miércoles, 6 de marzo de 2019

DIOS COMUNICADOR SOCIAL Y EL HOMBRE


Decididamente no podremos encontrar una persona más estudiada y escudriñada que Jesús, ya sea en su carácter divino como en su carácter humano. Jesús siempre muestra un aspecto multifacético que despierta la mirada afectiva y respetuosa, pero también la crítica virulenta de quienes lo acusan de impostor o dudan de su existencia. Jesús MAGNETIZA. VENDE. ATRAE. Jesús despierta amor inclaudicable en algunos pero también odio y rechazo en otros. Jesús presta su divinidad y su humanidad para múltiples objetivos. Con su imagen lacerada se puede lograr un primoroso vitral o estampar una remera de calidad dudosa, «MADE IN CHINA».

La «comunicación social» como término se comenzó a generar, desde los años ´60, en los documentos conciliares y pontificios de la Iglesia Católica para referenciar la finalidad de los que hasta ese momento eran llamados MASS MEDIA o, en castellano, MEDIOS MASIVOS. Ante las variadas definiciones de «comunicación social» precedentes, podría inferirse que Jesús quedaría no incluido por el concepto, siendo un comunicador a secas. Parecería que el encuadre no es para él, que no lo contiene. Pero nos preguntamos: ¿habría alguna otra definición más apropiada para su rol? ¿Se nos pasó por alto alguna expresión más exacta? ¿Nos alcanza con un Jesús comunicador sin más adjetivación

Claramente esto último no nos satisface, percibimos que la misión de Jesucristo ha trascendido la mera comunicación. Y que tal vez sea momento de darle a la comunicación social una nueva arista o, al menos, la posibilidad de ampliar su marco de contención. O que es posible reformular la definición. La comunicación es innata en los seres humanos y forma parte del fenómeno que permite que nuestra especie viva y perdure, maravillosamente a veces, miserablemente otras, pero siempre con esa pulsión de vida que le permite crecer y trascender. Desde esta base, podemos avanzar en un nuevo enunciado y prescindir de lo que serían los medios masivos como integrante de la fórmula que la define.

Establecer que la comunicación social es también participación, personalización y, esencialmente, comunión entre dos o más seres humanos los que, buscando a través de mensajes doctrinarios un fin común o una superación, se vinculan y retroalimentan. Jesús, defendiendo de los fariseos a sus discípulos los que habían arrancado espigas de trigo para comer en sábado (día de absoluta prohibición para toda actividad), les señala a estos religiosos lo que deviene en una ley dictada por el sentido común: “El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo” (Mc 2:27).

Parafraseando esto, podemos alegar que los medios de comunicación fueron hechos para el hombre y no viceversa. Por ende, privilegiando la interrelación humana de la comunicación y destacando el hecho social de la misma es que incorporamos a Jesús a la categoría de «comunicador social» Un término que consideramos abarcativo e insuperado para definir la actividad que llevó a cabo hace más de dos mil años. Nos parece más útil y esclarecedor analizar los movimientos de Jesús en lo que a transmisión de mensajes se refiere. El aporte será utilizar los múltiples conocimientos sociales contemporáneos y aplicarlos sobre los movimientos de Jesús en su breve y fundacional etapa pública.

La misión de Jesús, es precisamente transmitir el mensaje del nuevo pacto entre Dios y su creación humana, la que necesita redención para no perderse. Si Dios es el Verbo (del latín verbum, «palabra»), es imposible pensar que su hijo pueda carecer del bagaje expresivo necesario para plantear los pormenores de la nueva alianza y su extensión a todos los seres humanos. Porque, ¿cómo ser el mediador único y reconocido de toda comunicación entre el hombre y Dios, sin tener virtudes de comunicador? Él habló la lengua del pueblo de su tiempo. Se hizo entender con todos los recursos del lenguaje. Entró en la cotidianidad de las personas, sin separar lo sagrado de lo profano, venciendo muchos prejuicios. (…) En primer lugar, Jesús manifiesta la importancia de las actitudes vitales profundas para propiciar la comunicación.

Se sitúa en medio de su pueblo y de su historia, se adapta a su cultura y lenguajes; en una palabra, se encarna con una cercanía vital. Su lenguaje es directo y situado.Parte del lenguaje de la vida cotidiana, sin rebuscadas abstracciones teóricas, y estimula la reflexión con base en situaciones concretas o parábolas que cristalizan la experiencia común. (Lc 15:2; 15:7; Mt 13:44). Pero, aunque inserto en una cultura, interpela a todo hombre que viene a este mundo (Jn 1,9). En efecto, a pesar de su cercanía a Israel, trasciende los condicionamientos particulares de su cultura y, hablándole a su propio pueblo, habla también a todos los pueblos de todos los tiempos.

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