miércoles, 27 de junio de 2018

EL PATRIARCA NIKON


El patriarca Nikon, destacado reformador de la Iglesia ortodoxa, apareció en el escenario político del siglo XVII en una época que determinó en mucho el desarrollo posterior de la sociedad y el Estado ruso. Su figura es comparable a la del cardenal Richelieu en Francia. Sus principales aspiraciones eran simplificar el culto ortodoxo cuanto fuera posible acercándolo a la comprensión de los feligreses rusos; inspirar una devoción verdadera y no solo formal; y lograr una sólida autonomía de la Iglesia respecto al Estado, en un tiempo de fortalecimiento del absolutismo en Rusia.

El patriarca Nikon, nació en mayo de 1605 en la población de Veldemánovo, provincia de Nizhni Nóvgorod. Su padre era campesino y pertenecía a la minoría étnica de los maris. A los 12 años de edad Nikita huyó a un monasterio local tras un conflicto con su madrastra. Allí aprendió el alfabeto, las bases de la vida monacal y obtuvo cierta afición a la lectura. Más tarde, al parecer tras la muerte de su padre, los parientes le instaron a volver a la vida secular para sustentar a su familia y le obligaron a casarse. Al apreciar sus conocimientos, los parroquianos de una aldea vecina le invitaron a servir de cura cuando tenía 21 años de edad.

Con su mujer tuvo tres hijos pero todos ellos murieron a temprana edad. Fue entonces cuando Nikita Minin decidió alejarse de la vida secular. Se trasladó a la ermita de Anzerski, situada en una de las islas Solovetskie, en el mar Blanco, donde adoptó el nombre de Nikon. Tres años después fue a Moscú para recaudar dinero para el monasterio y fue allí donde conoció al joven zar Alejo I. El monarca quedó impresionado por el nivel intelectual del monje, por su idealismo y por su determinación de reformar la Iglesia ortodoxa rusa. Nikon convenció al zar de la necesidad de corregir los libros litúrgicos de acuerdo con los auténticos textos de las comunidades cristianas griegas. El zar dispuso que tal trabajo se llevara a cabo en Moscú y además encomendó a Nikon que encabezara el monasterio del Salvador en la capital rusa.

Además de ser plenipotenciario en los asuntos espirituales, Alejo otorgó al religioso poderes para administrar justicia y le concedió el derecho de liberar presos de los calabozos siempre que lo considerara oportuno. Nikon elaboró durante su estadía en Nóvgorod el programa de modificaciones en las costumbres y las prácticas religiosas que deberían, a su juicio, devolver la calma y el bienestar al pueblo ruso. El punto clave de la reforma comprendía la unificación de los ritos para todos los creyentes ortodoxos a partir del patrón de la tradición litúrgica griega.

Todos los libros deberían ser corregidos tras una comparación detallada con los textos sagrados en hebreo y en griego. La misa debería ser, ante todo, ritual y solemne y en vez de recitar las oraciones y los textos litúrgicos en varias voces simultáneas, los parroquianos deberían seguir una voz única e inteligible, la del sacerdote, a lo largo de todo el servicio. Después de la muerte del patriarca José (Iósif), el zar Alejo pidió públicamente a Nikon que “no dejara la Iglesia sin custodia”, lo que obligó a los participantes del concilio convocado en junio de 1652 a nombrar al hombre de confianza del zar cabeza de la Iglesia rusa. Esta elección y dos concilios más convocados ya por el propio patriarca en 1654 y 1656 le permitieron emprender todos los puntos de su reforma.

Durante la época de Nikon se produjo un cisma dentro de la Iglesia ortodoxa rusa. Mientras la mayor parte de la población aceptó las reformas del patriarca, hubo un sector encabezado por el arcipreste Avvakum, que se opuso a los cambios, que denunciaban como el signo del advenimiento del Anticristo. Avvakum, que había nacido en una aldea vecina a la de Nikon, fue desterrado y sus seguidores cruelmente perseguidos. Muchos de ellos optaron por esconderse en ermitas en lugares de difícil acceso de Siberia. Los historiadores consideran que el principal error que cometió Nikon durante su patriarcado fue la excomunión de los que se persignaban con dos dedos en vez de realizar la señal de la cruz con tres dedos impuesta por los textos litúrgicos griegos.

Como consecuencia del excesivo celo de la reforma, el pequeño detalle de la práctica religiosa se transformó en el símbolo máximo del cisma entre los ortodoxos. Otra muestra de intolerancia que provocó grandes protestas de los viejos creyentes fue la destrucción y quema los iconos que a juicio del patriarca y de sus asistentes no cumplían con los cánones. Nikon centró entonces sus actividades en los tres monasterios que fundó y que consideraba su propiedad (algo que también se salía de los límites del derecho canónico). Vivió cerca de Moscú en el monasterio de la Resurrección, que denominaba Nueva Jerusalén y que se edificó como la casa de campo del patriarca. En 1664 Nikon intentó volver a ejercer sus poderes como cabeza de la Iglesia, y para ello fue a Moscú para oficiar misa. Sin embargo, Alejo ya había enviado emisarios a los patriarcas de Constantinopla, Antioquía, Alejandría y Jerusalén y a los arzobispos de los pueblos ortodoxos de los Balcanes para consultarles y convocar un concilio universal para deshacerse del patriarca. En noviembre de 1666 se reunieron en Moscú los jerarcas de la Iglesia ortodoxa.

De acuerdo con la decisión unánime del concilio, Nikon fue privado no solo del pontificado, sino también del título de obispo y desterrado. Hasta el año 1681 vivió es estricta clausura como un monje común en el monasterio Kirilo-Belozerski en el norte de Rusia. Con la mayoría de edad del zar Teodoro III, hijo y sucesor de Alejo I, se permitió que el patriarca abandonara el monasterio y en 1681 fue invitado a volver a Moscú. El anciano jerarca partió del monasterio en el que estaba recluido pero falleció en el camino hacia la capital. Fue sepultado en el monasterio de Nueva Jerusalén, cerca de Moscú, y en 1682 le fue devuelto póstumamente el título de patriarca de toda Rusia.

0 comentarios: