miércoles, 4 de julio de 2018

CHERNÓBIL, LA ZONA DE DESASTRE

El 26 de abril pasado, se conmemoró el 30 aniversario de la catástrofe nuclear de Chernóbil. Esta ciudad se encuentra hacia el norte de Ucrania, cerca de la frontera con Bielorrusia. La Central Nuclear, se ubica en las afueras de la ciudad. Cerca de ahí está el Pripiat, afluente del río Dniéper (importante vía fluvial de la Europa Oriental), a la ciudad y la central nuclear, las separan unos dos kilómetros, allí vivían los empleados de la planta y sus familias.

La central nuclear contaba con cuatro reactores nucleares y la madrugada del 26 de abril de 1986, sucedió una explosión en el reactor número cuatro. Una de las versiones dice que se realizaba un experimento consistente, en una simulación de un corte de suministro de electricidad, con el fin de averiguar si las turbinas podrían generar suficiente electricidad para las bombas de refrigeración en caso de un fallo, hasta que se encendiesen los motores diésel.

El accidente ocurre casi de inmediato, después de que iniciara la prueba. El estallido provoca un enorme incendio, se derrumba parcialmente el techo de las instalaciones donde se encontraba el cuarto reactor nuclear. En 1987 se declararon culpables seis empleados de la Central Nuclear, el director de la planta, el ingeniero en jefe y su asistente, el jefe de turno, el jefe de la sala del reactor, y el director de fiscalización de la central. El director y los ingenieros, fueron sentenciados a 10 años de prisión, pero el primero salió en libertad tras cinco años de cárcel, debido a las enfermedades provocadas por la radiación aguda. 

El lamentable saldo de esta explosión, fue la pérdida de dos personas, con el paso del tiempo la situación se agravó porque el número de víctimas creció. Murieron muchos de los empleados de la central, trabajadores de emergencias que ayudaron en labores de rescate y para amortizar las consecuencias de la explosión; lastimosamente, sin medios de protección especial y desconociendo las amenazas letales de la radiación en el área.

Para el año 2006, en el 20 aniversario de la catástrofe, la Organización Mundial de la Salud publicó un informe en el que señalaba que el número total de víctimas se estimaba en cuatro mil personas. La radiación puede ocasionar el síndrome de la irradiación aguda, es un conjunto de síntomas potencialmente mortales que suelen manifestarse con diarrea, vómitos, dolor de cabeza, fiebre, pérdida de cabello e hiperemia de la piel. Ante el síndrome de irradiación se producen cambios significativos en la sangre, disminuyendo la capacidad del organismo para hacer frente a las infecciones.

Una fuerte radiación puede provocar la muerte a los pocos días o semanas. Mientras que una persona que haya estado expuesta durante mucho tiempo a leves dosis de radiación, tiene mayores probabilidades de desarrollar tumores malignos. Alrededor de la planta nuclear de Chernóbil, se creó una zona de exclusión, que comprende un área de 30 kilómetros cuadrados. Según algunos testimonios de gente cercana a la zona, se presentan fenómenos únicos, como un bosque de pino rojo, este bosque se secó días después de la conflagración, por efecto de la radiación, luego después de algunos años, las nuevas generaciones de pinos se quedaron con un color rojizo marrón, permanentemente.

El famoso sarcófago del que todos hemos oído hablar, se construyó con el fin de limitar los efectos de la explosión y de evitar la emisión de radiación a la atmósfera desde el reactor. El sarcófago fue una solución temporal, ya que se tenía urgencia de cerrar lo antes posible el sitio de la explosión. Su construcción se completó en noviembre de 1986. Para febrero del año 2013, por la acumulación de nieve, el techo de la sala de máquinas del cuarto reactor se derrumbó, el sarcófago resultó ileso, y tampoco afectó el nivel de radiación de la planta de Chernóbil. Sin embargo, hay un riesgo de que el sarcófago se venga abajo como ocurrió con el techo de la sala de máquinas. 

En la actualidad se lleva a cabo la construcción de un nuevo sarcófago que estaría listo a finales del 2018, con una vida útil de 100 años. Este accidente arrojó isótopos radiactivos de elementos como el cesio, el estroncio, el plutonio y el americio. El período de semidesintegración del cesio y del estroncio, es de unos treinta años. Pero por la concentración de las sustancias arrojadas, lo más probable es que la localidad de Pripiat sea habitable dentro de varias décadas, de todas formas, no es posible llevar una vida normal. Acá, beber agua y dedicarse a la agricultura en esta zona tan afectada, no será posible hasta después de unos cientos de años, cuando se desintegre casi por completo el estroncio y el cesio. Mientras tanto Pripiat y Chernóbil, están condenadas a ser “ciudades fantasma”. 

Desde Costa Rica
Jorge Muñoz Somarribas
Coordinador

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