martes, 21 de mayo de 2019

EL AMOR DEBE TRANSFORMAR

Comentario Bíblico
De la lectura del VI Domingo de Pascua
Del Evangelio de Juan 14,23-29

El Misterio Pascual nos ha ayudado a recordar y a revivir el gesto de amor más grande que ha visibilizado el compromiso salvífico de Dios con la humanidad. La comunidad cristiana irá adquiriendo una conciencia progresiva de la realidad de esta salvación, para lo cual se hará necesario pasar de la «conciencia formal» del rito mosaico a la «conciencia de la gracia» del amor liberador de Cristo (cf. Hech 15, 1-2. 22-29). La Nueva Jerusalén ya no necesita de un templo material ni de sacrificios expiatorios, sino del testimonio de hombres y mujeres que hagan resplandecer sobre ella la luz de la lámpara del Cordero (cf. Ap 21, 10-14. 22-23), es decir, que Su humanidad asumida por nuestra salvación brille a través de nuestra humanidad reconciliada por la Pascua.

Estamos, de nuevo, en el discurso de despedida de la última cena del Señor con los suyos. Se profundiza en que la palabra de Jesús es la palabra del Padre. Pero se quiere poner de manifiesto que cuando él no esté entre los suyos, esa palabra no se agotará, sino que el Espíritu Santo completará todo aquello que sea necesario para la vida de la comunidad. Según Juan, Jesús se despide en el tono de la fidelidad y con el don de la paz. En todo caso, es patente que esta lectura nos va preparando a la fiesta de Pentecostés.

Esta parte del discurso de despedida está provocada por una pregunta “retórica” de Judas (no el Iscariote) de por qué se revela Jesús a los suyos y no al mundo. El círculo joánico es muy particular en la teología del Nuevo testamento. Esa oposición entre los de Jesús y el mundo viene a ser, a veces, demasiado radical. En realidad, Jesús nunca estableció esa separación tan determinante. No obstante es significativa la fuerza del amor a su palabra, a su mensaje. El mundo, en Juan, es el mundo que no ama. Puede que algunos no estén de acuerdo con esta manera de plantear las cosas. Pero sí es verdad que amar el mensaje, la palabra de Jesús, no queda solamente en una cuestión ideológica.

Sin embargo, debemos hoy hacer una interpretación que debe ir más allá del círculo joánico en que nació este discurso. La propuesta es sencilla: quien ama está cumpliendo la voluntad de Dios, del Padre. Por tanto, quien ama en el mundo, sin ser del “círculo” de Jesús, también estaría integrado en este proceso de transformación “trinitaria” que se nos propone en el discurso joánico. Esta es una de las ventajas de que el Espíritu esté por encima de los círculos, de las instituciones, de las iglesias y de las teologías oficiales. El mundo, es verdad, necesita el amor que Jesús propone para que Dios “haga morada” en él. Y donde hay amor verdadero, allí está Dios, como podrá inferirse de la reflexión que el mismo círculo joánico ofrecerá en 1 Juan 4.

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