miércoles, 12 de junio de 2013

Manuel Belgrano


Su nombre completo es Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, detalle importante, porque generalmente olvidamos el corazón de su nombre y que nos pinta ya la impronta piadosa y creyente de su familia. Belgrano nació en Buenos Aires el 3 de Junio de 1770, hijo de un italiano afincado en nuestras tierras Domenico Pérez, quien pronto se convirtió en un acaudalado comerciante. Cuenta la tradición que el padre de nuestro prócer adoptó el apellido Belgrano porque producía excelente trigo, bello grano. Fue su madre María Josefa González Casero, nacida en Santiago del Estero.

Domingo Belgrano podía darse el lujo de enviar a sus hijos Francisco y Manuel a estudiar a España, gracias a su buen pasar. Manuel había comenzado en el prestigioso San Carlos de Buenos Aires, y una vez en Europa optó por estudiar derecho, pese al deseo paterno de que se dedicara al comercio. Tanto se destacó el joven estudiante que obtuvo del propio Sumo Pontífice Pío VI la autorización para leer toda clase de literatura prohibida. Tenemos que recordar que aún estaban calientes en Europa los humos de la revolución francesa y todos sus panfletos y libros, sobre todo lo más anticlericales o ateos, habían sido prohibidos por la Iglesia de entonces.

Belgrano obtuvo la excepción que se les daba a las mentes lúcidas a las que se suponía capaces de criticar esas obras, y así pudo conocer a Montesquieu, Rousseau y Filangieri, y otros creadores del liberalismo político moderno. Beberá de primera mano los cuestionamientos al derecho divino de los reyes, los principios de igualdad y libertad, y la aplicación universal de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Participará con su círculo de compañeros en España de estos y otros debates que estaban en boca de todos y que lejos de criticar, le sedujeron hacia el liberalismo ilustrado.

En los círculos ilustrados españoles se consideraba urgente refundar la nación bajo principios similares, y a quienes no estaban de acuerdo se los tachaba de tiranos y oscurantistas, etiqueta que a ningún joven le era gustoso e interesante de llevar. De su estadía en España llegó a decir en su autobiografía lo siguiente: “…se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad y propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre, fuere donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le habían concedido, y aún las mismas sociedades habían acordado en su establecimiento directa o indirectamente”.En su dicho se ve la mano del francés Rousseau y de la idea de contrato social tan en boga entonces. En 1793 se recibió de abogado y al año siguiente, ya en Buenos Aires, asumió como primer secretario del Consulado. Tenía sólo 23 años. Traía un impulso reformador muy propio de los ilustrados de ambos lados del océano Atlántico. Con el alma llena de sueños, se propuso fomentar la educación, capacitar a la gente para que aprendiera oficios y pudiera aplicarlos en beneficio del país. Con esto como objetivo, creó Escuelas de Dibujo, de Matemáticas y Náutica. Desde España mandaron cerrarlas, pues las consideraron un lujo que no valía la pena para la región.

No hizo falta mucho más para que Belgrano rechazara al monopolio español y sus impulsos lo pusieron permanente conflicto con los vocales del Consulado. Todos ellos eran grandes comerciantes con intereses en el comercio monopólico con Cádiz y no querían saber nada de cambiar su situación. Belgrano, en cambio, era admirador del librecambismo inglés y sostenía por entonces lo siguiente: "El comerciante debe tener libertad para comprar donde más le acomode, y es natural que lo haga donde se le proporcione el género más barato para poder reportar más utilidad". Y sobre el rechazo español a las escuelas en el Río de la Plata postuló: "no podía menos que disgustar a los que fundaban su interés en la ignorancia y el abatimiento de sus naturales".

Su iniciativa también había ayudado a la publicación del primer periódico de Buenos Aires, el Telégrafo Mercantil. Debió cerrar en 1802 por varias críticas de las autoridades coloniales, que rechazaron el modo sarcástico de analizar costumbres y ponderar soluciones que afectaban a los monopolistas locales. Y podría haber hecho mucho más si, en 1806 los ingleses no hubieran invadido Buenos Aires. Entonces, se incorporó a las milicias criollas creadas para defender a la ciudad. El Virrey Melo lo nombró capitán. Pero sin conocimientos sobre la guerra, a órdenes de su jefe, debió desbaratar y dirigir la retirada tras el primer cañonazo inglés.

Una vez los invasores tomaron la ciudad, el Consulado juró lealtad a los ingleses, pero Belgrano se exceptuó con el argumento de que "Queremos al antiguo amo, o a ninguno". Se fugó de Buenos Aires y buscó refugio en la capilla de Mercedes, en la Banda Oriental, el actual Uruguay. ¿Qué habrá rezado Belgrano en esa capilla? ¿Qué habrá pedido…tal vez una nación nueva? Regresó para unirse a las fuerzas que organizó Liniers, el jefe de la resistencia que expulsó a los ingleses. Fue nombrado sargento mayor del Regimiento de Patricios, bajo las órdenes de Cornelio Saavedra, y profundizó sus estudios de táctica militar. Al año siguiente, lo ingleses volvieron a invadir la ciudad. Belgrano se puso entonces a las órdenes de Liniers, y sirvió como ayudante de campo de una de las divisiones del ejército a cargo del coronel Balviani.

