miércoles, 18 de julio de 2018

MEFISTÓFELES EL DEMONIO QUE RECHAZA LA LUZ


La celebridad de Mefistófeles es principalmente literaria, a pesar de que su nombre es mencionado en varios grimorios y libros prohibidos de la Edad Media. Esa historia literaria de Mefistófeles comienza con la leyenda del doctor Fausto, científico y ocultista alemán cuya vida forjó los parámetros culturales del pacto satánico. Este pacto satánico fue realizado entre Fausto y Mefistófeles, quien a cambio de concederle sabiduría, fama, dinero y placeres durante veinticuatro años consecutivos, se aseguró la adquisición de su alma una vez cumplido el plazo.

Aunque el mito de la compra del almas y prebendas espirituales es notoriamente antiguo y aparece en diversas culturas, ninguno es comparable al modelo establecido por Mefistófeles y Fausto, que culminaría en tres obras cumbres de la literatura: el Fausto del dramaturgo isabelino Marlowe, el Fausto de Goethe, y finalmente el de Thomas Mann; además de contar con otros múltiples testimonios basados en su copiosa tradición oral. Mefistófeles (también llamado Mefisto) no proviene de los mitos hebreos, y mucho menos de los mitos bíblicos, sino de la copiosa y antigua mitología nórdica, aunque su nombre parece relacionarlo directamente con los mitos griegos.

Efectivamente, Mefistófeles fue un demonio prácticamente desconocido en la antigüedad clásica. Su nombre proviene del griego mephostophiles, que significa "el que rechaza la luz"; apodo extraño para un representante del aspecto luciferino del mal y, en consecuencia, un dador del conocimiento al que le agrada tentar y hacer propuestas a los lúcidos, a los artistas y a los intelectuales. Sin embargo, existen otras interpretaciones. Algunos señalan que su nombre verdadero era Mefaustofiles, es decir, "el enemigo de Fausto"; o bien Mefiz-Tofel, que en hebreo significa "destructor-mentiroso".

La personalidad de Mefistófeles es bastante ambigua. Por un lado se lo presenta como una figura trágica; un ser obsesionado con desviar a los hombres geniales del camino de la justicia. Por el otro, aparece como un representante refinado y exquisito del mal, dueño de una mente fría, calculadora, racional, con una poderosa lógica discursiva. Tal vez por eso, a lo largo de toda su historia, Mefistófeles se inclina por todos aquellos que no se conforman con la rigidez de los dogmas o las estrechas paredes de la verdad revelada.

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