lunes, 31 de octubre de 2022

¿QUÉ ES EL LIMBO? ¿EXISTE? ¿QUÉ DICE LA IGLESIA?

El limbo es lo que en el Credo se designa como “infiernos” cuando se afirma que "Jesucristo descendió a los infiernos". 
Explica este artículo el Catecismo al enseñar: “La Escritura llama infiernos, sheol o hades a la morada de los muertos donde bajó Cristo después de muerto, porque los que se encontraban allí estaban privados de la visión de Dios.Tal era, en efecto, a la espera del Redentor, el estado de todos los muertos, malos o justos, lo que no quiere decir que su suerte sea idéntica como lo enseña Jesús en la parábola del pobre Lázaro recibido en el ‘seno de Abraham’.

Son precisamente estas almas santas, que esperaban a su Libertador en el seno de Abraham, a las que Jesucristo liberó cuando descendió a los infiernos. Jesús no bajó a los infiernos para liberar allí a los condenados ni para destruir el infierno de la condenación, sino para liberar a los justos que le habían precedido”. (nº 633) Y más adelante (nº 635): “Cristo, por tanto, bajó a la profundidad de la muerte para que los muertos oigan la voz del Hijo de Dios y los que la oigan vivan. Jesús, el Príncipe de la vida (Hch 3,15), aniquiló mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al diablo y libertó a cuantos, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud (Hb 2,14-15). En adelante, Cristo resucitado tiene las llaves de la muerte y del Hades (Ap 1,18) y al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en los abismos". (Flp 2,10)

El catecismo de Trento, promulgado después del Concilio del mismo nombre, al explicar los lugares donde están detenidas después de la muerte las almas privadas de gloria, enseña que “hay una tercera clase de cavidad, en donde residían las almas de los Santos antes de la venida de Cristo Señor Nuestro, en donde, sin sentir dolor alguno, sostenidos con la esperanza dichosa de la redención, disfrutaban de pacífica morada. A estas almas piadosas que estaban esperando al Salvador en el seno de Abraham, libertó Cristo Nuestro Señor al bajar a los infiernos” (Catecismo de Trento, parte 1, cap. 6, n. 3). A falta de datos escriturísticos es necesario recurrir al pensamiento de los Santos Padres. Éstos han afirmado claramente la existencia del limbo (cf. por ejemplo, San Gregorio Nacianceno, PG 36,385-390; San Agustín, PL 40,275). En general los Padres y teólogos han afirmado la existencia del limbo como lugar y estado de aquellos que habiendo muerto antes de llegar al uso de razón y sin bautismo, y por tanto con pecado original pero sólo con él, son privados de la visión de Dios, que es don gratuito y personal, aunque no sean castigados con penas aflictivas, sino que pueden gozar de una felicidad natural.

“En cuanto a los niños muertos sin Bautismo, la Iglesia sólo puede confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las exequias por ellos. En efecto, la gran misericordia de Dios, que quiere que todos los hombres se salven y la ternura de Jesús con los niños, que le hizo decir: Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis (Mc 10,14), nos permiten confiar en que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin el Bautismo. Por esto es más apremiante aún la llamada de la Iglesia a no impedir que los niños pequeños vengan a Cristo por el don del santo Bautismo” (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1261).

La Iglesia no conoce otro medio que el Bautismo para asegurar la entrada en el cielo. Pero también reconoce que la manera en que Dios interviene para la salvación de las almas no queda reducida a los sacramentos. Así por ejemplo, se aplican el Bautismo de sangre o el de deseo. Cristo murió por todos y la vocación de todo hombre es llegar a Dios. Así que la Iglesia confía en que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, de un modo conocido sólo por Dios, se salven. Y confía también en la misericordia divina, que quiere que todos se salven (1 Tm 2, 4) pensando que debe haber un camino de salvación para los niños que mueren sin Bautismo.

El limbo ha acabado en el limbo. Aunque nunca fue definido como dogma, fue una «salida» que encontraron los teólogos para dar respuesta a la pregunta de qué pasaba con los niños muertos sin bautizar. En realidad era una respuesta «piadosa» para evitar a estos inocentes las penas del infierno. Hoy, la teología posterior al Concilio Vaticano II ha encontrado nuevas respuestas más acordes con la idea de un Dios Padre misericordioso. El limbo es una hipótesis teológica que no parece fundada sólidamente en la Revelación. El silencio es una opción bastante sabia también porque el limbo, si se hubiera nombrado, no habría podido ser comparado ni con el paraíso ni con el infierno. Dos condiciones de las que a menudo se habla de una manera analítica y un poco petulante en cierta catequesis popular torpe. El Catecismo parece en cambio sugerir que, al final de la vida terrena, no hay soluciones intermedias entre beatitud y condena.

La idea del limbo para los niños llegó a convertirse en una doctrina católica común, enseñada como tal a los fieles, hasta mediado el siglo XX. Sin embargo, hay que recordarlo, nunca fue declarada como dogma de fe ni como algo definitivo: era una tesis teológica ampliamente difundida. En el siglo XX los teólogos buscaron nuevos caminos para estudiar el tema, especialmente para conciliar la voluntad salvífica de Dios, que también miraría a los niños que mueren, antes o después de nacer, sin haber recibido el bautismo, con la doctrina según la cual sólo a través de la eliminación del pecado original es posible lograr la visión beatífica.

El bautismo sacramental, lo sabemos, es el camino querido por Dios para introducirnos en el mundo de la salvación. ¿Puede Dios actuar su designio salvador a través de otros caminos? ¿Es posible que un niño no bautizado sea librado del pecado original a través de una participación especial en el misterio de la Muerte y Resurrección de Cristo?

MARÍA MADRE DE LA GRACIA

La Santísima Virgen, predestinada, junto con la Encarnación del Verbo, desde toda la eternidad, cual Madre de Dios, por designio de la Divina Providencia, fue en la tierra la esclarecida Madre del Divino Redentor, y en forma singular la generosa colaboradora entre todas las criaturas y la humilde esclava del Señor. Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo en el templo al Padre, padeciendo con su Hijo mientras El moría en la Cruz, cooperó en forma del todo singular, por la obediencia, la fe, la esperanza y la encendida caridad en la restauración de la vida sobrenatural de las almas.

por tal motivo es nuestra Madre en el orden de la gracia. Y esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia, desde el momento en que prestó fiel asentimiento en la Anunciación, y lo mantuvo sin vacilación al pie de la Cruz, hasta la consumación perfecta de todos los elegidos. Pues una vez recibida en los cielos, no dejó su oficio salvador, sino que continúa alcanzándonos por su múltiple intercesión los dones de la eterna salvación. Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que peregrinan y se debaten entre peligros y angustias y luchan contra el pecado hasta que sean llevados a la patria feliz.

Por eso, la Santísima Virgen en la Iglesia es invocada con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora. Lo cual, sin embargo, se entiende de manera que nada quite ni agregue a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador. Porque ninguna criatura puede compararse jamás con el Verbo Encarnado nuestro Redentor; pero así como el sacerdocio de Cristo es participado de varias maneras tanto por los ministros como por el pueblo fiel, y así como la única bondad de Dios se difunde realmente en formas distintas en las criaturas, así también la única mediación del Redentor no excluye, sino que suscita en sus criaturas una múltiple cooperación que participa de la fuente única.

La Iglesia no duda en atribuir a María un tal oficio subordinado: lo experimenta continuamente y lo recomienda al corazón de los fieles para que, apoyados en esta protección maternal, se unan más íntimamente al Mediador y Salvador. María es dispensadora universal de todas las gracias, tanto por su divina maternidad: que las obtiene de su Hijo, como por su maternidad espiritual: que las distribuye entre sus otros hijos, los hombres. Esto lo hace subordinada a Cristo, pero de manera inmediata. Y ello por una específica y singular determinación de la voluntad de Dios, que ha querido otorgar a María esta doble función: ser Corredentora y Dispensadora, con alcance universal y para siempre.

