
El tema de tapa de mayo de 2026, en la edición número 78 de nuestro boletín digital ANUNCIAR Informa, presenta en su portada la imagen de la Virgen María y está dedicado especialmente a la madre de Jesús, en reconocimiento al profundo significado que este mes tiene para quienes la honran y mantienen viva su memoria en la tradición cristiana.
A lo largo del tiempo, la Iglesia católica ha consagrado el mes de mayo a la devoción mariana, estableciendo un período especial de homenaje a la Madre de Dios. Esta práctica, lejos de surgir de manera aislada, encuentra sus raíces en antiguas celebraciones vinculadas a la naturaleza y la fertilidad.
En la Grecia clásica, mayo estaba asociado a Artemisa, considerada diosa de la fecundidad, mientras que en Roma el mismo período se vinculaba con Flora, divinidad de la vegetación. Durante esas festividades, especialmente hacia finales de abril, se realizaban los llamados juegos florales, en los que se invocaba protección y abundancia.
Con la llegada de la Edad Media, estas expresiones evolucionaron hacia prácticas centradas en la renovación de la vida y el fin del invierno, otorgando al 1 de mayo un carácter simbólico como punto culminante de la primavera.
Antes del siglo XII comenzó a difundirse una devoción particular conocida como Tricesimum, o “treinta días dedicados a María”, que se desarrollaba entre el 15 de agosto y el 14 de septiembre, y que aún hoy se conserva en ciertos lugares.
Más adelante, durante el período barroco del siglo XVII, se consolidó la idea de dedicar un mes completo a la Virgen. Aunque en sus inicios no estaba fijado en mayo, esta práctica incluía ejercicios espirituales diarios orientados a honrar a María de manera sostenida.
Con el paso del tiempo, ambas tradiciones convergieron, dando forma a lo que hoy se conoce como el mes de María en mayo, una celebración que adquirió gran impulso en el siglo XIX y que continúa vigente dentro de la vida litúrgica.
Las manifestaciones de esta devoción son múltiples y se adaptan a las distintas comunidades. En muchas parroquias se promueve el rezo cotidiano del Rosario y la instalación de altares dedicados a la Virgen, donde se destaca su imagen.
Entre las prácticas más representativas se encuentra la Coronación de Mayo, que consiste en colocar una corona floral sobre la figura de María. Este gesto simbólico no solo resalta su pureza y virtudes, sino que también invita a los fieles a imitarlas en su vida diaria. En diversas regiones, esta ceremonia se convierte en una celebración significativa que suele realizarse fuera del marco de la misa.
No obstante, estas expresiones no se limitan al ámbito parroquial. También es posible reproducirlas en el entorno familiar, integrando la devoción mariana en la vida cotidiana y fortaleciendo el vínculo espiritual.
Reconocer a María en este tiempo no responde únicamente a una tradición, sino al valor que representa como madre universal, cercana y atenta a cada necesidad, incluso en los aspectos más simples de la vida.
Por esta razón, mayo se consolida como un período especialmente dedicado a su honor.
Alfredo Musante Martínez
Para ANUNCIAR Informa (AI)



