miércoles, 14 de marzo de 2012

Nacimiento de las órdenes militares


Con el Tratado EN ALABANZA DE LA NUEVA MILICIA, que compone San Bernardo sobre 1136, a instancias del primer Gran Maestre de la Orden del Temple, Hugo de Payns, queda consagrado el concepto del monje guerrero, lo cual da origen a que muchos caballeros ingresen en esta milicia. Esta nueva orden Militar, así organizada, es aprobada por el Papa Eugenio III en 1139.

Estas primeras congregaciones de monjes soldados aparecen en Palestina, con el fervor de las primeras Cruzadas de Oriente. Cuando los Papas dan carácter de Cruzada a las guerras hispánicas contra el Islam, y debido al espíritu colonizador que el Císter induce a sus monjes, acuden a la península las órdenes Militares de Caballería del Temple, la del Santo Sepulcro y la de San Juan de Jerusalén, que combaten de forma eficaz, por cuyo motivo son recompensadas por los Reyes con grandes donaciones territoriales.

Los Caballeros de las cuatro Ordenes Militares españolas, no solo fueron monjes, sino también soldados, por tanto será necesario estudiar la composición de los ejércitos de la edad media, donde los Estados Feudales se caracterizan por disponer de unas fuerzas armadas, articuladas de forma un tanto anárquica.

Los feudos estaban obligados a acudir con su gente de armas y prestar servicio a la Corona, cuando el peligro de la amenaza así lo requería. Así se formaban las huestes o ejércitos cuyo mando lo ostentaba el Rey, que era asesorado por un consejo de guerra que se formaba. Estaba penado la no asistencia al toque de asamblea, pero la realidad demostraba que las ausencias eran cosa frecuente.

Cuando el sistema feudal pudo mejorar su inicial estructura militar, pero sobre todo cuando el Orden de Caballería adquirió una especie de alma colectiva forjada en la virtud, el valor, y en la lealtad a la causa común.

Al unirse las Coronas de Aragón y de Castilla, con el matrimonio de los Reyes Católicos, las luchas internas que se produjeron en Castilla con motivo de la sucesión a la Corona, continuaron por la ambición de poder que mantenían las principales casas de la Nobleza.

Con una política adecuada y mano férrea la Reina Doña Isabel consiguió un efectivo sometimiento de la Nobleza. Por otra parte, con la paz con Portugal que culminan los Reyes, se alcanza sobre los Estados de las Coronas Castilla y Aragón una paz real y verdadera, mientras que en el Sultanato de Granada existían luchas intestinas entre los Abencerrajes y los Zegríes.

Conscientes y decididos los Reyes, a terminar con la Reconquista de la península, y precavidos de que fundamentalmente iba a ser una guerra de sitios, debido a la naturaleza del terreno, acometen una reforma sustancial en los sistemas y tácticas de guerra, dando lugar al nacimiento de un Ejército Moderno.

Para ello se toman las siguientes acciones:

- Dan especial importancia en el empleo de la Artillería, adquiriendo material de guerra, importando cañones y artilleros principalmente italianos.

- Crean una administración militar que permita la supervivencia de un Ejército de 70.000 hombres, en terreno limitado. Esto se traduce en una verdadera organización del apoyo logístico, la cual se activa cuando se inicia una nueva campaña o fase de la guerra.
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En esta organización destacan:

- Fabricación y adquisición de pólvoras y municiones.
- Creación de una Sanidad Militar, con hospitales de campaña
- Organización de un sistema de transportes para el abastecimiento y aprovisionamiento desde Castilla la Mancha y Extremadura.

La experiencia de la guerra, y la nueva concepción del Estado, que mantienen los Reyes Católicos, traen como consecuencia, la aparición de un Ejército único y profesional, lo cual da origen al declive en el plano militar de las Ordenes de Caballería, y será en las guerras de Granada donde estas Ordenes como tales tienen la misión de combatir en un primer plano. En los diez años que dura la contienda, las Ordenes Militares Castellanas de Santiago Calatrava y Alcántara, y la Aragonesa de Montesa, participan de una forma directa y eficaz, tal como nos muestran las crónicas de la época.

Los Reyes Católicos, con el fin de robustecer el Estado, albergaban la idea de eliminar el poder temporal, que de hecho tenían Ordenes Militares por todo el territorio nacional, y para ello aprovecharon la coyuntura que existía en la Orden de Santiago con el cisma producido entre Don Alonso de Cárdenas y Don Rodrigo Manrique por hacerse con el Maestrazgo, y en la de Alcántara, por la misma causa ejercían luchas intestinas Don Juan de Zúñiga y el Clavero Don Alonso de Monroy.