Vemos en la Encíclica REDEMPTORIS MATER«la mediación de María está íntimamente unida a su maternidad y posee un carácter específicamente materno que la distingue del de las demás criaturas». El mismo Concilio quiso responder a las dificultades manifestadas por algunos padres conciliares sobre el término «Mediadora», afirmando que María «es nuestra madre en el orden de la gracia» (LUMEN GENTIUM, 61). Recordemos que la mediación de María es cualificada fundamentalmente por su maternidad divina. Además, el reconocimiento de su función de mediadora está implícito en la expresión «Madre nuestra», que propone la doctrina de la mediación mariana, poniendo el énfasis en la maternidad.

Por último, el título «Madre en el orden de la gracia» aclara que la Virgen coopera con Cristo en el renacimiento espiritual de la humanidad. La mediación materna de María no hace sombra a la única y perfecta mediación de Cristo. En efecto, el Concilio, después de haberse referido a «María Mediadora», precisa a renglón seguido: «Lo cual, sin embargo, se entiende de tal manera que no quite ni añada nada a la dignidad y a la eficacia de Cristo, único Mediador» (ib., 62). Y cita, a este respecto, el conocido texto de la primera carta a Timoteo: «Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también, que se entregó a sí mismo como rescate por todos» (1 Tm 2,5-6).

El Concilio afirma, además, que «la misión maternal de María para con los hombres de ninguna manera disminuye o hace sombra a la única mediación de Cristo, sino que manifiesta su eficacia» (LUMEN GENTIUM, 60). Así pues, lejos de ser un obstáculo al ejercicio de la única mediación de Cristo, María pone de relieve su fecundidad y su eficacia.

«En efecto, todo el influjo de la santísima Virgen en la salvación de los hombres no tiene su origen en ninguna necesidad objetiva, sino en que Dios lo quiso así. Brota de la sobreabundancia de los méritos de Cristo, se apoya en su mediación, depende totalmente de ella y de ella saca toda su eficacia»  De Cristo deriva el valor de la mediación de María, y, por consiguiente, el influjo saludable de la santísima Virgen «favorece, y de ninguna manera impide, la unión inmediata de los creyentes con Cristo»

La intrínseca orientación hacia Cristo de la acción de la «Mediadora» impulsa al Concilio a recomendar a los fieles que acudan a María «para que, apoyados en su protección maternal, se unan más íntimamente al Mediador y Salvador» (ib., 62). Al proclamar a Cristo único Mediador (cf. 1 Tm 2,5-6), el texto de la carta de Pablo a Timoteo excluye cualquier otra mediación paralela, pero no una mediación subordinada.

En efecto, antes de subrayar la única y exclusiva mediación de Cristo, el autor recomienda «que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres» (1 Tm 2,1). ¿No son, acaso, las oraciones una forma de mediación? Más aún, según Pablo, la única mediación de Cristo está destinada a promover otras mediaciones dependientes y ministeriales. Proclamando la unicidad de la de Cristo, el Apóstol tiende a excluir sólo cualquier mediación autónoma o en competencia, pero no otras formas compatibles con el valor infinito de la obra del Salvador.

Es posible participar en la mediación de Cristo en varios ámbitos de la obra de la salvación. La LUMEN GENTIUM, después de afirmar que «ninguna criatura puede ser puesta nunca en el mismo orden con el Verbo encarnado y Redentor», explica que las criaturas pueden ejercer algunas formas de mediación en dependencia de Cristo. En efecto, asegura: «Así como en el sacerdocio de Cristo participan de diversa manera tanto los ministros como el pueblo creyente, y así como la única bondad de Dios se difunde realmente en las criaturas de distintas maneras, así también la única mediación del Redentor no excluye sino que suscita en las criaturas una colaboración diversa que participa de la única fuente»

¿Qué es, en verdad, la mediación materna de María sino un don del Padre a la humanidad? Por eso, el Concilio concluye: «La Iglesia no duda en atribuir a María esta misión subordinada, la experimenta sin cesar y la recomienda al corazón de sus fieles». María realiza su acción materna en continua dependencia de la mediación de Cristo y de él recibe todo lo que su corazón quiere dar a los hombres. La Iglesia, en su peregrinación terrena, experimenta «continuamente» la eficacia de la acción de la «Madre en el orden de la gracia»

LOS ALEBRIJES

Los alebrijes son criaturas hermosas y horrendas creadas por Don Pedro Linares López, el mundo, las artes populares mexicanas y el imaginario colectivo nunca serían los mismos. Figuras compuestas por elementos de distintos animales, coloridas, variadas, artísticas, que representan una tradición de muchos años, que son parte del imaginario colectivo de cualquier mexicano, piezas de identidad de una nación multiversa como la mexicana; esto y más son los alebrijes.

Don Pedro cayó enfermo y perdió la conciencia. Durante ese tiempo se sumió en un sueño profundo lleno de criaturas extrañas, nunca antes vistas por él, sin embargo, podía distinguir que cada una de ellas tenía elementos de animales distintos; alas, colmillos, cuernos, patas en combinaciones monstruosas y bellas, como él explica en el documental realizado por Judith Bronowski, realizado en 1975.

— ¡Alebrije, alebrije!— esto gritaban las extrañas criaturas en su sueño. Al despertar, él recordó lo que había visto y puso manos a la obra. Don Pedro Linares López era cartonero de oficio, y dispuso de este arte para dar vida a las criaturas que vio, a las cuales llamó alebrijes, tal y como escuchó en su sueño profundo. El oficio de cartonero se remonta a los inicios de la integración cultural en la época colonial.

Durante este sincretismo, con todo y sus complejidades, se abrieron muchos talleres a lo largo del país en donde se realizaban artes diversos como cerámica, tallado y labrado de madera, tejido en telares y muchos otros; así mismo la cartonería sería heredada de padres a hijos como el caso de la familia Linares. Con este arte popular mexicano se realizan piezas para festividades como piñatas, máscaras, juguetes, y también las piezas conocidas como "Judas".

La quema de los Judas es una tradición que se realiza en el marco de la Semana Santa, específicamente en el Sábado de Gloria; al "abrirse la Gloria" las personas salen a festejar y se reúnen a la quema, literal, de los Judas; que básicamente significa quemar al traidor. Es por esto que épocas más recientes se hacen Judas de todo aquel al que se le considere traidor o también les pintan el nombre de aquel a las piezas. Una forma simbólica y catártica de vengarse de los Judas, que nunca faltan.

Don Pedro Linares López soñó a los alebrijes a los 30 años y luego de esto comenzó a dar forma a las criaturas que sorprenderían y fascinarían a todo aquel que las mirara. Don Pedro trabajaba para grandes artistas que se apoyaban en él para realizar trabajos diversos de cartonería; uno de ellos fue Diego Rivera, quien al conocer los alebrijes llegó a admirarlos tanto que declaró que ningún otra persona podía hacerlos puesto que Don Pedro era el verdadero creador. Incluso, en el museo del reconocido pintor y muralista mexicano, en el Museo Anahuacalli, se exhiben alebrijes de Don Pedro Linares.

Los alebrijes son un arte relativamente nuevo, pues las primeras piezas datan de los años 30's y 40's. A nivel internacional se dio a conocer tras el documental de la directora Bronowski y la exhibición de alebrijes en el extranjero. La fascinación por esos horrendos personajes y al mismo tiempo atrayentes hicieron de Don Pedro un artista reconocido. Por esto mismo recibió en 1990 el Premio Nacional de Ciencias y Artes en la categoría Artes y Tradiciones Populares, esta es la más alta condecoración para artesanos otorgada por el gobierno mexicano.

Así pues, el hermoso arte de los alebrijes nació en el Barrio de la Merced en la Ciudad de México, invadiendo con sus coloridos y multiformas oníricas e imposibles al mundo entero. Otros talleres comenzaron a imitar las creaciones de Pedro Linares y a incluir otros materiales, como el caso de los alebrijes de Oaxaca que son realizados con madera de copal. Por su parte el taller de los Linares está a cargo de los descendientes de Don Pedro.

