martes, 9 de abril de 2019

LA PEQUEÑEZ DE LO INESPERADO Y LO SENCILLO


Comentario Bíblico
De la lectura del Domingo de Ramos
Del Evangelio de Lucas 22, 14 – 23,56

El relato de la pasión de Lucas tiene como fuente el texto más primitivo de Marcos, o quizás también un “primer relato” que ya circulaba desde los primeros años del cristianismo para ser leído y meditado en las celebraciones cristianas. A eso se añaden otras escenas y palabras de Jesús que completan una “pasión” profunda y coherente, en la que si bien los datos históricos están más cuidados que en Marcos y en Mateo, no faltan los puntos teológicos claves.

Se pretende explicar, no solamente por qué mataron a Jesús, sino el sentido que el mismo Jesús dio a su propia muerte, como sucede en el relato de la última cena con sus discípulos. Lucas nos ofrece la tradición litúrgica de las palabras eucarísticas en esa cena, que son muy semejantes a las de Pablo en 1 Corintios 11, pero además presenta las palabras de Jesús sobre el servicio en las que considera que su muerte “es necesaria” para que el Reino de Dios sea una realidad más real y efectiva.

El evangelista se ha cuidado de poner en relación muy estrecha al Señor con sus discípulos y con el pueblo, mientras que deja bien claro que son los dirigentes, los jefes, los que han decidido su muerte. Ni siquiera nos relata la huida de los discípulos, quizás porque quiere preparar el momento de las apariciones del resucitado que tienen lugar en Jerusalén.

Por lo mismo, en este relato de Lucas sobre la pasión del Señor, debemos leer algunas escenas especiales con interés, como corresponde al cuidado que ha puesto el evangelista y al sentido catequético que tienen ciertos episodios de la narración. La cena de Jesús es más personal, más testimonial: se pide el servicio, la entrega, como Jesús va a hacer con los suyos.

Ramos y palmas, triunfo y aleluyas, hosannas y cantos reciben a Jesús en Jerusalén. Es el comienzo de la Semana Santa, el centro de la fe de los cristianos, y comienza con esperanza, luz y gloria... con el reconocimiento de Jesús como Señor, como enviado, como Mesías. ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! Se abren las puertas del triunfo a Jesús y toda Jerusalén lo aclama y lo recibe con alegría y esperanza como enviado de Dios, y si no aclamasen los niños y mayores, las mismas piedras lo harían... y es que ha llegado el momento culminante de la vida de Jesús, del enviado de Dios.

Un enviado sin embargo diferente a lo esperado. Por humilde, como el pequeño burro con el que entra en Jerusalén, no como los grandes corceles de los reyes de los hombres, y por la pequeñez de lo inesperado y lo sencillo. Diferente porque la culminación de su vida no será lo que se espera... La sorpresa y lo inesperado de un Mesías diferente, porque, a fin de cuentas, Dios es siempre diferente e inesperado.

Pronto se tuerce todo. El recibimiento de los Ramos es un engañoso recibimiento. El pórtico de alegría y esperanza, no durará. Un profeta no puede morir fuera de Jerusalén, y Jesús es mucho más que un profeta.

El Domingo de Ramos nos abre la puerta a toda la Semana Mayor y lo hace litúrgicamente con la procesión de los ramos, para trasladarnos a vivir con intensidad y cercanía la semana central de nuestra fe. Las lecturas nos centrarán de lleno en el misterio de la entrega de Jesús para culminar con la narración de la Pasión según Lucas. Escucharemos el relato de los últimos momentos de la vida terrena de Jesús, desde la cena a la crucifixión, en una rueda de narraciones que se completará en siete días.

Comenzamos así la Semana Santa de lleno en el misterio de la entrega, la muerte y la resurrección del Señor, pero un Señor muy diferente al que Israel esperaba... y quizás un Señor que sigue sorprendiéndonos a nosotros en el día a día.

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