A principios del siglo XVII, la situación bélica en España la podemos sintetizar, como en un enorme esfuerzo que se ha de ejercer en la defensa de todo un Imperio. Los Ejércitos se han ido transformando, con un gran desarrollo de las armas de fuego, y en Europa el Arma de Infantería Española es considerada como una de las más eficaces.

Este Ejército se hace cada vez más profesional, y al haber desaparecido las guerras con el Islam, nos encontramos con un declive, en el aspecto combatiente que tenían las Ordenes Militares como tales. Estas mantienen su actividad, administrando sus posesiones y rentas. En el aspecto religioso continúan con sus conventos y monasterios, y debido a la Bula del casar, los caballeros se van integrando cada vez más en la sociedad dentro de su estado. El espíritu de milicia que tenían las Ordenes se mantiene vivo, ya que muchos de sus caballeros ingresan en los Reales Ejércitos sirviendo como Oficiales, como prueba de ello basta con visitar nuestros principales museos como el del Prado, el del Ejército o el Naval y contemplar a ilustres militares y marinos, con las veneras de su orden en el pecho de sus uniformes.

En altos cargos de responsabilidad para el Estado, los Reyes siempre otorgaron su confianza, a Caballeros de las Ordenes Militares. El Descubrimiento del Nuevo Mundo supone el inicio de una serie de nombramientos para su gobierno y administración, que comienzan con el relevo de Cristóbal Colón en Indias en la persona del Comendador de Calatrava Don Francisco de Bobadilla, si bien es cierto que su actuación no resulta afortunada, cuando surgen problemas difíciles, los Reyes Católicos designan Gobernador de Nueva España, al Comendador de Lares de la Orden de Alcántara Frey Nicolás de Ovando. La Real provisión es dada en Granada el 3 de septiembre de 1501.

Estos serán los primeros jalones que van a mostrar a través de tres siglos la presencia de caballeros de las Ordenes en la Historia de España en América. Para ello debe bastarnos con repasar la lista de los Virreyes de Nueva España y la del Perú, así como los Jefes militares que desarrollaron su carrera militar en América. La Caballería Española de los Borbones mantiene el espíritu de las Ordenes Militares y así con la reforma que emprende el Rey Don Felipe V, en 1706 se crea el Regimiento de Santiago y el de Calatrava, en 1715 se funda el de Ordenes nuevo, cuyo primer Coronel es el Duque de Aveyro y que en 1715 se refunde con el de Montesa. En 1718 se establece el de Alcántara.

El período que abarca desde el siglo XIX hasta nuestros días nos encontramos que las Ordenes Militares, son declaradas por tres veces a extinguir, y otras tantas resurgirán de sus cenizas. En 1812 las Cortes de Cádiz, legalizaron la incorporación al Estado, de los bienes de las Comunidades Religiosas y de Ordenes Militares extinguidas por el Rey José Bonaparte, pero a llegar al trono el Rey Don Fernando VII, las restaura de nuevo.

Las leyes de desamortización (1835-1841) de Mendizábal, suprimen, todas los bienes raíces de la Iglesia, por lo cual se rompen las relaciones con la Santa Sede. En el Reinado de S. M. Isabel II, al restablecerse las relaciones, y mediante un Concordato se concentran por medio de una permuta, las jurisdicciones que le quedaban a las Ordenes Militares en el Priorato de las Ordenes Militares, en la Provincia de Ciudad Real que se denominó Coto Redondo.

La primera república declara por decreto de 9 de mayo de 1873, la segunda extinción de las Ordenes, y con la venida de S.M. el Rey Don Alfonso XII, se restauran de nuevo y se lleva a cabo la realización del Priorato.

Para la Orden de Montesa les reserva un recuerdo especial, ya que dispone el 12 de abril de 1915, que la Orden use en sus hábitos la cruz primitiva negra flordelisada, llevando en el centro la cruz roja llana de San Jorge. La segunda república, por decreto de 29 de abril de 1931, provoca la tercera extinción si bien por otro decreto de 5 de agosto del mismo año, se dispone que puedan seguir ejerciendo con carácter de asociación.

Se mantienen los fines históricos desde su fundación como son la Santificación Personal, el Culto Divino y la Defensa de la Fe y se le añaden dos más por indicación del obispo de Ciudad Real y Prior de las ordenes Militares y que son el Benéfico Social y el Histórico Cultural. Comienza de nuevo la admisión y Cruzamiento de nuevos Caballeros, y se empiezan a revivir los actos y Ceremonias Religiosas.

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