LA CARTA MAGNA

El rey Juan de Inglaterra, hijo menor del rey Enrique II al que llamaron Juan Sin Tierra, era propenso a violentos accesos de ira. Se enfrenté con los nobles de las provincias de Anjou y Poitiers, y perdió estas tierras a favor de Francia. En Inglaterra, aumentó fuertemente los impuestos a los nobles y gobernó con tanto rigor que éstos acabaron por rebelarse. Los nobles amenazaron a Juan y exigieron que aceptara sus derechos tradicionales y que obedeciera la leyó. El rey Juan (1199-1216) se enfrentó con sus nobles, que se volvieron contra él y le obligaron a firmar la Carta Magna.

A la muerte del rey Eduardo III EL SANTO, subió al trono su cuñado el príncipe HAROLDO. Pero como el duque francés GUILLERMO DE NORMANDÍA también se creía con derecho a la corona, reunió un ejército de aventureros normandos, desembarcó con ellos en Inglaterra y en 1066 obtuvo la victoria de Hastings, logrando pronto el dominio de todo el país. De inmediato el Conquistador organizó un fuerte gobierno centralizado: tras despojar a los nobles anglosajones de sus bienes, dividió el reino en Condados gobernados por “sheriffs”, puestos por él mismo, y repartió las mejores tierras entre sus oficiales y los franceses que les habían acompañado. De esta manera comenzaron las complicaciones.

A partir de entonces en Inglaterra tuvo gran importancia el elemento francés, no sólo en las costumbres, sino también en el idioma del pueblo. Y ello continuó durante el reinado de los hijos del Conquistador, GUILLERMO II EL Rojo y ENRIQUE I. Desde entonces, los reyes ingleses, dueños de casi la mitad de Francia, se preocuparon más de sus posesiones personales que de sus deberes de soberanos. Y esta situación motivó una serie de conflictos que mantuvieron a los dos reinos enemistados durante más de 400 años. La lucha abierta estalló bajo el siguiente monarca, RICARDO, llamado por su valentía “Corazón de León”, y que sólo vivió pocos meses en su país, por estar ocupado en la 3° Cruzada y luego defendiendo sus posesiones francesas.

En 1200 le sucedió su hermano JUAN SIN TIERRA, príncipe brutal y cobarde, cuyo reinado significó un desastre para el país. Comenzó perdiendo el Ducado de Normandía a raíz de su derrota de Bouvznes. Luego entró en conflicto con el Papa INOCENCIO III, y temeroso de la excomunión, entregó su reino a la Santa Sede en calidad de vasallo. Finalmente, hartos los nobles de sus fracasos y de sus injusticias, dieron un paso trascendental. La Carta Magna: Apoyados por el clero y los habitantes de las ciudades, los Barones ingleses se sublevaron y derrotaron al monarca en el año 1215, obligándole luego a firmar un famoso documento llamado la Carta Magna. Con ella el rey se comprometía a no arrestar a ningún noble sin orden judicial. Tampoco podía juzgarlo sino mediante un Tribunal de sus iguales; y además se comprometía a no imponer ningún impuesto sin el consentimiento de un “Consejo del Reino” integrado por nobles.

En 1215, los nobles se reunieron con el rey en un prado llamado Runnymede, junto al río Támesis. Allí, le obligaron a poner su sello en la Carta Magna. Este documento constitucional abordaba muchos asuntos importantes, como los pesos y medidas, los poderes de los comisarios policiales, y los derechos legales de los hombres libres y de los Burgos. El rey accedió a obedecer y hacer cumplir la ley, que no le permitía aumentar los impuestos sin el consentimiento del Gran Consejo, formado por los nobles. Sin embargo, poco tiempo después Juan se retractó de todo lo firmado, provocando el estallido de una guerra civil. Este documento considerado como base de las libertades inglesas y modelo de las Constituciones modernas, en realidad no es sino un retroceso hacia el feudalismo; en verdad se limitaba la autoridad real, pero sólo se protegían los derechos de los nobles.

MARÍA MARTHA SERRA LIMA

Apareció cuando el bolero, con un siglo y medio de historia, estaba en retirada. La hija menor de cuatro hermanos varones creció en una familia acomodada y de clase alta de la zona norte. Su padre era un exitoso empresario aficionado al canto que la hacía cantar frente a sus amigos. Tuvo que esperar a que su padre muriera y divorciarse de su primer esposo para tener la libertad de dedicarse a la música romántica, su primera y única maestra. "Tenía todas las contras para ser artista. Era mujer, gorda, grande, porque me lancé tarde, a los 33 años, y bolerista. ¡No existía un caso así! Encima me decían: «las mujeres no venden discos», «las mujeres te van a odiar porque sos gorda», pero fue todo al revés", confesó la artista en una de sus tantas apariciones públicas.

Esa voz magnética y grave, ese fraseo largo que se abrazaba a esas historias de amor y desengaño, la eternizaron desde que apareció por primera vez en un escenario. Debutó oficialmente en la discoteca Afrika, de moda en la década del setenta, ubicada en el hotel Alvear. A partir de ahí se transformó en una figura ineludible del ambiente musical. "Nunca busqué el éxito -comentó en una ocasión-, pero el éxito siempre me acompañó, a todos lados". Trabajó en Michelangelo durante cinco años y su carrera fue en ascenso. En 1980, impulsada por Mochín Marafiotti, director de CBS, grabó el tema "ENTRE NOSOTROS" y logró que la voz de María Martha Serra Lima entrara en todas las casas.
El otro mojón artístico de su historia lo constituyó su sociedad artística con el TRÍO LOS PANCHOS, integrado por Chucho Navarro, Alfredo Gil y Basurto Lara, que duró 17 años. El disco ESENCIA ROMÁNTICA (1983), que tuvo sus volúmenes 2 y 3, reavivó la llama del bolero en toda América latina gracias a un repertorio inoxidable que incluía "ALGO CONTIGO", que se convirtió en un clásico de Chico Novarro; "LOS ENAMORADOS", otro himno dentro de su carrera, y "VOY A PERDER LA CABEZA POR TU AMOR". Las bases tradicionales del bolero, el punteo del requinto, las voces en contrapunto y la voz de Serra Lima flotando sobre esas melodías ambientadas en la época dorada de los cuarenta y cincuenta, lo convirtieron en un álbum clásico en toda América latina, que llegó a vender cinco millones de unidades.

El reinado artístico de María Martha Serra Lima fue durante la década del ochenta, donde llegó a grabar un disco por año y hacer participaciones especiales en películas de Olmedo y Porcel. En los noventa empezó a residir en Miami y a partir de allí su carrera tuvo vaivenes, aunque siempre se mantuvo vigente. La leyenda de su voz siguió llamando la atención de las generaciones más jóvenes cuando se produjo la vuelta del bolero a fines de los noventa, a partir del exitoso disco Romance (1997), de Luis Miguel. Sus versiones se retroalimentaron junto a otros intérpretes del género como Olga Guillot y creadores como Armando Manzanero, con el que también compartió giras internacionales. En los últimos años, María Martha también alimentó la leyenda de sus canciones contando sus propios romances. Contó que tuvo un amorío con Sandro y que llegó a tener 22 novios antes de su primer matrimonio, pero que se casó virgen. "Es que el sexo no me interesa tanto, soy una mujer apasionada, es cierto. Pero apasionada del amor". Sensual sobre el escenario, dijo que le gustaba lanzarles miradas a los hombres del público para crear su propia fantasía mientras cantaba un bolero y la historia tuviera más verdad. Sin embargo, la mujer que decía haber tenido éxito en la música fracasó en el amor varias veces. Enviudó de su primer marido y se separó del segundo. Con su última pareja, Horacio Perez Ugidos, que se volvió su manager, estuvieron juntos más de treinta años pero viviendo en casas separadas: "¿Vos sabes lo que es compartir la vida con alguien que desafina así? Muchas veces, cuando termina el show y nos volvemos en el auto pone un CD mío-porque le encanta mi música, no lo puede evitar-y se pone a cantar encima. ¡Una tortura!".

