PROGRAMA Nº 1167 | 17.04.2024

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EL AGUA UN VALIOSO RECURSO NATURAL Parte 1

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Desde tiempos remotos, se ha hablado sobre la importancia del agua como recurso natural. Factor esencial en el desarrollo de la vida terrestre y en el proceso de evolución de la humanidad. Cuando la bola incandescente de la Tierra se enfrió hace aproximadamente 5.000 millones de años, el agua en estado líquido apareció por primera vez sobre nuestro Planeta. Los vapores y gases emanados de esa reacción se convirtieron en lluvia, que cayó sobre las rocas duras de la corteza terrestre durante un largo período y se almacenó en las cubetas y depresiones que encontró a su paso. Así, se originaron los primeros ríos y mares y comenzó el proceso inacabable de la circulación del agua. Este elemento es el responsable principal de la vida de todos los seres vivos y afecta directamente al medioambiente, a la historia, a la energía, a la tecnología y a la economía del Planeta.

A lo largo de la historia, el agua ha condicionado la vida de los pueblos y ha sido un factor clave en el establecimiento de los núcleos de población hasta la Revolución Industrial, momento en que cedió el puesto a las vías de comunicación. Por otra parte, es una importante fuente de energía no contaminante, pues se han usado en las centrales hidroeléctricas fluviales o mareomotrices. Es el principal agente geodinámico, capaz de ser el principal protagonista en la formación del actual perfil terrestre.

En su parte química es la combinación de 2 átomos de Hidrógeno y Uno de Oxígeno (H2O) y se define como un elemento inodoro, incoloro e insípido. Además el agua en su estado natural contiene además, varios elementos que proceden de partículas que se le adhieren, ya que una de sus propiedades es que es un gran disolvente. Todo esto sucede en su proceso de evaporación y almacenamiento en la biosfera para caer luego en forma de lluvia. Pasando por diferentes suelos y depósitos, como ríos, mares, lagos, embalses, mantos acuíferos, etcétera.

Todas las aguas son diferentes, así como el agrupamiento en dos calidades diferentes. Ellas son, las llamadas aguas duras, que contienen gran cantidad de sales, y las denominadas aguas blandas cuando su proporción de carbonatos es menor. El agua tiene gran capacidad térmica, es decir conserva muy bien el calor, lo cual contribuye a reducir las diferencias de temperatura en diversos lugares. Su elevada tensión superficial facilita el fenómeno de la capilaridad, por el que las plantas absorben humedad y sales del suelo. El cuerpo de los seres vivos está formado en su mayor proporción de agua y, por ejemplo, este elemento en el hombre constituye el 70 por ciento de su organismo.

Se ha estimado que el agua contenida en la atmósfera no supera el 0,001 por ciento del total del Planeta, que asciende a 1.337 millones de kilómetros cúbicos. Éstos se encuentran repartidos en océanos, hielos continentales, valles glaciares, aguas subterráneas, ríos y lagos. Debido al volumen que permanece retenido en los casquetes glaciares (sobre un 30%), el agua que circula por los cursos acuíferos representa sólo el 0,0001% del total del volumen de agua de la Tierra, es decir, sólo 1.230 kilómetros cúbicos. Si se distribuyera esta cantidad por la superficie terrestre, la capa de agua lograría únicamente la exigua cantidad de 2 milímetros. Pero, pese a ello, las corrientes de agua desempeñan el papel regulador más importante en el mantenimiento de la circulación de agua.

Consumo racional del agua: «El agua es un bien mal repartido». Esta frase, muy repetida, resume los graves problemas que ocasiona a la Humanidad el agua, su exceso o carencia. La Organización Mundial de la Salud considera que el 80 por ciento de las enfermedades que afectan a la población están relacionadas con la potabilización del agua, como ejemplos podemos citar la gastroenteritis que desde hace muchos años afecta al ser humano y varias especies de animales, también la esquistomiasis y la oncocercosis.

El problema principal es la escasez de agua que provoca la desertificación y la pérdida de suelos cultivables. También, el exceso provoca severas inundaciones con la pérdida de cultivos, de ganado y de hábitats. La desertificación progresiva del Planeta y los planes de desarrollo económico incontrolado han provocado que en muchas áreas se exploten de forma exhaustiva los recursos acuíferos subterráneos, como las corrientes termales y mantos de agua fósil o flotante, así, como el abuso de los planes hidrológicos, agravando todavía más la situación. Un ejemplo de abuso de los planes hidrológicos es el de la cuenca del Mar de Aral llevado a cabo por la desaparecida Unión Soviética. Este gigantesco lago centroasiático ha visto disminuir en un 95 por ciento su capacidad, a causa de la desviación de las aguas de los ríos que lo alimentaban, en pro de un desarrollo industrial con objetivos a corto plazo y al mínimo costo económico.

Los cambios en el clima del Planeta y la deforestación agravan el problema del efecto invernadero y favorecen el aumento de la temperatura global. Ello puede comportar una serie de consecuencias difíciles de evaluar con respecto a la localización y el volumen líquido del agua en circulación, pero posiblemente causarán fuertes desequilibrios y accidentes desastrosos.

El fenómeno de la lluvia ácida: Las centrales térmicas, la industria, el hogar, el transporte y todas aquellas actividades basadas en la combustión de carburantes fósiles son las que generan óxidos de nitrógeno, óxidos de azufre y otros productos de oxidación que constituyen la base sobre la que se forma la lluvia ácida. El nexo de unión entre emisiones contaminantes y deposición ácida se halla en lo que se ha definido como ley de Newton de la contaminación atmosférica: «todo lo que sube, debe bajar». Cómo, cuándo y dónde, depende de las propiedades de las sustancias y de los procesos físicos y químicos que sigan.

Una vez en la atmósfera los óxidos de azufre y nitrógeno sufren un proceso de hidrólisis que los convierte en ácido nítrico y sulfúrico, los cuales caen luego disueltos en la lluvia, la nieve o la niebla y se depositan sobre las plantas, los lagos, los ríos, los mares y los suelos de lugares en ocasiones muy lejanos a su punto de origen. Al filtrarse en la tierra, las materias que componen la lluvia ácida alteran el pH del suelo y dañan las raíces de las plantas, que sufren un proceso gradual de deterioro hasta sucumbir por completo y morir. También, los peces de las aguas contaminadas por este mismo fenómeno pueden perecer por asfixia debido a la irritación sufrida en sus branquias.

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