Tras la exitosa resistencia de Buenos Aires volvió a hacerse cargo del Consulado y dejó los estudios militares. Aparece entonces un Belgrano que demostrará su ferviente deseo de crear una nueva nación en Sudamérica. En busca de los medios que lo hicieran posible, instala en el Río de la Plata el llamado carlotismo. Carlota Joaquina era la infanta hermana de Fernando VII, el rey depuesto por Napoleón tras invadir España en 1808. Muchos sudamericanos apoyaban la idea de darle la corona, pues en los hechos permitiría ganar más autonomía, y tal vez la independencia, ya que la Infanta residía en Río de Janeiro.

Se unieron a este movimiento muchos destacados independentistas como Castelli, Vieytes, Nicolás Rodríguez Peña, Juan José Paso, e incluso efímeramente a Cornelio Saavedra. Valgan estos datos para destacar que el germen autonomista se acunó bastante antes de 1810, cuando lo vemos aparecer en pleno con la Revolución de Mayo que homenajeamos con el Bicentenario. Sin embargo, la teoría de estos avanzados chocaba con la realidad: la Infanta era esposa del regente y príncipe heredero de Portugal, y aceptarle significaba que absorbiera el Virreinato del Río de la Plata, para príncipes que además eran absolutistas.

En el interín, Belgrano convenció al nuevo virrey, Baltasar Cisneros, de editar otro periódico, el Correo de Comercio, y con la excusa de discutir sus ediciones, promovía reuniones en que se planeaban las acciones de su grupo político. Le pusieron nombre: la Sociedad Patriótica, Literaria y Económica. El grupo y él mismo cumplieron un rol protagónico en la Revolución de mayo y es nombrado vocal. Llegó a escribir entonces en el Correo de Comercio que aún dirigía: “Que no se oiga ya que los ricos devoran a los pobres, y que la justicia es sólo para los ricos”. La utopía de la justicia anidaba en su corazón.

Fue nombrado jefe del regimiento de Patricios en reemplazo de Saavedra, que había sido condenado a destierro. Pero el Regimiento no lo aceptó como jefe y se le amotinó. Para recomponer la disciplina, Belgrano fue enviado a Rosario a vigilar el Río Paraná contra avances de los realistas de Montevideo. Es durante el transcurso de esta misión y en camino hacia Paraguay que, en Rosario, a las orillas del Paraná, enarboló por primera vez la bandera argentina el 27 de febrero de 1812. Esta bandera de su pura invención llevará desde entonces los colores de la escarapela, también obra suya, celeste de tarde y blanco de nube matutina. Lo hizo ante las baterías de artillería que denominó "Libertad" e "Independencia", donde hoy se ubica el Monumento Histórico Nacional a la Bandera.

Sobre los colores de nuestra bandera se tejen y tejieron muchas hipótesis: que Belgrano era devoto de la Virgen de Luján cuyas vestes son tradicionalmente celestes y blancas; otros dicen que apeló a los colores de la Dinastía Borbónica para simular lealtad a los reyes pero no a los ejércitos realistas; otros, que le bastó mirar al cielo atravesado por una providencial nube. Lo cierto es que en principio, el Triunvirato le obligó a destruirla, pues consideraban que la situación militar en Europa podía llevar al rey devuelta a su trono, y el gesto de autonomía con la bandera podría implicar una fuerte represalia. Sin embargo, Belgrano la guardó y decidió guardarla convencido de que más adelante le sería necesaria.

Nombrado General del Ejército del Norte, encabezó el heroico éxodo del pueblo jujeño y logró las grandes victorias de Tucumán (24 de setiembre 1812) y Salta (20 de febrero 1813). Luego vendrán las derrotas de Vicapugio y Ayohuma y su retiro del ejército. En 1816 participará activamente en el Congreso de Tucumán que declaró nuestra independencia como país definitivamente. Se sabe poco de la vida privada de Belgrano. Mantuvo una intensa relación amorosa con María Josefa Ezcurra, cuñada de Juan Manuel de Rosas, en algún momento entre su llegada a Buenos Aires y su partida a Tucumán para organizar el Ejército del Norte. Allí, concibió un hijo, que nacería el 30 de julio de 1813, bautizado con el nombre de Pedro Pablo.

Pedro Pablo fue anotado como huérfano y adoptado Encarnación Ezcurra, su tía materna, a la sazón recién casada con Juan Manuel de Rosas. Se lo conocería como Pedro Rosas y Belgrano, llegaría al grado de coronel y tendría una complicada actuación pública en la década de 1850. Conoció a otras mujeres y, se dice, concibió a otros hijos. Otra amante conocida de Belgrano fue una francesa que se hacía llamar madmoiselle Pichegru, a quien conoció durante una misión diplomática en Londres. La relación fue corta y terminó cuando él retornó a Buenos Aires.

El 20 de junio 1820 moría Belgrano en una capital asolada por la guerra civil que llegó a tener ese día tres gobernadores distintos. Sólo un diario, "El Despertador Teofilantrópico" se ocupó de su muerte, y el único periodista que prestó atención a su partida, fue el fraile franciscano Castañeda. Para los demás no fue noticia. Teofilantrópico quiere decir: amor a Dios y al hombre… Para que tengamos en cuenta: la Asamblea del Año XIII le otorgó a Belgrano 40.000 pesos oro como reconocimiento por los triunfos de Tucumán y Salta. Manuel los destinó a la construcción de cuatro escuelas públicas ubicadas en Tarija , Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero. Redactó un moderno reglamento para ellas que dice, por ejemplo, en artículo primero que el maestro de escuela debe ser bien remunerado, por ser su tarea de las más importantes de las que se puedan ejercer.

Lamentablemente, el dinero donado por Belgrano fue destinado por el Triunvirato y los gobiernos sucesivos a otras cosas y las escuelas nunca se construyeron y Belgrano murió en la pobreza total.

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