Cada aparición de Serra Lima en los medios levantó polvareda. Fue muy criticada por sus declaraciones públicas en contra de las parejas homosexuales y su postura a favor de la pena de muerte. Distintas dolencias físicas la mantuvieron, por momentos, alejada de los escenarios, más allá de apariciones públicas en programas de televisión. Aunque solía reaparecer en conciertos en hoteles de lujo y teatros de todo el país. Su hija la acompañó durante su última internación en Miami, tras padecer varios problemas de salud en el último tiempo. Sin embargo, María Martha ya se había convertido en leyenda de la canción romántica por una trayectoria trazada en más de cuarenta álbumes editados, haber conseguido 15 discos de Oro y 35 de Platino y haber cantado en el MADISON SQUARE GARDEN de Nueva York. María Martha Serra Lima, falleció el 2 de noviembre de 2017 tras una lucha con un cáncer de páncreas a la edad de 72 años. Recientemente había sido sometida a dos intervenciones quirúrgicas pues tenía dificultades para caminar. La voz de María Martha Serra Lima se eternizó en esas historias de amor y desengaños. Dijo muchas veces que no estaba arrepentida de todo lo que vivió en su vida personal y cómo lo vivió. Como cantaba en "A MI MANERA", uno de sus temas-himnos infaltable de sus conciertos. "Me pueden decir o criticar, si yo aprendí a renunciar, si hay que morir y hay que pasar, nada dejé sin entregar... porque viví, siempre viví... a mi manera"

domingo, 23 de octubre de 2022

DÍA DE TODOS LOS SANTOS

En los países de tradición católica, se celebra el 1 de noviembre; mientras que en la Iglesia Ortodoxa se celebra el primer domingo después de Pentecostés; aunque también la celebran las Iglesias Anglicana y Luterana. En ella se venera a todos los santos que no tienen una fiesta propia en el calendario litúrgico. Por tradición es un día festivo, no laborable.

La Iglesia Primitiva acostumbraba celebrar el aniversario de la muerte de un mártir en el lugar del martirio. Frecuentemente los grupos de mártires morían el mismo día, lo cual condujo naturalmente a una celebración común. En la persecución de Diocleciano el número de mártires llego a ser tan grande que no se podía separar un día para asignársela. Pero la Iglesia, sintiendo que cada mártir debería ser venerado, señalo un día en común para todos. La primera muestra de ello se remonta a Antioquia en el domingo antes de Pentecostés.

También se menciona lo de un día en común en un sermón de San Efrén el Sirio en 373. En un principio solo los mártires y San Juan Bautista eran honrados por un día especial. Otros santos se fueran asignando gradualmente, y se incrementó cuando el proceso regular de canonización fue establecido; aún, a principios de 411 había en el Calendario Caldean una “Commemoratio Confessorum” para el viernes de los cristianos orientales. En la Iglesia de Occidente el papa Bonifacio IV, entre el 609 y 610, consagro el Panteón en Roma a la Santísima Virgen y a todos los mártires, dándole un aniversario.

Gregorio III (731-741) consagró una capilla en la Basílica de San Pedro a todos los Santos y arregló el aniversario para el 1 de noviembre. La basílica de los Apóstoles que ya existía en Roma, ahora su dedicación seria recordada anualmente el 1 de mayo. Gregorio IV extendió la celebración del 1 de noviembre a toda la Iglesia, a mediados del siglo IX.

La práctica religiosa hacia los difuntos es sumamente antigua. El profeta Jeremías en el Antiguo Testamento dice: "Así habla el Señor acerca de ti: Tú no morirás por la espada sino que morirás en paz. Y así como se quemaron perfumes por tus padres, los reyes antiguos que te han precedido, así se quemarán perfumes por ti, y se entonará por ti la lamentación: "¡Ay Señor!". Esta es la palabra que yo te he dicho -oráculo del Señor-." (Jeremías 34-4,5) a su vez en el libro 2° de los Macabeos esta escrito: "Y después de haber recolectado entre sus hombres unas dos mil dracmas, las envió a Jerusalén para que se ofreciera un sacrificio por el pecado. El realizó este hermoso y noble gesto con el pensamiento puesto en la resurrección, porque si no hubiera esperado que los caídos en la batalla fueran a resucitar, habría sido inútil y superfluo orar por los difuntos. Además, él tenía presente la magnífica recompensa que está reservada a los que mueren piadosamente, y este es un pensamiento santo y piadoso. Por eso, mandó ofrecer el sacrificio de expiación por los muertos, para que fueran librados de sus pecados." (2 Mac. 12- 44-46); y siguiendo esta tradición, en los primeros días de la Cristiandad se escribían los nombres de los hermanos que habían partido en la díptica, que es un conjunto formado por dos tablas plegables, con forma de libro, en las que la Iglesia primitiva acostumbraba a anotar en dos listas pareadas los nombres de los vivos y los muertos por quienes se había de orar.

En el siglo VI los benedictinos tenían la costumbre de orar por los difuntos al día siguiente de Pentecostés. En tiempos de san Isidoro († 636) en España había una celebración parecida el sábado anterior al sexagésimo día antes del Domingo de Pascua (Domingo segundo de los tres que se contaban antes de la primera de Cuaresma) o antes de Pentecostés.

En Alemania cerca del año 980, según el testimonio de Widukind, abad de la Corvey, hubo una ceremonia consagrada a la oración de los difuntos el día 1 de noviembre, fecha aceptada y bendecida por la Iglesia.

San Odilón u Odilo en el 980, abad del Monasterio de Cluny, en el sur de Francia, añadió la celebración del 2 de noviembre como fiesta para orar por las almas de los fieles que habían fallecido, por lo que fue llamada "Conmemoración de los Fieles Difuntos". De allí se extendió a otras congregaciones de benedictinos y entre los cartujos; la Diócesis de Lieja la adoptó cerca del año 1000, en Milán se adoptó el siglo XII, hasta ser aceptado el 2 de noviembre, como fecha en que la Iglesia celebraría esta fiesta.

Tradiciones del Día de los Fieles Difuntos
La tradición de asistir al cementerio para rezar por las almas de quienes ya abandonaron este mundo, está acompañada de un profundo sentimiento de devoción, donde se tiene la convicción de que el ser querido que se marchó y pasará a una mejor vida, sin ningún tipo de dolencia, como sucede con los seres terrenales.

En México y en América Latina esta celebración se combinó con elementos indígenas y del sincretismo resultó una original celebración en el Día de Muertos, distinta de las otras naciones católicas. Esta fiesta incluye por tradición un Altar de muertos que consiste en una serie de adornos florales acompañados de la comida favorita del difunto; además de fotografías y otros detalles.

En las zonas andinas de Sudamérica, especialmente en Ecuador, Perú y Bolivia, la costumbre es preparar e intercambiar entre familiares y amigos las guaguas de pan para consumir con la chicha morada que en algunas áreas rurales son también ofrendas principales en los cementerios.

DÍA DE MUERTOS

El Día de Muertos es una celebración tradicional de origen mesoamericano que honra a los difuntos. Se celebra principalmente los días 1 y 2 de noviembre, aunque en algunos lugares comienza desde el 31 de octubre, coincidiendo con las celebraciones católicas de Día de los Fieles Difuntos y Todos los Santos. Es una festividad que se celebra en México y en menor grado en países de América Central, así como en muchas comunidades de los Estados Unidos, donde existe una gran población mexicana. En el 2008 la UNESCO declaro la festividad como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de México. En Brasil existe una celebración similar conocida como Día dos Finados, aunque esta festividad no tiene las mismas raíces prehispánicas que el Día de Muertos.

El culto a la muerte en México no es algo nuevo, pues ya se practicaba desde la época precolombina. Así mismo, en el calendario mexica, que se localiza en el Museo de Antropología, se puede observar que entre los 18 meses que forman este calendario, había por lo menos seis festejos dedicados a los muertos. Posteriormente, los evangelizadores cristianos de tiempos coloniales aceptaron en parte las tradiciones de los antiguos pueblos mesoamericanos, fusionándolas con las tradiciones europeas, para poder implantar el cristianismo entre dichos pueblos. Los orígenes de la celebración del Día de Muertos en México son anteriores a la llegada de los españoles. Hay registro de celebraciones en las etnias mexica, maya, purépecha y totonaca. Los rituales que celebran la vida de los ancestros se realizan en estas civilizaciones desde la época precolombina. Entre los pueblos prehispánicos era común la práctica de conservar los cráneos como trofeos y mostrarlos durante los rituales que simbolizaban la muerte y el renacimiento.

