 10 hombres con sus brazos extendidos y tomándose de las manos.

¡Qué portentosas y bellas nos resultan las orquídeas!, las primeras plantas con flor en la tierra.  La inmensidad y variedad del manto vegetal, sirve de cobijo y sustento, a miríadas de insectos, reptiles, anfibios, peces, aves y mamíferos.

¡Qué grandiosa y magnifica es la creación!, en ella cuenta un papel preponderante, el equilibrio y la existencia de cada uno de sus individuos. Al desaparecer una especie, queda un vacío y un desequilibrio tal, que se altera alarmantemente el orden natural, y no se recupera de forma inmediata sino al paso de millones de años.

Los sabios y entendidos nos dicen que la quinta y última extinción que vivió el planeta, fue hace más de 65 millones de años, provocada por un meteorito de muy grandes dimensiones que golpeó descomunalmente la faz de la tierra. Una terrible catástrofe que envolvió de fuego en pocos segundos todo el planeta, matando a su paso, a millones de animales, entre ellos a los dinosaurios. La bola de fuego también mató millones de plantas de todo tipo.

Más adelante una inmensa nube de polvo cubrió la atmósfera, impidiéndole el paso a la luz del sol y así, sobrevino el hambre, porque otros millones de plantas murieron al no ser alumbradas por el sol y a su vez vino una terrible mortandad entre los animales, porque al morir de hambre los herbívoros, murieron consecuentemente los carnívoros.

Parece, que practicando la rapiña y escondiéndose en sitios ocultos, muy diestramente, nuevas especies se adueñaron del planeta llenando su tez, de un renovado verdor, aroma y variedad inusitada de especies. Pero todo esto demoró mucho tiempo en concretarse.

Te has puesto a pensar, ¡qué maravilloso es tu cuerpo!, con una gran variedad de tejidos, ramificaciones nerviosas, venas y arterias, dientes y encías, tus orejas y el oído, tus ojos, párpados y cejas, tus manos y pies, piernas y brazos, tus costillas y toda la armadura osea, los pulmones y bronquios, la lengua y cuerdas bucales, la piel que es el órgano más grande del cuerpo, los bellos y el cuero cabelludo, tus órganos sexuales y el sistema excretor, el hígado, los riñones y el estómago.

Para lograr todo esto, a la Madre Naturaleza le llevó, millones de millones de años, muchos eones, por eso el fenómeno de la vida nos parece tan apasionante, por eso es que nos enfocamos en defender a todos y a cada uno de los seres vivos.

Atacamos de frente y con valentía, la discriminación, el apartheid, el racismo, la segregación, el sistema de clases sociales, el aborto, el feminismo, la homosexualidad, la inmigración por guerra y situación política, el hambre, el odio, la ignorancia, la xenofobia, la trata de blancas, la explotación laboral, la prostitución, el tráfico de vida silvestre y de seres humanos, la persecución religiosa, el imperialismo, el liberalismo, el comunismo, el extremismo, el terrorismo, la información engañosa, el entrabamiento a los derechos humanos, el desconocimiento del derecho internacional, la mala alimentación,la sectarización del pensamiento, los viejos y trasnochados sistemas educativos, el presente sistema mundial, el consumismo, las políticas económicas, la burguesía y el proletariado inactivo, el cambio climático, la desertificación y la contaminación del medio ambiente, la falta de pan, el hambre de Dios, el hambre de cultura, y la omisión, el más grande de los pecados de nuestra sociedad.

Vivo agradecido con Dios, por el don de la vida, y desde esta trinchera lo alabo y lo Bendigo públicamente, porque hoy cumplo un año más de vida, en compañía de esta estimable radioaudiencia, de mis amigos y compañeros de Anunciar Contenidos Latinoamérica y de mi familia, ¡mi dicha, no podría ser mayor, porque estoy haciendo lo que me gusta, estoy haciendo radio, y de la buena! 
Mil gracias por escucharme y bendiciones.

Jorge Francisco Muñoz Somarribas
En exclusivo para EL ALFA Y LA OMEGA

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