El festival que se convirtió en el Día de Muertos se conmemoraba el noveno mes del calendario solar mexica, cerca del inicio de agosto, y se celebraba durante un mes completo. Las festividades eran presididas por la diosa Mictecacíhuatl, conocida como la "Dama de la Muerte" (actualmente relacionada con "La Catrina", personaje de José Guadalupe Posada) y esposa de Mictlantecuhtli, Señor de la tierra de los muertos. Las festividades eran dedicadas a la celebración de los niños y las vidas de parientes fallecidos. El paso de la vida a la muerte es un momento emblemático que ha causado admiración, temor e incertidumbre al ser humano a través de la historia. Por muchos años, en diversas culturas se han generado creencias en torno a la muerte que han logrado desarrollar toda una serie de ritos y tradiciones ya sea para venerarla, honrarla, espantarla e incluso para burlarse de ella.

México es un país rico en cultura y tradiciones; uno de los principales aspectos que conforman su identidad como nación es la concepción que se tiene sobre la vida, la muerte y todas las tradiciones y creencias que giran en torno a ellas. De cualquier modo, hay que destacar que esta celebración no es propia de todos los mexicanos puesto que, pese a ser una fiesta que se ha convertido en un símbolo nacional y que como tal es enseñada (con fines educativos) en las escuelas del país, existen muchas familias que son más apegadas a celebrar el “Día de todos los Santos” como lo hacen en otros países católicos. Además, cabe mencionar la fuerte influencia de los Estados Unidos que, al menos en zonas fronterizas, se evidencia con la presencia de la fiesta conocida como Halloween, la cual se celebra cada año con más frecuencia y en un mayor número de hogares. De ahí también que exista una inquietud entre los propios mexicanos de querer preservar el Día de Muertos como parte de la cultura mexicana sobre otras celebraciones parecidas.

Para los antiguos mesoamericanos, la muerte no tenía las connotaciones morales de la religión cristiana, en la que las ideas de infierno y paraíso sirven para castigar o premiar. Por el contrario, ellos creían que los rumbos destinados a las almas de los muertos estaban determinados por el tipo de muerte que habían tenido, y no por su comportamiento en la vida. Las principales civilizaciones representativas del área mesoamericana, aztecas y mayas, desarrollaron una rica ritualística alrededor del culto de los antepasados y de la muerte en sí misma, lo que constituyó el precedente del actual Día de Muertos, en el que pervive aún parcialmente la cosmovisión de aquellos pueblos.

Los entierros prehispánicos eran acompañados de ofrendas que contenían dos tipos de objetos: los que, en vida, habían sido utilizados por el muerto, y los que podría necesitar en su tránsito al inframundo. De esta forma, era muy variada la elaboración de objetos funerarios: instrumentos musicales de barro, como ocarinas, flautas, timbales y sonajas en forma de calaveras; esculturas que representaban a los dioses mortuorios, cráneos de diversos materiales (piedra, jade, cristal), braseros, incensarios y urnas. Cuando llegaron a América los españoles en el siglo XVI trajeron sus propias celebraciones tradicionales para conmemorar a los difuntos, donde se recordaba a los muertos en el Día de Todos los Santos. Al convertir a los nativos del Nuevo Mundo se dio lugar a un sincretismo que mezcló las tradiciones europeas y prehispánicas, haciendo coincidir las festividades católicas del Día de todos los Santos y Todas las Almas con el festival similar mesoamericano, creando el actual Día de Muertos.

Otros elementos influirían en la evolución de las actuales costumbres del Día de Muertos; por ejemplo, en el centro del país, las epidemias que durante siglos azotaron a la Ciudad de México llevaron a la creación de cementerios fuera de la ciudad y fue hacia 1861 que el gobierno comenzó a hacerse cargo de los entierros. Así mismo, hacia 1859 se consolidó la costumbre de adornar las tumbas con flores y velas, visitar los panteones los días 1 y 2 de noviembre. La clase alta por las mañanas y los pobres por la tarde, la gente de dinero aprovechaba estos días para poder estrenar sus ropas negras que preparaban desde antes para poder lucirlas en los panteones, esta costumbre es de origen europeo.

TRES MÚSICOS QUE VENDIERON SU ALMA AL DIABLO

La frecuentación entre los demonios y los artistas no necesariamente incluye la posibilidad de un pacto satánico. De hecho, a lo largo de los años se han forjado verdaderas amistades entre el arte y el infierno; por ejemplo, entre el demonio Zorneo y sus dos grandes discípulos: el marqués de Sade y Casanova, o Asmodeo, que manifestaba una peculiar predilección por Oscar Wilde. Ahora bien, el motivo folklórico del pacto con el diablo propiamente dicho alcanzó la excelencia con la historia de Fausto y el demonio Mefistófeles. Sin embargo, no todos los hombres que vendieron su alma al diablo lo hicieron para conseguir el amor de una mujer. Algunos, de hecho, se embarcaron en este riesgoso acuerdo contractual para obtener a cambio un talento sobrehumano.

La idea del pacto satánico se basa en la noción de que el fin justifica los medios, es decir, que el éxito personal está por encima de todo lo demás. A lo largo de la historia existen muchos casos de supuestas personas que vendieron el alma al demonio a cambio de ciertas habilidades, y los músicos son, probablemente, los intérpretes del oficio más asociado a esta leyenda. Por regla general, los músicos acusados de vender su alma al diablo coinciden en tres características: un talento fuera de lo común, un enorme éxito durante un corto período de tiempo, y una muerte prematura. A continuación repasaremos muy brevemente tres historias de músicos acusados de haber vendido su alma a Lucifer.

Robert Johnson (1911-1938)
Se dice que Robert Johnson se crió trabajando en una plantación de Clarksville, Mississippi, soñando obsesivamente en convertirse en un gran músico de blues. Cierta noche, un forastero que estaba de paso se ofreció a afinarle la guitarra y luego interpretó una o dos melodías que estremecieron al joven Johnson. El muchacho le rogó que le enseñara a tocar de ese modo. El misterioso hombre aceptó, a cambio de que le entregara su alma. Esta es la razón que muchos cronistas encontraron para el descomunal talento de Robert Johnson y su escasa formación musical. Antes de morir a los 27 años de edad, Robert Johnson compuso una de sus mejores canciones, y la que probablemente reafirmó aquella oscura leyenda de pactos satánicos: Yo y el blues del diablo (Me and the Devil Blues).

Giuseppe Tartini (1692-1770)
Antes de que Giuseppe Tartini alcanzara la fama debido a su increíble habilidad con el violín, se lo suele retratar como un pobre y mediocre violinista decepcionado con la vida y la música. Cierta noche, cuenta la leyenda, el diablo se le apareció en sueños. El príncipe de las tinieblas tocó para él una melodía tan compleja y elegante que Tartini despertó, sobresaltado; y acto seguido trató de apuntar las notas que había escuchado en sueños. Con el tiempo, aquella sonata llegó a ser conocida como El trino del diablo (Il trillo del Diávolo); tal vez la pieza musical para violín más difíciles de interpretar; a tal punto que llegó a decirse que parece compuesta para alguien con seis dedos. Por cierto, aquel sexto dedo es conocido aún hoy como el dedo del diablo.

Niccolò Paganini (1782-1840)
Probablemente uno de los músicos más virtuosos de su tiempo, y sin dudas uno de los mejores violinistas de la historia, Niccolò Paganini escribió piezas para violín desde la más tierna infancia. Su padre rápidamente advirtió el talento de su hijo y lo estimuló a que llevara sus creaciones a las iglesias, donde servía espiritual y musicalmente. No obstante, sus rivales no creían que ninguno de sus trabajos fuese realmente suyo, sino más bien el fruto de algún tipo de pacto satánico. Rápidamente se propagó el rumor de que Niccolò Paganini había vendido su alma al demonio a cambio de convertirse en un gran violinista. Esta leyenda, sin embargo, no lo perturbó demasiado, e incluso hizo mucho para estimularla. Según el poeta Heinrich Heine, cada vez que Niccolò Paganini tocaba su violín siempre se veía una figura oscura detrás de él. Más allá de que esto pudo haber sido una puesta en escena, desde luego, patrocinada por el propio Paganini, lo cierto es que, tras su muerte, la Iglesia le negó el entierro según el rito católico. Pasarían cuatro años desde su muerte para que el Papa emitiera una orden por la cual su cuerpo podía ser enterrado en suelo sagrado. Desde entonces, en 1876, el cuerpo de Niccolò Paganini descansa en el cementerio de Parma.

BELIAL EL DEMONIO DEL AMOR ESTÉRIL

Prácticamente todos los libros prohibidos y grimorios de la Edad Media coinciden en que BELIAL fue un ídolo de los palestinos que habitaban la ciudad de Sodoma durante su apogeo. Esta ubicación convirtió al pobre demonio en una inexactitud. Efectivamente, a partir del episodio de Sodoma y Gomorra, regiones que Dios barrió del planeta a causa de sus pecados, BELIAL se convirtió en patrono de los varones homosexuales, omitiendo que el pecado que condenó al azufre a los prósperos sodomitas no era otro que la "cópula contra natura", sin distinción de sexos, práctica que estaba especialmente vedada a las mujeres ya que las desviaba de su función procreadora.

Nadie ha logrado ponerse de acuerdo al respecto. Algunas fuentes sostienen que BELIAL significa "rebelde e improductivo" (del hebreo: beli-yaal), otras le asignan el doble significado de "inútil e impío". La razón de éstos calificativos es bastante gráfica: la cavidad que recibía la semilla de este demonio no era "tierra fértil", y su acción, un acto de placer infértil. COLIN DE PLANCY, escritor, ocultista y demonólogo francés; editor de importantes trabajos sobre ocultismo y demonología, no vacila en definir a BELIAL como un enamorado del vicio por el vicio mismo.

El demonólogo prosigue, en su Diccionario Infernal, y redondea un retrato de BELIAL que, a pesar de sus intenciones, termina siendo elogioso. Sostiene que el aspecto de este demonio es bellísimo, y que el cielo no ha perdido otro ángel más hermoso. JOHANN WEYER, médico, ocultista y demonólogo holandés, le atribuye un papel preponderante en la rebelión de los ángeles conocida como las Guerras Celestiales, y afirma que este gran corruptor es un experto en el arte de la seducción.

Para completar su enigmática figura, PARACELSO, alquimista, médico y astrólogo suizo, afirma que BELIAL se divierte dando falsas pistas a los investigadores de la ciencia y difundiendo por placer inocentes mentiras. Según otros investigadores, este demonio actúa y se materializa sobre todo durante el mes de enero. La más heterodoxa de sus leyendas lo responsabiliza de la condena de la mujer de LOT; no por su ingenua curiosidad, sino por haber gozado con él de los estériles amores contra natura. BELIAL es mencionado, además, en varias obras de ALEISTER CROWLEY, ocultista, místico y alquimista inglés y en dos libros de ocultismo paradigmáticos: LA LLAVE MAYOR DEL REY SALOMÓN y LA LLAVE MENOR DE SALOMÓN.

lunes, 17 de octubre de 2022

EL ARAMEO LA LENGUA DE JESÚS

La lengua aramea está atestiguada por un período de casi 3.000 años y en el cual ha experimentado un sinfín de cambios gramaticales, variantes y uso. A grandes rasgos se podría hacer un cuadro generalizado de sus etapas de la siguiente manera: Arameo antiguo (850-612 a. C.), este período se caracteriza por el ascenso de los arameos como una potencia en la historia antigua del Medio Oriente, en la adopción de su lengua como lengua internacional de la diplomacia en las últimas fases del Imperio neo-asirio y la dispersión de los pueblos de habla aramea desde Egipto hasta la Baja Mesopotamia como resultado de las deportaciones asirias.

Arameo Imperial (600-200 a. C.),durante este período el arameo se expande más allá de las fronteras de su tierra nativa hasta los territorios de los Imperios neo-babilonio y persa, desde el Alto Egipto hasta Asia Menor y hacia el este llega al subcontinente indio. Desafortunadamente sólo una pequeña parte del vasto corpus de documentos administrativos, anales y cartas de esos imperios han sido preservados, debido a que fueron escritos con tinta en materiales perecederos, en contraste con la escritura cuneiforme grabada en tablillas de arcilla. Los mayores hallazgos provienen de Egipto, donde el clima seco ayudó a la preservación de los papiros y el cuero.

Arameo Medio (200 a. C.-250 d. C.),en este período, en el que dos potencias van a marcar la diferencia, Grecia y Roma, el griego reemplaza al arameo como lengua administrativa del Medio oriente, en tanto que en varias regiones de habla aramea comienza el proceso de desarrollo de dialectos independientes unos de otros. Se podría subdividir este período en lo que a textos se refiere en dos grandes categorías: epigráfica y canónica.

Arameo Clásico (200-1200 d. C.), el grueso de evidencia del arameo de este período viene de la literatura y de ocasionales inscripciones. En los primeros siglos de esta etapa los dialectos arameos son todavía ampliamente hablados, pero en la segunda mitad de este tiempo, el árabe va a desplazar al arameo como lengua que habla la mayor parte de la población. Aunque los dialectos de este período se dividieron generalmente en dos ramas (oriental y occidental), parece ser que es mejor dividirlos en tres: palestiniense, sirio y babilónico.

¿Pero? ¿Qué lengua o lenguas hablaba Jesús? ¿Hay en los evangelios referencia sobre el tema? Hay que advertir, ante todo, que Palestina ha sido desde antiguo, tierra de paso, y por esto mismo, tierra políglota, un lugar donde siempre se ha hablado más de una lengua. En la época de Jesús, por ejemplo, se hablaban al menos dos lenguas locales: el arameo y el hebreo, lenguas habladas o comprendidas por la mayoría de la población. Se usaban también otras dos lenguas “internacionales”: el griego y el latín, en las que se expresaban aquellas personas vinculadas a ambientes de la administración del imperio romano o de la cultura griega.

La lengua hebrea, lengua en la que fue escrito el Antiguo Testamento, se usaba de ordinario en la liturgia sinagogal del sábado, aunque no todos los participantes la comprendiesen plenamente. En cambio, la lengua aramea era la lengua familiar del pueblo hebreo de Palestina desde hacía varios siglos. Era la lengua común en toda Palestina y más particularmente en el norte del país, por ejemplo, en Nazaret y Cafarnaún, lugares donde Jesús creció y transcurrió la mayor parte de su vida. También se hablaba o era comprendida fuera de Palestina. Respecto a las lenguas griegas y latina, las hablaban las personas de una cierta cultura o los administradores del Estado, según lo prueban las numerosas inscripciones de la época.

La lengua hebrea era familiar a Jesús según resulta del episodio narrado en el evangelio de Lucas (4,16-30). Jesús “entró en día sábado y se levantó para hacer la lectura”. Es sabido que en las sinagogas la lectura de la Biblia se hacía en hebreo y después se precedía a hacer el comentario del texto leído. Así lo hizo Jesús en la sinagoga de Nazaret: la lectura del texto en hebreo y el comentario, muy probablemente, en arameo. Entonces sucedía como en nuestras iglesias antes de la reforma litúrgica: se proclamaba la lectura del evangelio en latín y la homilía en lengua vernácula.

Además de estas deducciones lógicas, derivadas del contexto evangélico y de la lógica de las cosas, hay otros elementos, como palabras y frases de Jesús, que nos permiten reconstruir el ambiente lingüístico de la época. n el Nuevo Testamento, escrito en griego, encontramos de vez en cuando términos semitas no traducidos al griego, que nos hacen entrever el genuino fondo arameo que reinaba en Palestina. Es el caso de los nombres propios, de personas o de lugares, por ejemplo, Bar Yona, o Barrabás, nombres de personas de clara matriz aramea, compuesto por el término bar = hijo, con la adición del nombre del padre. Entre los nombres de lugar hallamos Cafarnaún, que proviene de la forma Kefar Nahum, es decir pueblo de Nahum; o Hacéldama, nombre mencionado en los Hechos de los Apóstoles (1,19), formado de la unión de dos palabras: Haqel demá, campo de sangre.

Asimismo, los nombres de mujer: Marta (Lc10, 38) y Tabita (Hechos 9,36), que significan respectivamente Señora y Gacela, son formas arameas bien conocidas y nombres usados en la época del Señor. El sobrenombre de Pedro: Cefas, corresponde a la forma aramea Kefa, es decir Piedra. Los nombres de Gólgota (Mt 27,33) y Gábata (Jn 19,13), mencionados en el relato de la Pasión, provienen igualmente de dos palabras que significan “(lugar del) Cráneo” y “lugar realzado” respectivamente.

Resulta más interesante señalar algunas palabras que los evangelistas ponen en la boca de Jesús, como, por ejemplo, Effeta, imperativo del verbo abrir; o Talitha, Qumi, que significa, “Niña, levántate” (Mc 5,41); o también Abba, Padre (Mc 14,36; Gal 4,6). La frase aramea más larga que encontramos en los evangelios fue pronunciada por Jesús en la cruz: ¿Eloí?, ¿Eloí lemá sabactaní?, ¿Dios mío, Dios mío? ¿Porqué me has abandonado? (Mt 27,46), que se interpreta como una oración de Jesús pues son las palabras que abren el salmo 22. Fueron dichas en arameo y transcriptas fielmente por los evangelistas en griego. Los evangelistas quisieron conservar y transmitir por escrito esta frase de Jesús, frase que los primeros cristianos, que hablaban el arameo, la conservaban en la memoria.

Aunque esta división aparezca un poco artificial, sin embargo, hay que admitir que existían variantes que no obstaculizaban la comprensión de la lengua, vista la escasa extensión de la región. Jesús hablaba ciertamente el arameo de Galilea, pero sus palabras arameas recordadas por los evangelistas han sido “jerosolimizadas” por la naciente Iglesia y transmitidas, por tanto, según el dialecto hablado en Jerusalén, donde nació la Iglesia. Conviene aclarar que las diferencias entre los dos dialectos eran mínimas. Estas breves consideraciones nos muestran cómo Jesús, hijo de su tiempo y de su tierra, no se desdeñó de hablar la lengua materna, adaptándose a la cultura de su época.

LOS MISTERIOS LUMINOSOS

Los Misterios Luminosos se rezan los días: (jueves)

PRIMER MISTERIO LUMINOSO
1-EL BAUTISMO DE JESÚS EN EL RÍO JORDÁN

Después de los hechos que contemplamos en el quinto misterio gozoso: «El Niño Jesús perdido y hallado en el Templo», Jesús regresó con José y María a Nazaret, donde continuó viviendo sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón. Y el niño progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres. Llegado a la edad de 30 años, Jesús decidió dejar el retiro de Nazaret para iniciar su vida pública en cumplimiento de la voluntad del Padre. Por aquellos días había aparecido Juan el Bautista, predicando en el desierto la conversión y bautizando en el Jordán a las multitudes que acudían a él y confesaban sus pecados. Entonces se presentó también Jesús, que venía de Nazaret (en Galilea) para ser bautizado por Juan. Pero éste intentaba disuadirlo diciéndole: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?» Jesús le contestó: «Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere». Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto, en quien me complazco».
En este misterio contemplamos la primera manifestación pública de Jesús adulto. Tiene unos 30 años. El bautismo de Jesús es la gran teofanía o manifestación de Dios en que por primera vez se revela el misterio de la Trinidad. Las tres divinas personas se hacen sensibles: El Hijo en la persona de Jesús; el Espíritu en forma de paloma que se posa suavemente sobre su cabeza; el Padre mediante la voz de lo altoÉste es mi hijo... que proclama la filiación divina de Jesús y lo acredita como su Enviado. Era conveniente este testimonio, porque Jesús salía del anonimato de Nazaret y se disponía a realizar su obra de Mesías. Evidentemente Jesús no necesitaba para sí mismo el bautismo de conversión que administraba el Bautista para el perdón de los pecados. Pero, para cumplir el designio del Padre, Jesús tenía que asumir los pecados del mundo, más aún, como dice Pablo, «hacerse pecado por nosotros» y así, como cordero de Dios, quitar el pecado del mundo en la inmolación pascual a la que le llevaría el camino emprendido en el Jordán.

SEGUNDO MISTERIO LUMINOSO
2-JESÚS Y MARÍA EN LAS BODAS DE CANÁ

Después del bautismo en el Jordán, Jesús empezó su ministerio público, y pronto lo siguieron los primeros discípulos. Según refiere el evangelista Juan, por aquel tiempo se celebraba una boda en Caná de Galilea, cerca de Nazaret, fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos y María. “…Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino». Jesús le respondió: «Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía». Pero su madre dijo a los sirvientes: «Hagan todo lo que él les diga» Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una. Jesús dijo a los sirvientes: «Llenen de agua estas tinajas». Y las llenaron hasta el borde. «Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete». Así lo hicieron. El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su o rigen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y les dijo: «Siempre se sirve primero el bu en vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento»”

Este Misterio de Luz es el comienzo de los signos en Caná, cuando Cristo, transformando el agua en vino, abre el corazón de los discípulos a la fe gracias a la intervención de María, la primera creyente. La presencia de Jesús en Caná manifiesta, además, el proyecto salvífico de Dios con respecto al matrimonio. En esa perspectiva, la carencia de vino se puede interpretar como una alusión a la falta de amor, que lamentablemente es una amenaza que se cierne a menudo sobre la unión conyugal. María pide a Jesús que intervenga en favor de todos los esposos, a quienes sólo un amor fundado en Dios puede librar de los peligros de la infidelidad, de la incomprensión y de las divisiones. La exhortación de María: «Hagan todo lo que él les diga», conserva un valor siempre actual para los cristianos de todos los tiempos, y está destinada a renovar su efecto maravilloso en la vida de cada uno. Invita a una confianza sin vacilaciones, sobre todo cuando no se entienden el sentido y la utilidad de lo que Cristo pide.

TERCER MISTERIO LUMINOSO
3-JESÚS ANUNCIA EL REINO DE DIOS E INVITA A LA CONVERSIÓN

Nos dice Marcos que Jesús, al enterarse de que Juan el Bautista había sido entregado en manos de Herodes Antipas, dejó Judea y marchó a Galilea, donde proclamaba la Buena Nueva de Dios, diciendo: «Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios está cerca; conviértanse y crean en la Buena Nueva». En estas palabras se describe, como en un programa, el contenido de la predicación de Jesús. El Reino de Dios, su llegada y lo que para los hombres trae consigo forman el tema fundamental de la «Buena Nueva» o «Evangelio» de Jesús. A su vez, el mensaje de la llegada del Reino de Dios exige de los hombres una conversión total del pensar y querer, y fe. Conversión y fe forman en conjunto un solo acto, una determinada posición religiosa del hombre ante Dios.

Mateo, por su parte, nos dice que Jesús empezó a predicar y decir: «Conviértanse, porque el Reino de los cielos ha llegado»; y añade que Jesús recorría toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curanto toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Su fama se extendió por todas partes, le seguían las multitudes y Él les enseñaba incansablemente. A lo largo de su ministerio público Jesús pregona que todos los hombres están llamados a entrar en el Reino, para lo que es necesario acoger su palabra como semilla sembrada en el campo o levadura puesta en la masa de harina, imágenes de una verdadera conversión. En las Bienaventuranzas, código fundamental del nuevo Reino, proclama que ese Reino pertenece a los pobres de espíritu y a los que sufren persecución por causa de la justicia. En las parábolas Jesús nos hace entrever qué es el Reino y nos señala las disposiciones necesarias para vivir en el mismo.

Por tanto, este Misterio de Luz es la predicación con la cual Jesús anuncia la llegada del Reino de Dios e invita a la conversión, perdonando los pecados de quien se acerca a Él con humilde fe, iniciando así el ministerio de misericordia que Él seguirá ejerciendo hasta el fin del mundo, especialmente a través del sacramento de la reconciliación confiado a la Iglesia.

CUARTO MISTERIO LUMINOSO
4-LA TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS EN EL MONTE TABOR

En Cesarea de Filipo, al norte de Palestina, Pedro dijo a Jesús que era el Cristo, el Mesías, el Hijo de Dios vivo, y Jesús le prometió a Pedro el Primado de la Iglesia. Desde entonces, recuerda Mateo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que Él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día. Pocos días después, tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y se los llevó aparte a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con Él. Lucas puntualiza que hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén. Pedro entonces tomó la palabra y dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías»Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y de la nube salía una voz que decía: «Este es mi Hijo muy querido, escúchenlo». De pronto miraron a su alrededor y no vieron a nadie, sino a Jesús solo con ellos. Mientras bajaban del monte, Jesús les prohibió contar lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos cumplieron esta orden, pero se preguntaban qué significará «resucitar de entre los muertos». Poco tiempo después Jesús les anunció de nuevo su Pasión: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le matarán, y al tercer día resucitará». (Mt 9-2,10)

Este Misterio de Luz por excelencia es la Transfiguración, que según la tradición tuvo lugar en el monte Tabor. La gloria de la divinidad resplandece en el rostro de Cristo, mientras el Padre lo acredita ante los apóstoles extasiados para que lo "escuchen" y se dispongan a vivir con Él el momento doloroso de la Pasión, a fin de llegar con Él a la alegría de la Resurrección y a una vida transfigurada por el Espíritu Santo. Este importante acontecimiento, en el que por un momento la divinidad y el mundo celestial irrumpen en la vida terrena de Jesús, estuvo envuelto para los discípulos que lo presenciaron, y también para nosotros, en el velo del misterio; no podemos llegar a una plena comprensión de él. Los evangelistas, para expresar lo inefable, se valen de imágenes como que “…sus vestiduras se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo podría blanquearlas…”, y añaden que los discípulos estaban llenos de miedo, aunque las palabras de Pedro revelan bienaventuranza y complacencia.

QUINTO MISTERIO LUMINOSO
5-LA INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA

Lucas nos cuenta en su evangelio: Jesús envió a Pedro y a Juan, diciéndoles: “«Vayan a prepararnos lo necesario para la comida pascual». Ellos le preguntaron: «¿Dónde quieres que la preparemos?». Jesús les respondió: «Al entrar en la ciudad encontrarán a un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo hasta la casa donde entre, y digan a su dueño: El Maestro manda preguntarte: "¿Dónde está la sala en que podré comer la Pascua con mis discípulos?". El les mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones: preparen allí lo necesario». Los discípulos partieron, encontraron todo como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua. Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con los Apóstoles y les dijo: «He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes de mi Pasión, porque les aseguro que ya no la comeré más hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el Reino de Dios». Y tomando una copa, dio gracias y dijo: «Tomen y compártanla entre ustedes. Porque les aseguro que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios». Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía». Después de la cena hizo lo mismo con la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes” Lc. 22-8,20)

Terminada la Cena, en la que Jesús instituyó, además de la Eucaristía, el orden sacerdotal y dio a sus discípulos el que por antonomasia es su mandamiento: «Amense los unos a los otros, como yo los he amado», salió con ellos hacia el monte de los Olivos, y por el camino les anunció, una vez más, que eran inminentes los acontecimientos de su Pasión. Este Misterio de Luz es la institución de la Eucaristía, en la cual Cristo se hace alimento con su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino, dando testimonio de su amor por la humanidad hasta el extremo" y por cuya salvación se ofrecerá en sacrificio. El mandamiento de Jesús de repetir sus gestos y sus palabras «hasta que venga», no exige solamente acordarse de Jesús y de lo que hizo. Requiere la celebración litúrgica por los apóstoles y sus sucesores del memorial de Cristo, de su vida, de su muerte, de su resurrección y de su intercesión junto al Padre.

LA BATALLA DE TRAFALGAR

En el marco de las Guerras napoleónicas, los aliados franco-españoles se propusieron dar una batalla naval que les proporcionara la supremacía en el mar como paso previo a la invasión de las Islas Británicas. El 21 de octubre de 1805 a la altura de cabo Trafalgar (Cádiz), se enfrentaron la flota británica, comandada por el almirante Horacio Nelson, contra una flota combinada franco-española bajo el mando del almirante Pierre Charles de Villeneuve. Fue la última gran acción de guerra en el mar de este periodo, perdiéndose al rededor de 5.000 vidas y 15 buques (esto último principalmente a causa del temporal del SW que se desató sobre los maltrechos buques al día siguiente) y sus consecuencias se prolongaron mucho más allá de las guerras napoleónicas. Con ese fin estratégico, el almirante francés Pierre Charles de Villeneuve zarpó de Cádiz el 20 de octubre de 1805 para reunir a sus 33 buques de guerra; 18 franceses bajo su mando inmediato desde el navío Bucentaure y 15 españoles comandados por el almirante Federico Gravina, a bordo del Santísima Trinidad, con otros que navegaban a su encuentro desde el sur de Italia. El almirante británico Horacio Nelson, a bordo del Victory, con su flota de 27 naves—superior en poder de fuego—, lo esperaba y siguió a su antagonista, quien puso proa a Gibraltar en demanda de su refuerzo. La maniobra de ambas flotas continuó todo el día 20, pero al amanecer del 21, frente al cabo Trafalgar, el francés desplegó sus unidades en línea de batalla.

Nelson formó dos columnas, pasó a la ofensiva y logró cortar el centro aliado, mientras que su segundo, el almirante Lord Cuthbert Collingwood, hacía lo mismo por el sur del orden de batalla franco-hispano. Entonces la acción se convirtió en una serie de combates aislados en los cuales Nelson fue abatido por un francotirador del navío Redoubtable, pasando el mando británico a Collingwood desde el Royal Sovereing. También cayeron Gravina y Churruca. No obstante tan significativas bajas, la batalla se prolongó durante varias horas, en las que la superior destreza náutica y artillera de los británicos se impuso absolutamente.  En la acción, 18 naves aliadas fueron hundidas o capturadas y el resto salió de la batalla, pero solo 11 consiguieron regresar a Cádiz. Pierre Charles Villeneuve cayó prisionero de los ingleses tras rendir su Bucentaure y se suicidó cuando, después de su liberación era conducido a rendir cuentas a Napoleón. Los británicos tuvieron 1 587 muertos pero ningún buque hundido, mientras que las bajas aliadas se calculan en 14.000. El navío Santísima Trinidad, de 136 cañones, construido en La Habana, se enfrentó a tres navíos británicos que lo desarbolaron y averiaron seriamente. El buque inglés Prince lo tomó a remolque para, según deseo de Nelson, conducirlo a Gran Bretaña como trofeo, pero el día 24, con quince pies de agua en la bodega, el coloso habanero se fue a pique.

Sus bajas de calcularon en 427 entre muertos y heridos. Las bajas fueron cuantiosas: la flota franco-española perdió a dos mil ochocientos hombres, más de dos mil de ellos españoles, mientras que los ingleses sólo tuvieron que lamentar cuatrocientas bajas. Otros muchos, sin duda alguna, murieron poco después en los hospitales, y muchos de ellos hubieron de perecer en los naufragios posteriores. Porque el destino de muchos barcos fue más triste aún: casi todos los barcos españoles capturados por los ingleses se hundieron por una tormenta desencadenada poco después de la batalla. Para los españoles la derrota significó que todos los esfuerzos de Godoy, encaminados a dotar a España de una poderosa marina de guerra, se iban al traste. Para Francia, la derrota significó una pérdida incalculable: su renuncia, definitiva y explícita, a una eventual invasión del Reino Unido. La victoria naval de la batalla de Trafalgar reafirmó la superioridad inglesa en los mares que se mantendría hasta el siglo XX, abortó el intento de invadir las Islas Británicas y marcó el declive de España como potencia naval.